INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO V
 


DÁSE EL GOBIERNO DE SANTA MARTA Á D. PEDRO FERNÁNDEZ DE LUGO. PROSIGUE LA GUERRA CON LOS INDIOS DE LA SIERRA SIN FRUTO. PREVIENE EJÉRCITO Y ARMADA PARA NUEVOS DESCUBRIMIENTOS Á CARGO DE SU TENIENTE GENERAL D. GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA. DERRÓTASE LA ARMADA CON MAL TIEMPO Y PREVIÉNESE OTRA, QUE CONVOYA EL EJÉRCITO HASTA DESCUBRIR EL NUEVO REINO.

SABIDA en Castilla la muerte de García de Lerma por los agentes del Adelantado de Canaria, D. Pedro Fernández de Lugo, que retirado en la isla de Tenerife trataba de templar los despechos que lo sacaron de la corte por haberle preferido el Emperador á don Pedro de Mendoza, su gentilhombre de casa, en la preteusíon que los dos tuvieron á la conquista del rio de la Plata, le dieron luego aviso de la vacante del gobiernó de Santa Marta para que lo pretendiese con esperanzas de que lo conseguiria por tener entendida el consejo la razon que le asistia para el desabrimiento con que se hallaba. Era caballero rico, valeroso y de espíritu tan elevado, que concibiendo dentro de si que le abria camino la fortuna para igualar sus hazañas á las que de Cortés y Pizarro por aquel tiempo se aplaudian, á que no poco le animaban las relaciones que le hacia Francisco Lorenzo, soldado antiguo de Santa Marta, que por accidentes del mar se hallaba por entónces en Tenerife, despachó á la corte á D. Alonso Luis de Lugo, su hijo, para que en su nombre pidiese aquel gobierno y capitulase con su Majestad cesárea segun y en conformidad de las instrucciones que llevaba Llegado, pues, á la corte el D. Alonso Luis de Lugo por principios del año de mil quinientos y treinta y cinco, corrió en su pretension con tan próspero viento que consiguió el gobierno con nuevo título de Adelantado de más provincias y reinos que conquistase.

Entre las capitulaciones que asentó en el Consejo de Indias fueron las principales: Que llevase á su costa para la conquista de lo que descubrió dentro de los términos que le asignaron á Rodrigo Bastidas, mil y quinientos hombres y doscientos caballos, sin los que de esta especie se necesitasen para crias, con todo lo demas concerniente á ello de víveres, armas y municiones. Que no se entrometiese ni mezclase en las jurisdicciones señaladas á las provincias de Cartagena y Venezuela, concedidas al Adelantado D. Pedro de Heredia y á los Belzares, y para quitar diferencias se entendiese que todo el rio grande de la Magdalena se declaraba pertenecer á la gobernacion de Santa Marta. Que despues de los dias del Adelantado D. Pedro Fernández de Lugo le sucediese su hijo D. Alonso Luis en la forma que su padre lo tenia capitulado con su Majestad. Que pudiese fabricar dos fortalezas donde más bien le pareciese, de cuya tenencia se hacia merced con sesenta y cinco mil maravedises de sueldo pagados en frutos de la tierra que conquistase con intervencion de los oficiales reales. Que se le aplicaba la dozava parte de todos los provechos que el Rey tuviese en todas las tierras que de nuevo descubriese y poblase en el interin que bien informado su Majestad de lo que hubiese obrado, resolvia lo más conveniente á la satisfaccion de sus servicios. Que se le señalaba de sueldo en el gobierno un cuento de maravedises pagados en la misma forma que se daba para el entero del sueldo que habia de tirar como Teniente de las fortalezas que fabricase. Que llevase consigo á Santa Marta las personas eclesiásticas que el Rey le señalase para doctrinar á los indios y aconsejarse con ellas sobre la justificacion de poderles mover guerra, y pudiese llevar hasta cien negros esclavos, hombres y mujeres.

Con el asiento de estas capitulaciones y otras que refiere el cronista Herrera, como quien más bien supo y fielmente escribe las cosas acaecidas en estos Reinos de España, y con un hábito de Santiago de que el Rey hizo merced á D. Alonso Luis de Lugo en atencion de su calidad y de los servicios hechos por el padre en la conquista de la isla de la Palma y guerra marítima de moros en las costas de Africa y Canaria, partió á Sevilla, donde lo halló anticipado con la noticia del buen despacho á disponer la leva de la gente que habia de llevar y hubo de dejar á cargo del hijo, volviendo á Tenerife ántes de concluirla; en cuyo tiempo, cuidadoso el Consejo de proveer de Prelado á Santa Marta por haber muerto el año antecedente D. Fr. Tomas Ortiz, que lo era electo, como dijimos, presentó por Obispo de aquella iglesia al Licenciado Tobes, famoso teólogo y colegial mayor de S. Bartolomé en Salamanca, por cuya muerta, que lo asaltó ántes de pasar á Indias, aunque afirma Quesada que á pocos dias despues de llegado á su iglesia, que no asentimos sino á lo primero que dice Herrera, autor más enterado de las cosas pertenecientes á Indias y acaecidas en España, como dijimos poco antes, fué presentado asimismo el Maestro Fr. Cristóbal Brochero, del Orden de Predicadores y Prior de Santa María de Villada, y por no haber aceptádola pasó esta dignidad al Licenciado D. Juan Fernández de Angulo, á quien en comprobacíon de lo que llevamos dicho en la nota marginal del fin del capítulo cuarto del libro nono de su década quinta lo llama Herrera primer Obispo de Santa Marta, á donde llegó consagrado por fines de Julio del año siguiente, pocos dias ántes que muriese el Adelantado D. Pedro Fernández de Lugo, como dijimos.

D. Alonso, su hijo, que se hallaba en Sanlucar con la gente que pareció bastante, se hizo á la vela y tomó puerto en Tenerife, donde halló á su padre recíen viudo de Doña Ines de Herrera, su mujer, por cuya causa se retardó la Armada con mucho costo el tiempo bastante para dar corte en las dependencias que se le recrecieron; pero ajustadas y gozoso de hallarse con mil y doscientos hombres escogidos entre quienes iban muchos y muy ilustres caballeros, y prevenido de las armas y caballos contenidos en la capitulacion, aunque para ello hizo tanto empeño que le duro a su casa por muchos años, nombró por su Teniente general al Licenciado D. Gonzalo Jiménez de Quesada, natural de la ciudad de Granada, hijo legítimo del Licenciado Gonzalo Jiménez y de Isabel de Quesada, bien conocidos por su nobleza: y porque se ha llegado á opinar sin más fundamento que el de la presuncion de algunos sobre la naturaleza, nombres de los padres que van referidos y oficio de Teniente general que obtuvo desde Tenerife, pondremos lo que refiere él mismo al primer capítulo del compendio historial de sus conquistas por estas palabras.

Llevaba el Gobernador por Teniente general de esta gente y de su gobernacion al Licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, natural de la ciudad de Granada, hijo de honestos padres, que fueron asimismo otro Letrado llamado del mismo nombre y bien conocido en su profesíon (el Licenciado Jiménez) y de Isabel de Quesada, su mujer, que todas estas particularidades se deben poner; y porque no pareciese demasiada afectacion (hipocresía creo que dijera mejor) no va este paso lleno de más humillacion. De cuyas razones modestas se reconoce la calificada nobleza que heredó y representó despues la ciudad de Granada á su Majestad para que lo titulase, y los nombres propios de sus padres y naturaleza de aquella ciudad donde aun pudo nacer seis años ántes del dia en que nació, pues teniendo los treinta y siete de su edad fué elegido Teniente general, como llevamos dicho.

Por Maese de Campo general fué nombrado Antonio Ruiz de Orjuela, caballeró cordovés que se habia ocupado en servicio del Rey en las guerras de Nápoles, siendo Alférez de una compañía cuando monsieur de Lautrech perdió el ejército numeroso que pasó de Francía á Italia. á este caballero habia concedido licencia el Emperador para que pasase á Indias con cincuenta hombres armados á su costa; y habiendo arribado á Tenerife donde estaba el Adelantado, fué fácil convenirse ámbos para pasar juntos con el cargo de Maese de Campo de su Armada y gobierno, y mucha estimacion que de su prudencia y valor hacian todos. Por Capitanes fueron nombrados D. Diego de Cardona, D. Pedro de Portugal, Diego López de Haro, Alonso de Guzman, Gonzalo Suárez Rondon, Diego de Urbina, natural de Orduña y sobrino del famoso Juan de Urbina, de quienes era Sargento Mayor D. Diego de Sandoval, y todas ellas personas calificadas de mucho lustre y valor, con quienes y mil y doscientos hombres de guerra repartidos en diferentes navíos, se hizo á la vela el Adelantado, llevando en su compañía al hijo D. Alonso Luis de Lugo, y con próspero viaje por Enero del año de mil y quinientos y treinta y seis tomó puerto en Santa Marta, donde halló á Antonio Bezos que, acosado de los Tayronas y Bondas, apénas podia mantener la ciudad y poca gente que en ella habia, con el socorro de los indios amigos de Gayra y Taganga y con la corta presa de algunas entradillas que hacia en la sierra.

Luego que se vió en su gobierno el Adelantado D. Pedro Fernández de Lugo, reconoció, como prudente Capitan, que los soldados y ejércitos se conservan mejor cuando más aventurados, y que las alteraciones da los ánimos inquietos nacen de los peligros ocultos de la ociosidad, siendo riesgos todos, despues que evita la prudencia de quien los gobierna, y previene con arte: y así por no hallarse en ocasion de no poder reparar algun repentino accidente, trató de inquirir empleo en que poderlos tener disciplinados y obedientes. Para ello, y reconocer la parte á que habia de volver las armas, envió á ofrecer la paz á los Bondas, Geribocas y Bodiguas que militaban coligados; y por no haberla querido admitir dispuso un campo de quinientos hombres, los más de ellos de los recien llegados, con que salió en persona, y habiendo arribado al pueblo de Bonda, lo acometió, de suerte que los indios, teniendo ya puestos en cobro sus hijos y mujeres, se defendieron bien ; aunque más apretados de la cólera española que de la buena disposicion del avance, desampararon el pueblo dejando muertos treinta de los nuestros y muchos heridos con poco daño de los suyos: reves que se atribuyó siempre al mal órden con que se gobernó aquel asalto por falta de experiencia militar en la guerra de las Indias. Pero ya sucedido el fracaso, mandó el Adelantado que los Capitanes Urbina, Cardoso, Tapia y Cardona siguiesen el campo enemigo, y si convidado con la paz no la aceptase, le hiciesen guerra. Obedecieron los Cabos, y reconocida la repulsa de los indios á su embajada, y que fortificados en lo áspero de la sierra se prevenian para la defensa, dieron parte al Adelantado que, juntándose con ellos, quemó y arrasó muchas de sus poblaciones, y en los pocos reencuentros que tuvo, fué lastimada y herida gran parte de su gente, porque los Rondas en esta ocasíon y en todas las que no fueron llevados por bien, se mostraron feroces.

Vuelto á Bonda el Adelantado, consultó sus cabos, y como ninguno de los que llevó consigo era tan á propósito para su intento como Antonio Diez Cardoso, Capitan el más práctico y de mejor fortuna que se hallaba en aquel gobierno, como se ha visto en el díscurso de esta historia, hubo de llamarlo, y por su parecer, y con fin solo de entretener la gente, dispuso que su hijo, D. Alonso, saliese contra el valle de Tayrona, y con él su Maese de campo, Orjuela, y fuera de los Capitanes de la primera salida, Juan de San Martin y Antonio de Lebrija, á quienes siguieron todos los más caballeros del ejército que por vanagloría quisieron militar debajo de tan buen Cabo, como despues lo reconoció la Europa. Pero llegados á Tayrona se mostraron sus indios tan valerosos, que en diferentes ataques, dejando muertos y heridos muchos de los españoles, ganaron aquella fama de guerreros que les dura hasta hoy; y especialmente en la defensa de un paso estrecho de la sierra fué tal su resistencia, que con señalarse tanto el Maese de Campo Orjuela, Juan de Céspedes, Diego de Urbina, loman Vemigas, Juan Dolmos, Hernando de Prado, D. Diego de Cardona, y Juan de la Peña, necesitaron de costear la victoria con las peligrosas heridas que sacaron Juan de San Martin y Alonso Martin.

Rotos y desbaratados los Tayronas, corrieron los nuestros el valle sin encontrar flecha en arco gente ni bastimentos; pues aunque para buscarlos trastornó Cardoso el país de la Ramada con pérdida de veinte hombres que se le murieron de hambre, no pudo remediarla D. Alonso Luis de Lugo, que tambien entró por la parte superior del mismo país hasta las sierras nevadas; aunque en el encuentro que tuvo con los dos caciques rebelados Maróbaro y Arógaro, hubo una presa de hasta tres mil castellanos de oro, si bien no faltó quien los subiese á un número excesivo: sospecha muy ordinaria de la gente de guerra, no sé si bien ó mal fundada siempre contra sus Cabos superiores; pero la cantidad cierta fué la que va referida, pues á no serlo no la espresara Quesada en su compendío hístorial del Nuevo Reino al primer capitulo de él, y en tiempo que ya no corría bien con D. Alonso Luis de Lugo, quien con tan corto fruto de sus trabajos volvió á Santa Marta, donde halló á su padre, que desconfiado de la conquista delos Tayronas, por la poca sustancia que descubrian sus tierras, tenia vuelta la mira á proseguir el descubrimiento de las cabeceras del rio grande de la Magdalena (llamado así por haberse descubierto en su dia) donde por noticias confusas se esperaba hallar poderosos Reinos y criaderos de oro, cuyas muestras habian encontrado los que de Santa Marta en algunas entradas habian subido hasta el rio de Lebrija.

Con este pensamiento y la prevencion de vasos para despachar Armada por el rio, que se fuese dando la mano con el ejército de tierra en los lances que les ofreciese el aprieto, comunicó la determínacion á sus cabos, y oído el parecer de los más prácticos que halló en Santa Marta, y que convenian en el poco provecho que se esperaba de allanar los indios de toda la sierra á que se llegaba la dificultad de conseguirlo por la resistencia de las naciones que la ocupaban, amparadas siempre de los Tayronas, y en que era empleo más honroso seguir una esperanza dudosa que una desdicha. evidente, nombró por Cabo del ejército de tierra, que se componia de seiscientos y veinte infantés y ochenta y cinco caballos (sin el excesivo número de misenables indios que acostumbraban llevar por cargueros á las conquistas) á su Teniente general D. Gonzalo Jiménez de Quesada, y por Capitanes de los antiguos de Santa Marta á Juan de San Martin, Juan de Céspedes, Juan del Junco y Juan de Madrid, á quien sucedio el Tesorero Antonio de Lebrija, natural de Alcántara y desendiente del otro célebre historiador y latino; y de los que llevó consigo  á Gonzalo Suárez Rondon, Lázaro Fonte y Pedro Fernández de Valenzuela: disponiendo que los caballos fuesen debajo del Estandarte Real que llevaba Gonzalo García Zorro, natural de Guadalcanal: y que de cinco bergantines que se labraron en la Costa para entrar en el rio grande, fuesen Capitanes Diego de Urbina, Antonio Diez Cardoso, Juan Chamorro y Orduña, quienes llevasen por General á D. Diego de Cardona y por veedor de su Armada  al famoso Hortun Velásquez de Velazco, natural de la Villa de Cuéllar, vecino que fue despues de la ciudad de Papaplona y marido de Doña Luisa de Montalvo.

Hechas, pues, todas las prevenciones necesarias, y pareciéndole al Adelantado ser conveniente al servicio de Su Majestad y á la seguridad de Santa Marta, que quedase en ella su Maese de campo Orjuela, lo detuvo consigo, con calidad de que en todo lo que nuevamente se conquistase tuviese en las reparticiones de las presas y tierras que se hiciesen la parte correspondiente al puesto que ocupaba, y como si ejerciéndolo se hallase presente á todas las facciones: tanto era el crédito y estima que el Adelantado hacia de su persona; pero no sé que las condiciones se cumpliesen como se asentaron. Ya era entrado por este tiempo el año de treinta y seis, como dijimos arriba, cuando, segun refiere Quesada en el fin del primer capítulo de su compendio historial, á los cinco de Abril del año referido salió de Santa Marta siguiendo su derrota por el corazon y centro de la provincia  dél Chimila hasta dar en las de Tamalameque y Tamalaizaque, desde donde se habia de arrimar á la ribera del rio grande de la Magdalena; y aunque este rumbo se habia. continuado hasta allí por algunos Capitanes, fueron gravísimos los trabajos que en él se padecieron respecto de la grosedad del ejército, falta de víveres, mucho calór de la region, humedad de la tierra y embarazos que se ofrecieron en la jornada de cienagas y pantanos que por aquellas montañas se encontraban, donde los caballos nula servían de aumentar el trabajo á los infantes que de alivianes el cansancio y la fatiga.

No con ménos adversa fortuna se hizo la Armada á la vela con los cinco bergantines y dos caravelas, pues no pudiendo coger el rio por la borrasca que levantaron las brisas en su boca y de ordinario se experimentan en aquel paraje, se derrotaron los tres de ellos y las caravelas, de las cuales la una naufragó luego, salvándose la gente en un islote del rio, y la otra dió sobre la punta de Morro hermoso de la costa de Cartagena, poblada de indios Caribes, á cuyas manos perecieron todos cuantos el mar arrojó vivos á tierra. Poco más adelante, en el sitio de la Arboleda, chocó el bergantin de Juan de Urbina en que iba Juan Dolmos, de donde amparados de la noche y por su buena diligencia sacaron su gente á salvo miéntras con mejor fortuna corrieron las embarcaciónes del General y Antonio Diez Cardoso, pues dando ésta en el Ancon de Zamba. y la otra en la punta de Icacos, tierras pobladas de indios pacificos, pudieron fácilmente llegar á Cartagena libres de aquel peligro, de que más bien escaparon los dos bajeles restantes, que por sorreros tuvieron tiempo de andarle Antes de la borrasca en la boca del rio para que á veces se experimenten mayores aciertos producidos de la flema que de la cólera, pues con ella consiguieron que aplacado el mar navegasen hasta. Malambo, habiendo recogido de paso la gente de la Caravela que quedó en el islote, desde donde sabido el naufragio de las otras embarcaciones, dieron aviso al Adelantado, á quien llegó la nueva juntamente con Hortun Velasquez y Antonio Diez Cardoso, que despues de correr fortuna y agregar así al Capitan Luis de Menjarrez, conquistador antiguo de Santa Marta, á quien hallaron con un buen navío en el puerto de Cartagena, volvieron á Santa Marta en dos de los bergantines derrotados, con quienes asimismo fué Juan Dolmos, que habiéndose encontrado en Cartagena con quien le dió embarcacíon para que pasase al Perú, no quiso hacerlo, sino revolver con cinco camaradas á Santa Marta, donde la fineza fué bien estimada del Adelantado, y más cuando supo que mudando casaca el General y Diego de Urbina con D. Diego de Sandoval y otros remitían los dos bergantines dándole aviso del suceso y de su resolución, que fué de pasarse con la gente voluntaria que los seguia á los Reinos del Perú, donde bullía la fama de su riqueza y esperaban mejorar fortuna mientras perdido el tiempo lo gastasen otros en seguir los designios del Adelantado.

Sabida, pues, en Santa Marta la pérdida de la Armada, y no desmayando por eso el gobernador de su primer intento, despachó luego al Capitan Luis de Manjarrez á la isla española para que le comprase otras cuatro embarcaciones, que no tuvo efecto, porque recreciéndosele al Manjarrez pleitos que allí lo detuvieron, y sucediendo poco despues la muerte del Adelantado, no tuvo lugar de volver á Santa Marta hasta que lo consiguió en compañía de Gerónimo Lebron; más no por eso faltó el Gobernador en lo que tenis á su cargo, pues dispuso que á toda prisa labrasen algunos vecinos otros dos bergantines, que juntos con los que habian escapado de la tormenta fuesen en socorro de su Teniente general, á quien dió luego noticia del infortunio y de la nueva pretension de vasos que hacia. En cuya consideracion se fué muy despacio siguiendo la derrota que habia. elegido, y continuándose los trabajos de hambres, guerras, malos caminos, serpientes venenosas y enfermedades que la tierra y el cielo granizaban sobre su gente, poco acostumbrada la más de ella á semejantes hostilidades, en que procedió Quesada con tanta prudencia y valor, que siendo estos afanes lo que han ocasionado motines en compañías menos numerosas de las que se en las indias, no dió persona alguna el menor indicio de inobediencia aun en la fuerza de las calamidades que experimentaban.

Por otra parte, dispuesta ya la armada en Santa Marta por el mucho desvelo del Adelantado, y nombrado General de ella en lugar de Cardona el Licenciado Callégos, que también era profesor de leyes como Quesada, y despues de grandes servicios murió en la batalla de Añaquito en favor del Vírey Blasco Núñez Vela, y elegidos por Capitanes nuevos Juan de Albarrazin y Gómez del Corral, se hicieron á la vela y con próspero viento entraron en el rio grande, y juntándose en Malambo con los dos bergantines que allí estaban y con hasta ciento y ochenta hombres repartidos en las embarcaciones, penetraron sus ondas contra el curso de sus raudales, hasta que despues de algunos meses de navegacion encontraron á don Gonzalo Jiménez de Quesada con su gente en el pueblo de Tamalameque, desde donde sy habia de seguir la derrote por la ribera del rio como la siguieron hasta Sompallon, otra provincia grande y fértil, que está á quince leguas y á setenta y cinco de la boca del rio. Y de allí, teniendo ya la gente de la Armada las órdenes del General Quesada para la forma con que se habian de socorrer los unos y los otros, subieron otras quince leguas más hasta otro pueblo, que era el último á que habian llegado españoles en la entrada que hizo el Capitan Pedro de Lerma, desde donde se le doblaron los trabajos y peligros al ejército y Armada, pues si fueron grandes los padecidos, mayores se experimentaren. Oh, válgame Dios! que bastasen hombres de carne á romper doscientas leguas de monte espesísimo con sus propias manos, siendo tal su fragosidad y cerrazon, que apénas bastaban todos juntos á romper una ó dos leguas en un dia con buenas herramientas! ¿ Cuántas enfermedades quebrantaron muchos cuerpos que delicadamente sé habian criado en region más benévola? ¿ Cuántas fiebres pestilentes y otras enfermedades pusieron á otros en estado de no poderse tener en pié, y con todo eso siempre trabajando con las manos, de que morian miserablemente los más? ¿ En qué género de muerte no tropezaron entónces aquellos nobles españoles, muriendo unos comidos de tigres, otros de lagartos que sin temor de las guardas se entraban los primeros en el alojamiento y se arrebataban el español ó indio que les parecia, no ménos de dia que de noche? Otros de hambre y sed procedida del venenoso contagio de las flechas de los barbaros con quienes iban guerreando á cada paso: pero para qué puede ya ser buena relacion de tantas fatigas i desventuras? Baste saber que con ellas llegaron al pueblo de la Tora (llamado de las barrancas bermejas y de los brazos, por cuatro que hace el rio en aquel paraje) despues de ocho meses de jornada en que caminaron solamente ciento y cincuenta leguas.

Era ya entrado el invierno y las muchas lluvias aumentaban de suerte el rio, que se derramaban sus aguas por aquellas montañas sin dejar senda á la eleccion que no fuese evidente riesgo de anegarse; y determináronse de comun acuerdo de los cabos á invernar en aquel sitio, en tanto que el tiempo daba seguridad para proseguir el viaje. Y porque los soldados se entretuviesen con buenas esperanzas en el desconsuelo que ya se mostraba á todos, le pareció al General Quesada medio conveniente que los bergantines subiesen rio arriba á descubrir lo más que lo fuese posible, en tanto que cesaban las aguas y los dolientes mejoraban de las enfermedades que padecian. Ejecutado el orden, subieron los bergantines veinte leguas más arriba con increible trabajo, por haber de batallar continuadamente con los raudales del rio, en que la falta de Viento se habia de suplir con la fuerza de los brazos, valiéndose unas veces de firgas y remos, y las más llevando á remolco los vasos con maromas que desde las barrancas y árboles tiraban los españoles expuestos al riesgo de las aguas y de los caimanes, hasta que, rendidos del trabajo y desesperados de hallar noticias, volvieron sin ellas á los trece dias.

Mal sufridos entónces los soldados y persuadidos de que el fruto de aquella jornada habia de redundar en la total ruina del campo, le propusieron al General Quesada los inconvenientes que reconocian en proseguir empeño tan desgraciado, persuadiéndole á que desistiese de la empresa y diese la vuelta á Santa Marta, donde podrian ocuparse en más seguros empleos del servicio de su Majestad; y bien considerado decian: Quién verá tan menoscabado un ejército florido como el que salió de la costa sin haber penetrado más que ciento y cincuenta leguas, que no discurra cuán vecina le amenaza la última pérdida? No son los indios enemigos los que acobardan espíritus criados en las regiones de Espala, sino el hambre y enfermedades, contra quienes pueden poco los brios para escapar de la muerte. Ningun caudillo tan constante ha sufrido los trabajos como el que nos guia, y por lo mismo es tanto más sensible que perezca donde ni dé señales ni queden memorias de su valor invencible. Hasta aquí pudo llegar el sufrimiento de tantas miserias con la esperanza; pero pasando de estos términos sin ella, convertiráse en desesperacion la fortaleza. Ver solamente montañas desiertas de gente política y de alimentos y pobladas de animales feroces y riesgos inevitables, no  es divertimiento para seguido hasta la muerte; y más cuando aun faltan noticias para que engañado el ánimo se proponga siquiera fingido el descanso. No se gana la fama con la obstinacion empeñada en precipitar al dueño donde faltan empresas que la disculpen, sino donde la espada pueda abrirse el camino á un fin glorioso. Así volviendo á la presencia de nuestro Gobernador reconocerá por las ruinas de tantos muertos los afanes por donde han pasado los que llegaren vivos; y será disculpa  para la emulacion más despierta saber que no pudo adelantarse más el esfuerzo de un corazon no vencido.

Todas estas pláticas, que llegaron á noticias del General Quesada, representadas por los soldados de más resolucion ó por secretos avisos de sus más confidentes, las rechazaba su prudencia con ánimo sosegado, respondiendo á las propuestas como sí fueran consultas y no dándose por entendido de los desahogos con que se hablaba en el campo. Habiale enseñado en poco tiempo la prudencia, que en dándose la cabeza por entendida de la desobediencia de los miembros, para no remediarla no hay miembro más ínfimo entre todos que la cabeza. En la rebelion de uno es gran preservativo el cuchillo para conservar los otros; pero en el achaque de muchos juntos es la mejor medicina el disimulo para que no peligre la fábrica de todo el cuerpo. Con una pica puesta á los ojos, que aparté de ellos con risa, se burlé el gran Capitan de un motin general que se le entraba por la vista, y su prudencia enmendé con la accion todo un ejército, para que obediente le allanase un reino. De nada estaba tán ajeno el General Quesada como de volver paso atras en lo comenzado: era hombre de espera; qué mucho tuviese, gran corazon con ensanchas de sufrimiento? Ninguno como él caminó por los espacios del tiempo hasta el centro de la ocasion: sabia. cuánto más habia obrado la constancia española que la cólera impetuosa de otras naciones; éstas esgrimiendo la clava de Hércules y aquélla la muleta del tiempo. Pero fingiéndose neutral en su parecer, oponia á la ejecucion de la propuesta no ser tiempo de llegar á las últimas resoluciones: que sería descrédito de tan valerosos soldados volver á los ojos de sus iguales sin dar noticia siquiera dcl origen de aquel rio, que no podia tenerlo muy retirado; que las mayores dichas se perdieren por desmayar el ánimo en las fatigas, siendo así que las más grandes son anuncios más ciertos de que se acaban; que si Francisco Pizarro y Fernando Cortés hubieran obrado por la desconfianza de sus soldados, ni hubieran ganado nombre de Capitanes famosos ni sus compañeros llegaran á la posesion de tantas riquezas siendo dichosos por fuerza: que no era diferente la naturaleza de quien los animaba que la de aquellos que desconfiaban. Ni en los afanes habia usado de privilegios que no fuesen Comunes, y sin embargo esperaba de la resulta un fin venturoso; pero si con brevedad no mejoraban de noticias, seria el primero que á costa de su vida asegurase la de todos. Y juntando á iguales razones muchos agasajos, á los mal contentos les fué dilatando la vuelta mientras los Capitanes Cardoso y Albarracin hacian diligencias para descubrir tierras diferentes de aquellas en que se hallaban. En fin, tanto hicieron estos dos Capitanes trajinando varías veces aquel rio de una parte á otra, que descubrieron otro que bajaba de unas altas sierras, y subiendo por él en una canoa, que es á manera de barco, encontraron á sus orillas una senda que bajaba de la sierra hollada de gente y capaz de conducir por ella los caballos, y habiéndole seguido dieron en una pequeña casa donde hallaron sal de panes, y con ella y las noticias volvieron á darselas al ejército, que cotejando la sal que llevaron los dos Capitanes con la que hasta allí hablan visto del mar y reconocida la diferencia y noticias de la sierra y camino á ella, fué tanta la alegría que recibió todo el campo, que olvidaron los trabajos y pretension poco ántes intentada y descubierta.

No fué menor el gozo que recibió el General Quesada como el más interesado, y para lograrlo más bien dispuso que el Capitan Juan de San Martin con veinte hombres subíesen en canoas por el rio que descubrió Cardoso todo cuanto pudiesen, reconociendo con más especialidad el rio y tierras que se divisaban por aquella parte. Partió el Capitan San Martin y con trabajo bien considerable subió por el rio veinte y cinco leguas hasta encontrarce con una corta poblacion de indios, que la desampararon luego que vieron gentes extrañas en sus tierras, dejándose en las casas alguna cantidad de bastimentos y sal que no fué de poco alivio para la gente: y considerada bien la tierra vieron que por la parte en que se hallaban bajaba de la sierra un camino ancho que daba muestra por las huellas de ser continuado de mucha gente: y así dejando señales de su navegacion dió vuelta al pueblo de tora y hecha relacion á Quesada de todo lo sucedido, despues de animar á su gente (vistiendo las verdades que referia con la facundia de voces y buena gracia de que le dotó el cielo) se determiné á ir en persona á recorrer los sitios y tierras de que le daban noticia, llevando en su compañía hasta sesenta hombres y entre ellos á Hernan Pérez de Quesada, su hermano, á Fernan Venégas Carrillo, Juan de Junco, Juan de Pineda, Baltasar Maldonado, Jorge de Olmedo, Martín Galiano, Gerónimo de Inza, Auton de Olalla, Bartolomé Camacho, Francisco Gómez de Feria, Gómez de Cifuéntes y otros soldados de cuenta; y dejando la demas gente á cargo de los Capitanes San Martin y Suárez, siguió la misma derrota que Juan de San Martin hasta el mismo pueblo donde este Capitan habia llegado, que se llamó de las Barbacóas, y por haber asaltado en él una grave enfermedad á Quesada, mandó pasar adelanto con treinta hombres á los Capitanes Juan de Céspedes y Antonio de Lebrija y al Alférez Anton de Olalla, los cuales fueron en descubrimiento de lo que faltaba en aquellas tierras: y el suceso fué que penetrando toda su aspereza (que en diversas partes es altísima), hallaron un pueblo en cierto valle estéril y sombrio, y en él aprisionaron un indio que no pudo huir con los demas, y de él supieron por señas que los nuestros le hacian para preguntarle, que todo aquel país montuoso se llamaba la sierra de Opon; y mostrándole alguna sal de la que poco ántes habian hallado, dió á entender que la habian por contrato de algunas tierras que estaban más adelante á este indio, que llamaron Pericon, agregaron así los españoles, para que les sirviese de intérprete y de guia.

Quedóse en aquel pueblo el Capitan Lebrija y otros tan fatigados de los trabajos, que no podian dar paso adelante, y prosiguiendo los demas despues de vencidas algunas asperezas, dieron en otro pueblo pequeño en que tambien se quedaron algunos: con lo cual el Capitan Céspedes, Anton de Olalla. y otros pocos que se sentian más fuertes, subieron á lo más elevado de aquella sierra, de donde descubrieron la tierra rasa y en lo que podia alcanzar la vista muchas poblaciones grandes y pequeñas á legua, y á ménos unas de otras; y reconociendo que con lo hecho habian conseguido el fin de la jornada, dieron vuelta por la misma senda que habian llevado: más el Anton de Olalla se halló tan impedido para seguir á Céspedes, que se atrevió á tomar una resolucion tan desesperada, que aun habiéndosela aconsejado la necesidad, siempre pareció temeraria, y fué que al fin de solas cuatro leguas que habian caminado de vuelta, se quedó con otros cuatro en una Aldea que allí habia, y en ella se detuvo casi tres meses, en cuyo tiempo, juntándose los bárbaros de todas las demas Aldeas del contorno, lo fueron á quemar la casa; pero fué tanto el miedo que les causó ver á los cinco españoles salir á su defensa, que vueltas las espaldas recibieron muchas heridas en pena de su cobardia, y Olalla con sus compañeros Hernando de Prado, Miguel de Partearroyo, Pedro Rodríguez de Leon y Pedro Núñez de Cabrera, se aseguró en aquel valle, que desde entónces por esto suceso se llamó del Alférez, por serlo Mayor de la infantería que llevaba Quesada. Mas volviendo á Céspedes, que no se hallaba tan desalentado y tenia otros cinco que le imitasen, pasó adelante hasta comunicar todo lo que habia visto, donde le dejaremos por fin del año de treinta y seis, miéntras nos llaman las conquistas de Popayan y sucesos de Cartagena acaecidos un dicho año, con que daremos principio ál cuarto libro.

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