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No quedaron caminos que no fueran andados

Los hombres cabalgaban con el sol anclado en medio cielo, pisando sus propias sombras sobre el jadeo angustioso de las bestias. y cuando se meten en el mundo de la noche, presienten el ojo del fusil enemigo apuntarle a sus corazones agitados. A veces los invade la nostalgia al pasar frente a las ruinas de un hato. Se detienen un momento para reconstruirlo con el pensamiento y hasta para respirar los olores que aún flotan en el lugar. ¡Huele a caballo, a ganado y a café recién colao!, dicen sintiendo ese ambiente del pasado. Pero nadie se queda aunque haya mucho que recordar y conversar. Todos los Santos es como un chupadero irresistible.>El formidable Alejandro Chaparro, después de inútiles averiguaciones acerca de su hermano Jorge, recoge a sus hombres y decide tomar el rumbo a Todos los Santos. Lo acompañan, al trote de su caballo, recuerdos, años, lugares y un  ¡quién sabe si algún día pueda reunirse con este hermano que fue su compañero, amigo y combatiente en la empeñosa lucha por la libertad del Llano!

Entre los últimos grupos que se dirigen al lugar de la cumbre, van los bohemios yopalenses y maniceños. Mientras avanzan afinan el oido para detectar la bulla de algún parrandito, que por cierto les caería a las mil maravillas. La marcha es animada con anécdotas que los hace vivir momentos de travesura con sus compañeros desaparecidos. -¡Chicos!, dice alguien, ¡qué lástima del "Castigador"! Otro responde -¡No joda, ese hombre era temerario con el arma que Dios le dio para castigar a las mujeres! y lo mejor es que a ellas les gustaba el castigo.

¡Ja, ja, ja! rie con picardía un hombre de mediana estatura. -¿Recuerdan la vez que se equivocó de cama y de víctima? ¡Claro!, corean los demás entre risas. y siguen contando: El jodio llevaba el arma lista para castigar a la hembra de turno, pero... ¡ayayayyy...! que se le metió fue a su propia mujer. Los bohemios celebran la anécdota y afanan el trote de sus caballos para darle tiempo en el turno anecdotario al sargento "Gorila". -¡Ajá! ¡¿Qué me dicen de lo que le pasó al sargento "Gorila" cuando la india vieja le dió una paliza por joderle a la muchacha? , dijo un joven bailándole la picardía en los ojos. ¡Hombre, cómo olvidar los afanes de ese jodío, corriendo con los calzones en la mano y la guajiba atrás dándole tablazos y gritándole: -Esto es p'a que aprenda, sargento "Barila" y no vuelva a joderme la muchacha! Así continúan andando y enumerando anécdotas y nombres de compañeros que no estarían presentes en la cumbre de Todos los Santos. El teniente "Cariño", "Negativo", Bernardino, "El Ingeniero", el cabo "Trueno", "El Diablo", "Pajarote" y otros tantos que entre bohemia y plomo no dejaron de combatir hasta el momento de su misteriosa desaparición.

De Majaguiyal parte íngrimo y solo Pablo Emilio Fernández. Va tan solitario que siente que sus huellas se pierden en la profundidad de la nada, lo envuelven silencios que susurran cosas, cosas que se rompen para empatarse más adelante. Las tolvaneras del camino lo acompañan con sus locas danzas y, es tanta su soledad, que siente la necesidad de alimentar su espíritu diciendo una oración. Luego pega un grito después de vocear la consigna. Aquel grito se une a otros en las distancias y todos esos gritos unidos, forman un vehículo mágico que los transporta desde su tiempo a Todos los Santos.

Aquel día esperado, en Todos los Santos hay una multitud grandiosa llena de entusiasmo, comiendo ansias por enterarse de las propuestas que allí se harán para enriquecer la causa. Hay grupos que se denominan "Gente Nueva con Ideas Avanzadas", gentes viejas como los de las lanzas mohosas, con estrategias antiguas y grandes conocimientos en el terreno, dispuestos, como lo habían manifestado "que para pelear no se necesita sino tener ganas y berraquera". y ellos, quienes estaban situados en el campo de acción entre los de las lanzas mohosas y otras guerras civiles, haciendo un puente con los de la "Gente Nueva" no estaban dispuestos a perder el liderazgo aunque aceptaran unirse con estos grupos de combatientes, porque esta era su lucha y su único jefe seguiría siendo el capitán Guadalupe Salcedo.

La ovación fue grande cuando el jefe máximo se trepó en una improvisada tarima que habían construido para que dijera su discurso. La negra Nemecia se enjugó los ojos para ver mejor los de Silenia que brillaban de felicidad y recordó cómo, en el momento de su llegada a Todos los Santos la capitana les había dicho: "Mujeres, amigas y compañeras, cómo me lastima el dolor de ustedes, pero no puedo dejar de ser egoísta como todo ser que ama. Yo he amado tanto al capitán Guadalupe, que hasta otro mundo tuve que ir a buscarlo. Ahora nada ni nadie podrá separarnos."

El capitán comenzó por brindar una sonrisa a los asistentes. Una amplia sonrisa con la cual les manifestaba su agradecimiento por atender su llamado urgente. -Amigos y compañeros de una misma causa, dijo con aquel brillo de luz y misterio en sus ojos, creo que no quedaron caminos hacia Todos los Santos que no fueran andados por ustedes; ya que Todos los Santos fue el punto de reunión para esta cumbre. Y esta cumbre significa el final de una jornada que dará comienzo a otras, en las que se estarán decidiendo los destinos de nuestra revolución; porque a nosotros, compañeros, a nosotros, ni siquiera el tiempo podrá detenernos...

Fin

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