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INDICE
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BREVE PANORAMA DE LA HISTORIA DE LA
FILOSOFÍA SEGUNDA PARTE
INTRODUCCIÓN
A. CONCEPTO Y CONTENIDO DE LA MATERIA
Formalmente hablando, la filosofía de la historia es casi tan
antigua como el pensamiento occidental. Específicamente
considerada, sin embargo, no lo es tanto, porque si bien es cierto
que el acontecer humano, en su conjunto, pudo ser avizorado con
criterio sistemático, y que por ello existió en cierta manera una
ciencia de la historia, también lo es que -en realidad de verdad-
la disciplina que nos ocupa surge con Hegel. Lo cual no quiere
decir que este ilustre pensador no hubiese tenido, al respecto,
numerosos precursores, entre los que sobresale Juan Bautista
Vico.
1. La Historia como ciencia
Explica J. A. Thomson que la Ciencia es "conocimiento
sistematizado, generalizado y tamizado por la
crítica".
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Podríamos precisar el concepto añadiendo que es, en esencia, un
conocimiento derivado de la aplicación -a determinado campo de
estudio- de un método especial de razonamiento: el
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científico.
En el enfoque científico del acontecer histórico, la lógica
aplicada al efecto ha presupuesto tres estadios principales: a) la
ordenación de datos; b) el análisis de los mismos, y su reducción a
esquemas prototípicos, y c) la formulación de hipótesis científicas
sobre el acontecer colectivo de la humanidad. Estas hipótesis son,
en el caso presente, los presupuestos históricos.
a. Los presupuestos histéricos
No siendo posible la experimentación en las ciencias históricas,
y basándose éstas sobre testimonios y observaciones, la evaluación
de los primeros y de las segundas opera a base de conceptos
intuitivos, muchos de los cuales han venido acumulándose y
estratificándose sin ser sometidos a una crítica revaluadora. Así,
por ejemplo, la tradicional división del campo histórico en
Antigüedad, Edad Media y Edad Moderna.
En la apreciación del acontecer colectivo de la humanidad
influyen, además, las distintas posiciones intelectuales e
inclusive los credos religiosos de quienes han meditado sobre tales
fenómenos. Para San Agustín, por ejemplo, la historia de la
humanidad no es otra cosa que la lucha entre un orden terrenal y un
orden supranatural. Otros expositores cristianos insistirán en el
gobierno providencial del mundo, lo que de hecho hace imposible la
formulación de una filosofía de la historia propiamente tal. En la
Edad Moderna surge la idea del progreso, que no tarda en ser
modificada por la teoría del
|corso e ricorso formulada por
Vico, etc.
Todas estas formulaciones implican, de suyo, la aceptación de
presupuestos históricos, así se trate de pre-conceptos, de
generalizaciones, de simplificaciones o de intuiciones. Con base en
estos presupuestos, la tendencia científica busca en el acontecer
colectivo de la humanidad ciertas constantes que justifiquen la
formulación de leyes. Como no hay ley sino de lo general, y como la
filosofía es una ciencia generalizante por excelencia, en el
momento mismo que un pensador intente hallar y establecer ciertas
normas del acontecer humano, habrá nacido la Filosofía de la
Historia.
b. Las leyes históricas
Tratando de precisar el concepto, qué debe entenderse por
"leyes históricas"? La repetición de unos mismos
hechos a través del tiempo? No podría ser toda vez que el hecho
humano es único por esencia. La repetición de una misma
concatenación causal en los fenómenos del acontecer colectivo de la
humanidad? Tal concatenación, sin embargo, es lo propio de ciencias
como la física y, en general, las ciencias de la naturaleza. La
presencia de
|constantes históricas, es decir, de
"maneras de acontecer"? Con este concepto, nos
aproximamos más a lo que se ha denominado "leyes
históricas". Solo que lo que está en tela de juicio es si
existen en realidad estas leyes, toda vez que la historia de la
humanidad es el panorama dentro del cual opera decisivamente la
voluntad, el querer de los hombres. De ordinario, lo que se opone a
dicha voluntad no es otra cosa que otra voluntad, más poderosa y
operante, desde luego.
A través del examen que realizamos en esta parte de la presente
obra, irá aclarándose qué cosa son o pueden ser las "leyes
históricas". De momento, bástenos con recordar que dichas
normas de constancia son, por esencia, fundamentalmente diferentes
a las leyes de constancia propias de las ciencias naturales o, más
propiamente, de las leyes físicas.
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2. La Historia, la Filosofía y la
Cultura
Si espacio y tiempo son las categorías dentro de las cuales
fluye el acontecer humano, es decir, las condiciones nuoménicas de
la Historia, esta se vincula conceptualmente a la Filosofía y a lo
que modernamente se ha llamado Cultura. Examinemos brevemente estos
conceptos, en sus mutuas y no siempre muy bien delimitadas
relaciones.
a. Historia y Filosofía
Son muchos los filósofos que han hecho historia, y que -además-
se han preocupado de la Historia. En cambio, los historiadores
filósofos son menos abundantes. De ordinario, el historiador se ha
satisfecho con la relación más o menos documentada y concatenada de
una serie de hechos dispuestos en orden cronológico. El prurito
causalista ha llevado a algunos a buscar siempre "las
causas" de determinados acontecimientos. La moderna
sociología, al substituir el monismo causal por el pluralismo
causal, y al reemplazar este último criterio por la metodología
basada en las relaciones de variable y función, ha determinado
nuevos rumbos en la historiografía. Que, por desgracia, no se han
aclimatado todavía en Latinoamérica y, mucho menos, en
Colombia.
Afirma Johannes Thyssen
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que el concepto de Filosofía de la Historia
fue creado por Voltaire, "significando para él simplemente
la reflexión sobre la historia con espíritu filosófico".
Agrega el mismo autor que esa apreciación coincide con la posición
de los pensadores de la Ilustración, para los cuales lo importante
era captar y valorar razonablemente el mundo y la vida. Y anota que
la tendencia volteriana hacia una concepción profunda y universal
de la historia, no implicaba la integración de una nueva
disciplina. histórica, es decir, de la Ciencia de la Historia
propiamente dicha.
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El acontecer colectivo de la humanidad, avizorado con mentalidad
filosófica, de consiguiente, no constituye una Ciencia de la
Historia ni mucho menos Filosofía de la Historia. Pero representa
un paso adelante en el camino que conduce a estas disciplinas. Con
lo dicho, se comprenderá cuál es la relación esencial de la
Filosofía con la Historia.
b. Historia y Cultura
La acumulación de valores, de experiencias críticas, de métodos
y creencias, y de sistemas de relación, es lo que constituye
propiamente una cultura, como hecho antropológico trascendente. De
donde lo que llamamos "Cultura" -con mayúscula-
será la suma de muchas culturas particulares, es decir, de
"sub-culturas". Estas, de otra parte, pueden
coincidir en un mismo momento histórico, constituyendo los estratos
espirituales de un grupo social, o sucederse en el tiempo. Es así
como podemos hablar, por ejemplo, de-la "Cultura de
Occidente" o de la "Cultura
Oriental".
Ahora bien: si la Historia es, no solamente una sucesión de
hechos socio-políticos, sino de fenómenos culturales propiamente
dichos, la Cultura será un aspecto de la Historia. O, dicho en otra
forma, un substratum histórico que se referirá a una serie de
valores condicionados por la Historia.
Para un historiador clásico o académico, lo esencial de la
Historia serán los hechos. Para un historiador contemporáneo, y
especialmente para un historiador de la cultura, lo esencial en el
decurso del acontecer humano serán los valores. Pero es lo cierto
que si los hechos explican muchas veces los valores, estos subyacen
en los hechos. De aquí la doble y recíproca relación que liga estos
conceptos complementarios: Historia y Cultura.
c. Cultura y Civilización
-"Nosotras, las civilizaciones -escribe Paul Valéry en
La Crisis del Espíritu- sabemos ahora que somos mortales. Habíamos
oído hablar de mundos completamente desaparecidos, de imperios idos
a pique con todos sus hombres y todos sus artilugios; caídos hacia
el fondo inexplotable de los siglos con sus dioses y sus leyes, sus
academias y sus ciencias puras y aplicadas, con sus gramáticas, sus
diccionarios, sus clásicos, sus románticos y sus simbolistas, sus
críticos y los críticos de sus críticos. Bien sabíamos que toda la
tierra visible está hecha de cenizas, que la ceniza significa algo.
Percibíamos, a través del espesor de la historia, los fantasmas de
inmensos navíos que estuvieron cargados de riqueza y de ingenio. No
podíamos contarlos. Esos naufragios, después de todo, no eran
asunto nuestro".
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Lo que en su mágica prosa dice Valéry se escribió en el año de
1920. Vale decir, después de la primera guerra mundial. Se
comprendía entonces que la civilización contemporánea también era
mortal, como las antiguas civilizaciones, ni más ni menos. Y con
Valéry, el alemán Oswald Spengler opinaba otro tanto. Solo que para
éste, la civilización occidental estaba indeclinablemente ligada al
progreso espiritual y material de su patria.
La dicotomía cultura-civilización es, de consiguiente, el fruto
amargo de una época de crisis total. Y en la terminología de
ciertos pensadores implica una radical diferencia entre valores y
hechos: valores espirituales y factores progreso". Así, un
pueblo ultracivilizado puede ser mucho menos culto que otro menos
"civilizado".
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Se trataba, de consiguiente, de encontrar explicación al hecho
realmente monstruoso de naciones ultra-civilizadas empeñadas en
destruírse y aniquilarse mutuamente. La segunda guerra, mundial,
con su trágico cortejo de secuelas socio-económicas, éticas y
propiamente humanas, imprimió nueva vigencia a esa dicotomía
conceptual. Hoy por hoy, la mayor parte de quienes se preocupan por
la Filosofía de la Historia admiten esa distinción entre
civilización y cultura, algunos con reservas, desde luego.
Pero la idea del progreso indefinido, si bien se afirma en el
terreno de las ciencias económicas, se esfuma en otros campos
científicos y conceptuales. Y, muy especialmente, en el de la
disciplina que nos ocupa. De donde las tesis de Vico adquieren
nueva y profética virtualidad, porque resultan más constructivas
que el pesimismo spengleriano. Nos encontramos, además, ante una
nueva éra: la de la tecnología, la fuerza atómica y la conquista
del espacio. De donde se derrumban estrepitosamente muchos valores
tradicionales, que son substituídos por otros. Pero es lo cierto
que en la misma medida en que la humanidad progresa
tecnológicamente, se aboca a una serie de problemas éticos al
parecer insolubles. O, dicho de otra manera, que a medida que su
pensamiento comienza a abarcar el cosmos, y a dominarlo real y
conceptualmente, la ática colectiva se derrumba en la misma medida
que la individual.
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Este dramático contraste nos lleva a pensar que la
contraposición de los conceptos de civilización y cultura es
legítima y oportuna, toda vez que la primera equivale a conquistas
tecnológicas y la segunda a permanencia y enriquecimiento de un
patrimonio de valores espirituales.
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1
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J.A. Thomson:
|Introducción a la Ciencia. Trad. española.
Editorial Labor. Barcelona, 1926. Capítulo III, página 66.
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2
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-"Unicamente en el acontecer inorgánico, ley natural
es sinónimo de acontecer uniforme. Los cultivadores de las ciencias
de la naturaleza denominan ley natural a este mismo acontecer
regular, que se expresa en juicios de validez universal y que,
tratándose de lo inanimado, encuentra su exacta formulación
cuantitativa en ecuaciones matemáticas". Cf. Nikolaus
Junk, en el
|Diccionario de Filosofía de Walter Brugger.
Trad. española. Editorial Herder. Barcelona, 1965. Página 286.
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3
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Johannes Thyssen:
|Historia de la Filosofía de la
Historia. Trad. española. Espasa-Calpe Argentina, S.A. Buenos
Aires. 1954. Página 11.
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4
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-"Espíritu no sistemático, Voltaire estimaba la
actitud empírica de respeto a los hechos y era racionalista en
cuanto creía que se los debía entender por sus causas y no como
resultado de la intervención de la Providencia en las cosas
humanas. No erigió una filosofía de la historia, pero encaró la
historia como 'filósofo', es decir, como hombre que quiere
explicarse los hechos racionalmente. Este es el sentido que dió a
la expresión
|filosofía de la historia. En la historia veía
un conflicto continuo entre errores mantenidos por el fraude y
protegidos por la fuerza y verdades que se van imponiendo a la
razón humana por su virtud propia." León Dujovne:
|La
Filosofía de la Historia desde el Renacimiento hasta el siglo
XVIII. Ediciones Galatea-Nueva Visión. Buenos Aires, 1959.
Página 150.
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5
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Citamos por la traducción de Angel J. Batistesa. Cf. Paul
Valéry:
|Política del Espíritu. Editorial Losada, S.A. Buenos
Aires, 1940. Páginas 23-24. Colección "La pajarita de
papel", número 6.
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6
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-"La cultura meramente exterior y material recibe (en
el área lingüística alemana) el nombre de civilización. Su misión
es servir de base y supuesto a la cultura interior. En tanto que
fomentada a costa de ésta, no pasa de
|semicultura, siendo
verdaderamente hostil a la cultura. Únicamente los bienes
exteriores objetivos de la cultura pueden transmitirse por
herencia. Los bienes ideal y personales de la misma deben ser
adquiridos de nuevo por cada generación". Walter Brugger,
en el
|Diccionario de Filosofía, ed. cit. Páginas
131-132.
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7
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-"En realidad, el hombre moderno ya no tiene confianza
en sí mismo. Bajo una actitud plena de seguridad, oculta una
inquietud espiritual. A pesar de su capacidad técnica y de su poder
material, es un hombre que se empobrece porque no utiliza su
facultad de pensar. Nunca podrá llegar a explicarse el que nuestra
generación, que se ha mostrado tan grande por sus descubrimientos y
realizaciones, haya podido caer tan bajo en el dominio de lo
espiritual". Albert Schweitzer:
|Ma vie et ma
pensée. Club des Editeurs. Albin Michel. París, 1960. Página
211.
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