|
"Uno de los graves males causados por la rebaja de la
ley en la moneda de plata, fué abrir ancho campo a la introducción
de la falsificada; tanto porque es muy difícil distinguir una
moneda legítima de otra falsa, cuando ambas tienen fuerte liga y la
imitación del sello está bien hecha, como Porque se presentó a los
extranjeros una especulación lucra a en la fabricación de moneda de
plata de ocho dineros, al sacar del país a bajo precio el oro en
polvo y amonedado, y obtener luégo en su venta crecidas ganancias.
Por este medio y aun sin necesidad de él, con la simple operación
de cambiar plata por oro para extraerlo, la nación ha sido
despojada anualmente de una octava parte cuando menos del producto
de sus minas; y continuará sufriendo la expoliación hasta que las
monedas de oro y de plata circulen con precios relativos
proporcionados a sus valores intrínsecos".
(Lino de Pombo. Nota de la Secretaría de Hacienda a la Cámara de
Representantes. 26 de marzo de 1846).
"La escasez de numerario circulante continúa, sin
embargo, porque la ley sobre monedas no fué completa; dejó
subsistente la prohibición de importar la moneda nacional, y no
autorizó el curso de las monedas extranjeras equivalentes a las
nuestras al par con éstas, y de las demás por el valor de cambio
que tengan en el mercado".
(Florentino González. "Memoria de Hacienda".
1847).
"Dar facilidades para que en un país haya el numerario
circulante necesario para las transacciones mercantiles y para
pagar los servicios públicos y particulares es, pues, una de las
medidas más importantes y que deben llamar con preferencia la
atención de un gobierno que consulte los intereses de la
nación".
"Cuando el numerario es escaso, el alquiler de él
cuesta más caro, y así hemos visto entre nosotros subir
sucesivamente el interés del dinero, desde el 5 por 100 que se
pagaba cuando toda la moneda del continente circulaba con facilidad
entre nosotros, hasta el de 24 por 100 a que llegó, cuando habiendo
acuñado monedas de mala ley con la misma denominación de las
antiguas, desterramos de nuestro mercado las monedas de otros
países, que nadie volvió a traer a la Nueva Granada porque se
habría visto forzado a venderlas perdiendo".
"Consecuencias las más funestas tuvo este lamentable
error cometido con buena intención. A medida que por consecuencia
de él fué el numerario escaseando, creció el interés del dinero, y
desaparecieron las facilidades para aumentar la producción: porque
no pueden tomarse capitales para emplearlos en la agricultura, y
trabajar las minas al fuerte interés de un 2 por 100 mensual, que
ha sido el corriente durante mucho tiempo. En vano el granadino
alimentaba deseos de trabajar para enriquecerse y gozar. La
actividad inteligente tropezaba con una rémora que no podía
superar. Le faltaba un capital; y no podía tomarlo prestado, porque
ninguna empresa podía producir el alto interés que se le demandaba.
El que se arriesgaba a comprometer su crédito bajo la influencia de
tales circunstancias y acometía alguna empresa, las más de las
veces sólo tenía por resultado la ruina propia y la de su acreedor.
De aquí el desaliento, la inercia y la timidez para trabajar que en
los últimos tiempos se notaba en la Nueva Granada. Reveses de
fortuna repetidos habían quebrantado la energía moral de los
habitantes, y hasta las esperanzas de mejorar iban casi
desapareciendo".
"No pinto la situación con colores exagerados. Cada
cual puede recordar con facilidad lo que sucedía en años
anteriores, cuando aún no se había emprendido la reforma de
nuestras leyes monetarias. Cada cual conoce también que la
situación va mejorando en virtud de las reformas efectuadas.
(Florentino González. "Memoria de Hacienda".
1848).
"En un pueblo pobre, sin industria, que carece de los
elementos necesarios para el desenvolvimiento de las riquezas, como
vías de comunicación, conocimientos y capitales, imponer nuevas
contribuciones sobre las defectuosísimas que existen, sería agravar
su condición y llenar de mayores embarazos el Porvenir...
".
(Manuel Murillo. "Memoria de Hacienda".
1850).
"...El mismo procedimiento (la rebaja de impuestos) es
necesario adoptar aquí, y con mayores fundamentos, pues que este
país nuevo, sin capitales, sin conocimientos, despoblado, necesita
más que aquél (Inglaterra), que se aliente el trabajo, que se deje
libre la industria, para que pueda levantar su vuelo, y si es
posible que, como a los niños, se le pongan andaderas para aprender
a caminar...".
(Manuel Murillo. "Memoria de Hacienda".
1852).
"El alto precio que tiene entre nosotros el dinero no
permite contratar empréstitos por cuenta del Tesoro, a menos de un
18 por 100 anual, siempre que se trate de cantidades de alguna
consideración".
(Rafael Núñez. "Memoria de Hacienda".
1856).
"Banco Nacional - Sorpresa os causará que después
haberos puesto a la vista la situación fiscal de la Confederación,
encabece yo con este epígrafe el presente parágrafo de las
indicaciones que he creído de mi deber haberos. Pero esa misma
situación me compele a promover el establecimiento de todo aquello
que tiende a remediarla, porque juzgo que será remedio la reforma
industrial de nuestro país, abaratando el interés del dinero,
poniendo en movimiento capitales que hoy no figuran activamente en
los cambios, facilitando el modo de hacer éstos, y acometiendo
empresas que darían vida a la industria y mayor impulso al
comercio".
(Ignacio Gutiérrez. "Memoria de Hacienda".
1859).
"Las administraciones que han gobernado a la Nueva
Granada, desde 1850 hasta 1857, han sido adversas a la subsistencia
de los establecimientos monetarios que hace más de un siglo existen
en el país, y ellos hubieran caído por las razones económicas que
ha alegado el Poder Ejecutivo para aquella medida, si un instinto
de conservación y la palpable necesidad de aumentar la circulación
monetaria en un país como el nuestro, que produce oro y plata en
abundancia, no hubiera detenido el golpe que se descargaba contra
aquellos establecimientos".
(Gregorio Gutiérrez. "Memoria de Hacienda".
1861).
"El Poder Ejecutivo, a pesar de su deseo de ver
aclimatados en el país estos establecimientos (los bancos) de
crédito y de prosperidad, que así como facilitan las transacciones
moderan el vuelo de la usura, juzgó indispensable conocer primero
la naturaleza y condición de existencia de la entidad con la cual
iba a contratar".
(Tomás Cuenca. "Memoria de Hacienda".
1865).
"El Poder Ejecutivo no ha podido hacer uso de la
autorización 2ª conferida por el artículo 1° de la citada ley de 14
de mayo, ni es probable que pueda hacerlo en lo sucesivo por el
precio alto del alquiler del dinero, la escasez de éste en el país,
y acaso porque no se ha realizado completamente la Con- fianza en
el crédito de la nación, pues la base fijada en la ley, del 9 por
100 cuando más, no es aceptable, aun combinando la operación con la
de amortizar la deuda de Tesorería'.
(E. Castilla. "Memoria del Tesoro y Crédito
Nacional".1865).
"Casas de Moneda - La situación industrial del país en
la actualidad, ha venido a dar a este asunto una importancia vital
que reclama preferentes atenciones de parte de la legislatura
nacional. La nación se encuentra en el período gravísimo de una
verdadera crisis monetaria, y es un deber imperioso e indeclinable
de los que se hallan al frente del gobierno aplicar el remedio
conveniente a tamaña calamidad, porque la falta del agente
"moneda", como intermediario en las operaciones
del cambio, apareja un trastorno social de mucha trascendencia y de
consecuencias irreparables si se les deja tomar
cuerpo".
"Hace algún tiempo que los artículos de exportación han
decaído en el comercio exterior; la pérdida de las cosechas y la
disminución de su pedido en el extranjero han limitado la
producción reduciendo el comercio exterior a proporciones
miserables, que no alcanzan a balancear los valores que figuran en
él con los de las importaciones".
"El numerario ha tenido que cubrir la diferencia del
valor de éstos sobre el de las exportaciones del comercio interior,
que siente ya su ausencia como un estrago causado en sus dominios
por la fuerza irresistible de una ley económica
cumplida".
"La ausencia de numerario en el comercio interior es
tal que muy pronto volveríamos al cambio de productos por
productos, con que se atendía a las necesidades en los pueblos
primitivos antes de la invención de la moneda, si continuáramos
saldando con dinero el déficit que presenta la exportación respecto
del valor que se importa y se consume en el país".
"Esta situación transitoria exige de parte del Gobierno
General medidas eficaces e inmediatas que atenúen los males, cuyo
origen se encuentra en la carencia de ese elemento indispensable en
casi todas las negociaciones sociales".
"Como la masa de valores circulantes debe hallarse en
relación con una cantidad suficiente de la especie monetaria que se
necesita para representarla en los cambios, la falta repentina de
esta especie rompe el equilibrio y hace difíciles las
transacciones".
"Tal vez me haya extendido demasiado, señor Presidente,
al hablar de este asunto; pero ni he podido deciros todo lo que su
importancia exige, por falta de conocimientos especiales, ni esa
importancia se puede exagerar lo bastante las presentes
circunstancias de nuestra sociedad comercial, que el numerario está
saliendo del país en proporciones a superiores a lo que puede
resistir la masa de riqueza circulan representada en moneda. Vos
mismo os habéis visto precisado, en atención a la alarmante
carencia de numerario que se experimentaba por dondequiera, a
reducir a 0,835 la ley de nuestra moneda para despojarla así del
aliciente de exportación y conformarla a la emitida en otros
pueblos, como en Francia y los Estados Unidos de
América".
(Alejo Morales. "Memoria de Hacienda".
1867).
"Es notorio que el país ha exportado sumas
considerables de dinero, parte del cual considero comprendido en
clasificación de metálico en los cuadros de las
aduanas".
...
"Las importaciones no se pagan sino con exportación y
aun cuando transitoriamente el capital representado en numerario
sirva para balancearlas en épocas de crisis, el de Colombia ha
venido disminuyendo hasta el punto de hace sentir suma escasez en
las transacciones".
"El numerario es tan necesario para la sociedad como
vestido, el alimento y el abrigo para el individuo y si a e se
agrega que por el muy limitado uso que entre nosotros tienen los
signos representativos de la moneda ésta no suple por ellos sino en
cuotas insignificantes, se comprenderá que el país no sólo estará
en imposibilidad de seguir portando numerario, sino que tendrá que
importarlo, aun costa de privarse de introducir muchos artículos de
comodidad personal".
(Miguel Samper. "Memoria de Hacienda".
1869).
"Puede ser exacto que en la masa general de la riqueza,
el numerario entre por una parte mayor de la que las necesidades de
los cambios exigen, y que por eso haya bajado; pero en Colombia no
guarda esta misma relación; el cambio de valores y de servicios
productivos, carece mucho del signo representativo que facilita su
circulación; se siente la escasez de numerario, y debemos tratar de
saldar este déficit en el movimiento industrial produciendo
moneda".
(Januario Salgar. "Memoria de Hacienda".
1870).
"Por consecuencia de esta escasez de capitales la
situación de la agricultura es una de las más tristes que pueden
presentarse, en lo que hace relación a los préstamos".
"El interés agrícola, que en las ciudades no baja de 10
a 15 por 100 anual, sube en las pequeñas poblaciones al 24, al 36 y
al 100 por 100".
"La usura devora lentamente a los pequeños
propietarios".
"En cada distrito rural hay un prestador, una especie
de señor feudal, de quien más o menos todos son deudores y de quien
dependen, no sólo en las relaciones industriales, sino en las
políticas".
"Este prestador va adquiriendo todos los días nuevas
tierras, que en su mano se esterilizan o se convierten, de campos
de labor, en simples dehesas de pastos naturales.
"La propiedad territorial que la naturaleza tiende a
dividir todos los días por medio de las herencias, vuelve a
centralizarse en pocas manos por medio de la acción absorbente de
la usura.
"El número de los propietarios-empresarios disminuye, y
el de los simples jornales aumenta, y con ello baja la tasa de los
salarios".
"La desigualdad social, origen de los vicios, de los
odios Y de los crímenes, aumenta: exhibiendo por una parte el
esplendor de los grandes propietarios, y por otra, la miseria y los
vicios de las clases proletarias".
(Salvador Camacho Roldán. "Memoria de
Hacienda". 1871).
"Habiendo solicitado el Director Gerente del Banco de
Bogotá del Poder Ejecutivo que manifestase si creía o no opuestos
al contrato de 28 de diciembre de 1870, sobre Banco, ciertas
providencias que la Junta Directiva de este establecimiento deseaba
adoptar y no estando tales providencias en sentir del Poder
Ejecutivo. del todo arregladas a es contrato, se celebró para
allanar la dificultad, el de 20 de noviembre último, cuyo objeto
primordial es facilitar el establecimiento de sucursales, a fin de
extender lo más posible 10 beneficios de la institución, de enlazar
los intereses comer cuales a manera que se evite en lo posible el
actual costos medio de transporte de caudales, y de dar el mayor
ensanche posible a la emisión de billetes, que suplan en parte si.
quiera la falta de numerario, tan escaso actualmente"
(Aquileo Parra. "Memoria de Hacienda".
1873).
"A consecuencia de esto (la disminución de la
acuñación) la escasez de moneda de plata se ha hecho sentir
últimamente en mayor grado que antes, no obstante la extensa
circulación que tienen los billetes del Banco de Bogotá y de otros
establecimientos".
(Aquileo Parra. "Memoria de Hacienda".
1874).
"El Gobierno ha introducido en el país en barras de
plata los instalamentos que le corresponden del Ferrocarril de
Panamá, comprándolas en Inglaterra o en los Estados Unidos; de
América, para hacerlas amonedar en esta ciudad. Propúsose con esto
aumentar la moneda de plata circulante en el mercado, moneda cuya
falta se hacía sentir especialmente en la depreciación de las
piezas de oro, las cuales llegaron a tener un descuento de 3 o 4
por 100.
...
"Los bancos establecidos, además de hacer su propia
ganancia, prestan a la industria en general un servicio
importantísimo, cual es el de llenar en parte el vacío que deja en
la circulación monetaria la exportación de dinero a los mercados de
Europa. . . ".
"Los males de la escasez de numerario pueden remediarse
parcialmente con los Bancos. . . ".
(Nicolás Esguerra. "Memoria del Tesoro y Crédito
Nacional". 1875).
"Ciertamente, conforme a los términos del convenio
(sobre deuda exterior) el Gobierno no está obligado a hacer más de
lo que hace; pero no debe perderse de vista que una de las causas
de que proceden las dificultades de que estoy hablando, es la suma
escasez de numerario en esta plaza, lo que permite hacer para el
extranjero fuertes remesas en especies metálicas . . .
".
"Para conocer siquiera sea imperfectamente la extensión
del mal que el comercio está sufriendo por la escasez de numerario
me bastará citar dos hechos que indican la disminución creciente
del medio circulante en Bogotá, centro de las valiosas
transacciones del país. Primero: En el año de 1875 la exportación
de oro y plata amonedados excedió a la mayor que se hizo en cada
uno de los cinco años precedentes. Segundo: El precio de las letras
sobre Europa, que en 1874 había alcanzado la elevada rata de 5 por
100, subió todavía en el año siguiente al 6 por 100, que conserva
aún, con tendencia al alza, porque los giros escasean.
"Bajo la influencia de circunstancias tan desfavorables
las transacciones habrían sufrido una completa paralización silos
bancos, ofreciendo segura colocación a muchos capita les que sin
aquellos establecimientos permanecerían ocultos, y dando a la
circulación sus billetes para suplir, en parte siquiera, la falta
de dinero, no hubieran venido en auxilio del comercio.
(J. M. Villamizar Gallardo. "Memoria del Tesoro y
Crédito Nacional". 1876).
"La escasez de numerario en el país ha presentado
serios embarazos a las transacciones comerciales, y ella se ha
presentado no sólamente por la diferencia entre los valores
importados con los exportados que tiene que saldarse con dinero,
sino porque no hemos podido obtener el establecimiento de los
planteles necesarios para aprovechar la cuantiosa producción de
metales preciosos en el país".
(Januario Salgar. "Memoria de Hacienda".
1877).
"Los pagarés del Tesoro, billetes de Banco del
Gobierno, o papel moneda destinado a reemplazar el numerario de que
Se carece, y de que se tiene indispensable necesidad por el
momento, no podían destinarse a cubrir todos los gastos
públicos".
...
"Bancos - Inútil es extenderse en consideraciones
abstractas sobre la conveniencia de la institución bancaria, que
hoy está perfectamente aclimatada en Colombia, y que, como el
telégrafo, es una necesidad de que ya no podrían prescindir el
comercio y la sociedad en general. Grandes son los bienes que, para
el movimiento mercantil y las transacciones de todo género han
prestado los bancos establecidos en nuestro país, especialmente
para reemplazar con los billetes la moneda, que por el alza de las
letras sobre los países extranjeros y las dificultades para su
giro, ha emigrado en grandes cantidades".
(J. M. Quijano Wallis. "Memoria del Tesoro y Crédito
Nacional". 1878).
"La exportación de oro y plata es alarmante y si
continúa en las proporciones que tuvo en el período fiscal último,
sin que concurra un cambio económico tan poco esperado como
trascendental y favorable, será causa de graves dificultades para
la industria, el comercio y el Gobierno".
(Luis Carlos Rico. "Memoria de Hacienda".
1879).
"Además de hacer los bancos su propia ganancia, han
prestado, entre otros, el importantísimo servicio de suplir con sus
billetes la falta de circulación monetaria que ha experimentado el
comercio y que ha paralizado en toda la república el desarrollo del
trabajo".
(Emigdio Paláu. "Memoria del Tesoro y Crédito
Nacional". 1879).
"Los trabajos de la Casa de Moneda de Bogotá estaban
casi suspendidos por falta de introducción de metales, y esto tenía
lugar a la sazón que las operaciones comerciales se re sentían de
la carencia de medio circulante, lo cual preparaba una crisis
monetaria, que era preciso conjurar, pues ella habría sido una
calamidad para la república, tanto más siniestra cuanto tendía a
verificarse en los momentos en que comenzaba la convalescencia del
país, después de los estragos ocasionados por la guerra civil de
1876 a 1877".
(Hermógenes Wilson. "Memoria de Hacienda".
1880)
"Sin embargo de eso, han prestado al país (los bancos)
el importantísimo servicio de suplir con sus billetes, que son
buscados con empeño y aceptados con plena confianza, la falta de
circulación monetaria que se ha sentido en toda la
República".
(Emigdio Paláu. "Memoria del Tesoro y Crédito
Nacional". 1880).
"El tipo a que tiende el comercio universal en la ley
de las monedas es de 0.900, y a él habremos de llegar, a menos que
resolviéramos sustraernos del movimiento civilizador del mundo.
Pero si causas transitorias impiden entrar inmediatamente en esta
importante reforma, y es indispensable aumentar el medio circulante
para satisfacer las crecientes necesidades de los cambios, el
Gobierno, que es quien asume la responsabilidad de la circulación
de las monedas de baja ley, puesto que las acuña en sus
establecimientos, y quien habrá de sufrir en definitiva la pérdida
en la reducción de ellas a la ley de 0.900, es también el único que
debe hacer las ganancias de la amonedación para compensar dicha
pérdida".
(Antonio Roldán. "Memoria de Hacienda".
1881).
"Los bancos que actualmente funcionan en esta capital
han comprobado la conveniencia de tales establecimientos de
crédito.
"Sus billetes han suplido la falta de numerario
producida por el notable desequilibrio entre el valor de las
importaciones y el de las exportaciones, y han facilitado
considerablemente las transacciones comerciales".
(Simón de Herrera. "Memoria del Tesoro y Crédito
Nacional". 1881).
"Ha sido también benéfico el banco para todas las
clases sociales por haber mantenido desde su fundación y por virtud
de su competencia en la oferta del crédito, a un tipo moderado, la
rata del interés; y esto en circunstancias en que por la caída
excepcional de las exportaciones, por los largos veranos y por la
invasión de la langosta, en varios Estados la necesidad de
numerario ha aumentado tánto, que probablemente no se habría
obtenido en los establecimientos de crédito sino a un tipo igual o
talvez mayor que la acostumbrada por ellos en años
anteriores".
(Felipe F. Paúl. "Informe del Gerente del Banco
Nacional". 1882).
"En los seis meses pasados después de mi último
informe, el malestar de nuestro comercio ha subido de punto,
llegando las dificultades mercantiles a límites verdaderamente
desconsoladores".
"La exportación de nuestros frutos ha disminuído
inmensamente, siendo de observar que los pocos que han llegado a
los mercados extranjeros han obtenido precios tan reducidos, que no
alcanzan, por término medio, a cubrir los gastos de producción. La
caída y completo abatimiento de uno solo de estos artículos, la
quina, enantes fuente inagotable de crecidas ganancias y medio
activísimo de cambio, ha determinado una disminución de entradas a
nuestros mercados de cinco millones de pesos anuales, por lo menos.
Las introducciones no han alcanzado a las cifras que hubieran de
esperarse, atendiendo al natural aumento de población, al
crecimiento de las necesidades de los pueblos y al uso de mayor
número de objetos que esas mismas necesidades
implican".
"Los giros sobre el exterior han sido escasos y a
crecida rata, pudiéndose decir lo propio del interés del dinero, el
cual se ha mantenido como en las épocas anteriores a la fundación
de los bancos colombianos, a tipo más bien usurario que
comercial".
(Jorge Holguín "Informe del Gerente del Banco
Nacional". 1884).
"El Gobierno debiera fomentar, aun a costo de alguno
sacrificios, lo siguiente
" ... 7° El incremento del Banco Nacional; con la mi
principal de bajar el interés del dinero, dar actividad a los
capitales hoy destinados casi exclusivamente a la usura y ofrecer
estímulo a la formación de compañías anónimas tomando en ellas
acciones y otorgándoles algunas concesiones en los
empréstitos".
(Felipe Angulo. "Memoria de Hacienda".
1885).
"A agravar tan desconsoladora situación tienden la
postración general de los negocios, la disminución enorme de las
exportaciones y como consecuencia forzosa la de las importaciones,
que son la fuente natural de donde deriva sus productos la más
pingüe de nuestras rentas, la de aduanas, y finalmente la escasez
de numerario que ha desaparecido en su mayor parte de la
circulación, saliendo fuéra del país".
...
"Esta disminución en la renta de aduanas depende del
decrecimiento enorme de las exportaciones; natural es que
escaseando las letras que se giran sobre Europa y los Estados
Unidos, y subiendo su precio de cambio hasta la alta rata de 30 por
100 se limiten las importaciones y por consiguiente los derechos de
aduana. El metálico se exporta en reemplazo de frutos, abatiendo
así nuestro comercio y nuestra naciente industria, hasta tal punto
que, a no ser por el recurso del crédito fiduciario representado en
billetes de banco y la prudencia y previsión del actual Gobierno,
habría llegado a determinarse la más desastrosa de las situaciones
fiscales".
(Vicente Restrepo. "Memoria del Tesoro y Crédito
Nacional". 1885).
EL COMERCIO EXTERIOR
Bien sabido es que en materia de comercio exterior y
especialmente en la política relacionada con el desarrollo
económico de las naciones han venido disputándose el pre dominio
dos tendencias o escuelas económicas conocidas con los nombres de
|proteccionismo y
|librecambio. Este, en su sentido
moderno, consiste en la libre importación de mercancías extranjeras
o sea en la posibilidad de introducirlas a un país sin gravámenes
aduaneros; y aquél comprende un conjunto de medidas o disposiciones
legislativas encaminadas a desarrollar en un país su producción
doméstica. Estas medidas proteccionistas son de diversa índole.
Unas, persiguen prohibir la importación de mercancías extranjeras
competidoras de los productos indígenas o a gravarlas con derechos
de importación más o menos cuantiosos; otras, tratan de impedir la
exportación de víveres o de materias primas necesarios en la
industria doméstica o a restringir esta exportación por medio de
gravámenes aduaneros sobre la salida de tales productos; y otras,
por último, se encaminan a estimular y fomentar la producción
nacional mediante el pago de primas de exportación de ciertas
mercancías o el establecimiento de tarifas moderadas de transporte
en beneficio exclusivo de productos destinados a la
exportación.
El proteccionismo es |
parcial, cuando las leyes
favorecen únicamente algunas industrias; y es
|
total, cuando se extiende a todos los ramos de la
producción.
Los derechos de aduana, sin embargo, no siempre tienen el
carácter de protectores. Este impuesto se llama fiscal, cuando el
principal y determinante motivo de la imposición es la necesidad de
obtener recursos para el Estado; y se llama
|
protector en los casos en que ese motivo consiste
únicamente en la necesidad de defender la industria nacional contra
la competencia extranjera.
Se dice que la tarifa de aduanas es |
autónoma,
cuando para su establecimiento, modificación o anulación conserva
el Estado la plenitud de su libertad de imposición; y se la llama
|
convencional, cuando esa libertad se halla
restringida por tratados públicos, como los de comercio, o por
otros medios que obligan igualmente al Estado. Existen también las
llamadas tarifas de |
favor o de
|
represalia, según que en ellas se establezcan
derechos menores o mayores, respectivamente, de los de las tarifas
comunes de otros países.
Aparte de la política proteccionista aplicada en Europa en el
siglo XVII, en la cual sobresalieron Cromwell en Inglaterra y
Colbert en Francia, y prescindiendo de la lucha que en el siglo
XVIII tuvo lugar entre los proteccionistas y los adeptos a la
escuela económica llamada fisiocrática, puede decirse que sólo a
partir del siglo XIX fué cuando la protección y el librecambio
vinieron realmente a disputarse el predominio mundial en estas
cuestiones de producción y de comercio internacional.
A este respecto, el siglo pasado puede dividirse en cuatro
épocas claramente definidas por los economistas, así: la primera,
de un proteccionismo riguroso en un gran número de naciones, desde
1815 hasta 1860; la segunda, de ideas liberales que inspiraron
numerosos tratados de comercio de tendencia librecambista, desde
1860 hasta 1877; la tercera, de una reacción proteccionista, desde
1877 hasta 1892, y la cuarta, de un triunfo cada día más acentuado
y extenso del proteccionismo (
|17
).
En la primera época, o sea de 1815 a 1860, la política
proteccionista imperó rigurosamente en muchos países, sobresaliendo
entre ellos Francia y Alemania. Multitud de artículos extranjeros
fueron declarados en Francia. de prohibida importación, y sólo pudo
atenuarse este rigor merced a los esfuerzos de aquellos notables
economistas, verdaderos adalides del librecambio, que fueron Miguel
Chevalier y Federico Bastiat. En cuanto a Alemania, allí existía no
solamente un especial régimen aduanero para con el exterior, sino
un sistema de aduanas interiores que, reemplazado en 1829 por el
llamado zollverein, incorporó los diversos Estados alemanes dentro
de una extensa unión aduanera proteccionista. En esta primera
época, sólo Inglaterra escapaba a la tendencia general.
En 1838 tuvo lugar allí la fundación de la famosa Liga de
Manchester, obra de Ricardo Cobden, la cual, tras de ardiente
lucha, obtuvo en 1846 la abolición de los derechos aduaneros
establecidos de tiempo atrás en la llamada escala móvil. El
librecambio, no satisfecho sin embargo con la supresión de aquellos
impuestos, y persiguiendo la anulación del entonces imperante
proteccionismo marítimo e industrial, logró al fin su eliminación
en 1849, por medio de Sir Robert Peel. uno de sus más ilustres
hombres representativos.
La segunda época, 1860 a 1877, de ideas liberales y tendencias
librecambistas, fué el eco y natural repercusión del triunfo de la
Liga de Manchester y de las doctrinas de Cobden en Inglaterra y de
Chevalier en Francia. A éstas se debió la reforma aduanera que
Napoleón III llevó a cabo en el imperio francés y la celebración de
numerosos tratados de comercio entre varios Estados europeos, en
los cuales predominaba el criterio del librecambio.
La tercera época, comprendida entre 1877 y 1892, fué de una
reacción proteccionista motivada por la acentuada preponderancia
adquirida en el librecambio. Desde 1877 se volvió en muchos países
al régimen de las tarifas autónomas protectoras y a la consiguiente
revisión y reforma de los tratados de comercio que con criterio
librecambista habían se celebrado en años anteriores. Estas tarifas
fueron implantadas principalmente en Rusia, España, Austria y
Rumania. En Alemania tuvieron especial alcance y Francia siguió el
ejemplo de aquellos países en 1881.
La cuarta y última época, que se inicia desde 1892, se ha
caracterizado por el triunfo más o menos definitivo del
proteccionismo.
De los Estados Unidos de América puede decirse que tuvieron una
evolución aduanera especial y distinta de la de los países
europeos. La Unión Americana, a la inversa de los Estados de
Europa, entró por una política rígida y decididamente
proteccionista desde 1864, época en que en el viejo mundo
predominaba el librecambio. Durante la primera mitad del siglo XIX
y mientras en Europa se vivía bajo un riguroso régimen
proteccionista, en los Estados Unidos se practicaba un
proteccionismo moderado. Acentuado este régimen a partir de 1860,
precisamente cuando en Europa tomaba fuerza el librecambio, los
americanos del norte continuaron desarrollando una política cada
vez más proteccionista. Las tarifas de Mac-Kinley en 1890 y de
Dingley en 1897 representaban sin duda mayores avances aún del
sistema protector:
Refiriéndome a nuestro país, preciso es recordar que durante
toda la época colonial y aún en los primeros años de la República,
la orientación en nuestro incipiente comercio exterior estuvo bajo
la influencia de los principios
|mercantilistas, o sea, de
aquel sistema de política económica que en su esencia consistía en
un conjunto de medidas de carácter practico aplicadas por numerosas
naciones con el fin de fomentar la economía nacional y cuyo
primordial objeteto era la obtención de saldos favorables en dinero
en la balanza de comercio. Puede decirse que esto último constituyó
par varios de los virreyes una de las más graves y constantes
preocupaciones en el gobierno del Nuevo Reino de Granada.
La política española de comercio exterior aplicada a las
colonias americanas era extraordinariamente restrictiva, y se
basaba, por una parte, en la prohibición de comerciar con el
extranjero, y por otra, en el logro de una diferencia en dinero a
favor de España en su comercio con las demás naciones.
Esta política de aislamiento comercial fué legalmente
establecida por virtud de la Real Cédula de 3 de octubre de 1614,
es decir, de la ley 7ª, título 27 del Libro 9 de la
"Recopilación de Indias", que dice:
"Ordenamos y mandamos que en ningún puerto ni parte de
nuestras Indias Occidentales, Islas y Tierra Firme de los mares del
Norte y del Sur, se admita ningún género de trato con extranjeros,
aunque sea por vía de rescate o cualquier otro comercio; pena de la
vida y perdimiento de todos sus bienes a los que contravinieren a
esta nuestra ley, de cualquier estado y condición que
sean".
España, además, poco tiempo después del descubrimiento de
América, se apresuró a impedir el comercio de sus colonias
americanas con el resto del mundo y organizó en su propio
territorio un monopolio de dicho comercio en favor de Sevilla y
posteriormente en beneficio de Cádiz. La renombrada Casa de
Contratación fue establecida en Sevilla por Cédula de la Reina
Juana expedida en Alcalá de Henares con fecha 14 de febrero de
1503. Esta Casa, dice el profesor de la Universidad de Harvard,
señor Clarence H. Haring, "... fué el primer cuerpo
administrativo creado en España para cuidar los recientes
descubrimientos hechos en América, y como lo indica su nombre, era
un establecimiento esencialmente comercial; pero a deducir por el
tenor de las primeras ordenanzas, destinábasele a ser, sobre todo,
una simple casa de comercio; un centro para fomentar el trato de la
Corona con las Indias; debía recoger en sus almacenes mercancías y
abastos navales de toda clase, requeridos para el tráfico
americano, y recibir en ellos todo lo que se trajera en cambio a
España; sus funcionarios debían mantenerse en correspondencia con
los factores reales de las colonias, para estudiar con esmerada
atención las necesidades de los nuevos establecimientos, las cosas
más propias para embarque, y los bajeles que fuera más conveniente
enviar. También entraba en sus atribuciones observar la situación
del mercado; comprar y vender sólo cuando en ello hubiese mayor
ventaja para la Corona; y llevar registro sistemático y
pormenorizado de todas sus transacciones" (
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).
Debido a las quejas y reclamos de los comerciantes acerca de las
dificultades y perjuicios que sufrían al tener que registrar en
Sevilla las operaciones mercantiles, la Reina Juana dispuso que los
barcos con destino a las Indias pudieran registrarse también en
Cádiz.
Este monopolio del comercio con las Indias Occidentales que la
metrópoli había establecido en su provecho exclusivo, puede decirse
que duró algo más de dos siglos y medio, pues para 1765 el Rey
Carlos III, presionado por los clamores contra semejante sistema,
expidió con fecha 16 de octubre de dicho año un memorable decreto
sobre comercio libre. Esta providencia permitió comerciar con las
colonias americanas a nueve puertos de la Península y más tarde, en
1778, y por decreto del 12 de octubre, el comercio fué declarado
libre entre España y las Indias, habilitándose para ello los
puertos de Cádiz, Sevilla, Almería, Cartagena, Málaga, Barcelona,
Alicante, Coruña, Gijón, Alfagues de Tortosa, Santander, Palma de
Mallorca y Santa Cruz de Tenerife.
Los principios económicos mercantilistas y el criterio
restrictivo en cuestiones de comercio exterior se hallaban muy
arraigados aquí en los primeros tiempos de la república, debido sin
duda a la influencia de la legislación española y a los métodos de
gobierno empleados por España en nuestro virreinato.
El mismo Castillo y Rada, a no dudar el colombiano de más
avanzada ciencia en asuntos económicos y fiscales de su época, no
estaba tampoco sustraído a la influencia de aquellos principios y
sistemas.
Nuestros constituyentes de Cúcuta al legislar sobre aduanas y
comercio exterior se inspiraron en ideas proteccionistas
encaminadas al desarrollo de la industria doméstica y a la creación
de una marina mercante nacional. En la tarifa establecida por la
ley de 28 de septiembre de 1821 se implantó el sistema de los
derechos diferenciales y como medida proteccionista se prohibió la
importación al país del café, el cacao, el añil, el azúcar y las
mieles.
En las leyes de 2 de agosto de 1823 y 13 de marzo de 1826 se
conservó el sistema establecido por el Congreso de Cúcuta y
únicamente se introdujeron algunas variaciones de pequeño alcance
en la clasificación de las mercancías para los efectos de los
derechos de aduana.
Inglaterra, sin embargo, prácticamente se colocó fuéra del
sistema de los derechos diferenciales establecido en la ley de 28
de septiembre de 1821 al celebrar con la Gran Colombia el tratado
de 18 de abril de 1825 por el cual obtuvo para sus barcos el
tratamiento nacional, ventaja ésta que los Estados Unidos de
América también lograron para sí por virtud de la cláusula de la
nación más favorecida estipulada en el tratado que con fecha 3 de
octubre de 1824 habían suscrito con el gobierno colombiano.
La disolución de Colombia y el nacimiento de la Nueva Granada no
modificaron el espíritu acentuadamente conservador del país en
materias económicas y fiscales. A esto se agregaba, por otra parte,
que en Europa continuaba imperando el proteccionismo en un buen
número de naciones, lo cual hacía que las ideas económicas, aun de
los más avanzados estadistas neogranadinos, fueran decididamente
proteccionistas. Bien observadas las cosas, no hay exageración en
afirmar que la mayor preocupación de carácter económico que aquí se
tuvo en el período comprendido entre 1821 y 1846 fué la del fomento
de la industria de tejidos, por medio riel sistema proteccionista,
y la de la creación de una marina mercante nacional por virtud de
tarifas aduaneras con derechos diferenciales para los barcos
nacionales y para los barcos extranjeros.
Quienes con mayor entusiasmo defendieron los principios
proteccionistas en aquella época, fueron José Ignacio de Márquez,
Secretario de Hacienda del Presidente Caicedo y Francisco Soto,
Secretario de Hacienda del General Santander.
Oigamos a Márquez en su "Memoria de Hacienda"
de 1831: "Las artes están bien atrasadas entre nosotros,
por una consecuencia del bárbaro régimen colonial. Este mal
proviene principalmente de la extensión ilimitada que se ha dado al
comercio extranjero. Esta libertad ha puesto además las
especulaciones en manos de los extranjeros; y los nacionales que no
pueden contar con tan crecidos fondos, se ven casi arruinados. Si
se quiere, pues, vivificar el comercio interior y beneficiar a los
colombianos, preciso es que se pongan trabas al comercio
extranjero, prohibiendo absolutamente la introducción de varios
géneros, frutos y efectos que se producen en nuestro país, y de
todo cuanto puedan proporcionarnos nuestras nacientes artes y
recargando de derechos a los que no siendo de necesidad sirven sólo
para extender el lujo y crear necesidades ficticias. Sería para
esto muy benéfico el restablecimiento de la ley de consignaciones,
y que los extranjeros no pudiesen vender por menor".
Y Soto, por su parte, se expresaba así en la "Memoria
de Hacienda" de 1833: "Necesario es que aquellos
efectos extranjeros que son análogos a los de la producción
interior, paguen un impuesto mucho más crecido que aquellos que no
tienen su equivalente entre nosotros. De otro modo habrá de
resultar, como alguna vez ha sucedido, que nuestros artefactos
nacientes no puedan concurrir con los del extranjero, y caigan por
lo mismo en el estado de languidez, que insensiblemente los
conduzca a su aniquilamiento. El Poder Ejecutivo detesta las
prohibiciones absolutas, en general; pero sí cree que la libertad
del comercio exterior no debe envolver nunca la ruina de las
manufacturas interiores; y si está persuadido de que la industria
fabril no es el objeto a que por ahora debe contraerse la Nueva
Granada, cuando tiene tantos objetos agrícolas a qué consagrar su
atención, no desconoce por eso que aquellas provincias en las
cuales los tejidos de algodón han venido a ser el empleo de algunos
capitales, y la ocupación de multitud de personas, necesitan la
conservación de estos medios de existir, .y que esta conservación
presupone que no venga la concurrencia de productos extranjeros
análogos, más baratos, a destruir la salida de los
nuéstros".
En el año de 1847 tuvo lugar entre nosotros una modificación
sustancial en las ideas económicas relativas a la producción y al
comercio internacional. Las campañas libra das en Inglaterra en
favor del librecambio y en general de la libertad del comercio,
influyeron poderosamente en el ánimo de los hombres públicos más
notables de la Nueva Granada, donde concurría además la
circunstancia de que el entonces Presidente, General Mosquera,
había hecho regresar de Europa a fines de 1846 para que se pusiera
al frente del Despacho de Hacienda, al señor Florentino González,
testigo durante su permanencia en Londres de las luchas y victorias
que la causa del librecambio había tenido en la política económica
de Inglaterra.
Posesionado el señor González de la Secretaría de Hacienda, se
expresó así en su "Memoria" al Congreso de
1847:
"En un país rico en minas y en productos agrícolas, que
pueden alimentar un comercio de exportación considerable y
provechoso no deben las leyes propender a fomentar industrias que
distraigan a los habitantes de las ocupaciones de la agricultura y
minería, de que pueden sacar más ventajas. Los granadinos no pueden
sostener en las manufacturas la concurrencia de los europeos y de
los americanos del norte, que puedan inducirlos a dedicarse a la
industria fabril, despreciando los recursos que las producciones
agrícolas pueden proporcionarles, no están fundadas en los que debe
consultar un gobierno que desea hacer el bien de la nación que le
ha encargado el manejo de sus negocios. La Europa con una población
inteligente, poseedora del vapor y de sus aplicaciones, educada en
las manufacturas, su misión en el mundo industrial dando diversas
formas a las materias primeras. Nosotros debemos también llenar la
nuéstra; y no podemos dudar cuál es, al ver la profusión con que la
Providencia ha dotado esta tierra de ricos productos naturales
Debemos ofrecer a la Europa las primeras materias, y abrir la
puerta a sus manufacturas, para facilitar los cambios y el lucro
que traen consigo, y para proporcionar al consumidor, a precio
cómodo, los productos de la industria fabril".
" Por desgracia la tarifa que fija los derechos que
deben pagarse sobre las mercancías que se importen para el consumo
interior, no ha consultado los principios que dejo establecidos.
Basada sobre los errores del sistema protector y restrictivo, ha
tenido la influencia funesta que los errores económicos tienen
siempre sobre la riqueza nacional y sobre la las rentas, que nunca
pueden ser pingües en un país en que las leyes se propongan sacar
recursos de los ciudadanos sin facilitarles los medios de ganar.
Entre los documentos que acompañan este informe, hallaréis el que
manifiesta cuáles han sido los productos de la renta de aduanas en
el último año económico. Este documento da lugar a reflecciones,
que yo quisiera omitir; pero son indispensables Para persuadir que
lo que existe no debe continuar".
"Tiene la Nueva Granada cerca de dos millones de
habitantes, situados en una parte del globo la más favorecida Para
el comercio por su posición geográfica, y por sus productos
naturales; y a la Nueva Granada no vienen productos extranjeros que
paguen a su importación más de un millón de pesos, cuando en
cualquiera de los otros países de la América del Sur el producto de
esta renta excede en mucho a esta proporción. Este es un hecho que
debe llamar muy seriamente la atención de las Cámaras, para
averiguar la causa y poner el remedio al mal".
"En mi concepto hay diferentes causas que contribuyera
producirlo: 1ª El fuerte derecho impuesto sobre las telas de
algodón destinadas al consumo general de la población, aleja la
importación de estos productos, induce a los granadinos a emprender
ser fabricantes, y mantiene a una parte de la población en la
ocupación improductiva de manufacturas montadas sin inteligencia,
,y cuyos artefactos no pueden tener salida ventajosa. Se descuida,
en consecuencia, la agricultura y la minería; se dejan de
aprovechar las ganancias que ellas podían proporcionar; no hay
medios de comprar, porque no se crea la riqueza que pudiera
dárnoslos, y el consuno es necesariamente muy limitado, aunque la
población no es escasa; porque no basta para consumir el que baya
en un país muchos habitantes; es menester que estos habitantes
tengan medios de consumir, y estos medios son riqueza, y esta
riqueza no se obtiene sino produciendo cosas que se puedan vender
con utilidad, como nuestros tabacos, nuestros azúcares, nuestros
añiles el café, el cacao, el algodón, las maderas preciosas, el
oro, la plata y el cobre de nuestras minas, que se llevan a vender
al mercado inmenso y rico de la Europa; y no fabricando
aisladamente y sin máquinas lienzos y bayetas, que se han de vender
a la miserable población indígena del país. 2ª La tenacidad con que
se ha mantenido el derecho diferencial sobre las importaciones
hechas en buques de naciones que no están con la Nueva Granada
sobre el pie de la más favorecida. Se ha sostenido así un
privilegio en favor de dos naciones poderosas, que han hecho
exclusivamente nuestro comercio de importación; porque solamente
sus manufacturas y sus buques podrían venir a nuestros puertos con
ventaja; y hemos estado privados de los beneficios que el libre y
franco acceso de los buques y productos de todas las naciones a las
costas granadinas nos hubiera proporcionado. 3ª La desmoralización
que introducen en el comercio de importación los altos derechos, y
las tarifas restrictivas Y prohibitivas. El aliciente es grande
para el contrabando; Y cuando se cuenta con que los empleados serán
indulgentes por las faltas cometidas en contravención a una ley no
fundada en razón, preciso es que se haga; y hecho por un
comerciante, es seguro que se hará por los demás, a menos que
consientan en arruinarse vendiendo, después de pagar los derechos,
a los mismos precios a que vendan los que no los pagaron. El
contrabando es un mal contagioso por necesidad, y es preciso
adoptar toda clase de precauciones para que no aparezca; porque es
seguro que se difundirá con presteza".
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P. Reboud - "Précis d'Economie Politique
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Clarence H. Haring - "Comercio y Navegación entre
España Y las Indias en la época de los Hapsburgos".
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