CAPITULO XXVI
Rechazadas
dichas causas, se prueba ser insuficientes para la diminucion ya
propuesta de los Indios.
La primera causa, dicen, que fué la mortandad de Indios que hubo
en las conquistas. No puede ser lo primero, porque todas aquellas
Naciones estuviéron siempre, y se halláron en continuas y crueles
guerras unas contra otras, sin darse quartel; y dedicando los
prisioneros, unos para los sacrificios de los Idolos, y otros para
los mas selectos platos de sus convites, y no se acabáron, ni se
consumiéron: lo segundo, véanse todos los Imperios antiguos
transtornados, fuerza de armas, sangre y fuego, y no se despobló,
ni la Asia, ni la Europa: luego ni por esta causa se despobló el
gentío de las Americas. De aquel árbol simbólico, que segun el
Poeta, brotaba un ramo de oro, en el camino de los campos elíseos,
añade, que luego que cortaban un ramo, retoñaba otro igual
|
(a)
|avulso uno, non deficit
alter: miéntras el árbol no se desarraygue, él retoñará. En
tiempo de Matatías, padre de los Macabeos, ya parece no le quedaba
sino una débil raiz al árbol de la genealogía judáyca, y con todo,
véase qué proceridad creció; tal, que poniendo despues Vespasiano y
otros Emperadores Romanos todo el esfuerzo de su vasto Imperio en
aniquilarle y destruirle, le cortáron innumerables ramas; pero los
renuevos de aquel tronco, están, hasta hoy en dia inficionando á
todo el Mundo: luego la guerra es causa muy insuficiente para el
caso de que hablamos; mas de que se niega el que todas las
Provincias conocidas y conquistadas en las Américas, lo hayan sido
á fuerza de armas; porque muchas, viendo sujeta la Capital,
llanamente se rindiéron.
La segunda causa de la tal diminucion, se atribuye al trabajo
personal que se les impuso á los indios. Ménos suficiente es esta
causa que la antecedente: lo primero, porque dado, y no concedido,
que la carga y trabajo fuese exorbitante luego que llegó a la
noticia da los Católicos Monarcas Don Fernando y Doña Isabél, la
arregláron y moderáron con leyes llenas de piedad christiana,
vigilancia y cuidado, que con el nuevo Imperio Americano heredan
nuestros Católicos Monarcas.
Lo segundo, porque los Españoles Encomenderos, cuya crueldad
tanto se exagera, eran hombres racionales: (quiero permitir, para
solo dar fuerza al argumento, que ciegos con el interés, se
olvidasen de que eran Christianos:) y solo por ser racionales, no
habian de oprimir á sus Indios encomendados, de cuyo tributo
comian, por órden de su Magestad, en recompensa del imponderable
trabajo de las pacificaciones de aquel Nuevo Mundo; mas de que
bastaba la pura lumbre de la razon para que dixesen: el tributo ó
trabajo personal de estos mis Indios encomendados, es el único
premio de mis afanes: luego si los oprimo y consumo quedaré sin
finca; y sin que comer: luego debo cuidarlos para poderme utilizar.
No faltaron algunos, á quienes faltó este corto discurso, ni
tampoco les faltó Juez, que les fuese á la mano, y castigase la
demasia y el exceso.
Lo tercero, recurren al trabajo y taréa de las minas de oro y
plata; pero en vano buscan títulos insuficientes; porque lo
primero, es en estos tiempos muy considerable el número de Negros
libres, de Mestizos, de Mulatos y Zambos Jornaleros; y no falta
Europeos, que toman la barra, y ganan sus quatro reales de plata
cada dia, así en las minas del Perú, como en las de la Nueva
España, y están buenos y sanos, contentos y alegres, y mantienen á
sus mugeres é hijos. ¿Pues qué? ¿Piensa algun Extrangero, que hacen
trabajar de valde a los Indios, y que aquel es un remo intolerable?
Tres reales de plata ganan cada dia de jornal, que es muy
suficiente, atendido su corto gasto, para mantenerse, y ahorrar
algo cada dia
|
(b)
. Y
en la Nueva España ganan al dia quatro reales; y los Indios que
entienden de barra, y saben seguir la yeta del metal, á mas de los
quatro reales, ganan su
|pepina, que es una espuerta de metal
escogido, que suele valer seis, y á veces diez reales de á ocho.
Los que asisten en una
|tanda, como llaman en la Nueva
España, ó en la
|mita, que así llaman en el Perú, se les pasa
mucho tiempo, sin que se les siga el turno para volver á ir; y
entónces no van como forzados de Galera; porque el que no puede, ó
no quiere ir, se le admite al Indio que presenta, para que supla su
lugar. En las minas de Tierra Firme, quales son las de
|Chocó,
|Antioquía,
|Barbacoas &c.
únicamente trabajan los Esclavos Negros; y éstos sin embargo de
trabajar como Esclavos, vemos que viven, procrean, y se aumentan:
luego el imaginado trabajo de las minas, es una causa muy
insuficiente para la ponderada diminucion de Indios.
Se me replica que éstos son mas débiles que los Negros, y ménos
trabajadores que los jornaleros, que arriba insinué, y que por eso
des fallecen, y mueren; y que esto es innegable, por la evidente
decadencia de los Pueblos, que van á las
|tandas y
|mitas de las minas.
Concedo, como ya concedí, la merma conocida los Pueblos, que van
á las minas quando se siguen sus tandas, pero niego redondamente,
que el trabajo de ellas disminuya los Indios, porque el daño, ni
nace del trabajo de las minas, ni de las poca fuerzas de ellos para
tolerarlo. Tal qual es el daño, que no es tanto como se pondera, ni
capáz de causar la merma que en comun se reconoce, nace del poco
gobierno, y de la ninguna economía de los mismos Indios que van á
las minas; porque ellos van mal vestidos, y casi sin abrigo, por su
incuria. La paga de toda la semana, que se les da el sábado, la
gastan el domingo en comer, beber y baylar, sin ton, ni són, como
se dice, ¿y qué se sigue de aquí?: Que gastado ya el dinero, pasan
miserablemente en el trabajo la semana, con muy vil, y poco
alimento. Parece que habian de escarmentar para la semana
siguiente, y retener para el gasto; pero nada ménos que eso: ántes
los mas de ellos se van empeñando para sus gastos impertinentes, ya
con el dueño de la mina, y con los, que venden vino, aguardiente y
bastimentos: de que se sigue, que el Minero los obliga por
justicia; ó á que le paguen lo que dió adelantado, ó á que trabajen
el tiempo correspondiente á las deudas; y se sigue, que yendo así
de malo en peor, cada día mas adeudados, muchos mueren, se huyen
muchos mas á otras Provincias distantes; y no solo éstos, sino aun
aquellos que no se han adeudado, quando al tomar el camino de sus
Pueblos, ven que en ellos no han de hallar sementera, y que sus
mugeres, para mantenerse habrán contraido deudas, espantados del
mal recibimiento que temen, en lugar de seguir el camino de su
tierra, se destierran voluntariamente á, Provincias remotas; y ésta
es una de las raices ciertas de la diminucion de los Pueblos, no
las minas, ni su trabajo, ni las pocas fuerzas, que para él se
idean en los Indios, sino el mal gobierno. Esta no es piadosa
consideracion mía: yo digo lo que hay, y lo que sé; y se evidencia
esta verdad en los Pueblos de
|Juli, que están á cargo de los
Operarios de la Compañía de Jesus del Perú, que tambien asisten
puntualmente á las minas; y con todo crecen como espuma, y se
aumentan mas y mas cada día, como es público y notorio, y consta
por el informe, que la Real Audiencia plena de
|Chuquisaca
hizo á su Magestad sobre este mismo punto, de que aquí
tratamos.
Pues si de todos los Corregimientos van Indios á las minas, y
los de
|Juli siguen el mismo turno de mitas; ¿de dónde nace
tan notable diferencia? Del buen gobierno; porque conociendo su
desbarro , los tratan como pupilos; les dan vestido de remuda y
avío para el camino; les ponen sobrestante que los reprima; y no
estan en las minas, mantienen del comun á las mugeres é hijos: les
previenen sementeras para su retorno; y quando es tiempo de volver,
va quien pague todas sus deudas, y quien los trayga via recta á sus
casas; ¿qué mucho que crezcan en lugar de disminuirse, los Indios
de
|Juli, no obstante el decantado remo de las minas?
La tercera causa se atribuye á las viruelas y contagios, que se
han introducido en las Américas, despues de sus conquistas: opinion
muy valida entre los Autores Españoles
|
(c)
. No niego que han sido considerables y
repetidas las mortandades de los Indios, pues veo, que de sola la
llegada del navío, llamado el Leon; Franco, por los años de 1719, á
las costas del Perú, resultó tal contagio, que á mas de los
Españoles y Mestizos, casi innumerables, que falleciéron, llegáron
á doscientos mil Indios los que muxiéron; y en quanto á las
viruelas del Perú de el contagio de la Nueva España de 1597, y
otros muchos de la Tierra, nuevo Reyno &c, que el Rev. P.
Presentado Fr. Gregorio García, en su orígen de los Indios,
atribuye á la poca fe de ellos
|
(d)
, y á castigo claro de Dios, por su
idolatría; digo que estos han sido grandes estragos, que han
coopera do á la diminucion de los Americanos; pero así como digo,
que solo por via de piadosa consideracion, se pueden atribuir
dichos contagios á castigo de Dios, por la idolatría de los Indios
Peruanos, y de la Nueva España, así tambien afirmo, que no son
causa suficiente dichas pestes solas para la merina de Indios que
se llora: dixe, que es una piadosa consideracion atribuir las tales
pestes á castigo de Dios, en pena de la idolatría; porque vemos,
que en muchas Provincias de Indios, donde no ha habido, ni hay
idolatría, se han visto las mismas pestes y viruelas contagiosas; y
en Pueblos, donde, con notable confusion de los Europeos, florece
la fe notablemente, hemos visto y sufrido repetidos contagios y
epidemias: lo qual no puede ser castigo de Dios por la idolatría
que no hubo; ni por la falta de fe, que por su bondad florece y
fructifica en dichas Provincias.
Robórase este dictámen con la experiencia de repetidas epidemias
de párvulos, que sufren las Misiones de nuestro cargo, con notable
estrago; tanto, que acaban de reiterarme los Padres Procuradores de
la Provincia, verdaderamente Misionera, del Paraguay
|
(e)
, que en solo el año de 1738
pasáron de seis mil, los párvulos que muriéron; y en el año de 1741
ya se contaban diez y ocho mil párvulos difuntos en dichas
Misiones, por carta que de ellas vino, y se imprimió en esta Corte
|
(f)
. Otra carta acabo
de recibir del Padre Superior de las Misiones del Orinoco
|
(g)
, fecha en el año pasado de
1741; en la qual, despues de referir las nuevas Gentes, que se
habian agregado á las Misiones, añade, que una grande inundacion de
viruelas, que desde la costa del mar subió de Nacion en Nacion, se
habia llevado en flor á casi todos los párvulos de dichas Misiones:
primicias del mucho fruto que esperamos de aquellas Naciones. Y qué
falta de fe, qué idolatría, qué peca dos castigó Dios en aquellos
inocentes? Digamos lo que es fixo y cierto; y es, que el Divino
Labrador es dueño absoluto de su viña, y quando es la hora de su
divino beneplácito, con una escarcha se lleva en flor, lo que no
quiso fuese vendimia tardía.
Atribuir las pestes y contagios á castigo de Dios, por la poca
fe de los Indios, es una congruente consideracion, fundada en los
castigos, que Dios nuestro Señor intimó por sus Profetas, y
executó, por sus altos juicios, en la Gente Hebréa, y tambien en
Reynos Christianos; pero tambien ha enviado su Magestad semejantes
plagas pór otros motivos y fines de su alta providencia, sin que
los podamos atribuir solamente á falta de fe
|
(h)
, ni á la gravedad de los pecados.
La paciencia del Santo Job
|
(i)
, para exemplar de nuestro sufrimiento,
buscaba Dios en aquellas plagas, que atribuian á castigo, aun
aquellos sus amigos, que eran abonados testigos de las heroycas
virtudes de aquel pacientísimo Varon. El sufrimiento del Santo
Tobías
|
(j)
, y la
mansedumbre del Real Profeta
|
(k)
para nuestra enseñanza, fuéron el fin con
que su Magestad les envió las plagas, trabajos y persecuciones.
Erráron los bárbaros Isleños de Malta, quando al ver prendida la
vívora de la mano del Apóstol, dixérón no hay duda
|
(l)
, que este hombre es homicida:
apénas se ha librado del naufragio, ya tiene sobre sí otro castigo
de Dios.
Lleno de pecados de piés á cabeza, dixéron los Sacerdotes de la
Ley Antigua, que estaba el ciego, á que el Señor habia dado vista,
sin Giro motivo, que el de haber nacido ciego
|
(m)
:
|In peccatis natus es
totus, &c. opinion, en que por entónces estaban tambien
los Sagrados Apóstoles
|
(n)
:
|Quis peccavit, hic, an parentes
ejus? y solo dudaban, si aquel que suponian ser gravísimo
castigo, era en pena de sus pecados, ó por los de sus padres. Y
aquí el Divino Maestro, primero enseñó á los Apóstoles, despues
abrió los ojos del ciego, y en ellos los nuestros, para que
viésemos y entendiésemos ,,que ni el ciego habia, pecado, ni sus
padres; y que el haber nacido ciego, no era por castigo, sino para
que en su curacion fuese glorificado el Altísimo , por los
prodigios que hacia el omnipotente brazo de su Unigénito
|
(o)
: "de modo, que
aun quando su Magestad procede y concurre como Autor natural,
vemos, que para una copiosa cosecha, no so lo ordena su Magestad la
apacibilidad de la primavera, sino tambien el ardiente calor del
estío, y las rigurosas escarchas del invierno: medios, que la
primera vista parecen opuestos al fin que se pretende. Y así de las
pestes y plagas de los Americanos, no podemos inferir su falta de
fe, y mas viendo, que en tales epidemias padecen igualmente los
Españoles, en cuya constante fe no cabe sospecha, ni sombra de
ella.
A mas de que las pestes, aunque repetidas, y las demás
enfermedades, no son por sí solas suficiente causa para disminuir
tan notablemente el gentío de las Américas, como ya dixe; sí bien
es cierto, que continuándose éstas con rigor, pudieran despoblar
aquella, y qualquiera otra parte del Mundo: y la razon nace de la
experiencia misma; porque si ellas bastáran, ya estuviera
enteramente despoblada la
|Ungría, la
|Bosnia y las
demás Provincias comarcanas á Constantinopla: ni hubiera hombres,
ni memoria de ellos en
|Argél,
|Tunez,
|Tánger,
ni en todas las costas de Berbería, segun las fatales y repetidas
pestes y contagios, que Dios les envia por sus altos juicios:
entretanto vemos que crecen, y que como mala yerba se multiplican:
luego es fuerza confesar, que las pestes solas no pueden causar la
notable diminucion de las Gentes de que hablamos; y es preciso
creer, que hay otra oculta causa de este notable daño.
La quarta raiz de la controvertida merma, se atribuye á los
tributos y cargas impuestas á los indios; y esta causal es, á mi
entender, tan insuficiente para el efecto pretendido, que la
omitiera totalmente, á no ver que en ella consienten muchos
Extrangeros, y no pocos Españoles, poco noticiosos de las leyes
dispuestas para los Indios, que no pueden ser mas piadosas, ni mas
llevaderas; por las quales han mirado
|
(p)
y miran los Monarcas Españoles á los
Americanos, como pupilos, y como á menores, para cuya indemnidad y
defensa, tiene su Magestad en cada una de las Reales Audiencias del
Nuevo Mundo, un Fiscal timorato y docto, que sin la menor
gratificacion de ellos, defienda á los Indios en sus causas, los
patrocine en la establecida posesion de sus privilegios, y los
defienda de qualquier injusticia y agravio que se les haga. Ya
dixe, que el trabajo personal, desde que se supo el abuso, fué
minorando; y añado, que despues fué enteramente prohibido, por la
piedad de nuestros Católicos Monarcas. Por 1o que mira al homenage
debido al Soberano, de que da muestras el súbdito en el tributo y
reconocimiento, ¿qué vasallos se hallarán en este antiguo Mundo,
que no le rindan semejante á sus Reyes? Erré en decir
|semejante, porque, sin hacer injuria á ninguno, se puede
afirmar, que es muy desemejante el tributo que anualmente pagan los
Indios, al que generalmente contribuyen los Europeos; y se pudieran
estos reputar por muy felices, si exhibieran sola la cantidad que
tributan los Americanos, libres de otras cargas, y obligados
solamente á una suave y tolerable contribucion, no impuesta
generalmente, sino proporcionada á la fertilidad ó pobreza del
Pais, mas ó ménos, segun los frutos del terreno: ni les obligan á
que aquellos dos ó quatro pesos que contribuyen, los den en moneda
efectiva, porque deben los Corregidores recibir el tributo en
frutos ó en géneros corrientes, ya naturales, ya artificiales. Y
este tributo cede en bien de los mismos Indios; porque aun que es
cierto, que entra en las Reales Caxas; pero de él se saca primero,
y se da el estipendio anual del Párroco, que cuida de cada Pueblo;
y si lo tributado no alcanza, como acontece en muchos Curatos,
suple su Magestad de su Real Erario; esto es, en los Pueblos de
Curas Colados; pues en las casi innumerables Misiones, en que por
ser poco domesticados los Indios, todavía no tributan, mantiene su
Magestad enteramente á su costa los Ministros Evangélicos: y esta
magnífica piedad de su Magestad no necesita de que yo añada aquí ni
una letra en su alabanza.
Voy sí á roborar mi dictámen arriba propuesto sobre esta
materia, pues son dignos de todo respeto los Autores que se
inclinan á la opinion opuesta; y aunque con lo que acabo de apuntar
supongo ya superada y vencida la controversia; con todo, demos que
fuera el yugo impuesto á los Indios grave, y tanto, quanto
indicaban las quexas, que Roboan daban los Hebreos
|
(q)
, contra el que les habia
recargado Salomon; y digo, que aun en esta suposicion, si bien el
peso del tributo puede perturbar el Reyno, melancolizar á los
vasallos, y reducirlos á una vida amarga; pero si no se añade otra
causa, no basta aquella para minorar el número de los súbditos
|
(r)
. Faraón, en
Egypto, no solo tiraba á oprimir á los Hebreos, sino tambien tiraba
derechamente á minorar su número; y vemos en las Divinas Letras,
que quanto mas los recargaba, tanto mas crecian, y se aumentaban.
Ya veo, que ésta fué obra del brazo poderoso de Dios
|
(s)
, por la qual cumplia la palabra,
que su Magestad dió al Patriarca Abrahán, de que su descendencia
habia de competir en número con las arenas del mar, y con las
Estrellas del Cielo. Pero á los Gabaonitas, que engañáron á Josué
|
(t)
, y á los demás
Jueces de Israél, no hizo Dios ésta, ni otra promesa semejante, y
con todo creciéron, y se multiplicáron, en medio de la mayor
opresion imaginable; porque viéndose engañado Josué por los
Gabaonitas, les concedió la vida
|
(u)
, pero los oprimió sobre manera en todo
género de oficios serviles, y de excesivo trabajo, como se ve en
Divinas Letras, sin que faltase la multitud y numeroso gentío, en
medio de una opresion hecha de estudio: luego la carga y
servidumbre, por grave que sea, si es sola , no es suficiente para
disminuir una Nacion.
Qué mayor servidumbre se puede idear, que la de los infelices
Judíos, desterrados de su Patria, y aun del Mundo, porque en él no
tienen Ciudad, ni territorio, derramados sobre la faz de la tierra,
despreciados, oprimidos, cargados de tributos en castigo del
deicidio, que ciegamente cometiéron sus Mayores? Aunque tan bien
merecido, da horror tan grande castigo; y despues de todo él, ó por
mejor decir, oprimidos con todo él, en lugar de ir á ménos, vemos
que van á mas; y aun abandonados de la mano de Dios, no se minoran
ántes crecen en número; porque Dios dexa correr el curso de las
causas naturales, á que no falta el concurso de su
Omnipotencia.
De modo, que ni las guerras, ni el trabajo personal, ni las
peste ni los tributos y opresiones, con tal, que no sean de una
exórbitancia nunca vista, pueden ser causa total y suficiente para
disminuir tan notablemente las Naciones; porque á serlo, estuviera
casi despoblado este Mundo antiguo, ni hubiera rastro de Ungaros,
de Turcos, de Moros, de Judíos, ni de otras Naciones, de cuyas
calamidades se ha hecho mencion. Es verdad, que si las plagas
fueran permanentes, ó por algunas otras circunstancias fueran
extraordinarias, precisamente acabáran ó disminuyeran las Naciones;
pero como Dios mira á los mortales, temperando su ira
|
(v)
con su misericordia, no
llega á tan ultimo extremo su indignacion, que es de Padre
amantísimo.
|
(a)
|
Virgil. Eneid lib. 4.
|
|
(b)
|
Histor. Cinaloa lib. 8. cap. 3 fol.
476.
|
|
(c)
|
M. Fr. Gregorio García. Lib. 3 cap. 2. §. 3.
|
|
(d)
|
Herrera, Dec. 5. lib. 5 cap. II Fr. Bartholomé las Casas, Ep.
Chiap. in Melat. Gomara I. part. Histor. Ind. Torquemad. lib. 17.
cap. 15i &c alii plures.
|
|
(e)
|
P. Diego García, y P. Juan Joseph Rico.
|
|
(f)
|
Dióla á luz el P. Procurador General Juan Joseph Rico.
|
|
(g)
|
García, lib. 3. Cap. 2. §. 3.
|
|
(h)
|
Job per totum lib.
|
|
(i)
|
Tob. per totum lib.
|
|
(j)
|
Lib. 2. Regum.
|
|
(k)
|
P. Manuel Román.
|
|
(l)
|
Áct. Apostol. cap. 28. vers. 4. Utique homicida est homo
hic,&c.
|
|
(m)
|
Joann. cap. 9. v. 34.
|
|
(n)
|
Joann. ibid. vers. 2.
|
|
(o)
|
Joann. cap. 9. ver:. 2. &c 3.
|
|
(p)
|
Herrera, Dec. I. lib. 4. pag. mihi 117. La nueva Recopilacion
passim.
|
|
(q)
|
3. Regum, cap. 12. vers. 4. &c 9.
|
|
(r)
|
Ecce populus filorum Israel multus. Exod. cap. I. vers. 9.
|
|
(s)
|
Faciamque te crescere vehementissime. Gen. 17. v. 6.
|
|
(t)
|
Josué, cap. 10. v. 6.
|
|
(u)
|
Josué, cap. 9. v. 2o &c.
|
|
(v)
|
Eccl. cap. 16. vers. 13
|