CAPITULO XV
De otros
insectos y sabandijas venenosas.
Lo mismo es dexar el golfo y entrar por el Orinoco, ó por
qualquier otro rio de tierra caliente, que entrar en una fiera
batalla con varias clases ó especies de mosquitos, que todos tiran
á chupar la sangre, y algunos mucho mas. Durante el dia, pueblan el
ayre y se llena la cara, las manos, y quanto hay descubierto, de
mosquitos grandes, que llaman
|zancudos, porque tienen las
piernas largas, y pintadas de blanco: mas de estos, persiguen al
hombre otros exércitos de mosquitos llamados
|jejenes, cuyo
tamaño no llega al de un grano de pólvora de artillería: al mismo
tiempo sobrevienen otros del tamaño de granos de pólvora fina, que
llaman
|rodadores, por que luego que se llenan de sangre, no
pudiendo sus alas sostener tanto peso, ruedan por el suelo, y se
pierden por golosos. Estas tres especies de mosquitos, á mas de la
sangre que hurtan, dexan una comezon rabiosa, que al que se dexa
llevar del prurito de rascarse, le cuesta caro. Sin embargo es
tolerable esta plaga, porque por último el pobre paciente en parte
se venga, y mata muchos de ellos; y aunque acuden otros á millones,
con una rama en la mano, ó con un pañuelo, se ocupa en espantarlos.
Pero la quarta plaga, que es de unas moscas negras, como un
azabache, y del tamaño de estas caseras, que llaman
|galofas,
no tiene contraste, porque al mismo llegar, con la velocidad de un
pensamiento, clavan el pico, sacan sangre, y dexan la herída: y hay
muy pocos que puedan alabarse de haber muerto una sola
|galofa, con haberlas á millares, en especial en tierras
anegadizas. A ésta se allega la persecucion de los
|tábanos,
unos grandes, otros pequeños, otros medianos, y todos sangrientos.
Si se anda por las selvas, ó en
|piragua, navegando á la
orilla de los ríos, no es creíble quantas especies de
|abisperos salen al encuentro de abispas furiosas, á qual
peor; tales que en tierra obligan una fuga acelerada, y en el agua
exponen al navegante á mucho riesgo; de manera, que no hallando los
Indios remeros otro efugio, sueltan los remos, se arrojan al agua,
y queda la embarcacion expuesta á un naufragio, y entregada á la
fuerza de las corrientes.
Toda esta multitud de enemigos es despreciable, y se hace
llevadera, en comparacion de unos mosquitos verdes, que llaman
|de gusano: estos abundan en los rios
|Apure, y
|Urú, en
|Tena,
|Espinál, y en las tierras
excesivamente calientes: son intolerables, y chupan la sangre como
los otros; pero en pago del sustento, dexan, ó por mejor decir
vomitan, dentro de la carne, hasta donde penetró su afilado pico,
un huevecillo imperceptible, que fomentado con el calor natural, á
los tres dias pasa á gusano peludo, de tan mala calidad, que
inflama la parte en donde está, y causa calentura, como si fuera un
grande tumor. No es esto lo peor, sino que como está en la carne
viva, y los pelos de que está lleno son ásperos, á mas de los vivos
dolores, que causa cada vez que le da gana de comer, en todos los
movimientos que hace, cada uno de sus pelos es un lancetazo cruel.
El forastero, que piensa que es un tumor, y trata de curarle como á
tal, va perdido; porque los ocho dias ya tiene diez ú doce hijos,
cada uno de los quales va cundiendo en la carne viva por su lado,
para formar cóncavo aparte, y multiplicar otros enxambres; en
tanto, que a muchos les ha costado la vida: y en los parages donde
mas abundan aquellos mosquitos, aniquilan á los perros y cabras; y
hasta el ganado mayor perece, penetrado todo de ellos. Nadie se
admire de que los pinte tan por menor, porque escarmentado de su
furioso diente y azicalados pelos, deseo que este aviso sirva de
precaucion á los que llegáren de nuevo por aquellas tierras. Es
cierto, que la herida del mosquito verde nadie la puede evitar, en
el parage donde abunda; pero se puede estorbar que el gusano
procree: y para ello se ha de observar, que en el mismo centro del
tumor inflamado, que se levanta, se ve siempre una
|aguadija,
que arroja el gusano por la boca: sobre ella se pone
|chimú,
que es quinta esencia de tabaco; y á falta del
|chimú, se
pone tabaco mascado, con que se emborracha el gusano; y si bien
aumenta los dolores con los movimientos que hace; apretando con los
dedos pulgares, la carne, á buena distancia del gusano, (por no
machacarle,) dando el apreton con fuerza, salta el gusano entero, y
solo hay que curar el cóncavo que dexa: pero si se estruja, y muere
adentro, ó salta al apretar sola la mitad de él, queda trabajo para
muchos dias; porque luego se forma apostema, y como á tal se ha de
seguir la curacion. Estas seis plagas de intolerables sabandijas,
persiguen y acometen de dia cara á cara. Pasemos ya á otras
nocturnas, que no solamente roban la sangre, sino tambien el sueño
y el descanso, tan necesario y apetecido, despues de haber
trabajado todo el dia.
Luego que anochece, llueven enxambres de mosquitos
|cenicientos, pequeños, pero sumamente molestos; no solo por
sus penetrantes picos, sí tambien por el sonido y zumbido con que
atormentan el oido; tanto, que si ellos fueran capaces de entrar en
partido, fuera trato útil á unos y á otros, darles amplia facultad
de chupar sangre, con tal que callasen.
Entran en segundo lugar unos insectos pardos, de una hechura muy
rara, del tamaño de tábanos medianos, que se llaman
|pitos;
los quales tienen un pico rabioso y suave: miéntras beben la
sangre, lo hacen con tal tiento y dulzura, que no se dan á sentir;
pero al retirarse llenos, dexan un dolor y comezon intolerable:
estos abundan en todas las tierras calientes; y en especial en las
casas recien fabricadas es grave su persecucion por mas de un
año.
¿Y quién creyera, ó se atreviera á decirla, si no fuera tan
evidente, y tan sangtienta y mortal la plaga nocturna de los
murciélagos? De estos hay unos regulares, del tamaño de los que se
ven en España; y otros tan grandes, que de punta á punta de sus
alas tienen tres tercias; y unos y otros gastan la noche buscando á
quien chupar la sangre. Los que por no tener otro arbitrio duermen
en el suelo, si no se tapan de piés á cabeza, lo que es muy arduo
en tierra de tanto calor, seguramente son heridos de dichos
murciélagos; y tambien los que duermen en camas sin toldillo, ó sin
mosquitero; pues aunque no quede sin tapar sino la frente, allí le
muerden: y si por desgracia pican una vena, como acontece, el sueño
pasa á ser muerte verdadera, desangrándose el cuerpo, sin sentirlo
el dormido: tanta es la suavidad con que clavan el diente, batienda
al mismo tiempo blandamente sus alas, para halagar con el ambiente,
al mismo á quien tiran á destruir. A causa de esta persecucion y
otras, han inventado los Indios el dormir colgados en el ayre,
sobre una como red, que llaman
|chinchorro.
Los Blancos ó Españoles duermen colgados, al modo dicho, en
|hamacas, que son mantas fuertes de algodon; pero ni una, ni
otra inventiva resiste á los picos de los mosquitos: y por esto los
Indios ya Christianos y cultivados, usan mosquitero ó toldillo,
aunque sea un pobre remero: los Gentiles, para resistir á las
plagas del dia, se untan, como ya dixe, con aquel ungüento hecho de
manteca ó de aceyte, con
|achote molido, y para irse á dormir
renuevan la dicha untura. Algunas Naciones, con los
|Otomácos, usan pabellones, texidos de hoja de palma con gran
curiosidad; otras Naciones labran sus dormitorios junto á sus
ranchos, que llaman unos
|sulecú, otros
|maspára,
|&c. segun la variedad de lenguas. Estos dormitorios
son unas pequeñas chozas, muy cerradas, y de cubiertas tríplices,
para que no penetren los enemigos nocturnos, en especial los
tigres, que buscan su remedio de noche mas á su salvo. En fin, la
necesidad ha obligado á todas aquellas Gentes á inventar arbitrios
para su defensa, ménos las Naciones
|Guajiva,
|Chiricóa
y
|Guama, cuyas Gentes duermen en el duro suelo, sin mas
cubierta, que la del Cielo raso, expuestos á todas las plagas
referidas, y á otras muchas que diré; y viva quien viviere; y al
que amanece muerto lo entierran, sin apurarse, ni tratar de
remedio, para evitar otras desgracias.
Lo que yo no podia ni puedo entender, es ¿cómo aquellas Gentes
llegan á tomar el sueño, cubiertos de innumerables mosquitos? Ello
es así, que luego que se tienden por aquel suelo á dormir, hay tal
estrépito de palmadas, matando mosquitos, que me han quitado solo
ellas el sueño muchas veces; al quarto de hora, ya suenan ménos, y
á la media hora ya no se oye golpe alguno; y entra á atormentar en
su lugar un horrible ruido de ronquidos intolerables. Yo, para
registrar si aquel profundo sueño era por haberse retirado los
mosquitos, (como sucede en la Nacion
|Guaraúna, que los
destierra de casa con humo, segun ya queda dicho,) encendí varias
veces luz, y reconocí, no sin espanto, aquellos cuerpos revestidos
de piés á cabeza de millares de mosquitos, forcejando unos con
otros, para hacerse lugar, y fixar su pico, yéndose unas vandadas
llenas, y viniendo, otras á llenarse de sangre, sin cesar toda la
noche. Despues, con el tiempo vi, que no hay trabajo á que no se
acostumbre el cuerpo humas no; porque conocí algunos Padres
Misioneros, que tenian la cara, frente y corona llena de dichos
mosquitos, sin sentirlos, ni poco, ni mucho: ello es cosa dura de
creer, pero cierta; y aunque no entiendo el cómo, no cabe duda en
que el cuerpo se acostumbra á no sentir tantos y tan agudos
aguijones.
Todas estas plagas volátiles hemos registrado, fixando la vista,
ya en el ayre, ya en los cuerpos atormentados, á violencia de sus
agudos picos. Ahora es preciso baxar los ojos al suelo, para ver
aunque de paso, otras plagas, originadas de otros crueles y
mortíferós insectos. Molesto es el asunto; pero inútil para los que
allá viven expuestos al daño, y curioso para los que acá le miran
de léjos.