INDICE




Introducción
Si entre aquellos bárbaros se halla alguna noticia de Díos?
Singular piedad y especial providencia de Dios, que resplandece en bautismos al parecer casuales de indios ancianos, indias y párvulos
Si aquellas naciones tienen idolatría? Si tienen noticia del demonio, y se valen de el, ó no?
Variedad de lenguas de aquellos indios: búscase su origen por la mejor conjetura
Investigase el origen de las lenguas vivas, ó matrices de aquellos países
De las primeras gentes que pasaron á la América, y el modo
¿Porque de las naciones del Orinoco (aunque en si muchas) se reduce cada una á tan corto número de gente?
Motivos de sus guerras
Daños gravísimos que causan á las misiones, las armadas de los indios Caribes, que suben de la costa del mar
Gefes militares de aquellas naciones: mérito y ceremonias, que preceden á sus grados
Variedad de armas de estas naciones: destreza en manejarlas, su fábrica , y el tambor raro, con que se convocan á la guerra
Del mortal veneno llamado curáre: raro modo de fabricarle, y de su instantánea actividad
De otros venenos fatales: su actividad: la cautela con que los dan: y cómo los descubrí
De las culebras venenosas de aquellos países. Del culebron espantoso llamado buío
De otros insectos y sabandijas venenosas
De otras sabandijas muy ponzoñosas
Peces ponzoñosos y sangrientos
De los caymanes ó cocodrilos, y de la virtud nuevamente descubierta en sus colmillos
Modo de cultivar sus tierras los indios, y los frutos principales que cogen
Prosigue la materia del pasado
Arboles frutales, que cultivan los indios. Yerbas y raices medicinales, que brota aquel terreno
Caserías en los campos rasos. Variedad de animales y aves, que los indios logran en ellos; y daños graves, que hacen las hormigas
Turbacion, llantos, azotes y otros efectos raros, que causa el eclipse de la luna en aquellos gentiles
Estilos que guardan aquellos gentiles en sus casamientos: la poligamia, y el repudio
Pregúntase, si se aumenta ó disminuye el número de los indios, haciendo el cotejo del tiempo en que eran gentiles, con el de ahora, en los que ya son cristianos
Rechazadas dichas causas, se prueba ser insuficientes para la diminucion ya propuesta de los indios
Respóndese á un argumento contra lo ya dicho, y se señala la causa genuina de la diminucion de los Americanos
Carta de navegar en el peligroso mar de indios gentiles
CARTA DE NAVEGAR EN EL PELIGROSO MAR DE INDIOS GENTILES.
 

No puse esta carta en la primera impresion, porque parte de las máximas prácticas que contiene, están apuntadas en varias partes de este Libro, segun las varias materias á que pertenecen; pero porque juntas aquí con algunas reflexiones, que omití, darán mas luz al Operario deseoso de acertar, doy este corto alivio á los nuevos Misioneros de Indios, con el seguro, de que algunos Padres de las Misiones del Orinoco, que trasladáron, al entrar en ellas esta carta, viéron despues en la práctica, que son muy importantes sus avisos.

§. I.
 
Del Misionero, su vocacion y aparejo.

Para navegar en un golfo peligroso, lo primero y mas importante, es mirar y registrar con cuidado la nave, poniéndola en estado competente, para que pueda llegar á salvamento. Lo segundo, tomar conocimiento de los mares que surca, y de los escollos en que puede peligrar. Lo tercero, imponerse en la maniobra, para evitar los peligros, sufrir los temporales, y no caer de ánimo en medio de las mayores borrascas.

Perecen aquellas míseras Naciones, y se pierden eternamente sus almas, por falta del pan de la Celestial Doctrina: no le buscan, ni le agencian, porque su ceguedad é ignorancia no les dan lugar á que conozcan su extrema necesidad; pero sus Angeles de Guarda claman siempre al Señor, para que les envíe la luz del Cielo, por medio de sus Ministros Evangélicos. Movido Dios de estas súplicas y de su infinita piedad, excita vocaciones, y elige á los que su altísima Providencia tiene destinados, usando su Magestad de medios tan proporcionados y suaves, que mirándolos despues con atenta reflexion, se maravillan, y al mismo tiempo se consuelan, viendo como atemperó su Magestad en su vocacion, lo suave con lo fuerte. Supuesta pues la vocacion del Señor.

Sale de su Patria el Misionero, y ha de ser, al modo, que Abrahán salió de la suya, y Moysés de Egypto, no dexando en ella ni la menor parte de su afecto: |Nec ungula quidem.

Sale, y ha de ser como aquella muger fuerte, que salió como nave cargada de pan del Cielo, para sustentar la familia de su cargo, sin que le acobardase lo dilatado y arduo de la navegacion: |De longe portans |panem suum. Suyo ha de ser el pan que lleva, porque la Divina Doctrina, que va á enseñar, ha de ir entrañada en su alma, para repartirla mas con la eficacia de las obras, que con palabras, para la salvacion de aquellos pobres: |Palmas suas extendit ad pauperem.

Sale en fin del puerto; pero si no se halla firme, fuerte y apta para toda la navegacion, que es de por vida, hasta dar fondo en el feliz puerto de la eternidad, mejor será que no salga, por que son fuertes y freqüentes los riesgos. Dentro de sí misma carga la nave muchos enemigos, que le pueden ocasionar fatal naufragio, si no va bien armada para reprimirlos, tenerlos á raya, y sujetos á la razon.

Y al contrario, una vez prevenida y reforza, da la nave contra los vayvenes de su inconstancia, puesta toda su confianza en Dios, no tiene que temer; porque aquel Señor á quien obedecen los mares y los vientos, y cuyo imperio sujeta el poder furioso de las olas, le dará esfuerzo pata hollar con intrepidéz las mayores tormentas.

La fé vivamente actuada, ha de ser aguja, que regule todos sus movimientos, teniendo en todos ellos por norte único la mayor gloria de Dios, y bien de las almas.

La áncora de su seguridad, sea la esperanza firme en aquel Señor, por cuya sabia Providencia pasan revista todos los acaecimientos, ántes que sucedan; quien, como Padre amoroso, todo lo dirige para nuestro bien.

La caridad y amor purísimo de Dios y del próximo, ha de ser el único interés, carga, y tesoro de esta nave y á buen seguro, que no prevalecerán contra ella los mas soberbios montes de agua, ni los mas recios contratiempos.

La quilla en que toda la nao estriva, debe ser una humildad profunda, y ésta misma servirá de lastre, para atribuir siempre á Dios lo que es suyo, que es todo lo bueno, y á nosotros, la nada, las desdichas, espinas y abrojos, que trae de su propia cosecha nuestro barro.

Pero aun despues de todo esto, no hará viage, ni adelantara un paso, si no tiende las velas de la oracion fervorosa, para recibir el viento fresco del Espíritu Santo, que dé ímpetu y vigor sagrado á todas sus acciones y movimientos.

El Piloto y Contra-Maestre de esta nave, son la leccion espiritual, y los exámenes de conciencia cotidianos, donde tambien se hace la recluta de santos pensamientos, para fortalecerse y defenderse de todos los enemigos.

El santo temor de Dios, corno centinela vigilante, le dará la mas firme seguridad; tanta, que aun las mismas borrascas le llevarán á salvamento; y mas no perdiendo de Vista la Estrella Matutina, á quien miró siempre San Bernardo; |Respice Stellam, voca Mariam.

§. II.
 
Causas principales de disturbios.
 

Las tormentas y contratiempos, son muy freqüentes en el golfo inconstante de las Naciones Gentiles: qualquier vientecillo leve levanta una fiera tormenta, que tira á sumergir la combatida nave del Misionero: no obstante esto, de |tres raices principales se originan ordinariamente las borrascas mas peligrosas.

La |primera y principal, es la misma nave inconstante, frágil y capáz de perder sus fuerzas con el continuado choque de las tribulaciones, y tambien con la inaccion y fatal calma, que resulta de no mirar por sí, ni unirse y estrecharse cada dia mas con Dios, como ya llevo insinuado; pero con tal, que este recurso al Todo-Poderoso sea freqüente y constante, podrá navegar y trabajar á todo seguro; y aun recibirá aquel valor y grandeza de ánimo con que el Apóstol de las Gentes, no solo miraba con rostro sereno y alegre las tribulaciones, sino que les salia al encuentro á desafiarlas, y á presentarles la batalla: |Quis nos separabit á charitate, |&c.

La |seguida raiz de dichas perturbaciones de olas encontradas, es el enemigo comun, que soberbio con la antigua posesion de aquellas Gentes ciegas; y sentido, y aun temeroso de ser arrojado de entre ellas, no dexa piedra por mover, para mantener su Principado de tinieblas. San Pablo bien experimentado en estas contiendas, pone mucho conato en prevenir los ánimos contra ellas. No peleamos, dice, contra la carne y sangre, sino contra el poder de las tinieblas, y el Príncipe de ellas, que pone todo su desvelo y cuidado, en idear nuevos ardides y asechanzas, para arruinar las Misiones.

Pero es de sumo consuelo, y da mucho brio, el considerar y saber, que son muy limitadas las fuerzas de este capital Enemigo: está atado á la cadena del poder Divino: como perro furioso, puede ladrar, pero sin licencia del Altísimo, no, puede morder: como leon sangriento, y lobo carnicero, dará una y muchas vueltas al nuevo Rebaño de Christo, con ansia de tragarse las mas escogidas ovejas; pero buen ánimo, que el sumo Pastor y dueño de ellas, las quiere mucho, por el infinito precio que le costáron.

La |tercera raiz de los mas fieros y ordinarios contratiempos, son los mismos Gentiles, cuyo bien y salvacion eterna se pretende con ansia; pero como ellos á los principios ni entienden, ni perciben este lenguage, segun las especies crasas en que está imbuida su bárbara tosquedad, no se fian; y casi casi suponen algun malicioso engaño, y alguna idea oculta en el ingenuo proceder del Misionero: y aquí es de saber, que hasta la Nacion mas agreste, es primorosa en el arte, así de maliciar, como de engañar. Importa pues, tener prontas aquellas dos máximas de nuestro Celestial Maestro: la primera, proceder siempre con ellos con reserva y cuidado |cavete ab hominibus; la segunda, no dexarse llevar de la ligereza de sus palabras y promesas: |Jesus autem non se credebat eis; porque á la verdad, los Indios Gentiles, hasta que van entendiendo las maximas de la eternidad, no se mueven, ni tiran á otro blanco, que al de su interes; y si ántes de percibir lo que les importa salvarse, consiguen del Padre herramientas, y lo que han menester, la mañana que ménos piensa, amanece solo, sin esperanza de recoger aquella Grey silvestre.

Realmente obran y proceden como ciegos, y son disculpables, porque no saben lo que se hacen; y así se deben sufrir y sobrellevar, hasta que conozcan el bien que se les procura; y al modo que el padre y la madre sufren las molestias é impertinentes travesuras de sus hijos, por el amor que les tienen, han de sufrir los Operarios las de los Gentiles, á fin de que sus almas se salven.

Ya dixe en el Capítulo quinto de la primera Parte, como la |ignorancia, |ingratitud, |inconstancia, |pereza, |miedo fantástico y brutalidad de costumbres de los Indios Gentiles, forman un golfo inquieto, y de suyo muy fácil de ser agitado de vientos contrarios, por poco que esfuerze su soplo el Aquilón maligno, que tiene cuidado de no dormirse. Aquí abundan los peligros, y á cada paso se encuentran los escollos: aquí se requiere el mayor cuidado: aquí la agilidad y destreza en la maniobra, para evitar unos escollos, sin tropezar en otros peores; y realmente, para estos lances, la mas prolixa instruccion será muy corta. No obstante reduciré á breves máximas los avisos mas importantes.

§. III.
 
Máximas prácticas.
 

Para mayor claridad, pongo por exemplar, lo mismo que sucede con freqüencia; y es el caso, que despues de establecido un numeroso Pueblo, recogidas sus familias á fuerza de trabajos y afanes, de entre aquellos dilatados bosques, y fundado ya en el sitio que ellos han escogido; repentinamente se alborotan, levantan el grito, y tratan eficazmente de volverse á sus selvas y madrigueras, solo porque un viejo taymado, ó una vieja funesta ha soñado aquella noche algun desatino; v. gr. que el Padre los juntó allí para engañarlos y llevárselos á otra parte; que ha llamado ya á sus enemigos, para que cogiéndolos descuidados, los hagan esclavos; u otro delirio semejante, que, ó el Demonio, ó la natural fantasía les ha sugerido en sueños. Estos golpes son los que hieren en lo mas vivo del Operario, por lo que ha de emplear en ellos toda su prudencia.

Su |primera máxima debe ser, hacerse cargo de que han de suceder éstas y peores turbaciones, para las quales debe prevenirse de antemano, negociando con Dios la perseverancia de aquellas Gentes, procurando cada dia ganar mas y mas la voluntad de todos, y en especial la del Cacique y de aquellos que sobresalen entre ellos con algun séquito.

La |segunda es, que llegado el caso, no se perturbe, sino esté muy sobre sí, sin dar muestras de sobresalto; y sobre todo, no dar la menor seña de enojo; porque de lo contrario en lugar de apaciguar los ánimos inquietos, aumentará el alboroto. Aquí es donde se ve y verifica lo literal de aquella divina sentencia: |In pacientia vestra possidebitis animas vuestras; y de las almas los próximos tambien seaseguran.

La |tercera, es el recurso á Dios, con una firme confianza, de que su Magestad, con aquel turbion, ha de dar mayor firmeza y constancia á los pobres Indios, al modo que el viento recio hace que se arrayguen mas las plantas. Válgase en estos lances, y siempre, de la intercesion de los párvulos de aquellas Naciones, que con el Santo Bautismo voláron al Cielo, que estos pueden mucho para con Dios: y sabemos, que el Grande Apóstol San Francisco Xavier se valia de ellos en sus mayores congojas.

La |quarta, fortificado así el ánimo, y clamando interiormente al Señor y á los Angeles de Guarda de aquellas Gentes, pase á hacer sus diligencias con la mayor suavidad, y con palabras de amor y compasion: porque ello es así, y es tan delicado el genio de los Indios silvestres, á causa de su natural timidéz, que no solo en estas ocasiones de alboroto, sino tambien en tiempo pacífico, una palabra áspera, basta para que todo un Pueblo se retire: de lo qual no faltan lastimosas experiencias. Baxo este presupuesto.

Pase lo |primero á indagar del Cacique y de su muger, la causa de aquella novedad: ponga especial cuidado en convencer y ganar la voluntad de la Cacica, que ésta con facilidad convencerá luego á su marido; y ambos á dos, ella á las mugeres, y el Cacique á los hombres, consiguen mas en una hora, que el Misionero en todo el dia. Y lo segundo, tenga por entendido, que fuera de ser las mugeres Indianas mas piadosas que sus maridos, son tambien mas fáciles de convencer, por el especial y sumo trabajo, que les acarrea semejante fuga, á causa de que á mas de la carga de llevar y cuidar de sus hijos pequeños, les toca á ellas cargar el bastimento, poco ó mucho, y los trastillos ordinarios, que son olla, platos y Otras cosas; y así convencidas, á poca costa las mugeres, éstas ponen en razon á sus maridos.

La |quinta máxima, habida ya la noticia del motivo del alboroto, y del motor, deshaga el engaño con la mayor claridad y sosiego que pueda; y luego que vea ya enterado de la razon al Cacique y á su muger, envidos á que instruyan al motor del ruido; y entretanto pase á desengañar á las cabezuelas mas principales de la Poblacion, siempre con sosiego, rostro alegre, y en la forma dicha.

La |sexta, si los Indios perturbados se juntan en la plaza, ó en alguna casa particular, como sucede de ordinario, entónces no conviene hablar con todos, ni en tono de sermon, porque no conseguirá cosa de provecho; y la razon es, por que en tales circunstancias se ha minorado en ellos el respeto, amor y reverencia para con el Operario; y como tiran á ausentarse de él, crian ánimo, y todos á un tiempo quieren responder á lo que les dice y propone: con que, en lugar de minorarse, crece y va á mas la confusion. Debe, pues, acercarse al Cacique, instar á que él y los mas principales Indios se asienten; trate con el sosiego ya dicho sobre la materia, y verá como los demás Indios callan, y oyen con atencion lo que se trata con los principales, y lo que ellos responden; con el seguro, de que apaciguados los primeros, se dan por convencidos los restantes.

La |séptima máxima, y de mucha importancia, es, que en estos lances no haga hincapié en alegar razones fuertes, y de peso, para convencer aquellas Gentes busque razones caseras, insista en ellas, y, segun ellos usan, repítaselas muchas veces; v. gr. el trabajo, que con su temeridad causarán á sus mugeres en tales caminos: el peligro de muerte á que exponen á sus hijos pequeños, que enfermaran, ya por los calores del Sol, ya por el rigor de las lluvias: el riesgo y fatigas á que exponen á sus ancianos y enfermos en tan arduo viage: que dexan sus sementeras, y el sudor de su trabajo perdido, y que van á trabajar de nuevo, y á padecer muchas hambres, hasta coger nuevos frutos &c. Estas razones perciben, y les hacen fuerza; y tal vez una friolera les causa mas armonía, que un argumento fuerte, porque su capacidad no alcanza mas. Pongo solo el caso siguiente, para prueba de lo dicho.

En el año de 1719 soñó un viejo, |Betoy de Nacion, que yo me volvia á España aburrido de sus cosas: conmovióse luego todo el Pueblo, juntáronse en la casa del Cacique, con sus canastos de víveres, y sus muebles, para tomar el camino de sus bosques. Pasé al Congreso, tomé asiento junto al Cacique, y quedáron todos en un profundo silencio: callé tambien de industria un buen rato, y luego me quexé, de que la señora Cacica no me traia de beber, faltando á esta ceremonia y costumbre, entre ellos inviolable. Traxo la bebida sin hablar palabra, y despues de brindar á la salud de todos, pregunté al Cacique la causa de aquella junta, y de aquella prevencion de bastimentos. A que respondió: |Quaja ranumaycá; |ujumauju ajabó janujoybi afocá: esto es: |Nosotros nos vamos á los bosques, |porque tú te vas á tu tierra. Mucho tiempo gasté de valde, alegando razones fuertes; y no hallando ya por dónde, ni cómo convencerlos, clamé á San Francisco Xavier, que me favoreciese en aquel aprieto: dexé los argumentos, y pregunté al dicho Cacique familiarmente: ¿cómo había yo de pasar por un mar tan grande para volver á España? En la embarcacion en que viniste, dixo, te volverás. No puede ser, repliqué yo, porque ya os tengo dicho, que aquella embarcacion llegó al Puerto maltratada, y que la desbaratáron: (y en efecto fué así, porque aquel navío se abandonó por viejo.) Entónces el Cacique, convencido con esta friolera, se puso en pié, y con rostro alegre, dixo á sus Indios: |Ea, |bien estamos, |váyanse á sus casas, |y vivan sosegados, |porque el Padre no tiene Canóa para volverse á España. Así lo hiciéron, y con una pregunta tan desproporcionada como ésta, se desvaneció aquella borrasca, en que se iban á perder muchas almas lastimosamente.

En fin, sucede á los principios, que quando el Misionero ménos piensa, halla por la mañana el Pueblo solo, y que se han huido todos los Indios, ó parte de ellos: golpe es éste de los mas sensibles; en el qual, supuesto el recurso á Dios nuestro Señor, si se han ausentado todos, debe tomar su ornamento de decir Misa, y seguir la huella de los fugitivos, hasta alcanzarlos; y en llegando, darles á entender, que él se va con ellos, porque son sus hijos, y porque Dios así se lo manda: conviene quexarse amorosamente de que no le hubiesen avisádo su determinacion, con la qual se hubiera prevenido de anzuelos, arpones y otras cosas de que ellos necesitan; y dicho esto, cuelgue su hamaca, y échese á descansar, sin hablar, ni entrometerse en mas disputas, que ellos entre sí levantan; porque los unos se arrepienten, y quieren volver á su Pueblo; los otros porfian en que han de pasar adelante; y por último, quando ya están fatigados y cansados de altercar, levántese, y despues de ponerlos en paz, repita las mismas razones, que oyó á los que quieren volver á su Pueblo, y otras que le ocurran , segun dixe arriba, y no dude, que se volverá con todos al Pueblo. Si solo se han ausentado parte de ellos, para seguirlos, tome algunos de los mejores que han quedado, y siga el método propuesto.

§. IV.
 
Avisos prácticos.
 

I. Estas y otras mutaciones, hijas de la natural inconstancia de los Indios, requieren que el Operario se prepare con tiempo, haga el ánimo á todo, tire á conocer bien el genio de la Nacion que cultiva, y segun él, tenga meditados medios proporcionados para las urgencias ocurrentes; especialmente esté alerta, para atajar las discordias y riñas de unos con otros, porque casi todas las fugas se originan de esa mala raiz.

II. Trabaje puramente por amor de Dios, y por el bien de aquellas pobres Gentes, sin esperar de ellas, ni agradecimiento, ni recompensa, porque ni aun por el nombre la conocen; y aunque la conocieran, no tienen en este Mundo sino abundancia de desdichas; pero esté cierto, que Dios le re compensará con una medida llena y muy colmada aun en esta vida.

III. Insista mucho, hasta adquirir costumbre, en fixar la vista interior en la preciosidad de aquellas almas, que tanto costáron á nuestro Redentor, y se le harán llevaderas las molestias que resultan del cultivo de ellas, de su inconstancia é ingratitud; y trabaje, con el seguro, de que con el tiempo se desbastan y mejoran.

IV. La pereza, que les es connatural, requiere mucho tiempo y tiento en el Operario, para irlos imponiendo en que hagan aquello mismo, que les importa, no solo para su provecho espiritual, sino tambien para el temporal; porque en sintiendo la menor carga ú opresion, luego se huyen para evitarla.

V. Por lo que, aunque conviene establecer la doctrina de los párvulos todos los dias, mañana y tarde, lo que conseguirá, usando de industria, y dando algunos premios á los mas puntuales; con todo, bastará que los adultos asistan á la doctrina Sábado y Domingo: no los moleste mucho, y alabe aquello poco que aprenden, para que asistan con mas gusto: la doctrina enséñela por la mañana en su lengua natural, y por la tarde en castellano; porque en lo primero se sirve á Dios, y en lo segundo al Rey nuestro Señor, que ordena se establezca en las Misiones la lengua Española: y en todo caso, todo ha de ser amor, y por amor, con chicos y grandes; y nada de rigor, ni de castigo, no solo de obra, pero ni de una palabra, que sea áspera.

VI. Lo dicho de la doctrina, se ha de practicar con los niños de la escuela con la misma formalidad y cuidado; porque ello es así,  y está ya muy verificado, |que quien desde luego lo quiere consegüir todo, luego luego lo pierde todo. Véase lo dicho en el Capítulo XXIV. de la segunda Parte, en órden á los Indios Gentiles adultos.

VII. Esté muy persuadido, que el primer móvil de los tales Indios, es el interes: no dan paso, sin esperar premio; y aun sin hacer cosa, lo mismo es mostrar cariño el Misionero al Indio, que responder éste pidiendo algo; y aun sin esto, jamás se cansan de pedir con importunidad: pero hay aquí dos consuelos: el primero es, que se contentan con qualesquiera bagatelas y el segundo, que tan contentos se van con buenas palabras, y buenas esperanzas, como con las dádivas: |un mañana me traerán eso que pides; luego que traygan tú serás el primero á quien regale &c.; y otras largas semejantes, les hacen buen sonido, y se vuelven contentos.

VIII. Freqüentemente traen al Misionero las frutas, el pescado &c. y ya se sabe que no viene eso por regalo: el Indio trae muy pensado lo que ha de pedir; aunque al preguntarle, ¿qué quiere, ha menester responde siempre, que nada; pero no le dé cosa alguna hasta que él pida; porque si le da algo, lo recibe de buena gana; y al cabo de rato dice: |Yo traia este presente para que me dieses un cuchillo, |sal, ú otra cosa, y no se irá, sin que le dé aquello, que él traia pensado.

IX. Pero de ordinario piden mucho, sin traer cosa alguna al Misionero, que necesita de un todo. No se puede negar todo lo que piden, y mas si ellos saben que lo hay: dar todo quanto piden, no es posible: por lo qual, quando le piden algo, vea qué es lo que mas necesita, y dígale: |Yo te daré lo que pides; |pero trae primero pescado, |raices, |ó lo que mas necesita. Ellos lo hacen así: todos que damos remediados, y van aprendiendo á ser diligentes. Guarde la misma práctica con los muchachos, por el mismo fin: ellos piden tanto ó mas que sus padres, y así , aunque no haya menester, pida, ó mándeles hacer algo, ántes de darles lo que piden; v. gr. que traygan agua ó leña, que barran la casa &c.

X. A los principios, parte pagando, y parte rogando, consiga, que el Comun haga una sementera quantiosa y en ella un platanál grande para los muchachos de la escuela; porque es cosa muy importante, y no solo sirve para los chicos de la escuela, sino tambien para las viudas pobres, para los huérfanos, y para los enfermos; y sucede, que viendo los Indios quan bien se emplean aquellos frutos, renuevan con gusto la sementera en adelante.

XI. No espere á los principios, que le han de avisar de los que caen enfermos, ni de las criaturas que nacen, para que las bautize; y así, por la mañana, despues de misa y doctrina, y por la tarde, ántes de la doctrina, debe dar vuelta por todas las casas del Pueblo, viendo si hay enfermos y niños que bautizar. Esta es una diligencia tan necesaria, como útil y fructuosa; y para irlos imponiendo, debe encargar á los chicos de la doctrina, que le avisen lego que vean ó sepan algo de esto.

XII. El atractivo mas eficáz para establecer un Pueblo nuevo, y afianzar en él las familias silvestres, es buscar un Herrero, y armar una fragua, porque es mucha la aficion que tienen á este oficio, por la grande utilidad que les da el uso de las herramientas, que ántes ignoraban. Todos quisieran aprender el oficio, y muchos se aplican, y le aprenden muy bien.

XIII. No importa ménos buscar uno ó mas Texedores de los Pueblos ya establecidos, para que texan allí el hilo que traen de ellos, porque la curiosidad los atrae á ver urdir y texer; y el ver vestidos á los Oficiales y á sus mugeres, les va excitando al deseo de vestirse, y se aplican á hilar algodon, que abunda, y de que finalmente se visten.

XIV. La fábula de Orfeo, de quien fingió la antigüedad, que con la música atraia las piedras, se verifica con ventaja en las Misiones de estos hombres, mas duros que los pedernales; porque es cosa reparable quánto los encanta y embelesa la música. Son Músicos de su propio genio, y como en varias partes de esta Historia consta, son muy aficionados á tocar flautas, que ellos se fabrican, y otros muchos instrumentos y está ya experimentado en las Misiones fundadas, quánto los atrae y domestica la música; quánto aprecian, y la gala que hacen aquellos, cuyos hijos ha destinado el Misionero á la escuela de música; y así, una de las primeras diligencias de la fundacion de nuevo Pueblo, ha de ser conseguir un Maestro de solfa de otro Pueblo antiguo, y establecer escuela de música para el fin dicho, y para la decencia del culto Divino.

XV. Es indispensable el que meta la mano, y medie en sus pleytos, riñas y casamientos; pero proceda el Operario con tal cautela, que no conozcan los Gentiles y Neófitos, que procede como árbitro; y la razon es, porque como en estas dependencias, el uno de los vandos ha de quedar precisamente desayrado, y al Misionero le importa mucho el estar bien con todos ellos, debe mediar y proceder con toda neutralidad .á favor de la paz, y de la union, sin declararse por unos, ni por otros: para eso conviene, desde los principios, irlos imponiendo en el gobierno político, y señalar Alcaldes, que con el Cacique gobiernen, y á solas instruir los de lo que deben hacer en las controversias que ocurren.

XVI. Aunque á la primera vista parece ceremonia inútil la acordada por los Misioneros antiguos, de poner formalidad de clausura, en aquellas casas pagizas y pobres en que viven, sin permitir que entre del cercado para adentro muger alguna, y teniendo una ventana al lado de la plaza para despachar sus demandas; con todo, ya está experimentado, que importa mucho esta práctica: ni hay cosa, que mas golpe les dé, ni que mayor armonía cause á los Catecúmenos, que esta formalidad y circunspeccion del Operario: todo lo reparan, y á su modo todo lo interpretan, y lo hablan entre sí; y se ha reconocido, que este modo de proceder, engendra en ellos mucho respeto y veneracion para con sus Misioneros.

XVII. Para este mismo fin, y para mayor decencia, se ha establecido, y debe llevarse adelante el estilo de no salir de su casa el Misionero, sino acompañado de algun Indio principal; y á falta de éste, con dos ó tres muchachos de la escuela, de los mayores que haya en ella, sin dexarlos apartar de su lado, quando visita los enfermos, y hace las demás diligencias de su cargo.

XVIII. Finalmente, el fin de su ocupacion, y la causa de su destierro en aquellas soledades, es doctrinar y salvar aquellas pobres almas; lo que mas depende del exemplo, circunspeccion y virtud sólida del Operario, que de sus sermones, exórtaciones y palabras; y así, este medio es el que sobre todos ha de reputar por el mas útil para sí, y eficáz para enseñar á los próximos; y es el único para que Dios nuestro Señor, de cuya mano viene todo el bien, eche su copiosa bendicion á sus fatigas y afanes, que rindan copioso fruto para la vida eterna.

§. VI
 
Reflexiones que animan y fortalecen el ánimo del Misionero de indios.
 

I. Aquellos Indios bárbaros, desnudos, silvestres, rudos, y á la primera vista despreciables, son unas conchas toscas, que encierran en sí unas margaritas tan preciosas, que el mismo Hijo de Dios se dió á sí mismo en precio, y se entregó á los tormentos para adquiridas: ¡quánto debo yo apreciarlas!

II. Son imágenes vivas de Dios, hechas á semejanza de nuestro Criador, por lo qual se merecen toda nuestra estimacion; y el mirar por ellas, es hacer nuestro mayor negocio, y corresponder á su Magestad del modo mas apreciable en sus Divinos ojos.

III. Crió Dios aquellas almas para que se salven, y las puso á tu cargo, para que tú te salves: Dios te ha tomado por instrumento, para que ellas logren el fin para que su Magestad las crió; y á ellas las ha puesto á tu cuidado, para que por medio de esta ocupacion consigas el mismo dichoso fin para que su Magestad te crió. No te has de salvar por aquel medio y ocupacion que tú eligieres, sino por éste á que Dios y los Superiores te han destinado.

IV. Toscos son los Indios como un tronco de la selva, y duros como piedras; pero Dios te dará medios para pulir y labrar estos troncos, de que su Magestad formará Tabernáculos en la Gloria: y de esas que parecen piedras, formará Dios por tu mano y aplicacion, hijos verdaderos de Abrahán.

V. Es inevitable y preciso, y mas los principios, que le dé en rostro, y le acarree muchos desconsuelos aquella tosquedad y desnudéz de los Indios Gentiles, su ignorancia, inconstancia, pereza, ingratitud &c.; fuentes de que el Enemigo comun excita en el Misionero temores, tedios, y desconfianzas; y de todo ello levanta montes de dificultades, que como diestro, sabe pintar como insuperables, y tira á hacerle creer, que aquel empeño es temerario: que es tentar a Dios: y levanta otras nieblas para ofuscar al Operario, fin de que caiga de ánimo, abandone aquellas almas, que tanto teme, y le duele salgan de entre sus garras infernales. Es cierto, que ésta es la mas fuerte batería, que juega el Infierno, con notable industria. Y por lo mismo debe el Operario oponerse ella con el mayor esfuerzo y empeño; con la advertencia, que en este género de guerra no hallará otra defensa, ni otras armas, que las del recurso Dios, en la freqüente oracion, y en la meditacion de algunas de estas reflexiones, clamando su Magestad con esfuerzo y valor, como pobre Soldado, que solo vive expensas de los tesoros de su infinita misericordia. Y aunque todas las reflexiones de este Párrafo quinto le ayudarán mucho, todavía, para este combate, le alentarán mucho los siguientes.

Humillado delante de Dios, vuelva toda su vista y atencion a su interior, y vea lo |primero, que la ingratitud, grosería y tosquedad fea con que corresponde su Criador, es mucho mayor y peor que la que ve, y le desagrada en los Indios bárbaros y ciegos.

Lo |segundo, coteje su inconstancia en la Vía espiritual, y su pereza en abanzar terreno en el camino de la perfeccion, y no se admirará de los pobres Indios: tendrá lástima de sí mismo, y de ellos.

Lo |tercero, separe lo precioso de lo vil; esto es, mire en sí lo que es de Dios; y mire aparte lo que es suyo , y de su propia cosecha; y luego se hallará mas desnudo, pobre y desdichado, que los Indios bárbaros: si la desnudéz de ellos le horroriza, mas horror y temor le debe causar la suya; y pues Dios, no obstante esto, no le abandona, le sufre, asiste y ampara, debe, á ley de agradecido al mismo Señor, sufrir, tolerar, beneficiar y cultivar las almas de aquellos pobres Indios, que son imágenes de su Magestad, hacienda suya, y grey que aprecia mucho.

VI. No estaban en mejor positura los Gentiles del Mundo antiguo, quando les empezó á rayar la luz del Santo Evangelio; ántes bien era mucho mayor su barbaridad, errores y vicios; el mismo Señor, que envió entónces aquellos sus Operarios para aquella inculta mies, te envia que cultives ésta; y así no te negará su Magestad, ni las fuerzas necesarias, ni los medios oportunos.

VII. Trayga á la memoria con freqüencia otros Misioneros Jesuitas, que venciéron mayores dificultades, que sufriéron mayores trabajos, y que finalmente, con el favor de Dios, sujetáron á la Iglesia Santa, Naciones mucho mas agrestes: en el |Brasil, el Santo Padre Joseph Ancheta: en las |Marianas, el Santo Mártir Luis de San Victores: y en todas las Provincias de Indias hallará muchos y admirables exemplares, así para confundirse, como para animarse.

VIII. No se olvide jamás de los muchos Jesuitas insignes, que han deseado y pretendido con ansia la ocupacion de Misionero en que Dios le ha puesto, y no quiso conceder á los otros, que hubieran trabajado heróycamente; hágase cargo de la confianza con que su Magestad ha fiado y puesto en sus manos él tesoro de aquellas almas, y que le ha de pedir cuenta, así de ellas, como de los talentos que le dió para cultivarlas.

IX. No haga hincapié, ni fixe su consideracion en los trabajos ocurrentes, sino en el fruto actual que recoge, y en el que espera recoger: mas monta la salvacion de un párvulo, que desde el bautismo sube al Cielo, que quantas angustias ha padecido, y puede padecer en toda su vida: ¿y qué gusto no debe tener y hallar en aquellas taréas, caminos y diligencias, con que gana para Dios, no una, ni otra alma, si no muchas familias y Pueblos?

X. Y finalmente, tenga por muy cierto, que todas aquellas almas, que va enviando á la Gloria, por delante, le ayuden grandemente, clamando sin cesar á Dios por su Misionero, y por la gente de su Nacion; para que su Magestad los asista y defienda, hasta llevarlos á la Bienaventuranza eterna. Y no se puede dudar, que todos aquellos á cuya salvacion cooperó, le servirán de abogados eficaces en todos sus aprietos, y en especial en la hora de la muerte, término de esta breve navegacion, y puerto seguro, en que de la misericordia de Dios esperamos gozar tranquilidad dichosa, y descanso eterno. Amen.

Ad M. D. G & Y. M.

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