INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
| SEÑOR. |
 



DISCURRIENDO en si podría darse retribución correspondiente de un vasallo agradecido á los beneficios de un Monarca el más liberal, y más cuando éstos lo han sacado de la bajeza del infortunio para la cumbre de la felicidad, reparé en que la más estimada Corona que tuvieron los Romanos, fué la obsidional, que por más noble y majestuosa, como dice Plinio, se daba á quien los había librado de las penalidades de algún largo asedio. Confesaban con darla, deberle la vida á quien les dió la libertad, y fabricándola de grama del mismo país y terreno del que la daba, poníansela en la cabeza, para regraciar con esa Corona la grandeza del beneficio. |Corona quidem nulla fuit graminea nobilior in maiestate populi terrarum principis, praemiisque gloria. Y nunca se daba sino cuando la libertad recaía sobre quien se hallaba en los postreros filos de la esperanza: y si la mayor estimacion de esta Corona consistia, como dice el mismo Plinio, en que las otras daban los Emperadores á los soldados, y las de grama se las ofrecían los humildes libertados á los Emperadores: |Caeteras imperatores dedere; hane solam miles imperatori: quién no confesará ya, | que habiéndome libertado la grandeza de V. M. del asedie tan largo de persecuciones, que me condujeron á su Corte, y poniendo yo á sus plantas reales esta Coronica ó Corona, que es lo mismo, tejida en Madrid de los primeros verdores de mi patria, y | de la grama de sus países, he debido al género especial de mi desgracia el hallar más desempeño á mi obligación en las humildes yerbezuelas, de que le fabrica corona mi agradecimiento, que en el oro, laurel, mirto y flores de que adornaban las suyas los Magistrados?

Adelántalo más la obligacion que me inclinó siempre á imitar las acciones del Santo cuyo nombre me cupo en suerte; y reparando en que este glorioso Evangelista eligió á Teófilo para dedicarle la Historia de los hechos de los Apóstoles, hallé que si la Corona de grama ofrecida á los reales piés de V. M. era retribucion al beneficio de haberme sacado del asedio penoso de la persecución; consagrando este libro á su Real nombre, lo seria también al de haberme levantado á la cumbre de la felicidad. Porque si Teófilo no fué nombre propio de algún príncipe grande, como quieren algunos, sino apelativo, como afirma Salviano, que en la letra hebrea quiere decir el que sube á otro á lo alto: |Theophile, sursum ferens, y en la raíz griega el que ama á Dios, ¿á quién pudiera yo consagrar con, acierto libro en que se contienen muchos de los apostólicos hechos de la primitiva Iglesia de estas Indias, sin faltar á la imitación de mi Santo en su Historia, sino á V. M., que: después de libertado, me levanto del más humilde polvo de la tierra á la cumbre de la Mitra? A | quién más debidamente que al Teófilo, que en todas sus operaciones es el que ama Dios? Y como imágen suya en levantar caídos, recibirá en esta Corona de grama el reconocimiento de quien es el vasallo más humilde, que se pone á sus pies, cuya católica persona guarde el Señor para amparo de su Iglesia.

 

Santa Marta, 12. de Agosto de 1676 años.

LÚCAS, Obispo de Santa Marta.

 

APROBACIÓN

DEL R.P.M. DIEGO DE FIGUEROA, RECTOR DEL COLEGIO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS DE PANAMÁ.

HABIENDO leído atenta y curiosamente esta primera parte de la Historia de la conquista del Nuevo Reino de Granada en las Indias Occidentales, que compuso (estando en la Villa de Madrid) el Ilustrísimo y Reverendísimo señor doctor D. Lúcas Fernández de Piedrahita, Obispo al presente de Panamá, hallo que se ajusta á la primera ley | de Historia, que es la verdad, de que puedo testificar como testigo de vista, pues nací y fuí educado en la ciudad de Santafé, Metrópoli y, cabeza del Nuevo Reino de Granada, donde ví y oí lo esencial y accidental de esta Historia: experimenté la primavera de su temperamento, bebí sus aguas saludables y gocé de sus frutos. Hallará, pues, el lector en este libro el recreo que causa la elegancia del estilo, y las noticias de la amenidad de los campos, fertilidad de la tierra, de fuentes y rios caudalosos, y de ricos minerales de oro y | plata, esmeraldas y otras piedras preciosas.

Refiérense las hazañas de ínclitos héroes en la guerra contra innumerables gentiles, cosa digna de admiración, pues siendo aquéllos tan pocos en el número, vencieron á éstos que excedian con grandes ventajas. Píntase muy al vivo el cristiano celo de nuestros Reyes católicos, á quienes se debe (despues de Dios) la propagación de nuestra santa fe en aquella inculta gentilidad; el culto más debido de los sagrados templos, con tantos insignes religiosos y monasterios de monjas donde florece mucha santidad y sabiduría.

Demás de lo dicho enseña muchos documentos políticos y morales muy útiles para el acierto en las empresas de la paz y de la guerra, en cuyo contexto faltan á cada paso para ilustrarlos muchas centellas de las historias más plausibles de Europa, donde parece cuidadoso estudio el de valerse de las más notorias, quien tiene comprendidas cuantas la antigüedad depositó en sus archivos. Da á conocer y venerar los secretos inescrutables de la Divina Providencia en los premios y castigos, para temer y amar á Dios, y en los medios de que se vale para la conversión de los infieles. Descubre las contradicciones del demonio para impedir la reducción de aquellos miserables paganos; y aunque las otras conquistas de la América han causado no pequeños trabajos á sus conquistadores, ésta del Nuevo Reino de Granada excede á las demás en dificultades casi insuperables, de caminos fragosos, de rios arrebatados y de animales feroces y sabandijas venenosas. Todo lo cual venció el católico celo de nuestros Reyes por medio de sus leales y esforzados vasallos, que pospusieron sus vidas y haciendas por la exaltación de nuestra Santa Fe, y favorecidos de la mano poderosa de Dios, consiguieron triunfos y lauros de inmortales coronas.

Por todo lo hasta aquí dicho juzgo será para honra y gloria de ámbas Majestades y provecho de muchos, el que salga á luz esta Historia, en cuyos doce libros de que se compone, considero las doce piedras que tenia engastadas en lámina de oro el Sumo Sacerdote, teniendo cada una de las piedras su virtud singular, y coronábalas en lo superior de la frente otra lámina, que contenia la doctrina y la verdad. Y si el edificio tanto es más firme cuanto lo fuere el fundamento, el de esta Historia ¿quién duda ser piedra sólida y de muchas virtudes? Así lo siento, en Panamá, y Setiembre 19 de 1685 años.

DIEGO DE FIGUEROA.

 

APROBACIÓN

DEL R.P. PRESENTADO FR. FELIPE DE ZAMORA, DEL ORDEN DE N. P. S. AGUSTÍN, PROCURADOR GENERAL DE LA PROVINCIA DE QUITO EN LAS CORTES DE MADRID Y ROMA.

 

DE órden de V. S. he visto un libro intitulado |Historia general de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada, escrito por el Ilustrísimo señor Doctor D. Lúcas Fernández de Piedrahita, del Consejo de su Majestad, Calificador de la Suprema Inquisicion, Obispo de Panamá, y puedo afirmar como testigo de vista de lo más que contiene dicha Historia, y á lo docto y elocuente del Autor acompaña lo verídico tan ajustadamente, que cumple con todas las leyes de Historiador. No tiene cosa que se oponga á nuestra Santa Fé Católica, y así podrá V. S. dar la licencia que pide. En el Real Convento de S. Felipe de Madrid en 27 de Abril de 1688.

PRESENTADO FR. FELIPE DE ZAMORA.

 

NOS el Licenciado D. Alonso Portillo y | Cardos, Dignidad de Chantre en la insigne Colegial de Talavera, Inquisidor Ordinario y Vicario de esta Villa de Madrid y su partido: Por la presente damos licencia para que se puedo imprimir é imprima un libro intitulado |Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada en Indias, escrito por el Ilustrísimo señor Doctor D. Lúcas Fernández de Piedrahita, del Consejo de su Ma­jestad, Calificador de la Suprema Inquisición y Obispo de Panamá, atento que de nuestra órden, y comisión ha sido visto y reconocido, y no contiene cosas contra nuestra Santa Fé Católica y Buenas costumbres. Fecha en la Villa de Madrid, á 28 dias del mes do Abril de 1688 años.

Lic. D. ALONSO PORTILLO Y CARDOS.

Por su mandado, DOMINGO DE GOITIA.

 

APROBACIÓN

DEL ILUSTRÍSIMO SEÑOR D. FR. LUIS DE LEMOS Y USATIGUÍ, DEL ORDEN DE SAN AGUSTÍN, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, SU PREDICADOR, Y OBISPO DE LA CONCEPCIÓN DE CHILE.

 

POR comisión del Real Consejo de Castilla he visto un libro intitulado |Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, su autor el Ilustrísimo señor D. Lúcas Fernández de Piedrahita, Calificador del Santo Oficio por la Suprema Inquisición, del Con­sejo de su Majestad, y Obispo de Panamá. Luego que leí el nombre del Autor me prometí llenar el deseo que me habia quedado habiéndole oído en su Catedral, pasando por aquella Ciudad á esta Corte. Mandóme su Ilustrísima le predicase el Miércoles de Ceniza, obedecí con temor, y hubiera sido mayor, si fuera antecedente el oirle al obedecerle. Admiróme su elocuencia, edificóme su doctrina, y hallando el lleno de un grande y docto Orador, reconocí cuán desgraciados son los que asisten léjos de su Rey, y señor. Empecé á leer, y viendo diferente estilo del que yo había oído, acabé de confirmar lo cabal y ajustado del sujeto, pues dejando las elocuencias de la Oratoria, se acomodó al lenguaje de Historiador, enlazando diestramente lo claro y corriente de los sucesos con soberana erudición; y para mí no ha sido tan evidente la muestra de su lucido ingenio en saber subir á lo superior de la retórica, como en haber aprendido á bajar para el intento de la historia. Puédese decir de este libro, y de su Autor se conoce muy bien produce el Nuevo Reino de Santafé finísimo oro y piedras preciosas en abundancia: y si las ocupaciones me dieran lugar, y la precision del tiempo en que se me pide la censura, la convirtiera (aunque con temor de quedar corto) en Panegírico. No tiene cosa que pueda oponerse á la licencia que pide. Este es mi sentir, salvo, &c. Madrid, y Mayo 6 de 1688 años.

 

FR. LUIS, OBISPO DE LA CONCEPCIÓN.

 

YO EL REY.

POR cuanto por parte de vos el doctor D. Lúcas Fernández de Piedrahita, del nuestro consejo el obispo de Panamá, Nos fué fecha relación, que siendo Chantre de la Iglesia Metropolitana de Santafé de Bogotá en las Indias, en el Nuevo Reino de Granada, y electo Obispo de Santa Marta, aviades escrito un libro intitulado |Historia general de |las conquistas del referido |Nuevo Reino de Granada, y para poder imprimir Nos pedísteis y suplicásteis os concediésemos licencia y privilegio por diez años para el efecto mencionado, ó como la nuestra merced fuese. Y visto por los del nuestro Consejo, y como por nuestro mandado se hicieron las diligencias de la Pragmática por nos últimamente fecha, que sobre la impresión de los libros se dispone, fué acordado dar esta nuestra carta y privilegio para vos | en la dicha razón, y Nos lo tuvimos por bien: por la cual os damos licencia y | facultad, para que por tiempo de diez años primeros siguientes, que corren y se cuentan desde el dia de la fecha de esta nuestra Cédula en adelante, vos, ó la persona que vuestro poder tuviere, yno otra alguna, podáis imprimir el dicho libro ó su original, que en el nuestro Consejo se vió, que va rubricado y firmado al fin de Manuel de Mojica, nuestro Secretario de Cámara de los que en él residen, con que ántes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que se vea si la dicha impresión está conforme á él, y traigan fe en pública forma, y como por nuestro Corrector se vió y | corrigió la dicha impresión por dicho original. Y mandamos al impresor que así imprimiere dicho libro, no imprima el principio, ni primer pliego, ni entregue más de un solo libro el con su original al autor ó persona á cuyo cargo y costa se imprimiere, para efecto de dicha corrección y tasa, hasta que ántes y | primero el dicho libro esté corregido y | tasado por los del nuestro Consejo: y estando hecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho primer pliego y principio, y | seguidamente esta nuestra Cédula y la aprobación que del dicho libro se hizo por nuestro mandado, y la tasa y erratas, pena de caer é incurrir en las penas contenidas en las leyes y Pragmáticas de estos nuestros Reinos, que sobre ello disponen. Y mandamos que durante el tiempo de los dichos diez años, persona ninguna, sin la dicha vuestra licencia, pueda imprimir el dicho libro, so pena que el que de otra manera lo imprimiere y vendiere, haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere, y más incurra en pena de cincuenta mil maravedises, tercia parte para la nuestra Cámara y la otra para el Juez que la sentenciare, y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mando á los del nuestro Consejo, Presidente y Oidores de las nuestras Audiencias, Alcaldes, Alguaciles de nuestra Casa y Corte, y Cancillerías y á todos los Corregidores, Asistente, Gobernadores, Alcaldes Mayores y | Ordinarios y otros Jueces y | Justicias cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de estos nuestros Reinos ySeñoríos, y á cada uno de ellos en sus lugares y jurisdicciones, que guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir esta nuestra Cédula, y contra su tenor y forma no vayan, ni pasen, ni consientan ir ni pasar en manera alguna.

Dada en Buen Retiro, á 10 dias delmes de Mayo de 1688 años.

YO EL REY.

Por mandado del Rey nuestro señor.

ANTONIO DE  LUPIDE Y | APONTE.

 

TASA.

MANUEL dé Mojica, Secretario de Cámara del Rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, certifico, que habiéndose visto por los señores de él un libro intitulado |Historia general de la conquista del Nuevo Reino de Granada, compuesto por Don Lúcas Fernández de Piedrahita, Obispo de Panamá, tasaron á ocho maravedises cada pliego, sin principios, ni tablas, y á | dicho respecto mandaron se venda, cada volúmen, y | no á más según que lo susodicho consta de dicha tasa, que por ahora queda en mi oficio, á que me remito; y para que conste doy la presente en Madrid, á nueve de Agosto de mil seiscientos y ochenta y | ocho años.   

MANUEL DE MOJICA.

 

EL MAESTRO Fr. JUAN MELÉNDEZ,

DEL ORDEN DE PREDICADORES, CRONISTA GENERAL DE SU PROVINCIA DE SAN JUAN BAUTISTA, REGENTE PRIMARIO QUE FUÉ DE LOS ESTUDIOS GENERALES DE LA MINERVA DE ROMA, Y AHORA RECTOR DEL COLEGIO DE SANTO TOMAS DE LIMA,

APLAUDE LA HISTORIA GENERAL DE LAS CONQUISTAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA, |

Escrita por el Ilustrísimo y Reverendísimo señor doctor D. Lúcas Fernández de Piedrahita, del Consejo de su Majestad, Obispo de Panamá.

Ilustrísimo yReverendísimo señor.

PUDIERON felizmente mis instancias conseguir del favor de V.I. el ver su libro de oro, Historia de las conquistas del Nuevo Reino de Granada; y comenzándola á leer con admiración, la proseguí con tanto deleite, que la acabó con dolor de que había de privarme de su continua lección, por la necesidad de restituirla á V.I. aunque con la esperanza de volverle á gozar con más libertad, cuando consiga la dicha de padecer en las prensas, lo que ha de lograr de aplausos en cuantos la tuvieren de alcanzarle.

Los diestros cantores, con las diferencias de la voz y afectación de la música, ya adelgazándola, ya engrosándola, ya pronunciando con ímpetu, ya de espacio, y ya con priesa, expresan y representan los afectos y conceptos de lo que cantan: y V.I., sobre escribir tan dulcemente que parece que canta cuanto escribe, no solo hace relación de las guerras, tragedias y fortunas sucedidas en tiempo de los Reyes Indios del Nuevo Reino, y de sus valerosos conquistadores, gloria de España, fecundidad, abundancia, riqueza y benignidad de sus valles, de sus montes, de sus costas, de sus rios, de sus mares, de su cielo; sino que al referir cada cosa de por sí, con la misma energía de sus voces representa lo historiado tan vivamente que lo hace ver en su libro, como si se mirase en su original, pareciendo que se ven, no que se leen los sucesos y toda la materia de que trata.

Escribe V.I. de las yerbas y flores del país, y son verdores floridos y fragantes sus periodos: de la grandeza de sus lagos y rios, y son raudales de elocuencia sus cláusulas, y mares de elegancia sus oraciones: de la abundancia rica de sus minas, y son de oro finísimo sus voces, de plata tirada sus discursos y de sutil filigrana sus sentencias: de las perlas de sus mares, y lo dice tan de perlas, que son sartas de riquísimos granos sus frases: de sus montes criaderos de esmeraldas, rubíes, jacintos, ametistos, gallinazas, topacios y cristales, y son luces brilladoras los lucientes destellos de su pluma: de sus guerras, gobiernos y costumbres, y con lo que moraliza hace cruda guerra á los vicios, y tan claras y patentes las más acertadas máximas del gobernar, que parece que el mismo libro tiene en su mano el bastón, dando á ver en lo que enseña lo que práctica, de modo que para saber quién es V.I. no es menester otra cosa que leer su libro y confesará el que le viere, que ve dibujado al vivo y aun vivo á V.I. porque verá su elocuencia, su doctitud, su urbanidad, su elegancia, su facundia, su modestia, su actividad, su constancia, su prudencia, su celo, su liberalidad, su devoción, su templanza, su caridad y tanto de cada prenda de las que hacen heróico y constituyen un príncipe grande, que no tenga más que ver.

En fin, señor ilustrísimo, V.I. se anime, y no se ate tanto á lo modesto, que dilate más tiempo el dar á luz esta obra, poniéndola en estampa cuanto ántes, para que la gocen todos; pues no será solo V. I. quien la pierda, si se malogra, sino la utilidad de todo el orbe, privándose infelizmente de fábrica tan hermosa, que siendo una enmienda pública de todas las Historias antiguas, servirá de diseño á las futuras.

Esto suplica á V.I. mi rendimiento, protestando que el poner á la vista de V.I. este mi pobre escrito, no me lo dictó la audacia de aprobar obra tan prima, sino el afecto obligado de su mismo primor, que me ha movido á aplaudir, en cuanto alcanza la cortedad de la mia, los ecos concertados de su pluma: concluyendo con dar el parabién de esta historia al Nuevo Reino, con este

 

SONETO.

Nueva corona ciñes á tu frente,
Nueva Granada, con tu nueva Historia:
Nueva será en el orbe tu memoria,
Nueva tu clara fama eternamente.
Aquel valor antiguo de tu gente
Hoy resucita á más inmortal gloria,
Pues vuela ya tu noble ejecutoria
En pluma de escritor tan eminente.
Segura vivir puedes de tu suerte,
Sin que el tiempo veloz pueda injuriarte,
Ni la envidia mordaz llegue á ofenderte:
Sí, que gozas un hijo de tal arte,
Que con sus letras basta á ennoblecerte,
Y con su mitra sobra para honrarte.
Señor Ilustrísimo y reverendísimo,
B.L.M. de V.S.I.

Su más humilde y rendido criado,

Fr. JUAN MELENDEZ.

 

DIDACUS A FIGUEROA.

SOCIETATIS IESU, RECTOR PANAMENSIS, IN LAUDEM PRAECLARI OPERIS HISTORIAE NOVI REGNI GRANATENSIS, ILLUSTRISSIMO, AC REVERENDISSIMO D. D. LUCAE FERNANDÉZ DE PIEDRAHITA, EPISCOPO PANAMENSI, OLIM DE S. MARTHA, Á CONSILIO REGIO, HOC POEMA HEROICUM DICAT.

 

Ingenue bistoriam Regni novitate decoras,
Illustrissime Princeps, arma, virumque trophaea;
En referas calamo mores, en barbara bella
Tyranni Zippae regis, qui vulnere casus
Occubuit, tenuemque ínclusis in sanguine vitam,
Olim qui Bogotae fuerat ditissimus Indus.
Multas divitias argenti, aurique fodinas,
Multicolorum pantauras, viridesque smaragdos,
Quan plures gemmas, miro fulgore nitentes,
Auriferos fluvios pandis, quoque Magdala flumen,
Scribis, et ignotas multis, sylvasque ferasque,
Ursos, tygrida saeva, aprosque, avidosque leones,
Bicipites angues, atro tayamque veneno.
Pingues praeterea campos, et amoena vireta;
Hic ubi sub lucem resonant, ac voce canora
Dulcisonos concentus aves, et gutture tochi
Dulciter in pratis, cantant modulamine molli.
Inclyta Sancta Fides iam terque quaterque profatur
Insignem sophia doctorem, culmine celsum;
Laudas dum patriam, tum mentis opes manifestas:
Ergo vale, et semper vivas, cultissime praesul.
 

  ILUSTRISIMO AC REVERENDISIMO D. D. D. LUCAE FERNANDEZ PIEDRAHITA,

 

DEI ET APOSTOLICAE SEDIS GRATIA EPISCOPO PANAMENSI, PATRIÁE SUAE HISTORIOGRAPHO, AEVI NOSTRI LIVIO ERUDITISSIMO, DEBITAE VENERATIONIS ERGO APPLAUDEBAT

  |

D. IGNATIUS MARTINEZ DE AIBAR ET ESLAVA, |

 

V.I.L. necnon a Consiliis Catholicae Maiestatis Quitensis Cancellariae Regii Fisci vindex, et Indorum Protector generalis.

 

Quid decora, et laudes Patriae, quid tanta recenses
Munera, cui unum sufficis ipse decus?

Inter thesauros auri, argentique metalla
          Quae profert, nullum patria terra tulit,

Qui tibi congenitae pretium virtutis adaequet:
Omnia sunt donis inferiora tuis.

Quin et nativa pretiosi luce lapilli
              Privantur, solus dum Piedrahita micas.

Mortalem dilecta dedit tibi patria vitam,
            Immortale illi dat tua pluma decus.

Hoc tuus aetheream loquitur dignisimus edi In lucem,
sed qua non caret ante Liber.

Quid careat? cum lucem in Lucae nomine praefers,
Scilicet in nomen lux venit ipsa tuum.

Lux haec non patrias tantum circumdedit oras,
Vidimus Hesperiis emicuise plagis.

Vix sacra Matriti explanas oracula Verbi
          Illico famosus Praeco per ora sonat.

Hinc sacri defert insignia Praesulis aula,
          Et cingit meritum sacra Tiara caput.

Scilicet obscuris tantam latitare sub umbris
Virtutis lucem non decuise probat.

Hanc ubi conspexit, cum te quandoque teneret
Captivum, a vera devia turba fide.

Pro meritis invisa licet persolvit honores Liberum,
et ad proprios sivit abire Lares.

Panama Pastorem excepit, morumque Magistrum,
Inclytum adoravit patria chara Patrem.

Et quis te verum patriae Patrem ese negabit,
Cui per te nomen, vita, decusque venit?

Vulgarem egresus metam tu transilis, et quo
Attingunt pauci, tu velut ales abis.

Penna tibi virtutis, penna est sapientia,
pennis Hisce petis rutili sidera summa poli.

Hoc precor, ut plenus meritis potiare, quod ardes
Postquam Nestoreos vixeris ante dies.

 

AL LECTOR.

LA obligación primera de quien ofrece alguna historia á la inspección de la curiosidad, es dar cuenta de los motivos que tuvo para formarla, y de la causa final que le puso en el empeño, anticipando respuestas á la censura, á cuyo libre juicio se sujeta con la misma acción de escribirla. Por esta razón, juzgando yo que ha de servir á la pública utilidad de muchos, y al desempeño de la obligacion real el moderado trabajo que he tenido en ajustar ésta, por la contingencia de que llegando sus noticias á la de nuestro católico Monarca, puedan esperar los sucesores de muchos Mardoqueos olvidados el premio correspondiente á su lealtad heredada, debo, ántes que se introduzcan en su lección los que quisieren pasar los ojos por ella, detenerlos un poco para que, manifestado mi intento, reciban con benevolencia lo que con buena voluntad les ofrezco.

Reconocidas cuantas historias se han escrito de Indias, y viendo en ellas tratadas tan de paso las conquistas del Nuevo Reino de Granada, siendo el tercero en grandeza y majestad de todos los que hay en esta dilatada Monarquía, extrañé muchas veces que á tan glorioso asunto hubiese faltado aplauso especial de alguna pluma curiosa, hasta que estando en los Reinos de España me vino á las manos la cuarta parte de la Historia de Indias que escribió el Licenciado Juan de Castellanos, Cura que fué de la ciudad de Tunja, aunque con la desgracia de no haberse dado á la estampa, teniendo aprobación para ello, como se reconocerá del original que está en la libreria del señor D. Alonso Ramírez de Prado, Consejero que fué juntamente de Castilla y de la Cámara de Indias; y como el autor estuviese tan acreditado con las otras tres partes impresas en que recopiló las conquistas de Méjico, Islas de Barlovento y Reinos del Perú, aprecié mucho el encuentro, y enterado de algunas noticias que tenia en confuso; me hallé con los primeros deseos de vestirlas de un estilo que, sin fastidiar con los desaseos del siglo anterior, pudiese correr en éste con los créditos de poco afectado.

No fué tan mal afortunada esta inclinación, que no se alentase con otro acaso en que me encontré en una de las librerias de la Corte con el Compendio Historial de las conquistas del Nuevo Reino, que hizo, escribió y remitió á España el Adelantado D. Gonzalo Jiménez de Quesada; pero con tan mala estrella, que por más de ochenta años había pasado por los ultrajes de manuscrito entre el concurso de muchos libros impresos. Con tan acreditados autores como los que refiero, apliqué la atención á la materia de sus escritos, y hallé que en la voluble rueda de sus acaecimientos humanos se veían como en teatro universal del mundo, reyes coronados y depuestos; infelices y aplaudidos; asolaciones de reinos y provincias; fábrica de nuevas coronas y ciudades; ministros desinteresados y prudentes; perversos y codiciosos; naciones constantes y guerreras, y otras cobardes y desleales, y todas corriendo á ciegas por la carrera de los vicios y de la idolatría.

Pareciéronme segunda vez dignos de la imprenta sucesos que tan al vivo representaban la variedad de prósperas y adversas fortunas con que se va tejiendo la sucesión de los tiempos; mas viendo que los acaecimientos políticos y militares que habían tenido los Reyes Indios, entre sí, corrían mezclados con los que despues tuvieron con los españoles, con la nota de no asignar tiempo á sus operaciones, y que la relación de las costumbres, ritos y ceremonias de su gentilidad, confundia muchas veces la de los progresos de la conquista, á la manera que en una armería revuelta ningún género de armas se deja comprender por el desórden de no estar cada una en su propio lugar, me resolví á poner separadamente aquellas noticias, que mezcladas quitaban la claridad de la Historia. En cuyo contexto, y con los motivos que llevo expresados, ocupé todos los dias del año sesenta y seis, siguiendo legalmente á la que dejó escrita dicho Adelantado, ménos en la expresión de las resoluciones y despachos del Consejo, y motivos que para ello tenia, en que siento deber preferir al cronista Antonio de Herrera, como quien para esto se hallaba presente, y no se gobernaba por relaciones de interesados, como para lo demás que se contiene en sus Décadas.

Y si como dijo Plinio á su Tácito, es beneficio grande de la Divinidad el que los hombres hagan cosas dignas de ser escritas, ó escriban cosas dignas de ser leídas; habiendo el Adelantado D. Gonzalo Jiménez de Quesada conseguido lo uno y lo otro con la espada y con la pluma; pues como él afirma, escribía el compendio modesto de sus hazañas, al mismo tiempo que ejecutaba muchas de ellas en la guerra de los Guasquias y Gualíes, por los años de mil quinientos y setenta y dos y tres, porque aun no le faltase esta prerrogativa más de las que tuvo César; con justa razón debo preferir para mi pretensión á quien privilegió la naturaleza para que acertase á escribir con templanza lo que primero obraba con valentía.

El segundo lugar ha tenido el licenciado Castellános en cuanto afirma en los veintidós cantos de su Historia, sin oponerse al contexto del Adelantado, por ser todo ello muy digno de aprecio, por la curiosidad que observó en referir hazañas particulares de muchos conquistadores, que siendo verdaderas, he visto en otros autores falsedades, á que también han ayudado mucho algunas informaciones antiguas de servicios, que se habían remitido á la Corte, y llegaron á mis manos con el crédito de más seguras que la Historia á que dió principio Fray Antonio Medrano, del órden de San Francisco, y prosiguió en dos tomos Fray Pedro Aguado, su provincial, de que me ha parecido noticiar al lector, para que si llegase á sus manos repare en los yerros en que cae quien se sigue por relaciones vulgares, como advierte Quesada en su prólogo.

De todo esto se infiere que no tengo más parte en esta obra, que pretendo dar á la prensa, que la que se me puede atribuir por haber reducido á cómputo de años y á lenguaje ménos antiguo la que dejaron escrita los autores que van citados, sin otra adición que la verosimilitud de las máximas y motivos que tuvieron los Reyes Indios y Cabos españoles en sus empresas; pues no siendo lo verosímil opuesto á lo verdadero, cuando es consiguiente á las causas que antecedieron, se hallará tan léjos de oscurecer la verdad, que en vez de viciarla deje acreditada; y si al lector fastidiaren las repetidas listas de conquistadores, considérese descendiente de algunos de ellos, y no lo pesará de hallarlos en las categorías de los que concurrieron á las facciones más arriesgadas; y reciba esta obra como capa arrojada, para ver cómo la tratan, ántes de aventurar el cuerpo en más decorosos asuntos. Suplicándole tenga entendido que así mis escritos como mi alma, y el alma de mis escritos, son hijos legítimos de la Santa Iglesia Católica, y que rendidamente los pongo á los piés sacrosantos de los sucesores de Pedro y Vicarios de Jesucristo, y á la justa corrección de cuantos los quisieren leer.

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