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Seis años más tarde, en 1854, el señor José María Plata en su
"Memoria de Hacienda" al Congreso de ese año,
anoto la circunstancia del alto interés, y el señor Rafael Núñez en
la suya al Congreso de 1856, como Secretario de Hacienda el
Vicepresidente Mallarino, dice:
"El alto precio que tiene entre nosotros el dinero no
permite contratar empréstitos por cuenta del Tesoro, a menos de 18
por 100 anual, siempre que se trate de cantidades d alguna
consideración".
Tan graves debieron ser los perjuicios ocasionados por la usura,
que el señor Manuel Murillo como diputado en Estado de Cundinamarca
propuso al Cuerpo Legislativo e unión de los señores José María
Vergara y Vergara y José Joaquín Borda, entre otros, un proyecto de
ley reformatoria del código civil cundinamarqués en el cual el
señor Chiari su redactor, mantenía el régimen de libertad
establecido por la ley de 26 de mayo de 1835. El proyecto de
Murillo Toro decía así:
"Los contratantes pueden estipular por vía de interés d
capital la cuota que a bien tengan; pero no producirá obligación
legal que haya de hacerse efectiva por los trámites establecidos en
las leyes y por las autoridades del Estado, cuota que exceda del 5
por 100 anual, sea cual fuere la naturaleza del
contrato".
Con motivo de la discusión de este proyecto (que no llego a ser
ley), el señor Aníbal Galindo dirigió al señor Murillo desde las
columnas de "El Comercio", una carta con fecha de
noviembre de 1859, en la cual abogaba por la libertad del interés,
carta que Murillo contestó con una exposición publicada en el
número 258 de "El Tiempo", correspondiente martes
6 de diciembre del mismo año citado. En tal escrito tuvo Murillo
Toro el mérito de desligarse de sus maestros, de su escuela, y aún
de la ideología de su partido, todo lo cual habla muy alto de su
probidad intelectual, de la lealtad con que amó a su país y de su
indiscutible valor civil. Manuel Murillo, el gran conductor del
liberalismo colombiano, rompe en aquella exposición el molde de la
vieja escuela económica liberal para hacer declaraciones y aducir
conceptos francamente socialistas. La mencionada carta dice
así:
"Señor doctor Aníbal Galindo:
"Mil gracias, mi distinguido amigo, por su atenta como
científica carta inserta en "El Comercio" del 22
del mes último, provocándome a discutir la doctrina formulada en el
proyecto de ley presentado a la legislatura de este Estado,
retirando la protección legal al interés del dinero cuando exceda
del 5 por 100 anual. Le agradezco la provocación, no porque me
prometa el triunfo, sino porque me abre campo para hablar al
público de una de las más interesantes cuestiones que tiene que
resolver para su bienestar y en la cual lo creo supeditado por un
sofisma que penetró en nuestra sociedad al favor de la autoridad de
Bentham y Say, que han sido las lumbreras de la juventud desde 1826
hasta hoy; y se lo agradezco tanto más, cuanto que con usted no hay
riesgo de que el debate degenere en ataques personales, sino que se
puede contar con que no saldrá del terreno de la indagación
científica en pos de la solución más conveniente del problema. Bien
sabía yo cuando redacté el proyecto, que toda la escuela economista
se me vendría encima haciéndome, por lo menos, el cargo de
desertor, puesto que me ha hecho el honor de contarme en sus filas.
Yo estudié legislación por Bentham, y aunque por mucho tiempo fué
mi oráculo, ya no lo es. El doctor Ezequiel Rojas, jefe venerable
de la escuela, con Juan Bautista Say en la mano, me abrió el
santuario de las principales verdades de la Economía, y si bien es
cierto que conservo el mayor respeto por las nociones que entonces
adquirí, Y todavía mi catedrático y el texto tienen sobre mi
espíritu mucha autoridad, me he independizado en algunos puntos,
especialmente en aquellos que no pueden resolverse exclusivamente
por los principios que ha sentado la Economía Política, tal como el
que nos ocupa".
"Usted quiere que yo comience por declarar en qué
terreno quiero situar la cuestión, si en el de la economía, el de
la legislación o el de la moral, y le contesto que en el de la
libertad y la justicia, a donde convergen aquéllos".
"Teniendo que combatir una opinión que ha echado tan
hondas raíces en nuestra más culta sociedad y al amparo de dos
publicistas tan justamente acreditados, especialmente Say, me es
forzoso, querido amigo, comenzar por el ABC de la Economía y fijar
algunas definiciones que si para usted son impertinentes, no lo son
para la generalidad de los lectores a cuyo juicio
apelamos".
"Y desde luego debo rechazar la pretensión de encaminar
y juzgar una cuestión bajo un punto de vista aislado, económico,
por ejemplo; porque si eso es bueno como análisis, no puede ser
bueno cuando se ha llegado al caso de formular una ley, que debe
ser la expresión sintética del estudio en los diferentes ramos del
saber. Tengo para mi que lo que más revela el atraso de la
civilización son las semiverdades de que está plagado el mundo
moral, soluciones dadas aisladamente por cada rama del saber. Hay
economistas que enamorados de ciertos datos de la ciencia se dejan
llevar por ellos solos a la solución de los problemas sociales, sin
tener en cuenta la cooperación que ofrecen las otras ramas.
Mientras no generalicemos, mientras no lleguemos a soluciones
sintéticas a las que contribuyan todas las secciones del
laboratorio científico, no llegaremos a comprender bien las leyes
que presiden el desenvolvimiento social en vía de perfección. La
división del trabajo en las ciencias Morales, haciendo economistas,
juristas, criminalistas, diplomáticos, no ha dejarlo hacer
legisladores, los cuales han de ser espíritus generalizadores, que
reuniendo los datos que aquéllos suministren, den la fórmula
precisa de la justicia. Se hace preciso establecer, para una
discusión como ésta, la homogeneidad del saber, difícil, sin duda,
por la acumulación de materiales suministrados por las secciones, y
de los cuales la mayor parte quizá son inútiles cuando no
perjudiciales".
"Yo pues, no sitúo la cuestión en ningún terreno
especial, pues que cabalmente a la tendencia (le no ver la cuestión
sino de un sólo lado, el económico, atribuyo el que usted no haya
comprendido desde la lectura del proyecto la justicia que en la
economía, en cuyo nombre me habla usted, no nos enseña sino cómo se
produce, se distribuye y consume la riqueza, con la circunstancia
de que si bien ha recorrido mucho en cuanto a señalar las leyes de
la producción, sea por cobardía o falta de tiempo se ha quedado muy
atrás en cuanto a las de la distribución aceptando en eso los
sofismas que le han querido echar encima los que habían ya tomado
un puesto ventajoso para la apropiación; y desentendiéndose
enteramente de las leyes eternas de la moral, que deben, sin
embargo, constituir el principio y el fin de la labor
humana".
"Estos sofismas, o sea sólo estas medias-verdades
propinadas a grandes tomas a la sociedad actual por los economistas
que Mr. Louis Blanc ha apellidado de la
|bourgeoisie, están
matando la industria en el mundo, llenándolo de mendigos, de
delincuentes, por ser la miseria la causa más poderosa de la
desmoralización, y deteniendo el progreso de la civilización que
pudiera ya estar en su apogeo y apenas se levanta, dando vacilante
algunos pasos y ofreciendo por todas partes poblaciones inmensas
muriendo de hambre, una corrupción desenfrenada que ya toca al
grado que alcanzó la del Imperio Romano y que al fin producirá un
cataclismo espantoso, si en la América, al menos, no se le buscan
mejores corrientes. Esa escuela económica que habla de libertad
cuando ya los puestos están tomados por sus parroquianos
favorecidos, y pide ley, es decir, restricción de libertad,
únicamente para sus pretendidos derechos, ha reemplazado el
feudalismo nobiliario con el feudalismo monetario, los barones con
los banqueros, las vinculaciones con las sociedades anónimas,
acumulando las riquezas en unas pocas manos y mirando
despiadadamente a las grandes masas condenadas al suplicio de
Tántalo, pues que ven a los menos gozar hasta el hastío y
desperdicio, mientras ellas no tienen lo necesario para
vivir".
"Pero ningún sofisma más funesto, señaladamente en
nuestro país, que el de la libertad de usura, con la circunstancia
de que la fuerza social obligue al que la sufre a hacerla efectiva,
por inicua que sea. Nuestro país es muy desgraciado en cuanto a
condiciones industriales; el calor abrasador de las costas y de los
valles u hoyas de los grandes ríos, la insalubridad de los climas,
los varios ramales de los Andes que interceptan las comunicaciones,
haciendo extremadamente difícil la construcción de caminos, oponen
dificultades inmensas al progreso, a lo cual ha venido a unirse
fatalmente la usura, que fomentada por el Gobierno por no haber
puesto orden en sus gastos en virtud de preocupaciones inveteradas
de fuerza y de representación, lo obligó al fin, como para cubrir
su propia deshonra, a dar carta blanca a la explotación de la
industria por el capital, sin tasa ninguna, y autorizando las
mayores infamias" (
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).
"¡ Todo, en nombre de la libertad! Por eso se nota de
unos años a esta parte una tendencia irresistible a la
concentración del capital en pocas manos, al monopolio de los pocos
ramos de industria que el país tiene, un aniquilamiento general de
los pequeños capitales, y un alza considerable en las cosas
necesarias a la vida, hecho que está desesperando a las gentes. Hay
también ya grandes capitales ociosos, porque como la usura ha
arruinado a muchos y causado algunas pérdidas a los mismos
usureros, éstos no encuentran seguridad en ninguna parte, y llenos
de desconfianza, o se van con sus capitales a Europa o los guardan
con cien cerrojos, y prefieren la esterilidad o la pérdida. ¿Cómo
van a tener confianza cuando hasta la respetabilísima casa de
Montoya, Sáenz y Co; de tánta aptitud, de tánta laboriosidad,
economía y probidad, ha sucumbido bajo la garra inexorable de la
usura, como han sucumbido, sucumben y sucumbirán todos los que se
aventuren en especulaciones de alguna extensión y por algunos años,
con capitales que ganan más del 6 por 100 anual?".
"Es observando estos hechos, es viendo crecer el mal de
año en año, es palpando las iniquidades que se ejecutan en los
campos por los gamonales avarientos que concluyen por engullirse
los pueblos enteros, convirtiéndolos en feudos, que yo me detuve a
repasar mis nociones sobre los servicios del capital, sobre la tasa
elevada con que se paga, y sobre lo que cumple a la ley hacer, y me
dije: la necesidad más premiosa de este país es hacer bajar el
interés del dinero, pues que mientras se mantenga a la altura que
está, la industria, lejos de avanzar, tiene que decaer; los
pequeños capitales, que son los más prolíficos, van desapareciendo;
el trabajo está a amilanado; los mismos grandes capitales están
condenados a la ociosidad porque con la usura cada día tienen menos
seguridad, y la vida en general no puede menos de encarecer; Y aún
sin pasar a otras consideraciones de orden más elevado y que se
ligan a este primer hecho, concluí: Es forzoso trabajar por todos
los medios posibles en conseguir esta baja".
"Mas, ¿cómo realizarla? La dificultad es grande, sin
duda, pero no invencible; no superior a los esfuerzos de una
voluntad bien decidida, contando con el apoyo de todos los buenos
patriotas cuyas preocupaciones sea posible conmover con la
evidencia de los hechos, aunque yo mismo no dejo de temer
equivocarme en los medios".
"El Gobierno ha influído de dos modos en la subida del
interés del dinero: primero, por su desarreglo fiscal que tenía a
su vez por origen las preocupaciones o manías de fuerza y
representación".
"No queriendo o no pudiendo comprender la República, y
obstinado en remedar a los gobiernos de Europa, ha querido tener
ejércitos, legaciones y otras cosas por el estilo, y sin recursos,
porque no sabe administrar los ramos de ingresos, ni ha querido
comprender que este es uno de los pueblos más pobres de la tierra;
con empréstitos, a enormes intereses y con contratos ruinosos, ha
venido de año en año viviendo difícilmente y agravando el mal,
hasta que a los gritos que la opinión levantó detuvo un poco la
corriente que por desgracia ya quiere volver a hacer estragos. Los
capitales acudían entonces al tesoro público, sin conformarse, eso
sí, con ganar menos del 3 por 100 mensual, y la industria se vió
abandonada del capital y porsupuesto llena de embarazos para
marchar y robustecerse. Fué preciso, pues, combatir el ejército que
era la principal lupia, y al mismo tiempo muchos otros egresos que
no representaban servicios reales a la sociedad; y aun cuando en
esto no se haya conseguido todo y estemos en vía de volver a las
andadas, algo se ha logrado".
"El otro modo fué el de reconocerle legitimidad o
justicia a todo interés por subido que fuese, con desprecio
absoluto de la equidad y desconociendo la misión primordial de la
ley".
"¿Qué cosa es la ley en el sentido abstracto o
filosófico, o qué debe ser la ley? La expresión de la justicia en
las relaciones naturales, políticas y civiles de los hombres entre
sí. La ley sustantiva no puede ser otra cosa que la fórmula de la
justicia en las relaciones de los hombres. Estos no están en
sociedad sino para perfeccionarse según la noción de la justicia, y
el Poder de la ley no puede emplearse sino en hacer efectivo lo que
es justo, es decir, lo que mantiene la armonía, el equilibrio de
las fuerzas sociales".
"Esto sentado, -y no tengo duda en la propiedad de la
definición y el objeto de la ley- la segunda cuestión que, queda
por examinar es, si en el caso del interés del dinero hay o no
justicia para prestar o no la fuerza social a la efectividad de la
obligación contraída. Yo no vacilo en decir a usted que reconozco
la justicia del interés, que es el pago de uso del capital; pero
que debiendo conservar la ley su honestidad, si usted me permite
esta expresión, debe limitarse a d sanción a aquel interés que por
el estudio de los fenómenos económicos que se producen en la
sociedad halle que es el que consulta la justicia, es decir, la
relación equitativa entre capital y el trabajo asociados para la
producción, y abstener de prestar su fuerza para la efectividad de
otro más alto interés, dejando en libertad a los ciudadanos para
estipularlo y pagarlo por propia conveniencia, como pagan lo que
pierden en el juego o en cualquier otra operación que la ley n
considera legítima".
"¿Y por qué no referirse, me dirá usted, en cuanto a la
justicia de la estipulación, al juicio individual, al juicio de
aquel que va a sufrir las consecuencias? Porque viniendo de tiempo
atrás, por los vicios de la constitución económica de la sociedad
feudal, desniveladas completamente las fuerzas productivas, el
capital viene dando la ley al trabajo de manera que es necesario
estar cegado y muy cegado por preocupaciones de la escuela, para no
reconocer el hecho que casi en todos los casos la asociación del
capital con el trabajo es la viva representación de la asociación
del león con cordero. Basta saber que el capitalista puede aguardar
y aún renunciar completamente a la especulación, mientras que
trabajador no puede aguardar más que tres días, so pena morir de
hambre. Lo que sabemos que está actualmente sucediendo en
Inglaterra entre los simples obreros y los contratistas de
fabricación de casas, puede servirnos de ejemplo. Los fabricantes
ganan grandes sumas en la fabricación, mientras que los obreros
apenas pueden ganar lo suficiente para comer y seguir trabajando, y
aunque apercibidos de esta injusticia en la distribución del valor
creado, se han propuesto rehusar sus servicios y sin el generoso
apoyo de algunos hermanos a los tres días habrían tenido que
suscribir, aun peores condiciones de aquellas a que los sujetaban
antes, y es probable que así suceda al fin, porque los contratistas
pueden esperar; su existencia material ni la de sus familias no
está comprometida; pueden, pues, dar la ley. Entretanto el Gobierno
cruza los brazos indolentemente, como si se tratara de ver un león
comiéndose un cordero, y nosotros los liberales le aplaudimos su
indolencia porque siquiera no pasa de ahí, como pasaría en el
gobierno de Cundinamarca, que para hacer el juego de los
fabricantes habría declarado vagos a los obreros y habría suscrito
por ellos el concierto".
"Y lo que sucede allí sucede en todas partes. El hecho
de la apropiación indefinida e innegable de la tierra, el de los
monopolios, y el sistema fiscal de los gobiernos que han pesa do y
pesan aún sobre la sociedad produjeron el desequilibrio de las
fuerzas económicas, y desde que el capital tomó ventajas, siguió un
movimiento progresivo quebrantando las otras fuerzas o haciéndolas
girar únicamente en su órbita, hasta que llegue, como está
llegando, a enervarse por sus propios usos, por esa ley inexorable
que castiga y condena toda violación de las leyes armónicas de la
naturaleza, pero no sin causar antes daños sin cuento a la
sociedad. Así como la opresión política produce reacciones como las
de Inglaterra en el siglo XVII y la de Francia en el siglo XVIII,
llevándose por delante hasta la cabeza de los reyes, así la
violación de las leyes económicas que consisten en la ponderación o
equilibrio de las fuerzas productoras, acarrea necesariamente
conflictos de que no participan menos los unos que los otros. Pero
esa sanción natural es tardía y la ciencia social debe prevenirla
buscando de algún modo cómo restablecer el equilibrio
perdido".
"Siendo como es un hecho incuestionable que el capital
tiene grandes ventajas sobre el trabajador, cosa que no puede
negarse y que no necesita demostración, porque tiene en el orden
económico la misma evidencia que la existencia del sol en el orden
físico, ¿dónde está la libertad que se invoca Para dar sanción a
las estipulaciones? Y es en esto donde tiene su asiento el sofisma
de los economistas al servicio de los banqueros. Invocan la
libertad para ellos y la ley para sus víctimas; pero la ley que
sabe que no ha habido más libertad en esto muchas veces que la que
tiene un viandante a quien un salteador pone al pecho un puñal y
obliga a suscribir un pagare, no puede de ninguna manera prestar su
fuerza para efectiva esa estipulación desde el momento en que
descubre el abuso de la posición o de la fuerza y ese abuso se
reconoce desde que el interés estipulado excede del que en el curso
regular de la producción cabe abonar equitativamente al capital, y
que ninguno mejor puede estimar que el legislador, representante o
eco de la colectividad".
"La ley, sobre todo, debe cuidar como cuida el hombre
honrado su propia dignidad, de no servir de instrumento de
opresión, y de que no se le tome por ejemplo o autoridad para
legitimar iniquidades como las que se han realizado en la Nueva
Granada en los últimos 22 años, dejando en la más completa miseria
familias laboriosas y haciendo desaparecer todos los pequeños
capitales prolíficos y formar los grandes, condenados a la
ociosidad. Las leyes son las bases sobre que se forman las
costumbres de los pueblos, son para la mayor parte el faro que guía
su conciencia en el laberinto social; así es que si la ley reconoce
como legítimo el juego, la usura, la embriaguez, etc., no será
extraño que la generalidad se entregue al juego, a la usura y a la
beodez, pues que, dando por sentado que el legislador ha estudiado
bien las cuestiones de moral social, se dirá: "la ley no
lo prohíbe, sino que antes bien lo reconoce como un negocio
legítimo, luego nada debo temer". Una de las condiciones
de la ley, y talvez la más importante, es la de servir a la
enseñanza y a la formación de costumbres justas; pero las leyes que
no contentas con no castigar los abusos, los legitiman y prestan la
fuerza social para hacer efectivas las iniquidades más grandes, son
leyes viciosas y corruptoras que ningún pueblo civilizado, debe
consentir".
"El vicio radical de nuestra legislación en este punto
consiste en haber privado a la opinión de una medida para apreciar
la moralidad de las transacciones, de modo que muchos capitalistas
que respetan la ley y que gustan de tener una buena reputación, han
sido arrastrados a la usura por la enseñanza que les daba la ley,
penetrando en su alma la idea de que es negocio legítimo vivir del
trabajo de otros y arrastrar (por razón de intereses de 18, 24, 30
y más por 100 anual) con todos los bienes del infeliz que recibió
el dinero, Y esto muchas veces, aun con los propios deudos, sin
escrúpulo ninguno de conciencia, puesto que la ley, expresión de la
justicia, ha dicho que eso es legítimo! Los capitalistas se han
desmoralizado en este sentido y han quedado sin dique alguno en la
vía de extorsionar el trabajo, y sin que la compasión pudiera
aparecer en su corazón, pues que ésta callaba delante del terrible
"la ley me autoriza para ello, y cuando el legislador lo
permite, bien seguro estará de que es justo".
"Si usted doctor Galindo, se despreocupa un poco,
reconocerá que es a este punto al cual especialmente se ha dirigido
el proyecto presentado a la legislatura, y que es de una
conveniencia incontestable. La usura, que es la adehala que se paga
sobre el valor equitativo del uso del capital, es un robo,
facilitado por la posición que la ley, lejos de legitimar, debe
anatematizar. Yo sé muy bien que un límite se eludirá en ochenta
caos sobre ciento; así que todo lo que se me diga de medios de
eludir el limite y sorprender a la autoridad, no significa para mí
nada, porque lo que me preocupa es depurar la ley, exonerarla, de
responsabilidad en estas transacciones infames, en la ruina lenta
pero segura a que camina la industria por la destrucción de los
pequeños capitales consagrados a la producción y a la esterilidad
de los grandes encerrados en los cofres o invertidos en objetos de
puro capricho, de vanidad u ostentación. Mi deseo es retirar la
sanción legal a una especulación ruinosa, y entregarla sin máscara
a los fallos de la opinión, de la misma manera que debe entregarse
el juego, la crápula y tantas otras cosas contrarias a la sociedad.
Pero no convengo tampoco en que la ley sea ineficaz enteramente,
aunque lo sea en el mayor número de casos. Los establecimientos
públicos, y en general, todos los que deban colocar fondos a nombre
de otros, no la eludirán, y tampoco la eludirán. aquellos sujetos
que ocupando una posición social algo elevada quieran conservar una
reputación de probidad o siquiera de dignidad, y basta que sobre
unos pocos de los prestamistas ella influya, para que la
competencia obligue a los otros a moderar sus
exigencias".
"No es cierto, pues, que sea del todo ineficaz la
determinación del límite hasta donde puede reclamarse la sanción
legal; esto influye sobre unos pocos al principio, y poco a Poco va
pasando sobre los otros y cercenándoles las ventajas. Y aun dando
por sentada la ineficacia absoluta, se salva siquiera el honor de
la ley, se evita el escándalo de que las autoridades presten brazo
fuerte a esas expoliaciones que se han hecho tan frecuentes en
nuestras poblaciones pequeñas, sin dejar de producirse en las
grandes. Así, para mí, esta es más bien cuestión moral que
económica, aunque sea porque la usura es violatoria de las leyes
económicas, que es inmoral".
"¿ Por qué me dice usted, no aplicar las mismas
doctrinas al capital representado en casas, tierras, útiles de
labranza, mercancías, etc.? Es muy fácil comprender que esas cosas
no se encuentran en el mismo caso que el capital en dinero, aunque
tengan muchas analogías; en el capital en dinero no se paga sino la
circulación y se devuelve siempre la misma cosa exactamente sin
detrimento alguno, mientras que en las cosas fungibles hay que
tener en cuenta el deterioro y es mucho más fácil que las
transacciones se verifiquen con equidad, además de que la necesidad
de avaluar haría enteramente inútil la determinación del
interés".
"Dice usted: "La ciencia había enseñado hasta
hoy que los gobiernos no debían hacer leyes para la subsistencia,
para la abundancia ni para la igualdad, pero que sí debían
asegurarle a cada uno el fruto de su trabajo, porque esto sólo
basta, etc.". Le cojo a usted la palabra, supuesto que yo
no quiero hacer ley para la subsistencia ni para la igualdad; lo
que quiero es deshacer, hacer que desaparezca la ley en la
transacción y se regle ésta por sí misma, como lo quiere la
libertad. Es usted el que quiere ley y no yo; lo que yo quiero es
la libertad absoluta, ausencia de ley. Y usted quiere la ley del
embudo, ancha para el capital ya demasiado favorecido por los
puestos que ha tomado, y angosta para el obrero, que no tiene
libertad. La libertad de los trabajadores para estipular el interés
del capital es la misma, o mucho menor, que la de ciudadanos
proletarios que tienen sus chozas en tierras ajenas, para sufragar
en oposición a los deseos del dueño de tierras; es como la libertad
de los indios de doctrina para votar en presencia de su cura. ¡Cómo
nos han matado los sofismas de libertad, o la libertad vista sólo
de perfil! Pero el sufragio universal descansa sobre el derecho,
mientras que la doctrina de la usura no descansa sino sobre la
expoliación triunfante".
"¿Y cree usted de buena f e que el que vive del interés
del capital vive de su trabajo? Yo no lo creo: el capital es el
fruto del trabajo y de la economía, es decir, que la formación del
capital es la indemnización del trabajo; pero este mismo capital
dado a interés, no es trabajo, es una cesión mediante un alquiler;
y supuesto que usted dice que la ley debe asegurar el fruto del
trabajo, debe poner a cubierto de toda expoliación al que realmente
trabaja. Usted invierte la aplicación del principio que sienta,
porque quiere que se asegure al que no trabaja y se sacrifique al
que trabaja".
"¿ Por qué se ha figurado usted que al fin los
reintegros habían de quedar privados de la sanción legal? ¿En qué
se parece el reintegro al alto interés del uso?".
"Me pregunta usted si creo en el poder de la libertad,
y le contesto que creo a puño cerrado. Entonces me replica usted,
¿con qué derecho pretendo dejar sin seguridad unas estipulaciones
debatidas libremente y aceptadas por el deudor como el término más
ventajoso a que ha podido obligarse? Y repito que pretendo dejarlas
sin seguridad legal, precisamente porque está violada a priori la
libertad, porque no ha habido debate libre; porque en eso consiste
el sofisma de ustedes, que habiendo llegado los primeros a la sala
del banquete se apoderaron de la vajilla y los manjares y dijeron
después sarcásticamente: "aquí hay para todos",
pero salvando el derecho de imponer condiciones a aquellos que, so
pena de morir, necesitan las sobras".
"Ya lo he dicho: de mucho tiempo atrás, la ponderación
de las fuerzas económicas, que es la base de la armonía social y la
condición indispensable del progreso y del bienestar general, se
perturbó tomando el capital una preponderancia marcada de
absorción, de manera que ya no fué posible la equidad en las
relaciones del capitalista y el trabajador, y consecuentemente que
el valor creado por la asociación de ellos se repartiese en
proporción a los servicios o esfuerzos concurrentes. Y por más
esfuerzos que se han hecho para restablecer el equilibrio,
destruyendo las vinculaciones y los mayorazgos, ordenando la
repartición de las herencias, etc., y por más prodigios hechos por
el genio industrial, el capital, ayudado por los economistas
-grandes argumentadores- ha hecho frente fundando otras especies de
vinculaciones y predicando libertad de transacciones cuando estaba
seguro de dar la ley. En este sentido Juan B. Say, que tántos
servicios por otra parte ha prestado a la ciencia, nos ha causado
aquí males de trascendencia: a él debemos con la desaparición de
los terrenos ejidos, y la garantía legal dada a la usura, el hecho
de que haya desaparecido, si no del todo, en más de dos terceras
partes, la extrema división de la propiedad, y con ella los
pequeños capitales destinados a la producción, la abundancia de los
artículos alimenticios o su menor precio, y el mayor poder que ha
adquirido el partido conservador bajo el régimen del sufragio
universal".
"Yo quiero que usted, que es joven honrado e
inteligente se fije bien en esto. De 20 años a esta parte, por lo
menos, se advierte una tendencia marcada a la concentración de las
riquezas en pocas manos, tendencia ya irresistible: los pequeños
capitales van desapareciendo a toda prisa, absorbidos por los
grandes; ya no se ven en los campos casas modestas con 1 branzas,
la vaca, el caballo, etc.; no se ven sino chozas miserables y
grandes dehesas, y muchas veces inmensos eriales que el propietario
ni cultiva ni deja cultivar; cundiendo 1a miseria en las clases
inferiores en un 90 por 100 de la población, mientras la riqueza se
aglomera, esterilizándose, en lo diez restantes. Y se ve también
que el crédito es menor cada día y que el capital circulante se
reduce, porque por beneficio de las costumbres que ha creado la
usura no hay crédito sino para el que no lo necesita, es decir para
el que tiene valores, riquezas; el que no los tiene no encuentra
dinero a ningún interés, por inteligente, honrado y laborioso que
sea. El capital pide seguridades, pero como por el alto interés ha
ido arruinando a los que lo tomaban, absorbiendo los pequeños
capitales, ya que, como el manzanillo, ha matado todo lo que estaba
bajo su sombra, no tiene qué lo alimente, y está reducid a la
esterilidad. Su trabajo de absorción y los vicios que le encarna,
concluyen por reducirlo a la impotencia. Así, la formación de
capitales viene a ser imposible con la usura. Los capitales
pequeños constituían la seguridad que reclamaban loa grandes, de
manera que desapareciendo aquéllos, éstos tienen que encerrarse,
porque ni saben trabajar por sí mismos, ni tienen
garantías".
"Dígame usted si este cuadro que acabo de trazar y que
no presumo que usted contradiga, no nos revela que hay en alguna
parte un vicio económico que es preciso corregir, Y no lo dude
usted, ese vicio está en las relaciones del trabajó con el capital,
en la perturbación que la usura ha producido en la ponderación de
las fuerzas económicas. Por ese des equilibrio en que el trabajo es
sacrificado, estamos viendo que "él no renueva la energía
ni hace ascender constantemente de las clases inferiores a las
superiores nuevos elementos de fortitud y de vida", como
usted dice; por el contrario, estamos corriendo aceleradamente al
reverso de la medalla; y los sofismas con que se ha oscurecido el
camino de perdición que llevamos van cayendo delante de la
inminencia de la catástrofe".
"Ahora, permítame usted que me sonría al oir decir a
usted: "por lo que hace a la cuestión moral, todos estamos
de acuerdo en condenar la usura como un robo y al usurero como un
infame", al mismo tiempo que pide usted que la ley, aun en
el caso de ese robo, preste su fuerza al infame para llevar
adelante su infamia! Es que aquí estamos como en Esparta, dando
legitimidad al robo con tal que se haga con habilidad? Yo había
pensado que así era, pero no había pensado que progresáramos tanto
que se proclamara a voz en cuello como un principio. Ya no habrá
que extrañar que los códigos de Cundinamarca hayan incorporado a
las industrias honradas el juego y la usura, y más tarde la
prostitución, pues estamos en el camino; los 3 millones de
inocentes y católicos granadinos por qué se han de admirar de esto,
cuando, según Mr. Edmond About, los 139 millones de católicos
esparcidos en la tierra no chistan palabra, y antes dicen amén,
confiados en la infalibilidad del Papa, cuando oyen a éste su
Santísimo Soberano espiritual, aplaudir los progresos del vicio,
pues que su Cardenal Secretario de Hacienda informa que los
productos de la lotería pontifical van en aumento!".
"Si usted, que no tiene la hipocresía de ciertas
gentes, quiere que la opinión califique de infame al que abusa de
su posición de capitalista para arruinar a otros, viviendo de sus
trabajos, pida por lo menos conmigo que la ley se calle, y las
transacciones sigan su curso natural únicamente. ¿Cómo llamar
infame a quien la ley llama hombre honrado,
laborioso?".
"No es posible dar más extensión a esta carta, que
concluyo, rogándole se fije un poco más de lo que me parece que lo
ha hecho hasta ahora, en el movimiento económico de la sociedad y
el punto a que nos lleva; y además en inquirir por cálculos que
comprendan períodos de diez o al menos de cinco años, cuál puede
ser equitativamente la parte del capital en la Producción de ese
período, porque yo tengo para mí que esa Darte no pasa en el
movimiento general del 5 por 100, y considero del mayor interés
para continuar con provecho esta discusión, que nos pongamos de
acuerdo en esos dos puntos, o, al menos, que cada uno tenga una
base fija para su razonamiento".
Quedo de usted su sincero apreciador,
"EL TIEMPO"
Poco después de presentado el proyecto de Murillo Toro estalló
la guerra de 1860, una de nuestras más funestas con; tiendas
civiles que necesariamente agravó mucho la situación económica,
sobre todo en el campo de la usura.
Tan cierto es esto, que el señor Salvador Camacho Roldán, con
aquella integridad de pensamiento que lo caracterizaba, decía lo
siguiente en su "Memoria de Hacienda" de
1871:
"Por consecuencia de esta escasez de capitales la
situación de la agricultura es una de las más tristes que pueden
presentarse, en lo que hace relación a los préstamos".
"El interés agrícola que en las ciudades no baja de 10
15 por 100 anual, sube en las pequeñas poblaciones al 24, 36 y al
100 por 100 anual".
"La usura devora lentamente a los pequeños
propietarios".
"En cada distrito rural hay un prestador, una especie
de señor feudal de quien, más o menos, todos son deudores; de quien
dependen, no sólo en las relaciones industriales, sino en las
políticas".
"Este prestador va adquiriendo todos los días nuevas
tierras, que en su mano se esterilizan o se convierten, de campos
de labor, en simples dehesas de pastos naturales".
"La propiedad territorial que la naturaleza tiende a
dividir todos los días por medio de las herencias, vuelve
centralizarse en pocas manos por medio de la acción absorbente de
la usura".
"El número de los propietarios empresarios disminuye, y
el de los simples jornaleros aumenta, y con ello baja la tasa de
los salarios".
"La desigualdad social, origen de los vicios, de los
odio y de los crímenes, aumenta exhibiendo por una parte el
esplendor de los grandes propietarios, y por otra la miseria y los
vicios de las clases proletarias".
Y todavía, catorce años después, el señor Felipe Angulo decía en
su "Memoria de Hacienda" de 1885 que
"los capitales están destinados exclusivamente a la
usura", y el señor Manuel Esguerra en la suya al Congreso
de 1898 habló también del alto interés del dinero.
Fenómeno muy digno de tenerse en cuenta es el de que todas
nuestras guerras civiles fueron siempre precedidas de un
recrudecimiento en la usura. Hemos visto atrás las palabras del
señor Mariano Calvo escritas en plena guerra de 1840, pero que se
refieren a una situación ya creada; mencioné igualmente las del
señor José María Plata, escritas a principios de 1854, poco antes
de la revolución de Melo; también hice presente la actitud de
Murillo Toro, en vísperas de la conflagración general de 1860. Debo
ahora recordar que antes de estallar la guerra de 1876, el
Secretario de Hacienda de entonces, señor Nicolás Esguerra, temía
una grave crisis por causa de la escasez de numerario (situación la
más propicia para la usura), al mismo tiempo que su colega, el
señor José María Villamizar Gallardo, Secretario del Tesoro, decía
al Congreso de 1876 que esa crisis se había iniciado en 1874 y
recrudecido en 1875, y que sus consecuencias, que entonces se
estaban sufriendo, eran el alza del cambio y el alto tipo del
interés. Como antecedentes de la guerra de 1885, basta recordar la
descripción que se hace de la deplorable situación económica y
fiscal por el Secretario del Tesoro de aquel año, señor Vicente
Restrepo, y la afirmación que sobre la usura hizo el señor Felipe
Angulo al Congreso de ese año, que atrás he citado. Por último,
antes de la guerra de 1899, el señor Manuel Esguerra, Ministro de
Hacienda del Presidente Caro, se refirió en su
"Memoria" de 1898 al alto interés del dinero,
como anteriormente lo dije.
Huelga, pues, extenderme demasiado acerca de las ruinosas
consecuencias que para la economía nacional tuvo el régimen del
alto interés del dinero a que la República estuvo sometida durante
todo el siglo pasado. Las consideraciones hechas en los documentos
que he citado, por los señores Calvo, González Plata, Núñez,
Murillo Toro, Camacho Roldán, Angulo Nicolás y Manuel Esguerra,
Villamizar Gallardo y Restrepo, Parécenrne suficientes. La verdad,
en todo caso, es que el alto interés del dinero fue uno de los
factores determinantes de la grave crisis que para 1886 culminó en
el establecimiento del papel moneda.
LA ESCASEZ DE NUMERARIO
Mis investigaciones y estudios relativos a nuestra amonedación
de oro y de plata, al funcionamiento de la circulación monetaria y
a las actuaciones de nuestros hombres de gobierno, hánme formado la
convicción de que, salvo la época de las grandes emisiones de papel
moneda o sea en los años: comprendidos entre 1899 y 1903 y en la
posterior a la fundación del Banco de la República hasta el
presente, todo el resto' de nuestra vida económica estuvo sometido
a una permanente escasez de numerario. Quiero decir con esto que el
país no tenía la moneda necesaria para sus cambios internos y para
su desarrollo económico, y de ahí, por una parte, el alto interés
del dinero y los estragos de la usura, y por otra, el escaso
progreso económico nacional en el siglo XIX y la debilidad; de la
nación para resistir y defenderse de las bajas en los precios de
sus productos de exportación.
Sobre datos contenidos en informes oficiales de los ad
ministradores de nuestras Casas de Moneda (
|12
) y en las
"Memorias" de los Ministros de Hacienda, he
logrado hacer dos; cuadros demostrativos de nuestra amonedación de
oro y de plata desde 1753 hasta 1886, año éste en que nuestra más
grave crisis monetaria hizo inevitable el establecimiento del papel
moneda, como consecuencia de la casi total desaparición del
numerario metálico nacional.
Si se prescinde de las piezas que existan en el llamado Museo
Nacional y de las que figuren en alguna colección numismática de
propiedad privada, puede aseverarse con seguridad que hoy no
tenemos ni una sola moneda de las que fueron acuñadas en el país
entre 1753 y 1885, o sea en el curso de los 132 años a que se
refieren los cuadros siguientes:
|
|
AMONEDACION DE ORO
|
AÑOS
|
EN BOGOTA (
|13
)
|
VALOR $
|
1753 a 1771
1772 a 1787
1788 a 1819
1820 a 1831
1832 a 1849
1850 a 1859
1753 a 1777
1778 a 1780
1801a1822
1823 a 1859
|
(ley 0. 916 1/2 )
(ley 0.901 )
(ley 0.875 )
(ley 0.875 )
(ley 0.875 )
(ley 0.900 )
EN POPAYAN (
|14
)
(ley 0.9161/2)
(ley 0.901 y 0.875)
(ley 0.875 )
(ley 0.875 y 0.900)
|
13.625.255
12.136.245
38.306.473
11.451.133
20.274.904
2.910.666
12.171.736
20.640.198
11.660.640
17.741.142
|
|
(ley de 0.900)
|
|
|
Bogotá
$
|
Popayán
$
|
MedelIín (
|15
)
$
|
|
1859 a 1860
1860 a 1861
1861 a 1862
1862 a 1863
1863 a 1864
1864 a 1865
1865 a 1866
1866 a 1867
1867 a 1868
1868 a 1869
1869 a 1870
1870 a 1871
1871 a 1872
1872 a 1873
1873 a 1874
1874 a 1875
1875 a 1876
1876 a 1877
1877 a 1885
|
96.870
8.347
112.460
25.180
17.010
.......
17.720
80.400
26.200
16.860
33.820
32.132
57.994
47.040
40.922,
18.480'
27.5001
............
|
133.832
63.535
15.358
134.535
100.590
87.270
91.850
133.280
116.160
…………
164.950
142.870
156.090
118.510
107.047,
104.800
………..
24.398
………….
|
.......
.......
.......
.......
.......
.......
.......
.......
387.760
.......
266.510
393.979
246.382
231.535
46.987
12.590
.......
282.824
…………..
|
230.702
71.882
127.818
134.585
125.770
104.280
91.850
151.000
584.320
26.200
448.320
570.669
434.604
408.039
201.074
158.312
18.480
334.720
............
|
|
Totales $
|
658.9351
|
1.695.073
|
1.868.567
|
165.140.967
|
|
|
AMONEDACION DE PLATA
|
AÑOS
|
(a 0.9161/2 y 0.9022/3)
|
VALOR $
|
1753 a1773
1774 a1799
1800 a1810
1810 a 1819
1814 a1833
1822 a 1846
1839 a 1847
1810 a 1812
1833 a 1838
|
Bogotá
Bogotá
Bogota
(Gobierno español)
(a 0.5831/3 Y 0.666%)
Bogota
Popayán
Bogota
(a 0.902 2/3)
Bogotá
Bogotá
|
91.824
121.290
53.975
39.525
847.957
210.429
1.563.503
29.335
187.176
|
|
(ley de 0.900)
|
|
|
Bogotá
$
|
Popayán
$
|
MedelIín
$
|
|
1847 a 1853
1854 a 1857
1858 a 1859
1859 a 1860
1860 a 1861
1861 a 1862
1862 a 1863
1863 a 1864
1864 a 1865
1865 a 1866
1866 a 1867
1867 a 1868
1868 a 1869
1869 a 1870
1870 a 1871
1871 a 1872
1872 a 1873
1873 a 1874
1874 a 1875
1875 a 1876
1876 a 1877
1877 a 1878
1878 a 1879
1879 a 1880
1880 a 1881
1881 a 1882
1882 a 1883
1883 a 1884
1884 a 1885
|
1.214.910
902.523
230.109
209.588
220.240
84.998
28.848
116.526
132.413
109.180
109.478
54.231
114.880
112.407
211.847
82.670
. 66.876
173.836
342.172
181.410
73.153
150.201
215.422
643.395
608.944
522.414
151.064
507.398
223.476
|
………
………
………
1.041
2.068
8.783
13.588
15.358
7.264
3.929
4.761
1.802
………
20.890
3.887
1.030
3.081
5.991
14.327
………
………
613
1.579
8.161
………
………
………
………
..........
|
………
………
………
………
………
………
………
………
………
………
………
1.057
………
35.311
60.962
36.115
55.673
92.485
98.587
………
84.120
159.158
189.700
205.500
191.500
500.085
548.050
734.402
...........
|
1.214.910
902.523
230.109
210.629
222.308
93.781
42.436
131.884
139.677
113.109
114.239
57.090
114.880
168.608
276.696
119.816
125.630
272.812
455.086
181.410
157.273
309.972
406.701
857.056
800.444
1.022.499
699.114
1.241.800
472.462
|
|
Totales $
|
7.794.609
|
118.153
|
3.241.691
|
14.249.456
|
Los cuadros anteriores demuestran que desde 1753 hasta 1885 se
habían acuñado en Colombia $ 165.140.967 en monedas de oro y $
14.249.456 en monedas de plata, lo cual arroja un total de
amonedación por valor de $179.390.423. Esta masa de numerario, si
bien parece escasa al promediarla en el decurso de 132 años a que
ella se refiere ($ 1.359.018 por año), resulta muy apreciable si se
considera que en 1886 esto es en el año en que hubo de implantarse
el régimen del papel moneda, prácticamente casi toda ella había
desaparecido de nuestra circulación.
En cuanto a la aseveración que he hecho de que la nación vivió
dentro de una permanente escasez de numerario todo el largo período
comprendido desde la época colonial hasta el establecimiento del
curso forzoso en 1886, ella aparece reforzada por los conceptos que
en seguida transcribo y que grande interés adquieren hoy al
extraerlos de nuestros viejos documentos de Estado:
"Este acabamiento de los indios que no se queda en
recelo sino que ya se siente experimentado en otros, tiene una
perjudicialísima consecuencia, y es que como en estas partes no hay
hombres que se alquilen para el servicio de la cultura de los
campos, y que desde el descubrimiento se introdujo que los indios
sean los que aran, siembran, siegan y guardan los ganados, faltando
como faltan, no tienen los labradores aquel útil que produjeran si
cultivasen las grandes haciendas que algunos tienen. Y siendo los
labradores en la mejor política los que deben ser fomentados por
considerarse la gente más útil de la República, si a éstos no se
les dan para este ministerio los indicios que necesitan, se
atrasan, se encarecen los mantenimientos, y los campos están
desiertos Y pobrísimos los dueños de las haciendas y estancias; de
suerte que así como considero que fuera bueno relevar a los indios
del servicio de las lajas, tengo conveniente que a los labradores
se diesen para estos ministerios todos los que necesiten,
pagándoles justamente su trabajo, el cual no es tan pesado que
exceda de aquel a que fueron condenados los hombres por el pecado;
antes bien es muy útil para los mismos que sirven, porque como en
los indios no reina el deseo de tener, si los dejasen en libertad
de no trabajar ninguno lo haría voluntariamente, aunque no tuviera
con qué pagar tributos ni estipendios a los curas que los
doctrinan, y así no se podrían mantener pueblos y todo sería una
pura ociosidad, perjudicialísima a los dueños de haciendas, a los
mismos indios, a la República y al servicio de V. M. y sus rentas
reales".
"Seguiríase de esto otra grande utilidad, y es que
sacándose en abundancia la plata, se labraría moneda de ella, que
es lo que queda en la Provincia, porque como los patacones y reales
sean de mucho peso, voluminosos de cargar, no los apetecen para
sacar fuéra ni llevar a emplear, como hacen con los doblones; y así
esta moneda de plata es lo que se manosea y trajina; pero como es
poca la que se saca, la más se lleva fuéra del Reino en piñas y
barras, de suerte que en el lugar apenas se ve esta pasta; porque
el Tesorero de la casa de moneda cada dos o tres años hace una
laborcita de dos- cientos a trescientos marcos, porque los útiles
de la labor de la plata son pocos para él, y así no solicita
labrarla, con que anda escasísima la moneda usual; y este es uno de
los principios y origen de la pobreza del lugar".
(Antonio Manso Maldonado. "Relación de Mando".
1727).
"Aquí parece se debía tratar de las minas, habiéndose
en todo favorecido y auxiliado las de oro y facilitado la
introducción de negros tan útiles a todos y a la agricultura. En
las célebres de plata de Mariquita, aunque se ha ponderado su valor
no se ha adelantado cosa al modo con que, con mucho desprecio,
cogen poco o nada; porque no habiendo como no hay, inteligentes ni
caudales, que es lo que requieren las este metal, toda diligencia
es frustrada".
(José de Solis Folch de Cardona. " Relación de
Mando". 1760).
"En consecución de las regalías de la dignidad, como
que su objeto se dirige a todo lo que concierne al beneficio
público del Reino, merece primer lugar en este trabajo, la labor de
las minas, particularmente de oro por ser éstas las que sostienen y
nutren el cuerpo político del Virreinato de Santafé, que careciendo
de frutos comerciales, no porque deje de abundar muy estimables,
sino por falta de extracción comercio, se reduce toda su sustancia
al oro que sale de sus minas anualmente y se reduce a la casa de
moneda; de modo que si cesasen por pocos años los mineros en su
ejercicio faltarían rentas y comercio, arruinándose del todo esta
maquina".
(Pedro Messía de la Zerda. "Relación de
Mando". 1772).
"En este principio estriba la decadencia del reino: no
dando frutos en cambio de lo que recibe para su consumo es preciso
que el poco oro que se extrae de sus minas jamás permanezca en el
Virreinato para darle vigor, sino que brevemente, y casi sin la
menor circulación, salga a la costa a pagar los efectos y géneros
de Europa, que entran en mayor proporción de la que permiten sus
facultades, ocasionándose dos perjuicios: uno al comercio de Cádiz
y particulares, que no pudiendo expender lo mucho que traen, se ven
precisados a darlo con pérdida o al fiado, quebrando después por no
poder cobrar; y otro, al común, que no sólo por lo barato suele
comprar lo que no necesita, introduciéndose un lujo perjudicial,
sino que cada registro es una red barredera que deja exhausto de
dinero al Reino, sin fuerzas para promover la menor empresa, e
impotentes a los particulares para adelantar en sus haciendas o
negociaciones".
(Manuel Guirior. "Relación de Mando".
1776).
"El palo brasilete, de que se compone la mayor parte de
los montes de Santa Marta, Riohacha y Valledupar, no se extraía
sino por cuatro o seis comerciantes, quienes lo pagaban a los
cosecheros a viles precios, en ropas y géneros demasiado
recargados, con que la utilidad toda estaba reconcentrada en estos
particulares, sin que sirviese de alivio alguno a los infelices
cortadores. Pero verificado el estanco por cuenta del Rey, no sólo
se han conseguido crecidísimas ganancias, capaces de ocurrir a los
inmensos gastos de víveres, herramientas Y pertrechos de marina,
sino que se ha proporcionado la circulación del numerario que no
conocían aquellas provincias, con que se han fomentado la
agricultura y comercio y el aumento de las rentas reales
...........".
"Finalmente, para la prosperidad de todas las rentas
nada convendría más que una visita general de ellas... ; que si
esta operación se hace como se debe, resultarán notables ahorros y
aumentos, como se ha verificado en la visita general de Antioquia
que encargué al Oidor don Juan Antonio Mon, en que no sólo ha
arreglado la policía y administración de justicia, facilitado los
caminos, fundado nuevas Poblaciones, introducido el numerario, por
cuya falta era sumamente embarazoso el comercio, fomentado las
minas y agricultura, sino descubierto muchos fraudes en las
oficinas de Real Hacienda (
|16
).
...
"Este renglón (la extracción de frutos) debe suponerse
aún en la cuna, vista la maravillosa fecundidad del Reino, en todo
género de producciones, el añil, la cochinilla, la ipecacuana, la
zarzaparrilla, el excelente cacao del Magdalena, a que sólo hace
preferencia el de Soconusco, e infinitos otros frutos que no se
cuentan entre los extraídos, o han sido en muy cortas porciones,
por lo cual debería el comercio, por su propia utilidad, solicitar
estos objetos de las provincias donde se producen con más
abundancia, y no estar atenido a los oros que se acuñan en las
casas de moneda de donde salen los doblones por lo común en
derechura a registrarse en la aduana, sin pasar una vez siquiera
por mano de los labradores, que tarde o temprano vendrían a
entregarles en las manos frutos y dinero. En el fomento, pues, de
la agricultura y del comercio interior consiste la prosperidad del
exterior. El comercio interior, a excepción de algunos géneros
bastos de algodón que sólo alcanzan para vestirse los pobres en las
provincias interiores, no tiene otro objeto que la internación de
estos mismos géneros, la conducción de algunos frutos exportables,
y el de los víveres, que es lo que únicamente promueve la
circulación del numerario entre las provincias".
(Antonio Caballero y Góngora. "Relación de
Mando".1789).
"El país (las provincias de Quito) es pobre en medio de
sus abundantes frutos, porque no pueden extraerlos, y a excepción
de la quina y el cacao, que sufren los costos de la exportación por
Guayaquil, los demás productos de las haciendas no tienen otro
consumo que el del mismo distrito en que se cosechan. De aquí
dimana la escasez de numerario que allí se padece".
(José Ezpeleta. "Relación de Mando".
1796).
"La mayor parte de los géneros y efectos de Europa que
entran a este Reino por la costa del norte, se pagan con el oro de
las minas y con algunos pocos frutos, como algodón, añil, palo
brasil, alguna quina, cacao y otras producciones menos
considerables; la principal es sin duda el algodón, aunque también
se extraen por Maracaibo para Veracruz los cacaos de la
jurisdicción de Cúcuta, cuyo valor se retorna en pesos fuertes, que
al fin hace suyos el comercio de España.
...
"Al tiempo de dar fin a este capítulo me ha ocurrido a
la memoria el antiguo pensamiento de erección de un consulado de
comercio en esta capital... ; el Conde de Ezpeleta a solicitud de
este comercio lo propuso a S.M....; he visto el expediente de
erección y lo juzgo utilísimo, pues se formará un cuerpo de
comerciantes y hacendados, que reunidos mirarán por el fomento de
uno y otro ramo con todo el interés y conocimiento que les son
propios. Es cosa rara ver que estas dos apreciables profesiones
casi se desconocen aquí mutuamente; que el comerciante sólo busca
por lo común el oro y la plata; que el hacendado, ya sea criador o
agricultor, no tiene otro recurso cuando trata de adelantar sus
crías o cosechas, que el de solicitar de las manos muertas un
capital con que queda gravado para siempre y que, si no todas, la
mayor parte de las negociaciones de una y otra profesión se hacen
por sus respectivos principales, punto menos que exclusivamente.
Así es que se resienten de una pequeñez y lentitud asombrosas, que
no pueden prosperar por falta de recursos, no habiendo reunión de
intereses que se los facilite y que el oro y la plata pagan todos
los consumos de fuéra con absoluta ruina de la
agricultura".
(Pedro Mendinueta. "Relación de Mando".
1803).
"La exportación de oro y plata que se hace en cambio
,el os efectos que se introducen es bastante considerable...; la
extracción de frutos no merece referirse; la cantidad de ellos
salidos por nuestros puertos sólo sirve para probar el vergonzoso
atraso de todos los ramos de agricultura e industrias de este
Reino".
(Francisco de Montalvo. "Relación de Mando".
1818).
"El Gobierno tiene el sentimiento de informar al
Congreso que durante la actual administración la agricultura y las
artes han recibido muy poco fomento. La guerra, las contribuciones,
las reclutas y la falta de capitales son motivos más que
suficientes para anular el buen efecto que pudieran haber producido
las leyes del Congreso general, que eximieron de derechos a varias
producciones de nuestra agricultura y de nuestra
industria".
(José Manuel Restrepo. "Memoria de lo
Interior". 1823).
"Finalmente, han contribuido mucho dos motivos para
hacerla improductiva (la contribución directa) ; el primero, la
falta de censos y descripción de bienes; y el segundo, la escasez
de numerario.
...
"Todas las naciones en sus apuros negocian empréstitos
con qué ocurrir a sus necesidades; y la república, en igual caso
debe adoptar la misma medida. Un empréstito es absolutamente
necesario, y por eso lo ha propuesto el Gobierno' por el Ministerio
de Relaciones Exteriores... No se pide para consumirlo
improductivamente, sino para hacerlo producir, vivificando la
agricultura, la minería, y las demás fuentes de nuestra riqueza.
Con él habrá fondos para el fomento de las rentas públicas, y
capitales, que puestos en giro, harán la riqueza
nacional".
(José María del Castillo. "Memoria de
Hacienda". 1823).
"Uno de los mayores obstáculos que hasta ahora han
retardado los progresos de la agricultura de Colombia ha sido la
falta de fondos para las empresas rurales. . .".
"En la última sesión se ha incorporado al Banco de
Venezuela. Iguales establecimientos en otros puntos de la república
tendrían una influencia poderosa, para disminuir el; interés del
dinero y para facilitar su consecución; por lo común es muy difícil
a los agricultores el conseguirle aun con las mejores hipotecas, y
su falta retarda el progreso de nuestra naciente
agricultura".
(José Manuel Restrepo. "Memoria de lo
Interior". 1826).
"Los agentes de la producción son las tierras, la
industria y los capitales. Tierras extensísimas hay en Colombia,
tierras que convidan al cultivo porque su feracidad brinda inmensos
beneficios; pero la industria no puede ejercitarse si no hay
capitales que la promuevan. Faltan capitales en Colombia; falta por
consiguiente la industria, y debe quedar anulado el primer agente
si no se procuran capitales efectivos ... Este fué el fundamento
con que en la anterior sesión de la Legislatura apoyé la aceptación
del empréstito ofrecido hasta de veinte millones de pesos, y con el
cual lo sostendré siempre, porque, preciso es repetirlo, faltan
capitales efectivos en Colombia, y no hay otro medio de atraerlos.
Es necesario que seamos ciegos para no ver el movimiento que ha
dado a los negocios el dinero que se ha derramado del empréstito
del año 14 y los capitales introducidos por los extranjeros para
sus empresas. Esta experiencia debiera abrir los ojos y persuadir
que la afluencia de capitales promovería la industria, y haciendo
concurrir los tres agentes de la producción, haría crecer la
riqueza pública hasta un punto que puede concebirse mas no
explicarse".
(José María del Castillo. "Memoria de
Hacienda". 1826).
"Merece detener la consideración del Congreso la
pobreza que por todas partes se echa de ver en los departamentos
del este. Los caudales que se habían introducido en años anteriores
y que habían dado movimiento a la industria, desaparecieron en el
último, y de ellos no quedó otra cosa en circulación que los vales
o libretas de comisaría, a cuya multiplicación habían contribuido
facilitando la compra, y que multiplicándose, no enriquecían el
comprador, sino a costa del Estado. Parece, pues, que lo que más
urje al presente sea atraer capitales de fuéra de la República. . .
".
(J. R. Revenga. "Memoria al Congreso Colombiano sobre
los Departamentos de Venezuela". 1827).
"Esta latitud que se ha dado a la libertad de comercio
ha producido otro efecto no menos pernicioso: la disminución del
capital moneda. No pudiendo nuestros frutos exportables nivelarse
con los que se importan del extranjero, debemos cubrir el saldo con
dinero sonante, y habiendo sido tan considerable este saldo en los
años pasados, no han sido bastantes los rendimientos de nuestras
minas para llenarlo. Así es que ha salido toda la moneda que se
había estado acumulando en tiempos anteriores, cuando faltando el
comercio libre y el gusto que desgraciadamente se ha introducido
por un lujo que no es el resultado del aumento de riquezas, no
había tántos objetos en qué consumir; se ha vuelto a exportar todo
el producto del empréstito extranjero y hasta los metales que
estaban en vajillas y otros muebles, se han amonedado. Hoy se nota
una falta de numerario casi increíble y se paga hasta un 6 por 100
de interés mensual. Por dondequiera se ven las especulaciones
paralizadas, porque falta el valor moneda que tánto facilita la
circulación de los otros valores. Hay quienes crean que la escasez
de numerario proviene de que la inseguridad y desconfianza ha hecho
que algunos saquen su dinero de la circulación. Puede haber
sucedido esto respecto de muy pocos individuos, pero la mayor parte
ha visto desaparecer la moneda, y se encuentra solamente con
valores que no puede realizar, y que le es difícil o casi imposible
cambiar por otros que necesita. ¿Producirán nuestras minas
anualmente tantos metales cuantos equivalen a las importaciones que
ha habido? ¿ Y no es cierto que casi en su totalidad hemos comprado
las mercancías importadas únicamente con nuestros
metales?".
(José Ignacio de Márquez. "Memoria de
Hacienda". 1831).
"Si se desea pues hacer a la generación presente algún
bien, reanimar su tráfico interior, aumentar el capital circulante
y fomentar la industria de los granadinos en todos sus ramos, aún
es tiempo de que se efectúen tan favorables resultados adoptándose
la medida propuesta (emisión de obligaciones granadinas para
cambiar por deuda colombiana) ".
(Francisco Soto. "Memoria de Hacienda".
1837).
"Ya provenga la disminución (de la renta de diezmos),
como lo piensan las juntas que han informado, de la exención del
derecho a varias plantaciones y del fraude a que esta gracia dé
ocasión, ya de los requisitos dispendiosos para la seguridad de los
remates, o de la severidad de las juntas subalternas en la
calificación de las finanzas, o bien, como el Gobierno lo cree, de
los inconvenientes que siempre se tocan en tira variación
cualquiera en el manejo de las rentas, o de la escasez y carestía
de numerario que hizo decaer en su precio comparativo los productos
de la agricultura: la verdad es que la baja en la de diezmos no ha
provenido de que aquellos hayan sido menores. . . ".
(J. de D. Aranzazu. "Memoria de Hacienda".
1840).
"Somos poseedores de una tierra de considerable
extensión, rica y fecunda, en donde crecen con vigor y lozanía las
producciones de todas las zonas y cuyo cultivo es libre como
nosotros lo somos; y a pesar de esto ni tiene demanda ni es de
esperarse que la tenga mientras no se aumenten los brazos y los
capitales. . . ".
(J. de D. Aranzazu. "Memoria de Hacienda".
1838).
"Por ahora tendrá (el Gobierno) que hacer la mayor
parte de estos provechos a los contratistas (para la siembra de
tabaco), porque esto es lo que naturalmente exige el comercio
cuando se acomete una empresa nueva, o cuyos inconvenientes o
ventajas no son muy conocidos; y porque siendo poco abundantes los
capitales en el país y habiendo penetrado tan poco en nuestro
comercio el espíritu de asociación y de cálculo, la competencia
será casi ninguna por muchos años".
(Jorge J. Hoyos. "Memoria de Hacienda".
1842).
"Debiendo ser las contribuciones una parte de las
rentas de los particulares, si los capitales son escasos y la
industria muy reducida y pasiva, como entre nosotros sucede, no es
fácil aumentar como se quiere las contribuciones. . .
".
(Mariano Ospina. "Memoria de lo Interior y de
Relaciones Exteriores". 1842).
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Cuéntanse muchos casos como el de un buey vendido a crédito por
$ 50, a real por peso mensual, que al cabo de algún tiempo hizo
ascender la deuda a novecientos pesos, y la ejecución de una casa
de campo con sementera no alcanzó a cubrir la deuda, dejando en
absoluta miseria al deudor. (Nota del señor Murillo Toro).
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Los trabajos del historiador Restrepo publicados en 1860, me
han sido de extraordinaria utilidad en el estudio de las cifras
concernientes a la amonedación.
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El establecimiento de la Casa de Moneda de Santa Fé se autorizó
por Real Orden de 1718. Ciímaco Calderón dice en sus
"Elementos de Hacienda Pública" que:
"desde el 15 de diciembre de 1622, en que hizo la primera
labor de oro en Santa Fé el Capitán Turrillo de Yebra, hasta el 12
de julio de 1753, se labraron en ella 57.894.278 pesos 3 reales Y
22 maravedis".
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La fundación de la Casa de Moneda de Popayán fue autorizada por
Real Cedida de 29 de junio de 1729.
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La Casa de Moneda de Medellín se fundó en 1862.
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El Oidor Mon y Velarde, designado en 1785 Visitador de la
Provincia de Antioquia por el Virrey Caballero y Góngora, sugirió
la introducción en dicha Provincia del uso de las monedas de oro y
de plata en sustitución del oro en polvo y sin ensayar que era la
forma empleada entonces allí.
Clímaco Calderón, en sus "Elementos (le Hacienda
Pública", nos dice que aceptado por el Virrey el plan de
Mon y Velarde "...desde el 19 de enero de 1789 se puso en
ejecución sin dificultades ni tropiezos, quedando así introducida
en Antioquia la moneda cíe oro y plata que circulaba en todos los
lugares del Reino".
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