CAPITULO II
Singular piedad
y especial providencia de Dios, que resplandece en Bautismos al
parecer casuales de Indios ancianos, Indias y Párvulos.
Dixe en el capítulo antecedente, que aunque ofuscada, no falta
luz, ni á los mas bárbaros, para discernir lo bueno de lo malo, y
lo lícito de lo prohibido, (sentencia seguida por los Doctores
Católicos) en tanto grado, que el Padre Presentado Fray Gregorio
García y otros Autores
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(a)
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notáron, que en México y el Perú
habia ántes de las conquistas noticia de los Preceptos del
Decálogo; y que unos en unas Provincias, y otros en otras, tenian
señalado castigo contra los transgresores.
En la Vida del V. Padre Joseph de Ancheta, vemos que este
Apostólico Varon perdió el camino que seguia; y despues de varias
vueltas y revueltas por un desierto, fué á dar á una choza donde
estaba un Indio anciano, hecho una imágen viva de la muerte, y
examinándole, halló el Padre, que habia guardado exactamente la Ley
natural: instruyóle , bautizóle, y luego murió; como quien solo
vivia de la esperanza del bautismo, para pasar á mejor vida.
En la Historia de Cinalóa de las Apostólicas y numerosas
Misiones, que la Compañía de Jesus terna en la Nueva-España, se lee
un caso totalmente semejante al que acabo de referir, de dos
Padres, que permitió ó dispuso Diós que perdiesen el camino, para
que por el bautismo pusiesen en el camino del Cielo a un anciano
Indio que halláron (despues de bien exáminado) que no terna otra
culpa que la contraída en la original, fuera de las leves que de su
cosecha trae la fragilidad humana. Este tal no esperó para morir
sino el tiempo necesario para su instruccion y bautismo.
De estos casos y otros admirables en materia de la Fe, del culto
Divino y de grandes penitencias de los Lidios, está llena la
Historia de Cinalóa ya citada, donde el curioso hallará mucho en
que alabar la piedad del Altísimo. Y á la verdad, por lo que los
Padres Misioneros me refiriéron, y por lo que yo mismo experimenté
en esta materia, es para mí indubitable, que en los demás partidos
de Misiones se ve con freqüencia esta especial providencia y
misericordia de Dios; y se verifica la verdad de aquel axioma
Theológico, que facienti quod est in se, Deus non denegat gratiam y
aquí me cito á mí mismo al capitulo doce de la primera Parte, donde
escribí un caso de un bautismo muy singular.
En este punto me enterneció mucho lo que me refirió el Padre
Juan Rivero al retorno de su viage al Ayríco, de doscientas leguas
de ida, y otras tantas de vuelta: habla hecho tan arduo y largo
viage á pié, y por desiertos estériles en busca de Achaguas
Gentiles; y viendo yo que traía muy pocos, traté de consolarle del
mejor modo que pude, y me interrumpió, diciendo: ,,no Padre mio,
tan consolado vuelvo por haber bautizado un Achagua, que al llegar
allá encontré moribundo, que si supiera habia de lograr otro
bautismo semejante , ahora sin descansar emprendiera y repitiera
este mismo viage: "y prosiguió refiriendo el caso, que por
muy parecido a los dos antecedentes puedo dar por referido. Este es
aquel denario diurno y paga sobreabundante, con que quedan
satisfechos aquellos Operarios, y por él dan por muy bien empleadas
todas sus fatigas.
En el año 1716, despues que puse los primeros Gentiles Lolacas,
que Dios me dió, entre los dos rios Tame y Chicanda, se me ofreció
un viage muy urgente y dilatado en bien de las almas ; y luego que
de retorno llegué á mi rancho, vino un Indio mozo con tal priesa,
que de puro fatigado, apénas podia hablar, y dixo como mejor pudo,
estas palabras en su lengua: Padre, ha tres dias que mi madre te
esta esperando, y dice que no quiere morirse sin ser Christiana;
pasé luego a ver la enferma, halléla muy descaecida, la instruí en
los mas principales misterios de nuestra Santa Fe;. y ya dispuesta,
la bautízé: la choza en que estaba era tan estrecha y baxa, que
para resollar un poco de ayre puro, salí fuera de ella:
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¡cesa rara! apénas me habia limpiado el sudor, quando oí que
decian adentro: ya espiró: entré, y era así, que para morir solo
habia esperado el agua del Santo Bautismo; y alabé á Dios con el
profeta David
|
(b)
,
diciendo: Separarse, Señor, tu
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lluvia voluntaria para tu
heredad, que tu mismo perficionaste.
Todavía resplandecen mas los arcanos de la Divina Providencia, y
los caminos (á nuestro corto entender) casuales, de que su Magestad
se vale para salvar á los que están escritos en el libro de La
vida, en el caso que voy á referir. Para que el Misionero antiguo
de una de las nuevas Misiones que mi Provincia tiene en Casanare,
entrase á los bosques á domesticar Gentiles, para aumentar su grey,
entró á suplir el Padre Miguél de Ardanáz, natural del Reyno de
Navarra, recien llegado á dichas Misiones, empeñado con un
Intérprete á estudiar y aprender aquella lengua. En el año 1717, un
día, fastidiado de aquel estudio, que en los principios es amargo,
llamó al Intérprete para ir á divertirse algo en las sementeras de
los Indios; no le halláron, y asi tomó por guía un Indio bozal, que
no sabia palabra de la lengua Española: dió vuelta espaciosa por
las vegas en donde trabajaban los Indios; y ya tarde, al volver
ácia el Pueblo, vió un pobre rancho apartado de la senda , y por
mera curiosidad fué á ver, qué cosa era, y si en él habia algun
Indio: y veis aquí que se quedó asombrado al ver una Indía
moribunda: armazón funesta, que solo tenía la denegrida piel sobre
los huesos: tenía en vano colgada de sus pechos una criatura, tan
flaca y y moribunda como su madre; dió la India muchas muestras de
alegría luego que vió al Padre, y esforzando la voz, le decía:
Babica, rosaca, dojocarrú, oculiba fu; que es: Padre mio, echame el
agua del bautismo sobre mi cabeza.
No entendía aun el Padre la lengua: volvióse al Indio que le
guiaba á preguntarle; mas éste no sabia ni entendia el lenguage en
que le hablaba el Padre, y así le respondia en el suyo: la Indía
enferma clamaba, pero el Padre ni entendía á ésta, ni al otro; y
así se halló muy afligido, y en gran confusion: y he aquí la
especial providencia de Dios; porque viendo la moribunda que el
Padre no la entendía, calló un rato, como quien estudía ó piensa, y
llamándole despues por señas, le dixo sola esta palabra, que ó
sabia, ó le inspiró Dios; agua; y tocando con la mano su cabeza,
repetidas veces, decia: agua, agua: con esto conoció el Padre que
pedía el bautismo; buscó agua, y no hallando m una gota en el
rancho, corrió al rio, traxo agua, y siéndole imposible otra
diligencia ni instruccion, la bautizó: y aquí fué donde brilló mas
la piadosísima providencia del Criador; pues luego que recibió el
bautismo, cruzó sus brazos, y espiró la dichosa India. Omito aquí
el consuelo del Padre Ardanáz, que le duró muchos días: quiso
bautizar la criaturita, que tambien agonizaba, pero se lo estorbó
el Indio con las señas que le dió de que ya lo estaba. La
mencionada India estaba ya instruida con otras por su Misionero,
que las había dexado dispuestas para hacer un bautismo con la mayor
solemnidad posible, á fin de que los Gentiles que esperaba
domesticar y sacar al Pueblo, viesen aquella funcion, y se fuesen
aficionando á vida civil, con éste y otros medios que se practican;
y así el consuelo del Padre que la bautizó, fué mas completo quando
supo la buena disposicion con que tan casualmente (por lo que toca
á nuestro corto entender, que para Dios no hay casualidades,) habla
conseguido el
|
bautismo aquella pobre y mil veces dichosa
India. De todas las Tribus, Pueblos, Naciones y lenguas, vió el
Evangelista San Juan predestinados innumerables, que cantaban
himnos y alabanzas al Divino Cordero, que con su preciosa sangre
los había redimido y conducido al dichoso puerto de una feliz
eternidad: profecía que desde el principio de la Iglesia se empezó
á verificar en el Eunuco de la Reyna Candace, para cuya enseñanza y
bautismo llevó un Angel á San Felipe Diácono, y despues que le
instruyó y bautizó, él mismo ti otro Angel le arrebató de la vista
del Eunuco, y se halló de repente el Santo Diácono en Azoto, y
prosiguió allí evangelizando á JesuChristo. Y aunque no con tan
manifiestos favores; no con ménos oportunas providencias ha
proseguido y aun prosigue Dios nuestro Señor socorriendo con la
oportuna luz de su santa ley y con el santo bautismo á muchos que
de su parte no han puesto voluntario obstáculo de culpa grave, con
que hacerse indignos de esta celestial gracia y favor.
A las riberas del rio
|Cravo llegué en el año de 1724 , á
tiempo que una Capitanía de Guajivas, vagos y andantes, habla hecho
pié, porque estaba muriéndose una India anciana de su comitiva:
intruíla, con la brevedad que la urgencia requería, la bautizé, y
espiró luego. Con la misma casualidad, en el rio
|Duya, que
entra en el rio
|Meta, encontré otra tropa de
|Chiricoas, tan vagos y andantes como los antecedentes ,
quienes acababan de llegar del Ayrico , que es viage de ducientas
leguas; llegóse á mí el Capitan, que ya era anciano, y me dixo en
lengua achagua:
|Nu saricaná ribarínaú matata: esto es:
|Mi
padre se muere aprisa: el hijo era viejo, ¿de qué edad seria el
padre?fui al punto, y me encontré no tanto con una imágen de
Matusalén por su abanzada vejéz, quanto con un esqueleto medio
vivo, por lo flaco y desfallecido. Mas de una hora trabajé en
instruirle en la Santa Fe, pero en vano, porque no respondia al
intento; de manera , que formé juicio de que el moribundo deliraba.
Pregunté á su hijo, si le hablan dado de comer, y me respondió que
ni en aquel dia ni en el antecedente había probado cosa alguna:
tráxele al punto un pescado asado, y luego que le vió, se animó:
comióselo todo, quedó capáz de instruccion, (que la hambre sí es
fuerte, tambien priva del juicio,) y respondió bien á todo lo que
le iba explicando y preguntando; y luego que reconocí estaba
disptiesto, le bautizé, y me retiré á descansar de la funcion, que
fué larga y algo molesta. No había caminado cien pasos, quando vino
corriendo el Capitan su hijo, diciendo:
|Padre, Padre,
|ya
murió mí viejo. ¡Dichoso él á quien Dios nuestro Señor miró con
tan gran misericordia, despues de tan larga vida!
Mas larga y dilatada edad mostraba por todas sus coyunturas y
artejos de su cuerpo una India
|Guajiva, que no sin especial
providencia de Dios encontré en las vegas del rio
|Cravo,
entre la tropa de aquellas gentes que viven de puro caminar. Muchos
años había que la cargaban dentro de un canasto, porque no se podía
tener en pié sus ojos de puro hundidos eran ya extrañamente
pequeños, y habia mucho tiempo que habia perdido la vista: sus uñas
parecian de águila real: las arrugas de todo aquel pellejo tostado
á los rigores del Sol, remataban con unas como escamas ó callos
duros &c. No me causó tanta armonía este espectáculo,
quanto la resistencia que mostró á la instruccion y al bautismo:
tres días gasté en vano, y otros tantos estuvo aquella gente
violenta, porque no podía, ni yo la dexaba proseguir su incierto y
vago viage: por otra parte la anciana no estaba enterna, sino de la
carga de sus años, cuyo peso no podía ya aguantar; y se mantenía
siempre firme en que ni quería creer cosa de quantas yo le decia,
ni ser Christiana; porque luego que me bautizes (decía ella) me
moriré. Muy buenas congojas me costó su terquedad: en fin fui á
verla, rogándole al Santo Angel de su Guarda que le ablandase aquel
terco corazon; y creo que oyó mi súplica, pero de un modo raro:
llegué al canasto, (jaula de aquella vejéz,) y sin preámbulo alguno
le dixe: ¿por qué no quieres ser Christiana? respondió: porque
luego que lo sea, me moriré. Volvíla á preguntar, ¿si habia estado
en algun Pueblo de Christianos algunos días? díxome que si:
preguntéla ¿si habia visto como allá bautizaban á los párvulos
pocos días despues de nacidos? respondió, que sí: ¿ y por qué los
bautizan tan pequeños? la repliqué yo:
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eso no sé, respondió
ella: pues sábete, la dixe, que para que vivan, y para asegurarles
una vida que no se acabe, por esto los bautizan: pues si es por
esto, replicó la anciana, yo tambien quiero que me bautizes. Alabé
á Dios al ver que nadie se cansa de vivir, por trabajosa que sea su
vida, y porque ya se ablandaba aquel terco corazon, aunque con
motivo terreno: pasé á explicarle el fin para que Dios nos crió, y
luego los
|
demás misterios que oyó y abrazó muy bien la
catecúmena; y hechas todas las diligencias delante de su gente que
había concurrido, la bautizé; y volviéndome á los circunstantes,
les estaba rogando, que dexada aquella vida andante y trabajosa,
formasen un Pueblo, quando levantó uno el grito, y díxo:
|ya
murió la vieja. Caso verdaderamente singular! por el qual
debemos ensalzar la misericordia de Dios y admirar los caminos
ocultos con que procura el bien de las almas; y sí se hace
reflexion, se hallará que todos quantos estábamos allá, quedarnos
contentos; porque la anciana salió con la suya, de que luego que la
bautizase había de morir; los Gentiles se libráron de cargar aquel
estorbo en su canasto; y yo quedé mas consolado que todos, por
haber encaminado aquella alma al Cielo: solo el Demonio, quien es
de creer que le había puesto en la cabeza que se habia de morir sí
recibía el bautismo, salió despechado y confundido de aquella
ranchería.
Omito otros muchos casos, semejantes con poca diferencia á los
referidos; pero no puedo ménos que hacer mencion de un Indio de
setenta años y mas, segun las señas que daba de la destruccion de
la Ciudad de Pedraza con la violenta irrupcion de los Indios. Hallé
á este anciano, llamado
|Seysere, en el centro de los vastos
bosques de
|Apure, que tendrán ciento y cinqüenta leguas de
travesía:
|
era Régulo de su Nacion
|Guanera, y
obedecíanle otras Naciones, que se le habian agregado: tenía una
casa mucho mas suntuosa que las que usan los Gentiles; y tenía
otras dos casas destinadas para recibir á los huéspedes y
pasageros, quienes cuidaba y regalaba con franqueza: recibiéronme
con las armas en las manos; pero luego desvaneció el susto: el
anciano tenia un peligroso cáncer en el pié; el qual despues de
varios días, que tratábamos sobre que saliese con los suyos á mejor
poblado , era el único impedimento de la marcha; porque era preciso
caminar casi veinte días á pié por aquellas espesuras: quiso Dios
que con algunos remedios eficaces sanase Seysere, y así salió con
su gente; y despues de bien instruidos, se bautizáron todos,
siguiendo el buen exemplo de su Régulo.
Fué este Indio muy singular: jamás tuvo ni otra muger que la
primera; jamás asistió, ni en su genti1idad, ni en ocho años que
vivió despues de bautizado, á combites, ni á casas de bebida, dónde
de ordinario hay muchas embriagueces; y quando no podía excusarse,
en brindando á los combidados, se volvia luego a su casa. Lo
principal de Don Ventura Seysere (que este nombre le puse) es, que
despues de un largo y sério exámen, halle que habia guardado
exactamente la Ley natural desde que tuvo uso de razon: en los ocho
años que vivió dió grande exemplo á los Neófitos: cooperó
personalmente á la conversion de muchos Gentiles; y recibidos en su
última enfermedad los Santos Sacramentos, estando ya muy descaecido
le dispuse una substancia; y rogandole con instancia que la tomase,
me dixo con notable alegría de rostro: déxame ir al Cielo, y
espiró.
A un Indio Saliva (que sobresalía en capacidad y en bondad á
todos los de
|Duya, y despues de bautizado era tan dado á la
penitencia, que era menester irle á la mano,) le pregunté ¿si
|
allá en su Gentilidad habla tenido alguna noticia
|
ó
pensamiento de Dios? Estuvo un rato pensativo,
|
y respondió:
,, no, Padre, solo una noche muy clara y despejada me estuve
contemplando la Luna y las Estrellas , y reconociendo su
movimiento, pensé que serian hombres: despues hice reflexion sobre
las plagas, que acá sufrimos, de mosquitos, tábanos, culebrás
&c; y dixe, allá están bien aquellas gentes, libres de
estas plagas y peligros: el que puso aquella gente alla, ¿por
|
qué no me pondría á mí tambíen? ésta fué á la letra su
respuesta, de que colegí el recurso de aquellos toscos pensamientos
á su primera causa, que es Dios; cuya magnífica luz por entre las
mismas tinieblas se insinúa, por mas que los ciegos Gentiles añadan
sombras á sus ojos.
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|
(a)
|
In tract. de Origin. Indor. lib. 3.
&c infre.
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|
(b)
|
Psalm. 67. vers. 10.
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