XXVIII-Religiosos de Santo Domingo
1.-La sala del Capítulo del religiosísimo convento de Predicadores
de la ciudad de Tunja está sembrada de cuerpos de religiosos santos
y esta generalidad excusa no poner en particular los que son,
porque se ignoran para decirlos uno por uno.
2.-Tuvo esta provincia de San Antonino la buena suerte de haber
sido della San Luis Beltrán, que nació en la ciudad de Valencia día
de Año Nuevo en el de 1526, siendo sus padres Juan Luis Beltrán,
notario, y Juana Angela Ejarch, su segunda mujer; bautizáronle con
nombre de Juan Luis, usado en su familia, y después dejó el primero
conservando el segundo, en la iglesia de San Esteban, en la pila en
que lo fue San Vicente Ferrer, con quien tuvo parentesco por su
bisabuela Ursula Ferrer. Tomó el hábito de Santo Domingo en 26 de
agosto de 1544, en el convento de su patria, en manos del prior
maestro fray Jaime Ferrán, y profesó a 27 de agosto de 1545, y en
el de 1547, a 23 de octubre, cantó la primera misa; fue siete veces
maestro de novicios, y la primera desde 21 de septiembre de 1551.
Vicario
|in capite o prior en el convento de Santa Ana de
Albayda; y habiendo ido del Nuevo Reino de Granada dos procuradores
de su orden a traer religiosos, pasó con ellos a Indias el año de
1562, quedó conventual de Cartagena en cuyo distrito tuvo las
doctrinas de Cipacua, Palvato, Tubará, Granada y otras. Reprendía
en su predicación los vicios de que se le siguieron persecuciones,
y una que refiere la lección de su rezo de querer un ciudadano
darle muerte, disparándole una escopeta que se le volvió santo
Crucifijo; y otra de echarle una hermosa doncella que le
inquietase, de que salió vencedor con redundancia de general
provecho como de otras muchas obras suyas. Fue electo prior de
Santafé, adonde profetizó no había de llegar y sucedió así, porque
subiendo el río grande de la Magdalena le alcanzó la licencia de su
General para volverse a España, como lo ejecutó yendo el año de
1569 y allá tuvo prioratos y murió en su patria el de 1581, día de
San Dionisio, lunes a las nueve de la mañana, 9 de octubre, en edad
de cincuenta y cinco años.
Era de gran cuerpo, rostro flaco y largo, las mejillas
levantadas, nariz afilada y corva y estaba entrecano, ambos colores
opuestos, muy finos, cada uno en el cuyo; y el año de 1582 se
trasladó su cuerpo a un sepulcro que le fabricó su hermano Jaime
Beltrán.
Fue beatificado por el Pontífice Paulo V, de que se expendió
bula a 29 de julio de 1608. Sus grandes milagros y prodigiosa vida
escribió y imprimió en Valencia el mismo año el Padre presentado
fray Baltasar Juan Roca, de la propia religión, en donde se hallará
con más singularidades un diseño de perfección y santidad.
3.-Hay tradición que cuando predicaba el Evangelio a los
infieles de la costa del mar océano de Indias el glorioso San Luis
Beltrán, tuvo por compañero un religioso, fray Luis Vero, que murió
en el Valle de Upar, año de 1588, y lo enterraron al pie del altar
de Nuestra Señora del Rosario, y con la grande fama de su virtud y
tenerla por amparo (pasados algunos años) se inclinó un devoto
republicano de allí a pedir le enterrasen en la misma parte, dando
por ello copiosa limosna, y poniéndolo en ejecución se halló el
religioso cuerpo entero y sin corrupción, siendo temple cálido y
húmedo con extremo, que brevemente la produce, con que se
sepultaron ambos juntos. Después con el ejemplo tuvo otro la misma
pretensión, y abriendo para ello la sepultura, no se hallé del
cuerpo del religioso ni un solo hueso, y en discurso común de todos
se presumió que por la desatención o irreverencia le mudaría Dios a
otro sitio, quitándole a los que debían tenerle separado para hacer
experiencias de esta maravilla y con el examen de ser sobrenatural
venerarle.
4.-De otro religioso (de quien asímismo se ignora el nombre) se
tiene tradición que murió de pocos años, ordenado de diácono en el
convento de la ciudad de Santafé, siendo de tan crecida virtud que
no bastando lenguas humanas para manifestarla, la publicó Dios
enviando luces del cielo sobre su celda la noche que murió. Y
también fue culpable descuido de la religión olvidar su sepultura
para poder con distinción trasladar sus huesos de la iglesia vieja
a la nueva, y así no se sabe dónde estén.
5.-El Padre fray Dionisio de la Cruz, sacerdote, se dice fue
natural de China y haber acompañado mucho tiempo al apóstol de la
India Oriental San Francisco Javier, de quien fue padre de
confesión y le ayudó en los ejercicios de predicar y convertir
infieles. También agregó a este honor el de haber confesado a otros
dos santos canonizados. Pasó a España y della a la provincia del
Nuevo Reino de Granada, donde permaneció muchos años, y en los
últimos de su vida llegó a estar tan imposibilitado de vejez y
achaques, que no salía de su celda en que estaba o en la cama o en
una silleta a que le bajaban y de su asistencia y de la
continuación de los malos humores de algunas llagas que padecía y
del poco aseo como impedido, tenía mal olor, con que se extrañaban
de verle. Llegóse la hora de su muerte en edad de más de ciento
veinte años, y la tuvo con prevención de todos los santos
sacramentos, y luégo que expiró se quitó el mal olor de la celda,
sin humana diligencia, quedando su cuerpo blanco y limpio para
poder colegir su bienaventuranza.
6.-El reverendo Padre maestro fray Francisco de Villacinda pasó
a esta provincia de San Antonio de la de Guatemala (que comúnmente
se llama de Santos, por los muchos que en ella ha habido y por la
observancia religiosa de su vivir); fue muy virtuoso, limosnero y
penitente, blando en condición y modesto en proceder y en todas sus
acciones ejemplar, así religioso común, como provincial en el Nuevo
Reino de Granada, en donde por estar entonces la tierra rica y ser
amado de todos tuvo mucho ingreso de limosnas y de las
contribuciones del oficio de provincial, despendiéndolo con
liberalidad entre los religiosos necesitados y otros pobres, sin
reservar nada para sí. Pasó su última enfermedad en el suelo sobre
una estera, y aunque desfallecido de su padecer, estando cercano a
la muerte, recobró aliento y fuerzas para ponerse de rodillas con
un cristo en las manos, entregándole deste modo alma y vida.
7.-El Padre fray Francisco de Hinojosa, natural de la ciudad de
Granada, fue muy observante y jamás dio lugar al ocio porque el
tiempo que le sobraba después de haber rezado sus horas y
devociones lo ocupaba en ejercicios manuales; era muy caritativo y
limosnero; parece tuvo certeza de cuándo seria su muerte, porque
estando enfermo él y un su amigo seglar, le dijo éste: "Padre,
vuestra piedad me ha de enterrar", a que le respondió: "No será
así, sino que vuestra merced me enterrará", y lo comprobó el suceso
habrá cincuenta años (por este de 1661 en que se escribía esto) que
murió en Mogotocoro, jurisdicción de la ciudad de Pamplona en el
Nuevo Reino de Granada, y para trasladarlo a la iglesia de su
convento de aquella ciudad, pasados muchos años, se halló su
rosario de madera tan entero como sí se acabara de hacer, y el
cordón de su ensarte recio y fuerte.
8.-El Padre fray Diego de Balderas, sacerdote y predicador, fue
natural de la ciudad de Santafé, hijo legítimo del gobernador
Bartolomé de Masmela y de doña Adriana Maldonado, hija única de
Diego Rodríguez de Balderas, conquistador del Nuevo Reino de
Granada, y de doña Ana Maldonado, su mujer, de quienes se trata en
el árbol de Juan Gómez Portillo, en el número cuarto; como hijo
mayor sucedía en la encomienda de indios de Ubaté que tuvieron su
padre y abuelo y lo dejó con otras comodidades por servir a Dios en
la religión donde vivió y murió muy observante de su regla y
perfecto religioso, con veneración pía y opinión de santo.
9.-El muy venerable Padre maestro fray Francisco de Garaita,
natural de Huesca, del Reino de Aragón y doctorado en ella, tomó el
hábito de su religión dominicana en su patria, de donde pasó a
Indias con el Padre fray Gabriel Jiménez, Visitador y Provincial en
la provincia del Nuevo Reino de Granada; asistió de ordinario en el
convento de la ciudad de Santafé. Era docto, estudioso y maestro
por su religión, sobresaliendo en virtud y ejemplo, con que mereció
le hablase la Virgen del Rosario, de quien fue muy devoto,
proponiéndole sé agradaría la sirviese y que le fabricara capilla,
por no tenerla, y estar a la sazón de hospedaje en la de San
Hilarión, adonde había ido este siervo de Dios a rezar en el
silencio de la noche; y para cumplir el mandato hizo pretensión de
la demanda (que corría por un religioso lego) y se le contradijo
con pretexto de no ser decente ocupación para sujeto de su
autoridad; mas su perseverante instancia pudo llegar a conseguir su
designio y edificar con su modestia y humildad, aumentando la
devoción cristiana, y fabricó la capilla, colateral a la mayor, a
su lado derecho, menor de lo que hoy es pero de muy buen edificio,
proporción y arte, con dos tribunas que servían de coro donde puso
órgano, y con sacristía y buenos ornamentos y tabernáculo en el
altar con bultos de medio relieve, embutidos y otros enteros en
nichos, y en el de en medio colocó la santa imagen que le revelaba
en su semblante alegre o triste los sucesos de lo que le pedía, y
otras veces, hablándole, que se entiende fue continuamente.
Edificó el noviciado deste convento, costeé el retablo mayor,
empezó a proseguir sus claustros y los del convento de la ciudad de
Cartagena, aunque no dejó acabado uno ni otro, porque no todas
veces llega la posibilidad a igualar con el deseo y cuando estaba
obrando la capilla, hallándose falto de dinero, sucedió que andando
pidiendo la limosna ordinaria por la Calle de los Mercaderes le
llamó uno diciéndole se llevase los trescientos pesos de plata
corriente (que era a modo de moneda provincial, que entonces se
usaba en esta tierra, y cada peso valía 312 maravedís) que le había
dado a guardar seis días antes. Resistiólo el religioso negándolo,
y el mercader afirmativo; tuvieron los dos reñida porfía, hasta que
considerando o que por aquel modo debía de querer darlos de limosna
o que encerraba misterio y sería obra de la Divina Providencia, se
dejó convencer y recibió la plata y con ella prosiguió su
edificio.
Atribuyóse a milagro de Nuestra Señora, a quien sirvió esta
capilla algunos años, hasta que el presentado fray Juan del
Rosario, su discípulo que le sucedió en la demanda, le pareció
ensancharla para que cupiese la mucha gente que la frecuenta,
poniéndolo en ejecución por el año de 1642, quedando tan ancha y de
tanto peso por la mucha fuga de el tejado, que rindió la pared
principal que medía entre ella y la capilla mayor, no ayudando poco
a la ruina un temblor de tierra que hubo por principios del año de
1644, con que se abrieron los arcos torales de ambas,
desencajándose de sus pedestales, con necesidad de reedificarlos
luego y la pared yéndola vaciando poco a poco y volviéndola a
macizar de cal y canto y arquería de ladrillo, dejándola con sus
dos sepulcros embebidos. Y como ninguna acción hay que no dependa
de la voluntad de Dios, con singulares secretos ésta que a las
primeras luces pareció perjudicial con el nuevo costo que sobrevino
por la forma de reedificación, fue permanente y convino por no
estar firme el edificio ni ser de buen material y que podía causar
peligrosa asolación, atajada por este medio en tiempo que corría
con la demanda el Padre presentado fray Esteban Santos (también
discípulo del primero) que dio nueva forma a la capilla con
fortificación y dejándola con tres colaterales que la hermosean y
retablo mayor proporcionado que, por sí sola, pudiera ser iglesia,
y más con el coro que la acrecentó el Padre presentado fray Juan
Bautista, sucesor de la demanda, y lo que la ha ilustrado con el
techo artesonado con florones de oro en campo blanco y las paredes,
de alto a bajo con cuadros a modo de tabernáculo y otras cosas de
aumento que ha hecho en servicio de la Virgen Santísima.
Entre lo demás que le dejó el Padre maestro fray Francisco de
Garaita, fue una corona de oro y esmeraldas y dos blandones grandes
y seis pequeños de plata de martillo y un frontal de hoja della,
lámpara y dos veleros que la acompañan, en que le ponen muchas
luces.
Sucedióle a este santo religioso advertir a Antonio de Herrera,
mercader (a quien traía divertido una mujer casada) que no pasase
al barrio de Las Nieves porque lo habían de matar, y a cuarto días
siguientes le sobrevino darle muerte el ofendido. Era nuestro
insigne varón muy ejercitado en la caridad, socorriendo a los
religiosos menesterosos y a los de casa de novicios, como
desvalidos, de tal suerte que en las mangas les llevaba zapatos,
medias y otras cosas que se pusiesen, remediando su desnudez, y
para alentarlos a la virtud géneros, comestibles y regalos. No
menos usaba esta liberalidad con los pobres de la República,
acudiendo a reparar su falta y miserias. Una vez le dieron un niño
acabado de nacer ocultamente, y lo llevó en los brazos y lo dio a
criar por su cuenta y a la de las limosnas propias que le hacían
los devotos; y con ser tan liberal para con otros, se negaba así
esta piedad y procuraba necesitado el alimento de limosna
entrándose en algunas celdas a que se le diesen por amor de Dios,
diciendo que si había que dar a un pobre un pedazo de pan (por ser
este género lo más que le sustentaba y apetecía) porque con el
ejercicio de demandante y otras piadosas ocupaciones no alcanzaba
todas veces las horas del refitorio; y el descanso de las noches
era estudio ordinario hasta muy tarde, a que se seguía estarse solo
rezando en el coro u delante de Nuestra Señora, sin saberse cuándo
dormía, y si le cogían en esta ocupación la disimulaba con que iba
a ver si estaba encendida la lámpara, encenderla o cebarla. Entre
sus muchas devociones era singular la que tenía al misterio de la
Encarnación, y predicando dél le atajaban las lágrimas y sollozos.
Fue muy celoso de que no se faltase en el culto Divino a lo que
tiene dispuesta nuestra santa madre iglesia para cada día; y en uno
de adviento en que acertó a celebrarse fiesta de Nuestra Señora,
con ser tan su fervoroso devoto, estando diciendo la última misa,
como lo acostumbraba al mediodía para socorrer de retardados,
oyendo los ministriles que solemnizaban la festividad, volvió en el
Evangelio diciendo: digan a aquellas chirimías que lo dejen, que
cuando la iglesia llora no han de tocar.
Era de natural colérico, y pasado el primer movimiento se
castigaba con mortificaciones y lágrimas, de que tuvo dón especial
y en misa muy ordinarias; cuando salía por religión a recreaciones
se mostraba placentero y jovial, diciendo que cada tiempo tenía su
aplicación. Estando en elección de provincial, discordes los
vocales, salió de repente la voz y elección por suya sin faltarle
más que su voto; y el repique ordinario de las campanas, que lo
manifestó, fue motivo en la ciudad para decir era por haber hecho
milagro el Padre maestro fray Francisco de Garaita, que a tanto se
extendía su opinión y lo venerado de su virtud; y en el oficio de
Provincial padeció persecuciones por querer corregir y ajustar sus
súbditos a su regla, y se atrevieron a quitarle los sellos del
oficio, y las valijas o petacas de su ropa, llegando de camino
arguyéndole usaba de camisas profanas y que atesoraba; y puede
tanto la fuerza de la verdad, que se manifestó a vista del
Arzobispo y del Presidente Gobernador en presencia de los
calumniosos, y el desengaño de no tener más de dos camisas de
lienzo basto de algodón para cuando estaba enfermo, y un
colchoncillo indigno aun para un paje, y una ara, con cuyo peso se
pudo presumir había dinero, y Dios le sacó vencedor desta y las
demás sindicaciones, restituyéndole con honor los sellos y oficio
con la obediencia de sus convenidos súbditos, y después
prorrogándole su general el provincialato un mes más, que fue lo
que duraron estas discordias.