INDICE





PUBLICACIÓN

HOMENAJE A FLÓREZ DE OCÁRIZ

PRIMEROS OBISPOS DE SANTA MARTA

ARZOBISPOS Y DIGNIDADES DEL NUEVO REINO DE GRANADA

OBISPOS DE LA CATEDRAL DE CARTAGENA

OBISPOS DE LA CATEDRAL DE POPAYAN

SEGUNDOS OBISPOS DE SANTA MARTA

OBISPOS E INQUISIDORES QUE HAN SALIDO DESTAS PROVINCIAS A SERLO, TENIENDO OTRAS OCUPACIONES O PERTENECIÉNDOLES

IGLESIA CATEDRAL DE SANTAFÉ, SU PRINCIPIO Y LOS CURAS QUE HA TENIDO

PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES

PARROQUIA DE SANTA BÁRBARA

PARROQUIA DE SAN VICTORINO

RELIGIONES

CONVENTOS DE SANTO DOMINGO

CONVENTOS DE SAN FRANCISCO

SAN FRANCISCO

RELIGIÓN DE SAN AGUSTÍN

RECOLECCIÓN DE SAN AGUSTÍN

RELIGIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESUS

PROVINCIALES DE LA PROVINCIA DEL NUEVO REINO

RECTORES DEL COLEGIO DE LA CIUDAD DE SANTAFÉ

CONVENTOS DE MONJAS

HOSPITAL DE SAN PEDRO DE SANTAFÉ

CASA DE NIÑOS EXPÓSITOS Y DE DIVORCIADO, EN SANTAFÉ

COLEGIOS

IMÁGENES

VARONES ILUSTRES

PRELADOS PRECLAROS

CLÉRIGOS SINGULARES

RELIGIOSOS DE SANTO DOMINGO

BEATAS DE SANTO DOMINGO Y DE SANTA CATALINA DE SENA
XXVIII-Religiosos de Santo Domingo


1.-La sala del Capítulo del religiosísimo convento de Predicadores de la ciudad de Tunja está sembrada de cuerpos de religiosos santos y esta generalidad excusa no poner en particular los que son, porque se ignoran para decirlos uno por uno.

2.-Tuvo esta provincia de San Antonino la buena suerte de haber sido della San Luis Beltrán, que nació en la ciudad de Valencia día de Año Nuevo en el de 1526, siendo sus padres Juan Luis Beltrán, notario, y Juana Angela Ejarch, su segunda mujer; bautizáronle con nombre de Juan Luis, usado en su familia, y después dejó el primero conservando el segundo, en la iglesia de San Esteban, en la pila en que lo fue San Vicente Ferrer, con quien tuvo parentesco por su bisabuela Ursula Ferrer. Tomó el hábito de Santo Domingo en 26 de agosto de 1544, en el convento de su patria, en manos del prior maestro fray Jaime Ferrán, y profesó a 27 de agosto de 1545, y en el de 1547, a 23 de octubre, cantó la primera misa; fue siete veces maestro de novicios, y la primera desde 21 de septiembre de 1551. Vicario |in capite o prior en el convento de Santa Ana de Albayda; y habiendo ido del Nuevo Reino de Granada dos procuradores de su orden a traer religiosos, pasó con ellos a Indias el año de 1562, quedó conventual de Cartagena en cuyo distrito tuvo las doctrinas de Cipacua, Palvato, Tubará, Granada y otras. Reprendía en su predicación los vicios de que se le siguieron persecuciones, y una que refiere la lección de su rezo de querer un ciudadano darle muerte, disparándole una escopeta que se le volvió santo Crucifijo; y otra de echarle una hermosa doncella que le inquietase, de que salió vencedor con redundancia de general provecho como de otras muchas obras suyas. Fue electo prior de Santafé, adonde profetizó no había de llegar y sucedió así, porque subiendo el río grande de la Magdalena le alcanzó la licencia de su General para volverse a España, como lo ejecutó yendo el año de 1569 y allá tuvo prioratos y murió en su patria el de 1581, día de San Dionisio, lunes a las nueve de la mañana, 9 de octubre, en edad de cincuenta y cinco años.

Era de gran cuerpo, rostro flaco y largo, las mejillas levantadas, nariz afilada y corva y estaba entrecano, ambos colores opuestos, muy finos, cada uno en el cuyo; y el año de 1582 se trasladó su cuerpo a un sepulcro que le fabricó su hermano Jaime Beltrán.

Fue beatificado por el Pontífice Paulo V, de que se expendió bula a 29 de julio de 1608. Sus grandes milagros y prodigiosa vida escribió y imprimió en Valencia el mismo año el Padre presentado fray Baltasar Juan Roca, de la propia religión, en donde se hallará con más singularidades un diseño de perfección y santidad.

3.-Hay tradición que cuando predicaba el Evangelio a los infieles de la costa del mar océano de Indias el glorioso San Luis Beltrán, tuvo por compañero un religioso, fray Luis Vero, que murió en el Valle de Upar, año de 1588, y lo enterraron al pie del altar de Nuestra Señora del Rosario, y con la grande fama de su virtud y tenerla por amparo (pasados algunos años) se inclinó un devoto republicano de allí a pedir le enterrasen en la misma parte, dando por ello copiosa limosna, y poniéndolo en ejecución se halló el religioso cuerpo entero y sin corrupción, siendo temple cálido y húmedo con extremo, que brevemente la produce, con que se sepultaron ambos juntos. Después con el ejemplo tuvo otro la misma pretensión, y abriendo para ello la sepultura, no se hallé del cuerpo del religioso ni un solo hueso, y en discurso común de todos se presumió que por la desatención o irreverencia le mudaría Dios a otro sitio, quitándole a los que debían tenerle separado para hacer experiencias de esta maravilla y con el examen de ser sobrenatural venerarle.

4.-De otro religioso (de quien asímismo se ignora el nombre) se tiene tradición que murió de pocos años, ordenado de diácono en el convento de la ciudad de Santafé, siendo de tan crecida virtud que no bastando lenguas humanas para manifestarla, la publicó Dios enviando luces del cielo sobre su celda la noche que murió. Y también fue culpable descuido de la religión olvidar su sepultura para poder con distinción trasladar sus huesos de la iglesia vieja a la nueva, y así no se sabe dónde estén.

5.-El Padre fray Dionisio de la Cruz, sacerdote, se dice fue natural de China y haber acompañado mucho tiempo al apóstol de la India Oriental San Francisco Javier, de quien fue padre de confesión y le ayudó en los ejercicios de predicar y convertir infieles. También agregó a este honor el de haber confesado a otros dos santos canonizados. Pasó a España y della a la provincia del Nuevo Reino de Granada, donde permaneció muchos años, y en los últimos de su vida llegó a estar tan imposibilitado de vejez y achaques, que no salía de su celda en que estaba o en la cama o en una silleta a que le bajaban y de su asistencia y de la continuación de los malos humores de algunas llagas que padecía y del poco aseo como impedido, tenía mal olor, con que se extrañaban de verle. Llegóse la hora de su muerte en edad de más de ciento veinte años, y la tuvo con prevención de todos los santos sacramentos, y luégo que expiró se quitó el mal olor de la celda, sin humana diligencia, quedando su cuerpo blanco y limpio para poder colegir su bienaventuranza.

6.-El reverendo Padre maestro fray Francisco de Villacinda pasó a esta provincia de San Antonio de la de Guatemala (que comúnmente se llama de Santos, por los muchos que en ella ha habido y por la observancia religiosa de su vivir); fue muy virtuoso, limosnero y penitente, blando en condición y modesto en proceder y en todas sus acciones ejemplar, así religioso común, como provincial en el Nuevo Reino de Granada, en donde por estar entonces la tierra rica y ser amado de todos tuvo mucho ingreso de limosnas y de las contribuciones del oficio de provincial, despendiéndolo con liberalidad entre los religiosos necesitados y otros pobres, sin reservar nada para sí. Pasó su última enfermedad en el suelo sobre una estera, y aunque desfallecido de su padecer, estando cercano a la muerte, recobró aliento y fuerzas para ponerse de rodillas con un cristo en las manos, entregándole deste modo alma y vida.

7.-El Padre fray Francisco de Hinojosa, natural de la ciudad de Granada, fue muy observante y jamás dio lugar al ocio porque el tiempo que le sobraba después de haber rezado sus horas y devociones lo ocupaba en ejercicios manuales; era muy caritativo y limosnero; parece tuvo certeza de cuándo seria su muerte, porque estando enfermo él y un su amigo seglar, le dijo éste: "Padre, vuestra piedad me ha de enterrar", a que le respondió: "No será así, sino que vuestra merced me enterrará", y lo comprobó el suceso habrá cincuenta años (por este de 1661 en que se escribía esto) que murió en Mogotocoro, jurisdicción de la ciudad de Pamplona en el Nuevo Reino de Granada, y para trasladarlo a la iglesia de su convento de aquella ciudad, pasados muchos años, se halló su rosario de madera tan entero como sí se acabara de hacer, y el cordón de su ensarte recio y fuerte.

8.-El Padre fray Diego de Balderas, sacerdote y predicador, fue natural de la ciudad de Santafé, hijo legítimo del gobernador Bartolomé de Masmela y de doña Adriana Maldonado, hija única de Diego Rodríguez de Balderas, conquistador del Nuevo Reino de Granada, y de doña Ana Maldonado, su mujer, de quienes se trata en el árbol de Juan Gómez Portillo, en el número cuarto; como hijo mayor sucedía en la encomienda de indios de Ubaté que tuvieron su padre y abuelo y lo dejó con otras comodidades por servir a Dios en la religión donde vivió y murió muy observante de su regla y perfecto religioso, con veneración pía y opinión de santo.

9.-El muy venerable Padre maestro fray Francisco de Garaita, natural de Huesca, del Reino de Aragón y doctorado en ella, tomó el hábito de su religión dominicana en su patria, de donde pasó a Indias con el Padre fray Gabriel Jiménez, Visitador y Provincial en la provincia del Nuevo Reino de Granada; asistió de ordinario en el convento de la ciudad de Santafé. Era docto, estudioso y maestro por su religión, sobresaliendo en virtud y ejemplo, con que mereció le hablase la Virgen del Rosario, de quien fue muy devoto, proponiéndole sé agradaría la sirviese y que le fabricara capilla, por no tenerla, y estar a la sazón de hospedaje en la de San Hilarión, adonde había ido este siervo de Dios a rezar en el silencio de la noche; y para cumplir el mandato hizo pretensión de la demanda (que corría por un religioso lego) y se le contradijo con pretexto de no ser decente ocupación para sujeto de su autoridad; mas su perseverante instancia pudo llegar a conseguir su designio y edificar con su modestia y humildad, aumentando la devoción cristiana, y fabricó la capilla, colateral a la mayor, a su lado derecho, menor de lo que hoy es pero de muy buen edificio, proporción y arte, con dos tribunas que servían de coro donde puso órgano, y con sacristía y buenos ornamentos y tabernáculo en el altar con bultos de medio relieve, embutidos y otros enteros en nichos, y en el de en medio colocó la santa imagen que le revelaba en su semblante alegre o triste los sucesos de lo que le pedía, y otras veces, hablándole, que se entiende fue continuamente.

Edificó el noviciado deste convento, costeé el retablo mayor, empezó a proseguir sus claustros y los del convento de la ciudad de Cartagena, aunque no dejó acabado uno ni otro, porque no todas veces llega la posibilidad a igualar con el deseo y cuando estaba obrando la capilla, hallándose falto de dinero, sucedió que andando pidiendo la limosna ordinaria por la Calle de los Mercaderes le llamó uno diciéndole se llevase los trescientos pesos de plata corriente (que era a modo de moneda provincial, que entonces se usaba en esta tierra, y cada peso valía 312 maravedís) que le había dado a guardar seis días antes. Resistiólo el religioso negándolo, y el mercader afirmativo; tuvieron los dos reñida porfía, hasta que considerando o que por aquel modo debía de querer darlos de limosna o que encerraba misterio y sería obra de la Divina Providencia, se dejó convencer y recibió la plata y con ella prosiguió su edificio.

Atribuyóse a milagro de Nuestra Señora, a quien sirvió esta capilla algunos años, hasta que el presentado fray Juan del Rosario, su discípulo que le sucedió en la demanda, le pareció ensancharla para que cupiese la mucha gente que la frecuenta, poniéndolo en ejecución por el año de 1642, quedando tan ancha y de tanto peso por la mucha fuga de el tejado, que rindió la pared principal que medía entre ella y la capilla mayor, no ayudando poco a la ruina un temblor de tierra que hubo por principios del año de 1644, con que se abrieron los arcos torales de ambas, desencajándose de sus pedestales, con necesidad de reedificarlos luego y la pared yéndola vaciando poco a poco y volviéndola a macizar de cal y canto y arquería de ladrillo, dejándola con sus dos sepulcros embebidos. Y como ninguna acción hay que no dependa de la voluntad de Dios, con singulares secretos ésta que a las primeras luces pareció perjudicial con el nuevo costo que sobrevino por la forma de reedificación, fue permanente y convino por no estar firme el edificio ni ser de buen material y que podía causar peligrosa asolación, atajada por este medio en tiempo que corría con la demanda el Padre presentado fray Esteban Santos (también discípulo del primero) que dio nueva forma a la capilla con fortificación y dejándola con tres colaterales que la hermosean y retablo mayor proporcionado que, por sí sola, pudiera ser iglesia, y más con el coro que la acrecentó el Padre presentado fray Juan Bautista, sucesor de la demanda, y lo que la ha ilustrado con el techo artesonado con florones de oro en campo blanco y las paredes, de alto a bajo con cuadros a modo de tabernáculo y otras cosas de aumento que ha hecho en servicio de la Virgen Santísima.

Entre lo demás que le dejó el Padre maestro fray Francisco de Garaita, fue una corona de oro y esmeraldas y dos blandones grandes y seis pequeños de plata de martillo y un frontal de hoja della, lámpara y dos veleros que la acompañan, en que le ponen muchas luces.

Sucedióle a este santo religioso advertir a Antonio de Herrera, mercader (a quien traía divertido una mujer casada) que no pasase al barrio de Las Nieves porque lo habían de matar, y a cuarto días siguientes le sobrevino darle muerte el ofendido. Era nuestro insigne varón muy ejercitado en la caridad, socorriendo a los religiosos menesterosos y a los de casa de novicios, como desvalidos, de tal suerte que en las mangas les llevaba zapatos, medias y otras cosas que se pusiesen, remediando su desnudez, y para alentarlos a la virtud géneros, comestibles y regalos. No menos usaba esta liberalidad con los pobres de la República, acudiendo a reparar su falta y miserias. Una vez le dieron un niño acabado de nacer ocultamente, y lo llevó en los brazos y lo dio a criar por su cuenta y a la de las limosnas propias que le hacían los devotos; y con ser tan liberal para con otros, se negaba así esta piedad y procuraba necesitado el alimento de limosna entrándose en algunas celdas a que se le diesen por amor de Dios, diciendo que si había que dar a un pobre un pedazo de pan (por ser este género lo más que le sustentaba y apetecía) porque con el ejercicio de demandante y otras piadosas ocupaciones no alcanzaba todas veces las horas del refitorio; y el descanso de las noches era estudio ordinario hasta muy tarde, a que se seguía estarse solo rezando en el coro u delante de Nuestra Señora, sin saberse cuándo dormía, y si le cogían en esta ocupación la disimulaba con que iba a ver si estaba encendida la lámpara, encenderla o cebarla. Entre sus muchas devociones era singular la que tenía al misterio de la Encarnación, y predicando dél le atajaban las lágrimas y sollozos. Fue muy celoso de que no se faltase en el culto Divino a lo que tiene dispuesta nuestra santa madre iglesia para cada día; y en uno de adviento en que acertó a celebrarse fiesta de Nuestra Señora, con ser tan su fervoroso devoto, estando diciendo la última misa, como lo acostumbraba al mediodía para socorrer de retardados, oyendo los ministriles que solemnizaban la festividad, volvió en el Evangelio diciendo: digan a aquellas chirimías que lo dejen, que cuando la iglesia llora no han de tocar.

Era de natural colérico, y pasado el primer movimiento se castigaba con mortificaciones y lágrimas, de que tuvo dón especial y en misa muy ordinarias; cuando salía por religión a recreaciones se mostraba placentero y jovial, diciendo que cada tiempo tenía su aplicación. Estando en elección de provincial, discordes los vocales, salió de repente la voz y elección por suya sin faltarle más que su voto; y el repique ordinario de las campanas, que lo manifestó, fue motivo en la ciudad para decir era por haber hecho milagro el Padre maestro fray Francisco de Garaita, que a tanto se extendía su opinión y lo venerado de su virtud; y en el oficio de Provincial padeció persecuciones por querer corregir y ajustar sus súbditos a su regla, y se atrevieron a quitarle los sellos del oficio, y las valijas o petacas de su ropa, llegando de camino arguyéndole usaba de camisas profanas y que atesoraba; y puede tanto la fuerza de la verdad, que se manifestó a vista del Arzobispo y del Presidente Gobernador en presencia de los calumniosos, y el desengaño de no tener más de dos camisas de lienzo basto de algodón para cuando estaba enfermo, y un colchoncillo indigno aun para un paje, y una ara, con cuyo peso se pudo presumir había dinero, y Dios le sacó vencedor desta y las demás sindicaciones, restituyéndole con honor los sellos y oficio con la obediencia de sus convenidos súbditos, y después prorrogándole su general el provincialato un mes más, que fue lo que duraron estas discordias.

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