XXV-Varones ilustres
No es la menor excelencia de esta tierra el haber tenido prelados,
hijos y habitadores que se hayan singularizado en vida y ejemplo
con su virtuoso proceder para haber adquirido blasón de varones
ilustres; y sin agravio de los muchos sujetos que se pudieran
poner, si se tuviera noticia de todos, en la que se tiene de los
pocos que se ponen, se centelleará la luz de los más que podrán ser
y que no se han comprendido por los comunes accidentes que padece
quien escribe de no hallar razón de todo; y por lo menos doy lo que
no ha dado otro, por ser el primero que surca este golfo, en parte,
donde porque se sabe más obrar se debe de haber atendido menos a
escribir, pero los que me faltaren de recontar prevalecerán para
alabanza por sus méritos en otros modos, pues en la eterna
permanecen de justos y la loa es sombra de la virtud, según Séneca,
y el virtuoso no puede quedar sin premio por que le han de seguir
sus obras y la magnificencia de Dios con darle en la gloria permite
a veces se manifieste en este mundo para mayor complacencia de los
buenos y más confusión de los malos. Y en lo que se refiere se debe
considerar que algunas personas son de superior grado a otras y no
de igual parangón todas, y, que no son las menores en número las
que conocí, traté y de quienes soy testigo de vista de su loable
vida, y así lo escribo siguiendo el santo documento, si bien
obediente, conformándome con lo ordenado por la Sede Apostólica y
congregación de los sagrados ritos y de la universal inquisición,
no es mi intento que lo que en esta obra se contiene de santidad,
martirios, milagros, revelaciones y otras cosas semejantes tengan
el crédito y estimaciones que sí estuviesen calificadas
pontificialmente, ni que se reciban con presunción de estarlo, sino
como historia humana, que refiere los sucesos en corteza y no
penetra lo oculto, reservado a Dios y a sus reverentes ministros, a
quien compete examinar y calificar lo digno.
Y con esta protestación en todo y por todo lo digo y refiero
como católico fiel cristiano, obediente hijo de la iglesia que
pretende y desea no contravenir a nada de sus santas disposiciones
y mandatos, y si se necesita de mayor declaración de ánimo hecho o
dicho, la hago como más se requiera y mejor me convenga para su
santo servicio.