XXVI-Prelados preclaros
1.-El muy memorable Arzobispo don Fernando Arias de Ugarte, que se
nombra por diferentes ocurrencias en varias partes y por muchas
veces que se repita merece más memoria, fue varón tenido por virgen
y de gran vida, ejemplo y doctrina, incansable en el trabajo y
mortificado en el descanso, y como tal, habiendo nacido en Santafé,
murió en Lima con opinión de santo.
2.-El muy ínclito Arzobispo don Bernardo de Almansa, que entre
él y el antecedente trastrocaron para la muerte los arzobispados
donde nacieron, fue varón santo, como lo manifiesta el resumen de
su vida en el catálogo de arzobispos de Santafé en el número 143
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1
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3.-El muy reverendo y ilustre maestro de maestros don fray
Cristóbal de Torres, Arzobispo del Nuevo Reino de Granada, que en
el católogo de arzobispos, en el número 144 queda nombrado
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. Fue devotísimo de la Virgen
Santísima Nuestra Señora y de su rosario y muy frecuente en la
oración mental; y con ser tan sabio tuvo ánimo cándido y sencillo.
Profesó tanto la verdad, que le parecía que ninguno le había de
mentir; y aunque como científico su edad le privilegiaba del
estudio, le continuó siempre, y con todo admitía los pareceres de
otros doctos. No perdió la ocasión del renombre de limosnero
haciendo los más socorros en secreto, que es donde no se peligra en
la vanidad; y aunque ocultaba sus mortificaciones y penitencias, no
pudo ocultar la noticia de sus continuas disciplinas, ni la
humildad, pues todas las veces que veía prelado de su religión,
como silo fuese suyo, se le rendía. Sus pláticas y conversaciones
no solamente eran de consuelo, sino sermones muy fundados para
otros. Era muy urbano y cortesísimo, como quien tanto había seguido
la corte de los reyes don Felipe III y IV, de quienes fue
predicador y en ella tenido por varón que hacía milagros con
experiencias de algunos. Fue resoluto en lo que aprendía y en la
defensa de la inmunidad eclesiástica, y perdonando fácilmente sus
ofensas, severo en las de dignidad; y en las aflicciones de la
República por enfermedades o temblores que daban causa a
procesiones penitentes, el primero que salía con penitencias
públicas y el que más edificaba para corregir cada cual su vida.
¡Oh, quién pudiera olvidarse de nada de todo lo que vio para
decirlo todo! Pero, pues no se puede llenar, quédese en este
principio y remátelo lo que dijo el grande por todos títulos don
Gabriel Alvarez de Velasco en la vida de su mujer, que describió en
carta a sus hijos por estas palabras
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: "El ilustrísimo señor don fray Cristóbal de
Torres, Arzobispo de este Reino (que sólo su nombre publica sus
alabanzas) Ambrosio en el púlpito, Tomás en la cátedra, Gregorio en
la enseñanza, Torre en la eminencia, antorcha sobre monte, sol que
alumbró la Europa y que alumbra la América, varón tan insigne, tan
gran Prelado, etc."
4.-El revedendo en Cristo, Padre don fray Tomás de Toro, primer
Obispo de la provincia de Cartagena (que se nombró en el número
ciento y cuarenta y ocho)
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fue varón santo, como lo testificaron los
resplandores del cielo que se vieron sobre su casa al tiempo que
murió.
5.-El reverendísimo maestro don fray Juan de Ladrada, dominicano
como el antecedente y también Obispo de Cartagena, nombrado en el
número ciento y sesenta de su lista de obispos
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, fue muy gran devoto del Santísimo
Sacramento del Altar y todas las veces que de noche u de día le
sacaba para los enfermos, atropellando el estorbo del rigor y
destemplanza de la tierra, le acompañaba con una hacha en la mano
dejando a los pobres necesitados algunas limosnas para socorrerse,
y para con todos los que lo eran usaba de caritativa liberalidad.
Fue honestísimo y casto, y habiéndosele declarado una mujer con
incendios torpes la reprimió y mudó a vida de edificación, que
puede la persuación de un santo. Tenía condición muy apacible y de
consuelo para afligidos, siendo amparo y refugio de todos. Algunos
años después de su muerte se halló su cuerpo entero y sin mal olor
contra la propiedad y efectos de aquella tierra, que por ser en
sumo grado caliente y húmeda produce breve corrupción, con cuyo
prodigio los circunstantes se aprovecharon de lo que podían coger
por reliquia y no dejaran de desmembrarle, a no impedirlo la
providencia de los prelados.
6.-El religiosísimo don fray Pedro Mártir Palomino fue Prior y
Provincial en el Nuevo Reino de Granada, de la familia de
predicadores; aumentó el convento de Santafé con muchas obras y
entre ellas la sillería primera que tuvo su coro y un temo de
difuntos, bordado de perlas, que sin ellas permanece con la demás
bordadura; fue presentado por Obispo de la santa iglesia de
Venezuela en el año de 1601, donde murió, dejando fundada una
capellanía.
7.-El muy preclaro Obispo y Arzobispo de Santafé don fray Juan
de los Barrios, religioso de San Francisco, de quien se suman las
noticias en el número ciento y treinta y dos
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, fue santo varón y se halló su
cuerpo incorrupto pasados muchos años de su entierro, queriendo
trasladarle de la iglesia antigua a la moderna, que es la que hoy
tiene esta metrópoli, y las vestiduras en su perfecto color y
sanidad y con suave y fragante olor.
8.-El revendísimo don fray Luis Zapata de Cárdenas, de la misma
orden y primer Arzobispo en posesión del Nuevo Reino de Granada,
como se dice en el número ciento treinta y cuatro
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; murió en la ciudad de Santafé como
santo y con opinión de serlo reforzada, con que al trasladar su
cuerpo sucedió lo que con el de su antecesor.
9.-El memorable don fray Sebastián de Ocando, franciscano, Obispo
de Santa Marta, murió en ella de mayor edad, habiendo sido
religioso virtuoso, Prelado ejemplar y Obispo santo, subiendo por
grados a la mayor perfección, nómbrase en el número ciento ochenta
y tres 8.
10.-Don fray Agustín de Coruña, religioso agustiniano, Obispo de
Popayán, llamado comúnmente el Obispo Santo, como lo fue, y se
refiere en el número ciento y setenta y tres que suma su vida
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9
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Tomo II, páginas 36 a 44.
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|2
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Tomo II, páginas 47 a 51.
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|3
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Don Gabriel Alvarez de Velasco, "Carta laudatoria de su mujer",
número 289.
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|4
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Tomo I, página 86.
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|5
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Tomo II, página 88. Véase Boletín de Historia y Antigüedades,
números 269 a 270, de julio y agosto de 1945. Tomo XXXII, página
684, Bogotá.
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|6
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Tomo II, páginas 4 a 9.
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|7
|
Tomo II, páginas 12 a 15.
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|8
|
Tomo II, página 98.
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|9
|
Tomo II, página 93.
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