NOTICIA
BIOGRÁFICA
|
DEL OBISPO FERNÁNDEZ
PIEDRAHÍTA.
|
Nació este historiador en Santafé de Bogotá á principios del siglo
XVII, fué hijo legítimo de Domingo Hernández de Soto
Piedrahíta y de Catalina Collántes, y bautizado en la
parroquial de las Niéves. Hizo sus estudios en el Colegio Seminario
de San Bartolomé y manifestó, siendo jóven, mucha disposición para
la poesía. Antes de graduarse de doctor en la Universidad
Tomística, compuso algunas comedias que hoy no existen. Ordenóse
luégo y obtuvo por oposición el curato de Fusagasugá y despues el
de Paipa. Siendo cura de este último pueblo, recibió el
nombramiento de Tesorero en el coro de Popayan, y sin haber tomado
posesión de este destino, obtuvo el de Racionero de la
Metropolitana en 1654, pasando sucesiva y rápidamente á ser primero
canónigo, luego Tesorero, Maestrescuela y por último Chantre. En
esta dignidad fué electo Provisor y Gobernador del Arzobispado en
la Sede vacante del señor Tórres, que duró algunos años. Luego que
el Arzobispo, señor Arguina, recibió de sus manos el palio en
Septiembre de 1661, se apresuró á confirmarle en el empleo de su
Provisor, como al eclesiástico más capaz y de más experiencia de la
Arquidiócesis; pero un año después fue Piedrahíta citado á
comparecer personalmente para defenderse, junto con el Racionero D.
Cristóbal Araque, de graves acusaciones que tenian pendientes, ante
el Consejo de Indias.
El motivo de este emplazamiento, sin el cual careceríamos
probablemente de los escritos históricos de Piedrahíta, fué el
siguiente. Era el Chantre hacia ya algunos años el predicador
favorito de la ciudad, y como Gobernador del Arzobispado, llevaba
la mejor armonía con el Presidente Manrique, que gobernaba el Nuevo
Reino de Granada. Llegó en aquellas circunstancias el Oidor
Cornejo, encargado de visitar la Audiencia de Santafé, y parece que
no reinó la mejor inteligencia entre el visitador nuevo y el
Provisor. Sabemos que Cornejo ú otro Oidor, por complacerlo, inició
una causa contra el Provisor Piedrahíta; ignórase el motivo ó
pretexto; mas éste, á pesar de su índole amable y genio jovial y
accesible, era muy celoso de sus prerogativas, que estimó
vulneradas, y en consecuencia pidió lo actuado con censuras y
prosiguió á poner entredicho, hasta que se le entregó la causa, lo
que produjo graves disgustos y aun escándalos en el púlpito, que
obligaron á hacer salir desterrados á algunos religiosos. A virtud
de las quejas del visitador, á quien el Presidente mandó suspender
sus funciones, se emplazó al Provisor para ir á España con el
Racionero Araque y el Padre Cuxía, superior de los Jesuitas. El
Consejo pronunció sentencia favorable al Provisor y ordenó se
borrasen de los autos del Visitador todos los nombres de los
eclesiásticos. El señor Piedrahíta fué presentado en desagravio
para el Obispado de Santa Marta, y empleó sus ocios en la Corte,
durante los dilatados términos del pleito ante el Consejo, en
escribir la "Historia de la Conquista del Nuevo Reino de Granada,
"asunto enteramente ajeno de sus estudios miéntras vivió en Santafé
de Bogotá.
En el año de 1669 fué consagrado en Cartagena como Obispo de
Santa Marta, y en el mismo año entró en su Catedral el señor
Piedrahíta y aceptó en toda su plenitud los deberes de pastor y de
apóstol. Visitó los pueblos de indios incultos de su diócesis con
la mayor prolijidad, proveyendo lo necesario á las doctrinas.
Dedicóse luego á reedificar la Catedral de mampostería para
preservarla de los incendios que la habían devorado tantas veces, y
para ello empleó lo que le quedaba de sus rentas, después de
distribuir en limosnas la mejor parte. Vivía con tanta sencillez y
aun pobreza, que sus vestidos estaban siempre remendados, y aun á
veces tan rotos, que se le veían las carnes. No creemos que Obispo
alguno de América le haya aventajado en la práctica de las virtudes
cristianas, las más difíciles para una persona que había gozado de
todas las comodidades en su patria, y que acababa de ver la
grandeza y el lujo de la Corte en España.
|
[1]
En 1676 fué promovido al Obispado de Panamá; pero ántes de
emprender el viaje de Santa Marta, sorprendieron la ciudad los
piratas Cos y Duncan, saquearon las casas y los templos, y
prendieron al Obispo, en cuya pobreza no querian creer aquellos
malvados, y viendo la desnudez de su casa y persona, le maltrataron
inicuamente, dándole tormento á fin de que confesara en dónde tenia
escondidas sus alhajas. Una sola poseía, que era su anillo
pastoral, con un rubí que había depositado en cierto lugar secreto
de la iglesia; así lo declaró, y de esta joya fué despojado y
arrastrado á los buques, cargado de prisiones como un malhechor,
por no haber podido dar la suma que lo pedian por su rescate.
Conducido á la presencia de Morgan en la isla de Providencia, este
pirata, más generoso que sus compañeros, le puso en libertad, y
sabiendo que estaba nombrado Obispo de Panamá, le restituyó un
pontifical que habia robado años ántes en Panamá, y lo hizo llevar
á Costa firme. Apénas encargado de sus nuevas obligaciones, entró á
desempeñarlas cada dia con más fervor, á pesar de su edad. Trabajó
en la reducción de los indios del Darien del Sur, empleando sus
rentas en hacerles presentes para atraerlos, y gastando más de ocho
mil pesos en ello. Habia crecido tanto su celo apostólico, que no
solo no se contentaba con predicar en las iglesias, sino que los
domingos lo hacia en las calles y en las plazas de Panamá. Así pasó
los últimos años do su vida; los dias enseñando y predicando, las
noches en oración y penitencia. Falleció en Panamá en 1688, de más
de setenta años de edad, justamente cuando se estaba acabando de
dar á la estampa su historia, la cual, por tanto, no tuvo la
satisfaccion de ver impresa. No creemos que puedan citarse muchos
hijos de Bogotá cuya vida fuera tan útil y meritoria, y cuya muerte
haya sido tan envidiable. Está sepultado en el Colegio de los
Jesuitas de Panamá, y sobre su tumba se colocó como lápida una
hermosa plancha de bronce.
|
[2]
JOAQUÍN ACOSTA.
|(Compendio Histórico, cap. XX, pp. 385 á
389.)
|
[1]
|
En prueba de que enmedio de las privaciones que se imponia
voluntariamente no lo abandonaba su buen humor ni su genio festivo,
citaré este dicho agudo después de uno de aquellos incendios que
devastaban la ciudad de Santa Marta, y cuando esforzándose por
consolar á los vecinos añadió: "Yo no me quejo á pesar de que mi
provincia ha quedado reducida, ó se ha vuelto sal y agua."
|
|
[2]
|
Si esta lápida ha desaparecido, será éste un nuevo argumento
para probar que no deben emplearse en recordar y perpetuar memorias
antiguas materias de valor que exciten la codicia ó que puedan
aplicarse á otros fines. ¡Cuántas estatuas de bronce se han
convertido en campanas ó cañones! Los hombres respetan poco las
obras y las intenciones piadosas de sus antepasados.
|