CAPITULO XXIV
Estilos que
guardan aquellos Gentiles en sus casamientos: la poligamia, y el
repudio.
Como cada Nacion sigue sus tradiciones, tiene tambien sus
particulares usos en los casamientos. Ya dixe latamente en el
Capítulo décimo, la multitud de ideas con que los Indios
|Guayquiries solemnizaban en su gentilidad los casamientos: y
noté allí ser cosa muy singular entre los bárbaros, los quales
comunmente gastan pocas ceremonias en tales casos. No puedo
individuar aquí todo lo que noté entre ellos, por no ser molesto:
apuntaré tal qual especie, de que se podrán inferir otras
semejantes, y formar algun concepto del desacierto de los hombres,
que caminan sin la luz de nuestra Santa Fe.
En una cosa concuerdan gran número de aquellas Naciones; y las
restantes, aunque no abiertamente, adhieren en algun modo a la
persuasion en que están aquellas, de que las hijas son vendibles, y
que el novio debe pagar las sus padres, por el trabajo con que las
han criado, y tambien por el afan y cuidado con que en adelante
trabajarán en útil de sus mandos. Esta opinion, que siguió Laban
|
(a)
, haciendo trabajar
bien largamente Jacob, por las dos hijas que le dió, Lia y Raquél,
es la seguída y practicada por el mayor número de las Naciones
Gentiles, de que voy tratando; pero como aquella es gente de corto
ánimo, y de caudal mucho mas corto, se comentan los padres de la
novia con cosas de muy poca monta. No las dan tan baratas en el
vasto y político Imperio de la China, en el qual toda la gente
plebeya y pobre, compra por su dinero las mugeres para casarse; y
aunque la Nobleza no entró en este uso, tiene otro mas costoso;
porque ántes del casamiento envian á las novias grandes cantidades
de dinero para que compren las alhajas y cosas que gustáren
|
(b)
. Ni esto debe causar
armonía á los Europeos, como que este mas parece interés y codicia
en los padres, nos que amor á sus hijas; porque tambien los Chinos
y los Americanos notarán esto mismo en los novios Europeos, y
dirán, á veces sucede, que los novios parece, que no tanto buscan
la muger, quanto al dote que le dan sus padres. Por otra parte, el
mismo dote, que es liberalidad de los padres, y señal del amor que
tienen á sus hijas, le pueden interpretar siniestramente aquellas
Naciones, diciendo, que los padres de familias en Europa, por
descartarse de las hijas, como si les sirvieran en casa de mucho
estorbo, dan mucho dinero á los que las toman por mugeres; y así,
si aquellas costumbres disuenan á los Europeos, las nuestras han de
disonar á los Chinos y á los Indios: de que resulta este problema
político:
|¿Quiénes se portan mejor con sus hijas, los que las
venden para que sus maridos las estimen; ó los que las dotan para
que sus maridos las aprecien?
Entre algunas de aquellas Gentes se usa, que en naciendo algun
niño, están observando, y esperando la primera niña que sale á luz,
y luego se la piden á sus padres, alegando, que deben ser
compañeros, por haber venido á este Mundo el uno en pos del otro; y
en aquel dia queda ajusta do el casamiento: así que el chico crece,
y empieza á usar el arco y flechas, todo lo que puede haber á sus
manos, lo lleva á la niña, sea pescado, aves ó frutas; tributo que
reconoce y paga hasta que á su tiempo se la dan por muger. En otras
Naciones, ántes de entregársela, deben preceder al méritos
positivos: el primero, que por sí mismo mate un jabalí, y le trayga
á casa del suegro, en prueba de que ya es hombre en forma: el
segundo, ántes de casarse, debe por sí mismo prevenir sementera, la
manera que la previenen los hombres casados, en prueba de que ya
puede mantener familia. En otras Naciones es mas pesada la paga ó
la prueba; porque está en uso, que á mas de prevenir su sementera y
casa nueva en que vivir, debe trabajar, y disponer la sementera de
su suegro, y hacerle una casa nueva, si la que tiene es ya vieja; y
si es buena, en lugar del trabajo, que habia de tener en
fabricarla, queda obligado á disponerle sementera el año
siguiente.
En otras Naciones no se anda con estas nimiedades, sino
claramente, por via de contrato, se conviene lo que el novio
efectivamente debe dar por paga de la novia; y concluido el trato,
da lo pactado; y si tiene edad, se la lleva; y sino, desde entónces
corre con la obligacion de buscarla que comer. Quando el que pide
la hija casadera, tene ya otra ú otras mugeres, se les hace muy
raro á los padres de la moza el consentir, y solo á fuerza de
aumentar la paga, se llega á terminar el contrato.
No sucede así en órden á las viudas que que dan casaderas; pues
en quanto á éstas, entre los Caribes, las hereda el hijo mayor del
difunto; y entre los Otomácos, los Capitanes dan la viuda á un
jóven; y entre las demás Naciones, ya no intervienen los padres de
ellas en el segundo casamiento, sino que ellas por sí se casan
segun mejor les parece.
Solo entre los Betoyes, y sus varias Capitanías observé, que
mediaban algunas palabras al tiempo de entregar las novias, y eran
éstas pregunta el padre de la novia al novio: ¿
|Fajinefá du?
¿
|La cuidarás? Y responde el mozo:
|Mamí farrinefá du.
|Muy bien la cuidaré: y sin mediar entre los contrayentes
palabra alguna de contrato, se dan por casados á su modo; aunque,
como luego diré, tienen muy pocas señas de válidos estos contratos,
sean tácitos, sean expresos. Vease a Herrera
|
(c)
y al Padre Trigault
|
(d)
, quien en su Historia de
la China, dice de aquellos casamientos:
|Los padres de ambos
componen estos contratos, y no piden para ello el consentimiento de
los hijos, pues estos obedecen ciegamente á sus padres; y si
esta subordinacion en las niñas gentiles excitase el enojo de las
señoras, cuyas hijas criadas en la santa y verdadera religion
christiana, se salen, (por mano del Vicario Eclesiástico), y se
casan á su gusto, contra la voluntad de sus padres; entiendan que
su enojo no ha de ser contra las hijas, que tal ingratitud
cometiéron, sino contra sí mismas, que tal crianza les diéron, que
tan poco las resguardáron, y tantos paseos las permitiéron; y mas
quando no son necesarios muchos; pues Dina
|
(e)
en la primera salida halló quien la
quisiese.
La poligamia, que es tener multitud de mugeres, viene de padres
á hijos entre aquellos Gentiles, como uso tan constante, que ni por
pensamiento se les ofrece la menor duda de si será, ó no será
licitó: pero generalmente hablando, son pocos los que tienen muchas
mugeres, no por falta de voluntad, sino porque no las hallan; ó
caso que las hallen, porque no tienen caudal para dar la paga que
piden sus padres, ó no quieren obligarse á las pensiones que arriba
apunté. Los Caciques, los Capitanes, y algunos valentones, que
sobresalen, ó en el valor, ó en la destreza y eloqüencia del
hablar, y sus
|Curanderos,
|Médicos ó
|Piaches,
son los que, ó por su autoridad y valor, ó por sus enredos y
embustes, consiguen dos ó tres mugeres cada uno; y algunos de muy
sobresaliente séquito, consiguen hasta ocho , y aun mas.
Pero bien observada la materia, se ve claramente en ellos, que
el agregar tantas mugeres, mas nace del interes de lo que éstas
trabajan, y sudan en la labor del campo; y de la soberbia y
altivez, con que aspiran á ser tenidos por hombres poderosos, y de
séquito, que de otro motivo ménos decente: con todo no faltan sus
riñas entre ellas, como se dexa entender, sin embargo de que no
viven en la casa juntas, sino cada una en su habitacion con sus
hijos, y su hogar aparte, sin intervencion con la otra. El pescado
que adquiere el marido, ó por sí, ó por sus domésticos y vasallos,
se reparte entre todas con proporcion, segun los hijos que cada una
tiene; y en llegando la hora de comer, le tienden en el suelo la
estera, que es su mesa, y cada muger le pone delante su plato de
vianda, su torta de
|cazabe ó
|caizú de maiz, y se
retira: coma, ó no coma, nadie le habla palabra. Pasado algun
espacio competente, cada una saca de su tinaja ó cantaro una tutuma
ó medida de
|chicha, y se la pone delante para que beba y
concluido esto, cada qual se re tira á su habitacion, á comer y
beber con sus hijos, con el qual retiro se evitan pleytos. En el
campo se observa la misma separacion; de modo, que aquella porcion
de bosque, que el marido con los convidados desmontó para
sementera, la divide en tantas partes, quantas son las mugeres que
tiene, y cada una siembra, cultiva y atiende á su parte, sin
meterse en el terreno de la otra; aunque es verdad, que ni aquí
faltan sus enojos, sobre si á la otra le tocó mejor terreno ó mas
dilatado, y sobre si los hijos de aquella hurtáron frutas de la
sementera de ésta, y por otras cosas semejantes.
Así como en la poligamia seguian estas Gentes, y aun siguen las
que no están sujetas al Evangelio, la desenfrenada costumbre de los
demás Americanos
|
(f)
,
en que sin duda irian ya impuestos los primeros pobladores, que
pasáron de éste á aquel nuevo Mundo, porque en éste era y fué tan
antiguo el tal desórden
|
(g)
, como es notorio; así imitáron la
costumbre del repudio, transportando consigo el uso, que acá estuvo
desde tiempos tan antiguos radicado
|
(h)
, que le tomáron los Hebréos, viéndole
establecido entre los Gentiles, y despues corrió con los siglos
entre las demás Gentes
|
(i)
.
Solo se diferencian en el modo, y en los motivos del repudio,
que son varios, segun la variedad de genios y costumbres de las
Gentes. Los Hebréos no podian executarlo sino en ciertas
circunstancias, y con motivo bien averiguado; y entónces debian dar
libelo de repudio
|
(j)
.
Mucho menores causas requerian los Romanos, y bastaba que
|Ticia hubiera ido al
|Circo sin licencia de
|Clavio, para que éste la repudiase Finalmente, los Indios
abandonaban sus consortes por motivos mucho menores, y aun sin
ellos, siguiendo el ímpetu de su depravado genio, como ya apunté
|
(k)
.
No obstante lo dicho, por lo que mira á sus casamientos, dan
algunas de aquellas Naciones alguna muestra de racionalidad, no
casándose con parientas en primero, ni segundo grado de
consanguinidad; y particularmente la Gente
|Betóya, en esta
materia, excede á las otras Naciones, observando exáctamente el no
casarse hasta pasado el quinto grado; pero otros Indios, como los
|Caribes y
|Chiricóas, tienen muy poco, ó casi ningua
reparo en ello.
En esta confusion y tinieblas halla el Operario á los Gentil á
quienes va á dar la luz del Evángelio; y á la verdad la poligamia y
el repudio son el
|Syla y
|Caribdis en que han
naufragado muchos Pueblos de Misiones, que daban no pocas
esperanzas de fruto permanente y copioso para el Cielo: por lo que
los Misioneros, que entran de nuevo al ministerio Apostólico, es
bien que se informen muy despacio del modo y de las reglas de
prudencia, que la experiencia ha enseñado á los ya versados, para
proceder con acierto en tales y tales Naciones, porque no es
factible dar una regla general, á causa de que así como entre sí
discrepan aquellos lenguages, son tambien muy diversos los usos y
los naturales.
El fin principal, es ganar para Dios aquellas almas: á esto se
dirigen todos los afanes y diligencias: pero tenga por cierto el
Operario, que perderá en un solo dia todo su trabajo, si ántes del
tiempo competente habla de la poligamia. Para desterrar las
tinieblas, envia el Sol con pausa sus primeros crepúsculos, y los
va aumentando, para que últimamente, á vista del dia claro, se
destierren las sombras. No tienen aquellos Bárbaros luz alguna de
la eternidad: no se les ofrece, ni les ocurre motivo alguno para
irse á la mano, y reprimir sus pasiones; ni dexan las costumbres,
que ciegamente recibiéron de sus mayores: por lo que no conviene
empezar por la reforma de aquello, que será gran dicha conseguir,
despues de muchas diligencias, que necesariamente deben preceder
primero, para sanar sus voluntades, y despues para ir poco a poco
cultivando é ilustrando sus entendimientos: y así es máxima digna
de toda reflexion, creer que importa mucho en esta ocupacion,
reprimir y refrenar los buenos deseos, para poderlos lograr á su
tiempo: y aun al fatigado Labrador, ¿qué útil se le siguiera, si
vendimiára su vifia en agráz? A mas de que, miéntras llega el
tiempo oportuno, hay dilatado campo en que explayarse, con fruto,
en el cultivo de los párvulos; en la enseñanza prudente y moderada
de los adultos, á quienes se debe dar tiempo para la labor de sus
sementeras; y en el cuidado y vigilancia con los enfermos, é
instruccion y bautismos de los moribundos: diligencias, que
insensiblemente van ablandando aquellos corazones; de modo, que
últimamente se ponen en las manos de los Misioneros, para que les
enseñen el camino del Cielo y veis aquí ya el tiempo de la deseada
cosecha, y la hora oportuna para soltar la represa de sus buenos
deseos, recogiendo el fruto á manos llenas, y no sin ternura y
lágrimas, hijas del gusto y consuelo que el Señor les comunica.
|
(a)
|
Genesis cap. 29. v. 20.
|
|
(b)
|
P. Trigault, Historia de la China, lib. I. cap. 7. pag. 41. Y
Mr. Salmon Historia de la China, lib, I. cap. 9. pag. 205.
|
|
(c)
|
Decada 6. lib. 5. capit. 6.
|
|
(d)
|
Ubi suprá lib. I. cap. 7. pag. 45. Mr. Salmon, cap. 9. pag.
mihi 205. Historia de la China.
|
|
(e)
|
Ut videret, &c. Genes. cap. 34. vers. I.
|
|
(f)
|
Torquemada y Fray Gregorio García, lib. 3. cap. 4. §. 4.
|
|
(g)
|
Aristoteles de Mirab. auscult. fol. 535.
|
|
(h)
|
García ubi supr. Rosinus lib. 5. Antiq Rom. cap. 38. Revaldus
iti Duodecim Tab. cap. 19.
|
|
(i)
|
Biondus, de Roma Triumphante, lib. 8. pag. 2. y 3.
|
|
(j)
|
Matth. cap. 19. vers. 8. Moyses ad duriciem cordis vestri
permisit vobis dimittere uxores, &c.
|
|
(k)
|
Suprá cap. 5. de esta segunda Parte.
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