CAPITULO XXII
Caserías en los
campos rasos. Variedad de animales y aves, que los Indios logran en
ellos; y daños graves, que hacen las hormigas.
Supuesto que nos hallamos en las sementeras y campos cultivados
de aquellos Indios, acompañemoslos un rato, pues salen armados con
sus arcos y aljabas, á buscar aves y animales, que traer á sus
casas. Pero algunos van en trage de Pescadores, con su caña, un
lazo en la punta de ella, un canasto al hombro, y su perrito gozque
por delante. ¿Y á dónde van estos? Estos no van sino á enlazar
|Codornices; y yo aseguro que traerán sus canastos llenos de
ellas: porque los gozquecillos siguen el rastro; levanta la vandada
de codornices el vuelo, que es tardo y corto; síguelas el perrito
ladrando, y por temor de él no se atreven aquellas á pararse en el
suelo, y así se van al primer arbolito ó maleza cercana: prosigue
el gozque ladrando con mas ahinco, y todas las codornices fixan en
él la vista, y toda su atencion, con tal fuerza, que sin darse por
entendidas, y creo que sin ver al Cazador, se dexan enlazar una á
una, con el lazo que está armado en la punta de la caña: ni calla
el gozque, hasta que está enlazada la última. Es te curioso y fácil
modo de enlazar codornices, no solo está en práctica en los Llanos
de
|Casanáre,
|Chíre, y
|Tocaría, sino tambien en
los de
|Neyva, y
|Vagué, en el rio Tercero, entre
Buenos Ayres y Córdova de Tucumán; y aun en otras de aquellas
Regiones, está muy entablado este singular mado de enlazar
codornices, sin que se requiera perro.
Herrera hace mencion en su Historia, de una industria semejante
|
(a)
. Dice, que ciertas
Naciones de Indios atan apretadamente un papagayo manso en la copa
de una palma, en donde el Cazador está, tapada su cabeza con
yerbas; y á los gritos que da el papagayo atado y angustiadó,
concurren innumerables de ellos á favorecerle, con tal ansia, que
no reparan en que el Indio va entretanto enlazando todos quantos
quiere, hasta que desatado el reclamo, calla, y se retiran los que
quedáron vivos.
Hay tambien mucha abundancia de
|gallinas de monte, ó
silvestres, que de ordinario llaman
|pollas, porque son del
mismo tamaño, aunque mas gustosas: á éstas las arman lazos con las
orillas de los charcos, adonde concurren á beber, poniéndoles
granos de maiz en tal parte, que al irlos á picar, quedan
enlazadas. A mas de esto, saben los Indios remedar su canto con
tanta propiedad, que van concurriendo de todas partes, á las ramas
donde está remedándolas el Indio, el qual desde su escondrijo logra
en ellas todas sus flechas; porque aunque al caer una polla huyen
las otras, luego vuelven al oir otra vez el reclamo.
Es tanta la volatería de
|papagayos,
|loros,
|guacamayos,
|patos de varias especies,
|cigueñas
y
|garzas grandes y pequeñas, y otras muchas aves, que es
para alabar al Criador, así por la multitud, corno por lo exquisito
de sus plumas, matizadas de vivísimos colores, y principalmente por
sus especiales figuras; pero no tengo especie de haber visto por
aquellos territorios, otra avecilla parecida á las de Europa, sino
la golondrina; y aun las de allá tienen la diversidad de ser mas
pequeñas, y la cola en forma de tixera, que abren al tiempo de
volar, y cierran al irse á parar.
Es tanta la abundancia de
|cacicámos, ó armadillos, y
otros animales, que se encuentran por tierra, que son pocos los
Indios aficionados á la volatería: llámanse armadillos en Español,
los que los Indios llaman
|cachicámos, ó
|atucó,
|che,
|chúcha, y de otros modos, segun sus lenguages;
porque con ser del tamaño de un lechon de un mes, todo de piés á
cabeza está armado de unas conchas, que modo á de las armaduras
antiguas de los Soldados, cubren todo el
|armadillo. Abundan
en sumo grado, y no tienen mas armas, ni defensa, que meterse en
las huroneras ó cuevas, que hacen al modo de los conejos, de donde
salen á comer grama y heno: cada mes paren quatro hijos, y así
abundan quanto no es decible: el sabor es el mismo puntualmente,
que el de un lechoncillo tierno: el modo de cogerlos, para los que
llevan perros, es fácil, porque estos los cojen ántes que se
encueven; pero una vez metidos en sus cuevas, es muy arriesgado
meter la mano dentro de ellas para sacarlos; porque abundan allí
las culebras, que huyendo del calor, se meten en las cuevas. Por
esta causa, suceden muchas desgracias, especialmente en las
Naciones andantes, que ya dixe, de
|Guajivas y
|Chíricóas, á quiénes los
|armadillos hacen la mayor
parte del costo: de manera que no hay Capitanía de aquellos Indios,
que no tenga quarenta ó cinquenta mancos y coxos, por que son tan
bárbaros, que si al sacar el armadura, le pica en una mano la
culebra, luego se la cortan los otros; y si está solo, él mismo se
la corta de un macanazo; y sin, reparo se cortan el brazo ó el pié,
si picó la culebra en semejantes partes, pues no ha llegado á su
noticia otro remedio. El último artículo ó hueso de la cola del
|armadillo, se ha experimentado ser remedio eficáz para el
dolor de los oidos; de modo, que puesta aquella extremidad ó hueso,
en que termina la cola, dentro del oido, se siegan los latidos que
da, poco á poco, hasta quitarse del todo.
La mayor parte de los
|armadillos, con meter la cabeza, y
parte del cuerpo en su cueva, ya se dan por seguros; y á la verdad
lo están, si no se sabe la traza de pillarles. Llega el Indio, y
coge al
|armadillo de la cola, que es larga; abre él sus
conchas, y las ajusta tan apretadamente contra todas las partes de
su angosta cueva, que ántes se queda el Indio con la cola en las
manos, (como sucede,) que poderle sacar. ¿Pues qué remedio? Coge el
Cazador un palo, ó la extremidad de su arco, le hace cosquillas con
él, y al instante recoge todas sus conchas, y en dexa coger.
No hay menor abundancia de
|higuánas en todos los Paises
de tierra caliente. Son las
|higuánas unos feísimos lagartos,
de color entre verde y amarillo, que se mantienen de hojas de
árboles; y tambien viven en el rio como en tierra: están reputadas
por una de las comidas mas regaladas, y hay tantas en el Orinoco, y
en todos los nos que á él corren, que los Indios bogadores,
miéntras unos dan fondo á la embarcacion, y otros previenen leña y
fuego, los restantes en media hora recogen cien higuánas, para su
cena y almuerzo. No quiero oponerme al buen gusto de los que por
ellas gastan su dinero; lo que yo sé de mí es, que por no comerlas,
he pasado pacificamente sin comer, ni cenar, teniendo á la vista
abundancia de ellas; porque dexada aparte su figura, que es
horrenda, tengo hecha la experiencia, que así como las culebras,
metiéndoles tabaco mascado en la boca, que abren al apretarles el
pescuezo con un palo, mueren; así tambien, en metiéndoles tabaco en
la boca á las higuánas, mueren luego; de que infiero la uniformidad
de unas y otras entre sí. Lo apreciable de las higuánas, es una
piedra, que se halla en ellas, tan blanca como una cal viva, y
fina: estas piedras de las quales las mayores pesan una onza, se
agencian, y se buscan con ansia, porque la experiencia ha enseñado
ser específico singular para que corra la orina; tomándose sus
polvos en agua tibia, y en cantidad corta.
Algunos de aquellos territorios abundan en una especie de
tortugas terrestres, que llaman
|icotéas, y tambien
|morrocóyes; las quales no se acercan al agua, y su concha
está matizada de amarillo, encarnado, blanco y pardo. Estas
tortugas son muy fáciles de coger, porque es muy tardo su paso; y
quando el Sol las fatiga, si hallan una cueva se amontonan en ella
muchas, y los que van en su busca en los llanos de Caracas, suelen
de una sola cueva sacar ocho, y á veces diez cargas de ellas. Causa
admiracion el ver, que multipliquen tanto, siendo un animal tan
impróvido, que no esconde los huevos como las demás especies de
tortugas; pues así como va caminando, suelta acá un huevo otro
acullá, sin cuidar mas de ellos, y con todo multiplican tanto como
llevo dicho. En las entrañas de estos animales no se halla calor
alguno: yo los he abierto vivos, y ni en el corazon, ni en su
estómago, ni en parte alguna, les he hallado calor. ¿Quién fomenta
su nutricion?
No es para dexar en silencio la singularísima providencia con
que el Criador del Universo preparó agua fresca y saludable en
estos diatadísimos llanos, en donde, quanta abunda y sobra en seis
meses del año, tanta falta y se echa ménos en los otros seis meses.
Nacen en aquellas inmensas llanuras, de distancia en distancia,
tres ó quatro árboles juntos, rodeados de maleza, en los baxíos
donde se mantiene mas la humedad; los quales con su sombra sirven
de grande alivio á los caminantes, sufoca dos con los rigores del
Sol; y suele mantenerse junto ellos algun charco de agua, de
ordinario corrupta, llena de insectos, y cubierta de lima verde,
adonde recurren los tigres, serpientes, y otras bestias fieras
beber. Esta agua ya se ve que no conviene beberla; pero el que no
sabe el secreto, que voy á descubrir, obligado dé la sed rabiosa,
la cuela por un pañuelo, cierra los ojos, tápase las narices y
bebe, como á los principios me sucedió á mí; y para que no suceda á
otros voy á descubrir un maravilloso manantial. Es el caso, que en
estos bosquecillos nacen unos arbolitos que llaman
|bejucos,
parecidos al tronco de las parras, que suben, enredándose hasta las
copas de los álamos; y suelen llegar ser del grueso de un brazo, y
tan tiernos que de un golpe de machete se cortan: ellos están
llenos de arriba á baxo de agua cristalina, purísima, fresca, y muy
sana: si hay vasijas para recogerla, se corta el tronco junto al
suelo, y se llenan; pero si acontece, que el sombrero ha de servir
de alcarraza, se corta un pedazo por la parte superior, y se llena
un sombrero; luego otro pedazo mas abaxo, y se llena otro sombrero;
y así de los demás miéntras hay tronco y se busca aguar Esta
noticia, que servirá mucho á los Padres Misioneros, y otros
viajantes, no puede dexar de excitar á todos á engrandecer y alabar
las providencias del Altísimo.
En la Historia General de todo el Mundo de Mr. Salmon
|
(b)
, hallo; que ha dispuesto
el Señor el mismo socorro en un bejuco de las mismas señas y
circunstancias en las Islas Filipinas. Pera volvamos al asunto del
Capítulo, de que nos desvió una digresion tan importante.
Criase tambien en aquellos territorios el oso hormiguero, que es
el mejor bocado, especialmente para los Indios Morcotes: es del
tamaño de un perro de agua grande, peludo, y su cola tan grande, y
de cerdas tan largas, que alargando la extremidad de ella hasta
encima de su cabeza, cubre y defiende todo el cuerpo del Sol, y de
los aguaceros: sus piés y manos rematan cada una en tres uñas
curvas, y tan tenaces, que si el tigre, al dar el salto sobre él,
se descuida, y le da algun corto tiempo para recivirle entre sus
brazos; estan apretado el abrazo que le da, y fixa en su cuerpo tan
tenazmente las uñas, que allí perecen ambos. Yo hallé sobre el
peñon del Orinoco, llamado Marimaróta, aferrados un oso mediano con
una águila, ambos muertos y secos al rigor del Sol. En otra
ocasion, yendo con bastante comitivas, dimos con uno de estos osos
ocho ó diez perros, que iban con nosotros, le acometiéron con brio;
pero el oso no se apuró: sentóse y abiertos ambos brazos en forma
de cruz hizo cara á todos, sin que nadie se atreviese á tocarle un
pelo de su cuerpo: lo extraí de este animal es la cabeza y boca,
por de su cabeza, que no es grande, le sale una trompa de media
vara, ó de tres quartas quando ya es mayor, y en la punta de
aquella tiene un agugerito redondo, que no podrá entrar por él la
punta del dedo pequeño ¿Pues qué come, me dirán, ó de que se
mantiene? Digo, que se va de hormiguero en hormiguero, y por la
puerta por donde salen y entran las hormigas, introduce la lengua,
tan larga como la trompa, en que la tenia recogida: las hormigas se
enojan, y muerden fuertemente aquella lengua, todas quantas hallan
blanco en que cebarse; y quando ya el oso siente la lengua llena,
la retira para dentro, y luego la vuelve á sacar limpia, y prosigue
su pesquería de hormigas, hasta saciar su hambre; y ésta es la
causa porque se llama
|oso hormiguero: y causa admiracion
quanto engordan estos animales con un mantenimiento tan débil al
parecer.
Pero el que ve, que al salir las hormigas con alas á volar para
su ruina, engordan tambien los Indios de aquellos Paises, por las
muchas hormigas que comen; no extraña que los osos engorden con
ellas, ántes que crien alas: las primeras aguas, que despues de
quatro, y veces seis meses de continua sequedad, caen ya por el
Abril, ya por el Mayo, son innumerables los enxambres de hormigas,
que ufanas con la novedad de verse con alas, salen á volar; pero
muy presto caen, fatigadas de su mismo peso, y no puedén levantar
segunda vez el vuelo: son de tamaño extraordinario; de modo, que
ames de criar alas, miéntras se ocupan en forragear, cada hormiga
de aquellas cargan un grano de maiz, y no obstante este pesó,
camina ligeramente: quando llegan á criar alas, son un tanto
mayores, y de la cintura para abajo no contienen otra cosa, que
manteca; tanto, que partida aquella mitad, y junta ya competente
cantidad, las ponen á freir en sartenes, y de ellas mismas sale la
grasa suficiente para freirse; y los que gustan de este regalo me
han asegurado, que equivale á una fritada de chicharrones del mejor
lechon. No lo he querido creer, ni experimentar; pero á la verdad,
aquí es quando se vengan los Indios de los gravísimos daños, que
todo el año reciben de las hormigas. Salen éstas de noche, de sus
grandes hormigueros, que abundan en todas partes, y dan sobre la
sementera del maiz tierno; cargan con todas las hojas verdes, y el
maiz no crece mas, ni sirve: otras noches cargan sobre los plantíos
de la
|yuca, y quitan las hojas de sus ramas, y he aquí
perdido todo el trabajo del pobre Indio, porque el diente maligno
de las hormigas, quantas plantas pela, tantas seca, aunque sean
naranjos ó arboledas de cacao: en éstas es imponderable el daño que
hacen, por mas que los Indios cavan, queman y echan caños de agua
sobre los hormigueros; pues aunque con estas diligencias muchas
mueren, como es inmenso su número, siempre hay que trabajar, y
siempre sobran hormigas para causar graves daños. Antes de pasar á
otra cosa, diré la plaga maligna de hormigas de palo santo, de que
están infestadas todas las tierras, que llamamos calientes; esto
es, adonde no llega el fresco de los páramos nevados.
En todos los sitios anegadizos, así en las selvas y bosques,
como en las campañas limpias, crece el árbol llamado palo santo,
que tal vez le habrán puesto este nombre, porque lleno todo su
interior de hormigas malignas, y ponzoñosas, él no se da por
entendido, ántes parece que hace gala de que le estén royendo
continuamente su corazon; siendo así que no hay árbol que le
iguale, ni en lo derecho y alto del tronco, ni en lo coposo y bien
poblado de la copa, la que corona, no con solas flores, sino con
ramilletes de flores, tantos, quantos son los retoños con que
reverdece; y entre tanto abriga en su seno unas hormigas pequeñas y
de color rubio, que en llegando picar una en la mano, dexa una
ardiente y rabiosa comezon para todo el dia; y si sucede, como es
muy freqüente, que lleguen á picar, ocho ó diez de ellas, á mas de
la comezon intolerable, causan veinte y quatro horas de calentura:
trabajo muy ordinario para los pobres forasteros, que por no saber
lo que aquellos árboles ocultan, se sientan su sombra, echan la
mano para cortar una vara, ó al dar un salto, se afirman en alguno
de aquellos troncos: ni es menester tanto; pues basta para recibir
esta pesada plaga, tocar de paso alguna rama del palo santo, ó con
el sombrero, ó con alguna parte de la ropa, luego siente las
mordeduras de las hormigas que prontas para el daño se le pegáron.
Yo creo que ellas solo se mantienen del xugo de aquel árbol, porque
no se apartan de él para buscar comida, como se ve en otras
hormigas: lo mas que se llegan apartar de él, es hasta tres ó
quatro pasos; y son de tal malignidad sus piés, que en todo aquel
contorno que pisan, no nace una yerba, ni chica ni grande; y esta
misma limpieza, que es aviso para los que saben la causa, es lazo
para que el pasagero que no lo sabe se siente para ser mordido, en
lugar del descanso que busca.
Pero volvamos á registrar otros animales rarós, que encuentran y
matan los Indios, entre los quales aprecian mucho á los
|irabúbos. Son éstos del tamaño de una oveja; pero en la
cerda y trompa son muy parecidos á los cebones, y en el sabor de
sus carnes se les parecen bastantemente: viven ya en el agua, ya en
tierra; y en una y otra parte están como en su centro: abundan
mucho, y salen á manadas á destrozar y comerse las sementeras; por
lo que, y para lograr su carne, los persiguen mucho los Indios.
Las
|faras, á quienes los Indios llaman
|ravále, no
las persiguen para comer, porque tienen un olor muy fastidioso;
sino porque les hacen notable daño en los
|platanales,
|papayos y otras frutas. Son éstos animales nocturnos, y muy
dificiles de hallar de dia: tienen las hembras duplicado el pellejo
del pecho, despegado uno del otro, y rajado por medio, de alto á
baxo, el cuero exterior; de modo, que tiene sus concavidades ya á
uno ya á otro lado, y en ella mete sus quatro hijos luego que pare:
allí toman los pezones de los pechos de su madre, y crecen sin
salir, hasta que pueden caminar por sus piés, que es cosa bien
irregular, y á la verdad digna de celebrarse.
En
|Arauca,
|Apure,
|Duya,
|Cravo y
otros muchos rios que baxan al Orinoco, hay gran multitud de
|lobos, ó
|perros de agua, del tamaño de un perro
podenco; hay
|nutrias; pero la sutileza, y suavidad del pelo
de los lobos de agua, á quienes los Indios llaman
|guachi,
excede mucho a de las
|nutrias, y aun al suave contacto de la
seda: nadan con gran ligereza, y se mantienen del pescado: viven
igualmente en el agua, y en tierra, aunque para comer siempre salen
del rio, y para sus crías cavan cuevas en las barrancas, donde las
hembras crian los cachorros á sus pechos: no hacen las cuevas en
sitios apartados, sino en unas como agregaciones, donde concurren
gran número de ellos á vivir, á comer, y á divertirse jugando y
corriendo. He visto y observado con curiosidad sus madrigueras, y
causa armonía ver la limpieza con que están: no se halla una yerba
en todo aquel contorno: los huesos del pescado que comen, todos los
amontonan aparte; y á puro jugar y retozar, de tierra al rio, y del
rio para fuera, tienen caminos notablemente anchos y limpios.
Concluiré este Capítulo con el animalejo mas hermoso, y mas
detestable de quantos he visto hasta ahora. Entre los blancos de la
América se llama
|mapuríto, y los Indios le llaman
|mafutiliquí: es como un gozquecillo de los mas aseados, que
crian las Señoras en sus palacios: todo su cuerpecillo jaspeado de
blanco y negro; su cola proporcionada, hermosa, y muy poblada de
pelos largos; vivísimo y travieso en su modo de andar; y atrevido
sobre manera: no huye, ni tiene miedo, á fiera, ni á animal alguno,
por bravo que sea; porque tiene confianza, y mucha satisfaccion de
las armas con que se defiende, con las quales me he visto
miserablemente sufocado, y casi fuera de juicio: y es el caso, que
si el dicho
|mapuríto ve venir contra sí algun tigre, hombre,
ó algun animal, sea el que se fuere, le espera cara á cara; y luego
que ve á su enemigo á tiro proporcionado, le vuelve las espaldas, y
le dispara tal ventosidad, y tan pestífera, que cae aturdido, sea
hombre, sea tigre ó leon el que le seguía, y ha menester mucho
tiempo para volver en sí: entre tanto prosigue el
|mapuríto
su camino á su paso natural, muy seguro de que el que queda
batallando, é inficionado, no está ya para seguirle, ni
perseguirle. Despues de todo esto, los Indios, a gran distancia los
flechan, y ya muertos, con notable tiento los abren, les sacan las
tripas, sin romper ninguna, comen la carne, que equivale á la de un
conejo, y guardan el pellejo, con mucho aprecio, entre las alhajas
de su mayor adorno y estimacion; y á la verdad el cuero es suave al
tacto, hermoso á la vista, y sin mal olor. Pero dexernos estas
curiosidades de los animales, para reir y llorar otras en los
Indios, y en otras Gentes.
|
(a)
|
Decada I. lib. 9. cap. 4.
|
|
(b)
|
Tom. 2. cap. 9 pag. 226. Vi é
ancora una spezie di canne, dette dagli Spagnuolibejuco, che
tagliate danno acqua in abbondanza, molto buona á bere; é di tali
canne sono provisti i Monti dov' é scarsezza d'acqua: per lo piu
queste vanno serpendo, á guisa di edera, per gli alberi fino alla
sommitá; benche alcune si trovino diritte, é grosse.
|