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SEÑOR.
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DISCURRIENDO en si podría darse retribución correspondiente de un
vasallo agradecido á los beneficios de un Monarca el más liberal, y
más cuando éstos lo han sacado de la bajeza del infortunio para la
cumbre de la felicidad, reparé en que la más estimada Corona que
tuvieron los Romanos, fué la obsidional, que por más noble y
majestuosa, como dice Plinio, se daba á quien los había librado de
las penalidades de algún largo asedio. Confesaban con darla,
deberle la vida á quien les dió la libertad, y fabricándola de
grama del mismo país y terreno del que la daba, poníansela en la
cabeza, para regraciar con esa Corona la grandeza del beneficio.
|Corona quidem nulla fuit graminea nobilior in maiestate populi
terrarum principis, praemiisque gloria. Y nunca se daba sino
cuando la libertad recaía sobre quien se hallaba en los postreros
filos de la esperanza: y si la mayor estimacion de esta Corona
consistia, como dice el mismo Plinio, en que las otras daban los
Emperadores á los soldados, y las de grama se las ofrecían los
humildes libertados á los Emperadores:
|Caeteras imperatores
dedere; hane solam miles imperatori: quién no confesará ya,
|
que habiéndome libertado la grandeza de V. M. del asedie tan
largo de persecuciones, que me condujeron á su Corte, y poniendo yo
á sus plantas reales esta Coronica ó Corona, que es lo mismo,
tejida en Madrid de los primeros verdores de mi patria, y
|
de
la grama de sus países, he debido al género especial de mi
desgracia el hallar más desempeño á mi obligación en las humildes
yerbezuelas, de que le fabrica corona mi agradecimiento, que en el
oro, laurel, mirto y flores de que adornaban las suyas los
Magistrados?
Adelántalo más la obligacion que me inclinó siempre á imitar las
acciones del Santo cuyo nombre me cupo en suerte; y reparando en
que este glorioso Evangelista eligió á Teófilo para dedicarle la
Historia de los hechos de los Apóstoles, hallé que si la Corona de
grama ofrecida á los reales piés de V. M. era retribucion al
beneficio de haberme sacado del asedio penoso de la persecución;
consagrando este libro á su Real nombre, lo seria también al de
haberme levantado á la cumbre de la felicidad. Porque si Teófilo no
fué nombre propio de algún príncipe grande, como quieren algunos,
sino apelativo, como afirma Salviano, que en la letra hebrea quiere
decir el que sube á otro á lo alto:
|Theophile, sursum
ferens, y en la raíz griega el que ama á Dios, ¿á quién pudiera
yo consagrar con, acierto libro en que se contienen muchos de los
apostólicos hechos de la primitiva Iglesia de estas Indias, sin
faltar á la imitación de mi Santo en su Historia, sino á V. M.,
que: después de libertado, me levanto del más humilde polvo de la
tierra á la cumbre de la Mitra? A
|
quién más debidamente que
al Teófilo, que en todas sus operaciones es el que ama Dios? Y como
imágen suya en levantar caídos, recibirá en esta Corona de grama el
reconocimiento de quien es el vasallo más humilde, que se pone á
sus pies, cuya católica persona guarde el Señor para amparo de su
Iglesia.
Santa Marta, 12. de Agosto de 1676 años.
LÚCAS, Obispo de Santa Marta.
APROBACIÓN
DEL R.P.M. DIEGO DE FIGUEROA, RECTOR DEL COLEGIO DE LA COMPAÑÍA
DE JESÚS DE PANAMÁ.
HABIENDO leído atenta y curiosamente esta primera parte de la
Historia de la conquista del Nuevo Reino de Granada en las Indias
Occidentales, que compuso (estando en la Villa de Madrid) el
Ilustrísimo y Reverendísimo señor doctor D. Lúcas Fernández de
Piedrahita, Obispo al presente de Panamá, hallo que se ajusta á la
primera ley
|
de Historia, que es la verdad, de que puedo
testificar como testigo de vista, pues nací y fuí educado en la
ciudad de Santafé, Metrópoli y, cabeza del Nuevo Reino de Granada,
donde ví y oí lo esencial y accidental de esta Historia:
experimenté la primavera de su temperamento, bebí sus aguas
saludables y gocé de sus frutos. Hallará, pues, el lector en este
libro el recreo que causa la elegancia del estilo, y las noticias
de la amenidad de los campos, fertilidad de la tierra, de fuentes y
rios caudalosos, y de ricos minerales de oro y
|
plata,
esmeraldas y otras piedras preciosas.
Refiérense las hazañas de ínclitos héroes en la guerra contra
innumerables gentiles, cosa digna de admiración, pues siendo
aquéllos tan pocos en el número, vencieron á éstos que excedian con
grandes ventajas. Píntase muy al vivo el cristiano celo de nuestros
Reyes católicos, á quienes se debe (despues de Dios) la propagación
de nuestra santa fe en aquella inculta gentilidad; el culto más
debido de los sagrados templos, con tantos insignes religiosos y
monasterios de monjas donde florece mucha santidad y
sabiduría.
Demás de lo dicho enseña muchos documentos políticos y morales
muy útiles para el acierto en las empresas de la paz y de la
guerra, en cuyo contexto faltan á cada paso para ilustrarlos muchas
centellas de las historias más plausibles de Europa, donde parece
cuidadoso estudio el de valerse de las más notorias, quien tiene
comprendidas cuantas la antigüedad depositó en sus archivos. Da á
conocer y venerar los secretos inescrutables de la Divina
Providencia en los premios y castigos, para temer y amar á Dios, y
en los medios de que se vale para la conversión de los infieles.
Descubre las contradicciones del demonio para impedir la reducción
de aquellos miserables paganos; y aunque las otras conquistas de la
América han causado no pequeños trabajos á sus conquistadores, ésta
del Nuevo Reino de Granada excede á las demás en dificultades casi
insuperables, de caminos fragosos, de rios arrebatados y de
animales feroces y sabandijas venenosas. Todo lo cual venció el
católico celo de nuestros Reyes por medio de sus leales y
esforzados vasallos, que pospusieron sus vidas y haciendas por la
exaltación de nuestra Santa Fe, y favorecidos de la mano poderosa
de Dios, consiguieron triunfos y lauros de inmortales
coronas.
Por todo lo hasta aquí dicho juzgo será para honra y gloria de
ámbas Majestades y provecho de muchos, el que salga á luz esta
Historia, en cuyos doce libros de que se compone, considero las
doce piedras que tenia engastadas en lámina de oro el Sumo
Sacerdote, teniendo cada una de las piedras su virtud singular, y
coronábalas en lo superior de la frente otra lámina, que contenia
la doctrina y la verdad. Y si el edificio tanto es más firme cuanto
lo fuere el fundamento, el de esta Historia ¿quién duda ser piedra
sólida y de muchas virtudes? Así lo siento, en Panamá, y Setiembre
19 de 1685 años.
DIEGO DE FIGUEROA.
APROBACIÓN
DEL R.P. PRESENTADO FR. FELIPE DE ZAMORA, DEL ORDEN DE N. P. S.
AGUSTÍN, PROCURADOR GENERAL DE LA PROVINCIA DE QUITO EN LAS CORTES
DE MADRID Y ROMA.
DE órden de V. S. he visto un libro intitulado
|Historia
general de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada, escrito por
el Ilustrísimo señor Doctor D. Lúcas Fernández de Piedrahita, del
Consejo de su Majestad, Calificador de la Suprema Inquisicion,
Obispo de Panamá, y puedo afirmar como testigo de vista de lo
más que contiene dicha Historia, y á lo docto y elocuente del Autor
acompaña lo verídico tan ajustadamente, que cumple con todas las
leyes de Historiador. No tiene cosa que se oponga á nuestra Santa
Fé Católica, y así podrá V. S. dar la licencia que pide. En el Real
Convento de S. Felipe de Madrid en 27 de Abril de 1688.
PRESENTADO FR. FELIPE DE ZAMORA.
NOS el Licenciado D. Alonso Portillo y
|
Cardos, Dignidad
de Chantre en la insigne Colegial de Talavera, Inquisidor Ordinario
y Vicario de esta Villa de Madrid y su partido: Por la presente
damos licencia para que se puedo imprimir é imprima un libro
intitulado
|Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de
Granada en Indias, escrito por el Ilustrísimo señor Doctor D. Lúcas
Fernández de Piedrahita, del Consejo de su Majestad, Calificador
de la Suprema Inquisición y Obispo de Panamá, atento que de
nuestra órden, y comisión ha sido visto y reconocido, y no contiene
cosas contra nuestra Santa Fé Católica y Buenas costumbres. Fecha
en la Villa de Madrid, á 28 dias del mes do Abril de 1688
años.
Lic. D. ALONSO PORTILLO Y CARDOS.
Por su mandado, DOMINGO DE GOITIA.
APROBACIÓN
DEL ILUSTRÍSIMO SEÑOR D. FR. LUIS DE LEMOS Y USATIGUÍ, DEL ORDEN
DE SAN AGUSTÍN, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, SU PREDICADOR, Y OBISPO
DE LA CONCEPCIÓN DE CHILE.
POR comisión del Real Consejo de Castilla he visto un libro
intitulado
|Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de
Granada, su autor el Ilustrísimo señor D. Lúcas Fernández de
Piedrahita, Calificador del Santo Oficio por la Suprema
Inquisición, del Consejo de su Majestad, y Obispo de Panamá.
Luego que leí el nombre del Autor me prometí llenar el deseo que me
habia quedado habiéndole oído en su Catedral, pasando por aquella
Ciudad á esta Corte. Mandóme su Ilustrísima le predicase el
Miércoles de Ceniza, obedecí con temor, y hubiera sido mayor, si
fuera antecedente el oirle al obedecerle. Admiróme su elocuencia,
edificóme su doctrina, y hallando el lleno de un grande y docto
Orador, reconocí cuán desgraciados son los que asisten léjos de su
Rey, y señor. Empecé á leer, y viendo diferente estilo del que yo
había oído, acabé de confirmar lo cabal y ajustado del sujeto, pues
dejando las elocuencias de la Oratoria, se acomodó al lenguaje de
Historiador, enlazando diestramente lo claro y corriente de los
sucesos con soberana erudición; y para mí no ha sido tan evidente
la muestra de su lucido ingenio en saber subir á lo superior de la
retórica, como en haber aprendido á bajar para el intento de la
historia. Puédese decir de este libro, y de su Autor se conoce muy
bien produce el Nuevo Reino de Santafé finísimo oro y piedras
preciosas en abundancia: y si las ocupaciones me dieran lugar, y la
precision del tiempo en que se me pide la censura, la convirtiera
(aunque con temor de quedar corto) en Panegírico. No tiene cosa que
pueda oponerse á la licencia que pide. Este es mi sentir, salvo,
&c. Madrid, y Mayo 6 de 1688 años.
FR. LUIS, OBISPO DE LA CONCEPCIÓN.
YO EL REY.
POR cuanto por parte de vos el doctor D. Lúcas Fernández de
Piedrahita, del nuestro consejo el obispo de Panamá, Nos fué fecha
relación, que siendo Chantre de la Iglesia Metropolitana de Santafé
de Bogotá en las Indias, en el Nuevo Reino de Granada, y electo
Obispo de Santa Marta, aviades escrito un libro intitulado
|Historia general de
|las conquistas del referido
|Nuevo Reino de Granada, y para poder imprimir Nos pedísteis
y suplicásteis os concediésemos licencia y privilegio por diez años
para el efecto mencionado, ó como la nuestra merced fuese. Y visto
por los del nuestro Consejo, y como por nuestro mandado se hicieron
las diligencias de la Pragmática por nos últimamente fecha, que
sobre la impresión de los libros se dispone, fué acordado dar esta
nuestra carta y privilegio para vos
|
en la dicha razón, y Nos
lo tuvimos por bien: por la cual os damos licencia y
|
facultad, para que por tiempo de diez años primeros
siguientes, que corren y se cuentan desde el dia de la fecha de
esta nuestra Cédula en adelante, vos, ó la persona que vuestro
poder tuviere, yno otra alguna, podáis imprimir el dicho libro ó su
original, que en el nuestro Consejo se vió, que va rubricado y
firmado al fin de Manuel de Mojica, nuestro Secretario de Cámara de
los que en él residen, con que ántes que se venda lo traigáis ante
ellos, juntamente con el dicho original, para que se vea si la
dicha impresión está conforme á él, y traigan fe en pública forma,
y como por nuestro Corrector se vió y
|
corrigió la dicha
impresión por dicho original. Y mandamos al impresor que así
imprimiere dicho libro, no imprima el principio, ni primer pliego,
ni entregue más de un solo libro el con su original al autor ó
persona á cuyo cargo y costa se imprimiere, para efecto de dicha
corrección y tasa, hasta que ántes y
|
primero el dicho libro
esté corregido y
|
tasado por los del nuestro Consejo: y
estando hecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho primer
pliego y principio, y
|
seguidamente esta nuestra Cédula y la
aprobación que del dicho libro se hizo por nuestro mandado, y la
tasa y erratas, pena de caer é incurrir en las penas contenidas en
las leyes y Pragmáticas de estos nuestros Reinos, que sobre ello
disponen. Y mandamos que durante el tiempo de los dichos diez años,
persona ninguna, sin la dicha vuestra licencia, pueda imprimir el
dicho libro, so pena que el que de otra manera lo imprimiere y
vendiere, haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes
y aparejos que del dicho libro tuviere, y más incurra en pena de
cincuenta mil maravedises, tercia parte para la nuestra Cámara y la
otra para el Juez que la sentenciare, y la otra tercia parte para
la persona que lo denunciare. Y mando á los del nuestro Consejo,
Presidente y Oidores de las nuestras Audiencias, Alcaldes,
Alguaciles de nuestra Casa y Corte, y Cancillerías y á todos los
Corregidores, Asistente, Gobernadores, Alcaldes Mayores y
|
Ordinarios y otros Jueces y
|
Justicias cualesquier de
todas las ciudades, villas y lugares de estos nuestros Reinos
ySeñoríos, y á cada uno de ellos en sus lugares y jurisdicciones,
que guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir esta nuestra
Cédula, y contra su tenor y forma no vayan, ni pasen, ni consientan
ir ni pasar en manera alguna.
Dada en Buen Retiro, á 10 dias delmes de Mayo de 1688
años.
YO EL REY.
Por mandado del Rey nuestro señor.
ANTONIO DE LUPIDE Y
|
APONTE.
TASA.
MANUEL dé Mojica, Secretario de Cámara del Rey
nuestro señor, de los que en su Consejo residen, certifico, que
habiéndose visto por los señores de él un libro intitulado
|Historia general de la conquista del Nuevo Reino de Granada,
compuesto por Don Lúcas Fernández de Piedrahita, Obispo de
Panamá, tasaron á ocho maravedises cada pliego, sin principios,
ni tablas, y á
|
dicho respecto mandaron se venda, cada
volúmen, y
|
no á más según que lo susodicho consta de dicha
tasa, que por ahora queda en mi oficio, á que me remito; y para que
conste doy la presente en Madrid, á nueve de Agosto de mil
seiscientos y ochenta y
|
ocho años.
MANUEL DE MOJICA.
EL MAESTRO Fr. JUAN MELÉNDEZ,
DEL ORDEN DE PREDICADORES, CRONISTA GENERAL DE SU PROVINCIA DE
SAN JUAN BAUTISTA, REGENTE PRIMARIO QUE FUÉ DE LOS ESTUDIOS
GENERALES DE LA MINERVA DE ROMA, Y AHORA RECTOR DEL COLEGIO DE
SANTO TOMAS DE LIMA,
APLAUDE LA HISTORIA GENERAL DE LAS
CONQUISTAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA,
|
Escrita por el Ilustrísimo y Reverendísimo señor doctor D. Lúcas
Fernández de Piedrahita, del Consejo de su Majestad, Obispo de
Panamá.
Ilustrísimo yReverendísimo señor.
PUDIERON felizmente mis instancias conseguir del favor de V.I.
el ver su libro de oro, Historia de las conquistas del Nuevo Reino
de Granada; y comenzándola á leer con admiración, la proseguí con
tanto deleite, que la acabó con dolor de que había de privarme de
su continua lección, por la necesidad de restituirla á V.I. aunque
con la esperanza de volverle á gozar con más libertad, cuando
consiga la dicha de padecer en las prensas, lo que ha de lograr de
aplausos en cuantos la tuvieren de alcanzarle.
Los diestros cantores, con las diferencias de la voz y
afectación de la música, ya adelgazándola, ya engrosándola, ya
pronunciando con ímpetu, ya de espacio, y ya con priesa, expresan y
representan los afectos y conceptos de lo que cantan: y V.I., sobre
escribir tan dulcemente que parece que canta cuanto escribe, no
solo hace relación de las guerras, tragedias y fortunas sucedidas
en tiempo de los Reyes Indios del Nuevo Reino, y de sus valerosos
conquistadores, gloria de España, fecundidad, abundancia, riqueza y
benignidad de sus valles, de sus montes, de sus costas, de sus
rios, de sus mares, de su cielo; sino que al referir cada cosa de
por sí, con la misma energía de sus voces representa lo historiado
tan vivamente que lo hace ver en su libro, como si se mirase en su
original, pareciendo que se ven, no que se leen los sucesos y toda
la materia de que trata.
Escribe V.I. de las yerbas y flores del país, y son verdores
floridos y fragantes sus periodos: de la grandeza de sus lagos y
rios, y son raudales de elocuencia sus cláusulas, y mares de
elegancia sus oraciones: de la abundancia rica de sus minas, y son
de oro finísimo sus voces, de plata tirada sus discursos y de sutil
filigrana sus sentencias: de las perlas de sus mares, y lo dice tan
de perlas, que son sartas de riquísimos granos sus frases: de sus
montes criaderos de esmeraldas, rubíes, jacintos, ametistos,
gallinazas, topacios y cristales, y son luces brilladoras los
lucientes destellos de su pluma: de sus guerras, gobiernos y
costumbres, y con lo que moraliza hace cruda guerra á los vicios, y
tan claras y patentes las más acertadas máximas del gobernar, que
parece que el mismo libro tiene en su mano el bastón, dando á ver
en lo que enseña lo que práctica, de modo que para saber quién es
V.I. no es menester otra cosa que leer su libro y confesará el que
le viere, que ve dibujado al vivo y aun vivo á V.I. porque verá su
elocuencia, su doctitud, su urbanidad, su elegancia, su facundia,
su modestia, su actividad, su constancia, su prudencia, su celo, su
liberalidad, su devoción, su templanza, su caridad y tanto de cada
prenda de las que hacen heróico y constituyen un príncipe grande,
que no tenga más que ver.
En fin, señor ilustrísimo, V.I. se anime, y no se ate tanto á lo
modesto, que dilate más tiempo el dar á luz esta obra, poniéndola
en estampa cuanto ántes, para que la gocen todos; pues no será solo
V. I. quien la pierda, si se malogra, sino la utilidad de todo el
orbe, privándose infelizmente de fábrica tan hermosa, que siendo
una enmienda pública de todas las Historias antiguas, servirá de
diseño á las futuras.
Esto suplica á V.I. mi rendimiento, protestando que el poner á
la vista de V.I. este mi pobre escrito, no me lo dictó la audacia
de aprobar obra tan prima, sino el afecto obligado de su mismo
primor, que me ha movido á aplaudir, en cuanto alcanza la cortedad
de la mia, los ecos concertados de su pluma: concluyendo con dar el
parabién de esta historia al Nuevo Reino, con este
SONETO.
Nueva corona ciñes á tu frente,
Nueva Granada, con tu nueva Historia:
Nueva será en el orbe tu memoria,
Nueva tu clara fama eternamente.
Aquel valor antiguo de tu gente
Hoy resucita á más inmortal gloria,
Pues vuela ya tu noble ejecutoria
En pluma de escritor tan eminente.
Segura vivir puedes de tu suerte,
Sin que el tiempo veloz pueda injuriarte,
Ni la envidia mordaz llegue á ofenderte:
Sí, que gozas un hijo de tal arte,
Que con sus letras basta á ennoblecerte,
Y con su mitra sobra para honrarte.
Señor Ilustrísimo y reverendísimo,
B.L.M. de V.S.I.
Su más humilde y rendido criado,
Fr. JUAN MELENDEZ.
DIDACUS A FIGUEROA.
SOCIETATIS IESU, RECTOR PANAMENSIS, IN LAUDEM PRAECLARI OPERIS
HISTORIAE NOVI REGNI GRANATENSIS, ILLUSTRISSIMO, AC REVERENDISSIMO
D. D. LUCAE FERNANDÉZ DE PIEDRAHITA, EPISCOPO PANAMENSI, OLIM DE S.
MARTHA, Á CONSILIO REGIO, HOC POEMA HEROICUM DICAT.
Ingenue bistoriam Regni novitate decoras,
Illustrissime Princeps, arma, virumque trophaea;
En referas calamo mores, en barbara bella
Tyranni Zippae regis, qui vulnere casus
Occubuit, tenuemque ínclusis in sanguine vitam,
Olim qui Bogotae fuerat ditissimus Indus.
Multas divitias argenti, aurique fodinas,
Multicolorum pantauras, viridesque smaragdos,
Quan plures gemmas, miro fulgore nitentes,
Auriferos fluvios pandis, quoque Magdala flumen,
Scribis, et ignotas multis, sylvasque ferasque,
Ursos, tygrida saeva, aprosque, avidosque leones,
Bicipites angues, atro tayamque veneno.
Pingues praeterea campos, et amoena vireta;
Hic ubi sub lucem resonant, ac voce canora
Dulcisonos concentus aves, et gutture tochi
Dulciter in pratis, cantant modulamine molli.
Inclyta Sancta Fides iam terque quaterque profatur
Insignem sophia doctorem, culmine celsum;
Laudas dum patriam, tum mentis opes manifestas:
Ergo vale, et semper vivas, cultissime praesul.
ILUSTRISIMO AC REVERENDISIMO D. D. D. LUCAE FERNANDEZ
PIEDRAHITA,
DEI ET APOSTOLICAE SEDIS GRATIA EPISCOPO PANAMENSI, PATRIÁE SUAE
HISTORIOGRAPHO, AEVI NOSTRI LIVIO ERUDITISSIMO, DEBITAE
VENERATIONIS ERGO APPLAUDEBAT
|
D. IGNATIUS MARTINEZ DE AIBAR ET
ESLAVA,
|
V.I.L. necnon a Consiliis Catholicae Maiestatis Quitensis
Cancellariae Regii Fisci vindex, et Indorum Protector
generalis.
Quid decora, et laudes Patriae, quid tanta recenses
Munera, cui unum sufficis ipse decus?
Inter thesauros auri, argentique metalla
Quae profert, nullum patria terra tulit,
Qui tibi congenitae pretium virtutis adaequet:
Omnia sunt donis inferiora tuis.
Quin et nativa pretiosi luce lapilli
Privantur, solus dum Piedrahita micas.
Mortalem dilecta dedit tibi patria vitam,
Immortale illi dat tua pluma decus.
Hoc tuus aetheream loquitur dignisimus edi In lucem,
sed qua non caret ante Liber.
Quid careat? cum lucem in Lucae nomine praefers,
Scilicet in nomen lux venit ipsa tuum.
Lux haec non patrias tantum circumdedit oras,
Vidimus Hesperiis emicuise plagis.
Vix sacra Matriti explanas oracula Verbi
Illico famosus Praeco per ora sonat.
Hinc sacri defert insignia Praesulis aula,
Et cingit meritum sacra Tiara caput.
Scilicet obscuris tantam latitare sub umbris
Virtutis lucem non decuise probat.
Hanc ubi conspexit, cum te quandoque teneret
Captivum, a vera devia turba fide.
Pro meritis invisa licet persolvit honores Liberum,
et ad proprios sivit abire Lares.
Panama Pastorem excepit, morumque Magistrum,
Inclytum adoravit patria chara Patrem.
Et quis te verum patriae Patrem ese negabit,
Cui per te nomen, vita, decusque venit?
Vulgarem egresus metam tu transilis, et quo
Attingunt pauci, tu velut ales abis.
Penna tibi virtutis, penna est sapientia,
pennis Hisce petis rutili sidera summa poli.
Hoc precor, ut plenus meritis potiare, quod ardes
Postquam Nestoreos vixeris ante dies.
AL LECTOR.
LA obligación primera de quien ofrece alguna historia á la
inspección de la curiosidad, es dar cuenta de los motivos que tuvo
para formarla, y de la causa final que le puso en el empeño,
anticipando respuestas á la censura, á cuyo libre juicio se sujeta
con la misma acción de escribirla. Por esta razón, juzgando yo que
ha de servir á la pública utilidad de muchos, y al desempeño de la
obligacion real el moderado trabajo que he tenido en ajustar ésta,
por la contingencia de que llegando sus noticias á la de nuestro
católico Monarca, puedan esperar los sucesores de muchos Mardoqueos
olvidados el premio correspondiente á su lealtad heredada, debo,
ántes que se introduzcan en su lección los que quisieren pasar los
ojos por ella, detenerlos un poco para que, manifestado mi intento,
reciban con benevolencia lo que con buena voluntad les ofrezco.
Reconocidas cuantas historias se han escrito de Indias, y viendo
en ellas tratadas tan de paso las conquistas del Nuevo Reino de
Granada, siendo el tercero en grandeza y majestad de todos los que
hay en esta dilatada Monarquía, extrañé muchas veces que á tan
glorioso asunto hubiese faltado aplauso especial de alguna pluma
curiosa, hasta que estando en los Reinos de España me vino á las
manos la cuarta parte de la Historia de Indias que escribió el
Licenciado Juan de Castellanos, Cura que fué de la ciudad de Tunja,
aunque con la desgracia de no haberse dado á la estampa, teniendo
aprobación para ello, como se reconocerá del original que está en
la libreria del señor D. Alonso Ramírez de Prado, Consejero que fué
juntamente de Castilla y de la Cámara de Indias; y como el autor
estuviese tan acreditado con las otras tres partes impresas en que
recopiló las conquistas de Méjico, Islas de Barlovento y Reinos del
Perú, aprecié mucho el encuentro, y enterado de algunas noticias
que tenia en confuso; me hallé con los primeros deseos de vestirlas
de un estilo que, sin fastidiar con los desaseos del siglo
anterior, pudiese correr en éste con los créditos de poco
afectado.
No fué tan mal afortunada esta inclinación, que no se alentase
con otro acaso en que me encontré en una de las librerias de la
Corte con el Compendio Historial de las conquistas del Nuevo Reino,
que hizo, escribió y remitió á España el Adelantado D. Gonzalo
Jiménez de Quesada; pero con tan mala estrella, que por más de
ochenta años había pasado por los ultrajes de manuscrito entre el
concurso de muchos libros impresos. Con tan acreditados autores
como los que refiero, apliqué la atención á la materia de sus
escritos, y hallé que en la voluble rueda de sus acaecimientos
humanos se veían como en teatro universal del mundo, reyes
coronados y depuestos; infelices y aplaudidos; asolaciones de
reinos y provincias; fábrica de nuevas coronas y ciudades;
ministros desinteresados y prudentes; perversos y codiciosos;
naciones constantes y guerreras, y otras cobardes y desleales, y
todas corriendo á ciegas por la carrera de los vicios y de la
idolatría.
Pareciéronme segunda vez dignos de la imprenta sucesos que tan
al vivo representaban la variedad de prósperas y adversas fortunas
con que se va tejiendo la sucesión de los tiempos; mas viendo que
los acaecimientos políticos y militares que habían tenido los Reyes
Indios, entre sí, corrían mezclados con los que despues tuvieron
con los españoles, con la nota de no asignar tiempo á sus
operaciones, y que la relación de las costumbres, ritos y
ceremonias de su gentilidad, confundia muchas veces la de los
progresos de la conquista, á la manera que en una armería revuelta
ningún género de armas se deja comprender por el desórden de no
estar cada una en su propio lugar, me resolví á poner separadamente
aquellas noticias, que mezcladas quitaban la claridad de la
Historia. En cuyo contexto, y con los motivos que llevo expresados,
ocupé todos los dias del año sesenta y seis, siguiendo legalmente á
la que dejó escrita dicho Adelantado, ménos en la expresión de las
resoluciones y despachos del Consejo, y motivos que para ello
tenia, en que siento deber preferir al cronista Antonio de Herrera,
como quien para esto se hallaba presente, y no se gobernaba por
relaciones de interesados, como para lo demás que se contiene en
sus Décadas.
Y si como dijo Plinio á su Tácito, es beneficio grande de la
Divinidad el que los hombres hagan cosas dignas de ser escritas, ó
escriban cosas dignas de ser leídas; habiendo el Adelantado D.
Gonzalo Jiménez de Quesada conseguido lo uno y lo otro con la
espada y con la pluma; pues como él afirma, escribía el compendio
modesto de sus hazañas, al mismo tiempo que ejecutaba muchas de
ellas en la guerra de los Guasquias y Gualíes, por los años de mil
quinientos y setenta y dos y tres, porque aun no le faltase esta
prerrogativa más de las que tuvo César; con justa razón debo
preferir para mi pretensión á quien privilegió la naturaleza para
que acertase á escribir con templanza lo que primero obraba con
valentía.
El segundo lugar ha tenido el licenciado Castellános en cuanto
afirma en los veintidós cantos de su Historia, sin oponerse al
contexto del Adelantado, por ser todo ello muy digno de aprecio,
por la curiosidad que observó en referir hazañas particulares de
muchos conquistadores, que siendo verdaderas, he visto en otros
autores falsedades, á que también han ayudado mucho algunas
informaciones antiguas de servicios, que se habían remitido á la
Corte, y llegaron á mis manos con el crédito de más seguras que la
Historia á que dió principio Fray Antonio Medrano, del órden de San
Francisco, y prosiguió en dos tomos Fray Pedro Aguado, su
provincial, de que me ha parecido noticiar al lector, para que si
llegase á sus manos repare en los yerros en que cae quien se sigue
por relaciones vulgares, como advierte Quesada en su
prólogo.
De todo esto se infiere que no tengo más parte en esta obra, que
pretendo dar á la prensa, que la que se me puede atribuir por haber
reducido á cómputo de años y á lenguaje ménos antiguo la que
dejaron escrita los autores que van citados, sin otra adición que
la verosimilitud de las máximas y motivos que tuvieron los Reyes
Indios y Cabos españoles en sus empresas; pues no siendo lo
verosímil opuesto á lo verdadero, cuando es consiguiente á las
causas que antecedieron, se hallará tan léjos de oscurecer la
verdad, que en vez de viciarla deje acreditada; y si al lector
fastidiaren las repetidas listas de conquistadores, considérese
descendiente de algunos de ellos, y no lo pesará de hallarlos en
las categorías de los que concurrieron á las facciones más
arriesgadas; y reciba esta obra como capa arrojada, para ver cómo
la tratan, ántes de aventurar el cuerpo en más decorosos asuntos.
Suplicándole tenga entendido que así mis escritos como mi alma, y
el alma de mis escritos, son hijos legítimos de la Santa Iglesia
Católica, y que rendidamente los pongo á los piés sacrosantos de
los sucesores de Pedro y Vicarios de Jesucristo, y á la justa
corrección de cuantos los quisieren leer.