INDICE




 

Esto último, que fué en realidad lo ocurrido, originó los fenómenos económicos y financieros que tuvieron lugar entre nosotros a partir de 1929 y que procedo a explicar:

Suspendidas las operaciones de crédito exterior y consumidos íntegramente los fondos provenientes de empréstitos, la nación quedó colocada en la necesidad inaplazable de pagar con sus propios recursos en oro, el saldo desfavorable de la balanza de pagos. Esta necesidad trajo consigo una gran demanda de giros para pagar aquel saldo, demanda que por su cuantía produjo un grave descenso en nuestras reservas metálicas. El sólo Banco de la República, por ejemplo, se vio obligado para hacer frente al intenso pedido de letras, a reexportar gran parte del oro importado por él en años anteriores. Sobre $ 13.310.661.79 a que ascendían las importaciones de oro desde la fundación del banco, éste había exportado para 1930 la suma de $ 7.152.561.71, o sea, algo más del 50 % .

Para formarnos una idea acerca de la baja en las reservas de oro de nuestro banco de emisión, incluyo en seguida las cifras de tales reservas desde 1928, último año de inflación, hasta 1932 inclusive, último año de sensible depresión económica:

1928 $ 60.041.000
1929 50.937.000
1930 29.904.000
1931 19.256.000
1932 15.824.000

La baja de las reservas, iniciada en 1929 y llegada a su máximum en 1932, demuestra que de $ 60.041.000 a que ellas alcanzaron en 1928 ya para 1932 habían declinado hasta $ 15.824.000.

El progresivo descenso de las reservas metálicas entrañaba, a su turno, una reducción en la masa de billetes emitidos, reducción que es fácil comprobar por los datos siguientes:

 

| BILLETES EN CIRCULACION

1928 $ 49.301.000
1929 45.712.000
1930 29.289.000
1931 21.902.000
1932 18.578.000

La reducción en la masa de billetes circulantes, iniciada en 1929 y llegada a su máximum en 1932 (movimiento correlativo al de las reservas de oro), demuestra que de la suma de $ 49.301.000 a que llegó la circulación de billetes en 1928 ya en 1932 tal circulación había caído a sólo $ 18.578.000.

La reducción en la masa de billetes del Banco de la República equivalía a una contracción en el numerario, la cual se hacía todavía más sensible porque en aquel tiempo se efectuaba una amortización paulatina de otras especies que, como el antiguo papel moneda, las cédulas de tesorería, los bonos del Tesoro y los bonos bancarios, se habían estado retirando de la circulación. La contracción en el numerario también es posible apreciarla mediante el siguiente cuadro:

 

| NUMERARIO CIRCULANTE
(En 31 de diciembre)

1928 $ 104.243.000
1929 83.879.000
1930 66.503.000
1931 51.335.000
1932 55.266.000

Las cifras anteriores demuestran que el fenómeno de la contracción del numerario se inició en 1929, llegando a su máximum en 1931, pues mientras en 1928 había una masa circulante de $ 104.243.000, en 1931 ella solamente alcanzaba a $ 51.335.000.

A la disminución en el numerario correspondió, como era natural, una disminución o contracción en la capacidad consumidora general, que afectando la velocidad de la circulación monetaria y obrando conjuntamente con la disminución de la masa circulante, aumentó el poder adquisitivo interno de la moneda, presentándose como consecuencia económica la baja general de precios. Tal contracción en los consumos y tal baja en los precios, fué lo que llevó la quietud al comercio y a la industria y lo que planteó la depresión económica nacional.

Véase a continuación el curso de descenso de algunos de los principales factores económicos, a efecto de demostrar el estado de depresión a que llegó la economía colombiana:

 

| COMERCIO EXTERIOR

AÑOS Importaciones Exportaciones
1928 $ 162.380.690 132.502.134
1929 141.540.853 121.677.241
1930 70.381.811 104.224.969
1931 45.971.119 80.449.592
1932 34.327.091 67.108.723

 

| T R A N S P O R T E S

AÑOS Carga movilizada en el río Magdalena Carga movilizada en cables y ferrocarriles

1928 1.521.000 toneladas 3.315.000 toneladas
1929 1.307.000 3.134.000
1930 902.000 2.197.000
1931 677.000 1.917.000
1932 763.000 2.128.000

 

| B A N C A
(Banco de la República)
CANJE DE CHEQUES

1928 $ 708.480.000
1929 604.495.000
1930 353.065.000
1931 284.207.000
1932 266.819.000

 

| D E P O S I T O S

1928 $ 10.395.000
1929 9.519.000
1930 6.244.000
1931 7.909.000
1932 16.836.000

 

| BANCOS COMERCIALES E HIPOTECARIOS
(Cartera descontable y no descontable en el Banco de la República)

1928 $ 87.881.000
1929 86.955.000
1930 74.790.000
1931 65.330.000
1932 52.777.000
1933 48.522.000

 

| EXIGIBILIDADES ANTES DE 30 DIAS

1928 $ 59.084.000
1929 50.973.000
1930 35.567.000
1931 30.939.000
1932 33.342.000
1933 42.093.000

 

| EXIGIBILIDADES DESPUES DE 30 DIAS

1928 $ 28.159.000
1929 35.271.000
1930 36.919.000
1931 31.193.000
1932 23.707.000
1933 23.530.000

 

| PRESTAMOS DE AMORTIZACION GRADUAL

1928 $ 71.131.000
1929 82.848.000
1930 83.414.000
1931 81.073.000
1932 73.058.000
1933 57.702.000

 

| B O L S A
(Valor de las transacciones)

AÑOS Acciones bancarias Acciones industriales
1930 $ 1.536.000 1.679.000
1931 456.000 477.000
1932 286.000 536.000

 

| COTIZACION DE ACCIONES
(Indices)

AÑOS Acciones bancarias e industriales (Bogotá) Acciones comerciales e industriales (Medellín)
1927 100.00 100.00
1928 97.75 113.34
1929 88.88 94.85
1930 72.62 78.73
1931 47.52 51.34
1932 31.97 37.52

En cuanto a los números índices relacionados con el costo en el país de algunos productos alimenticios, el cuadro que adelante se incluye, preparado por la Sección de Estadística del Banco de la República, y que aparece publicado en la página 144 de la "Revista" del mismo, correspondiente a abril de 1934, es suficientemente explicativo.

En dicho cuadro se encuentran los números índices correspondientes al movimiento de precios de tres grupos de productos en catorce de los más importantes mercados de la República, tomando por base el primer semestre de 1923 y calculando el movimiento de dichos precios hasta 1933.

Estos tres grupos de productos se dividen así:

Primer Grupo Granos
@
Segundo Grupo Productos alimenticios
@
Tercer Grupo Otros productos
@
1 de arroz. 1 de carne de cerdo 1 de carne de res.
1 de frijoles 1 de panela 1 de azúcar
1 de harina de trigo 1 de manteca 1 de plátanos.
1.de maíz 25 botellas de leche 1 de papas
1 de café 100 huevos 1 de yuca

Los centros comerciales estudiados son: Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Cúcuta, Ibagué, Manizales, Medellín, Neiva, Pasto, Pereira, Popayán y Santa Marta.

Como mi propósito es demostrar la baja de precios durante la crisis de 1929, presento a continuación un cuadro comparativo de estos números índices, tomando por base el año de 1923 e incluyendo las cifras de 1928 hasta 1932, último año de aguda depresión, a efecto de precisar el descenso de los precios a partir de 1928, último año de inflación:

BOGOTA 1923 1928 1929 1930 1931 1932
1er. grupo      100 121 127 116 107 75
2º grupo      100 169 180 162 127 98
3er. grupo      100 140 190 143 133 88
Promedios      100 143 166 140 122 87
BARRANQUILLA
1er. grupo      100 123 109 92 82 81
2º grupo      100 127 134 104 88 71
3er. grupo      100 136 113 83 69 52
Promedios      100 129 119 93 80 68
BUCARAMANGA
1er. grupo      100 132 118 84 79 62
2º grupo      100 132 105 109 79 61
3er. grupo      100 89 115 87 57 39
Promedios      100 109 122 93 72 54
CALI
ler. grupo      100 132 107 89 69 67
2º grupo      100 101 104 68 57 49
3er. grupo      100 86 71 52 48 26
Promedios      100 106 94 69 58 47
CARTAGENA
ler. grupo      100 87 83 66 62 65
2º grupo      100 113 98 86 77 64
3er. grupo      100 72 55 50 43 89
Promedios      100 91 79 67 61 56
CUCUTA
ler. grupo      100 122 103 87 83 71
2º grupo      100 119 124 110 95 78
3er. grupo      100 107 104 102 81 52
Promedios      100 116 110 100 86 67
IBAGUE
1er. grupo      100 150 144 134 111 81
2º grupo      100 144 139 105 85 72
3er. grupo      100 245 205 130 123 87
Promedios      100 179 163 123 106 80
MANIZALES
ler. grupo      100 136 100 90 75 66
2º grupo      100 111 101 73 59 50
3er. grupo      100 84 62 44 38 29
Promedios      100 107 91 69 57 48
MEDELLIN
ler. grupo      100 131 106 87 76 62
2º grupo      100 149 131 91 80 68
3er. grupo      100 75 72 50 41 26
Promedios      100 118 103 76 66 52
NEIVA
1er. grupo      100 222 170 118 100 82
2º grupo      100 143 148 85 70 61
3er. grupo      100 164 160 128 91 61
Promedios    100 176 159 110 87 68
PASTO
1er. grupo      100 102 104 92 82 67
2º grupo      100 125 129 109 94 84
3er. grupo      100 100 92 78 97 75
Promedios.      100 109 108 93 91 75
PEREIRA
1er. grupo      100 104 72 67 56 54
2º grupo      100 112 101 71 52 46
3er. grupo      100 154 81 62 58 37
Promedios     100 123 85 67 55 46
POPAYAN
ler. grupo      100 107 96 64 63 61
2º grupo      100 120 127 86 76 64
3er. grupo      100 101 84 48 45 34
Promedios      100 109 102 66 62 53
SANTA MARTA
1er. grupo      100 113 100 84 83 77
2º grupo      100 146 119 108 88 88
3er. grupo      100 139 126 92 86 58
Promedios      100 133 115 95 86 74
RESUMEN
ler. grupo      100 204 204 173 164 132
2º grupo      100 167 194 147 112 85
3er. grupo      100 100 116 77 84 112
Promedios       100 192 208 167 131 98

La demostración anterior acerca del curso de descenso de varios de los principales factores económicos, suministra la manera de sintetizar y enumerar las causas y fenómenos de la crisis que el país soportó entre 1929 y 1933, periodo éste a que prácticamente se concreta la depresión que siguió a la época inflacionista.

Tales causas y fenómenos, en su orden lógico, y como aquí los he explicado, fueron:

1º Aumento de la población, en un 34,08%, entre 1919 y 1929.

2º Aumento de las compras al exterior de un 122,477% y escaso aumento de las ventas o exportaciones de un 17,02%, en el mismo período de 1919 a 1929.

3º Desequilibrio entre la producción nacional y el consumo doméstico.

4º Balanza de pagos desfavorable entre 1923 y 1929, pero artificialmente equilibrada con empréstitos efectuados en el exterior.

5º Suspensión de las operaciones de crédito externo y consiguientes efectos de la balanza de pagos adversa.

6º Demanda de giros y exportación de oro para saldar el déficit de las cuentas internacionales.

7º Reducción de las reservas metálicas.

8º Reducción de los billetes en circulación.

9º Contracción del numerario.

10. Aumento del poder adquisitivo interno de la moneda.

11 Baja general de precios.

12 Depresión económica.

Consecuencia inmediata de todo lo ya explicado, fué una crisis fiscal, porque deprimidas las actividades económicas generales forzosamente debían declinar los ingresos del Estado.

El problema fiscal o de tesorería que vino a quedar planteado en 1930, al inaugurarse el gobierno del Presidente Olaya Herrera, halla su origen en una larga serie de errores e imprudencias cometidos en la gestión de las rentas públicas y en la natural repercusión que sobre la estructura financiera del Estado tiene toda mala situación económica.

El error fundamental en el manejo de los recursos fiscales fué el consumado en épocas anteriores al gobierno de Olaya Herrera, conjuntamente por el Congreso y el Gobierno Eje cultivo, al aumentar en forma imprudente y desmesurada los gastos correspondientes a los diversos departamentos de la administración pública. Y digo que fué error cometido conjuntamente por el Congreso y el Gobierno, porque si bien es cierto que las iniciativas en materia de gastos públicos partían de aquél y no de éste, también lo es que la acción colegisladora del gobierno en algo debía contribuir y para algo debía ser eficaz. Una hábil y vigorosa gestión gubernativa efectuada en las Cámaras por los Ministros de Estado, puede en ocasiones ser suficiente para contrarrestar o impedir cualquier acción imprudente del Congreso en asuntos financieros. La tarea a veces común de los Ministros de Hacienda y de Obras Públicas por ejemplo, aquél defendiendo el equilibrio fiscal y las inversiones del Estado, y desarrollando éste planes de obras nacionales económicamente bien concebidos, es arma que manejada con habilidad constituye un obstáculo poderoso a la tradicional prodigalidad de los legisladores.

El aumento desmedido en los gastos públicos, por virtud de la expedición constante de leyes sustantivas, hizo que año tras año fueran creciendo las cifras de la ley de apropiaciones. Y como por otra parte las rentas registraban también mayores rendimientos debido entre otras causas al movimiento inflacionista, aquellos rendimientos servían de acicate y estímulo a las iniciativas de gastos-del cuerpo legislativo. Fué así como llegaron a elevarse los gastos públicos en una proporción irritante, habida consideración a las capacidades del tesoro. Las apropiaciones que en 1925 alcanzaban a $ 27.693.753.89 eran ya en 1928 de $ 52.137.548.89.

Al grave error anotado, se agregó, como para consolidar el desastre fiscal, el haberse liquidado para la vigencia de 1929 un presupuesto que llegaba a $ 106.120.106.44 en el cual debía hacerse frente a gastos por $ 36.153.000 no con rentas ordinarias sino con productos de empréstitos que se tenían en proyecto. Como el gobierno giró para gastos extraordinarios, sobre los ingresos ordinarios, y como los empréstitos en mira no se coronaron, la tesorería se encontró en descubierto, quedando planteado para 1930 un gran déficit que como herencia fiscal le tocó recibir al Presidente Olaya Herrera.

La crisis económica, a su turno, vino a agravar la situación del fisco. La depresión comercial y el estancamiento de los negocios necesariamente hicieron decaer el producto de las rentas.

Dado que uno de los efectos del desequilibrio de la balanza de pagos era la restricción de las importaciones, la primera renta afectada fué la de aduanas, base de nuestro sistema tributario. Esta restricción, además, disminuyó otras fuentes de ingresos íntimamente vinculadas con la importación de mercancías, tales como los derechos consulares, los servicios de boyas, faros y muelles y los impuestos de tonelaje y canalización.

Las entradas fiscales provenientes de la cuenta que en presupuestos anteriores se denominaba intereses y cambios, quedaron prácticamente eliminadas, porque no habiéndose contratado más empréstitos, el tesoro carecía de depósitos en el exterior que ganaran interés y porque tampoco volvió a tener por la misma razón la oportunidad de efectuar ventas de dólares.

El impuesto sobre la renta y el de timbre y papel sellado sufrieron igualmente la influencia de la crisis económica. Restringido el movimiento bancario, quieta la finca raíz, de primidas las industrias, resentido el mercado de valores y abatidas en general todas las actividades económicas, las utilidades en los negocios privados (que son la materia imponible del impuesto sobre la renta), y el consumo de papel y estampillas oficiales tuvieron también inevitable baja.

El producto de las esmeraldas de Muzo y Coscuez, que por un error inexcusable figuraba en los presupuestos de entonces en $ 1.000.000, cuando jamás representaba esta cifra para el tesoro, continuaba siendo un nulo renglón en el conjunto de las rentas.

Los ferrocarriles, en aquella época en manos del Estado, y explotados sin mayor técnica, eran un mal negocio fiscal, a lo cual se agregaba la restricción en el volumen de los transportes motivada por la crisis.

El impuesto sobre el platino, el de exportación de café, el de pasajes y consumo de gasolina, el llamado de consumo, las salinas, las perlas y las regalías de petróleos, eran los únicos renglones fiscales que poco se habían afectado en sus rendimientos por hallarse más o menos distantes de los fenómenos ocurridos en la crisis económica.

Como último factor influyente en el desequilibrio fiscal, debo anotar las cargas desmedidas que sobre el tesoro público se habían impuesto a título de auxilios o subvenciones a fa vor de los departamentos y municipios, la mal entendida distribución de ciertos impuestos como el de consumo y el impuesto sobre la renta, y las participaciones e indemnizaciones de los departamentos por concepto de licores en la entonces pretendida lucha antialcohólica, de muy problemáticos y discutibles resultados, así en el campo moral como en el rentístico.

La acción conjunta de todos los errores anotados y las repercusiones de la crisis, fueron causa u origen de esa grave situación de las finanzas públicas, lo que a su turno trajo el siguiente déficit, según "Mensaje" del gobierno a las Cámaras Legislativas, de agosto de 1930, o sea al iniciarse el gobierno de Olaya Herrera:

Apropiaciones para 1930 $ 53.983.654.78
Créditos administrativos abiertos 609.567.63
Créditos legislativos pedidos 8.422.504.33
Total $ 63.015.726.74
Producto de las rentas en los siete primeros meses de 1930 $ 28.693.369.60
Promedio para el resto del año 20.495.253.70
Total $49.188.623.30
Apropiaciones y créditos en 1930 $ 63.015.726.74
Rentas en 1930 49.188.633.30
Diferencia $ 13.827.093.44
Déficit en 31 de diciembre de 1929 $ 17.993.002.24
Déficit probable en 31 de diciembre de 1930 $ 31.820. 095.68

Este déficit, sin precedentes en la historia fiscal de la República, fué uno de los efectos más perjudiciales de la crisis económica de 1929.

Colocada la administración del Presidente Olaya ante una doble crisis -la doméstica y la mundial-, ya que para 1930 eran hechos indiscutibles la depresión económica de los mer cados internacionales y las graves perturbaciones monetarias de aquellos mismos mercados, la tarea gubernativa que se imponía era sin duda una de las más intrincadas y difíciles que gobierno alguno hubiera tenido en Colombia.

El punto de partida adoptado fué el equilibrio fiscal, porque las iniciativas del poder público solamente podían desarrollarse sobre bases sólidas una vez eliminado el déficit y puesto en ejecución un presupuesto ajustado a la realidad de las cosas.

La fórmula planteada por el gobierno para obtener el deseado equilibrio, puede resumirse así:

1º Disminución de los gastos públicos. 2º Aumento de las rentas. 3º Emisión de documentos de deuda interna. 4º Empréstito en el exterior.

Si bien es cierto que la primera necesidad fiscal que se presentaba era la de disminuir hasta donde fuera posible los gastos públicos, también no era menos evidente que la eficacia de ese recurso se hallaba en gran parte contrarrestada por circunstancias especiales de aquellos tiempos. Antiguamente la baja de las rentas y las crisis de tesorería se conjuraban entre nosotros con el único arbitrio de la restricción de los gastos. Fácil tarea, porque casi la totalidad de las erogaciones fiscales representaba el sostenimiento del servicio público. La deuda nacional podía reputarse insignificante y modesta la escala de las obras públicas emprendidas.

No ocurría así, empero, en la época del gobierno de Olaya Herrera. Para entonces el sólo renglón de la deuda nacional implicaba un desembolso anual por cifras que representaban lo que en otros tiempos hubiera constituido varios capítulos del presupuesto total de gastos; el país se hallaba empeñado en un vasto plan de obras materiales desarrollado en buena parte por medio de contratos de construcción que no podían rescindirse sin los consiguientes perjuicios y sin faltar a la buena fe; y como la firma del Estado garantizaba la deuda pública y los contratos de construcción, claro resultaba que en estas materias no podían llevarse a cabo mayores reducciones en los desembolsos fiscales.

La restricción de los gastos, en consecuencia, solamente era posible en aquellas erogaciones con cuya eliminación o disminución no se desconocía derecho adquirido alguno, ni se perjudicaba al Estado en la ordenada y eficiente marcha de la administración, ni se ocasionaban pérdidas de dinero al tesoro público. La mayor parte de las economías no podía, pues, obtenerse sino por virtud de reformas en los servicios administrativos y por alteración en las asignaciones civiles.

No siendo sin embargo suficientes para lograr el equilibrio fiscal las economías que se obtuvieran por la restricción de los gastos, el gobierno se vio impelido a efectuar, como re curso complementario, una revisión en las contribuciones, estableciendo nuevos impuestos y elevando la tasa en algunos de los existentes.

Dada la cuantía del déficit por conjurar, muy superior a lo obtenible por la acción combinada del aumento en las rentas y de la disminución en los gastos, preciso fué que el Estado hiciera uso del crédito tanto interno como externo.

De ahí que se optara por una emisión de bonos de deuda interior para con ella cancelar parte del déficit, y que al propio tiempo y con el mismo fin se contratara en el exterior, con un grupo de bancos, un empréstito a corto plazo.

Para estas providencias así como para varias otras que las críticas circunstancias de entonces exigían del gobierno, eran necesarias las correspondientes facultades extraordinarias. Por tal razón el Congreso de 1931 se apresuró a dictar las leyes 99 y 119 de aquel año, en las cuales quedó revestido el Presidente Olaya de muy amplias autorizaciones a fin de "tomar las medidas financieras y económicas que fueren precisamente indispensables para conjurar la crisis por que atraviesa el país".

Conjurado el déficit fiscal por la actividad y habilidad en la gestión gubernativa, quedaban no obstante en pie muy serios problemas de orden económico, cuya solución era una clamorosa exigencia nacional. El fenómeno más grave de cuantos soportaba la economía colombiana, era, sin duda, la bajá general de precios motivada principalmente por la contracción del numerario que la, progresiva merma de nuestras reservas metálicas había venido a plantear. Los deudores se hallaban prácticamente al borde de la ruina, desde el momento en que, mientras su pasivo iba creciendo por virtud de los intereses correspondientes a sus deudas, su activo se desvalorizaba progresivamente.

A todo esto se agregaba un nuevo factor que el Ministro de Hacienda de entonces, señor Esteban Jaramillo, explica así en su "Memoria" al Congreso de 1934: "De repente, en la mañana del 4 de septiembre de aquel año (1931), el mundo financiero fué sorprendido por la noticia inesperada del decreto expedido por el gobierno inglés que suspendía indefinidamente la conversión por oro de la libra esterlina. La nueva medida tan extraordinaria y de tan grandes consecuencias en la vida financiera, no sólo de Inglaterra sino del mundo entero, se extendió por todas partes como una ola de desconfianza, de inseguridad y de pánico, que afectó profundamente los negocios y la actividad económica de los pueblos, ya muy quebrantados por un largo período de malestar y de depresión. El crédito, bajo todas sus formas, sufrió un nuevo y extraordinario golpe con aquella medida, todo el mundo se apresuró a ponerse a cubierto de la catástrofe, exigiendo el pago de lo que se le debía, y una verdadera pugna, sin precedentes en la historia del mundo, se declaró por todas partes para adquirir el único valor estable y libre de contingencias el oro físico en barras o en monedas. Inmediatamente esta reacción se hizo sentir en Colombia. Las gentes se apresuraron a cambiar por oro los billetes del establecimiento emisor y a retirar de los bancos sus depósitos en ese metal, a tiempo que los acreedores extranjeros de los establecimientos de crédito colombianos cancelaban repentinamente los descubiertos que les habían concedido, y exigían con apremio, de manera brusca y sin consideraciones de ninguna clase, el pago de los saldos a su favor. Fué una verdadera guerra despiadada y sin cuartel contra la economía y las finanzas del país, una terrible amenaza al crédito y a las reservas metálicas del Banco de la República. todo lo cual constituía una conmoción interna tan honda y amenazante como una revolución".

La necesidad de defender nuestras reservas de oro y de impedir la exportación de capitales; el estado desfavorable de la balanza de pagos; la conveniencia de regular en alguna forma las importaciones y exportaciones y el hecho de haberse adoptado por algunos países el sistema llamado |control de cambios internacionales, llevaron al gobierno a dictar los decretos números 1683 y 1871 de 24 de septiembre y 21 de octubre de 1931, respectivamente, por los cuales se suspendió el libre comercio de oro, se prohibió su exportación y se sometieron a determinadas normas todas las operaciones particulares de cambio internacional.

En un principio fueron creadas dos entidades: una, denominada Comisión de Control de Operaciones de Cambio, y otra, que llevaría el nombre de Junta de Control de Exportaciones. Meses después, y ante los inconvenientes de carácter práctico que presentaban estos dos organismos, se resolvió hacer de ambos uno solo, bajo la dependencia del Banco de la República, de donde surgió la Oficina de Control de Cambios y Exportaciones, por virtud del decreto número 2092 expedido en diciembre de 1931.

Este control de cambios se estableció dentro de los lineamientos generales siguientes: ( |6 ).

"a) Como dependencia del Banco de la República funciona la Oficina de Control de Cambios y Exportaciones, la cual tiene una Junta Consultiva, compuesta de tres miembros, uno nombrado por el Gobierno, otro por el Banco de la República y otro por la Superintendencia Bancaria. El objeto de esta Junta es resolver las dudas del jefe de la oficina y las consultas que le haga el mencionado banco acerca de operaciones de control de cambio y exportaciones.

"b) Toda operación de cambio internacional requiere el permiso previo y escrito de la oficina de Control o de sus agentes, quienes no lo otorgan sino cuando la operación se refiere a fines económicamente necesarios. Los permisos pueden utilizarse por el interesado si éste lo estima conveniente, mediante el cumplimiento de determinados requisitos.

"c) Por fines económicamente necesarios se entiende: el pago de importaciones no prohibidas; de deudas de personas y entidades privadas exigibles antes del 25 de septiembre de 1931; los gastos de nacionales colombianos residentes en el exterior, siempre que se limiten a lo indispensable para su sostenimiento; los personales de familias de extranjeros que tengan negocios en Colombia; las primas de seguros de pólizas expedidas en moneda extranjera y el pago de las deudas externas de la nación, de los departamentos y de los municipios".

La Oficina de Control de Cambios quedó autorizada para prohibir:

"1º Cualquiera operación de cambio internacional que no corresponda al movimiento necesario de las actividades económicas y financieras normales".

"2º Toda operación que se considere de especulación según calificación que de tales operaciones haga dicha oficina".

"3º El traspaso de fondos al exterior por parte de los departamentos, los municipios y los bancos hipotecarios destinados al pago de intereses y amortización de bonos o cédulas a su cargo".

"4º Cualesquiera permisos para compra de cambio exterior cuando así lo exija, a juicio de la Oficina de Control, el estado de las reservas metálicas del Banco de la República".

Por lo que hace a la situación de los deudores que, como ya dije, era prácticamente de ruina, el gobierno determinó adoptar varias providencias encaminadas a aliviarla.

Oigamos de nuevo al Ministro Jaramillo en su "Memoria de Hacienda" al Congreso de 1932:

 

|6 El sistema del control de cambios no fué creado con fines proteccionistas, sino por razones monetarias y financieras; su aparición en el mundo data de 1930, cuando algunos Estados balcánicos lo implantaron con el fin de centralizar en sus bancos de emisión todas las divisas extranjeras disponibles, para efectuar así su conveniente distribución. Este régimen fué bien pronto adoptado por países de la Europa central y por Estados de la América Latina. Hoy se halla muy generalizado.
 

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