CAPITULO XVI
De otras
sabandijas muy ponzoñosas.
No se puede dar paso en las vegas de los ríos de tierra
caliente, sin llenarse el cuerpo de una comezón general, que causan
innumerables animalillos, imperceptibles á la vistas á quienes los
Españoles llaman
|coquitos, y los Indios Betoyes,
|sumi; los quales, despues de llenar el cuerpo de ronchas con
sus mordeduras, quando ya están llenos de sangre, se perciben con
la vista pero no se pueden arrancar, porque son tan menudos, que no
a1canza las uñas á poderlos prender. El remedio es sufrir, hasta
hallar sitio apto para darse una untura de tabaco mascado, con que,
ó caen, ó se mueren; pero si se ha de seguir el viage por las
mismas vegas, es diligencia ociosa la untura, porque á los primeros
pasos se llena el viajante de ellos segunda vez. Es esta una plaga
muy molesta, pero ni causa calentura, ni otro grave daño; y lo que
se hace, es sufrir hasta la noche, en que con la dicha untura del
tabaco, se remedia todo, para poder dormir.
Poco mayores son otros animalillos semejantes, llamados
|coyas, que se perciben, y ven andar, v. gr. por las manos;
pero es preciso guardarse de matarlos, y aun de tocarlos. Son de
color muy encarnado, y su hechura de una garrapata menuda; pero si
alguno inadvertidamente mata á uno de ellos, luego que aquel
humorcillo le toca la carne, con ser tan corto, y casi nada, al
punto se le hincha disformemente todo el cuerpo , y muere in
faliblemente, si no sufre el tormento del fuego de paja , llamada
|guayacán. El remedio único, es desnudarse, y encendido el
fuego en dicha paja, dexarse chamuscar de piés á cabeza: esto lo
hacen quatro ó cinco hombres con destreza, cogiendo al doliente,
unos por los piés, otros por los brazos, y pasándolo por las
llamas. Lance muy duro, y remedio cruel, pero único para librarse
de la muerte.
Las bestias sienten á las
|coyas, segun parece, por el
olfato; porque se observa, que estando paciendo una de ellas, de
repente da un salto y un bufido; y averiguando el motivo, se hallan
|coyas en aquella mata de yerba, que iba á morder: no
obstante se descuida tal vez, por estar la
|coya muy
entremetida, ó tapada entre las hojas; y luego que la traga entre
la yerba, muere hinchado, sea buey, ó sea caballo: y no tiene
remedio. Esta plaga se siente solo en las tierras muy calientes,
como son los llanos de Neyva, y otros semejantes, que son
pocos.
En los territorios de Mérida, que ni son del todo fríos, ni del
todo cálidos, y en otros semejantes, se crian arañas de picadura
tan venenosa, que si no se acude á tiempo con remedio oportuno,
como lo es el sebo amasado con tabaco, hecho emplasto, corre
manifiesto peligro, aunque sea caballo ó vaca el que recibió la
picadura.
Las
|niguas son plaga muy universal, y no so lo abundan en
toda tierra caliente y templada, sí que no faltan en tierra fria,
aunque no tantas. En el Paraguay y otras Provincias, las llaman
|piques; los Jiraras las llaman
|sicotú; y nadie se
escapa de esta epidemia, sino tal qual, de humores muy irregulares.
No hay resguardo que baste; se meten por entre las medias y
zapatos, y penetran la carne viva, con un dolor y comezón ardiente;
luego forman una tela, y dentro de ella, á las veinte y quatro
horas, ya tienen huevecitos, para criar un hormiguero de
|niguas. Son unas pulguillas, que las brota el polvo, y hay
tan tas en algunos parages, que apénas es creible: es plaga
lastimosa para los Indios y Negros, que andan descalzos, y gastan
poco cuidado en sacarse las
|niguas, que les entran por todas
partes en gran abundancia; y como multiplican tan apriesa, los
imposibilitan á poco tiempo. Unas familias, que de Canarias
llegáron á Guayana, por los años de 1720, se descuidáron tanto en
sacarse las niguas, que muriéron gran parte de ellas, sin otro
achaque que éste.
Es importante el saber, que si luego que entró la
|nigua,
(que avisa su bienvenida, con la comezón ya dicha,) se quiere
sacar, es perder tiempo; porque al mismo tiempo que se va apartando
la carne para sacarla, se va entrando mas adentro, y es peor: lo
mejor, y ménos peligroso es, sufrir hasta al dia siguiente, y
entónces se sacan, juntamente con su casita, que ya tienen, del
tamaño de un grano de aljófar; y aquel hueco que dexan, se llena de
tabaco en polvo, para que no se encone, como ordinariamente sucede.
Ello es pension indispensable y urgente, el que un criado, con el
alfiler ó la aguja en la mano, reconozca todos los dias los piés; y
se suelen hallar cada dia quatro ó seis
|niguas que sacar;
otros quince, y otros muchas mas, conforme los humores de cada uno:
¡plaga, á la verdad, terrible!
El remedio eficaz, que yo he practicado siempre, para que jamás
entre nigua alguna, y para que se mueran las que ya entráron; es
una resina, que los Indios Tunevos de
|Patute, del
|Piñal, de
|Chisgas, y de
|Guacamayas, recogen al
pié de los páramos nevados de
|Chita ésta resina, que llaman
|otóva ú
|otíva, la cogen del centro de una flor
blanca, que crian allí los árboles: recien cogida es blanca, y se
parece á la mantequilla bien lavada; pero despues pierde algo de su
blancura: su olor es fastidioso, como olor de tocino muy rancio: se
derrite entre los dedos con solo el calor natural de ellos es á
propósito para muchos remedios, como diré á su tiempo: es muy sutíl
, y penetra los piés untados con ella, y calentados al rescoldo, de
manera, que si halla niguas, las mata, y prepara los piés, para que
en todo un mes no entren otras. Pasado el mes, como se evaporó
aquella virtud, se debe hacer otra untura; y de este modo me he
visto siempre libre de niguas, desde que supe el secreto, y por mi
aviso se han librado quantos lo han sabido; y se librarán quantos
usáren de él. Y en fin, quando los panales de niguas, en los que se
han descuidado, cogen ya enteramente los piés, y parte de las
piernas, se untan con dicha
|otóva, y aplicando un tizon á
proporcionada distancia, pata que la derrita con su calor, y no
moleste al doliente; despues de empapada, se arropan y vendan los
piés; y á las tres unturas hechas en tres días consecutivos, no
solo se han muerto todas las niguas, sino que cae toda aquella
costra seca, y queda nuevo y limpio el cutis en toda la parte lesa.
Esto es tan cierto, que con mis manos he curado muchos la dios,
Negros y Blancos, con sola la referida diligencia. He oido á
personas inteligentes, que la brea aplicada en el modo dicho,
equivale á la
|otóva; y la falta de estos untos se suple muy
bien con sebo, repitiendo con freqüencia las unturas.
No está todavía averiguado, ni es fácil de averiguar, si la
|culebrilla, de que voy á dar noticia, nace en las plantas de
los piés, por alguna congelacion de los humores del mismo cuerpo
huma no; ó si se origina de algun animalejo, que se entra al modo
que diximos de las niguas. Lo cierto es, que en Cartagena de
Indias, y en semejantes temperamentos, sumamente cálidos y húmedos,
aunque no con freqüencia, se padece la
|culebrilla; la qual
se da á sentir, y á conocer por la inflamacion que ocupa la planta
del pié, y por la calentura que de ella se excita. Para observarla,
lava un Cirujano el pié con agua tan caliente, quanto puede sufrir
el paciente; y despues de limpio y enjuto el pié, se dexa ver un
verdugon, mas ó ménos enroscado, segun los dias que lleva de
engendrada la culebrilla, el qual indica su grandeza. Con este
conocimiento se procede á la curacion en el modo siguiente: se
prepara un lazo, hecho de un torzál de seda fuerte, y se vuelve á
meter el pié en el agua caliente; sufocada la culebrilla del calor,
ó la tenia ya, ó abre puerta para sacar su cabeza; y al sacarla,
prontamente, ántes que la retire, se le echa, y ajusta bien el
lazo, cuya extremidad se debe afianzar sobre los tobillos, en la
garganta del pié, de modo que quede tirante, y se dexa arropado el
pié, y quieto hasta al otro día: se repite el baño, y se hall, que
ya la culebrilla salió hácia fuera, supongamos el espacio de una
uña, y en este estado la destreza y cuidado grande se ha de poner
en dos cosas: la una, en no violentar demasiado la culebrilla para
que salga: la otra, en que el lazo no afloxe, y retirándose ella
hácia dentro, se pierda lo ya ganado. En uno y otro se requiere
gran tiento; porque si se parte la culebrilla, se corrompe la parte
que queda dentro, y se apostema el pié, dando materia á una prolixa
y arriesgada curacion. Y á fuerza de tiempo y de prolixidad, sin
mas que repetir los baños dichos, sale últimamente la culebrilla
entera, de cosa de tercia de largo, del grueso de un bordón
ordinario de arpa; y es casi nervosa, y de poca carnosidad. Esta
relacion, casi con los mismos términos, la oi al Padre Cárlos de
Anisón, de mi Religion, quien decía haber padecido de la
culebrilla, y haber sido curado en el modo referido.
Otra especie de culebrilla da tambien en las tierras cálidas y
húmedas; y abunda mucho especialmente en aquellos dilatados llanos
de
|Pauto y
|Casanáre, donde están nuestras antiguas
Misiones: las señas con que se manifiesta, son horribles, y como yo
la padecí, daré una noticia de ellas, y apuntaré un remedio fácil y
seguro, con que curar sin dolor un mal tan arriesgado. Da una
inflamacion, v. gr. en el pecho, ó en la espalda, á que se sigue la
calentura; brotan despues unas ampollas con aguadija clara sobre la
dicha inflamacion; y luego desde allí, como de su centro, empieza
la inflamacion á caminar, dando vuelta al cuerpo; y como si la
cabeza de la culebrilla buscára el sitio mismo de donde salió, va
caminando la inflamacion con punta piramidal; y el sitio que ocupó
hoy, mañana amanece lleno de las dichas ampollas. Mas de la mitad
del cuerpo me habia ya ceñido la culebrilla, y no hallaba quien me
dixese qué cosa era, ni qué remedio tenia; hasta que un Indio
silvestre, recien bautizado, llamado Ignacio Tulíjay, viéndome
fatigado, me consoló, diciendo:
|Babicá,
|fajijú,
|futuit fu,
|rufay fafolejú: que á la letra fué
decirme:
|Padre mio, tú mueres sin falta:
|no hay mas
remedio, que dexarte quemar. Viendo que no habia otro partido,
quémame, le dixe, como tú quisieres. El caldeó un cuchillo luego, y
hecho una ascua de fuego, empezando desde el principio de la
culebrilla, la fué sajando y quemando por diez y siete partes. La
culebrilla no pasó adelante, y la calentura se quitó luego; pero
las sajaduras costáron de curar muchos dias: durante cuya curacion
vino á visitarme una vieja
|Mestiza, esto es medio India, y
medio Mulata, que se preciaba de Médica, y lastimándose mucho del
rústico remedio que me aplicó el Indio, me dixo: que ella de sus
mayores habia aprendido, que para matar la tal culebrilla, basta
calentar bien un limon, partirlo, empapar pólvora con aquel agrio,
y untar con dicho limon y pólvora con freqüencia toda la
inflamacion: añadiendo que sabía por experiencia, que en llegándose
á juntar la cabeza de la culebrilla con la cola ó sitio, de donde
salió, luego al punto muere el paciente. Este remedio del limon
caliente y pólvora, es muy eficáz y no causa al enfermo molestia de
cuidado; de manera que despues le apliqué á muchos, porque, como
dixe, es este mal muy freqüente en aquellos territorios. Y para que
llegue á noticia de todos un remedio tan fácil y útil, se pone
aquí; y advierto, que no solo da en el cuerpo, v. gr. en las
espaldas ó pecho; da tambien en los brazos, en los muslos
&c. con las mismas señas, que ya dixe. Lo que yo no acabo
de creer es, que sea animal vivo, como lo afirman aquellas Gentes,
sí bien aquel modo de caminar en círculo perfecto, puede ser algun
indicio de lo que ellos piensan. Despues experimenté, que con sola
la untura del limon tibio repetida, basta para atajar esta rara
enfermedad.
Tambien afirma el vulgo, de aquellas Gentes, y muchos, que no
son parte del vulgo, lo creen, que un mal muy comun, y casi
cotidiano de los citados llanos, que se llama
|bicho, es un
animalejo vivo, nacido en los intestinos, ó entre metido en ellos,
como diximos de la
|culebrilla de los piés, y de las
|niguas. Las señas que da el
|bicho, son una gran
calentura, con un sueño, tan profundo que no hay forma de que
despierte, ni abra los ojos el doliente; á quien al mismo tiempo se
le afioxan y laxan notablemente los músculos hemorroydales: bien
que si estos se fomentan con repetidos gajos de limon, y al
doliente le hacen tragar del mismo agrio, sana luego; pero si no se
le aplica con puntualidad dicho remedio á las doce horas del
achaque, le tiembla algo el brazo izquierdo; de allí á poco el
brazo derecho; luego empiezan á temblarle y á encogérsele los dedos
pulgares; y en fin, todos los dedos se garrotan reciamente contra
las palmas de las manos; y á las veinte y quatro horas muere sin
falta, precediendo notables convulsiones en todos los miembros del
cuerpo.
A mí no me han dado prueba ni razon, que me haya inclinado á
creer, que este tal bicho sea animalejo viviente: mejor creyera,
que es especie de calentura efimera, que preocupa toda la sangre,
parte de la qual, elevada al cerebro, causa aquella modorra y sueño
profundo; pues experimentamos, que refrescadas las hemorroydales,
se quita co tanta facilidad la calentura y la modorra, y los dichos
músculos se estrechan y recobran , volviendo al estado connatural.
Pero éste y otros puntos solo los apunto, para que los doctos
tengan este campo mas para sus discursos, propios de los profesores
de la Física.
Es plaga muy ordinaria en las tierras calientes la de los
|aradores, que en sentir comun son unos animalillos
imperceptibles á la vista: lo que se ve es, el lugar por donde van
caminando entre cuero y carne, donde van dexando unos surcos de
salpullido en forma de semicírculo, y en ellos una ardiente
comezón: es plaga que cunde mucho en el cuerpo, y es muy dificil de
quitar en tanto que no se ha hallado aun específico contra ella;
pues si bien con limon caliente y pólvora se amortigua, luego
recobra su fuerza.
Por fin, solo tocaré aquí de paso un mal para mí de admiracion;
del qual en los dichos territorios he visto morir, y he ayudado á
bien morir á muchos. Este consiste en ir creciendo el bazo hasta
cubrir todo el estómago; con la circunstancia de que luego que
llega á topar en la costilla del otro lado, que viene á ser la
penúltima, sin acceso alguno de calentura, muere el enfermo.