CAPITULO
PRIMERO
|
Si entre
aquellos bárbaros se halla alguna noticia de Díos?
Llevó. Dios á la cumbre del honor al hombre que crió: adornóle
con las coronas de suma gloria y honra las sienes, colocándole en
tal altura, que se podia gloriar de que era poco ménos que los
Angeles, y que tenía á su mando y disposicion todo el resto de las
criaturas sublunares ; pero en medio de tan sublime excelencia, le
precipitó al abismo de la mayor desdicha su misma ignorancia:
|Non intellexit: y con caída mas fatal que la de Icaro
(aunque ésta no fuera fabulosa) se halló equiparado con las
bestias, y semejante á ellas, el mismo que fué formado á imágen y
semejanza de todo un Dios. ¡Notable desgracia y manantial de otras
innumerables! ignorancia detestable, madre, fuente y raíz de todas
las sombras y errores que llenáron el Mundo, y aun dominan en
tantas partes de él, quantas apunté en el Prólogo de esta obra.
Pero llegando á nuestro propósito: si los Mahometanos, Paganos y
Negros Africanos les conviene con especia1idad la dicha similitud
con los brutos, por su especial ignorancia, no les es ménos propia,
ni conviene ménos á las ciegas y bárbaras gentes del Orinoco y sus
vertientes, en que son comprehendidas tambien con especialidad
otras muchas Naciones de las dos Américas.
Ello es cierto que la falta de enseñanza, derivada y heredada de
padres á hijos, no es otra cosa que pasar las gentes de uno á otro
abismo de ceguedad y tinieblas, sea en la Religion del Mundo que se
fuere, como se evidencia en las Aldéas retiradas, y en el vulgo de
las Ciudades, aun en aquellos Reynos donde mas florece, y mas se
cultiva nuestra Santa Fe. ¿Pues qué dirémos de aquellas gentes,
cuyo total ahinco es, retirarse mas y mas del comercio humano, é
internarse en las selvas, afectando, ó por mejor decir, imitando el
genio de las bestias mas silvestres é indómitas?
Diré que fué gravísimo error el de los que á la primera vista
pensáron que no eran racionales; porque á la verdad, luego que se
van desbastando aquellas que parecen piedras se ve por la Divina
gracia que pasan á verdaderos hijos de Abrahán; y á repetidos
golpes del de la doctrina, se descubren los brillos de aquellos
diamantes, cuya exterior tosquedad los hacia despreciables.
Diré
|
(a)
que
aquellas Naciones, no solo están poseidas sino tambien sepultadas
entre las tinieblas de su misma ignorancia; pero afirmo, y debo
afirmar al mismo tiempo, con el torrente de los Doctores y
Theólogos católicos, que en medio de aquellas tinieblas resplandece
alguna luz, algunos destellos (aunque cortos) de aquel Divino Sol
de Justicia, que alumbró y alumbra á todo hombre, de quantos
vienen a peregrinar á este Mundo, alentando y fortaleciendo con su
Divina gracia el espíritu de los Sagrados Apóstoles y de, los
Varones Apostólicos para que se oyesen los ecos de sus voces
Evangélicas desde el Oriente al Ocaso, y desde el Aquilón al
Austro, segun el vaticinio del Real Profeta
|
(b)
.
Diré lo que ya dixo S. Próspero
|
(c)
: ,,que hay algunas Naciones en los últimos
ángulos del Mundo, á quienes no alcanzó todavía á dar de lleno la
luz de la Divina gracia; á las quales jamás se les niega aquella
luz general , y aquella medida de auxilios suficientes, que para
todos los hombres viene de lo alto. Lo mismo pudiera decir con las
palabras de San Agustin, con las del Concilio Senonense
|
(d)
, de Orosio y de otros
Santos Padres y Concilios; pero no obstante todo esto.
Diré tambien lo mismo que en dilatados años y largas
peregrinaciones , entre gentes bárbaras he palpado y experimentado;
y es, que aquella corta luz que entre ellos se dexa divisar, al
mismo tiempo que se dexa ver como luz, se reconoce empañada con
muchas sombras. ¡Pobres almas! ¡O y qué lástima! Si aquella luz que
tienen, se parece tanto á las tinieblas, ¿quál será el horror de la
ceguedad en que viven? ¿Y quién habrá que no se mueva á lástima y
compasion de aquellas pobres Naciones? Tienen poca luz y
obscurecida, y asi ven muy poco; y si no hay quien vaya á
alumbrarlos, no hay esperanza de que se les aclare la vista. Hay
notable diferencia en el modo de no ver , quando una nube ó niebla
opaca cubre la superficie de la tierra, y quando otra nube
(digámoslo así) doméstica cubre casi toda la superficie de los
ojos: á aquella el tiempo la disipa, y todo queda claro: ésta se
congela y crece mas con el tiempo; y al modo de ésta es la que
ofusca á aquellas gentes infelices.
Digo en fin, viniendo á lo particular, que las Naciones de que
trato, conocen la malicia del homicidio, del adulterio y del hurto;
y los delinqüentes, ó se huyen, ó esconden quanto pueden sus
delitos: no se hallan casamientos entre hermanos y hermanas; y en
algunas gentes hasta mas allá del quarto grado no se casan. En sus
desgracias ó pesares levantan los ojos al Cielo con exclamaciones
propias de sus lenguages; v.gr. ¡
|Ayaddí! ¡Acayá! ¡Ayó! ¡Páya!
¡Guayamijideyá! y otras semejantes, con que naturalmente
recurren á lo alto á implorar el favor y amparo , aunque no tienen
otras voces ni términos para explicarse mas; siendo éste un
movimiento con que recurre la criatura afligida á su primera Causa,
segur el sentir expreso del Padre de la eloqüencia Ciceron
|
(e)
. En la Nacion Achagua
viene de padres á hijos la tradicion del Diluvio Universal, que
explican con estos términos muy genuínos:
|Catena Manda, que
á la letra es:
|Sumersion general de la tierra , ó
|laguna
general.
Con toda claridad, segun Herrera
|
(f)
, retenian esta. noticia los Indios de
Cuba, y uno de los mas ancianos reconvino á Gabriél de Cabrera con
estas palabras
|¿Que por qué le reñia &c. pues todos eran
hermanos? ¿Vosotros le decia no procedeis de un Hijo,
|de
aquel que hizo la Nao grande para salvarse del agua, y nosotros del
otro? de modo, que esta tradicion, segur se ve, estaba muy
asentada y corriente de generacion en generacion. En dicho lugar
cuenta el mismo Herrera, que tenian aquellos Indios noticia de la
creador del Cielo y de la Tierra, y que habla sido fabricada toda
esta gran máquina por tres Personas, aunque al explicarlas
deliraban. Una y otra noticia se halláron en el Perú y en México
|
(g)
|.
En otras tres Naciones que luego nombraré, tienen palabra con
que expresar (á su modo) y nombrar á Dios, (esperamos que el tiempo
y la práctica lo descubrirá tambien en otras, que hasta ahora no
han dado señal de conocerle, por frase ó palabra destinada para
ello,) pero en dichas Naciones no se ha reconocido ceremonia alguna
exterior para el Culto Divino; ni las voces con que segun la
variedad de lenguas nombran á Dios, son tan individuales y
positivas, que nos hayamos asegurado ya de su cierta y fixa
significacion. Por esto en la Doctrina Christiana, que traducimos
en sus Idiomas , usamos de la palabra
|Dios, y de las demás
palabras Españolas necesarias parala explicacion de los Misterios
de nuestra Santa Fe: así como los Latinos tomáron del Griego muchos
términos facultativos de que carecian, para explicar muchas
dificultades Escolásticas.
Los Caribes, Nacion dominante por muy numerosa, llama á Dios
|Quíyumocón; es decir:
|Nuestro Padre Grande; pero aun
no está bien averiguado si estas voces tienen por objeto la Causa
primera, ó si se refieren al mas antiguo de sus Abolengos; y por
esto no usamos de dicha palabra.
Los Salivas dicen que el Púru hizo todo lo bueno: que Púru vive
en el Cielo: que el Hijo de Púru mató aquella Serpiente que
destruia las gentes &c. (éstas son sombras y vestigios
borrados de la verdad).
Los Betoyes decian ántes de su conversion, que el Sol era Dios;
y en su lengua al Sol y a Dios llaman Theos; voz Griega, que
tambien significa á Dios; pero ninguna de estas tres Naciones da la
menor muestra de culto ni de adoracion á su Púru, Theos ó al
Quiyumocón.
En ninguno de aquellos vastos Paises hemos hallado hasta hoy
muestra de idolatría; y así hay este obstáculo ménos que vencer
para su enseñanza. No obstante esto, en la Nacion Betoya hubo que
vencer algo; porque pusimos en el Catecismo esta pregunta:
|¿Theodá, Dioso qué? ¿El Sol es Dios? y al punto respondian
que si: la respuesta que se les enseña, es:
|Ebamucá ,
|futuit ajajé Diosó abulú, ebadú, tuluebacanutó: no es,
|porque es fuego que Dios crió para alumbrarnos.
Viendo pues, que pasaban muchos meses sin acabar de creer que el
Sol era fuego, me valí de la mecánica de una lente ó cristal de
bastantes grados, y junta toda la gente en la plaza , cogí la mano
del Capitan mas capáz, llamado Tunucúa. Preguntéle: ¿
|si el Sol
era Dios? luego respondió que sí: entónces en voz alta que
oyéron todos, dixe ¿
|Day dianu obay refolajuy? Theodá futuit
ajaduca ,
|may mafarra. ¿Quándo acabaréis de creerme? ya os
tengo dicho que el Sol no es sino fuego. Y diciendo y haciendo,
interpuse la lente entre el Sol y el brazo del dicho Capitan, y al
punto el rayo solar le quemó y levantó una ampolla considerable en
el brazo: clamó luego él con voz amarga, diciendo:
|Tugaday:
tugaday futuit ajacudacá!
Es verdad: es verdad: fuego es el Sol. Corrian de tropel los
hombres y mugeres á ver el efecto del Sol y de la lente: veian la
quemadura, y el Capitan les explicaba con eficacia la operacion que
miraban con espanto correlativo á su nativa ignorancia: entretanto
rompí por entre el gentío, y llegué á la turba de muchachos,
deseosos de ver y saber lo que pasaba: hice la misma pregunta al
mayorcillo de ellos, erró la respuesta, y lo desengañé con la
quemadura de la lente. Aquí fué mayor la bulla, todos querian
experimentar (aunque á costa suya) si el Sol era fuego, ó no; díle
la lente al Fiscál de la doctrina , para que fuese dando gusto á
todos, y yo me retiré á mi choza: el efecto de esta maniobra fué
qual se deseaba; porque de allí en adelante ningun Betoy dixe jamás
que el Sol era Dios: luego respondia que el Sol era fuego.
No puedo omitir aquí lo que me pasó con un. Gentil Betoy,
llamado Cagiali al principio de la conversíon de esta Nacion;
insistí en una de las pláticas, que el que no creyese la doctrina
que yo de parte de Dios les enseñaba, le llevarian á ser quemado
perpetuamente á la casa del fuego, donde viven los Demonios. (ésta
en frase propia de aquél lenguage). Vino despues el Cagiali á
informarse mas de espacio de la materia: expliquesela de varias
maneras, y con símiles materiales; (que son los que mas sirven para
su rudeza) y quando se hizo cargo de esta tan importante verdad, se
alteró todo, encendiósele el rostro, soltó las lágrimas, y con voz
lamentable díxo: ¡
|Ayaddí, Babicá! ¿Day ma ebá Diosó? ¿Dayque
ojabolá, obay reaje afocá, arreacabi, dusuque arribica? ¡Ay, Padre
mio! ¿Cómo ha hecho Dios esto? ¿Conque mis mayores se han perdido,
y están ardiendo, porque Dios no les envió Padres que les
enseñasen? Confieso que me enternecí, y que me costó mucho
trabajo el consolar al Cagiah, y mucha dificultad el hacerle
entender, que la causa de la perdicion de sus mayores no estubo en
Dios, sino en los pecados de aquellos Gentiles, por los quales se
hiciéron indignos de que su Magestad les enviase Predicadores. Este
Cagiali fué un gran Indio, sirvió mucho para aquella fundacion; y
quando le bautizé (que fué
|in articulo mortis) le llamé
Fortunato, porque logró la fortuna que lloraba perdida en sus
mayores.
Pero por el mismo caso que reynan las tinieblas en los
entendimientos de aquellas gentes, quando al abrir los ojos de la
razon , perciben la luz de las verdades eternas, les da mayor golpe
la novedad, y se reconoce por los efectos, que entónces derrama
Dios á manos llenas su misericordia,segun la mayor o menor
disposicion de los Neófitos; entre los quales vemos y advertimos la
mutacion que en ellos hace la diestra del Todo Poderoso. Y aun los
mismos Indios al cotejar su vida racional y christíana con su
antiguo desconcierto, se regocijan, se adomiran y dicen repetidas
veces á sus Misioneros:
|Diosó fausucajú,
|Babicá, ujuma
afoca, ubadolandó maydaitú: esto es:
|Dios te lo pagará,
Padre; pues por tu medio vivirnos ya racionalmente; y veis aquí
aquel maná escondido, que endulza, suaviza y hace llevaderos los
mayores trabajos presentes; y que dispone, da brio y ánimo para los
venideros.
¿Qué consuelo podrá compararse con el de un Operario entre
aquellos Neófitos que se fatiga para que sus Indios no freqüenten
tan á menudo los Sacramentos de la confesion y Comunion, como los
de la Nacion Achagua, que la desean y piden hasta ser molestos?
¿Qué mayor señal se puede hallar de que han abrazado sériamente
nuestra Santa Fe, ni qué mayor gusto para el que se la predica, que
reconocer en los Neófitos temor de Dios, deseos de salvarse, y gran
miedo de la eternidad del Infierno, con la moderador, recato y
buena conducta debida que requieren las tales señas? y á la verdad
de esto pudiera decir mucho.
Solo diré para gloria de Dios y confusion de muchos Chrístianos,
que se precian de serlo, que me ha sucedido estar muchas mañanas
seguidas oyendo confesiones de Indios Neófitos, sin hallar en
alguno de ellos materia para la absolucion: y me consta que á otros
Misioneros les ha sucedido lo mismo;
|eso no, Padre
(responden)
|desde que supe que Dios se enoja por los pecados, y
como los castiga, no bago cosa mala. Por otra parte se
evidencia la sinceridad y verdad que profesan en la confesion, con
muchas señales ciertas, especial mente por la brevedad, ansia y
susto con que recurren al Tribunal de la Penitencia, si caen en
algun lazo de los que arma el enemigo: en cuya prueba solo digo,
que á deshora de la noche, y lloviendo reciamente sé entró un Indio
Neófito en mi rancho, y puesto de rodillas á mis
|piés, todo
asustado, me pidió las díciplinas: se las di, y empezó á descargar
recios azotes sobre sus espaldas, y á llorar. Díxele atónito, ¿que
por qué era aquella penitencia? respondió que le habia engañado el
Demonio, y que venia á desenojar á Dios, y á confesarse, como lo
hizo: añadiendo despues otros azotes sobre sus espaldas: ¿quién no
alabará á Dios por estas señas de Fe viva y santo temor suyo, que
su Magestad infunde en los que poco ántes no le conocian?