INDICE





PROLOGO

NOTICIA BIOGRÁFICA DEL DR. FERNÁNDEZ PIEDRAHITA

DEDICATORIA Y APROBACIONES DE LA OBRA

LIBRO I

Capítulo I
Del sitio y calidades del Nuevo Reino de Granada

Capítulo II
En que se da noticia de sus provincias y primeros habitadores.

Capítulo III
De las costumbres, ritos y ceremonias que usaban los indios mozcas en su gentilidad.

Capítulo IV
De otras ceremonias y costumbres que tenian los mozcas, y de las procesiones que hacían.

Capítulo V
Del sitio y corte de Bogotá: majestad de sus reyes condiciones y forma de sucederse.

LIBRO II

Capítulo I
Saguanmáchica conquista los fusagasugaes, rompe la guerra con el Guatavita, que se ampara del Rey de Tunja...

Capítulo II
Hereda el zipa Nemequené, y castigada la rebelián de Fusagasugá, sujeta los caciques de Cipaquirá y Nemza.

Capítulo III
Asalta el Zipa la corte del Guatavita, revuelve contra el Ubaque y sujétalo.

Capítulo IV
Sujeta el Zipa la provincia de Ebaté, nombra en ella al hermano por su lugarteniente, á quien mata el Ubaque.

Capítulo V
Da leyes el Zipa en su reino y previénese de todo para la guerra de Tunja.

Capítulo VI
Refiérense los sitios y estado de las provincias de Tunja y Sogamoso, y hacen liga sus príncipes contra Neméquene.

Capítulo VII
En que se prosigue la materia del antecedente

Capítulo VIII
Danse vista los ejércitos del Zipa y el Tunja, y platican antes de la batalla.

Capítulo IX
Dáse la batalla, y casi vencida por Neméquene, muere en ella, herédalo Thysquesuzha, y prosigue la guerra.

LIBRO III

Capítulo I
Fúndase la ciudad de Santa Marta por Rodrigo Bastídas, á quien mata su teniente general en un motín.

Capítulo II
Los capitanes de Lerma acometen á Posigueica y vuelven derrotados.

Capítulo III
Gobierna el doctor Infante á Santa Marta por muerte de García de Lerma, y el adelantado don Pedro de Heredia da principio á las conquistas de Cartagena.

Capítulo IV
El adelantado Heredia prosigue la conquista de Cartagena

Capítulo V
Dáse el gobierno de Santa Marta á d. Pedro Fernández de Lugo. Prosigue la guerra con los indios de la sierra sin fruto…

LIBRO IV

Capítulo I
Benalcázar descubre a Popayán, y fundadas las villas de Cali y Timaná, prosigue en su descubrimiento

Capítulo II
El licenciado Badillo residencia á D. Pedro de Heredia en Cartagena:

Capítulo III
Vuelve el General Quesada por su Ejército á la Tora, Condúcelo hasta los umbrales del Nuevo Reino

Capítulo IV
Marcha Quesada por la provincia de Vélez, pasa á Guachetá y de allí á Suesca en demanda de Bogotá, con asombro general de los indios.

Capítulo V
Entra Quesada en el valle de los Alcázares, rompe el ejército de los Uzaques, pasa a Bogotá

LIBRO V

Capítulo I
Entra el capitán Céspedes en la provincia de los Panches por Tibacuy: plática  con el capitán del presidio de los Guechas…

Capítulo II
Sale Quesada de Bogotá para Somondoco en demanda de las minas de esmeraldas que descubre

Capítulo III
El Capitán San Martín tiene noticia de Tundama: descubre á Sogamoso y vuelve en busca del general Quesada...

Capítulo IV
Asalta Quesada el palacio del Rey de Tunja, á quien prende, y después de un breve combate saquea su corte con presa de los tesoros que no pudo ocultar.

Capítulo V
Marcha Quesada á Sogamoso, saquea la ciudad y quémase su templo. —vuelve á Tunja, y desamparándola por ir á la conquista de Neiva,

Capítulo VI
Repártese la presa entre los españoles: Asaltan después el cercado de un bosque donde matan a Tysquesusha sin conocerlo.

Capítulo VII
Acometen los Panches las fronteras de Bogotá, y entran Quesada y el Zipa al castigo con mal suceso en el primer encuentro

LIBRO VI

Capítulo I
Prende Quesada á Sacrezazipa por los tesoros del Zipa muerto, y promételos con engaño hasta lograr la muerte de sus émulos...

Capítulo II
Reparte Quesada otra presa de oro y esmeraldas: da principio á la fundación de Santafé...

Capítulo III
Dánle noticia á Quesada de las entradas de Benalcázar y de Fedremán en el reino...

Capítulo IV
Persuade á Quesada Benalcazar á que funde ciudades, y refiérese el estado y crecimiento á que ha llegado la ciudad de Santafé.

Capítulo V
El general Quesada baja á Cartagena con Benalcázar y Fedreman, dejando por teniente general del reino á Hernán Pérez, su hermano...

Capítulo VI
Gerónimo Lebrón forma ejército y armada; sale de santa marta para el reino...

Capítulo VII
Alonso Martín prende en el rio á Alonso jeque, y obligado de una armada enemiga, vence la batalla naval de Cesare...

LIBRO VII

Capítulo I
Tratase de la entrada que hizo Martín Galeano en el territorio de Coicomé y Agata, y de la que después hizo Juan Alonso de la Torre

Capítulo II
Sale Galeano á la conquista de Guane: mueve la guerra en Chalalá, y síguela con Mataregua hasta vencerlo en batalla...

Capítulo III
Agraviado Thisquizoque de la tiranía de Juan Gascon,  hace liga con el Saboya, toma las armas y le quita la vida...

Capítulo IV
Los tres generales pretenden la gobernación del Nuevo Reino y ninguno la consigue...

Capítulo V
Forma ejército Tundama y fortifícase contra Baltasar Maldonado...

Capítulo VI
Montalvo de Lugo entra en el Reino por los llanos, y el capitán Lanchero á la conquista de Muzo...

Capítulo VII
Esguazado el Cauca, prosigue Jorge Robledo sus descubrimientos hasta fundar la ciudad de Cartago.

LIBRO VIII

Capítulo I
Con la noticia de que se previene armada en Francia para las Indias, mandan al adelantado Lugo que vaya á su gobierno...

Capítulo II
Los Yalcones y Paeces toman las armas y matan á los capitanes Añasco y Osorio y despues a Juan de Ampudia...

Capítulo III
Rebelánse los Sutas y Simijacas, fortifícanse en unos peñoles, va contra ellos el Capitán Juan de Céspedes...

Capítulo IV
Rompen los Panches por las fronteras de los Mozcas...

Capítulo V
Prosigue su jornada Gerónimo Lebrón, con varios sucesos, hasta el valle de Opon...

Capítulo VI
Quesada y Lebrón compiten sobre el gobierno con riesgo de romper en batalla...

LIBRO IX

Capítulo I
Con la sospecha de que se rebela la provincia de Tunja...

Capítulo II
Vuelve á sus descubrimientos el capitán Jorge Robledo y con varias fortunas llega hasta la provincia de Hebéjico...

Capítulo III
Vuelto el Capitán Maldonado de la jornada de los palenques, sale Hernán Pérez de Quesada al descubrimiento del dorado con mal suceso...

Capítulo IV
El Ocabita y Lupachoque se fortifican en dos peñoles: ríndese Lupachoque por armas al Capitán Pineda y el Ocabita...

Capítulo V
El adelantado Lugo se previene para subir á Santafé : fúndase por su órden el Barbudo…

Capítulo VI
Pasa Robledo preso á estos reinos: Heredia y Benalcázar se apoderan alternadamente de Antioquia después que se fundó la ciudad de Arma...

LIBRO X

Capítulo I
La armada francesa de Roberto Baal sorprende á Santa Marta y Cartagena; y el adelantado Lugo prende al capitán Rondón...

Capítulo II
Felipe de Utre sale de coro á nuevos descubrimientos penetra los llanos hasta la punta de los Pardaos...

Capítulo III
Prende Lugo á los oficiales del Rey y á los quesadas: justicia al encomendero de Sáchica...

Capítulo IV
Destierra Lugo á los quesadas. —el Capitán Venégas descubre las primeras minas de oro, y funda la ciudad de Tocaima...

Capítulo V
Descubre Felipe de Utre los Omeguas, y véncelos en una batalla...

Capítulo VI
Lugo sale del reino para Castilla, y Armendariz entra en Cartagena...

Capítulo VII
Armendariz nombra por su teniente á pedro de Ursua en el reino y á Robledo en Antioquia...

LIBRO XI

Capítulo I
Concurren los visitadores Gasca y Armendariz en Santa Marta...

Capítulo II
Procede Armendariz contra el capitán Lanchero y otros conquistadores...

Capítulo III
Hacen mariscal del reino á Gonzalo Jiménez de Quesada...

Capítulo IV
Échanse los indios á las minas: tratase en el consejo de fundar audiencia en Santafé...

Capítulo V
Prosigue Armendariz en su gobierno: pónese real chancillería en Santafé...

Capítulo VI
Fúndanse las religiones de Santo Domingo y San Francisco en el Nuevo Reino...

Capítulo VII
Entra el mariscal Quesada en Santafé: descúbrese el páramo Rico de Pamplona...

Capítulo VIII
Entra Ursua en Muzo y puebla á Tudela: vuelve á Santafé y baja por justicia mayor de Santa Marta...

Capítulo IX
Rompe Ursua el ejército de los taironas en la batalla de los pasos de Rodrigo...

LIBRO XII

Capítulo I
Entra en Santafé el licenciado Juan de Montaño con la visita de la audiencia y residencia de Armendariz...

Capítulo II
Rebélase el Valle de las Lanzas, va Hernando de Salinas al castigo, funda la ciudad de Victoria...

Capítulo III
Prosigue Montaño en su visita; ajusticia á Pedro de Salcedo y á otros...

Capítulo IV
Armendariz baja preso á Cartagena para que allí le residencie Montaño.—el Capitán Avellaneda funda la ciudad de S. Juan de los Llanos...

Capítulo V
El capitan Diego García de Paredes funda la ciudad de Trujillo...

Capítulo VI
Vuelve el mariscal á Santafé con la provisión de nuevos oidores.—el licenciado Tomas López entra en la audiencia...

Capítulo VII
El Capitán Cristóbal Rodríguez Juarez funda la ciudad de Mérida.—Diego García de Paredes reedifica la de Trujillo...

Capítulo VIII
Previénese el Nuevo Reino para resistir al tirano Lope de Aguirre.—compéndiase lo que obró en la jornada del Marañon...

Capítulo IX
Fúndase la ciudad de S. Vigente de Paez.-múdase la de Trujillo. Muere García de Parédes y tratase de todo lo acaecido en las provincias del Nuevo Reino...
CAPITULO IX 
 


DÁSE LA BATALLA, Y CASI VENCIDA POR NEMÉQUENE, MUERE EN ELLA, HERÉDALO THYSQUESUZHA, Y PROSIGUE LA GUERRA.

SEGUIA el Sol su carrera poco antes de rayar el mediodía, y hallándose los Tunjanos no ménos deseosos de venir á las manos que los Bogotaes, bien ordenados de ambas partes lós escuadrones, despues de un corto razonamiento que los dos Reyes hicieron para aumentarles el ánimo que mostraban á la primera asta empezaron á razonar los caracoles pífanos y fotutos, y juntamente la grita y confusion de voces de ambos ejércitos, que  llaman guazabara, y acostumbran siempre al romper de la batalla; cuyo ataque primero corrio por cuenta de Saquezazippa con tanto estrépito y efusion de sangre por aquella muchedumbre de bárbaros derramada, que nadaban las yerbas en arroyos de ella. El primer estrago causaron los pedreros de las dos alas de cada ejército, y entre el restallar de las ondas, y silbar de las saetas, se fueron mezclando las hileras con tanto coraje, que no se malograba tiro ni golpe entre los combatientes. Veíanse los campos sembrados de penachos y medias lunas de sus dueños, á quienes desamparaban en las últimas angustias de la vida. Los desnudos cuerpos en forma de erizos, bermejeaban con la sangre de las heridas, que las volantes tíraderas sembradas en ellos ocasionaron en cuantas partes alcanzó la desdicha de cada uno. Las picas y macanas no reservaron miembro de que estuviese sujeto á una division lamentable. Despedazadas las cabezas con el mortal estrago de las piedras, batallaban muchos más consígo mismos que con sus contrarios. Nunca Marte se mostró más sangriento y zañudo ni la muerte recogió más despojos en las batallas más memorables. El embarazo de los cuerpos difuntos y el ímpetu de los vivos ocasionaba que todos peleasen hasta despues de muertos, aunque desordenados ya muchos tercios con manifiestas señales de que los Bogotaes excedian á los Tunjanos.

El Zipa Neméquene, puesto en ricas andas sembradas de piedras y oro, andaba animando á los suyos con palabras, y aplicándo el esfuerzo donde la necesidad lo pedia. En todas partes sobresalia valiente ó recobrando las tropas acobardadas, ó empeñando más las que se mostraban valerosas. No ménos se ostentaba famoso caudillo el Tunja en otras andas casi tan ricas como las del Zipa, batallando muchas veces entre los peligros de la propia vida, y animando siempre con el ejemplo á su ejército casi perdido. Era el ánsia toda de los dos caudillos encontrarse en la batalla, y la multitud desordenada de los infantes malograba las diligencias de Neméquene para coronar sus victorias y las de Quimuínchatecha para excusar su ruina. Pero en esta confusion para todos y última desgracia que amenazaba al tunja, obró la fortuna lo que siempre en las mayores prosperidades, manifestando el curso mudable de su rueda. De un accidente pendió la mudanza ménos imaginada, porque empeñado el Zipa más de lo que debe la cabeza de quien pende la vida de todo un cuerpo, al tiempo que reconocía el fruto de sus hazañas se hallo herido de una saeta desmandada, que dísparándose acaso le atravesó el cuerpo por el costado derecho, para que el desastre de Acab no quedase vinculado á un solo tirano. Era de natural intrépido y poco temeroso de los peligros, y en el que tenia presente, sin esperar ayuda de otro, se sacó la saeta con sus propias manos; pero reconociendo la herida y dolor intenso que lo apremiaba, vuelto á los soldados de su guarda les dijo: amigos, yo me hallo herido de muerte, haced en mi venganza lo que debeis á buenos y leales vasallos, ninguno desmaye con mi desgracia, que si no me engañan las señales muy  brevemente tendreis en las manos una cumplida victoria.

Más quiso decirles; pero las ansias mortales manifestaron que no podia con la turbación de la lengua. Son los indios, por naturaleza, cobardes; pero si quien los gobierna es valeroso en tanto que los anima, ninguna nacion es más despreciadora de la vida, y solo la muerte poderosa para apartarlos de la contienda; y así apénas percibieron el riesgo del Zipa por el desaliento de la voz, cuando á los primeros ocupó una turbaoíon grande, que pasando á desmayo mortal, se difundió luego por los demas vasallos suyos hasta llegar con las noticias al Tunja, que de solo este accidente podia tener socorro en los términos que se hallaba. Valióse de la ocasion animando sus tercios desbaratados con las noticias que les daba á voces de la muerte del Zipa, y reformándose de nuevo tanto cuanto los enemigos descaecian con el fracaso, sin que bastase el valor de Saquezazipa para detenerlos á cantar la victoria: dió tan repetidas cargas en los Bogotaes, que temerosos de mayor pérdida tomaron en hombros las andas en que estaba su Rey, y se salieron con él de la batalla; con que tuvo lugar el Tunja para dar muestras de victorioso con verse señor del campo, y seguir el alcance, aunque recatadamente, por ver que Saquezazipa con un trozo entero del ejército se iba retrayendo hácia Chocontá, primera ciudad y frontera de los Bogotaes, con muy poca pérdida de su gente un comparacion del considerable destrozo de los Tunjanos. Así se fueron recogiendo las tropas desmandadas en el interin que los que llevaban al Zipa, sin parar punto de noche ni de dia por la remuda que de cargueros hacian por instantes, llegaron á su palacio real de Bogotá, donde ocurrieron luego los Jeques, que son los herbolarios y médicos más famosos que tienen: y habiéndose hecho cuantas diligencias y remedios fueron posibles en su arte, ninguno bastó para que al quinto dia dejase de pagar á la muerte el tributo de que no se privilegian las majestades humanas.

Este fué el término de las fortunas de Neméquene, príncipe verdaderamente grande, que aun entre las sombras de la gentilidad mostró prendas dignas de mayor corona, Siempre sera lastimoso ejemplo su desgracia, pues con ella perdió reino, vida y alma por una eternidad, déjando á los Reyes un desengaño infalible de la poca firmeza en que estriban los acaecimientos más venturosos. Quien lo vió en la cumbre de su grandeza bien creyera que tenia á su disposicion en la mano la rueda de la fortuna; pero no mediaron sino instantes entro la dicha que imaginaba y el precipicio que experimenté. Tantas victorias continuadas dieron señas de una prosperidad infalible, y la mucha priesa de buenos sucesos fué la que se empeño más en arruinarle: fueron de la condicion de los vientos cuando soplan con demasiada, que no aseguran tanto la navegación como el naufragio. Su ambicion desordenada, compañera siempre de las desdichas, Obligó á este príncipe á tomar resoluciones que tarde ó temprano habían de pasar por la pena de temerarias; y cuando imaginasen llegar al puerto de la soberania habían de perderse en los escollos de la inconstancia. Lo más ponderable fué que reinase el dilatado tiempo de veinte y cuatro años quien se empeñó en tantos peligros, teniendo por alcázares de su recreo las campañas de sus contrarios; pero sin duda enseñó que se aseguran más años las vidas de los Reyes en el estruendo de las armas que en el regazo de los palacios.

Muerto, pues, el Zipa Neméquene, se cubrieron todos sus reinos de tristeza y lágrimas, celebradas con endechas y cantos en que referian sus mayores triunfos: enlutóse su corte y á su imitación todos los vasallos, poniéndose mantas coloradas y tiñéndose los cuerpos y los cabellos, con vija, que son las señales fúnebres de su pena acostumbradas en tales casos. El cuerpo se entregó á los Jeques, á quienes únicamente pertenece el entierro, acompañándolo hasta la sepultura, que tienen fabricada secretamente por sus manos en parte tan escondida que ninguno sabe de ella aunque sea el dueño para cuyo entierro se labra; para lo cual se valen de bosques y peñascos y de lugares profundos que cubren con agua encañada de otras partos para este fin de ocultarla, aunque ninguna diligencia de éstas es poderosa para esconderla de la codicia de los españoles. Este sepulcro hacen los Jeques desde el mismo dia que el Zípa ó Cacique entra en  la posesion del Reino ó Estado, y no fuera error imitar la accion los príncipes católicos, como asistiesen á la fábrica ellos mismos (y lo enseñó el más prudente) y entre los horrores de la morada que esperan reconociesen la fragilidad de la vida que gozan. En el que tenian, pues dispuesto para Neméquene le pusieron con todas las ceremonias, ornatos y compañía de criados y mujeres que dijimos acostumbrar en sus entierros, previniéndoles con bebidas en que mezclaron la fruta ó yerba que llaman de la borrachera, para que con la privacion del juicio que causa no sintiesen el bárbaro sacrificio que hacian de ellos enterrándolos vivos.

Concluidas las exéquias y reconociendo el GeneraI Saquezazippa con el Estado de los Uzaques, que á Thysquesuzha, Cacique de Chia, que habia gobernado en ausencia de Neméquene su tío, le pertenecía el reino por sucesion legítima, lo aclamaron luego Zipa y colocaron en su real trono de la corto de Bogotá, precediendo los juramentos y cumplidas las condiciones que por estilo inmemorial de sus mayores observan en semejantes funciones. Pero este no olvidado de la muerte del tío, ni ménos heredero de su reino que de su ambicion, apénas se vió en la cumbre de la majestad cuando propuso la venganza de los agravios recibidos: que por agravios tienen los príncipes soberbios todos los reparos que los ménos poderosos aplican para defenderse de su tiranía. Rallábase con sus tropas casi enteras y no vencidas jamas, circunstancia que sirve de alma inmortal en el menor cuerpo de ejército, y habiendo tomado consejo de sus cabos convocó á Cortes á todos los señores de su reino, mientras Saquezazippa con treinta mil hombres corria la provincia de Sutatenza, perteneciente al reino del Tunja, donde en pocos dias al espanto de sus armas y al riesgo de toda hostilidad, oyeron con respeto el nombre del Zipa las naciones de los Machetaes, Zunubas y Tibiritas, sin que parase su ardimiento hasta bañar sus victorias en las corrientes del Garagoa, miéntras el estruendo de sus guazabaras hacian eco en las esmeraldas del Somondóco; y su Cacique con los más poderosos de la provincia contribuia para el gasto del ejército, tódo lo que bastó para que aplacado el ánimo de Saquezazipa desamparase el pais, llamado de iguales empresas: porque celebradas las Cortes en que se resolvió echar el resto en la conquista de Tunja con ejército de setenta v mil hombres á cargo del mismo General, necesitó éste de ocurrir primero al cástigo de la provincia de Ubaque, que alterada con la mudanza del dominio sacudió el yugo de la sujecion, fiada en que entre los movimientos que á su ejemplo harian otras provincias recien conquistadas, podria ella recobrar su antigua libertad, y más cuando en Thysquesuzba no se reconocian ardimientos para ascender á aquella cumbre de elevada fortuna que á su antecesor condujeron los aciertos del consejo y aceleradas ejecuciones de su espíritu.

Así lo discurrian los rebeldes y así pudieran esperarlo si Saquezazippa, doctrinado en la escuela militar de las guerras pasadas y cabo principal de muchas tropas, no hubiera tantas veces esculpido en su ánimo con el cincel del ejemplo todos aquellos brios, artes y cautelas que observó en Neméquene. Diélo á entender luego con el suceso, dejando allanados aquellos tumultos que levantó la vana presuticion de los Ubaques sobre la débil basa de una sublevacion contingente, con lo cual se presentó victorioso en Cajicá, plaza de armas de los Bogotaes para la guerra de Tunja, donde le esperaba el Zipa, que reforzando sus tropas con más de cuarenta mil hombres conducidos de los Caciques de su Reino y con todo el bagaje preciso para tan numeroso ejército, dió principio con buen orden á su marcha, pues gobernada la vanguardia del Cacique de Guasca, que de rebelde al Guatavita pasó á ser cabo de reputacion entra los Bogotaes con muchas hazañas que ejecutó en servicio de Neméquene; y dejada la retaguardia al cuidado de Quixinimpaba, pariente cercano del Zipa, influia como corazon del cuerpo de la batalla cuantos espíritus y disposiciones necesitaba ha conservacion de tan numeroso concurso de gentes.

No ménos poderoso ejército para oponerle conducia Quimuinchatecha, aunque se hallaba quebrantado de fuerzas con las guerras pasadas, á que ya se inclinaba muy poco su animo, por darse todo á la tiranía  y mal tratamiento de sus vasallos, en que fundaba sus mayores recreos, desde que su crueldad pudo respirar con el desahogo en que se halló desde la muerte de Neméquene. Pero como no le era posible volver la espalda al peligro, valiéndose de diferentes levas de gente extranjera que consiguió de los cantones de Vélez, donde á cualquier príncipe extraño se le permitían por su dinero, y habiéndolas incorporado con las propias, salió de su corto de Tunja para Turmequé, aunque desabrido por la falta de armas auxiliares que le negó el Sogamoso, arrepentido, al parecer, de habérselas dado en la batalla del arroyo de las Vueltas, cuando por la suprema dignidad de su oficio debia atender más á ser árbitro de la paz que parcial de la guerra, como lo manifestó con los efectos, pues compadecido del estrago lamentable que amenazaba aquella tempestad militar, se interpuso tan á tiempo entre los dos Príncipes, que con poco dalle de los territorios de Icabuco y Tibaná y con que el Tunja diese una buena partida da oro al Bogotá, ajustó treguas por veinte lunas, que son casi dos años: con. que serenada aquella tormenta, para que descargase sobre todos la mayor y ménos imaginada, retiraron sus ejércitos á sus paises, ménos veinte mil bogotaes con que Saquezazipa pasó aceleradamente á castigar cierta rebelion de los Caciques de Ebaté y Susa, que fué la última guerra que tuvo el Zipa antes de la entrada de los españoles; y porque la tregua le favorecía para apagar los ardientes deseos en que se abrasaba de ver á Furatena, señora la más poderosa y rica de las provincias confinantes, por ser dueño, como lo era, de las esmeraldas más finas que crian los véneros de Muzo, no para despojarla de ellas ni de sus Estados (pues era igualmente venerada de los dos príncipes del Nuevo Reino), sino para reconocer su grandeza, hermosura y díscreoion en que era la más aplaudida, determinó ir en persona con la comitiva más ostentosa que pudieron ofrecerle su Reino y tesoros exaltados con tan seguido curso de victorias y con los despojos de tantas provincias expugnadas cuando más floridas. En cuyas disposiciones suspensas ya  con algunas noticias participadas de los indios de Vélez lo dejaremos por haber sido aquel tiempo el en que hicieron su entrada los españoles en el Nuevo Reino, de que resultó la ruina de los, Zipas, porque nos llaman los sucesos de su resulta á tomar la corriente de la relacion más cerca de su origen, para más claridad de la historia.

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