|
INDICE
|
|
Capítulo XVI
LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA DE LA
HISTORIA
El panorama contemporáneo de la filosofía de la historia está
dominado por dos aportes fundamentales: el de Oswald Spengler y el
de Arnold Toynbee. En su momento, la obra de Spengler,
esencialmente pesimista, ejerció dilatada influencia intelectual,
influencia que paulatinamente fue decayendo. Así, hasta la
aparición de la caudalosa contribución de Toynbee, cuyo sistema
posee un carácter "ecuménico" y -en cierta
manera- optimista.
Nada más diferente que el pensamiento de estos dos autores,
cuyas hipótesis, teorías y motivaciones son diametralmente
opuestas. El pensamiento de Spengler reflejó la situación de
Alemania a raíz de la primera guerra mundial. El de Toynbee es una
vasta síntesis, un complejo cosmorama de la historia
universal,-avizorado por una mentalidad serena, rica con ideas
originales y proclive a un "misticismo histórico"
trascendental.
A. LA CONCEPCIÓN PESIMISTA DE
OSWALD SPENGLER
Spengler, filósofo e historiador alemán, nació en 1880 y
falleció en 1936. Entre 1918 y 1922 se publicó en Munich su obra
|Der Untergang des Abendiandes, traducida al español con el
título
|La decadencia de Occidente.
|
119
1. Ubicación crítica
"El título de esta obra, aparecida al final de la
primera guerra mundial, escribe Gaetan Picon, es significativo.
Según Spengler, si Europa, en su esfuerzo, concibió el mito del
progreso histórico, es ahora la que lo rechaza. El siglo XX está
caracterizado por un ahogo de Europa y por el ascenso de nuevos
imperios. Es a la luz de su decadencia como Europa lee la historia,
antes imaginada a la luz de la esperanza. Hay que decir, en efecto,
que el pensamiento marxista encarna hoy en las naciones ascendentes
(Rusia, China) y que el pensamiento político de los Estados Unidos
prolonga el optimismo 'liberal' que Europa había concebido en su
auge".
|
120
El contenido de la obra de Spengler es muy rico, porque no
solamente enfoca el campo del acontecer histórico propiamente
dicho, y avizora de acuerdo con su tesis pesimista la trayectoria
de las grandes civilizaciones, sino que examina una larga serie de
valores culturales y propone una serie de conceptos filosóficos
fundamentales, a fin de ilustrar su clásica distinción entre
"naturaleza" e "historia". En
cierta manera, el aporte de Spengler viene a ser algo así como una
nueva filosofía de la cultura, como puede verse en los Capítulos IV
y VI de la Primera Parte y en los Capítulos I y III de la Segunda
Parte de su obra. En la actualidad, el pensamiento de Spengler
-después de haber sido muy combatido- ejerce escasa influencia en
el mundo de la cultura. Pero es de presumir que llegará un día en
que esta injusta actitud hacia el gran pensador alemán sea
rectificada, lo que nos recuerda el conocido apotegma latino:
|Habent sua fata libelli.
2. La vida de las civilizaciones
Spengler encabeza la
|Introducción de su obra con las
siguientes palabras: -"En este libro se acomete por vez
primera el intento de predecir la historia. Trátase de vislumbrar
el destino de una cultura, la única de la tierra que se halla hoy
camino de la plenitud: la cultura de América y de Europa
Occidental. Trátase, digo, de perseguirla en aquellos estadios de
su desarrollo que todavía no han transcurrido".
|
121
A esta declaración, sigue una serie de preguntas: -Hay una
lógica de la historia? -Más allá de los hechos singulares,
contingentes e imprevisibles, hay una estructura metafísica de la
humanidad histórica, independiente en lo esencial de las
manifestaciones político-espirituales de todos conocidas? -Es
posible descubrir en la vida misma (porque la historia humana no es
sino el conjunto de enormes ciclos vitales), los estadios por los
cuales ha de pasar y, en ellos, "un orden que no admita
excepción"?
Spengler parte de la base fundamental de que la generación a que
pertenece, y el mundo que le rodea, se encuentran en plena
decadencia. Y sobre esta convicción edifica una "filosofía
cíclica de la historia". Para él, las sociedades son
semejantes a los seres orgánico o son seres orgánicos, sometidos
por ende al proceso que sigue todo ser vivo: nacimiento,
desarrollo, plenitud, decadencia y muerte. Contra este proceso,
nada puede la voluntad humana.
Mediante la analogía y el método comparativo, Spengler explica
el paralelismo de las evoluciones de las distintas sociedades
históricas, en un intento sistemático "para mostrar que
los conceptos biológicos de nacimiento, madurez y muerte son la
clave de la lógica de la historia".
|
122
Según Spengler, la decadencia del mundo occidental es un hecho
que no necesita demostración, que corresponde a la decadencia de la
antigüedad clásica y que "si se entiende en toda su
gravedad, implica en sí todos los grandes problemas del
ser". En sus planteamientos iniciales, Spengler afirma que
"para saber cómo se realizará el destino de la cultura
occidental", hay que definir previamente qué cosa es la
cultura, qué relaciones tiene con la historia visible y, además,
bajo qué formas surge y hasta dónde esas formas son símbolos y
deben ser interpretadas como tales. Esas "formas"
son, para Spengler, tos pueblos, las lenguas, las batallas, las
ideas, los Estados, la ciencia, las concepciones filosóficas y
económicas y, por fin, los grandes hombres y los grandes
hechos.
-"El medio para conocer las formas muertas, afirma, es
la ley matemática. El medio para conocer las formas vivas es la
analogía. Así se distinguen la polaridad y la periodicidad del
universo".
Anota Spengler que ha existido siempre la creencia de que la
historia universal tiene un número limitado de formas fenoménicas y
que "las edades, las épocas, las situaciones, se renuevan
por tipos". Alude as a ciertos paralelismos, como el que
puede establecerse entre Napoleón y César o entre Napoleón y
Alejandro Magno. Pero advierte que dichas comparaciones son
fragmentarias y arbitrarias y que no corresponden a una noción
verdaderamente profunda de la forma histórica.
Tales comparaciones serían útiles y felices, pero a condición de
que revelaran la estructura orgánica de la historia. Lo que es
fundamental es "el lenguaje formal de la historia y su
análisis", tarea primordial, aunque muy difícil, de tal
disciplina. Como premisa de esta tarea, Spengler señala la
diferencia que media entre naturaleza e historia:
-"Naturaleza es la forma en que el hombre de las culturas
elevadas da unidad y significación a las impresiones inmediatas de
sus sentidos. Historia es la forma en que su imaginación trata de
comprender la existencia viviente del universo con relación a su
propia vida, prestándole así una realidad más
profunda".
|
123
La ambición intelectual de Spengler no solamente se proyecta
sobre el futuro, sino sobre el pasado histórico: -"Me
refiero, escribe, a la posibilidad de avanzar más allá del
presente, más allá de los límites de la investigación, y predecir
la forma, la duración, el ritmo, el sentido, el resultado de las
fases históricas que aún no han transcurrido; me refiero a la
posibilidad de reconstruir épocas pretéritas, muy remotas y
desconocidas, culturas enteras del pasado, por medio de las
conexiones morfológicas. Este método, en cierto modo, se parece al
de la paleontología, que por el examen de un fragmento de cráneo,
infiere datos seguros sobre el esqueleto y la especie a que el
ejemplar pertenece.
|
124
3. Cultura y Civilización
Si las sociedades históricas son organismos
"vivos" que, como tales, están condenados a
desaparecer, cabría preguntar cuándo mueren. La respuesta de
Spengler es sugestiva y fecunda: las sociedades mueren cuando dejan
de ser culturas, es decir, unidades orgánicas vivas, y pasan a ser
civilizaciones. De aquí que la decadencia de Occidente entrañe,
antes que nada, el problema de la civilización, que es uno de los
interrogantes fundamentales de la filosofía de la historia. Cada
cultura tiene su propia civilización. Pero estos dos conceptos, que
antes de Spengler no se habían definido claramente, son tomados por
él en un sentido periódico, a fin de expresar una sucesión orgánica
necesaria.
La civilización es el destino inevitable de una cultura. De aquí
que en la morfología histórica de Spengler,
"cultura" significa vertebración profunda de una
sociedad , su esencia misma, si se quiere. En cambio, las
civilizaciones son aquellos estados menos profundos y más
"exteriores" y artificiales a que puede llegar un
núcleo humano superior. "Suceden, explica Spengler, al
devenir como lo devenido, a la vida como la muerte, a la evolución
como la cristalización". Según esto último, la
civilización es un estado final, puesto que no entraña una dinámica
del devenir, sino que es una fase final de ese devenir.
Ejemplarizando en un caso histórico la tesis anterior, Spengler
afirma que a la cultura griega sigue la civilización romana como
etapa final de un gran ciclo histórico: los romanos,
"interesados en el éxito práctico", se alzan como
una barrera entre la cultura helénica y "la nada"
Alma griega e inteligencia romana se oponen a la manera de un
devenir fecundo y de un estado de cosas estático e infecundo.
Desde luego, resulta difícil compartir esta tesis de Spengler,
pero lo cierto es que el ejemplo por él escogido ilustra su manera
de pensar y su teoría fundamental, según la cual una sociedad
histórica perece cuando deja de ser una cultura y pasa a ser una
civilización.
Dice Spengler que este paso de la cultura a la civilización se
realizó, en la Antigüedad, en el siglo IV, y en Occidente en el
XIX. La actual decadencia de Occidente se manifiesta, además, en un
fenómeno de concentración, que el filósofo designa con la expresión
"ciudad mundial y provincia", de sentido
antitético. -"En lugar de un universo, escribe,
encontramos una ciudad, un punto donde se concentra la vida entera
de grandes regiones, mientras el resto se marchita". Y en
lugar de un pueblo dotado de abundantes valores y motivaciones,
hombres aislados, sin tradición, ahogados "en la masa
agitada e informe". Lo cual entraña un paso decisivo
"hacia lo anorgánico, hacia el final".
Ciudad mundial, según Spengler, significa cosmopolitismo en
lugar de patria, sentido frío de las realidades en lugar de respeto
por la tradición; irreligión científica "que petrifica a
la religión del corazón que la ha precedido" y predominio
de valores económicos egoístas, índices de afán de lucro
personalista, que no de un deseo de superación colectiva. Esa
Ciudad mundial "no tiene un pueblo, sino una
masa" que al incomprender o rechazar los valores positivos
de la tradición combate o menosprecia todos los valores de la
cultura propiamente dicha. Todo lo cual señala, a par de una
cultura definitivamente agotada, "una forma completamente
nueva y tardía, sin porvenir, pero inevitable, de la existencia
humana".
En la Introducción a su obra, escribe Spengler algo que ilustra
profundamente su manera de enfocar la filosofía de la historia. Al
efecto, parte de una afirmación de Goethe, según la cual la
"humanidad" es una abstracción: -"Nunca
ha habido más que hombres, ni habrá más que hombres".
Escuchemos al autor de La decadencia de Occidente en estos párrafos
profundamente reveladores:
-"Humanidad es un concepto zoológico o una palabra
yana. Que desaparezca este fantasma del círculo de problemas
referentes a la forma histórica y se verán surgir con sorprendente
abundancia las verdaderas formas. (...) En lugar de la monótona
imagen de una historia universal en línea recta, que solamente se
mantiene porque cerramos los ojos ante el número abrumador de los
hechos, veo yo el fenómeno de múltiples culturas poderosas, que
florecen con vigor cósmico en el seno de una tierra madre, a la que
cada una de ellas está unida por todo el curso de su existencia.
Cada una de esas culturas imprime a su materia, que es el hombre,
su forma propia; cada una tiene su propia idea, sus propias
pasiones, su propia vida, su querer, su sentir, su morir propios.
(...) Cada cultura posee sus propias posibilidades de expresión,
que germinan, maduran, se marchitan y no reviven
jamás".
|
125
B. EL ECUMENISMO DE ARNOLD
TOYNBEE:
Esencialmente, la filosofía histórica de Toynbee se contiene en
una obra de muy vastas proporciones -
|A study of History- de
la que existe un compendio en dos volúmenes, realizado por D.C.
Somervell. De este compendio hay traducción castellana.
|
126
La tesis fundamental de Toynbee es la de que las unidades
inteligibles, en el estudio de la historia, no son naciones ni
períodos, sino sociedades. Cada sociedad comporta una serie de
valores, y constituye una civilización. Esta serie de
civilizaciones debe ser estudiada comparativamente. Al efecto, el
método adoptado por Toynbee es el de considerar las civilizaciones
existentes ya identificadas, examinar sus orígenes y "ver
si podemos encontrar las civilizaciones -ahora extinguidas- de que
aquéllas son filiales". Así, la cristiandad occidental es
filial de la civilización helénica.
1. El conjunto de las
civilizaciones
Toynbee encuentra que hay veintiún
"ejemplares" de civilizaciones. Dividiendo la
sociedad cristiana ortodoxa en bizantina ortodoxa y rusa ortodoxa,
y la sociedad del Lejano Oriente en china y japonesa-coreana, habré
en total veintitrés civilizaciones, cuyo conjunto constituye el
amplio panorama de la historia.
a. Filiación y sucesión de las
civilizaciones
Dentro de ese panorama, Toynbee enumera toda una larga serie de
sociedades que, de acuerdo con su terminología, son otras tantas
civilizaciones. Esta filiación es la siguiente:
1) La sociedad
|cristiana ortodoxa es, al igual que
nuestra civilización occidental, filial de la sociedad
helénica;
2) La
|sociedad islámica es el producto de dos
civilizaciones que en sus orígenes fueron diferentes: la
|iránica y la
|arábica. Con anterioridad a éstas, se
encuentra la sociedad
|siríaca;
3) Precedente de la sociedad
|hindú es una sociedad
|índica;
4) Antecedente de la sociedad del Lejano Oriente es un sociedad
|Sínica;
5) Antecedente de la sociedad
|helénica, aunque no
integral, es la sociedad
|minoica;
6) Precursora de la sociedad sínica es la
|cultura
Shang;
7) Precedente de la sociedad índica fue una "cultura
del Indo", en cierta manera relacionada con su
contemporánea la sociedad
|sumérica;
8) Derivaciones de la sociedad sumérica son las sociedades
|hitita y
|babilónica;
9) La sociedad
|egipciaca no tuvo predecesora ni
sucesora;
10) En el Nuevo Mundo es posible identificar cuatro sociedades
importantes,
|andina, yucateca, mexicana y maya.
|
127
En Síntesis, las principales sociedades que en su conjunto
constituyen, a través de sus avatares, relaciones, antecedentes y
derivaciones, el panorama de la civilización, o sea de la historia
humana, son las siguientes: 1. Cristiana ortodoxa; 2. l4elénica; 3.
Islánica; 4. Iránica; 5. Arábiga; 6. Siríaca; 7. Hindú; 8. Indica;
9. Del Lejano Oriente; 10. Sínica; 11. Minoica; 12. Cultura Shang;
13. Cultura del Indo; 14. Sumérica; 15. Hitita; 16. Babilónica; 17.
Egipcíaca; 18. Andina; 19. Yucateca; 20. Mexicana; 21. Maya Desde
luego, y en su conjunto, esta enumeración no debe considerarse como
un orden cronología toda vez que varias de tales sociedades o
civilizaciones se desarrollaron simultáneamente.
b. Génesis y crecimiento de las
civilizaciones:
1) Criterio básico
Dice Toynbee que en la búsqueda de un factor positivo en la
génesis de las civilizaciones se ha utilizado hasta ahora un
criterio fundamentado en el juego de fuerzas inanimadas: raza y
contorno. Pero que es evidente que si las génesis de las
civilizaciones no son el resultado de factores biológicos o del
contorno geográfico actuando separadamente, deben serlo de algún
género de interacción entre tales factores. Vale decir, que el
factor básico de tales génesis no es algo simple, sino múltiple, o
sea una relación.
2) La "pista mitológica"
Toynbee, en definitiva, apela a un retorno crítico, a un examen
de "los grandes mitos en que esté consagrada la sabiduría
del género humano", examen que sugiere la posibilidad de
que el hombre haya llegado a la civilización, no como resultado de
dotes biológicos superiores o del contorno (ambiente o medio)
geográfico, sino como una respuesta a una incitación dada en una
circunstancia de especial dificultad, lo cual hace que el hombre
realice un esfuerzo hasta entonces sin precedentes.
|
128
Hay "civilizaciones detenidas", que según
Toynbee son clasificables en tres grupos, así: Primero: Polinesios,
esquimales y nómadas; Segundo: Osmanlíes, y Tercero: Espartanos.
Las que evolucionan, progresan a virtud de una superación de los
obstáculos materiales que permite que las energías de una sociedad
"den respuestas a incitaciones que son internas antes que
externas, espirituales antes que materiales".
3) Análisis del crecimiento o "progreso"
En la práctica, la conversión de una sociedad a un nuevo estilo
de vida es el resultado de la acción de reducidas minorías de
individuos creadores, porque a virtud de un proceso de mimesis, las
masas "sufren la experiencia real que transformó a esos
individuos creadores".
El crecimiento o evolución no es uniforme en todas las partes o
núcleos constitutivos de una sociedad. En cada estadio de tal
crecimiento, algunas "darán una respuesta
triunfante"; otras, por mimesis, obtendrán los mismos
resultados, pero algunas ni darán una respuesta original ni
avanzarán por mimesis y entonces sucumbirán Además, cada sociedad
se diferencia de las demás por sus características predominantes:
algunas sobresalen por su religión, otras por el arte, otras por su
capacidad industrial. Pero existe respecto de todas las
civilizaciones una telesis, una "fundamental similitud
entre los fines de todas ellas".
c. El colapso de las
civilizaciones
Afirma Toynbee que de todas la civilizaciones por él enumeradas,
incluyendo las "civilizaciones detenidas", la
mayor parte ha muerto y nueve de las diez restantes -"en
verdad todas, salvo la nuestra"- ya han sufrido un
colapso. Este colapso presenta tres características, que a su vez
son factores del mismo: fracaso de la aptitud de la minoría que,
habiendo sido antes creadora, se convierte en simple
"minoría dominante"; alejamiento y pérdida de la
mimesis en las mayorías, que dejan de prestar su adhesión a las
minorías y, finalmente, pérdida de la unidad social en el
conglomerado.
En este punto, Toynbee se aparta fundamentalmente de Spengler,
quien sostiene que las sociedades son organismos que pasan por los
estadios de la juventud y de la madurez hasta llegar a la
decadencia, lo mismo que los seres vivos. Toynbee opina que una
sociedad no es "un organismo", y en esta forma
supera el determinismo de Spengler y de otros pensadores.
Sostiene Toynbee que la decadencia de la técnica y la
"contracción geográfica" determinada por una
agresión militar exterior no son "criterios" ni
causa del colapso de una civilización. Además, examina varios casos
de agresiones triunfantes contra determinadas civilizaciones, pero
insistiendo en que el triunfo de la agresión se produjo en cada
caso después del colapso interno de la respectiva civilización.
El optimismo de Toynbee se revela también al afirmar que la
agresión contra una sociedad que todavía se encuentra en proceso de
crecimiento, de ordinario constituye un estímulo que la lleva a
superarse. Aún más: aunque la sociedad se encuentre ya en
decadencia, la agresión contra ella puede revitalizarla y prolongar
su existencia.
d. La desintegración de las
civilizaciones
Toynbee se p si esta desintegración es una consecuencia
necesaria del colapso anteriormente explicado. Y afirma que existe
otra alternativa -la "petrificación"-, tal como
ocurrió en la historia de Egipto y del Lejano Oriente y puede
ocurrir con nuestra civilización actual. Lo que mejor caracteriza o
tipifica la desintegración de una civilización, en todo caso, es lo
que Toynbee llama "el cisma del cuerpo social",
al fraccionarse en tres grupos a los que denomina minoría
dominante, proletariado interno y proletariado externo. Al parecer,
este proletariado externo es el que dejan en un determinado imperio
las invasiones de pueblos extranjeros. Así la de los hicsos en
Egipto o la de los mogoles respecto de la antigua civilización
sínica.
En esta trifurcación social, según Toynbee, cada r fracción
realiza una labor creativa diferente y característica: la minoría
dominante, un "estado universal"; el proletariado
interno, una "iglesia universal" y el
proletariado externó, "hordas bárbaras".
Este "cisma de cuerpo social" tiene una
consecuencia que Toynbee llama "cisma en el
alma". Ocurre que cuando una sociedad comienza a
desintegrarse, los valores, modos de conducta y sistema de vida
característicos de los individuos durante la fase de crecimiento de
una determinada civilización son reemplazados por
"sustitutos": uno (el primero de cada par) es
pasivo; el otro (o sea el segundo del respectivo
"par" de sustitutos) es activo.
-"
|El abandono y el dominio de si mismo -resume
Somervell-, ya el uno, ya el otro, son sustitutos de la
creatividad; la deserción y el martirio lo son de la disciplina de
la mimesis. Además, el sentido de estar a la deriva y el sentido
del pecado, ya el uno o el otro, son sustitutos del
|élan que
acompaña al crecimiento; el sentimiento de la promiscuidad y el
sentido de la unidad son sustitutivos del 'sentido del estilo', que
es la réplica subjetiva del proceso objetivo de diferenciación que
acompaña al crecimiento".
|
129
Resultaría tarea demasiado larga, para nuestro propósito,
explicar en qué consisten estos "sustitutos". En
todo caso, se trata de características o direcciones positivas o
negativas, pero que no responden ya al vigor y a la cohesión
inherente a las civilizaciones en ascenso o en estado de plenitud.
Más importante es examinar, siquiera sea brevemente, los conceptos
de "estado universal" y de "iglesia
universal", consecuencias de la trifurcación social que
implica el "cisma del cuerpo social".
2. Los Estados y las Iglesias
Universales
a. Los Estados universales
Toynbee se pregunta si los estados universales deben
considerarse como las fases o desarrollos finales de las
civilizaciones o como el prólogo de otros desarrollos. En todo
caso, los ciudadanos de tales estados universales creen que tales
estados son inmortales, inclusive cuando se encuentran al borde de
la disolución. Ha habido ocasiones en que una determinada
institución imperial reaparece como "un espectro de lo que
era antes". Por ejemplo, el Sacro Imperio Romano es una
especie de "reaparición" del antiguo Imperio
romano.
Dice también el célebre historiador que, si bien las
instituciones políticas de un Estado universal "no
consiguen conservar su existencia", sirven a otras
instituciones, "especialmente a las religiones superiores
de los proletariados internos". Además, que la misión
histórica de tales Estados universales radica esencialmente en la
superación -geográfica y sociológicamente considerada- de lo
simplemente parroquial y en una serie de realizaciones materiales y
espirituales que conllevan un evidente y caudaloso progreso. Y
añade, finalmente, que "la extensión de la ciudadanía,
privilegio concedido por los gobernantes de los Estados
universales" contribuye a producir las condiciones
igualitarias en que florecen las religiones superiores.
b. Las Iglesias universales
Para Toynbee, tales Iglesias, que "se desarrollan en
los cuerpos sociales decadentes de un estado universal",
constituyen algo así como "una especie superior de
sociedad". En la religión existe el progreso, y afirma:
-"Los pasos dados en el progreso religioso y representados
por los nombres de Abraham, Moisés, los profetas hebreos y Cristo,
han de considerarse respectivamente como productos de la
desintegración de las sociedades sumérica, egipcíaca, babilónica y
helénica". (Texto resumido por Somervell). En tesis como
estas, es donde mejor se percibe el "ecumenismo"
de Toynbee, pero también donde resulta más difícil coincidir
totalmente con su pensamiento. Lo que explica las críticas que esta
parte de su Estudio de la Historia se han formulado
insistentemente.
Así, escribe Alfred Stern: -"Creo que sólo un místico
puede hallar significado en lo que para Toynbee representa el
sentido supremo de la historia. Mencionaremos aún la última
profecía de este extraño teólogo de la historia: al morir, dice,
las civilizaciones dan nacimiento a las religiones. Para el futuro
prevé la llegada de una religión universal que constituiría 'una
especie más alta de sociedad', que uniría al cristianismo el
hinduísrno, el islamismo y el budismo. El cristianismo habrá de
ser, desde luego, el punto 'culminante' de esta jerarquía. Entonces
desaparecerán la guerra y la lucha de clases y el Estado se
subordinará a la Iglesia (...). Toynbee es el ejemplo más notable
del retorno de la filosofía de la historia a su estado teológico,
después de haber pasado por sus estadios metafísico y
positivo".
|
130
Observa Wilhelm Berges
|
131
que en los años felices del planeamiento
de su sistema, a partir de 1924, aproximadamente, y tal, como
habría de reflejarse luégo en los primeros tomos de su Estudio de
la Historia -aparecidos en 1934- Toynbee llevaba una gran Ventaja a
Spengler: la esperanza. "De. aquí que, a pesar de aceptar
el que a a luz de la ciencia actual una ojeada sobre el decurso
histórico muestra que la historia se ha repetido hasta hoy mas o
menos unas veinte veces, produciendo sociedades del mismo género
que nuestra sociedad actual y consumándose el proceso del
hundimiento, ruina y desaparición de acuerdo con un esquema que
retorna una y otra vez, niegue que también nosotros nos hallemos
abocados a este hundimiento y ruina esquemáticos, es decir, a la
aniquilación". Y añade: -"Según el autor inglés,
nosotros no estamos condenados a una repetición de la historia,
antes al contrario, de nuestra voluntad depende el que le demos un
giro nuevo y nunca acaecido".
C. LOS APORTES DE KARL JASPERS
Acerca de la filosofía de la historia, Karl Jaspers -en su obra
|Einführung in die Philosophie (Zurich, 1950)- propone
algunas hipótesis que conviene conocer siquiera sea
superficialmente.
1. El esquema de la historia
universal
La antropología y la geología antropológica demuestran que hace
cientos de milenios, el hombre ya existía en nuestro planeta, pero
solamente "desde hace cinco o seis mil años tenemos una
historia continuada y fundamentada en documentos".
|
132
Esta historia
presenta cuatro fases profundamente separadas:
-"
|Primera. Solamente podemos inferir la primera
gran etapa: nacimiento del lenguaje, invención de los útiles, arte
de encender y utilizar el fuego. Es la edad prometeica, fundamento
de toda la historia, en la que el hombre se convierte por fin en
hombre, oposición a una condición humana puramente
biológica que no podemos imaginar. Cuánto ha pasado eso? Cuánto
tiempo hizo falta para franquear las etapas sucesivas? No sabemos
nada de ello. Esta época debe situarse muy lejos en el pasado y
contar tantas veces la duración de la era histórica que posee
documentos, que ésta casi desaparece al lado de aquélla.
-"
|Segunda. Entre 5000 y 3000 años antes dé
Jesucristo se formaran las altas civilizaciones antiguas de
Egipto, Mesopotamia, India y, un poco más tarde, China, sobre el
Hoang-ho. Son pequeños puntos de luz en la enorme masa de humanidad
que ya poblaba toda la tierra.
-"
|Tercera. Alrededor de 500 años antes de Cristo
-en el período que se extiende del 800 al 200- se pusieron los
cimientos espirituales de la humanidad, aquellos de los que aún
brota su sustancia, y eso simultáneamente y de manera independiente
en China, India, Persia, Palestina, Grecia.
-"
|Cuarta. Desde entonces, sólo se ha producido
un hecho nuevo, espiritual y materialmente decisivo, que ejerce en
la historia universal una influencia del tipo de los precedentes:
el advenimiento de la era científico-técnica. Se estaba preparando
en Europa desde fines de la Edad Media; se constituyó
espiritualmente en el siglo XVII; se desplegó ampliamente desde
finales del siglo XVIII y su desarrollo ha tomado una velocidad
precipitada desde hace tan sólo unas decenas de años.
El anterior esquema nos parece bastante discutible, muy
insuficiente y demasiado tradicionalista, en el sentido de que -al
menos en forma análoga o muy semejante- había sido propuesto ya por
otros expositores. En todo caso, para Jaspers, la tercera de las
anteriores etapas es la más significativa, porque "la
novedad de esta época es que en todas partes el hombre adquiere
conciencia del ser en su totalidad, de sí mismo y de sus límites
(...) La edad mítica y sus tranquilizadoras evidencias habían
llegado a su fin".
Lo que sí es evidente e interesante es la afirmación de Jaspers
relativa al "hecho nuevo" -el único- que con
posterioridad a la tercera de las grandes etapas del proceso
histórico surge a fines de la Edad Media y culmina y se precipita
aceleradamente de unos pocos lustros a esta parte, vale decir, el
advenimiento de la "era científico- técnica".
Esto es obvio, pero fundamental.
2. El sentido del acontecer
histórico
En la obra citada atrás, Jaspers observa que la historia
universal puede aparecer como caos de hechos fortuitos:
-"En conjunto, todo parece mezclarse como en los
torbellinos de un diluvio. Por eso no deja de ir de confusión en
confusión y de desgracia en desgracia, con cortos claros de
serenidad, islas que la corriente deja ver un momento antes de
inundarlas también a ellas". Imagen afortunada esta
última, en verdad. -"Pero la filosofía de la historia,
agrega inmediatamente, exige que se busque el sentido, la unidad,
la estructura de la historia universal, y ésta sólo puede apuntar a
la humanidad entera".
En este terreno, sin embargo, "no hacemos más que
empezar", es decir, que la historia es un recomenzar
indefinido, tesis que nos recuerda la del eterno retorno, de
Nietzsche. Pero algo nuevo surge en nuestro tiempo: el que la
historia, por vez primera, se ha hecho universal:
-"Comparada con la actual unidad del globo terrestre,
lograda por los medios de comunicación, la historia que se ha
desarrollado hasta aquí no es más que una colección de crónicas
locales".
De aquí que "lo que llamamos 'historia' haya terminado,
en la acepción que damos a esta palabra". Y es ahora
cuando, en realidad de verdad, comenzamos a buscar el sentido
íntimo de la historia. Pero no es posible buscar ni encontrar este
sentido siguiendo una dirección escatológica: la historia no tiene
una "finalidad", pero tiene un sentido.
-"Cada fin, declara Jaspers, es particular, provisional
y superado. Enarbolar el conjunto de la historia como una historia
única donde algo se decide en su totalidad, entraña el descuido de
las realidades esenciales". Lo anterior no contradice la
tesis en que Jaspers afirma la necesidad intelectual de buscar la
unidad estructural de la historia, porque esta estructura no
consiste en una reiteración o repetición, sino en un devenir.
Además, lo importante es que para nosotros la historia tiene un
sentido diferente del que tuvo en épocas anteriores. Y esto porque
no solamente comprendemos su unidad a través de su diversidad
temporal y espacial, sino porque nos encontramos frente a una
realidad inédita y totalmente nueva: la que corresponde a los
horizontes que la era científico-técnica abre ante nuestra
mirada.
D. LA VISIÓN SOCIO-CULTURAL DE
ALFRED WEBER
Ante todo, Alfred Weber es conocido por los lectores de habla
castellana a través de la más densa de sus obras,
|Kulturgeschichte als Kultursoziologie (1935), magistralmente
traducida al español por Luis Recasens Siches con el título
|Historia de la Cultura
|
133
.
La moderna escuela socio-cultural se preocupa ante todo de
fundamentar una "sociología real" gracias a la
cual resulte posible comprender la evolución histórica del hombre a
través de sus propias creaciones. -"Gran parte de la labor
realizada por la escuela socio-cultural, escribe Sorokin
|
134
, se ha centrado
alrededor de tres problemas fundamentales: 1o, un análisis de las
características esenciales de los fenómenos socio-culturales en sus
aspectos estructurales; 2o, un estudio de las formas principales y
recurrentes de los procesos sociales en sus aspectos dinámicos; 3o,
una elucidacion de las relaciones uniformes y de la
interdependencia de las diversas clases de fenómenos
socioculturales".
De lo anterior cabe deducir la importancia de la escuela
socio-cultural en lo que propiamente concierne a la filosofía de la
historia, porque el concepto de historia -precisamente- ha sido
singularmente ensanchado por esta corriente intelectual, hasta
comprender no solamente los hechos exteriores del acontecer humano,
sino también los hechos interiores, es decir, la historia interna
del proceso evolutivo de la humanidad.
1. La teoría estructural interna de la
historia
En su obra
|Prinzipen der Gerchichts und Kultursoziologie,
traducida al español por José María Coco Ferraris
|
135
, afirma Weber: -"Lo
histórico presenta muchas formas y es, sin embargo, una unidad.
(...) Existen métodos antiguos de consideración histórica, que
procuran captar su rasgo de unidad. Lo que no existe hasta ahora es
un método reconocido para concebir la historia espiritualmente como
unidad de muchas formas esto quiere decir que, en concepto de
Weber, hace falta una historia concebida como síntesis, o un método
de síntesis histórica total. Por lo que hace a la de culturas, sin
embargo Weber realizó esta tarea en la obra citada al comienzo dé
esta sección capitular.
En sus
|Principios, traducidos con el título de
|Sociología de la historia y de la cultura, el notable
pensador estudia la posibilidad de formular una teoría estructural
interna de la historia, enfocada desde el ángulo de la sociología
de la historia. -"Si nos acercamos a la historia
planteándonos el problema del destino cultural de la humanidad,
escribe, y sea cualquiera nuestro concepto de la cultura, el
proceso histórico se nos presenta por partes, como una sucesión,
una aparición conjunta y una superposición dé grandes culturas ,
todas con su propia esencia, su propia actitud existencial, su
propia forma de expresión y fisonomía total, sus propias cimas y
depresiones, su propio ritmo de movimiento". Y agrega:
-" Dichas culturas aparecen engastadas en grandes cuerpos
históricos, diferenciados entre sí o bien reunidos en unidades a
través de un proceso de vida histórica colmado con sus propios
acontecimientos y que los pone en recíproca relación de victorias y
derrotas, conquistas y migraciones".
Por lo anterior, resulta claro que para Alfred Weber el proceso
de la historia es una sucesión y una superposición de grandes
culturas. Esta tesis se hace todavía más clara y convincente si
recordamos lo que antropológicamente considerado es el concepto de
cultura. -"Lo que distingue de los demás al hombre, ese
animal social que nos preocupa ahora, es la cultura. Esta tendencia
a desarrollar culturas reúne en un conjunto unificado todas las
fuerzas que operan sobre el hombre, integrando a favor del
individuo su medio natural, el pasado histórico de su grupo y sus
relaciones sociales".
|
136
El autor de los anteriores conceptos pasa revista luego a varias
definiciones de la cultura y declara: -"Una de las
mejores, aunque antigua ya, es la de E.B. Tylor, que la define como
'un todo complejo que incluye los conocimientos, las creencias, el
arte, la moral, las leyes, las costumbres y todas las inclinaciones
y hábitos adquiridos por el hombre en cuanto miembro de una
sociedad'; Los sinónimos de cultura son tradición y civilización,
pero su empleo se complica a virtud de las distintas clases de
implicaciones y de las diferentes características del
comportamiento tradicional".
Entiéndase, sin embargo, que la cultura -o las culturas- son el
aspecto íntimo, la fase interior del proceso histórico, tal como lo
entienden los partidarios de la corriente socio-cultural. En todo
caso, lo importante de esta tendencia es su generosa y amplia
visión, que enriquece enormemente el tradicional concepto de
"historia" y modifica radicalmente su estrecha
definición clásica: -Relato de hechos y acontecimientos dignos de
memoria.
Los "grandes cuerpos históricos a que se refiere Weber
poseen una estructura social que les es propia, "una
conformación general de las fuerzas instintivas o
voluntarias" que en cada uno de ellos palpitan. Dicha
estructura nada ofrece que se parezca a "una línea
unitaria de evolución" en la esencia de su cultura, pero
-tomados en su conjunto- tales cuerpos históricos se articulan en
una serie evolutiva cuando se considera un proceso determinado
"que en forma única e irreversible atraviese toda la
historia de la humanidad". Este proceso será, de
consiguiente, la pista que permite al investigador abarcar en su
conjunto el decurso del acontecer humano. Concretamente, para Weber
el proceso evolutivo de conjunto "se evidencia con máxima
claridad (...) como la continua ampliación y perfeccionamiento del
dominio exterior de la naturaleza por el hombre, o sea como un
proceso técnico".
La ambicionada pista, por consiguiente, es el progreso
tecnológico y es aquí, precisamente, donde mejor se percibe la
modernidad del pensamiento de Alfred Weber. Sólo que; para él, el
progreso técnico es "el sedimento de su presupuesto
espiritual" o sea del conocimiento intelectual, que
también ha avanzado por etapas. A su turno, "el trasfondo
de este conocimiento práctico acerca de la naturaleza es la
aclaración teórica, gradual y racional, de la imagen del mundo y
del Yo, en la medida en que esto es posible con recursos
intelectuales".
Ahora bien: cuál es la esencia del proceso total que fluye
unitariamente a través de la historia de la humanidad? Parece ser,
según Weber, "el esclarecimiento en constante progreso de
un cosmos de conocimientos, en cierto modo preexistente al hombre,
para la captación intelectual del Yo y del mundo, su gradual
incorporación a la vida mediante los 'descubrimientos' y su
aplicación práctica". A esto es a lo que, en defecto de
una más adecuada denominación, suele llamarse proceso de
civilización de la humanidad.
Ese proceso "penetra a través de los diversos cuerpos
históricos y crece en ellos, ofreciendo a su estructura social,
gracias al sedimento técnico, medios siempre renovados de
organización". El proceso técnico influye, a su vez,
"en el mundo objetivo espiritual" y colabora con
las propias tendencias de la estructura social para modificarla,
"reformando así la existencia exterior". Pero
frente al avance de la técnica, "la fuerza anímica del
sector histórico" reacciona a fuer de agregación vital que
defiende "su fisonomía anímico-espiritual". Surge
así una dinámica que explica las modalidades del acontecer
histórico y de sus cambios profundos.
|
137
2. La historia y la sociología de la
cultura
Observa Weber, con sobrado fundamento, que la vida -tanto la
personal como la histórica- es sinónimo de movimiento, de
corriente, de metamorfosis.
|
138
Si en la consideración de la historia
como destino total humano partimos del movimiento interior y
"procuramos captarlo como unidad" y, al propio
tiempo, como "pluralidad de la conformación", nos
encontramos enfrentados a una dinámica singularmente compleja.
Esa dinámica constituye la esencia de todos los destinos
históricos. -"En toda composición histórica se debe aludir
a esta dinámica, a sus regularidades, corrientes y tendencias (...)
para poder captar luego correctamente lo individual y no
repetible". La gran historia está
"engastada" dentro de dichas regularidades, pero
lo que más interesa captar es el acontecer general peculiar de cada
ciclo histórico. Además, es el problema de nuestro propio destino
el que nos impulsa a la interpretación de la historia. Pero al
formular los interrogantes supremos, el historiador que se límite a
individualizar está condenado al fracaso. Para ello, necesita de la
ayuda del sociólogo. En otras palabras: para filosofar sobre la
historia, el historiador debe ser también sociólogo.
Lo que Alfred Weber propone llamar sociología de la historia es
un cuerpo de doctrina que abarca necesariamente el conjunto de la
vida histórica. Pero este conjunto sólo puede avizorarse como el
proceso evolutivo de los grandes ciclos culturales. La
"fisonomía cultural" de un cuerpo histórico
consiste en sus rasgos característicos, tal como aparecen en un
determinado momento, "por lo general cierto tiempo después
del ingreso de un pueblo a la gran corriente de la
historia".
Sociología de la historia y sociología de la cultura se
interpenetran, en el sistema de Weber, para proporcionarnos la
única base conceptual, indispensable para la total comprensión del
acontecer humano en su doble realidad: la historia externa y la
interna. Esto no quiere decir que la sociología de la cultura se
identifique con la filosofía de la historia, tal como el mismo
Weber advierte expresamente.
-"Por comparación con la de Hegel, casi toda filosofía
sistemática de la historia, precedente o contemporánea, esquematiza
en forma evolutiva, y ese era también el caso de toda la precedente
sociología de la historia, desde Saint-Simon y Comte hasta Spencer
y Lamprecht. Era sociología, y no filosofía de la historia, en la
medida en que se limitaba a observar, sin interpretar
teleológicamente, y también en la medida en que analizaba
estructuralmente la totalidad histórica. Por ello, tropezaba
inevitablemente con lo social como parte esencial de dicha
totalidad".
|
139
Afirma Weber, con sobrada razón, que todo historiador puede ser
también sociólogo de la historia y de la cultura y que lo es -de
hecho- cuando presenta los fenómenos por él tratados, y ante todo
los fenómenos culturales, dentro de un análisis estructural
realmente articulado, porque esta articulación es lo que le permite
presentar como un conjunto integral los diversos aspectos del
acontecer histórico.
Para comprender todo lo anterior hace falta recordar que -para
Alfred Weber- la sociología de la cultura tiene como objeto el
estudio de las interpretaciones individuales y autónomas de las
"grandes entidades" de dicha cultura, no menos
que el examen de sus "fisonomías", orígenes y
manifestaciones concretas. Y también, la formulación de una
interpretación histórica total de la situación humana y cultural
del presente.
Obsérvese, finalmente, que la teoría de Weber establece una
notoria e irreductible dicotomía entre cultura o civilización
tecnológica y cultura ideológica o no material. Sin compartir tal
opinión, el ilustre sociólogo Pitirim Sorokin, se refiere a ella
lúcidamente, indicando que -según Marx, Ogburn, Alfred Weber y
otros pensadores- la primera que cambia es la cultura material o
"civilización", yéndole a la zaga la ideológica o
no material: -"Las razones son que los inventos, en la
cultura material, son más numerosos y frecuentes que en la
inmaterial; que para introducir cambios en ésta hay que vencer más
obstáculos (...); que los intereses creados, en una sociedad dada,
oponen mayor resistencia a un cambio de la cultura inmaterial que a
un cambio de la material, y que la cultura material se difunde
universalmente y la inmaterial sólo localmente. Por ejemplo, y
según esta teoría,, la cultura m de Occidente ha sufrido un
profundo cambio durante estas últimas décadas, en tanto que nuestra
familia, nuestras instituciones políticas y, en general, nuestra
cultura inmaterial han substituído conforme correspondían a la
cultura material de siglos anteriores".
|
140
E. UNA OBSERVACIÓN FINAL
La preocupación filosófica respecto del acontecer histórico es
un signo persistente del pensamiento occidental. De aquí que
después de Spengler, Toynbee, Jaspers y Alfred Weber, hayan surgido
nuevas hipótesis al respecto, y que ciertos pensadores hayan
enfocado el problema desde puntos de vista muy sugestivos.
Así, por ejemplo, Raymond Aron, quien ha insistido en
|la
relatividad del conocimiento histórico y cuya
|Introducción a la
|Filosofía de la Historia es uno de
los más importantes aportes del humanismo francés
contemporáneo.
|
141
Cabe suponer que, hasta donde llegue nuestro pensamiento,
profundizando en los tiempos futuros, habrán de formularse nuevas
teorías y nuevos sistemas para explicar la historia. Sólo que tales
sistemas corresponderán no propiamente a un mejor y más profundo
conocimiento de la historia, sino a las condiciones internas de la
evolución de la cultura, porque cada generación y carla época tiene
de los valores culturales -y por lo tanto de la historia- un
diferente concepto.
|
119
|
|La decadencia de Occidente. -
|Bosquejo de una
morfología de la historia. Trad. española de M. García Morente.
Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1925. Para los fines de nuestro estudio,
hemos tenido a la vista la décima edición de esta traducción
(1958).
|
|
120
|
Gaetán Picón y colaboradores:
|Panorama de las ideas
contemporáneas. Trad. española. Ediciones Guadarrama. Madrid,
1958. Páginas 277-278.
|
|
121
|
Spengler:
|Obra cit. Trad. española. Tomo I, página
25.
|
|
122
|
Picón:
|Obra cit. Pág. 278.
|
|
123
|
Spengler:
|Obra cit. Tomo I, Introducción. Página
31.
|
|
124
|
Spengler:
|Obra cit. Tomo I, pág. 161.
|
|
125
|
Spengler:
|Obra cit. Tomo I, Introducción. Página
48.
|
|
126
|
|Estudio de la Historia, por Arnold J. Toynbee. Vol. I:
Compendio de los volúmenes I-VI, por D.C. Somerveil. Vol. II:
Compendio de los Volúmenes VII-X, por el mismo. Emecé Editores,
S.A. Buenos Aires. 1952 y 1959, respectivamente.
|
|
127
|
La sociedad o civilización "andina", desde
luego, corresponde a la del Imperio Incaico.
|
|
128
|
Incitación y respuesta son presupuestos básicos en el sistema
de Toynbee. Cuando, a una incitación dada, una sociedad no da una
respuesta adecuada, ello significará que ese conglomerado ha
perdido su propia vitalidad, su carácter dinámico.
|
|
129
|
Somervell:
|Compendio cit. Vol. II, página 384.
|
|
130
|
Stern, Alfred:
|La filosofía de la historia y el problema de
los valores. Trad. española. Eudeba, Buenos Aires, 1963. Página
73.
|
|
131
|
En
|Teoría e investigación históricas en la actualidad.
(Richard Dietrich, ed.) Trad. española. Editorial Gredos, S.A.
Madrid, 1966. Páginas 46-47.
|
|
132
|
Citamos por los extractos que figuran en el
|Panorama de las
ideas contemporáneas, de Gaetán Picón. Ed. cit., páginas
303-307.
|
|
133
|
Weber, Alfred:
|Historia de la Cultura. Séptima edición
en español. Fondo de Cultura Económica. México, D.F., 1963.
|
|
134
|
Sorokin, Pitirim A.:
|Sociedad, cultura y personalidad-Su
estructura y su dinámica. Trad. española. Tercera edición.
Aguilar, S.A. de Ediciones. Madrid, 1966. Página 41.
|
|
135
|
Weber, Alfred:
|Sociología de la historia y de la
cultura. Segunda edición en castellano. Ediciones Galatea Nueva
Visión. Buenos Aires, 1960.
|
|
136
|
Herskovits, M.J.:
|Man and his works. Tenemos a la vista
la traducción francesa de esta obra:
|Les bases de I´Antropologie
culturelle. Payot. París, 1967.
|
|
137
|
Weber, Alfred:
|Sociología de la historia y de la
cultura. Ed. cit. Páginas 21.
|
|
138
|
-"Pensemos en lo que aparece en la eterna alternativa
de nacimiento y muerte, catástrofes telúricas, variaciones
climáticas, incremento y disminución de la población, migraciones y
luchas por los mejores sitios, predominio y sometimiento; en lo que
aparece en as etapas más elevadas, en el proceso de crecimiento
dominio de la naturaleza, en la liberación espiritual de la
estrechez y angustia de sus vínculos y en la lucha -omnipresente-
del alma, humana por un mundo de símbolos y formas que la
expresen". Weber, Alfred:
|Ibid., página 92.
|
|
139
|
Weber, Alfred:
|Obra cit. Página 35.
|
|
140
|
Sorokin, Pitirim A.:
|Obra cit. Páginas 1058-1059.
|
|
141
|
Escribe Aron en su
|Introduction ala Philosophie de
I'Histoire, perfilando el carácter de su pensamiento
-escéptico, pero profundamente humano y renovador-: -"La
existencia del hombre es dialéctica, es decir, dramática, pues obra
en un mundo incoherente, se compromete a pesar de la duración y
busca una verdad que huye, sin otra seguridad que una ciencia
fragmentaria y una reflexión formal".
|
|