INDICE




Introducción
Si entre aquellos bárbaros se halla alguna noticia de Díos?
Singular piedad y especial providencia de Dios, que resplandece en bautismos al parecer casuales de indios ancianos, indias y párvulos
Si aquellas naciones tienen idolatría? Si tienen noticia del demonio, y se valen de el, ó no?
Variedad de lenguas de aquellos indios: búscase su origen por la mejor conjetura
Investigase el origen de las lenguas vivas, ó matrices de aquellos países
De las primeras gentes que pasaron á la América, y el modo
¿Porque de las naciones del Orinoco (aunque en si muchas) se reduce cada una á tan corto número de gente?
Motivos de sus guerras
Daños gravísimos que causan á las misiones, las armadas de los indios Caribes, que suben de la costa del mar
Gefes militares de aquellas naciones: mérito y ceremonias, que preceden á sus grados
Variedad de armas de estas naciones: destreza en manejarlas, su fábrica , y el tambor raro, con que se convocan á la guerra
Del mortal veneno llamado curáre: raro modo de fabricarle, y de su instantánea actividad
De otros venenos fatales: su actividad: la cautela con que los dan: y cómo los descubrí
De las culebras venenosas de aquellos países. Del culebron espantoso llamado buío
De otros insectos y sabandijas venenosas
De otras sabandijas muy ponzoñosas
Peces ponzoñosos y sangrientos
De los caymanes ó cocodrilos, y de la virtud nuevamente descubierta en sus colmillos
Modo de cultivar sus tierras los indios, y los frutos principales que cogen
Prosigue la materia del pasado
Arboles frutales, que cultivan los indios. Yerbas y raices medicinales, que brota aquel terreno
Caserías en los campos rasos. Variedad de animales y aves, que los indios logran en ellos; y daños graves, que hacen las hormigas
Turbacion, llantos, azotes y otros efectos raros, que causa el eclipse de la luna en aquellos gentiles
Estilos que guardan aquellos gentiles en sus casamientos: la poligamia, y el repudio
Pregúntase, si se aumenta ó disminuye el número de los indios, haciendo el cotejo del tiempo en que eran gentiles, con el de ahora, en los que ya son cristianos
Rechazadas dichas causas, se prueba ser insuficientes para la diminucion ya propuesta de los indios
Respóndese á un argumento contra lo ya dicho, y se señala la causa genuina de la diminucion de los Americanos
Carta de navegar en el peligroso mar de indios gentiles
CAPITULO X
 
Gefes militares de aquellas Naciones: mérito y ceremonias, que preceden á sus grados.
 

Virtud, valor y letras, son los tres escalones por donde suben los hombres á la cumbre del honor, del aplauso y de la veneracion. No conocen, ni aun por sus nombres, las Naciones de que trato, á la virtud, ni á las letras; y así, todos sus ascensos, que en su débil juicio se reputan por muy grandes, les tienen vinculados al valor y á la destreza, con que desde niños se exercitan en jugar el arco y flechas, la lanza y la macana. Sus juegos pueriles, todos se reducen á lo mismo que ven hacer á sus padres: forman arcos, aguzan flechas, pintan macanas, texen rodelas, y desbastan palos tan firmes como el acero, para formar lanzas. Los chicos de un mismo Pueblo forman Batallones, eligen Cabos, disponen sus filas, dan su señal, y traban sus pueriles batallas, en cuyos ensayos están sus padres como en sus glorias. En estas escaramuzas usan de flechas de junco grueso, que no puedan hacer daño ni herida; y de rodelas, para adiestrarse á evadir el golpe de la piedra, lanza ó saeta; y como el exercicio es único, y de toda la vida, es increible la destreza á que llegan algunos. Ella es tanta, como lo acredita el caso siguiente.

Un Indio |Otomáco, lleno todo el cuerpo de cicatrices, auténtico testimonio de muchas batallas contra Caribes, en que se habia hallado, blasonaba de su valor delante de tres Soldados de nuestra Escolta, y al pasar yo casuálmente, les dixo: ,,Sí tengo las señales de estas heridas, es, porque me he hallado solo entre muchos enemigos; pero quando he peleado con tres, jamás me han herido: y diciendo, y haciendo, juntó tres montones de aquellos dátiles que comen, y colocándoles en triángulo á buena distancia, se puso en el centro de ellos, y sobre apuesta les dixo: tirad yo potros, y si alguno acierta á pegarme, pierdo yo la apuesta; si me libro de todos, yo ganaré. Asistí con gusto á la funcion, y fué para mí cosa maravillosa, ver aquel Indio, que apénas tocaba con los pies en el suelo para mudar lugar: á un mismo tiempo baxaba la cabeza para evadir un golpe, retiraba una pierna para evitar otro, y doblába todo el cuerpo, para no recibir el tercero: parecia un hombre de goznes, y un cuerpo todo penetrado de azogue: tirábanle los tres Soldados, al principio con gana de darle, y despues con ira, viendo que no podían lograr golpe alguno; hasta que acabados los dátiles prevenidos, ganó el Indio Otomáco la apuesta. Divertimiento, en que despues, estos y otros Soldados perdian de buena gana sus apuestas, para pasar las tardes desocupadas, y admirar mas y mas tan singular agilidad y destreza. El Regio Historiador Herrera | (a) dice de otro Indio semejante, que se movía con la ligereza de un gavilán, sin que piedra alguna de quantas le tiraban le tocase.

Para el exercicio de la flecha cooperan tambien las madres, no dando á sus hijuelos la comida ó fruta en sus manos, sino colgándola á proporcionado tiro, para que la gana de comer los avive al acierto de pillar con la punta de la saeta despedida, lo que desean comer. No es ponderable a lo que llega su destreza en el arco y flecha: baste decir, que se ha tenido por especial providencia de Dios, el que los Caribes se hayan enamorado del uso del fusil, porque en ellos es casi inerrable el tiro del arco, y poco acertada la puntería del fusil. Adestrados al arco, saben que quanto mas tiran la cuerda, tanto mas seguro es el tiro, y de este principio cierto infieren un error, para nuestro bien muy apreciable; pues juzgan que quanto mas pólvora atacan en la escopeta, tanto mas seguro es el golpe de la bala: lo que es falso, porque por lo mismo la bala vuela por alto, sin hacer daño: á mas de que miéntras cargan y descargan un fusil sin hacer daño, pudieran haber disparado seis ú ocho flechas, con mucho estrago; así que es tambien especial providencia de Dios, el que no hayan caido en la cuenta, en lo uno ni en lo otro.

Adestrada la juventud en el modo dicho, ántes de salir á la guerra, se llevan algunos la fama, ya de muy certeros en la flecha, ya de singularmente prontos á rebatirla, ó con la rodela, ó con el mismo arco: habilidad de pocos, y por eso muy apreciable entre ellos. Quando tienen edad para salir á la guerra, en todas sus acciones tienen la mira al honor, aspirando con ansia á que les aclamen por valientes, y puedan subir á Capitanes. Para este fin guardan con gran cuidado los troféos y despojos de las guerras, y cada qual hace tantas estatuas, texidas con bastante arte y propiedad, de hojas de palma muy sutiles, quantos son los enemigos que ha muerto. Tienen colgadas dichas estatuas de los techos, y á todos los huéspedes, que entran en sus casas, despues del recibimiento, añaden: |Yo soy mi valiente, ya llevo tantas campañas; y mira allá quantos enemigos llevo ya muertos yo seré un gran Capitan &c.

Es verdad, que en este estilo y regla, que es casi general, no se cuentan, ni entran los de las Naciones |Achagua y Saliva: no son éstas gente de guerra; y dicen que ni sus mayores lo fuéron: solo un Saliva, que hoy es ya Christiano, tiró por este rumbo, y pasó por los exámenes que diré. No obstante gustan de tener muy lucidas armas, penachos de plumas, y otras divisas de bravos Soldados; y lo que es mas de admirar, á sangre fria, y quando no hay enemigos, gastan sus ademanes de brio, y azotan el ayre con bravatas.

El que se ha de graduar, así como va ganando crédito, se le va agregando primero la gente de su parentela, y despues otros, ó atraidos de su valor, ó sobornados por el mismo, y por medio de sus parientes y amigos. Quando tiene v. gr. cien hombres de su séquito, previene bebida, convida á los Caciques y Capitanes de su Nacion, les hace relacion de sus hazañas; y por último pide exámen para ser contado entre los Capitanes. Convenidos los Jueces en que se gradue, plantan enmedio de la casa al actuante desnudo, como su madre le parió, y tomando el Capitan mas antiguo un látigo de |pita bien torcida , le descarga fieros y repetidos azotes por todo el cuerpo de arriba á baxo, y entrega el látigo al Capitan, que por antigüedad se le sigue: éste y todos los restantes Gefes le azotan horrorosamente a su satisfaccion. Los Caciques, y mucho auditorio que concurre, están con gran silencio observando, si se le suelta algun |acaya, que es nuestro ay, ó algun otro ademan de ménos valor; y si se quexa con solo un ay, ó hace algun ademan de sentimiento, le niegan redondamente el voto, y ya no puede ser admitido á los otros dos exámenes que le restan; pero si ha sufrido como un bronce, aquel diluvio de azotes, que le dexan sin pellejo, y con muchas heridas entran los víctores, el aplauso y los parabienes, y se acaba este primer exámen, emborrachándose todos larga y alegremente.

Parecerá increible esta bárbara tentativa, pero es cierta, y ellos realmente la practican y su tren brutalmente; pero para quitar la admiracion de ésta, vamos á la segunda, que á mi entender es mas intolerable: son leyes inspiradas por el Demonio, que en todas, y en todo se muestra cruel enemigo del Género Humano.

Pasados los meses necesarios para que sanen y cicatricen las heridas, dispone el pretendiente otra tanta cantidad de |chicha , que en buen romance es una multitud de tinajas de aquella su cerveza extraida del maiz: señala el dia para la funcion, y habiendo comparecido aquel rústico Cabildo, cuelgan una |hamáca, (es la |hamáca una manta de algodón bien texido, que colgada en el ayre, depende de las dos extremidades de dos sogas, prendidas de las paredes ó árboles: esta es la cama de los Magnates, porque el restó del vulgo duerme en |chinchorro, que es una red prendida y colgada al modo dicho entra el pretendiente en dicha |hamáca, se compone en ella su modo, y luego los Capitanes examinadores lo tapan de pies á cabeza con los dobleces de la misma, y lo aseguran dentro de ella con tres ataduras, una junto la cabecera, otra á los pies, y la tercera por enmedio: hecho esto, cada Capitan por su lado levanta algo el dobléz de la |hamáca, y suelta dentro de ella un cañuto de hormigas bravas, y tan tenazmente mordaces, que quando llega el tiempo de arrancarlas, ántes se dexan partir por medio, que soltar el bocado. ¿Quál se verá aquel necio valentón, con cinco ó seis mil enemigos sobre sí, que todos le tiran á qual peor, sin que dexen parte de aquel desventurado cuerpo sin herida, y entre tanto sin facultad para detenerse, ni aun para menear pie ni mano? porque la formalidad de es te exámen, y el salir bien ó mal de él, depende de solo un movimiento, por mas que sea indeliberado, con que dé á entender, que le son molestas las sangrientas hormigas; y si se le escapa un ay al morderle las pestañas de los ojos ú otras partes especialmente delicadas, ya perdió el pleyto, quedó mal en su exámen, sin fama de valiente, é incapáz de subir al honor de Capitan; y al contrario, si sufre con valor el tiempo determinado por su diabólica ley, despues de los parabienes, acuden todos á quitarle las hormigas, de que sale aforrado ó revestido; pero le quedan claveteadas en el cuerpo las cabezas de ellas, hasta que con el unto, que para ello tienen, les hacen afloxar su diente tenáz: luego se siguen los brindis, hasta quedar todos satisfechos, que éste es siempre el paradero de todas sus juntas y funciones.

Se horroriza uno, solo al pensar en esta segunda prueba, tanto mas penosa que la primera; pero como ni una ni otra llegan á ser mortales, aunque sí muy molestas, viene á ser, que la tercera prueba es mucho peor, que las dos referidas; porque en esta hay riesgo de muerte, y á la verdad en ella mueren algunos.

La tercera prueba, que se debe llamar infernal, se hace de este modo: juntos ya los Magistrados y el vulgo, se cuelga en el ayre un cañizo bien texido de cañas menudas, y capáz de recibir el cuerpo del exáminando: suspenso ya á distancia de una vara en alto, lo cubren con una tanda de hojas de plátano; (pocas son menester, porque son de una vara de largo, y casi media de ancho,) luego sube el penitente, y se echa boca arriba en aquella cama que ha de ser su potro de tormento, ó su cadahalso para morir; despues de echado le dan un cañuto hueco, de casi una vara de largo, que se pone en la boca para resollar por él; y luego empiezan á cubrirle de pies á cabeza, por encima y por todos los lados, con dichas hojas de plátano; con la advertencia, que las hojas que caen sobre la cabeza y pecho, las rompen y ensartan por el cañuto dicho, que desde la boca sube á lo alto. Ya en fin arropado y sumergido en aquel caos de hojas, empiezan á poner fuego debaxo del cañizo: llámase fuego manso, porque las llamas no llegan á lamer el cañizo; pero realmente da notable calor á aquella infausta víctima de la necia ignorancia, que para quedar sufocada, le bastaba la multitud de hojas, que suele parar en túmulo funesto. Entretanto, unos Ministros se ocupan, ya en atizar, ya en disminuir el fuego, para que no sea, ni mas ni ménos del que se acostumbra, y del que sufriéron ellos quando pasáron por estos baños: otros están observando con vigilancia, si el paciente se mueve, ó no; porque si hace el menor movimiento, queda reprobado, y se acaba la funcion tristemente; y otros están á la mira del cañuto, observando el resuello del paciente, para ver si es débil ó vigoroso. Concluido el espacio destinado, quitan prontamente las hojas: si hallan difunto al pretendiente, todo pára en llanto fúnebre; pero si le hallan con vida, todo son júbilos, víctores y tragos á la salud del nuevo Capitan, cuyo valor invencible dan por evidenciado en los tres dichos exámenes. ¡Tanto como esto sufren por sola la honra! ¿Qué fuera si esperáran alguna renta?

(a) Decada I. lib. 6. cap. 9.

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