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Capítulo XV
EL PENSAMIENTO CRISTIANO DE NICOLÁS
BERDIAEFF
Nicolai Alexandrovitch Berdiaeff, pensador ruso, nació en 1874 y
falleció en Paris en 1948. Dos de sus obras.
|El sentido de la
historia (1922) y
|Una nueva Edad Media (1924),
ejercieron poderosa influencia en Europa y en Hispanoamérica en los
años que antecedieron a la segunda guerra mundial.
De la evolución de su pensamiento, y de su filosofía
"definitiva", habla Berdiaeff en su
|Autobiografía espiritual (114). Con Gabriel Marcel,
Berdiaeff fue uno de los más visibles representantes del
existencialismo cristiano.
A. EL SENTIDO ESCATOLÓGICO DE LA
HISTORIA
-"Me es peculiar el sentimiento escatológico, el
sentimiento que es inminente una catástrofe y el fin del
mundo", confiesa Berdiaeff
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114
. Esta posición se explica, al decir del
del mismo pensador, no sólo por su perfil espiritual, sino por su
"tendencia a la inquietud".
Berdiaeff partió de una concepción básicamente escatológica del
cristianismo. Solo que su escatología, según propia declaración,
tuvo un carácter metafísico y no propiamente histórico.
-"Antes de la primera guerra mundial, cuando nadie lo
sospechaba siquiera, yo afirmé que se aproximaba una época
catastrófica. Vi claramente que en el mundo se realizaba un proceso
no sólo de descristianización, sino inclusive de deshumanización,
de desfiguración de la imagen del mundo".
Lo anterior nos está diciendo que Berdiaeff fue diametralmente
opuesto a la tesis del progreso indefinido del hombre, individual o
colectivamente considerado: -"Veo la historia en una
perspectiva escatológica. Siempre he filosofado como si se acercase
el fin del mundo y no hubiera perspectiva del tiempo". Sin
embargo, el escatologismo de Berdiaeff no es de raíz apocalíptica,
en el sentido bíblico del vocablo, sino de signo heterodoxo, lo que
le permitió escribir: -"El elemento sádico ocupa un
importante lugar en la historia de la religión, y es también
intenso en la historia del cristianismo (...) La afirmación de
humanidad del cristianismo provoca verdadero odio en los
innumerables cristianos que consideran la crueldad como el signo
fundamental de la ortodoxia religiosa".
Para Berdiaeff, la escatología significa objetivación simbólica
de la tragedia del conocimiento, tal como lo afirma en su
|Autobiografía
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115
. O, en otras palabras, "el fin
de la objetivación, el paso a la subjetividad propia del reino de
la libertad". Lo que, en cierta manera, equivale a decir
que el destino del hombre, o su liberación, consiste en la
superación de lo objetivo, o sea de lo histórico.
La posición escatológica, al implicar un vivo sentimiento de
proximidad a un fin inminente, descarta la posibilidad del progreso
indefinido: -"La historia posee un sentido porque es algo
que termina. Una historia que no tuviese término carecería de
sentido. El progreso indefinido es un absurdo. Por ello la
verdadera filosofía de la historia es filosofía de la historia
escatológica, es la comprensión del progreso histórico en el mundo
del fin, y hay en ella un elemento profético. Existe una
escatología personal, una apocalipsis personal, y hay una
escatología histórica, una apocalipsis histórica. Siempre he creído
que ambas escatologías andan indisolublemente unidas. El destino
histórico y el fin histórico conducen a mi destino y a mi propio
fin. En esto veo yo el más profundo problema metafísico. Existe un
conflicto trágico entre la historia, el proceso histórico y la
personalidad: el destino personal".
Líneas más adelante, Berdiaeff se encarga de precisar más su
tesis escatológica, por lo que dice a la historia, y escribe lo
siguiente: -"No existe ninguna ley que rija un proceso
histórico necesario, lo cual es contrario a la libertad del hombre
y presupone una engañosa objetivación de la teología. Un progreso
necesario es pensado en la objetivación del tiempo. En cambio, la
libertad del hombre se encuentra en el plano existencial. Sin
embargo, es igualmente erróneo hablar de un retroceso necesario en
la historia. Optimismo y pesimismo son formas iguales de
determinismo, y las dos contradicen a la libertad. La historia no
es ni un progreso en línea ascendente, ni tampoco un retroceso,
sino una lucha trágica, en la que crece tanto el bien como el mal,
y en la que se pone de manifiesto toda contradicción, todo
contraste".
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116
B. EL FRACASO DE LA HISTORIA
HUMANISTA
Para Berdiaeff, el progreso -que sacrifica todo el pasado en
aras del futuro es "un falso dios", y la
"historia humanista" es un fracaso. Berdiaeff
considera que la teoría del progreso carece de fundamento, salvó
-posiblemente- el hecho de que "esa creencia representa,
sin que sus adeptos se den cuenta, un carácter religioso".
Esto, porque implica la esperanza de que "la tragedia de
la historia" tiene una finalidad trascendente.
Es decir, que la idea del progreso en la historia sólo puede ser
aceptable cuando reviste un significado escatológico. De aquí el
que Berdiaeff condene la historiografía humanista: -"Es
por eso que los teóricos positivistas del progreso han ahogado
deliberadamente esta idea, pues querían despojar su concepción de
todo lo que era de naturaleza tal que le confería un carácter
religioso".
Explica Berdiaeff que la teoría positivista, al afirmar que el
desarrollo de la historia humana se cumple por generaciones y
constituye un movimiento a virtud del cual la humanidad se aproxima
cada vez más "a un vértice desconocido", afirma a
la vez algo insostenible, como lo es que cada generación
antecedente sólo ha sido un medio o instrumento para un fin
determinado. Es aquí precisamente donde insurge la posición
existencialista de Berdiaeff: -"Ese fin último sería,
pues, un estado de perfección, de poder, de felicidad, del que sólo
se beneficiaría la humanidad futura, pero en el que yo, que formo
parte de la generación presente, no tomaré parte
alguna".
Comprendida en tal forma, por consiguiente, la idea del progreso
-y la validez de una historiografía basada en ella- no pueden
aceptarse porque "no merecen nuestra atención
interior" y porque impiden que el hombre se libere de los
sufrimientos de la vida. Ello entraría una monstruosa injusticia:
-"Con toda conciencia, esta teoría sólo reserva la muerte
y la tumba a la masa infinita de las generaciones que han vivido en
un estado de dolor e imperfección; sólo, pues, en el vértice de la
vida histórica aparecería, sobre los huesos de todos los que la
precedieron, una generación de hombres felices".
En esto, Berdiaeff coincide con muchos pensadores contemporáneos
y especialmente con quienes se refieren a una "totalidad
histórica" en el sentido de justificar el pasado y todo él
pasado. Justificación que sería imposible si el logro de una sola
generación feliz implicara el sacrificio de otras, innumerables.
Ahora bien, como la "historia humanista", o sea
la historiografía positivista, se basa en la idea del progreso
indefinido, esa historia constituye un fracaso: -"Tal es
la principal contradicción del progreso, que lo hace moralmente
inaceptable e inadmisible. Constituye la base de una religión de
muerte y no de resurrección, y no proporciona ninguna promesa de
vida eterna para todos los vivos".
Todo lo anterior no se compagina muy bien con otra afirmación de
Berdiaeff, según la cual "considerando el proceso
histórico en su totalidad, se comprueba de una manera asombrosa que
su principal fracaso consiste en que no ha sabido (sic) realizar el
Reino de los Cielos y que ha sido inclusive incapaz de aproximarse
nunca a esta tarea". Tendríamos, además, que observar que
-en sí mismo considerado- el proceso histórico "en su
totalidad" no es auto-conciente ni conlleva una
telefinalidad absoluta. Cosa distinta es que los historiógrafos
positivistas crean encontrar en ese progreso un orden ascendente,
un progreso indefinido.
Berdiaeff termina afirmando: -"Puede decirse que toda
la historia humanista moderna no ha sido más que un fracaso; que el
Renacimiento no ha tenido éxito, y que todo lo que ha creado no
correspondía a sus designios ni a sus intenciones". En lo
que encontramos la raíz de la segunda de las obras famosas de
Berdiaeff:
|Una nueva Edad Media. En este libro,
efectivamente, sostiene Berdiaeff que sólo aproximándonos al
concepto cristiano del existir propio de la Edad Media podremos
encontrar "el sentido de la historia".
C. LA HISTORIA COMO PROCESO
TRÁGICO
Esta concepción clave, base del pensamiento de Berdiaeff, se
remonta a dualismo agustiniano. A través de la historia, el hombre
ha seguido una ruta señalada por las incidencias de la lucha entre
el bien y el mal (la "civitas divina" y la
"civitas terrena"). Para la concepción cristiana,
tal como la entiende Berdiaeff, no existe progreso concebible fuera
del progreso espiritual. Esto porque, como explica Uscatescu
|
117
, el optimismo de
la teoría naturalista del progreso. universal concibe un desarrollo
puramente mecánico del mundo y se resuelve, en definitiva, en una
doctrina típicamente estática: -"Para la concepción
cristiana de la historia, que es una filosofía basada en razones
escatológicas, todo proceso en el campo de la realidad histórica se
funda en un hecho primordial:
|el principio de la
libertad."
Desde luego, resulta muy claro que el progreso indefinido, en su
acepción mecanicista, se opone a la idea de la libertad del hombre.
El proceso histórico resulta ser un "proceso
trágico" precisamente porque presupone la lucha entre
fuerzas antagónicas. Desde luego, esta concepción es escatológica,
porque conduce a una sola solución: la realización o conquista del
reino de Dios -de la "Ciudad de Dios"- como
resultado del conflicto del acontecer histórico. Solo que este
conflicto opera, por lo que dice al hombre, dentro de la órbita de
la libertad, y no de la necesidad, como lo sería si el
"progreso" fuese un fenómeno puramente
mecanicista, irreversible e inevitable.
La historia se nos aparece así como un proceso
|esencialmente
creador, toda vez que se basa en la idea de la libertad, y que
tal como escribe Berdiaeff, "todo el misterio de la
libertad consiste precisamente en el hecho de que ella puede
orientarse bien hacia Dios o bien contra Dios". De donde
el principio de la libertad y el de la creación son valores
"divinos y eternos".
Insiste Berdiaeff en la tesis de que, en la concepción
cristiana, la memoria histórica viene a substituir, al menos en
parte, la imperfección del tiempo, "provocada por su
disociación en fragmentos en pugna" y de que la
"historicidad del hombre se revela precisamente en su
posibilidad de identificarse con el proceso histórico, con lo que
vulgarmente se llama el pasado". Ahora bien: esto se
explica por la
|memoria histórica, principio básico
"en perpetua lucha con los principios letales del
tiempo". Dicha memoria viene a ser, en realidad,
"una forma de manifestación de lo eterno en el tiempo
histórico" y gracias a ella podemos captar el proceso de
la historia.
Consecuencia última de esta manera de pensar y de enfocar
filosófica y "teológicamente" el acontecer
histórico, será "la definitiva integración del hombre en
la historia". -"En la conciliación entre el
principio hombre y el principio historia, escribe Uscatescu
|
118
, descansa así una
filosofía de la historia capaz de alcanzar las trágicas dimensiones
del proceso histórico. La oposición, la contraposición entre estos
dos principios, significaría la reducción a la nada, tanto del
hombre como de la historia".
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114
|
Berdiaeff:
|Autobiografía espiritual. Trad. española.
Luis Miracle, editor. Barcelona, 1957.
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115
|
|Ibid., página 269.
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116
|
|Ibid., páginas 275/276.
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117
|
George Uscatescu:
|Escatología e historia. Trad.
española. Ediciones Guadarrama. Madrid, 1959. Página 93.
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118
|
|Ibid., página 91.
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