INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO II
 


EL LICENCIADO BADILLO RESIDENCIA Á D. PEDRO DE HEREDIA EN CARTAGENA: FORMA EJÉRCITO PARA EL DESCUBRIMIENTO DE LAS SIERRAS DE ABIDE, Y SALE DERROTADO Á POPAYAN.-LORENZO DE ALDÁNA SE DECLARA GOBERNADOR Y FUNDA LAS VILLAS DE ANSERMA Y PASTO.

POR fines del año de treinta y cinco dejamos en Cartagena al Adelantado D. Pedro Heredia envuelto en algunos disgustos ocasionados de lo mal que se llevaba con Obispo D. Fr. Tomas de Toro; porque como éste en el ajustamiento de su buena vida parecia haber llegado á grado heróico de las virtudes, y el relajamiento de la gente guerra en Cartagena al ínfimo de los vicios, por el mal ejemplar que tenia en sus Cabos, era posible que se hallase convenio entre la luz y tinieblas, ni que el celo de la salvacion libertad de los indios, que ardía en el corazon del Obispo, pudiese templarse, á vista de desafrueros con que los aprisionaban para vender por esclavos en la Islas. Ibase cada  encendiendo más el encono de parte del Gobernador; y como la doctrina Sana del Obispo se le oponía tanto cuanto aprovechaba á otros con las reprensiones continuadas que daba á los conquistadores para que no usasen de violencia con los indios; hubo de prender la centella del escrúpulo de suerte en los vecinos, que los necesitó á escribir muchas cartas al Rey con noticia de que en las entradas hechas por el Adelantado y su hermano, especialmente en Zenú, se habian ocultado mucho oro, sin que de él se pagase el Real derecho de los quintos. Que los indios eran maltratados, y en las entradas que hacian les consumian los mantenimientos hasta hacerlos perecer de hambre. Que el Adelantado tenia presos algunos Caciques se color de que ocultaban los minerales de oro, siendo así que los ignoraban, cuanto lo habian por rescato de tierras extrañas. Que vendían los indios á mercaderes sacándolos de su naturaleza y dándolos por esclavos, contra el derecho natural de las gente.  Que los oficiales de la Real Hacienda cometían fraudes en ella por complacer al Adelantados pues habiendo sacado de las sepulturas del Zenú más de cien mil castellanos, le quitarón solamente los veinte mil. Que se contrataba mucho en el puerto con oro sin marcar; cuando los Oficiales Reales recibían el quinto, lo pesaban largo, y al entero de la caja muy ajustado, por aprovecharse de aquel hurto ó demasía; y finalmente, que no se necesitaban entrar de guerra en la provincia de Urabá, que estaba en paz.

Estos excesos, afirmados de muchos, á que no se oponian los informes del Obispo Toro, antes representaban algunos de ellos, movieron al Rey á que diese órden de proceder á su averiguación y castigo, despachando Juez de estos Reinos; por cuya muerte sucedida en el mar se mandó á la Audiencia española que con la misma comisión remitiese luego al Licenciado Juan de Badillo, uno de sus Oidores, para que la ejecutase con más autoridad como lo hizo, y con tanta, que aun hallando culpado á D. Pedro de Heredia, pareció haber excedido de los términos de justificado, pues lo primero que obré fué adjudicarse el gobierno; efecto ó inconveniente que se seguirá siempre que los Visitadores llevaren facultad para subrogarse en los oficios de los visitados, por más que se expreso que haya de ser en caso que resulten notablemente culpados, sin que yo á lo ménos alcance razón conveniente para que se deban dar semejantes despachos; y aun con todo esto, no contento Badillo, tuvo en prisión muchos dias á los dos hermanos Heredias y al sobrino Alonso de Montes, dando ocasión con repetidos desaires que les hizo, á que las quejas del Adelantado pasasen á Castilla apoyadas de otras muchas de diferentes personas. Y antes que prosigamos en lo demas que obré en su gobierno, es de sabor que por el si lo de treinta y seis, poco antes que llegase con sus comisiones á Cartagena, habia salido de ella el Capitan Francisco Cesar, caudillo el más famoso de la provincia, para que con ochenta hombres y veinte caballos fuera descubriendo desde la ciudad de San Sebastian la tierra adentro siempre al Sur; empresa en que gastó casi diez meses respecto de la fragosidad de la tierra, grandeza de las montañas y falta de vitualla, que siempre fué padeciendo su gente ; pero gobernada ésta con el arte de la prudencia, no fué poderosa la falta de herraje para los caballos, ni el rigor del hambre, que tan débiles puso á los nuestros, para que no escalasen las altas sierras de Abide, cuya longitud que corre á Occidente se ignora, y cuya latitud se reconoce en partes de veinte leguas, y en otras de más y ménos; siendo ellos los primeros que las atravesaron hasta llegar al valle de Goaca, donde apénas se vieron cuando se hallaron acometidos de más de veinte mil flecheros, que sin darles tiempo á tomar algun refresco atacaron con ellos una de las recias batallas que pudiera temer ejército más numeroso.

Dábanse las manos en Francisco Cesar la prudencia y valor, y como lo tenia siempre dispuesto al amparo de su gente, habiéndole representado en pocas palabras el servicio de Dios, honra y mérito que ganarian para su Rey, cerró con los enemigos con tal confianza de la victoria, que con ser ya solamente sesenta y tres hombres los que le habian quedado, la consiguió en ménos de tres horas, derrotando los indios, que afirmaban, en comprobacion de los nuestros, haber visto en el aire una celestial visión que peleaba por ellos, y certificaron ser el glorioso Apóstol Patron de los Reinos de España. Conseguida la victoria y algún descanso, se dieron á registrar el valle y á poca diligencia se encontraron con un templo ó casa de oracion, y cerca de ella con un sepulcro de donde sacaren treinta mil castellanos de oro y grandes esperanzas de que en el mismo valle se hallarian otros semejantes á él pero como Francisco Cesar habia perdido en su trabajosa jornada más de sesenta hombres y loe caballos, desherrados ya en tierra tan áspera, más le servían de embarazo que de provecho, determinó salvar la poca gente que le restaba despues de la batalla, volviendo atras, á que ayudó mucho la misericordia Divina, pues en diez y siete dias se hallaron en San Sebastian, caminando en ellos la misma distancia, en que gastaron nueve meses.

La noticia pasó luego á Cartagena, á donde ya el Licenciado Badillo por la residencia á D. Pedró de Heredia, en cuyo lugar gobernaba, como dijimos, y pasados algunos meses, revestido de que el espíritu que á otros Oidores de Santo Domingo persuadió á que en las conquistas de las Indias cambiasen la ocupación de Letrados por el cargo de Capitanes, para que no acertasen á ser Capitanes ni Letrados; ó cebado, como dijeron otros, del Oro descubierto en el valle de Guasca; ó por noticia que ya tenia de que el Rey enviaba en su lugar al Licenciado Santa Cruz por lo mal que se habia portado en la residencia de los Heredias, y pretendia huir el cuerpo á las quejas sangrientas de los agraviados metiéndose en los reinos del Perú, con la contingencia de hacer en el camino algun servicio grande su Rey, determinó proseguir este descubrimiento de Francisco Cesar con esperanzas de mejor suceso. Resuelta, pues, la jornada, despachó por mar la gente y caballos al golfo de Urabá para que lo aguardase en San Sebastian, á donde llegado despues y hallándose con quinientos y doce caballos, trescientos y cincuenta infantes, gran cantidad de indios y negros para cargueros, y los pertrechos correspondientes á ejército tan lucido en que gastaria más de cien mil pesos, salió de San Sebastian por febrero del año de treinta y siete, llevando por su Teniente general á Francisco Cesar, por Maese de Campo á Juan de Viloria, Alférez Real á don Alonso de Montemayor, y por Capitanes D. Antonio de Rivera, natural de Sória;  Melchor Suer de Nava, de Toro; Alvaro de Mendoza, de D. Benito; y Alonso de Saavedra, de Tordecillas; con otros muchos caballeros, de quienes no hallo más noticia que la de Juan Rodríguez de Sousa, Lorenzo Estopiñan de Figueroa, Martín Yáñez Tafur y Gómez Arias Maldonado; que despues pasaron al Nuevo Reino, Antonio Pimentel, Alonso de Villacreces, de Sevilla; Baltasar de Ledesma, de Salamanca; y Pedro Siesa de León, de Llorena.

Con estos Capitanes y gente lucida que sacó el Licenciado Badillo, anduvo descubriendo por las provincias de Urabá, Darien y parte del Chocó más de un año, en que padeció incomportables trabajos, hambres y otras desventuras bastantes á entibiarle el ardiente deseo de conquistar, que lo sacó de Cartagena, y si la esperanza de riquezas imaginadas no lo animaran tanto, pues habiendo arribado á las sierras de Abide, necesitó tal vez para el tránsito de los caballos de fabricar andenes ó estacadas voladas en las laderas de un elevado picacho, aunque sin embargo se despeñaron muchos y algunos españoles, sin los que perecieron, quedándose á más no poder en lo áspero de las montañas. Al fin descubierta gran parte de la sierra poblada de indios sujetos á Nutibara, Cacique poderoso, de quien se decia caminar en andas de oro, y reconocido el valle de Buriticá, rico de minerales, cuya demarcacion cae al presento dentro de los términos de la gobernación de Antioquia, á más de veinte leguas de distancia de su principal ciudad, y muertos noventa y dos hombres y ciento y diez y nueve caballos, sin la mayor parte de los vivanderos, hubo de arribar lo restante del ejército á la villa de Cali, porque siempre fué la intención del Licenciado Badillo caminar al Sur, en que no estuvo poco desgraciado, pues con declinar algo á mano izquierda hubiera entrado el primero en Bogotá, donde sobradamente enriqueciera su gente sin tantos afanes. Lorenzo de Aldana, que se hallaba en Cali, puso luego todo cuidado en refrescar toda aquella gente necesitada; y aunque con ella y la que tenia consigo podía declararse luego por Gobernador, eligió proseguir con su disimulo por ver si podia hallarse á las manos con Benalcázar, que no parece fuera muy fácil aun en caso que lo encontrara.

Todo el provecho que resultó de la trabajosa jornada del Licenciado Badillo, fueron dos mil y seiscientos castellanos de oro que le hurtaron de un fardillo en su misma tienda, ocho leguas antes de llegar á Cali; y aunque sospechó su gente haberlos ocultado él mismo, despues se hallaron en poder de otro y repartidos entre todos participaron á cinco castellanos y medio en desquite de los trabajos padecidos. Pero mal escarmentado Badillo, y viendo que su gente se habia reformado en Cali, trató vivamente de remitir parte de ella á poblar la provincia de Buriticá, lo cual, entendido por Lorenzo de Aldana, y noticioso de cuán alborotados dejaba los países por donde habia pasado, y lo que convendria no inquietarlos más, le representó que habiendo gastado más de un año en el tránsito de doscientas leguas que habría de Urabá á Cali, sin alojar tiempo alguno para reconocer los contornos, ni haber poblado en Buriticá, como se lo pidieron muchos, por ser tierra rica de oro y mantenimientos, no parecía conveniente volver á ello, con manifiesto peligro de aquella gente cansada y afligida; ademas, que ya él y su ejército se hallaban en jurisdicción ajena, por lo cual no podía hacer despachos para poblar por tercera mano; pero que no obstante, como quisiese ir en persona con todo su campo, se lo permitiria y daria las ayudas de que necesitase. Sentido Badillo de la propuesta de Aldana, respondió como ministro, aunque no muy al intento, que él era Oidor de la Audiencia de Santo Domingo y su Gobernador de Cartagena, y no habia destruido ninguna provincia, habiendo asolado tantas desde Chuquisaca á Cali la gente de Pizarro, y así se saldria por la costa del mar del sur para ir á dar cuenta al Rey de lo que habia hecho y de lo que no le dejaron hacer; con lo cual pasó luego á Popayan convoyado de una de sus tropas y tambien del Capitan Francisco Hernández Girón, con órden de Aldana para no permitir que aquella gente se desmandase en la provincia, y para que pasase luego á la ciudad de los Reyes á dar cuenta á Pizarro de lo sucedido, y de la poca noticia que se tenia de Benalcázar.

Partido el Licenciado Juan de Badillo, ordenó Lorenzo de Aldana al Teniente Francisco García de Tovar que, con alguna gente, atravesase la sierra de los Andes y procurase nuevas de Benalcázar Ejecutólo así por el camino que hoy se va de Popayan á Timaná, y no hallando más noticia que la que allí daba el Capitan Pedro de Añasco de que por órden de Benalcázar habia vuelto desde el valle de Neiva á poblar aquella villa, miéntras él proseguía en demanda del Dorado ó mar del Norte, dió vuelta con él para que más bien informase á Lorenzo de Aldana, quien, desconfiado ya de lograr la intención de Pizarro, presentó luego el titulo de Gobernador que llevaba, y siéndo recibido en Quito, Cali y Popayan, empezó á gobernar con más libertad y deseo de acertar, como lo mostró procurando la restauración de Popayan, que, con las calamidades anteriores, estaba casi destruida. Fomenté mucho la conversión de los indios, de que hasta entónces se habia hecho muy poco caso: tanta era la tibiesa con que á vista del oro se trataban las cosas espirituales: y porque el premio es una de las dos pesas con que se mueve á obrar bien el reloj de la humana vida, confirmó en su cargo de Gobernador al Capitan Pedro de Añasco, ordenándole volviese á proseguir en su población de Timaná. Repartió las tierras descubiertas y las encomiendas de indios entré los más beneméritos; y para los que no alcanzaron repartimientos, dispuso que el Capitan Jorge Robledo saliese á poblar la provincia de Anserma, fiando de su nobleza y valor que daria buena cuenta de todo. Ordenóle que llamase Santa Ana de los Caballeros (por los que iban en su campo) á la villa que poblase, que fué medio muy acertado para ir derramando por la provincia la mucha gente que habia subido de Cartagena.

Partió Jorge Robledo con este órden á la provincia de Anserrma y en el sitio de Tumbía, que viene á ser una colina angosta, que apénas da lugar para que se dilate una sola calle, puesta en tres grados y treinta minutos de la equinoccial de esta banda del Norte, fundó una villa que olvidando el primer nombre que le dió Lorenzo de Aldana, conserva el de Anserma, derivado por los españoles de la palabra Anser, que en el idioma de la tierra significa la sal. Fueron sus primeros Alcaldes Ordinarios Melchor Suer de Nava y Martin de Amoroto, y Alguacil Mayor Rui Venégas. Cércanla muchas naciones diversas, como son Tabuyas á una legua, Guaticas á tres leguas, Quinchias á seis, Supias altos y bajos, y otras muchas que va consumiendo el tiempo. Es toda ella de minerales de oro corrido y de vetas; y son los mejores el de Tarria, de donde se sacan amatistas, y los de Mapura, Supía y Moroga, que está en una ladera avolcanada sobre el rio Cauca, que le pasa por las espaldas á la ciudad de Anserma, á siete leguas de distancia. Todos sus naturales comian carne humana, y en Quinchía, que era un famoso pueblo cuando por él pasó el Oidor Juan de Badillo, tenia su Cacique un fuerte y espacioso cercado, todo él coronado de las cabezas de los hombres que en él se mataban y comian: confinan con la provincia de Catama, por donde pasa el rio grande, y embarcados en el Cauca pudieran en veinte y cuatro horas hallarse los que lo intentaran en Antioquia, si el peligro de perderse la embarcación no fuera tan formidable por los acometimientos que en ella hace la corriente del rio contra tres piedras que llaman las Mamas, y médian en la distancia que tiene el rio entre timbas ciudades. Tiene á Oriente otras muchas naciones que no adoran ídolos, y en todo siguen la religion y costumbres de los Popayanes, ménos en la que estos de Anserma tenia de no hacer estimacion de que las mujeres fuesen doncellas para casarse.

En el interin que esto pasaba en Anserma, vuelto Lorenzo de Aldana á Popayan desde Cali, donde dejó por su Teniente al Capitan Miguel López Muñoz, trató luego de pasar á Quito, dejando en su lugar al Capitan Juan de Ampudia, que, recien llegado del Nuevo Reino de Granada con alguna gente de la que llevó Benalcázar, le dió muy individuales noticias de sus acaecimientos y de la intencion con que lo dejaba labrando bergantines en compañía de Quesada y Fedreman para bajar por el no grande á Cartagena, y de allí pasar á Castilla. Por esto tiempo, que ya era el año de treinta y nueve, Gonzalo Díaz de Pineda, Teniente de Quito, habia pedido comisión á D. Francisco Pizarro para poblar una villa en los Pastos, y consiguióla sin que por ella se le derogasen los poderes dados á Lorenzo de Aldana. Pero aunque se apresuró todo lo posible para conseguir la fundación referida, ya Lorenzo de Aldana habia llegado al valle de Guacanquer, á donde, con el trabajo de quebrantar primero el orgullo de los naturales, la fundó entónces, si bien poco despues se mudó al valle de Thirz, con nombre de Villaviciosa, puesta en poco más de medio grado de la línea al Norte, cuarenta y cinco leguas de Popayan como al Suroeste, y otras tantas de Quito como al Nordeste.

Trabajó mucho en allanar esta provincia el Capitan Francisco Hernández Giron, de que se lo originó aquel desvanecimiento que lo arrastró hasta perderse en los escollos de la muerte y la deshonra. Es tierra fértil de forrajes, por cuya ocasion la llamaron Pasto. Confina con los Quillasingas, aunque en las costumbres se diferencian, porqué los Pastos no comian carne humana: son mal agestados en extremo hombres y mujeres, simples y sucios; Y así está muy recibido en la provincia que habiendo conquistado el Inca Guaynacapac hasta el rio Anguasmayo que está dentro de ella, obligó á esta nacion á que en cada luna le tributase cada uno de sus moradores un cañutillo de piojos, con fin de que por este medio  se limpiasen. En la cumbre del más alto monte de Pastoco hay una laguna frigidísima, que Prolongada baja veinte y cuatro leguas y no cria pez alguno. Los pueblos de los Pastos y Patías fueron muchos, y entro ellos Mallama, Tucurres, Funes, Ghapal, Papiales, Turca y Cumba, que no sé si la primera guerra los acabó ó el mal temperamento de Patía ha consumido los que le quedaron para resgardo de Víllaviciosa, donde se hacen extrañas curiosidades de pinturas de humo y yerbas sobre calabacinos, y maderas, que llaman comunmente de Mocos, y donde Lorenzo de Aldana dejó por Gobernador á Rodrigo de Ocampo, quien como práctico en guerra y paz, fomentó la población que dejaremos, con advertencia de que hemos anticipado los sucesos de los años de treinta y ocho y treinta y nueve, acaecidos en Cartagena y Popayan, por quitar el embarazo que pudieran causar á la claridad del principal asunto á que vamos.

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