CAPITULO VII
¿Porque de las
Naciones del Orinoco (aunque en si muchas) se reduce cada una á tan
corto número de gente?
Puso Dios el Mundo á vista de los hombres, y lo entregó en manos
de sus disputas, discursos y averiguaciones. ¿Y para qué? Parece
que el fin que tendria su Magestad, seria para que el hombre, con
su industria y estudio, consiguiese una noticia de las verdades
naturales, que resultan de la variedad de los mixtos, de las
propiedades de los animales, y de las virtudes de las yerbas; y
adquiriese una cierta ciencia de las Provincias y Naciones, de que
se compone el Orbe de la tierra:
|Mundum tradidit Deus
disputationi eorurm
|
(a)
: ocupacion muy loable y digna de la
atencion, aplicacion y estudio de los mas insignes Héroes en los
siglos pasados, á que dan realce los del presente. Mas veis aquí,
que no fué ésta la intencion, ni el el fin total, que tuvo la
inexcrutable providencia del Criador, sino el que expresa el divino
Texto:
|ut non inveniat homo opus, quod operatus est Deus ab
initio usque ad finem: para que ninguno de los mortales se
alabe de que averiguó, halló y supo los arcanos secretos de la
maravillosa máquina de este Mundo, ni pueda á punto fixo encontrar,
por mas que las inquiera, las virtudes intrínsecas de las causas,
ni la hermosa variedad de sus efectos: no solo en órden á la
fabrica de la tierra en general;
|opus, quod operatus est
Deus; pero ni aun de sus menores partes, de que Dios la formó y
ordenó, desde la primera, hasta la última:
|ab initio, usque ad
finem. Y para que nadie piense, que en esta locucion absoluta
de Dios, tal vez no se comprehenderá la noticia geográfica de las
Regiones de la tierra, ni las varias calidades de sus habitadores,
por estar ya casi descubierta aquella, y casi conocidos estos;
advierte la Sagrada Escritura, que ni aun al recinto de sus
descendientes era factible se extendiese la perspicáz vista, y alta
comprehension del Patriarca Abrahán
|
(b)
. Es ciertos que Dios quiere que
investiguemos las obras de su poder; pero quiere que sea con
reverencia y humildad:
|non plus
|sapere, quam oportet
sapere, &c.
|
(c)
. Gran rayo de luz es éste, si quisieran
abrir los ojos para recibirle aquellos vivos ingenios, que
temerariamente soberbios, abandonando el oráculo infalible del
Vaticano, pretenden exáltarse sobre el Monte del Testamento Santo;
y haciéndose intérpretes de aquellos profundos arcanos, que no
entienden, caen por último precipitados al abismo, arrastrando
consigo gran número de Estrellas, que hubieran adornado el Cielo de
nuestra Santa lglesia Católica Romana
|
(d)
; quando al mismo tiempo no me sabrán
decir, en qué consiste la virtud nutritiva de una hormiga; ni en
qué se radica aquel afán económico y regular, con que se gobierna
un hormiguero.
Pero volviendo á nuestro propósito, no prohibió Dios á los
hombres el que trabajen en esta seria y curiosa averiguacion de las
cosas naturales ; ántes bien liberal y graciosamente, no solo nos
dió la facultad, sí que tambien nos entregó su Magestad enteramente
|tradidit Deus todo el Orbe terraqüeo, para que averiguando
en lo factible sus naturales secretos, alabemos al Criador de todó,
por aquellas noticias que alcanzamos, y venerémos su infinito poder
y sabiduría, por aquello mismo que no percibimos; y confesando
nuestra ignorancia, nos humillemos.
Bien sé yo, que ni á la dificultad propuesta en este Capítulo,
ni á otras semejantes, puedo dar cabal satisfaccion, ni adequada
respuesta; pero sé que ocuparé honestamente el tiempo en discurrir
é investigar las causas, que prudentemente nos quiten ó minoren la
novedad y admiracion que me asistes y que he reconocido en otras
personas, al ver tanta multitud de Naciones de Indios en el Orinoco
y sus vertientes, formadas de tan corto número de individuos, cada
una considerada de por sí; que el Pais, que á vista de tantas
Naciones parece corto, á vista de la cortedad del gentío de cada
Nacion, parece, y está mal poblado.
De aquí se excita la curiosidad ó la admiracion, y el deseo de
saber ¿cómo, ó porqué ha resultado una Nacion aparte, con modales y
usos, con caras y lenguages diferentes, de un corto número de
Indios, quando acá vemos todo lo contrario, y aun en las Américas
se reconocen Naciones de largo y numeroso gentío; v. gr. los
|Mexicanos, los
|Trascaltecas, y los
|Otomitas en
la Septentrional; los
|Ingas y los
|Guaranis en la
Meridional; y en mi Provincia, por todo el terreno frio, los
|Muyscas? ¿Qué contratiempo, qué borrasca, ó qué infortunio
padeció aquella colmena del Orinoco? (y lo mismo digo de
|Filipinas, de Californias , de Maynas en Marañón
&c.) ¿Qué cosa, ó qué casualidad dividió, separó y desvió
tanto sus enxambres, que ninguno se parece al otro? ¿Qué
hormigueros son estos? ¿De dónde tanta diminucion?
Y para que se vea práctica y claramente esta dificultad, y con
quanta razon causa admiracion, individuaré algunas Naciones, para
que por ellas se infiera el gentío de otras. La Nacion
|Cacatía, Christiana ya, no pasó de mil almas, y por lo que
despues diré, hoy no pasa de quinientas. La Nacion
|Achagua,
parte convertida ya, y parte próxima á convenirse, (en que
actualmente se trabaja,) no llega toda junta á tres mil almas. Las
Naciones
|Jirara y
|Betoya, que en su gentilidad eran
un agregado de varias Naciones, hoy forman tres Colonias , que no
pasan de tres mil almas. Lo mismo digo de la Nacion
|Saliva,
en que al presente se trabaja, imán y embeleso de los Misioneros,
por su singular docilidad, no pasará de quatro mil almas. Otras hay
de mayor gentío, como la
|Cariba, que puede poner por tierra
ó por mar, doce mil Indios en campaña. La que ocupa parte del rio
Orinoco, y mezclada con Indios
|Aruacas, puebla la Costa
marítima de Barlovento, hasta la
|Cayána, fundacion del Rey
Christianísimo, en donde de esta inhumana Nacion, tienen formadas
Misiones muy lucidas los Padres Jesuitas Franceses, venciendo la
caridad y humanidad de aquellos Varones Apostólicos, lo agreste y
carnicero del genio Caribe, hasta reducirlos á mansas ovejas del
Rebaño de Christo.
La Nacion
|Caverre, aun mas carnicera, brutal é inhumana
que la
|Cariba, poblada en el Orinoco á quatrocientas leguas
de sus bocas, es tambien numerosa, y tanto, que hace frente á las
invasiones de los Caribes, que suben, ya con ochenta, ya con cien
|piraguas de guerra, á invadir á los
|Caverres, como
despues diré, y hasta hoy siempre han llevado los
|Caribes el
peor partido: de que se infiere el valor, y el numeroso gentío
|Caverre. Fuera de estas dos Naciones, las restantes que se
han descubierto son de tan corto gentío, como apunté ya, y algunas
de tanto menor, que apénas se pudiera creer, á no
experimentarlo.
Vamos pues á ver en qué puede consistir esta cortedad de gentío,
y esta
|variedad de Naciones tan diversas entre sí. Y sea el
primer declarante el Cacique ó Régulo de la Nacion
|Guayquiri. Llegué repentinamente con mis cornpa la primera
vez á su Pueblo, mal formado de chozas pagizas, á dos ó tres leguas
del Orinoco, á la banda del Sur, y salió aquel con toda su gente,
asustados unos, y otros de la novedad: ellos, de ver Misioneros en
su tierra, y nosotros, de ver una sombra de República compuesta de
cinquenta hombres; que es el número de súbditos que tiene el tal
Cacique. Entramos en su triste casa, que pudiera servir de exemplar
á los mas penitentes Monges de la Thebayda. No tenia mas ajuar, que
las pobres redes en que duermen en alto para librarse de las
culebras y murciélagos, y unos asientos de palo sólido y tosco, que
llaman en su lengua
|Tures. Tomamos asiento, y no hubo aquí
|Mirray, como usan otras Naciones, esto es arenga de
bienvenida, de que ya hablé en otro lugar. La primera cosa que me
dixo el Cacique, no bien recobrado del susto, fué ésta:
|Padre,
si traes algo que comer, nos desayunarémos todos, porque no hay en
todo el Pueblo cosa que llevar á la boca. En éste y en otros
semejantes Pueblos quisiera yo que estuviesen, siquiera un mes,
aquellos críticos especulativos, que intentan macular con sus
plumas, bien que en vano, las apostólicas taréas, que la Compañía
de Jesus, mi madre, fomenta en las Américas, y en las otras tres
partes del Mundo, pintándolas, no segun ellas son, sino segun la
tintura de sus pasiones, en que mojan la pluma: pero vamos al
hecho. Quiso Dios, que un Indio catecúmeno de nuestra comitiva,
traxese un canasto de huevos de tortuga, tostados al uso de la
tierra: con ellos se consoló el Cacique, y combidó á sus vasallos,
aunque les tocó poca racion.
Concluido el almuerzo, aturdido yo, no de su pobreza, que es
general en toda aquellas gentes, sino de que solo tuviese cinquenta
peones, contando entre ellos á los viejos y á los inválidos, le
dixe :
|Cacique, ¿cómo tienes tan poca gente? ¿No hay de tu
Nacíon, y de tu lengua otros Pueblos, fuera de éste?
Respoadióme en lengua Cariba con este laconismo, que pudiera servir
de epitafio á la Nacion Guayquiri:
|Cuaca Patri, ana rote, Cariná
acusinimbo; que al pie de la letra fué decir:
|No somos mas,
Padre, y los que vivimos somos los que han querido los Caribes.
Proseguí la conversacion, y en ella me contó el Régulo, como su
Nacion habia sido de las numerosas y guerreras; que habia mantenido
guerra largos años con la Nacion Caribe; y que prevaleciendo ésta,
mató, destrozó y llevó esclavos quantos quiso; que si ellos se
mantenian vivos, era porque los
|Caribes lo querian así; no
por piedad, sino para tratarlós como á esclavos, talándoles sus
sementeras, y tomando sus frutos, así á la ida, como á la vuelta de
sus continuas navegaciones del Orinoco: y veis aquí una causa muy
principal del corto gentío, que contiene cada una de aquellas
muchas Naciones del Orinoco; porque este estrago le han padecido
tambien las demás Naciones, unas mas, otras ménos, á excepcion de
la Nacion
|Caberre, que como apunté ya, no se ha dexado
dominar de los Caribes. Esta es la causa extrínseca, y digámos lo
así, forastera, de la ruina de casi todas las Naciones de este gran
rio.
Hay otras dos causas mas sensibles, por ser domésticas, y no
ménos inhumanas. La primera es el freqüente y cruel uso de darse
veneno los de la misma Nacion unos á otros, por causas muy leves;
de manera que todos viven en un continuo sobre salto y temor de que
les den veneno, originado no sin razon, de las continuas desgracias
que ven entre ellos. Si la india no quiere consentir en él
adulterio, tarde ó temprano morirá á violencias del veneno, que
infaliblemente le dará el galán que la solicitó. Soy testigo de
vista, y no sin lágrimas he celebrado, y admirarán quantos leyeren
esto, que entre aquella barbarie se hallen mugeres, que solo
instruidas de la ley natural, elijan ántes una muerte envenenada,
que hacer in juria á su consorte; quando al contrario, hallamos
tanto que llorar en esta materia, entre el feo desahogo de muchas
que protesan la ley santa de Dios. Qué responderán éstas en el
divino y riguroso Tribunal, quando para juzgarlas les ponga Dios
delante una moza, de veinte y dos años de edad, criada en lo mas
inculto de las selvas de
|Urú, y del Gentilismo, llamada
|Tajalú, la qual hizo mas aprecio de su honestidad, que de su
propia vida, pues la rindió á violencias del tósigo, que
ocultamente le dió el inhumano y ciego enamorado? Llamóse Xaviera
en el bautismo, y entregó su alma al Criador por tan loable causa,
adornándola, al despedirse de su cuerpo, con serias protestas, de
que
|perdonaba al ciego malhechor. ¡O feliz alma, y á quántas
has de confundir con tu exemplo en el dia tremendo del Juicio! No
se tenga por digresion un exemplo tan del caso, y de tanta
edificacion.
Esta mutua carniceria, en la mayor parte se minora, y en muchos
Pueblos enteramente se acaba despues de recibir nuestra santa Fe,
pero no entre los ciegos Gentiles, porque luego que muere uno de
veneno, cuyas señas infalibles son, en unos el secarse y morir con
sola la piel sobre los huesos; en otros el morir dentro de breves
dias, rajándoseles las carnes, con lastimoso horror; y en otros el
acabar la vida echando raudales de sangre por la boca y narices,
segun la malignidad de los venenos; al pasar el entierro, ó ya la
tienen, ó rastrean noticia del matador los parientes del difunto; y
despues de habida, sea probable, sea cierta, disimulan con singular
esmero y habilidad, hasta asegurar el lance, dando veneno al
matador, con La mayor cautela. De esta manera se eslabona una
cadena, y aun muchas, de muertes, con que ellos mismos se
destruyen, sin necesitar de enemigos externos, que los persigan,
aunque rara ó ninguna Nacion de aquellas se hallará, que no los
tenga , como despues diré.
La segunda causa doméstica de su ruina es tan doméstica,
increible é inhumana, que no la puedo escribir, sin irritarme
contra el enemigo comun del Género Humano, de quien únicamente
tiene orígen una inhumanidad, que no se halla entre las fieras mas
sangrientas. Este es un vicio, que segun lo que he experimentado en
mis Misiones, leido, y oido contar de otras, es plaga muy general
entre el Gentilismo de las Americas; y tal, que cuesta muchos
afanes y pesadumbres á los Misioneros el desarraygarle
enteramente.
Quién creyera que aquella misma India, que por nueve meses carga
en sus entrañas la criatura con tanto cuidado, ella misma, trocando
la ternura de madre en una saña de lobo carnicero, (poco dixe,
porque la loba no usa tal crueldad con sus hijos, ántes expone su
vida por defenderlos,) la misma India digo, que con tantos dolores
da á luz la criatura, si la que nace es hembra, muda el oficio de
madre en el de verdugo cruel, quitan do la vida á su misma hija con
sus propias manos? Pues ello es así, y las niñas que escapan de
este naufragio sangriento, lo deben, ya á los ruegos, ya á las
amenazas, ya tambien á los azotes, con que los maridos castigan á
sus mugeres, para defenderlas; pero esto no bastára, si la
providencia del Criador no hubiera dispuesto, que en dándoles dos ó
tres veces el pecho á sus hijitas, les cobran tal amor verdadero,
que vence y sobre puja aquel falso amor con que les procuran, al
tiempo de nacer, la muerte. Esta crueldad practican con gran
disimulo, rompiéndoles la nuca, apretándoles de recio la tabla del
pecho, ó cortándoles tan á raiz el ombligo, que no se pueda atar, y
acaben desangradas. De esta depravada intencion, nace en su
gentilidad, el que luego que siente los primeros dolores la India,
se va con disimulo á la vega del rio ó arroyo mas cercano, para
lograr á sus solas e1 lance: si sale á luz varon, se lava, y le
láva lindamente, y muy alegre; y sin otra convalecencia ni
sahumerio, salió con bien de su parto; pero si sale hembra, le
quiebra el pescuezo, ó sin hacerle daño, como ellas dicen, la
entierra viva: luego se Java, y vuelve á su casa, como si nada
hubiera sucedidó.
Aunque el parto sea en casa, delante del mando y de la
parentela, si la criatura sale con algun defecto, ó con alguna
monstruosidad, v. gr. con una mano ó pie ménos, ó con el labio
rajado, como suele suceder; en tales casos, sea hembra, ó sea
varen, nadie se opone, ántes bien todos consienten en que muera
luego, y así se executa; y si la muger da á luz dos criaturas, es
indefectible el que uno de los mellizos ha de ser luego al punto
enterrado á instancias ó por mano de su misma madre. Múchos casos
pudiera contar de estos; pero no quiero ensangrentar mi pluma, con
enfado mio, y tal vez con enojo y horror de los que leyeren; que no
es lo, mismo oir un desatino en general, que irlo registrando en
casos particulares. Pero no puedo omitir en honor de la Santísima
Vírgen MARÍA, lo que por su intercesion sucedió en uno de estos
lances. Supo un Padre Misionero, que quatro horas ántes habia
enterrado una India á su hija; imploró la proteccion de la Vírgen;
fué vo1ando y al empezar á sacar tierra de la sepultura, sacó la
criatura la mano, como si hiciera señas para que mas apriesa la
socorriesen: sacaronla viva, no sin admiracion; bautizóla el Padre,
con el consuelo que se dexa entender; llamóse María del milagro, y
hoy vive en la Mision de San Miguél, y tiene unos diez años de
edad.
De aqui nace, que despues que los Misioneros han entablado
amistad con una Nacion nuevamente descubierta; despues que á fuerza
de dádivas y razones los amansan, y les buscan sitio á propósito
para el Pueblo, porque ellos, por lo regular, viven dispersos,
aunque sean de una misma Nacion; despues de buscar herramientas
para la labor de sus casas y sementeras; despues de esto, que todo
es llevadero, el mayor cuidado del Padre Misionero, es tener lista
de las mugeres preñadas, y poner toda atencion en que no vayan al
rio, ni á sus sementeras en el mes del parto, señalando para esto
espías ocultas; pero á pesar de tódas sus diligencias, ya le viene
el aviso, que Fulana enterró á su hija, y despues que Zutana
&c.: y como la primera ganancia fixa de los Misioneros
esrtriva á los principios en el logro de los párvulos, de los
quales á unos lleva Dios al Cielo, media te el Santo Bautismo, á
otros les dexa, para que bien enseñados, vaya adelante la
Christiandad; no es creible ni ponderable el dolor que les causá la
pérdida de aquellos pobres inocentes, a quienes La barbaridad de
sus padres, con la vida temporal, quita la eterna.
No por eso quiero decir, que sea coman en todas las mugeres
gentiles esta crueldad; muchas hay que crian con el mismo cariño á
las hijas que á los hijos; pero no tantas, que basten á disminuir
et horror que causan otras con su diabólico estilo, tal, que como
dixe, es causa muy considerable del poco aumento del gentío; la
qual, junta con el uso de dar veneno, y la freqüencia de las
guerras, tengo por causas proporcionadas, para que aquellas
Naciones no sean, ni puedan ser numerosas, durante su gentílica
barbaridad.
Fuera de estas tres causas tan poderosas, hay otras que
concurren á la diminucion de los Gentiles; á saber: la ninguna
piedad que tienen con sus enfermos; la voracidad con que comen
quando hallan ocasion; la lesnudez y desabrigo; el arrojarse al rio
á lavarse, aunque estén sudando; y otros usos, todos contra su
salud: de modo, que la luz Evangélica, no solo les acarrea la vida
eterna, sino tambien la temporal, desterrando guerras y venenos, y
atajando la crueldad de las madres, que es lástima darles tal
nombre, siendo como son tan crueles. Si
|Mr. Noblot
|
(e)
hubiera tenido presentes
estas ventajas, que son realmente grandes para el aumento y
cómodidad de los Americanos, no se lamentára tanto, siguiendo el
exemplo de otrós muchos; ni ponderára la crueldad que se idea de
los Españoles para con los Indios; pero vemos al caso.
|No hay tal, no somos crueles, sino muy amantes de nuestras
hijas, responden las madres, al afearles la dureza de su tirano
corazon, y por eso dixe arriba, que esta crueldad, por instigacion
del Demonio,
|es hija del falso amor á sus hijas; se
persuaden, que el mayor bien que pueden hacerles, es sepultarlas
entre las sombras de la muerte, al mismo tiempo que se asoman á la
primera luz.
Y es una prueba nada equívoca de ello, la res. puesta que me dió
una India, la mas capáz de una de aquellas Colonias: parió una
niña, y á instancias de una vieja taimada, le cortó el ombligo tan
á raiz de las carnes, que murió luego desangra da: pasado un mes,
tuve noticia cierta del hecho: hícele cargo de su inhumanidad, con
toda la viveza, energía y nervio de razones que pude, por largo
rato. Escuchóme la India, sin levantar los ojos del suelo; y quando
yo pensé que ya estaba del todo convencida y arrepentida, me dixo:
,,Padre, si no te enojas, te diré la que hay en mi corazon. No me
enojaré; bien puedes hablar, la dixe: entónces ella me habló así:
(es literal traduccion de la lengua Betóya al Castellano,) Oxalá,
mi Padre, oxalá, quando mi madre me parió, me hubiera querido bien,
y me hubiera tenido lástima, librándome de tantos trabajos, como
hasta hoy he padecido, y habré de padecer hasta morir: si mi madre
me hubiera enterrado luego que nací, hubiera muerto; pero no
hubiera sentido la muerte, y con ello me hubiera librado de la
muerte que vendrá, y me hubiera escapado de tantos trabajos, tan
amargos como la muerte: ¿y quién sabe quantos otros sufriré ántes
de morir Tú, Padre, piensa bien los trabajos que padece una pobre
India entre estos Indios: ellos van con nosotras á la labranza, con
su arco y flechas en la mano, y no mas; nosotras vamos con un
canasto de trastos á la espalda, un muchacho al pecho, y otro sobre
el canasto: ellos se van á flechar, un páxaro ó un pez, y nosotras
cavamos y reventamos en la sementera: ellos á la tarde vuelven á
casa sin carga alguna; y nosotras, á mas de la carga de nuestros
hijos, llevamos las raices para comer, y el maíz para hacer su
bebida: ellos, en llegando á casa, se van á conversar con sus
amigos, y nosotras á buscar leña, traer agua, y hacerles la cena:
en cenando, ellos, se echan á dormir, mas nosotras casi toda la
noche estamos moliendo el maiz para hacerles su
|chicha: ¿y
en qué pára este nuestro desvelo? Beben la
|chicha, se
emborrachan, y ya sin juicio, nos dan de palos, nos cogen de los
cabellos, nos arrastran y pisan. ¡Ah, mi Padre! oxalá que mi madre
me hubiera enterrado luego que me parió. Tu bien sabes, que nos
quexamos con razon, pues todo lo que he dicho, lo ves cada día;
pero nuestra mayor pena no la puedes saber, porque no la puedes
padecer. ¿Sabes, Padre, la muerte que es, ver que la pobre India
sirve al marido como esclava, en el campo, sudando, y en casa sin
dormir; y al cabo de veinte años toma otra muger muchacha, sin
juicio? A ésta la quiere, y aunque pegue y castigue á nuestros
hijos, no podemos hablar, porque ya no hace caso de nosotras, ni
nos quiere: una muchacha nos ha de mandar, y tratar como á sus
criadas, y si hablamos, con el palo nos hacen callar: ¡cómo se
sufre todo esto! No puede la India hacer mayor bien á la hija que
pare, que librarla de estos trabajos , sacarla de esta esclavitud,
peor que la muerte: oxalá, vuelvo á decir, Padre mio, que mi madre
me hubiera hecho experimentar su cariño, enterrándome luego que
nací: no tuviera ahora mi corazon tanto que sentir, ni mis ojos,
tanto que llorar.,,
Aquí las lágrimas cortáron su razonamiento; y lo peor del caso
es, que todo quanto alegó, y mucho mas que hubiera alegado, si su
dolor se lo hubiera permitido, todo es verdad. Tengo por cierto,
que no hay en el Mundo mugeres mas desdichadas, que las Indias
Gentiles, y al paso que no hay trabajo personal, que se pueda
comparar con el suyo, tampoco hay trabajo tan mal pagado, ni tan
mal agradecido. Por otra parte hemos de suponer, que están faltas
de fe, no tienen luz de la eternidad, no tienen ojos, sino para ver
su desventurada suerte y el remo á que nacen condenadas. A esto se
añade la industria del Demonio, que les pinta la esclavitud para
que nacen, con tales colores, que, como vemos, se persuaden que es
verdadero amor el de la madre, que entierra á su hija luego que
nace: persuasion tan arraygada en ellas, que pasa de generacion en
generacion, y cuesta mucha fatiga el arrancarla de sus corazones:
ni hay otro remedio, que aplicarse de veras á la enseñanza de
nuestra Santa Fe; pues quando ya perciben que hay otra vida eterna
de gloria ó de pena, al paso que la enseñanza amansa, y muda el
genio y costumbres de sus maridos, al mismo paso ellas mudan de
parecer, y deponen su bárbaro dictámen.
Vuelvo á decir, que no es comun en todas aquellas Naciones esta
crueldad; y aunque es vicio dominante en ellas, se exceptuan pero
muchas familias, en especial aquellas en que los maridos se por tan
bien con sus mugeres: de que se colige, que la crueldad de las
madres para con sus h nace de la que los maridos usan con sus
mugeres; y como ésta cesa con la luz de la doctrina christiana,
entendida ésta, cesa tambien en aquellas la crueldad, y se
convierte en amor. Esta bárbara costumbre, tan envejecida entre
aquellas Naciones parece que llega al último término de la
inhumanidad; pero es todavía mayor la crueldad, es mas horroroso el
espectáculo que nos ofrece la barbarie en el grande Imperio de la
China: espectaculo verdaderamente lastimoso: inhumanidad que por lo
mismo de hallarse entre gentes de cultura, gobierno y economía, es
tanto mas abominable. Es el caso, que despues de haberse tratado y
reflexiona do mucho en sus Consejos, se expidió un Decreto por la
via de gobierno en la China, con que se mandó, que por las mañanas
saliesen carros, dando vueltas por las calles de
|Pequin, que
es su Corte, y de las demás Ciudades principales, para recoger las
criaturas vivas
|
(f)
,
que echaban á la calle los vecinos, y llevarlas al carnero, que son
unas profundidades donde impia y cruelmente las arrojan. Este
Decreto está en su observancia: pasan los carros, y los vecinos
arrojan á ellos las criaturas defectuosas, desvalidas y enfermizas.
El niño ciego, el coxo, el manco, todos se echan al carro; basta
que sea tuerto, ó que tenga el labio rajado, ó algun defecto
semejante para sufrir igual suerte; y ni aun es menester que tengan
defectos; pues el Oficial que solo puede mantener dos ó tres hijos,
todos los demás que pare su muger, los echa al carro. Juzgan los
Chinos impia y necia mente, que es
|acto de piedad privar á
sus hijos de una vida, que ha de ser miserable, ó por la pobreza, ó
por ser ciegos, mancos &c. Y si esto pasa entre gente
realmente capáz: ¿qué mucho, que los Bárbaros incultos, de que
hablé arriba, hagan cosa semejante? Aborreció Dios á los Cananéos y
Jebuseos, porque sacrificaban á muchos de sus párvulos á los idolos
|
(g)
; y por este tan
exécrable delito mandó á Moysés y á Josué, que destruyesen tan
inhumanas Gentes
|
(h)
;
de manera, que por no haberlas destruido enteramente, como Dios se
lo habia mandado, sucedió con el tiempo, lo que su Magestad tiró á
evitar; y fué, que los mismos de su Pueblo escogido, por su mal e
incurriéron en la idolatría
|
(i)
, y en el uso bárbaro de sacrificar sus
tiernos infantes: fealdad, que con la dispersion de las diez
Tribus, primero inficionó á este Mundo antiguo; tanto, quanto se
puede ver en Torquemada, Aldrete y otros muchos; y des pues pasó al
nuevo Mundo, como consta de los inhumanos sacrificios, que usaron
los En Ingas y Motezumas en el Perú y Nueva Tal es la ceguedad del
hombre, si no tiene luz del cielo; y tal la ira con que el Demonio,
si pudiera, destruyera al Género Humano.
Pero volvamos á los carros llenos de inocentes condenados á
muerte, que todos los dias, en el Imperio de la China, van al
carnero, y verémos que á mas de otros innumerables, que en los
Lugares cortos arrojan á los rios, es en Pequin tanta la multitud
de ellos, que los Misioneros de la Compañía de Jesus han tomado á
su cargo el bautizarles, y para conseguirlo, á su hora van á las
puertas por donde salen dichos carros, les siguen hasta las hoyas ó
sepulturas, y allí van bautizando los niños, en tanto número, que
hay Misionero, que en solo un año bautiza
|quatro mil de
ellos, que ya les toca el renombre de felices párvulos.
Y es tal la lástima que da aquella continua perdicion de niños,
que hasta los Moros Mercaderes, con ser tan bárbaros, tienen
compasion, y compran á poco precio muchos de ellos, para criarlos
en la fea secta de Mahoma. Los Padres Misioneros Franceses de la
Compañía de Jesus, en medio de la estrechéz y pobreza con que se
mantienen en
|Cantón, Puerto de la
|China, llevados de
su zelo santo, y ardiente caridad, han erigido una Casa, en donde
recogen, sustentan y enseñan algunas de aquellas criaturas, que sus
mismos padres naturales abandonan, por no poderlas mantener. Oxalá
Dios nuestro Señor quiera dar grandes progresos á tan piadosa
fábrica y á otras semejantes. ¡Oh, y si su Magestad moviera algunos
piadosos corazones en la Europa y en las Américas, para poner
fincas, de cuyos réditos se rescatasen muchos de aquellos
inocentes, de los quales con facilidad se formasen Pueblos en las
Filipinas! ¿Qué obra de mayor caridad, que ésta, se podrá imaginar?
Quiéralo su Divina Magestad.
Dixe al principio de este Capítulo, que despues de investigar
las causas del corto ni de gente de que se compone tanta variedad
de Naciones, no aseguraba una entera satisfaccion á la duda; y es
así; porque sí bien es verdad, que las tres causas que llevo
referidas de guerras, venenos y entierros de párvulos, y las que
como ménos principales insinué, son basta para que no se aumente, y
tambien para que vaya á menos el numero de aquellas Gentes; con
todo queda en pie la armonía, que hace el ver tantas Naciones,
(tales quales ellas son,) tan reducidas á tan corta distancia unas
de otras, y con tanta diversidad de lenguas, usos y costumbres. Ni
todo lo que llevo dicho abre camino para saber la raiz de tan
notable mútua separacion: es muy factible que en tiempos pasados
todas fuesen Naciones numerosas; pero no hay mas que venerar
rendidamente la sábia y oculta providencia del Altísimo; y
humillarnos al considerar, que con tener á la vista muchas de sus
obras patentes
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(j)
, es
tanta la peque de nuestro alcance, que no las entendemos
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(k)
; y así pasemos á buscar la
raiz de otras mas fáciles de percibir, no ménos curiosas, y en gran
parte útiles.
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(a)
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Eccles.cap. 30. vers.
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(b)
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Exod. cap. 32. vers. 3. Genes. cap.
15. vers. 5.
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(c)
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Ap. ad Rom. cap. 12. vers. 3.
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(d)
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Lib. Sap. cap. 9. v.16 Difficilé astimamus, que in terra sunt:
&c que in prespeciu sunt invenimus cum labore. ¿Que autem
in Celis sunt quis investigabit?
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(e)
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Tom. 5. de la Historia Universal.
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(f)
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Cartas edificantes del P. Dualde. Padres Procuradores de
Filipinas.
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(g)
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4. Reg. cap. 17. &c Psalm. 105.
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(h)
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Mr. Salmon, tom. I. Histor. Chin. cap. 8. pag. mihi 202.
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(i)
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El mismo Salmon, tomo I. Cap. 9. pag. 205.
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(j)
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Ecclesiastes, cap. 3. vers. II. Ut non inveniat homo opus, quod
operatus est Deus.
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(k)
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Eccl. cap. 4. vers. 30. Et de mendacio ineruditions tud
conjundere.
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