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INDICE
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Capítulo I
DE SAN AGUSTÍN AL RENACIMIENTO
A. EL PANORAMA HISTÓRICO
Podría afirmarse que, en su más remoto origen occidental, la
Filosofía de la Historia arranca de la primera de las utopías
políticas. Nos referimos a
|La República, de Platón. En la
que se describe la hipotética organización de un Estado
"perfecto", de tipo casi comunista, por
cierto.
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8
Sin embargo, qué tiene que ver una "utopía"
más o menos fantástica, con la realidad histórica? Podríamos
contestar diciendo que esa relación es la misma que media entre la
"ciencia ficción" y la "ciencia
oficial". La primera, anticipándose a las conquistas de la
segunda, suele prefigurar las realidades del futuro.
Además, toda "utopía" política es un esfuerzo
por concebir un "mundo mejor", es decir, un
sistema de relaciones humanas más justo y conveniente. Y, por lo
tanto, un intento por inducir -imaginativamente al menos- un cambio
radical en el orden del acontecer histórico.
De aquí que en el curso de esta breve exposición, nos veamos
obligados a referirnos especialmente a las modernas
"utopías" políticas. Algunas de las cuales han
cristalizado en la realidad histórico-política de nuestro tiempo.
Así lo demuestra la existencia del mundo soviético, y la caudalosa
adopción de sus técnicas y conceptos fundamentales por los países
capitalistas llamados "democráticos".
B. LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA EN
SAN AGUSTÍN
Cabe hablar de una verdadera "filosofía de la
historia" al referirnos a La Ciudad de Dios? Para
contestar esta pregunta hacen falta algunos planteamientos previos,
a más de la ubicación del ilustre pensador cristiano dentro de la
época -agitada y angustiosa en que vivió.
En primer término, no debe olvidarse que Agustín de Hipona,
antes de convertirse al cristianismo, había sido maniqueo. Y que
las doctrinas de la secta maniquea afirmaban un dualismo eterno y
casi irreductible entre el principio del bien y el espíritu del
mal.
De otra parte, San Agustín se consideraba como lo que era: un
ciudadano romano. Y contemplaba angustiado una situación histórica
en que en la misma medida que se cristianizaba el imperio, perdía
su fuerza y se veía amenazado por multitud de factores internos y
externos.
Estos hechos, y el largo y dramático proceso intelectual que
condujo al gran pensador a abrazar el cristianismo ortodoxo,
constituyen los antecedentes psicológicos de
|La Ciudad de
Dios. Esto, porque come escribe Chevalier, "en su
propio destino leyó el destino del hombre".
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1. La ciudad divina y la ciudad
terrena
La Ciudad de Dios, obra muy desigual en cuanto a su contenido,
consta de 22 libros o partes, y es una síntesis de la historia
universal y de la "historia divina". En realidad,
es la respuesta que un intelectual romano de la decadencia, ya
cristianizado, da al problema histórico de su tiempo. Esta
respuesta consiste en una radical contraposición del mundo pagano
al mundo cristiano: al primero había pertenecido el pasado; al
segundo corresponde el porvenir. En sus
|Retractaciones
(11,69), San Agustín explica que habiendo sido Roma invadida por
los godos de Alarico y "sucumbido al peso de un inmenso
desastre", muchos paganos trataron de atribuir esta
calamidad a la religión cristiana y que por ello se decidió a
escribir una obra en la que se refutase esa falsa imputación.
En la redacción de
|La Ciudad de Dios trabajó San Agustín
desde el año 413 hasta el 426. Sus diez primeros libros están
dedicados a refutar la opinión de quienes aseguraban que los
infortunios históricos de la época se debían al abandono de las
antiguas creencias religiosas. Los doce restantes se dividen de
cuatro en cuatro, así: a) los que tratan del origen de las dos
Ciudades; b) los que explican su desenvolvimiento, y c) los que
examinan los fines que les han sido asignados.
La parte realmente sustantiva de la obra, por consiguiente, se
contiene en sus doce últimos libros. Los ataques de los paganos
contra la religión cristiana, para San Agustín, son un episodio
-entre innumerables- de la lucha permanente que se desarrolla entre
la ciudad divina y la terrestre: en la primera, impera el amor de
Dios, y el hombre puede superar su natural egoísmo; en la segunda,
reina el amor propio, llevado hasta el deprecio de Dios.
En definitiva, la filosofía histórica propuesta por San Agustín
escinde en dos planos el acontecer histórico: uno -la ciudad
divina- posee finalidad propia y trascendente; otro -la ciudad
terrestre- es un orden puramente humano y negativista. Sólo cuando
la ciudad terrestre se transforme en etapa preparatoria y
conductiva hacia la ciudad divina, se habrá solucionado una lucha
que arranca del pecado original. Conviene precisar, sin embargo,
que en un cierto sentido la ciudad terrestre se confunde con el
Estado y especialmente con uno de sus elementos: el poder público o
autoridad política.
Por lo demás, el bien supremo a que tiende o debe tender la
humanidad es la paz, y más concretamente, la paz social. Como
escribe Chevalier,
|La Ciudad de Dios es "el primer
ensayo grandioso y coherente de una filosofía de la historia que
coordina la marcha de los acontecimientos y el progreso de la
humanidad con la lucha incesante entre los hombres esclavos del
hombre y los hombres que son los servidores de
Dios".
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2. El gobierno providencial del
mundo
En el proceso histórico, en el dinámico conflicto de la Ciudad
de Dios y de la Ciudad terrestre, ni los propósitos ni las pasiones
de los hombres son causas determinantes del acontecer. En último
término, tales designios y pasiones entran en los planes divinos,
porque inclusive las "causas voluntarias",
eficientes por sí mismas, dependen de la voluntad de Dios.
En esta forma plantea San Agustín su teoría del gobierno
providencial del mundo, gobierno no "inmediato",
sino escatológico o finalista, porque el progreso y
perfeccionamiento de la Ciudad de Dios opera "a expensas
de la Ciudad terrestre". En todo esto, puede observarse
una noción implícita de devenir que, en un cierto sentido, se
anticipa en muchos siglos a Hegel.
Por lo demás, los eternos designios de Dios no impiden el
ejercicio de. la libre voluntad humana, sino que en proceso; de
superación del plano simplemente terrestre, esa volunta libre va
perfeccionándose paulatinamente. Corolario de lo anterior es el de
que "ser plenamente libre equivale, para el hombre, a
obedecer los propósitos divinos". La historia del espíritu
humano resulta ser así la del acontecer humano: una evolución
constante, un grandioso y prolongado encadenamiento de superaciones
"hacia la justicia y el amor"
Este concepto dinámico de la historia explica la influencia
ejercida por San Agustín sobre numerosas filósofos de la Edad Media
y, en especial, sobre pensadores modernos tan representativos e
influyentes como Vico, Condorcet, Comte, Herder y el mismo
Kant.
C. LA UTOPIA ESCATOLÓGICA DE
JOAQUÍN DE FLORIS
Entre el aporte de San Agustín y la filosofía del Renacimiento
encontramos -en el terreno de la interpretación trascendente de la
historia- el pensamiento augural del monje Gioacchino da Fiore más
conocido en nuestra lengua como Joaquín de Floris (1133-1202).
Nacido en Calabria, el autor de
|El Evangelio eterno fue un
precursor del espíritu de San Francisco de Asís, como que intentó
renovar las instituciones eclesiásticas e imperiales de la Edad
Medía retornando a las fuentes primigenias de! cristianismo.
Los comentaristas de Joaquín de Floris hablan de su
"sueño humanitario" y también de su
"utopía escatológica". Ocurre que este gran
pensador místico creía que se acercaba "la plenitud de los
tiempos", o sea el advenimiento del reino de Dios. De
consiguiente, era necesario preparar a la humanidad para este
arribo de un orden espiritual superior modificando el curso del
acontecer humano. Según de Floris, la historia del mundo se divide
en tres épocas, cada una de las cuales está precedida por un
símbolo trascendental: la primera es la Edad del Padre, o sea la
que corresponde al Antiguo Testamento; la segunda, la del Hijo, o
sea la del Evangelio, y la tercera habrá de ser la del Espíritu
Santo. En la primera, predomina lo terreno "lo
carnal", es decir la parte somática del hombre; en la
segunda, lo terreno lucha con lo espiritual; en la última,
predominará totalmente el espíritu. Consecuencia de esta teoría es
que el orden político debe fundarse en un orden moral y espiritual
inspirado en ideales de abnegación, de humildad y de auténtica
caridad cristiana.
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La influencia ejercida por el pensamiento
"utópico" de Joaquín de Floris fue muy
persistente y dilatada, pero fluyó al margen de la política oficial
de los pontífices romanos, bien que sin entrar en conflicto con la
ortodoxia. Si sus tesis eran "utópicas", lo son
también muchas aportes fundamentales del pensamiento renacentista.
Maquiavelo, sin embargo, fue un espíritu realista, como corresponde
a su condición de avisado diplomático y político.
D. LA CONCEPCIÓN HISTÓRICO-POLÍTICA
DE MAQUIAVELO
1. Los Discursos sobre Tito Livio
Nicolás Maquiavelo (1469-1527), nacido en Florencia, estuvo al
servicio de los Soderini, los Borgia y los Médicis, y durante algún
tiempo residió en Roma. Su actitud precavida fue, en buena parte,
consecuencia del infortunio de Savonarola, el gran reformador
dominico que insurgió contra la corrupción de su época. Al respecto
escribe perspicazmente Bertrand Russell: -"Estas
acontecimientos se prestaban a la reflexión sobre la naturaleza del
poder y del éxito político. Maquiavelo escribió más tarde que los
profetas desarmados siempre fracasan, poniendo como ejemplo a
Savonarola".
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Al ser desterrados los Médicis de
Florencia, Maquiavelo desempeñó importantes cargos públicos, y a
partir de 1512 se consagró al estudio y a la redacción de sus
obras. Entre estas sobresalen los Discursos sobre
|Tito Livio y
El Príncipe.
En la primera, examina el célebre diplomático florentino el
poder político y la manera como se ejerce de acuerdo con los
distintos sistemas de gobierno. Utilizando un presupuesto ético,
establece una escala de valores respecto de los gobernantes, que va
desde los fundadores de religiones hasta los tiranos que detentan
el poder y lo ejercen arbitrariamente. Escéptico en asuntos
religiosos, Maquiavelo opina que las relaciones de la religión y
del Estado no pueden basarse en la consideración de que la primera
sea falsa o verdadera: lo que importa es que el Estado la utilice
como factor de cohesión social.
En los
|Discursos, lo más interesante es la teoría de los
frenos y los equilibrios: se trata de que todos los
"ordenes" de la sociedad, es decir, todas las
clases sociales, posean una cierta apariencia respecto al
funcionamiento del Estado, pero ante todo para que se controlen
recíprocamente. El poder de tales "órdenes" será
el freno para los abusos del Estado, y su equilibrio asegurará la
estabilidad del Estado. Esta tesis se proyectó sobre el pensamiento
de Locke y de Montesquieu. De aquí su importancia, que se refiere
mejor a la teoría política que a la filosofía de la historia. Sin
embargo, medida que nos acercamos a la época presente, ambas
disciplinas tienden a aproximarse cada vez más hasta confundirse en
ocasiones.
2 El Príncipe
Pocas obras como esta han suscitado mas comentarios farisaicos y
erróneas interpretaciones. Ocurre que, ante todo, Maquiavelo fue un
político realista, una mentalidad ajustada al orden práctico del
acontecer humano. Desde luego, el autor de
|El Príncipe no
retrocede ante ninguno de los sistemas que permiten conquistar y
conservar el poder autocrático, y reconoce que en este terreno el
fin justifica los medios. Comprueba y sistematiza así hechos y
métodos no inventados por él, sino que son tan antiguos como la
humanidad. Escuchemos también, a este respecto, la autorizada
opinión de Bertrand Russell: -"Haciendo justicia a
Maquiavelo, es preciso reconocer que no preconiza la villanía. Su
campo de investigación se encuentra más allá del bien y del mal,
exactamente como en el caso de las investigaciones llevadas a cabo
por un físico nuclear. El que ello sea bueno o malo es cosa que no
interesa a Maquiavelo".
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Desde luego, las tesis del político florentino son inmorales o,
mejor, amorales. En la misma medida que lo es el ejercicio del
poder autocrático y arbitrario, en que lo que importa es superar
todas las normas éticas y legales, pero mistificando la opinión de
los gobernados bajo la máscara de la virtud. En la dedicatoria de
su obra a Lorenzo de Médicis, Maquiavelo declara que su comprensión
y justificación de las acciones de los grandes-hombres fluye de su
experiencia en la política de su tiempo y del estudio de la
antigüedad. En tal forma se presenta a si mismo como un empirista
pero en realidad es un dogmático, que anticipa una teoría
aprovechada por los modernos sistemas totalitarios, especialmente
por el nazismo.
La contribución de Maquiavelo a la filosofía de la historia es
meramente indirecta. Pero no por ello menos operante en el terreno
de la historia política, especialmente a partir del
|Risorgimiento, o sea de la lucha por la unidad e
independencia de Italia. En dónde radica entonces lo que hemos
llamado su "concepción histórica naturalista"?
Simplemente, en la aceptación de un orden de cosas que no trata de
superar, sino de consolidar; en su posición descarnada y realista
frente al acontecer histórico de su tiempo. Por ello, podernos
considerarlo como al "anti-utopista" por
excelencia, en cuanto frio expositor de una irreductible antinomia
entre la ética y la política.
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E. LAS UTOPÍAS RENACENTISTAS
La aspiración a un mundo mejor, a condiciones de existencia más
razonables y a instituciones más funcionales y justas, explican
todos los sistemas imaginarios o esquemas hipotéticos de
organización socio-estatal conocidos con el nombre de
"utopías", palabra que se deriva del título de la
obra capital de Tomás Moro, publicada en el año de 1516.
Desde luego, la primera de las "utopías"
políticas fue
|La República de Platón, cuyo contexto, aunque
ideal y revolucionario, se basaba en muchas de las realidades
socio-económicas de la antigüedad griega, como la esclavitud. Las
utopías del Renacimiento, en cambio, son el resultado de la
imaginación creadora de pensadores que, disfrazando su
inconformidad bajo la apariencia de inofensivas ficciones
imaginativas, proponen en realidad hipótesis ingeniosas, e
inclusive proféticas, respecto a la posibilidad de sistemas
sociopolíticos y económicos absolutamente diferente a los conocidos
hasta entonces.
1. La obra de Thomas Morus
Tomás Moro, hombre de estado y prelado inglés nacido en el año
de 1480, fue decapitado en Londres el día 6 de junio de 1535. El
título completo de la obra que, a par de la reciedumbre de su
carácter, lo libra del olvido es
|De optimo reipublicae statu
deque nova insula Utopia. Se trata, pues, de una isla
imaginaria donde impera un régimen político diferente y
ambicionable.
Dada la psicología del autor, no es de extrañar que en una breve
introducción a su obra censurara con acritud las medidas
gubernamentales que habían sumido a los campesinos ingleses en la
miseria: -"Las ovejas se han comido a los
hombres". Esto, porque el gobierno, después de haber
confiscado las tierras comunales en provecho de los favoritos del
rey, les había permitido establecer en ellas sus ganados,
substrayéndolas a la agricultura. Millares de campesinos, para no
morir de hambre, se dedicaron al bandolerismo: -"Qué otra
cosa haceis vosotros? Primero haceis ladrones y luégo los
castigais".
Como reacción intelectual contra las injusticias sociales de su
época, Moro concibe un estado imaginario en que impera un régimen
socio-económico basado en la obligatoriedad del trabajo, con
jornada de seis horas diarias a fin de que el obrero disponga de
tiempo para cultivar su inteligencia. Políticamente, Utopía es una
federación democrática de ciudades libres, regida por un numero de
leyes muy limitado: estas normas, sin embargo, son fácilmente
aplicables por su claridad. El Estado, en todo caso, no debe ser
"una conspiración de los ricos contra tos
pobres": la propiedad privada y el dinero han sido
abolidos y rige una actividad económica basada en el trueque de
productos y mercancías. La moral colectiva se funda en un
epicurísmo moderado: los habitantes de Utopía buscan legítimamente
los goces del espíritu y los del cuerpo y, entre estos últimos,
aspiran primordialmente a la salud. Por ello impera la eutanasia,
que se aconseja a los que carecen de salud o sufren dolores
insoportables.
No todo resulta positivo, sin embargo, en este imaginario
panorama. Cediendo a la ideología de su tiempo, Moro justifica la
esclavitud que existe en su hipotética isla. Esta carece de
ejércitos, pero cuando se ve amenazada en su seguridad exterior,
contrata mercenarios para la guerra, en la que todos los medios son
buenos con tal de conseguir la victoria.
Como escribe Uscatescu
|
15
, el racionalismo humanista de Tomás Moro
le hace concebir la virtud como "un vivir según la
naturaleza", expresión que hay que entender como
"un vivir conforme a la razón". Por lo demás, el
destino social del hombre implica, en el pensamiento de Moro, el
imperio de la igualdad y de la legalidad y la aspiración hacia una
sociedad perfecta, que no puede subsistir bajo un gobierno
despótico y absolutista.
2. La obra de Tommaso Campanella
En el año de 1623 se publicó en Frankfurt
|La Ciudad del
Sol, obra del dominico italiano Tomás Campanella (1568-1639),
quien la había escrito hacia 1620. Este monje fue un humanista
neoplatónico, muy preocupado de no caer en el terreno de la
herejía, por lo cual aceptó, en lo que a su juicio tenían de
autenticidad y relativa validez muchas de las ideas de su tiempo.
Campanella soñó con "una monarquía universal cristiana de
todos los países del mundo, bajo el cetro del Papa y con la ayuda
del poder de España", tal como lo expone en una de sus
obras.
|La Ciudad del Sol preconiza, de una parte, una especie de
retorno a la organización teocrática de la sociedad; de otra,
anticipa algunas fórmulas del futuro socialismo utópico. El hombre
terminaré dominando con sus propias fuerzas a la naturaleza
-anticipación profética- y llegará a la práctica de una religión
natural. Las limitaciones del nacionalismo son ampliamente
superadas en la concepción de Campanella, a pesar de que la Ciudad
del Sol es en apariencia un estado-ciudad a la manera de las
repúblicas renacentistas italianas. Dentro de esa concepción,
además, se encuentran muchas anticipaciones conceptuales e
inclusive proféticas: así la idea de un derecho natural inspirado
en bases racionales; la creación de una raza perfecta por medio de
la eugenesia; el concepto de la política como forma superior de
integración cultural; la abolición de la propiedad privada; la
educación de los ciudadanos como base de un estado perfecto, y la
concepción de éste como un organismo económica y moralmente basado
en el trabajo del hombre.
Por lo anterior, puede apreciarse la mentalidad premonitoria de
Campanella, quien fue perseguido políticamente y actuó en plena
vigencia de la Contrarreforma católica. Una heróica lucha interior
se libró, sin duda, en el espíritu de este grande espíritu
profético.
3. La obra de Lord Bacon
El pensamiento de Lord Francis Bacon (1561-1626) ejerció durante
varios siglos enorme influencia en la filosofía anglosajona. Y la
continúa ejerciendo inclusive en el campo científico. En su
|Novum Organum -título que opone al Organum aristotélico-
preconizó el método experimental en las ciencias. Esta obra,
publicada en el año de 1620, es la primera parte de la
|Instauratio magna, en la que Bacon intenta crear una lógica
nueva, un instrumento conceptual capaz de fundamentar una filosofía
de la experiencia. La experiencia, como explica Augusto
Messer
|
16
, es para
Bacon el único fundamento real del conocimiento científico, y la
inducción la única operación mental realmente fructuosa. Esta
teoría empirista, repetimos, ha persistido en el pensamiento
anglosajón.
a. El "Novum
Organum" y la doctrina de los ídolos
Bacon distingue, en el
|Novum Organum, cuatro clases de
errores o preconcepciones que nos impiden conocer la verdad
objetiva y a los que da el nombre de "ídolos":
ídolos comunes a la naturaleza humana,
|idola tribus, que
dimanan del hecho de que pensamos en función de nuestra medida
humana, a cambio de hacerlo en la medida del universo; ídolos de la
caverna,
|idola specus, que por alusión al mito alegórico de
Platón son los prejuicios derivados del temperamento individual, de
la herencia e inclusive de las costumbres y del ambiente social;
ídolos del foro o sea de la plaza pública,
|idola fori, que
son las palabras vacías de sentido, que substituyen a las ideas y
son causa de la oscuridad e indeterminación de los conceptos y,
finalmente, ídolos del teatro,
|idola theatri, que son los
errores de la tradición, así se trate de tradiciones racionalistas,
puramente empíricas o místicas.
Sin lugar a duda, es la doctrina de los ídolos el aporte más
valioso de Bacon si nó propiamente a la filosofía de la historia,
sí por lo menos al método histórico. Si todos los historiadores
pudieran superar en sus obras y en sus investigaciones y juicios
estos ídolos conceptuales, su tarea resultaría mucho más fecunda y
su posición intelectual mucho más elevada de lo que de ordinario
resulta ser.
Los "ídolos del foro" son también las
supersticiones políticas y en este sentido emplea el notable
ensayista colombiano Carlos Arturo Torres la expresión latina como
título de su obra más integrada e importante: aquella en que
examina las supersticiones políticas y las grandes corrientes
políticas e ideológicas de Hispanoamérica.
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17
b. La Nueva Atlántida
Esta utopía de Bacon, esencialmente optimista, es el fruto de
una mentalidad que supera la preocupación mística y que avanza más
allá de los límites del humanismo renacentista.
|La Nueva
Atlántida es también una isla, llamada Bensalem, donde el
pueblo es gobernado monárquicamente por un Colegio de Sabios, lo
que anticipa el ideal de la tecnocracia: los gobernantes que
integran esta especie de "ejecutivo colegiado"
son científicos y filósofos que ponen en práctica el método
experimental preconizado por Bacon. De aquí el que los progresos de
la ciencia y la evolución del conocimiento humano produzcan un
régimen político totalmente distinto a todos los conocidos en la
época del pensador inglés.
La fe religiosa es substituída aquí por la fe en el progreso de
la ciencia. Bacon anticipó así el advenimiento de la revolución
industrial y científica del mundo moderno. La misión de los sabios
gobernantes de Bensalem no es propiamente la de promulgar leyes, ni
la de forjar a priori instituciones socio-políticas, sino la de
desarrollar continuamente la ciencia, con lo cual dichas
instituciones, y sus correspondientes estructuras, surgen
espontáneamente y van modificándose en la misma medida en que
evoluciona la tecnología.
Bacon prevé, sin embargo, los peligros que entraña una ciencia
que no reconoce límites. El "Padre de la Casa de
Salomon", que tal es el nombre del presidente del Colegio
de Sabios que gobierna a Bensalem, declara en la obra que estamos
comentando: -"Nosotros nos consultamos para decidir sobre
aquellos experimentos e inventos que han de ser comunicados al
público, y nos obligamos bajo juramento a no revelar aquéllos que
consideramos prudente mantener en secreto".
|
18
F. LOS RENACENTISTAS ESPAÑOLES
Durante los siglos XVI y XVII, España produjo una pléyade de
notables pensadores, humanistas y filósofos. La Contrarreforma, en
la que España tuvo parte tan principal; el descubrimiento y
población de América y los acontecimientos de la política europea,
llevaron a los pensadores españoles a plantear los fundamentos
filosóficos y teológicos de toda una serie de problemas hasta
entonces desconocidos o escasamente estudiados. Figuras de primer
orden, por la proyección y trascendencia de sus tesis, fueron el
dominico Francisco de Vitoria (c. 1480-1548) y los jesuítas
Francisco Suárez (1548-1617) y Juan de Mariana (1536-1624).
1. Vitoria y la conquista de las
Indias
Precursor de Hugo Grocio, Vitoria enfocó en sus obras
|De
Potestate Ecclesiae, De Potestate Civili, De Jure belli y De
Indis una serie de problemas fundamentales sobre el origen de
la autoridad política, el poder temporal de los papas y los títulos
jurídicos de la conquista de América. Se trata de breves tratados,
algunos de un denso contenido conceptual y en los que en ocasiones
enuncia tesis muy audaces para su época
|
19
.
Así en
|De potestate Ecclesiae sostiene que "el
Papa no es el señor del orbe" y que, por lo tanto, la
potestad temporal o sea la autoridad civil no depende ni de la
potestad temporal del Pontífice ni tampoco, absolutamente al menos,
de su potestad espiritual. Aclara, sin embargo, que en orden
"al fin espiritual, el Papa tiene amplísima potestad
temporal sobre todos los príncipes, reyes y emperadores".
En cambio, la mayor parte de las tesis que expone en el tratado
|De Potestate Civili tienen un acusado carácter rea o
autoritario: así cuando afirma que "todo poder público o
privado por el cual se administra la república secular, no sólo es
justo y legítimo, sino que tiene a Dios por autor, de tal suerte
que ni por el consentimiento de todo el mundo se puede
suprimir". Lo cual era retroceder a etapas conceptuales
anteriores a Tomás de Aquino.
Resulta singular el hecho de que, a par de afirmaciones como la
anteriormente citada, Vitoria se anticipe en ese mismo tratado al
pensamiento moderno cuando sostiene que "ninguna guerra es
justa, si consta que se sostiene con mayor mal que bien y utilidad
de la república, por más que sobren títulos y razones para una
guerra justa".
En la primera parte del tratado
|De Indis, que de suyo se
ubica dentro de la órbita del
|derecho natural
|
20
, el pensamiento de
Vitoria coincide con el de Bartolomé de Las Casas. Aquí, se
pregunta si España ha tenido derecho a conquistar las Indias
Occidentales y afirma que dicha conquista no puede fundarse en el
poder temporal del Papa sobre toda la tierra, pues no la tiene, y
que los aborígenes eran los verdaderos señores de sus tierras; que
la predicación del Evangelio no justifica el despojo de que han
sido víctimas, ni es lícito reducirlos por la fuerza a la religión
católica, porque la del hombre es libre y racional.
En la segunda parte del mismo tratado, cuyos planteamientos
corresponden mejor a lo que se llamó
|derecho de
gentes
|
21
,
Vitoria desciende a un casuismo muy discutible en busca de
argumentos que justifiquen, en el orden teórico al menos,
"el derecho de guerra de los españoles en los
bárbaros" y, por lo tanto, el hecho de la conquista de
América y del sometimiento de sus naturales.
2. Suárez y la soberanía popular
A pesar de que la iglesia católica fijó en el Concilio de Trento
(1546-1563) un cuerpo doctrinal básico opuesto a las corrientes del
protestantismo, el humanismo renacentista alcanzó a influir
poderosamente en la mentalidad de algunos españoles de esa época.
Así en Francisco Suárez, cuyas obras
|De legibus y
|Defensio fidei, aunque inspiradas fundamentalmente en la
filosofía escolástica, contienen doctrinas y tesis renovadoras.
Así, por ejemplo, el que la soberanía reside en el pueblo; que
nadie es soberano
|per se -por naturaleza- y que la autoridad
nace del pueblo que, congregado en sociedad, delega en los
gobernantes su propia soberanía
|
22
. El corolario más trascendental de estas
doctrinas es que el pueblo puede rebelarse contra el soberano
cuando se trata de un tirano obstinado y cruel. Lo que ocurre en
tal caso es que el rey pierde su autoridad no a virtud de la
rebelión de los súbditos, sino por obra de su propia conducta.
3. Mariana y el tiranicidio
Negado el derecho divino de los reyes y afirmado el de rebelión
para los pueblos, correspondió a otro filósofo jesuíta, el P. Juan
de Mariana (1536-1624), dar un paso adelante y examinar la licitud
del tiranicidio, tal como lo hizo en su obra
|De Rege et Regis
Institutione.
Sin embargo, Mariana destingue en este caso dos hipótesis: el
tiranicidio sólo se justifica en el caso de un usurpador del poder
político, pero nunca si se trata de un legítimo gobernante o si la
autoridad del usurpador ya ha sido aceptada por el pueblo. Como
puede verse, esta doctrina -al parecer tan audaz- está limitada a
un caso específico: el de los gobernantes tiránicos de tacto cuya
autoridad no haya sido reconocida por los súbditos. De todas
maneras, la doctrina del tiranicidio encuentra su lógica premisa en
el derecho a la rebeldía defendido por Suárez.
|
8
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El Estado platónico está concebido en función de la realidad
del mundo helénico. Tres clases sociales, con funciones propias,
integran la república platónica: el pueblo, los defensores o
guerreros y los gobernantes o filósofos. El primero corresponde a
la facultad apetitiva del hombre; los segundos, al impulso que
lleva al hombre a superar el temor; los terceros a la facultad
racional, a la vida intelectual de la especie humana. Así, el
Estado viene a ser un organismo que
"universaliza" la estructura psicosomática del
hombre. A cada una de las tres clases sociales corresponderán
virtudes propias y específicas, acordes con su respectiva función
esencial. Una selección, de la que Platón se ocupa detalladamente,
permite clasificar y reclasificar a los futuros ciudadanos de
acuerdo con sus aptitudes. Impera, además, un sistema de eugenesia
que implica la intervención del Estado en la vida sexual de los
ciudadanos. Existen la propiedad privada, con limitaciones, una
relativa movilidad social y un sistema educativo estatal que, en
realidad, se extiende a la duración total de la vida humana. Desde
luego, Platón se cuida de realizar una crítica muy penetrante del
orden político y social existente en. su tiempo, que encuentra
injusto e irracional, y que considera debe ser substituído mediante
la transformación radical de los espíritus, pues las reformas
parciales son ineficaces. Las instituciones del Estado platónico,
en el que se concede singular valor al trabajo manual y a la
educación de la mujer, tienen un carácter claramente evolutivo y
conducirían paulatinamente de un semicomunismo a un comunismo
integral, a una sociedad sin clases en que todos los bienes serían
comunes.
|
|
9
|
Jacques Chevalier:
|Historia del Pensamiento Trad.
española. Aguilar, Madrid 1960. Tomo II, página 86.
|
|
10
|
|Ibid., página 95.
|
|
11
|
-"Siempre había sido simbólica la septena de los días de la
creación para las siete edades del mundo. Ahora se agrega una gran
trinidad que se utiliza como base simbólica de la nueva
contemplación de la historia: la Trinidad divina, que ya había sido
apropiada simbólicamente en San Agustín para las partes del alma
humana y que se utiliza ahora para una gran periodización de la
historia". Cf. Johannes Thyssen:
|Obra cit., páginas
34-35.
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12
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Bertrand Russell:
|La sabiduría de Occidente. Trad.
española. Aguilar, S.A. de Ediciones. Madrid, 1964. Página
176.
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13
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|Ibid., página 176.
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14
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-"Merced al vigor de un esfuerzo intelectual aplicado a
cuestiones voluntariamente circunscritas, Maquiavelo expulsa de la
política toda metafísica corta, de una manera radical, el vínculo
entre la ciudad de Dios y la ciudad de los hombres, porque para la
razón humana sólo es posible el conocimiento de esta última. Este
'positivismo' tiene un reverso; los datos que acepta como primeros
e irreductibles no lo son en realidad para el filósofo ni para el
historiador. No obstante, al rechazar deliberadamente una gran
cantidad de nociones medievales todavía vivas en muchos de sus
contemporáneos, Maquiavelo, por así decirlo, limpia el terreno en
el que se edificarán construcciones nuevas". Cf. Jean Touchard:
|Historia de las ideas políticas. Trad. española. Editorial
Tecnos, S.A. Madrid, 1961. Página 206.
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15
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George Uscatescu: Utopía y plenitud histórica. Trad. española.
Ediciones Guadarrama. Madrid, 1963. Página 103.
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16
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Augusto Messer:
|Historia de la Filosofía, Tomo II. Trad.
española. Revista de Occidente. Madrid, 1933. Segunda edición,
páginas 49-51.
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17
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Carlos Arturo Torres (1867-1911) contribuyó a la cultura
colombiana con tres importantes aportes: los
|Estudios
ingleses, los
|Estudios varios y la obra
|Idola
Fori-Ensayo sobre las supersticiones políticas. Sobre la obra
conjunta de Torres avizorada paralelamente con la del uruguayo José
Enrique Rodó, puede consultarse el ensayo intitulado
|De la
aventura idealista en América, en el libro
|Voces y cantos de
América, original de Andrés Pardo Tovar (Editorial Stylo.
México, D.F. 1945. Páginas 223-302.
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18
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Esto nos recuerda, de inmediato, el dilema que viene torturando
a los científicos contemporáneos y, muy en especial, a los físicos
atómicos.
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19
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En su "Biblioteca de Filosofía e Historia" y
bajo el título
|Derecho natural y de gentes, Emecé Editores
de Buenos Aires publicaron (1946), en versión española del P. Luis
Getino, los siguientes tratados de Vitoria
|De la potestad de la
Iglesia, De la potestad civil, De los indios recientemente
descubiertos (cuya segunda parte se titula
|De los indios o
del derecho de guerra de los españoles en los bárbaros) y
|Del matrimonio. Prologa esta obra, magistralmente, don
Eduardo de Hinojosa.
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20
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En su acepción más elemental, el derecho natural es el conjunto
de normas "ideales" que por su propia fuerza
inmanente, por su racionalidad, se imponen al legislador en todo
tiempo y lugar. El moderno positivismo jurídico, oponiéndose
radicalmente al jusnaturalismo, niega la validez e inclusive la
existencia misma del derecho natural. A comienzos del siglo XX, sin
embargo, se perfila -especialmente en Francia- un renacimiento del
derecho natural. C.F. Paul Roubier:
|Téorie Genérale du
Droit. Librarie du Recueil Sirey. París, 1951. Páginas
182-192.
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21
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En sentido histórico, el derecho de gentes (jus gentium) es el
que puede aplicarse a todos los pueblos, por lo cual se confunde,
hasta cierto punto, con el derecho natural. Modernamente, se habla
de derecho internacional para designar el conjunto de normas
jurídicas que regulan o deben regular las relaciones entre los
distintos países. Según Renault, el derecho de gentes vendría a ser
la parte teórica de la regulación jurídica de las relaciones entre
las naciones, en tanto que el derecho internacional sería la parte
práctica o positiva de tal regulación, Cf el
|Manual de Derecho
Internacional Público por José Ramón de Orúe. Editorial Reus.
Madrid, 1933. Páginas 6-7.
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22
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Por lo que dice a esta teoría de la soberanía popular, Suárez
resulta ser el precursor de Hobbes, de Locke y de Rousseau. Aunque
no el creador de dicha teoría, que hunde sus raíces en el
pensamiento helénico.
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