CAPITULO XXVII
Respóndese á un
argumento contra lo ya dicho, y se señala la causa genuina de la
diminucion de los Americanos.
Ya veo la réplica de un argumento de hecho, cuya eficacia parece
insuperable, que consiste únicamente en poner á la vista las Islas
de Barlovento ó Antillas, que son la
|Habana ó
|Cuba:
la
|Española ó de
|Santo
|Domingo: la de
|Puerto
|Rico, la
|Jamáyca y la
|Martinica
&c.: en las quales la total falta de Indios, exterminio y
desolacion de ellos, parece prueba evidente, de que alguna de las
quatro causas asignadas, ó todas ellas, aniquiláron los Indios de
las tales Islas, sin que para esta cierta demostracion se pueda
hallar efugio. Respondo, que del mismo modo que concedí la merma de
los Indios de las Provincias de Tierra. Firme, Perú y Nueva España;
así tambien confieso la carencia de Indios en dichas Islas, ménos
en las tres en que se mantienen los Caribes; y como ya concedí, que
aquellas quatro causas pudiéron coadyubar á la tal diminucion de
los Indios, como concausas parciales, que se juntáron con otras,
sin que ellas por sí solas fuesen suficientes, convengo y digo lo
mismo de la desolacion de los Indios Isleños ya nombrados: otras
raices mas eficaces que las quatro, es preciso que se agregasen,
para que surtiese un efecto tan inusitado, y casi sin exemplar,
como el exterminio de dichos Indios Isleños.
Doy la razon, que es urgente; y para en tenderla bien, pongamos
la vista en los Amalecitas, Nacion tan dilatada, y de tanto gentío,
que pudo resistir y negar el paso todo el Pueblo casi innumerable
de Israél; y veamos tambien toda la ira de Dios armada contra
Amalech, en aquel formidable decreto, que su Divina Magestad le
intimó al Rey Saúl: Anda, Saúl, le dice
|
(a)
, castiga y no perdones á Amalech: pasa á
fuego y sanare á todo aquel gentío: no has de perdonar a hombre, ni
muger, á chico, ni grande: destruye enteramente sus ganados y
haciendas: arrasa por los suelos todas sus Ciudades: y cuenta no te
enamores de alguna de sus cosas ó alhajas, por rica y preciosa que
sea: todo por entero lo ha de consumír el fuego. ¡Espantoso
decreto! y tan rigurosamente cumplido por Saul y su Exército, que
solo se reservó la vida del Rey Agag, para que llorase su desdicha,
y la de su Reyno; y algun ganado y despojos, que contra la voluntad
de Dios reserváron Saúl y su Gente; delito que el Señor sintió
tanto, que privó á Saúl del Reyno, y Agag desventurado, fué
destrozado y hecho quartos luego al punto; y así parece que la
Nacion
|Amalecita fué enteramente destruida: y si ésta no,
díganme ¿quál otra? (dexando á parte las que, no tanto Josué,
quanto el mismo Dios, destruyó en la Tierra de Promision, por su
justa indignacion.) Con todo esto llega la hora de la muerte de
Saúl en campañia; y aun que tan mal herido, no acababa de morir:
vuelve los ojos, ve á un hombre allí cerca, y le pregunta: ¿quién
eres tú
|
(b)
? le
responde:
|Amalecites ego sum. Yo soy Amalecita. ¿Cómo tú
puedes ser Amalecita; si en vuestra total ruinas Agag solo, que
salió en vida, fué despues despedazado? Ya da su razon
|
(c)
:
|Filius hominis advene
Ámalecite ego sum. Como si dixera: es verdad, que aquella tu
sangrienta guerra, ó Saúl, á modo de un general incendio, reduxo á
pavesas, y destruyó á quantos de mi Nacion halló por delante; pero
muchos buscaron y halláron su seguridad en la fuga, así hombres,
como mugeres; y yo soy hijo de una de aquellas familias, que se
desterráron de su Patria:
|Filius hominis advene
&c.
De modo que así como, por mas y mas agua, que se saque del rio,
aunque se llenen cántaros á millones, miéntras duren sus
manantiales, es necesario que subsista el rio, aun que con ménos
agua; así, miéntras en la Nacion o Naciones queden mugeres y
hombres, aunque sea el número tan corto como las ocho almas que
formaban toda la familia de Noé en la arca: miéntras digo quede
aquel manantial de nuevas generaciones, ninguna Nacion se puede
aniquilar; aunque pueda minorarse. Mas, durante la continua
permanencia de los manantiales, bien puede suceder, y sucede , que
el cauce inferior del rio quede sin una gota de agua; porque
sacándole en la parte superior acequias, para que fecunde y corra
por otros terrenos, que da totalmente seco el terreno por donde
corria; pero esto no es faltar el agua; es haberse ido, y tomado el
camino de otras tierras. A este modo, puntualmente los Amalecitas y
los Indios de
|Cuba, y demás Islas de Bar1over y con debida
proporcion los Indios de Nueva España, Perú y Tierra , no
pereciéron todos allá, ni se mermáron acullá, por guerras, pestes
&c.: estas plagas ayudáron á su diminucion; y por ellas,
huyendo de ellas, se ausentáron á tierras distantes, como a la
verdad hasta hoy en dia se ausentan unas familias, por sus deudas
contraidas; otras, por sus mútuas riñas y temores de veneno; y
otras por su natural pereza; y ésta es una de las dos principales
raices de la total falta de los Indios en dichas Islas, y de la
diminucion de ellos en los Reynos Americanos.
La segunda raiz principal, es tal, que á pocos les pasó por el
pensamiento; y á no saberla yo de fixo, y haber hallado otros
Padres Misioneros, que diéron con ella, sin quedarles la menor
duda, no me atreviera á exponerla a la luz pública; pero debo
publicarla, y dar sus pruebas, porque cede en honor de la piedad
Española, el que conste, que el total defecto de los Indios en las
nombradas islas, y el mermado número de los demás Americanos, no
procede del rigor de los Españoles, sino del genio raro de los
mismos Indios; para cuyas extravagantes resoluciones, no niego, que
tal qual Español dió algun motivo, como ya insinué arriba; pero el
mayor daño tiene raíces mas profundas.
Pero ántes quiero prevenir al curioso Lector, poniendo á su
vista la necedad, y el tan ciego, como inhumano decrecto de Faraón,
Rey de Egipto
|
(d)
, en
que para disminuir en su Reyno las familias Hebreas, mandó á las
Parteras, que al tiempo de asistir á los partos de las Hebreas,
quitasen la vida á los infantes, y dexasen con ella á las niñas.
Erró Egipto, porque estas niñas despues habían de ser madres, y
procrear: y en todo caso, á éstas se habla de enderezar el cruel
decreto , porque como poco ha dixe, es necesario que corra el rio,
miéntras duren sus primeros manantiales; y reto jiará muchos
renuevos el árbol, por mas ramas que le quiten, miéntras tenga
raices en la tierra.
Para tan inhumano intento, mas acertado medio tomáron las
mugeres Americanas, oprimidas de su melancolía, ó sufocadas al ver
gentes forasteras en sus tierras, ó como algunas dixéron,
|por no
parir criados y criadas para los advenedizos, pues se
resolviéron muchas á esterilizarse con yerbas y bebidas que tomáron
para conseguirlo. Dixe muchas, porque si hubieran sido todas, mucho
tiempo hace, que se hubiera acabado totalmente su generacion en
ambas Américas. No dixe
|todas, porque en muchas Provincias
abundan, y se aumentan notablemente los Indios; y particularmente
es increíble lo que se aumentan los Indios Filipinos. Dixe
|muchas, porque tengo prueba eficáz de ello; y de la prueba
del hecho, en unas Provincias é Islas, se puede, sin temeridad,
inferir lo mismo en otras, donde subsistió el mismo motivo y ciega
barbaridad de las Americanas.
Dos razones, tanto mas fuertes, quanto mas observadas con largas
reflexíones y experiencias, convencen y prueban la dicha voluntaria
esterilidad; porque en primer lugar, muchas personas de maduro
juicio han observado, que en las partes donde descaece
conocidamente él número de los Indios, se ven muchas Indias sin
hijos, y enteramente estériles; y éstas son las casadas con Indios;
pero al mismo tiempo se reconoce en los mismos para y Pueblos, que
todas las Indias casadas con Europeos, ó con Mestizos, Quarterones,
Mulatos y Zambos, y tambien las que se casan con Negros, son tan
fecundas, y procrean tanto, que pueden apostar á buen seguro con
las Hebreas mas rodeadas de hijós. ¿Y quién habrá á quien no cause
armonía, y dé gran golpe, esta tan visible y notable diversidad,
entre unas y otras Indias de un mismo Pais y temperamento, y de un
mismo Lugar? ¿Qué causa oculta hay aquí? ¿Qué diferencia? Digo, que
de la
|diferencia nace la
|causa: y la diferencia está,
en que si la India casada con Indio procrea, salen indios humildes,
desatendidos de las otras Gentes, prontos á servir hasta á los
mismos Negros esclavos, como ya dixe en su lugar; salen la dios
sujetos al abatimiento, hijo de la cortedad de su ánimo, y de su
innato temor; obligados al tributo, que aunque llevadero, se mira
como carga y lunar: K, dixéron y dicen las Indias de las catorce
Islas Marianas, (por otro nombre de los
|Ladrones,) y á lo
mas, como de la Nacion de los
|Guayános me aseguró el Rmo. P.
Fr. Benito de Moya, Religioso Capuchino, Misionero Apostólico, y
dos veces Prefecto de sus Misiones, lo gran solo el primer parto,
para su consuelo, y toman yerbas para impedir los demás. Es cierto,
que la esterilidad voluntaria y buscada con tales medicinas, es
detestable, es contra la Ley de Dios, y contra el bien del Género
Húmano; pero no se puede negar, que hay males, los quales,
realmente, ó en la aprehension, parecen peores que la esterilidad,
mirada en sí puramente, por la falta de los hijos, de que va
acompañada; y así vemos, que en este sentido dixo Christo a las
Hijas de Jerusalén: quando llegue la calamidad que os anuncio,
entónces
|serán dichosas las estériles,
|y aquellas cuyos
vientres no diéron fruto
|
(e)
;
|y en este sentido excita Isaías á que
las estériles alaben á Dios
|
(f)
|; y el Apóstol á los de Galacia
|
(g)
, porque llega da
la tribulacion, sentirán solo su propio daño, y no la congoxa de
ver en él á sus hijos.
Pero volviendo á nuestro propósito, consta ser fecundas las
Indias, que no se casan con Indios, sino con otros de órden
superior, por poco aventajado que sea: éstas multiplican con la
fecundidad que ya dixe, por la causal contraria; esto es, porque ya
sus hijos no son Indios, ya no entran en el número de los
tributarios, mejoran de color y de fortuna, y son tenidos en mas
que los Indios. Consta de la Historia de las Islas Marianas
|
(h)
, que era tanto el número
de las familias de aquellos indios, que con ser las Islas, aunque
muchas en número, cortas en su extension y terreno, con todo habia
Isla, que tenia 180 Pueblos, y otras 160 &c.; y segun me
han asegurado los Padres Procuradores Generales
|
(i)
de la Provincia de Filipinas, á
la qual están agregadas las Marianas, al presente, de las catorce
Islas, ya no hay pobladas sino solas dos: en éstas solo hay 2700
almas, y en este número corto entran los Soldados de Guarnicion,
los Mestizos, Quarterones &c., procedidos de los Soldados y
otros forasteros, que se casáron con las Indias Isleñas las quales
son fecundas, quando las otras que se casan con Indios, lo son poco
ó nada. ¿Y porqué no dirémos lo mismo de las
|Familias que
poblaban las Islas de Barlovento? mayormente habiendo entre unas y
otras familias de Marianas y Barlovento, muy notables diferencias;
á saber: Primera, las de Barlovento fuéron conquistadas por armas;
las Marianas, con la luz de la Fé, y pacificamente: Segunda, en las
rebeliones de Indios, que hubo en la Española, Cuba &c.
fuéron rechazados á fuerza de armas, y con castigos
correspondientes, despues de vencidos. En los levantamientos que
causó el Chuto con su falsa doctrina , y otros de menor monta en
las Marianas, estuviéron los Españoles sobre la defensiva, porque
no podian mas; y así casi todos los disturbios se compusiéron,
interponiéndose los Misioneros; y las veces que fué necesario
castigar sus osadías, luego se rendian, y con el castigo de las
cabezuelas se acababa todo; de modo que los Marianos tienen mucho
menor motivo de mirar con horror y miedo á los Españoles, que los
de
|Cuba,
|Isla
|Española &c.; porque
aunque éstos, con sus motines y sublevaciones, diéron el motivo, se
usó con ellos mas rigor que con los Marianos luego si éstos, con
tan poco motivo, han buscado en la esterilidad la despoblacion de
doce de sus Islas; no será temeridad pensar lo mismo de los Isleños
de Barlovento. Esta es una de las causas de la diminucion de los
Americanos, que se debe entender con proporcion, al genio mas ó
ménos sañudo y duro de la Nacion, que descaece en su número de
gente; pero no es universal, porque vemos que otras de aquellas
gentes se aumentan, y van á mas, como ya diximos.
La otra causa, que notablemente concurrió á la diminucion de los
Indios, es la fuga, con que las familias se retiran á tierras
remotas, á veces por motivos fundados, á veces por temores
fantásticos, y por su nativa inconstancia. Esta es la notoria raiz
principal de la decadencia de los indios en las Provincias ya
sujetas al Rey nuestro Señor en las dos Américas, y muy en especial
de la despoblacion de las
|Islas de Barlovento, porque para
mí es indubitable, que de ellas se transportáron los
|Caribes
Isleños á la Tierra-Firme de
|Paría,
|Santa Marta,
|Cabo de Vela,
|Golfo Triste,
|Berbis,
|Corentin,
|Surinama, á la costa de la
|Cayána, y
al rio
|Orinoco, Paises todos poblados de Caribes, en tanto
numero, que apenas se hace creíble á los que lo han visto y
experimentado.
Voy á concluir, porque no es razon abandonar al fin de la Obra
el estilo sucinto, que he procurado observar desde el principio de
ella; y así á la razon que apunté arriba, probando esta retirada,
con el símil de los
|Amalecitas, que se huyeron, añado la
razon siguiente: todos saben
|
(j)
, que las Islas de Barlovento se llamáron
|Caríbales, porque eran Caribes gran parte de las Gentes que
las poblaban; y actualmente en tres de dichas Islas se mantiene
esta tan cruel inhumana Gente, que obligados de su excesiva
barbaridad, decretáron los Reyes Don Fernando
|
(k)
y Doña Isabel, que los tratasen
como á esclavos, pues no admitían partido, ni daban quartel. A mas
de estas tres Islas, que distan poco de la Martinica, ocupan
todavía parte de la Isla de la Trinidad de Barlovento,
inficionádola con sus bárbaras y gentílicas costumbres. Estos
Caribes Isleños miro yo como huellas, que nos muestran el rumbo por
donde la mayor pare te de los Caribes de aquellas Islas se
retiráron á poblar las costas de Tierra y á internarse en ella; y
el motivo de mi dictámen, es lo que llevo ponderado arriba, del
corto número de familias, y gran número de lenguages de que constan
las otras Naciones conocidas en dichas costas, y vertientes de
rios, que en ellas desembocan; y al contrario el ver la excesiva
extension en los terrenos, Capitanías y Poblaciones, que ocupa sola
la Nacion
|Cariba, baxo de un mismo lenguage, crueldad y
genio: lo qual arguye eficazmente los muchos
|Caribes
Isleños, que se transportáron á dichas costas; y se robora, por la
experiencia que tengo de la inclinacion que retienen de navegar:
propiedad de Isleños, por la qual, con increible destreza, en
piraguas rasas, y sin escotillón, se engolfan, pierden de vista las
costas, llegan á la Martínica y á otras Islas de Barlovento, y
vuelven á su Tierra-Firme, sin riesgo de ahogarse; porque hasta hoy
usan lo que notó Colón en su Diario; y es, que si algun golpe de
mar les trabuca la piragua, tienen habilidad para ponerla otra vez
flotante, nadando en el golfo; pues haciendo al mismo tiempo la
maniobra, con los piés nadan, y con las manos trabajan.
Esta navegacion y viage prosiguen, como costumbre inmemorial, y
que sin duda va pasando de padres á hijos, desde los primeros, que
de las dichas Islas se pasáron á Tierra-Firme. Esto se confirma,
viendo que éstos y los Colorados, (así llaman á los Caribes de las
tres Islas ya mencionadas,) mantienen el mismo porte altivo,
indómito y carnicero; y el mismo odio y horror á los Españoles, de
que he dado bastantes señas antecedentemente, porque ellos procuran
hacer quanto daño pueden, así á los Españoles, como a los Padres
Misioneros: y á todas las Naciones de Indios, que se portan como
amigos de los Españoles, las persiguen cruelmente por este motivo,
y con el fin de hacer esclavas á las mugeres y párvulos, y de
saciar su barbaridad con carne humana: estilo sangriento, que
usaban en las Islas de Barlovento
|
(l)
; y hoy continuan, como vimos, contra las
indefensas Naciones del rio
|Orinoco, y contra los Operarios,
que exponen sus vidas, por resguardar las de sus mansas ovejas: de
modo, que los Caribes lleváron á Tierra-Firme la misma inhumanidad
y genio carnicero, que usaban en sus Islas de Barlovento.
Esta retirada, afianzada con tan sólidas pruebas, y autorizada
en gran parte por Herrera
|
(m)
, se confirma y robora, considerando la
facilidad y freqüencia con que los Indios, en especial los de la
América Meridional, con motivos muy leves, y aun sin ellos, se
retiran á Paises incógnitos de Gentiles; bien que estas retiradas
no se pueden calificar, ni tener por apostasías, porque, como ya en
la primera Parte dixe, no se huyen por faltarles la fe, sino por
sobra de miedo y de inconstancia, y por exceso de pereza, que es
tanta, que ni aun para su provecho gustan del trabajo.
Y recopilando estos tres discursos, confieso, que las
|guerras,
|pestilencias y
|cargas, pueden
concurrir á la diminucion del gentío en las Provincias donde se
reconoce la merma, y en parte pueden haber concurrido al exterminio
de las Gentes naturales de las Islas nombradas de
|Barlovento; pero me vuelvo á ratificar, en que las dos
principales causas han sido la
|esterilidad voluntaria en las
Americanas, y la
|fuga y retirada de las familias á otras
Provincias, que las hay, y muchas, unas ya descubiertas, pero no
poseidas por los Españoles; y otras, ni poseidas, ni conocidas de
éstos. La retirada de los Indios de Chile, es por los caminos, que
ellos se saben, para ponerse al otro lado del rio
|Barbarana
y
|Bibio, y engolfarse en aquellos terrenos de Indios
|Araúcanos, y hasta Los
|Patagónes y Gentes
Magallánicas. Los malcontentos de
|Buenos Ayres,
|Paragay y del
|Tucumán, á mas de la retirada al famoso
|Chaco, tienen otras muchas á mano. Los Indios tentados del
|Perú, en atravesando la altura de los
|Andes, hácia el
Norte, no hay que cansarse en buscarlos, porque no se hallarán. Los
de las Provincias de
|Quito,
|Santa Fe, y resto de
|Tierra-Firme, tienen á mano innumerables Naciones de
Gentiles á que retirarse. A los de la Nueva España les faltan
escondrijos semejantes en las cercanías, pero no les falta á los
malcontentos modo de ausentarse. En los tales retiros, creo, y para
mí es indubitable, que habitan escondidos, la mayor parte de los
Indios que se echan ménos en los Paises conocidos; por cuya
salvacion debemos clamar siempre al Criador de todos.
Quiera la Divina Magestad que llegue ya el deseado tiempo en que
todas aquellas ciegas Naciones logren el beneficio de la luz
Evangélica, y con ella el fruto de su copiosa redencion, por medio
de muchos y muy fervorosos Operarios. Llegue, Señor, la hora, en
que apartando los ojos de vuestra justa indignacion, de las
perversas costumbres é ignorancias de aquellos Gentiles, los fixeis
en las preciosas Llagas de vuestro Unigénito, y en el amor
infinito, con que ofreció su Sangre y su Vida en holocausto, para
que todas las Naciones y Pueblos den á vuestra Magestad eterna
alabanza, honra y gloria. Amen.
Y ántes de retirar la pluma, me debo prometer de la benignidad y
discrecion del piadoso y prudente Lector, que disimulará los
borrones, que de ella se hubieren deslizado en el tosco lienzo de
esta Historia; en la qual quisiera haber emulado con los rasgos las
pinceladas de Apeles, mezclando con tal viveza los colores en la
variedad del contexto, que á un mismo tiempo arrebatasen la vista
para la honesta recreacion, la atencion para el aprovechamiento
interior, y el ánimo para alabar á Dios siempre admirable en sus
criaturas.
|
(a)
|
Regum cap. 14. vers. 48. y cap. 15. v. 2. &c.
|
|
(b)
|
2. Regum cap. I vers. 8.
|
|
(c)
|
Ibid. vers. 13.
|
|
(d)
|
Exod. cap. I vers. 15. y 16.
|
|
(e)
|
Luc. cap 23. vers. 29.
|
|
(f)
|
Isaie cap. 54. vers. 1.
|
|
(g)
|
Ad Galat. cap. 4. v. 27.
|
|
(h)
|
Histor. Marian. in Vit. V. P. Sanvitores.
|
|
(i)
|
P. Josef Calbo, y P. Joseph Bejerano.
|
|
(j)
|
Diario del Almirante Colón.
|
|
(k)
|
Herrera Decad. I. lib. 6. cap. 10.
|
|
(l)
|
Herrera Decad. 10. lib. 10. cap. 16.
|
|
(m)
|
Herrera Decad. I. lib. 6 cap. 10. y el Diario del Almirante
Colón. Y mas claramente Dec. I. lib. 2. cap. 17. pag. mihi 61.
|