INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO IV
 


EL ADELANTADO HEREDIA PROSIGUE LA CONQUISTA DE CARTAGENA Y COMPÉNDIASE EL DESCUBRIMIENTO DE LOS ALEMANES HASTA QUE FEDERMAN SALE DEL TOCUYO.

DIFERENTES designios eran los que seguia por este tiempo D. Pedro dé Heredia en Cartagena, pues apénas tomó algun descanso su gente despues de la batalla de Turbaco, cuando la sacó otra vez á campaña, deseoso de encontrarse con alguna empresa de porte, y con esta mira, siguiendo la costa del mar á barlovento, llegó hasta las riberas del rio grande sin contraste alguno que lo impidiese; ántes sí con el interes de algun oro, que fué rescatando de los Malambos y otras naciones confinantes, y no excusaban este género de comercio. Pero reconocida la aspereza de las montañas y embarazo de las ciénegas que se encontraban el rio arriba, revolvió á la boca del rio, y reconocido el rumbo que habia llevado desde la Sabaneta, que hoy llaman, sin apartarse de la costa del mar y llevando por guia á Morro, hermoso, atravesó otra vez por el valle de Zamba hasta Cartagena, donde halló el navío de Juan del Junco con la mayor parte de la gente que habia llevado á Santa Marta, y mal contenta del país consiguió del doctor Infante la dejase pasar á Cartagena con diferente cabo y dos indios y una india de sus costas, que para intérpretes le remitian sus correspondientes desde la villa de Azua, donde los habian comprado.  

Con este socorro, bastante ya á componer su campo de cien infantes y otros tantos caballos, resolvió penetrar la provincia al oeste; y aunque con la fatiga de romper montes inaccesibles y ciénegas espantosas en que ocupó muchos dias, llegó á descubrir el Zenú, pueblo de gran vecindad, que lo desamparó al espanto de las armas españolas que gebernaban sobresalientes Francisco Cesar y Cristóbal Jáimez, caudillos famosos de estas conquistas, donde se prendió un criado del Cacique, que temeroso de que lo matasen descubrió dos cajones que llaman Habas los indios, y tenian ocultos en la montaña, en que se hallaron más de veinte mil castellanos de oro, sin diez y seis mil que habia manifestado ántes en un socaven ó bóveda que se formaba de tres naves de latitud y más de cien pasos de largo, que los naturales en su idioma llamaban el Bohío ó casa del diablo, por estar en la mitad de su distancia una hamaca bien tejida de labores, que estando pendiente de un palo se sustentaba al parecer sobre los hombros de cuatro figuras humanas, las dos de hombre y las otras dos de mujer, en que decían los indios se acostaba el demonio y lo acreditaba el prisionero, que instada por más oro mostró una sepultura de donde sacaron otros diez mil castellanos, con que gozosos los nuestros pasaron hacia la provincia de Urabá, aunque brevemente, amedrentados de la aspereza de las serranías, volvieron á Cartagena, á donde hallaron á D. Fr. Tomás de Toro, del Órden de Predicadores y primer Obispo de aquella ciudad, y á pocos dias llegaron trescientos hombres que saliendo á descubrir el rio grande arriba, intentaron poblar en Mompox y no lo consiguieron.

Bullía por este año la fama de las conquistas del Perú, y al ruido de las riquezas que sonaba en todas partes, era la gente tanta que ocurria á Cartagena de las islas y otras provincias de Tierra firme para pasar á Panamá, que en el interin que lo conseguía, tenia bien en que escoger el Adelantado para el fin de la empresa que tenia entre manos; y así, con la ocasion de haber llegado Alonso de Heredia su hermano (á quien llamó de las conquistas de Guatemala para que lo ayudase en las de Cartagena como Capitan práctico en la guerra de las Indias), dispuso que saliese luego en demanda de Urabá, donde se decia haber montes de oro, que era el norte principal de los descubrimientos; quien con el resguardo y ejército de trescientos y cincuenta hombres, y los mejores Capitanes, atravesé la provincia, y en la que llamaron culata de Urabá, por catar dentro de los términos de la Gobernacion de Cartagena, reedificó la ciudad de San Sebastian de Buenavista, que fué la primera que se fundé en Tierra firme por Alonso de Ojeda, y desamparó D. Francisco Pizarro, á quien habia dejado por su Teniente, aunque esta segunda vez se le mudó el sitio al de unas colinas rasas y libres de montañas, en cuyos contornos, especialmente en los de Zenú, se hallaron al abrigo tic un famoso templo de ídolos tantos sepulcros soberbios, y en ellos tanta cantidad de oro ofrecida á los cuerpos muertos que colocaban en sus bóvedas, que de su riqueza se levantaron los primeros fundamentos de la máquina de persecuciones que despues cayó sobre el Adelantado, con el motivo de que habia usurpado los quintos reales.

Las mujeres de esta provincia son de buen parecer; andan vestidas de telas de algodon curiosamente labradas: usan arracadas de oro y sartales de cuentas al cuello. Los hombres se precian de andar desnudos, y son por extremo inclinados á contratar con las propias y extranjeras naciones; y así, no satisfecho el generoso Animo de Alonso de Heredia con sola la fundacion de San Sebastian, por la buena disposición que tenia de gente, revolvió á la costa del mar y á la ribera del no Catárrapa, de la provincia que llamaron de las Balsillas y pueblo del Cacique Tolú, seis leguas de la mar al sudoeste de Cartagena y doce de ella, fundó la villa de Santiago de Tolú, de vecinos muy principales, por quienes han pasado tan adversas fortunas con las invasiones de los corsarios, que casi está destruida. De allí pasó á otro sitio que demora treinta y dos leguas al sur de la ciudad de Cartagena, y en ciertas         sabanas que allí hay medianamente fértiles para ganados mayores y plantajes de cacao, fundó asimismo la Villa de María y volvió á Cartagena á dar cuenta de todo al hermano: donde lo dejamos envuelto en disgustos hasta que convenga á la historia, despues que demos razón de lo acaecido en las provincias de Venezuela y Santa Marta.

Muerto, pues, Ambrosio de Alfinger en el valle de Chinacóta, de la provincia de los Chitareros, como dijimos en el fin del capítulo segundo de esto libro, eligió su ejército por cabo, que lo gobernase hasta Coro, al Capitan Juan de San Martin, que luego levantó el Real siguiendo el mismo rumbo que llevaba Alfinger, y atravesando la montaña que despues llamaron de Arévalo, dieron en el valle de Cúcuta, cuyas dehesas fértiles y abundantes de orégano, médian entre la ciudad de Pamplona y San Cristóbal; y aunque mal sanas de temple, muy á propósito para cria de mulas. De donde, con detencion de pocos dias  de provincia en provincia, y con la guía de cierto español llamado Francisco Martin (que hallaron casado con la hija del Cacique de una de ellas), llegaron hasta la ciudad de Coro el año de treinta y dos, donde luego que se supo el fin desgraciado de Alfinger y menoscabo de su ejército, reconoció la ciudad por Gobernador á Juan Aloman Caballero, de su nacion, y tan pacífico, que encerrado en ella no intentó jornada alguna. En cuyo tiempo Nicolas Fedreman, otro caballero Tudesco, que se hallaba en Coro cuando llegó Juan de S. Martin, ambicioso de mejorar fortuna con las noticias que habia adquirido de los hostiales de perlas del Cabo de la Vela, y con el oro y joyas que labia recogido en la provincia, y lo animaban á que pretendiese aquel gobierno, paso á Castilla, donde á pocas diligencias que interpuso lo consiguió. Pero como la emulacion sigue como sombra al cuerpo de los oficios honrosos, bastó la que manifestaron algunos que le eran poco afectos, á desacreditarlo con los Belzares de hombre arrogante, bullicioso y áspero de palabras, de tal suerte que aun siendo estos de los que siempre estuvo más ajeno, bastaron (siendo supuestos) á conseguir se gobierno y se proveyese en Jorge Spira, aunque por no desabrir del todo á Fedreman le nombraron por su Teniente general con facultad de hacer entradas separadamente al descubrimiento que le pareciese dentro de los términos de la guarnicion de Venezuela.

Con estos despachos y cuatrocientos hombres que levaron en la Andalucía y Reino de Murcia, y despues (por el accidente de dos tormentas que sobrevinieron á la Armada obligándola á que arribase una y otra vez á Sanlucar y á Cádiz) se redugeron á doscientos, llegaron á las Canarias, donde reforzados de otros tantos de los más bastos y groseros de la Isla, con que suplieron el número que sacaron de Castilla, determinaron proseguir su viaje, consiguiéndolo tan felizmente que sin mal suceso aportaron á Coro. Aquí trató luego Jorge Spira de que se hiciesen dos entradas á la provincia; la una á cargo suyo con doscientos hombres la vuelta de los Llanos de Carera, que demoran al Leste de Coros y la otra á cargo de Fedreman, que para conseguirla habia de ir á Santo Domingo por más gente, armas y caballos, que lo darian por cuenta de los Belzares, para que de vuelta, incorporándoles con la gente que dejaba en la ciudad, tomase derrota al Oeste por la otra parte de la serranía de Carorá ó Llanos de Venezuela, para que marchando unos por la una parte y los otros por la otra, penetrasen y desenvolviesen los valles mas secretos de toda la provincia.

Dispuesto así, y despachada parte de la gente de Spira con los Capitanes Juan de Cárdenas, Martin González y Miser Andrea, miéntras él ajustaba el cumplimiento de las ordenadas con su Teniente, salió despues con ochenta caballos y el resto de infantes, que estaban alistados, y tomando la vuelta de la Burburata por la costa del mar, despues de varios trabajos, hambres y refriegas acaecidas á los Capitanes sobresalientes, en la provincia de Buraure, se encontó con ellos en el desembocadero de Bariquizimeto, donde le dejaremos por no ser muy de nuestro intento esta jornada de Spira: baste saber que habiendo llegado á las provincias de los Chiscas y Laches, que hoy se llaman de Chita y del Cochui, tuvo noticias del Nuevo Reino, bastantes á empeñarlo en su descubrimiento, con el trabajo de caminar doce leguas, y por omision del Capitan Juan de Villégas (que despues fué Gobernador de Venezuela) ó por temor de la sierra pedregosa que habian de atravesar, y lo más cierto, por disposicion de más alta providencia, que tenia reservada para otro aquella conquista, cometió á la luz de este relámpago de buena fortuna el mismo yerro que Alfinger en los Páramos de Servitá y provincia de Guane, pues empeñándolo hasta la de los Choques, de quienes solamente recibió lanzadas, lo precisaron á volver á Coro, desbaratado, por el año de treinta y siete, en que concluido su gobierno y colocado en él el doctor Navarro, reconoció las fortunas de súbdito, y los desengaños de mal quisto con su gente.

No ménos adverso pudo salir á Fedreman el rumbo que eligió para su descubrimiento, pues despreciado el órden que tuvo de su General, luego que lo vió ausente, se lo dio al Capitan Antonio de Chávez, para que con la gente que tenia alistada en Coro, tomase la vuelta de Maracaibo, sin parar hasta el Cabo de la Vela, donde lo aguardase hasta volver de la Isla Española, para donde se embarcó al mismo tiempo que el Chávez salió para la costa de la Laguna, donde halló al Capitan Alonso Martin, que por trato secreto que tenia hecho, con Fedreman desde Coro (donde estaba al tiempo que Jorge Spíra llego de estos Reinos), se habia retirado á la Ranchería de Maracaibo, y para esta ocasion lo tenia prevenidos loo bergantines y canoa grande, que labré Alfinger para bajar la Laguna: con que fácilmente se hallaron de la otra banda, en el pueblo de Maracaibo, con determinacion de alojarse allí de espacio, por el que habia de gastar Fedreman en su vuelta; aunque no pudieron lograrlo por haber picado de suerte el hambre y enfermedades que le son consiguientes, que hicieron precisa la division de la gente en tres tropas, para sustentarse como pudiesen, con órden de que para el plazo de la vuelta de Fedreman se hallasen todas en el Cabo de la Vela.

Ejecutóse así á tiempo que por el torcedor de semejante aprieto habia despachado otra tropa de veinte hombres desde el rio Macomite el Capitan Juan de Rivera, que por órden del doctor Infante, que gobernaba en Santa Marta, como dijimos, se ocupaba en la conquista de la Ramada; de que resultó que marchando ésta hacia la Laguna de Maracaibo en busca de víveres, y otra de las de Chávez, á cargo del Capitan Múrcia, hácia el rio de Macomite con la misma demanda, se encontrasen de suerte en la trocha que al misma tiempo iban abriendo ambas, que la de Rivera quedó prisionera de Múrcia, que la sintió primero, y esperó emboscada, de que dió parte luego á Chávez, quien persuadido de que Rivera se habia entrado en su jurisdiccion, juntó las tropas que andaban desunidas y marchando con ellas á Macomite, en cuyas barrancas estaba alojado Rivera, hizo que de grado ó por fuerza le siguiese con la gente sana que tenia, hasta el Cabo de la Vela, con fin oculto  de reducirla á su campo; en cuya marcha tuvieron un recio encuentro con les Guagiros, que en campo raso y á manos cogieron á Guzman de Avellaneda y á otros seis españoles, sin que los domas pudieran socorrerlos por no perderse todos. Tan suelta y arrestada nacion es aquélla, como lo ha mostrado hasta los tiempos presentes, aunque todos sus brios no bastaron despues de alojado el campo en los Cocinas, para que Alonso de Olalla Herrera, Alonso Martin de Quesada y Diego Agudo, sin más armas que sus espadas y rodelas, dejasen de arriesgarse sobresalientes por la tierra mutis poblada, á provenir los enfermos que habian quedado en Macomite, para que se dispusiesen á seguir el campo en los caballos que iban en pos de ellos, como lo consiguieron con aplauso de los mismos Guagiros, que admiraron resolucion tan gallarda.

Asegurada la gente enferma, partieron al Cabo de la Vela, donde ya estaba Podremos con ochenta hombros y buen número de caballos; y aunque se alegró de ver su gente, no dejó de sentir la mucha que se le habia muerto. Dióle cuenta Chávez del suceso del Capitan Rivera, que mostró sentir, mucho por ser Cabo del doctor Infante, de quien confesaba haber recibido obras de padre; y aunque urbanamente pretendió reducirlo á que de voluntad le siguiese con su gente, viendo que no venia en ello por la obligacion que tenia de volver á dar cuenta de todo á su Gobernador, lo licenció con mucho agasajo y advertencia de que no repitiese la entrada en los términos de su conquista, si bien tres soldados de los de Santa Marta voluntariamente quisieron quedarse en el Cabó de la Vela, dónde manifestando luego Fedreman los designios que lo habian traído á Castilla, y las noticias antiguas que tenia adquiridas de los criaderos de perlas de aquella costa; ó porque así las participé de sus naturales, ó porque al recoger el escándalo que cierto navío lanzó en los mares de aquella costa, se habian reconocido algunas hostias sustraidas del fondo, descubrió así mismo        haber ido á Santo Domingo á disponer algunos instrumentos al propósito de cierta traza que tenia premeditada para la pesquería de perlas; ó por ver sí encontraba algun hombre práctico en sacarlas con las experiencias hechas en Cubagua: pero ni hallé al hombre, ni logró su traza, pues aunque muchas veces arrojó á los criaderos ó manchas cierta manera de rastro, jamas pudo conseguir logro de su trabajo, ni otros muchos que lo intentaron despues por el mismo camino, hasta que se halló por mejor el de buscarlas con indios y negros; pero no puede negarse que á Fedreman se lo debió esto descubrimiento,  y la primera ranchería del Cabo de la Vela, que fué la hecha en esta ocasion.

Cansado pues de gastar el tiempo en balde, consultó á sus Capitanes sobre cuál derrota debía elegir para nuevos descubrimientos, y reconociendo que los más se inclinaban á que siguiese la misma que Ambrosio de Alfinger llevó hasta dónde se apartó del rio grande tomando la vuelta del Leste, porque las tierras que se descubrían entonces el rio arriba daban esperanzas de que en sus cabeceras habia ricas provincias, de que se privó Alfinger por mudar el rumbo y no seguirlo siempre al Sur, hubo de asentir á esta resolucion, aunque contra el parecer de algunos de aquella entrada, que  aun tenian presentes los trabajos padecidos en ella. De que no haciendo caso el Fedreman desamparé el Cabo de la Vela, saliendo con cuatrocientos hombres, encaminado al valle de Upar, sin que para llegar á él pasase la laguna de Maracaibo y valle del Tocuyo, como afirma Herrera, y le notó bien Fr. Pedro Simon, por la incompatibilidad que hay para semejante jornada: en que apretado de achaques que sobrevinieron á su ejército luego que dejó la costa, y entró en regiones tan cálidas, perdió gran parte de él, sin que el riesgo y recelo de perderlo todo le permitiose socorrer los enfermos, que á cada paso se lo quedaban por los caminos. Pero esta mala fortuna se le templó con la de encontrarse otra vez con el Capitan Rivera, que despechado de no haber podido arribar á Santa Marta, para donde tambien salió del Cabo de la Vela, por el impedimento que le pusieron las crecientes de los rios al principio, y oposicion que halló despues en los Chimilas con repetidos asaltos y emboscadas en que le hirieron algunos soldados, necesitó de revolver en demanda de Fedreman, con pretension de comprarle algun navío, si lo tenia en la costa, para hacer su viaje por mar.

Consiguiólo á pocas jornadas, y es lo bueno que habiéndole notado Fr. Pedro Simon á Herrera, como dijimos, la incompatibilidad de la jornada que refiere haber hecho Fedreman desde el Cabo de la Vela al valle de Upar, atribuyendo su error á que no labia pisado como él aquellos países; en llegando á referir en el mismo capítulo esta jornada de Rivera, dice que habiendo partido del Cabo de la Vela para Santa Marta, siguiendo su viaje por la costa del mar, no le fué posible llegar á la ciudad, porque al pasar por los indios y pueblo de Chimila, que está junto al mar, y no léjos de ella, lo hirieron algunos soldados: cosa más imposible de ajustar que la jornada que le nota á Herrera; porque entre cl Cabo de la Vela y Santa Marta jamas tuvieron pueblo alguno los Chimilas, cuya provincia demora de la otra  parte de la ciudad, á las espaldas de Tenerife y bien distante del mar. Pero siendo ambos cronistas de tanto crédito, y ciertas las dos jornadas y el encuentro de los Chimilas, debe advertirse que Herrera, equivocado con las relaciones que tuvo, confundió el primer viaje da Fedreman al valle de Upar con el que hizo inmediatamente revolviendo desde el valle de Coro, en que necesitó de atravesar la laguna. Y el que Rivera hizo á Santa Manta no fué por la costa del mar, como dice Fr. Pedro Simon, por el embarazo que hallé en las crecientes de los rios, sino por el vallo y rodeo de la montaña de Garupar, en que forzosamente se atraviesan tierras del Chimila para ir á Santa Marta. Y colígese haber sido este el rumbo que siguió Rivera, de la brevedad con que retirado del Chimila se encontró con Fedreman, que ya estaba en el valle de Upar, cosa que en muchos dias no pudiera conseguir por el camino de la costa.

En fin, encontrados Fedreman y Rivera, á pocos lances de agasajos corteses quedó éste reducido á seguir al otro, haciendo para ello escritura de que lo hacia voluntariamente y no temeroso de alguna violencia, que fué convenio de mucha estimacion para Fedreman por la falta que tenis de gente, y de mucho sentimiento para la más de Rivera, que mal sufrida intentó alguna alteracion, que desvaneció presto el castigo de los dos más culpados y la fuga de otros seis, que por los rodeos de diferentes caminos y riesgo de varias naciones, no pararon basta Santa Marta, donde hallaron por Gobernador al Adelantado D. Pedro Fernández de Lugo, á quien dada noticia de lo sucedido y del intento que llevaba Fedreman de caminar siempre al Sur, escribió una carta pidiéndole cortesanamente no le hiciese mala vecindad introduciéndose en la jurisdiccion de su gobierno; la cual, de mano en mano de los indios amigos, llegó hasta las de Fedreman, que ya iba muy adelante, y advertido por otras cartas que tuvo con ella de la pujanza de gente con que se bailaba el Adelantado, determinó, vuelta la espalda al Sur, que habia llevado por norte, retroceder al valle de Upar, donde guiado de superior impulso, empeñado siempre en barajar el descubrimiento del Reino á estos alemanes, á quienes más arrastraba la codicia del oro que la conversion de las almas, mudó el rumbo poniéndolo á Coro, donde las esperanzas de hallar despachos dé aquel Gobierno lo arrastraban. Para ello dividió su gente en dos tropas, que con más facilidad pudiesen socorrerle de víveres hasta la laguna, porque tenian agostada la tierra, de suerte que cualquiera senda que elijiesen unidas, habia de ser atajo para la muerte con que amenazaba el verdugo del hambre; y así, tomando á su cargo la una, dejó la otra al de Pedro de Limpias, que eligiendo el camino de la sierra que divide á Maracaibo del valle de Upar, fué á dar á ciertas poblaciones, de indios fundadas sobre algunos caños y esteros que hace la laguna y llaman los brazos de Herina, donde apresó buena cantidad de oro fundido en joyas y en polvo del que llevan las quebradas que por aquel territorio entran en ella, de donde quedó la fama de los brazos de Herina, que hasta hoy se ha quedado en noticias, pues aunque despues se han hecho diferentes entradas en su busca, todas han rematado en malos sucesos.

Con este pillaje, y observando el órden que tenia de Fedreman, llegó el Capitan Pedro de Limpias á la ranchería de Maracaibo, donde lo halló no ménos fatigado de trabajos pasados que afligido por los que le amenazaban futuros con la falta general que sentía de víveres, bien merecida á los que tan impiamente habian despoblado con fiereza aquellos contornos y quemado los bergantines al partirse de aquel sitio, pensando no necesitarían más de ellos; de que se recrecia la desesperacion de poder pasar á la banda de Coro. Pero como á la última miseria de los hombres (aunque indignos de remedio), muchas veces lo provea de oficio la Divina misericordia, dispuso que de las obras muertas de una de las embarcaciones que solamente se habia quemado hasta la lumbre del agua, pudiesen formar otra, que bastó á conducirlos á todos á la otra banda, desde dónde ordenó que luego saliese con los más de ellos el Capitan Diego Martínez, natural de Valladolid, la vuelta de la cordillera de Carera hasta encontrarse con el valle de Tocarigua, donde le aguardase miéntras él, vuelto á Coro con algunos Capitanes de su afecto, se noticiaba de la provision del gobierno que en su partida le prometieron los agentes de los Belzares, y con más gente le seguia hasta jantarse con él, y empeñaras en demanda de las riquezas que corrían del famoso rio Meta, cuyo claro origen reconoce deber á los sudores que corren de la elevada cabeza de Gachaneque, páramo que demora á las espaldas de la ciudad de Tunja; pues aunque su Gobernador, Jorge Spira, habia llevado la misma derrota, la tierra por dilatada daria lugar para que todos cupiesen sin embarazo.

Despedida con este órden la mayor parte de su gente, partió á Coro, y el Capitan Martínez á la serranía marchando siempre por ella, aunque los víveres se hallaban tan escasos, cuanto los aprietos crecían; y aquí fué donde saliendo Hernando Montero en demanda de ellos con una tropa de infantes, se le murió de enfermedad que padecía, y no daba á entender, Martin Tinajero, natural de Ezija de Andalucía, hombre que sin ofensa culpable de amigos ni enemigos habia vívido entre los desórdenes de gente tan relajada. Enterráronlo sus compañeros en la concavidad que pareció haber hecho el agua detenida de los inviernos en una de las ramblas por donde corría y corre hoy, y viene á ser la que se halla únicamente en distancia de treinta leguas; y con las pocas semillas que pudieron hallar, volvieron al campo, que por esperar á Fedreman se iba deteniendo en aquel país. Por esta causa, y pasados algunos dias, necesité Martínez segunda vez de remitir al mismo efecto otra tropa con tres ó cuatro infantes de los que habian ido en la primera, que necesitados de llegar ,á la encañada en que habian sepultado al Martin Tinajero, quisieron reconocer silos indios lo habian sacado del hoyo en que lo habian puesto; pero á más de cincuenta pasos del sitio se hallaron todos embestidos de un olor tan peregrino y suave, cual ninguno sabia explicar sino con el pasmo de haberse quedado mirando unos á otros, como preguntándose ¿qué suavidad era aquella, que así los arrastraba? hasta que dilatándose el sentido de la vista miéntras embelesado lo seguia el olfato, reconoció á medio descubrir el cuerpo de Martin Tinajero, de cuyo vaso muerto dimanaba aquella fragancia viva, y de quien amarteladas muchas abejas de las que forman panales en los huecos de los árboles de aquellos contornos, se habian apoderado, ó por elegir clausura de aromas á su miel, ó para consagrar cultos de cera á aquel cuerpo, que no osando tocar los compañeros volvieron con la noticia del prodigio al campo, donde recorriendo todos la memoria de la vida y costumbres que habian observado en aquel hombre en quien jamas notaron acolen ni palabra indecente, confesaron á voces haber sido siempre un gran siervo de Dios, desconocido hasta entónces por los disfraces de su silencio. Pero como los caudillos de aquellos descubrimientos llevasen más puesta la mira en adquirir riquezas que en examinar prodigios, no cargaron el juicio, de suerte que aun discurriesen forma para darle más decente sepulcro.

De allí pasó Martínez á la provincia de los Giraharas, espanto que han sido siempre de la gobernacion de Venezuela, quienes con la noticia que ya tenian de la gente extranjera que llevaba puesta la proa á sus tierras, previnieron sus armas, y convocados los pueblos salieron luego á los nuestros acometiéndolos cara á cara, y sin las cavilaciones y       emboscadas que usan otras naciones. Fué el encuentro famoso, y en el que la vanguardia española gobernada de Juan Gascon se vió tan apretada, que á no socorrerla con brevedad los de la retaguardia, hubiera sido rota; pero con el socorro del Capitan Martínez desmayó el enemigo, y vueltas las espaldas dejó por los nuestros el campo y mucha de su gente muerta y mal herida, como tambien lo fué alguna española, y con ella García Calvéte, que habiéndose señalado mucho fué atravesado con una flecha que entrándole por el lagrimal de un ojo le salió al colodrillo, de que no solamente quedó sano sino con la vista tan clara y firme como la tenia de antes, de que fueron testigos muchos vecinos del Reino, que despues lo conocieron Encomendero en jurisdiccion de la ciudad de Vélez, donde lo heredo Pedro Calvéte, su hijo. Pero mal escarmentados los indios, aunque reconocida la ventaja que les hadan los españoles, viendo cuán de asiento se habian apoderado de uno de sus pueblos, dispusieron valerse de una traicion verdadera entre los agasajos de una paz fingida; pues acudiendo hasta cuatrocientos Gandules á ofrecerla á Martínez, llevando ocultas algunas armas que pusieron en las mochilas de víveres que llevaban patentes, para valerse de ellas cuando toda su gente (que dejaban emboscada) acometiese, fueron descubiertos por la diligencia maliciosa de algunos indios que iban en el campo español y por ellos de Martínez, que haciendo tomar á los suyos las armas con todo secreto, dió sobre ellos tan de repente, que dejando muertos los más y presos hasta ochenta, obligó á los restantes á que tomasen por buen partido ir con el aviso á los de la emboscada, que aunque acometieron desmayaren brevemente hallando á los nuestros prevenidos, y á buen librar trataron de asentar paces de veras, y rescatar los prisioneros á precio de oro y vituallas.

Dejada esta provincia, dice Fr. Pedro Simon en la tercera noticia historial de la primera parte de las conquistas de Tierra firme, al capítulo diez y nueve, que adelantados el Capitan Martínez con veinte hombres, pasó á otra provincia de los confines de Carora, de gente belicosísima y práctica en todo trance de encuentros, donde al primero que se ofreció se vieron los nuestros en tanto aprieto, que necesitaron del amparo de una casa, en que se fortalecieron para defenderse de aquella muchedumbre que les picaba por todas partes: y añade que para escapar las vidas trataron fingidamente de hacer paces con los indios, para poder con semejante engaño ejecutar en ellos algun ejemplar castigo. De que se infiere, si fué así, cuán ajenos de mover guerras vivian aquellos naturales, pues aun ofreciendo la paz á más no poder los españoles, la arrostraban ellos cuando más ventajosos, como se vió en esta ocasion. Pero habiendo entrado en la casa doscientos Gandules á tomar el asiento de paz se les proponia, prosigue este autor al número tercero, diciendo que todos fueron muertos por Martínez y seis compañeros que tuvo prevenidos para el efecto, en cuyo crédito pretendo ántes quedarme neutral que asentir á la inverosimilitud de hazaña tan fea. Al dia. siguiente llegó el resto del campo, y con él puesto en órden, pasó Martínez al mismo sitio de la provincia., donde despues el Capitan Salamanca fundó la ciudad de Carora, y allí, con el cebo de la abundancia de víveres de que habian carecido desde que salieron del cabo de la Vela, y del mucho número de indios afables y de aquella condicion liberal que agrada á los españoles, se detuvieron dos meses, y despues de ellos, caminando siempre al Sur por diferentes valles, llegaron á la provincia del Tocuyo en que de preferente está fundada una ciudad de su nombre, y reconociendo la disposicion de un sitio en que pocos dias ántes los indios Coyones de la sierra habian quemado una gran poblacion de los Tocuyos, sus capitales enemigos, alojaron los nuestros en él combinados, tanto de la hermosura del país como del agasajo de los naturales.

Á pocos dias que allí estuvieron con aquel descuido, que engendra la seguridad del país amigo, y sin pensamiento de que otros españoles pudiesen haber penetrado tantas provincias como ellos, reconocieron habérseles entrado por su Ranchería los Capitanes Martin Nieto y Gerónimo de Alderete, con sesenta hombres de los que habia llevado á sus descubrimientos Gorónimo de Hortal, Gobernador de Paria; de cuyas entradas y de las hechas por el Comendador Don Diego de Ondas y Antonio Sedeño no he querido tratar cuidadosamente, aunque pertenecian á esta historia y lugar, así por haberlas escrito con especialidad Castellános y Fr. Pedro Simon, donde podrá verlas el curioso, como por no manchar la pluma con tanta sangre humana como estos tres Gobernadores derramaron dentro y fuera de los términos de sus conquistas: pues sin hacer pié para fundar ciudades en tierra alguna de tantas fértiles, ricas y pobladas de naturales como encontraron en Maracapana y otras providencias, dieron muestras de haber pasado solamente á ellas con fin de que la crueldad y codicias que los dominó á la manera de raudales de fuego las corriesen, destruyendo y abrasando cuanta gente hallaron desde la Burburata hasta las bocas del Marañon, sin que á tanto desórden se pusiese otro reparo por la Audiencia Real de Santo Domingo, sino el de remitir por Jueces para el remedio al doctor Navarro y á los licenciados Frias y Castañeda, que por ambiciosos de gobernar y poco inteligentes en materias tan árduas, dejaron correr los culpados hasta pisar la última raya de la iniquidad, en que perecieron desastradamente, siendo verdugos los unos de los otros.

En mucho cuidado puso á Martínez la intempestiva entrada de los sesenta españoles, y no fué menor el que llevaban ellos desde que reconocieron las huellas del campo alemas, recelando fuese gente de Cedeño la que encontraban; pero habiéndola reconocido y visto ser de Venezuela, con quien no habian tenido embarazo ni dependencia alguna, sosegaron la mayor parte de sus temores, dejando en pié la sospecha de que Martínez, movido de la ventaja de gente con que se hallaba, tratase de obligarlos por fuerza á que lo siguiesen por más agasajos que mostraba en festejarlos, tambien sospechoso de que aquellos sesenta hombres fuesen sobresalientes del ejército de Gerónimo de Hortal, que más poderoso marcharia en pos de ellos. Por una y otra causa alojaban separados, velándose los unos de los otros, en cuyo tiempo informado Martínez de la ingratitud con que aquellos Capitanes habian procedido contra su Gobernador, haciéndose cabezas de la gente amotinada, que, á ejemplo de Machin de Oñate, lo alzó desacatadamente la obediencia, y preso con su Teniente Alvaro de Ordaz, tres caballos y diez infantes, lo remitió á la Costa: y de la determinacion honrada de otros treinta, que desampararon el campo de Alderete y Nieto por seguir á su Gobernador: y, finalmente, de que en la derrota que habian tomado, se encontraron en un valle vecino á su alojamiento con una casa de mujeres públicas que, en retretes separados y á propósito para su infame empleo, adquirian el sustento de sus galanes y á vueltas del algun oro, de que hubieron buena parte los amotinados y de que ellas formaban dote para casare despues, que era el principal fin que las conducía á tan obsceno retiro, para recuerdo de aquéllas que en Chipre ó Cándia con semejante pretension en otra casa de placer fabricada en la Costa del mar, acreditaron ser aquella isla consagrada á la Diosa de la deshonestidad.

Determinó secretamente dar aviso de todo á Fedreman, que aun se estaba en Coro, y con la noticia que tuvo de cuatro infantes aventureros para el efecto, doblando jornadas de las setenta leguas que hay de Coro al Tocuyo, partió luego con la más gente que pudo agregar.

En el interin de esta jornada los indios Coyones que habitan la sierra, y, como dijimos, habian quemado el pueblo en cuyo asiento alojaban los españoles, reconociendo ahora por los humos que el lugar tenia gente, y pareciéndoles que los Tocuyos en menosprecio suyo lo habian vuelto á poblar, cuando su fin era no dejar rastro de sus poblaciones, resolvieron juntas todas sus parcialidades bajar al castigo, y ejecutáronlo desechando los caminos reales y abriendo otros por la fragosidad de una montaña ajena de la sospecha. de que por ella pudiesen bajar, por donde sin ser sentidos penetraron hasta encontrarse con los nuestros, á quienes, aunque extrañaron, acometieron con tan gallardo brio que necesitó bien de los suyos la gente de ambas compañías unida en un batallen para el rechazo de cuatro mil Gandules que tenia el campo enemigo: con que brevemente fueron desbaratados, quedando la victoria por los españoles, en que tuvieron la mayor parte Martin de Oñate, Gerónimo de Alderete, Juan de Rivera, Hortuño Ortiz, Cristóbal Gómez Nieto, Juan Fuerte y Cristóbal de Zamora Torero, fuera del Capitan Martínez, que se porté en el encuentro con aquella reputacion que le hizo digno de mayores puestos.

Concluida la faccion, llegó Nicolas de Fedreman gozoso de ver su gente, donde sabiendo más por extenso los sucesos de los Capitanes Alderete y Nieto, les rogó y persuadió tique le dejasen la gente que llevaban, con promesa de gratificar sus servicios; y conseguido con general aplauso de ella, aunque por quitar el recelo en que le podian poner aquellos dos Capitanes, resolvió con su gusto remitirlos convoyados del Capitan Beteta y algunos infantes la vuelta de Coro y de allí á Santo Domingo, sin que del fin del Capitan Martin Nieto se haya tenido noticia; pero sí de Gerónimo de Alderete, que balanceandola fortuna llegó á colocarlo en el puesto de Adelantado dcl Reino de Chile, que no logró muriendo en el camino de sentimiento de que por descuido de una cuñada suya se quemase la Capitana de seis bajeles que llevó de España, en que perecieron ochocientas personas sin que librasen más que él y su piloto. Y aunque Fr. Pedro Simon asiento más á que los Capitanes Alderete y Nieto y domas amotinados fueron desarmados por el Capitan Martínez ántes que llegase Fedreman, y que presos y despojados del oro que hallaron en la casa pública los remitió á Coro, tiene tanta inverosimilitud el suceso cuanta certeza lo que va referido ántes: pues ni á Martinez le era fácil aventurarse por violencia contra sesenta hombres que tan cuidadosos se velaban, ni puede creerse que tan mal correspondiese á los que poco ántes cogiéndolo desprevenido en su alojamiento procedieron tan corteses y se determinase á resolucion tan áspera sin dar parte á su General, de cuyo genio blando no podia esperar aprobacion favorable. Ademas que se compadece mal afirmar que á los más sediciosos remitió á Coro, cuando del más culpado, que fué Machin de Oñate, sabemos que entró en el Reino: y así pasaremos á decir que vanaglorioso Fedreman de ver tan engrosado su campo y afligido de hallarse falto de armas y otros pertrechos precisos para la jornada, propuso á su gente la necesidad en que estaba de ellos, pidiéndoles por vía de préstamo el oro que habian adquirido en la jornada para proveerse de lo necesario desde la ciudad de Coro y consiguiólo con facilidad, como tambien la conduccion de todo lo que envió á comprar; con que por no perder el tiempo de verano que le restaba del año de treinta y siete, salió con su campo para el valle de Bariquizimeto, donde lo dejaremos hasta su tiempo.

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