CAPITULO IX
Daños gravísimos
que causan á las Misiones, las Armadas de los Indios Caribes, que
suben de la costa del mar.
Aunque ha sido uso inmemorial de los Caribes hacer los viages ya
referidos, los pinté en el Capítulo pasado como modernos; porque
los daños, que aun prosiguen, se empezáron á renovar en el año de
1733, en que baxando de su ordinaria campaña el Cacique
|Taricúra, el dia 34 de Marzo quemó el Pueblo de nuestra
Señora de los Angeles; y aunque toda la Gente Saliva tuvo la
fortuna de escaparse, ardiéron las casas todas, y la Casa y Capilla
del Padre Misionero. No paró en esto el atrevimiento de los
Caribes: arrimáron muchas hojas de palma seca para que ardiese la
santa Cruz, que estaba enmedio de la plaza; pero por mas que
porfiáron, no quiso Dios que ardiese, y solo quedó la señal del
fuego en lo tiznado del pie de la Cruz, como con ternura vimos
pocos dias despues. Viendo un Caribe, que el fuego natural no
bastaba para destruir la santa Cruz, arrebatado del fuego de su
ira, subió y desclavó el atravesaño de que se formaban los brazos ,
y le arrojó al rio, como nos lo declaró un Saliva, que ocultamente
se introduxo entre la multitud de los Caribes; el qual viéndonos
buscar despues el atravesaño de la Cruz, dixo, que él le havia
visto arrojar al rio. Pusimos otra mayor Cruz en su lugar, cantamos
la letanía de la Santísima Virgen; y luego empezando los Padres y
siguiendo los Soldados, y despues todos los Indios chicos y
grandes, besando la santa Cruz de rodillas, fué vengada de los
agravios, que de los pérfidos Caribes habia recibido. Levantáronse
de nuevo las casas del Pueblo, y en lugar de Capilla, se erigió una
Iglesia capáz y fuerte, para clamar Dios, y para refugio y
seguridad de la chusma en lances semejantes, como real mente los
hubo despues.
La misma noche del dia 31 de Marzo navegáron rio abaxo las 27
piraguas de guerra del Cacique
|Taricúra; y por no distar la
reduccion y Pueblo de San Joseph de
|Otomácos sino cinco
leguas, al amanecer del dia primero de Abril, la acordonáron; pero
al aprestarse para el asalto, fuéron sentidos de los Indios
Otomácos, que tomando las armas, y levantando el grito hasta el
Cielo, como acostumbran, tocáron al arma, y con el auxilio del
Capitan Juan Alfonso del Castillo, y seis Soldados que con él
estaban, y de Don Felix Sardo de Almazán, Español es forzado,
natural de San Clemente de la Mancha, y algunos compañeros, con
quienes habia subido de la Guayana, quienes con valor y arresto
saliéron con sus bocas de fuego resistir el asalto; pudiéron
librarse del arrojo de los Caribes, en cuyas manos, no haber habido
tanta prevencion, hubieramos perecido todos. Los Caribes, que no
saben pelear sino traicion, luego que viéron la resistencia, á boga
arrancada se echáron á medio rio; mas encendido el corage, así de
los Soldados como de los valientes Otomácos, aquellos en tres
barcos, que habia prontos, y estos en mas de veinte
|canóas,
se arrojáron al rio en pos de los Caribes: estos, viendo el valor
de los nuestros y su riesgo, arribáron á la barranca de enfrente, y
con una brevedad increible, arrimáron sus piraguas á la orilla, y
unos hiciéron foso detrás de ellas, teniéndolas por parapeto; otros
al mismo tiempo formáron trinchera de palos, fagina y tierra, con
tanta presteza y arte militar, que causó admiracion, y se conoció,
como despues lo supimos de cierto, que iban con los Caribes algunos
hereges
|embijados y disimulados. Por fin, los nuestros con
falconetes en las proas de los barcos, y mucha fusileria, hiciéron
mucho fuego, pero no pudiéron romper las trincheras, aunque
porfiaron valerosamente en combatir, hasta que la noche les hizo
volver al Pueblo; y sí bien cada rato recibian descargas de los
Caribes, de 50 fusiles, dos esmeriles, y diluvios de flechas
envenenadas, quiso Dios que ninguno muriese de los nuestros, por la
intercesion de San Francisco Xavier, cuya Imágen tuvo enarbolada
todo el dia uno de PP. Misioneros á vista del combate. De los
Caribes, por mas que se amparaban de sus trincheras, fuéron 14 los
muertos y mas de 40 los heridos, como despues nos lo refiriéron
algunos Indios de otras Naciones, que iban forzados del miedo con
ellos; y añadieron que pasaban de 300 los esclavos que llevaban; á
los quales para que no se escapasen durante el combate, tuviéron
amarrados, y cercados de gente armada: noticia, que llevaron
pesadamente los Soldados, por no haber podido librar á tantos
inocentes de su tiránica esclavitud.
Como aun es reciente el dolor, se me fúé la pluma, refiriendo
este trabajo, ántes que otros mucho mas antiguos; pero sirva éste
de muestra ó regla para medir y entender los muchos asaltos,
ardides y estratagemas con que casi siete años continuos han
perseguido los
|Caribes á sangre y fuego, aquellas Misiones y
otras del mismo rio Orinoco, procurando de todos modos desterrar el
nombre de Christiano de sus riberas, quitar ese estorbo á su
tiránica insolencia, y poder cautivar y robar á todo su salvo. El
año siguiente quemáron la Colonia de San Miguél Arcangel del rio
|Bycháda, y abrasáron la Iglesia. Poco despues arrasáron y
destruyéron el Pueblo de la Concepcion de
|Uycpi; de donde se
hubiéron de retirar los RR. PP. Misioneros Observantes
Franciscanos, con su Reverendísimo Comisario Fr. Francisco de las
Llagas, volviendo á sus Misiones de
|Piritu: que es prudencia
no arriesgar la vida, quando no se espera fruto en las almas: y
tambien es consejo de Christo, que quando nos persiguen en un
lugar, pasemos á otro; ya se ve, que no por temor de la muerte,
sino para que la vida se emplee en bien de los próximos, despues
que pase la borrasca, que impide la labor.
Por los años de 1734 y 1735 creció mas la osadía del bárbaro
enemigo, que asaltó y quemó la Colonia de San Joseph de
|Otomácos y la de San Ignacio de Guamos; con pocas muertes de
los catecúmenos, pero con gravísimo daño; porque retirados estos y
los Misioneros á lugar mas seguro, los Caribes taláron las
sementeras, arráncaron los frutos, y quemáron las troxes; golpe el
mas fatal, con que pensó el enemigo desterrar las Misiones de todo
el Orinoco. En este gravísimo aprieto salió el P. Bernardo Rotella
léjos del Orinoco, á comprar provisiones, ácia ciertos parages, sin
reparar en costos ni en trabajos, á fin de que la hambre fuese
menor, y no ahuyentase los Indios catecúmenos; llegó pero despues
de penoso camino, y peor navegacion, tan fatigado como se puede
inferir, sin mas comida, que el pescado que Dios le deparaba; y el
recibimiento que le hizo cierto sugeto, á quien por sus
circunstancias no debo nombrar, fué levantar el grito contra él tan
alto, que se oyó en Caracas, en Santa Fe de Bogotá, y mucho mas
adelante; achacándole que iba con muy diferentes intentos: de modo,
que se vió su crédito obscurecido, y gravemente denigrado, hasta
que executoriada juridicamente en Santa Fe y en Caracas, con
declaraciones de testigos oculares, la inocencia del dicho Padre,
se le dió competente satisfaccion para restaurar su crédito y
estimacion debida. Estos regalos enviadios á sus Ministros, en
medio de sus mayores aprietos; y éste es el verdadero distintivo
|
(a)
segun el Apóstol
San pablo, de los que de veras quieren acompañar y seguir á
Jesus.
Todo hubiera sido llevadero, si se hubiera conseguido el fin de
tan árduo viage; pero no era tempo sino de padecer, y así el buen
Padre ni siquiera halló maiz; porque aquellos hatos y partidos
parece que tienen prisionera la hambre y la pobreza; tanto, que si
movido á compasion un buen vecino, llamado Miguél Angel, no les
hubiera vendido algun poco de cazabe, (es pan formado de raices,)
hubiera vuelto con mayor necesidad y hambre, que la que llevó con
sus compañeros. No obstante todos quedamos gustosos y consolados,
de que el Padre hubiese vuelto con salud, despues de tan árduo é
inútil viage; ni faltó Dios á los suyos, porque entretanto, así los
Padres Misioneros, como los pobres Indios de su cargo, para
mantenerse, hasta coger nuevos frutos, tomáron el arbitrio de
añadir pescadores, y cuidado en la pesca, para que hubiese peces
para vianda, y peces asados y casi tostados, que sirviesen en lugar
de pan: viéndose áqui claramente, que el hombre puede vivir sin pan
|
(b)
.
Persuadidos los Caribes de que habian dado ya el último golpe
para arruinar las Misiones de la Compañía, baxáron furiosos á la
Mision de
|Mamo, que los ya citados RR. PP. Observantes de
|Pititu acababan de fundar, no léjos de la Ciudad de Guaya:
entráron á todo su salvo en el Pueblo, porque toda la gente estaba
oyendo misa, y la primera seña de guerra fué ver arder la Iglesia
finalizó la misa el Rev. y Ven. Padre Fr. Andrés Lo pez (que
siempre habia clamado á Dios recibiese su vida en sacrificio, por
la salvacion de aquellas almas,) quando ya estaba trabada la
batalla en la plaza, y depuestos los ornamentos Sacerdotales,
tomando en la mano un Santo Crucifixo, salió, y empezó á predicar
con esforzado fervor: recibió un balazo en una pierna; mas sin
hacer caso de la herida, prosiguió con mas espíritu, hasta que un
sacrílego Caribe le dió un fiero
|macanazo en la boca,
diciéndole:
|calla, no prediques de valde: cayó del golpe en
el suelo, y ya hablan caido muertos tres Soldados, que tenia de
escoita, y quince de sus Indios: de los Caribes llegaban á treinta
los despedazados; pero corno era mucho mayor el número de estos,
viendo caido á su Pastor, todas las ovejas buscáron seguridad en la
fuga saqueáron los Caribes el Pueblo; y pasando á quitar el santo
hábito al Religioso, le halláron todavía vivo, con el Santo Christo
en sus manos; y sin duda, clamando por la salvacion de aquellos
bárbaros.
Diéronle otro fiero golpe en la cabeza, y colgándole desnudo de
un árbol, ántes que espirase, encendiéron luego debaxo, para acabar
con él; pero su santo cuerpo permaneció libre de la voracidad de
las llamas, habiéndose hallado despues de ocho dias sin lesion
alguna; de manera que hemos de creer de la bondad de Dios que
aceptó el sacrificio de la vida de aquel fervoroso Misionero, y que
su alma purificada en las llamas del divino amor y de los próximos
voló triunfante á lo Cielos. Quiso su Magestad, que no fuese el dia
ántes el asalto sangriento, para que se librasen de él otros tres
Religiosos Misioneros de la misma Orden, que habian venido á
|Mamo á consultar con su venerado compañero negocios
importantes de sus apostólicas Misiones.
Como salió tan favorable á los Caribes este asalto, contentos
con el botin, y gran número de esclavos, enderezáron las proas rio
abaxo, con ánimo de asaltar y destruir el Pueblo de San Antonio de
|Caroní, perteneciente á los Reverendos Padres Capuchinos de
la Provincia de Cataluña; mas una casualidad estorbó este atentado.
Al entrar los Caribes en el rio
|Caroní, en cuya vega está
dicho Pueblo, halláron pescando á dos Indios de él; llamáronlos,
con el fingimiento que acostumbran, y luego que arrimáron la
|canóa a las piraguas, matáron cruelmente al uno de ellos: el
otro que se dió por muerto, se arrojó al rio, y sufriendo el
resuello, nadó por debaxo del agua largo trecho; y como al sacar la
cabeza para resollar, le disparasen varios fusilazos, siguió
nadando, sin sacarla, hasta que salió La vega, y con su aviso se
puso la Gente en arma; con que la Armada Cariba viró la proa ácia
sus Puertos.
Ni por haber referido tanto número de estragos y muertes,
debemos olvidar la muerte, que dos años ántes diéron los Caribes de
|Aquire, caño de Orinoco, no léjos de la costa, al Ilmo. Sr.
D. Nicolás de Labrid. Este tan noble, como docto y fervoroso
Cavallero Francés, Canónigo de Leon, con otros tres émulos de su
espíritu, postrados los pies del Sr. Benedicto XIII, le pidiéron
los emplease en Misiones de Gentiles, en las Regiones que gustase;
y su Beatitud, movido de especial mocion del Espíritu Santo (como
dice en su Bula apostólica, que hoy se guarda en Guayana) los
consagró en Obispos para las quatro partes del Mundo. A la
Occidental, donde corre el grande Orinoco, con Bula especial de
Obispo de él, vino el Ilmo. Labrid; y miéntras se esperaba el pase
de sus Bulas, y
|fiat de su Magestad Católica, el Gobernador
de la Trinidad y Guayana le ofreció su palacio. Agradeció el Obispo
el ofrecimiento, y determinó esperar en la Cayana, territorio de
Franceses, el despacho de sus Bulas, pero despues de embarcado,
impelido de su mismo fervor, mudó de intento y de rumbo, y dió
fondo en el caño de Aquire, donde los Caribes le recibiéron con
buen semblante, para lograr la suya; y á pocos dias quitáron la
vida á dos Capellanes del Obispo; el qual luego se puso de
rodillas, con un Crucifixo en las manos, y del primer macanazo, dió
su espíritu al Criador. Los Caribes se lleváron los sagrados
ornamentos, hiciéron pedazos un Santo Crucifixo de marfil, y una
ara consagrada por el Sr. Benedicto XIII; cuyo nombre se ve gravado
en sus pedazos. El cuerpo de este Ilmo. Obispo está en una lápida
honorífica al lado del evangelio del Altar Mayor de la Iglesia de
San Joseph de Oruña, en la Isla de la Trinidad de Barlovento, y los
cuerpos de sus dos Capellanes al lado de la epístola, en otra
lápida, cada una con su epitafio.
Omito aquí (porque se hallan en la Historia General de la
Provincia y Misiones del nuevo Reyno de Granada, escritos con
superior facundia,) otros repetidos asaltos hechos por los Caribes,
con nuevas industrias, y sagacidad diabólica contra las Misiones de
la Compañía, fomentados con la esperanza, segun lo decian á gritos,
de que como sus mayores en los años de 1684 y 1693 habían muerto á
los Misioneros antiguos del Orinoco; así ellos siendo como eran tan
valientes como sus padres, habian de porfiar y proseguir ahora su
guerra, hasta quitar la vida á todos los Padres Misioneros, y
destruir todos sus Pueblos; pero á pesar del Infierno, las Misiones
destruidas se han reedificado, y cada dia se entablan otras de
nuevo, mostrandose la bondad divina manifiestamente propicia en
esto, y en evitar con rara providencia, muchos lances, que no se
pudieran evitar con industria humana. Sea de su Divina Magestad
toda la gloria.
Ahora, con las especiales providencias, que se ha dignado dar el
católico zelo de nuestro invicto Monarca Felipe V, á quien Dios
prospere, cometiendo sus especiales órdenes é instrucciones á Don
Gregorio Espinosa de los Monteros, Coronél de los Reales Exércitos,
Gobernador y Gapitan General de las Provincias de Cumana y la
Guayana, Gefe de la reputacion, destreza militar y valor, que sabe
España, tenemos fixa esperanza, de que amanecerá la tranquilidad en
el Orinoco, y con ella los progresos en la cultura espiritual de
aquellos retirados Gentiles, y la feliz resulta de copiosos frutos
para el Cielo.
|
(a)
|
Qui pie vivere volunt, in Christo Jesu persecutionem patientur.
Ad Timoth. 3. vers. II.
|
|
(b)
|
Matth. 4. vers. 4. Non ex solo pane vivit homo.
|