INDICE





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HOMENAJE A FLÓREZ DE OCÁRIZ

PRIMEROS OBISPOS DE SANTA MARTA

ARZOBISPOS Y DIGNIDADES DEL NUEVO REINO DE GRANADA

OBISPOS DE LA CATEDRAL DE CARTAGENA

OBISPOS DE LA CATEDRAL DE POPAYAN

SEGUNDOS OBISPOS DE SANTA MARTA

OBISPOS E INQUISIDORES QUE HAN SALIDO DESTAS PROVINCIAS A SERLO, TENIENDO OTRAS OCUPACIONES O PERTENECIÉNDOLES

IGLESIA CATEDRAL DE SANTAFÉ, SU PRINCIPIO Y LOS CURAS QUE HA TENIDO

PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES

PARROQUIA DE SANTA BÁRBARA

PARROQUIA DE SAN VICTORINO

RELIGIONES

CONVENTOS DE SANTO DOMINGO

CONVENTOS DE SAN FRANCISCO

SAN FRANCISCO

RELIGIÓN DE SAN AGUSTÍN

RECOLECCIÓN DE SAN AGUSTÍN

RELIGIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESUS

PROVINCIALES DE LA PROVINCIA DEL NUEVO REINO

RECTORES DEL COLEGIO DE LA CIUDAD DE SANTAFÉ

CONVENTOS DE MONJAS

HOSPITAL DE SAN PEDRO DE SANTAFÉ

CASA DE NIÑOS EXPÓSITOS Y DE DIVORCIADO, EN SANTAFÉ

COLEGIOS

IMÁGENES

VARONES ILUSTRES

PRELADOS PRECLAROS

CLÉRIGOS SINGULARES

RELIGIOSOS DE SANTO DOMINGO

BEATAS DE SANTO DOMINGO Y DE SANTA CATALINA DE SENA
XX-Conventos de Monjas  

 

Convento de Santa Clara de Tunja

Francisco Salguero, uno de los descubridores, conquistadores y pobladores del Nuevo Reino de Granada, vecino de Tunja y encomendero en su distrito del pueblo de Mongua, y su mujer doña Juana Macías de Figueroa, viéndose sin hijos, el año de 1572 dispusieron en aquella ciudad las casas de su morada a modo de convento, separándose voluntariamente, encerrándose en ella con licencia del ordinario eclesiástico y hábito de religiosa de Santa Clara por principio del año de 1573, con una niña expósita que había criado, y murió a pocos días, instruyéndose en la religión y regla por el padre fray Miguel de los Angeles, franciscano, que acudía a administrarle los sacramentos; y pasado el año del noviciado hizo profesión debajo de la regla de Santa Clara, en manos de fray Sebastián de Ocando, guardián del convento de San Francisco de la misma ciudad, y después Obispo de Santa Marta, y le dio la obediencia.

Entraron luégo otras doncellas, con que se fue aumentando, y el año de 1578 dieron la obediencia al ordinario y después a la religión, y por último ha quedado en el ordinario. Estos principios tuvo el convento de Santa Clara de Tunja, que fue el primero de religiosas que hubo en el Nuevo Reino de Granada; y para congrua sustentación le dieron los fundadores su hacienda, y renunció el Francisco Salguero en el Rey la encomienda de Mongua el año de 1576, con que el convento gozase perpetuamente la renta, y lo admitió la Real Audiencia con cargo de confirmación de Su Majestad, y que siempre hubiese dos monjas sin dote, pobres y beneméritas, a nombramiento de la Audiencia, y por Cédula Real de 21 de abril de 1587 se confirmó por diez años siguientes, con más lo corrido, y después se han dado prorrogaciones por el Rey y por los Presidentes Gobernadores deste Reino, obligando a traer aprobación real, y en su virtud han ido gozando desta renta, que lo esencial consiste en tener afectos estos indios al beneficio de sus haciendas de campo; y el año de 1595 tenía veintiséis monjas profesas, y el que hoy tiene es número grande y mayor su religioso ejemplo | 1 .

Convento de Santa Clara de Pamplona

A imitación del convento de monjas de Tunja se fundó otro en la ciudad de Pamplona, su convecina, de la misma religión, con descalcez, jueves 15 de agosto del año de 1584, siendo su fundadora seglar y religiosa doña Magdalena de Velasco, viuda de Rodrigo de Cifuentes, sin hijos, e hija legítima de Ortún Velásquez de Velasco y de doña Luisa de Montalvo, señalando a su padre por patrón para nombrar una monja del linaje con medio dote y que sucediese en el patronazgo doña María de Velasco, y después Juan Velásquez de Velasco, sus hermanos y sus descendientes; fueron entrando religiosas, y el año de 1610 tenía veintiocho monjas de velo negro y cuatro legas, sustentadas con dos mil patacones de renta anual en censos, habiendo consumido dos dotes en hacer y reparar la iglesia (que se cayó dos veces respecto de haberse hecho en edificio viejo, que eran las casas de los fundadores) y en la cerca y comprar unas tiendas; y el año de 1644, con un temblor de tierra general que hubo en el Nuevo Reino de Granada y otras partes, se arruinó el convento y se ha ido reparando. Está sujeto al ordinario, habiendo pasado en ello la misma variedad que el antecedente, y permaneciendo en singular virtud y seminario de santidad.

Convento de Santa Clara de Cartagena

Catalina de Cabrera, que murió rica en la ciudad de Cartagena, dejó su hacienda para que allí se fundase un convento de religiosas de Santa Clara; fomentólo el Cabildo, Justicia y regimiento con intervención de fray Guillén de Peraza, de la orden de San Francisco, que fue a España con poderes y consiguió Breve de Su Santidad, Cédula del Rey y patentes de sus prelados para traer religiosas del convento de Santa Inés de la ciudad de Sevilla que lo fundasen; a Catalina María de la Concepción para abadesa, Inés de la Encamación y Leonor de los Angeles por compañeras que, con algunas niñas y criadas, llegaron en una nao marchanta a Cartagena el año de 1617 y hicieron su fundación, encerrándose en casa particular hasta que la del convento se acabó de disponer, en que entraron el año de 1621 con las demás religiosas que habían tomado el hábito y profesado en este interin; ha ido en mucho aumento con imitación de su fundadora prelada, que acabó su vida santamente, como lo refiere su cronista fray Luis de Jodar en un tratado que las sumas están a obediencia de sus religiosos.

Convento de Santa Clara de Santafé

El Arzobispo don Fernando Arias de Ugarte, de gloriosa memoria, dispuso fundar convento de monjas de Santa Clara en la ciudad de Santafé, su patria, y compró casas en que hacerle, y promovido a Charcas continuó su propósito enviando dinero para la fábrica y para imponer en renta, que fue ejecutando su hermano Diego Arias Torero.

Conseguida la licencia del Rey en 8 de marzo de 1619, y después Bula del Sumo Pontífice, por diciembre de 1628, en cuya virtud se hizo la fundación a 7 de enero de 1629, trayendo en procesión desde el convento de carmelitas a Damiana de San Francisco, Juana de Jesús y Isabel de la Trinidad, hermana y sobrinas del fundador, que mudaron el hábito del Carmen en el de su nueva religión, en que profesaron dando la obediencia al doctor don Julián de Cortázar y Azcárate, Arzobispo a la sazón, que nombró por abadesa a la Damiana de San Francisco, que lo fue hasta que murió, año de 1639, a 19 de noviembre, a la cual en su entrada pidió la obediencia el padre fray Agustín de la Muela, Guardián de San Francisco, y no lo consiguió. Había sido monja profesa de la Concepción, de donde salió a fundar el convento del Carmen, en que fue prelada; también nombró el Arzobispo por vicaria a Juana de Jesús, que por muerte de su tía entró a ser abadesa por elección, a quien siguió en el oficio Gregoria de Jesús, y después desta fue abadesa Juana de San Bartolomé, y volvió a serlo Juana de Jesús, y la siguieron Feliciana de San Gregorio, Isabel de San Miguel, María de San Antonio, y tomó a ser electa Juana de San Bartolomé por principios del año de 1664; fueron las primeras nombradas, sin dote, veinticuatro, y con él han entrado otras, y es su número en este año de más de sesenta de velo negro, y en fervorosa competencia de virtudes, si no es el primero no es el último; está todavía por acabar la iglesia.

Convento de Santa Clara de Mérida

A pedimento de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Mérida despachó el Rey su Cédula de 10 de febrero de 1626 al Arzobispo del Nuevo Reino de Granada para que le informase si convendría fundar convento de monjas en ella y había bastante renta con qué sustentarse; y después Juan de Bedoya, clérigo, señaló una hacienda de campo para ello, y se consiguió licencia del Rey en 28 de enero del año de 1650, y en 15 de julio de 1651 se hizo la fundación por Juana del Espíritu Santo (abadesa nombrada por el Arzobispo) y Isabel de la Trinidad, vicaria, acompañadas de Ursula de la Concepción, portera mayor, y Jacinta de la Encarnación, monjas profesas del convento de Tunja, de la misma orden, de donde las llevaron de propósito; han entrado otras muchas de aquella tierra para el bien espiritual de su república y mayor honra y gloria de Dios.

Monjas de la Concepción de Santafé

Cristóbal Rodríguez Cano, vecino de la ciudad de Santafé, mandó en su testamento fundar en ella de su hacienda un convento de monjas de Santa Clara, con advocación de Santa Ana de Cano, nombrando por patrón a su sobrino Juan Rodríguez Cano y sus sucesores, si residiesen en esta ciudad, y sí no a Luis López Ortiz; y reconociendo el sobrino que la hacienda no era suficiente porque a tanteo se computó en once mil pesos de oro de veinte quilates, hizo compañía con Luis López Ortiz (que ambos eran naturales de la ciudad de Plascencia), con que pusiese otro tanto y hicieron escritura y dieron forma en el patronato.

Empezóse la obra poniendo la piedra fundamental de su iglesia en la esquina que mira a la plaza, por el mes de septiembre de 1583, el Arzobispo don fray Luis Zapata de Cárdenas, estando presentes don fray Sebastián de Ocando, franciscano, y don fray Juan Montalvo, dominico, Obispos de Santa Marta y Cartagena, que habían venido a Santafé a celebrar Concilio provincial.

Murió Juan Rodríguez Cano sin sucesor, y quedó prosiguiendo el otro compatrón, y hallando que la hacienda de Cano sólo era ocho mil pesos, no quiso proseguir en la compañía, ni a estar a la escritura, sino hacer la fundación por sí solo con título de la Concepción de Nuestra Señora, y pidió ayuda al Presidente Gobernador doctor Antonio González, en conformidad en una Real Cédula anterior, en que el Rey había mandado que de las medias anatas de nuevas encomiendas que se introdujeron en estas provincias para la fundación del hospital de San Pedro de Santafé, y después se le quitaron, se hiciese en ella un convento de monjas para hijas y nietas de conquistadores, por no haberle en esta ciudad, y el Presidente dio desta consignación once mil pesos que se pusieron en renta para el sustento y se prosiguió la obra a costa de Luis López Ortiz, y con otros mil ducados de limosnas de Su Majestad para acabar la cerca; y a 29 de septiembre de 1595 entraron en este convento doña Catalina de Céspedes que se llamó Catalina de Jesús, y doña Ursula de Villagómez y doña Isabel Campuzano (hermanas estas dos del Fiscal Real en esta Chancillería, Aller de Villagómez) | 2 , que dieron la obediencia al ordinario en vacante arzobispal, y por su orden se trajeron del convento de Santa Clara de Tunja para el gobierno a Juana de la Cruz, que fue abadesa, y Ana de Santacruz, vicaría, que después se volvieron a su primer convento; y destotro fue la primera abadesa la Catalina de Jesús, de las que en él tomaron el hábito, la cual murió con nombre de santa y se fue aumentando grandemente con el tiempo, gozándolo poco el fundador Luis López por haber muerto a 18 de marzo de 1596, dejándole rico de ornamentos, muy buena iglesia y oficinas y cuatro capellanes y sacristán.

También dejó fundadas otras obras pías en su patria y en la ciudad de Santafé, donde permanecen deterioradas, cuyo patronato está en sus parientes para renta de los capellanes y sacristán y dotes de a mil pesos de las de el linaje con cesión. Después ha ido el Rey haciendo mercedes a este convento, según las ocurrencias de necesidad, y el Fiscal Real puso en esta Chancillería pleito al patronazgo y obtuvo sentencias de vista y revista el año de 1600, de que se interpuso segunda suplicación para el Supremo Consejo de las Indias en grado de las mil quinientas doblas, y se ha quedado así con posesión del patronazgo real, dejando a los descendientes de Luis López Ortiz el nombre de fundadores.

La iglesia padeció un daño, que hizo derribar poco menos del tercio de paredes altas, destechándola, y para su reedificación se consumieron diez mil pesos de principal de dotes y dos mil ducados de limosna que dio el Rey, y otros cuatro mil para la fábrica de su torre; y se insta por más para reparo de la casa y el edificio de algunas oficinas preciosas, y por la Real Audiencia se le han dado últimamente dos mil trescientos treinta y nueve patacones con fianzas de traer confirmación regia, que se trajo, y se sacaron de vacante arzobispal en lo perteneciente a obras pías, que no lo tuvo el Rey a bien por el género de que fue, y lo reprendió en Cédula de 15 de junio de 1663, y con todo le hizo merced de mil quinientos ducados más en efectos, que no fuesen Real Hacienda.

Las constituciones que dejó Luis López Ortiz están aprobadas por el Arzobispo don Bartolomé Lobo Guerrero en virtud de comisión pontificia; ha ido en mucho acrecentamiento de religiosas y al presente tendrá cincuenta, y es muy grave y ejemplar convento, sujeto al ordinario, en que también tuvo la variación que los de Santa Clara de Tunja y Pamplona. Está introducido que cuando ha de morir alguna monja se oyen golpes en el coro bajo, que es donde las entierran, y para descendientes del fundador se oyen los golpes en la bóveda de su entierro, que está en la capilla mayor.

Monjas de la Concepción de Tunja

El año de 1599 representó a el doctor Francisco de Sande, siendo Presidente Gobernador del Nuevo Reino de Granada, Diego Baca de Mayorga, clérigo, que doña Beatriz y doña Catalina de los Ríos, hijas y hermanas de Pedro Rodríguez de los Ríos, vecino de la ciudad de Tunja, y su sobrina doña María de los Ríos, pretendían erigir y fundar un convento de monjas de la Concepción de Nuestra Señora en aquella ciudad y tenían nombrados bienes y licencia del Arzobispo don Bartolomé Lobo Guerrero, que la había dado por septiembre del propio año, y el mismo clérigo ayudaba son parte de su hacienda, con que la concedió el Presidente por el patronazgo real en 15 del dicho mes, y que después de fundado se le trajesen las escrituras y constituciones para dar cuenta al Rey.

Las fundadoras asignaron a esta obra trece mil pesos de oro de veinte quilates, que según el valor de aquel tiempo eran veintitrés mil seiscientos veintiún pesos de a ocho reales; en las casas de la fundación, cuatro mil pesos de oro y tres mil en otras; dos mil y quinientos en un molino y haciendas de campo, cuatro leguas de aquella ciudad, y en otras, en los términos de la Villa de Leiva, mil y quinientos, y dos mil en dinero para el edificio de la iglesia, con más una capellanía de cuatro mil pesos, con cuyo fundo se erigió este convento por fines del mesmo año de 1599, y con el tiempo ha crecido con mucho lucimiento y número de religiosas de aprobada vida, siendo las primeras las tres que se han nombrado, y se trajo aprobación del Pontífice, pasada por el Real Consejo de las Indias en 22 de marzo del año de 1604. Están sujetas al ordinario.

Convento de monjas del Carmen de Santafé

Siendo viuda doña Elvira de Padilla, de Francisco de Albornoz y de Lucas de Espinosa, con hijos de ambos matrimonios, fundó en la ciudad de Santafé de Bogotá, en casas propias, convento de monjas descalzas de Nuestra Señora del Carmen, debajo de la regla de Santa Teresa de Jesús, con advocación de San José, a 10 de agosto del año de 1606, tomando el hábito y nombrándose Elvira de Jesús María, y sus hijas Elvira de San José, del primer marido, y del segundo, Ana Manuela de la Concepción, y dos sobrinas, doña Francisca Pimentel y doña Isabel Pimentel, hermanas. Llamó al patronazgo, entre otros, a Gonzalo de León, su pariente, y pasaron del convento de la Concepción desta ciudad doña Juana de Poveda para priora y Damiana de San Francisco por vicaria, todo con licencia de el Arzobispo don Bartolomé Lobo Guerrero, a quien dieron la obediencia. Y porque el instituto de Santa Teresa dispone que haya en cada convento veintiuna monjas, acreció el número a treinta y tres el Sumo Pontífice en la confirmación que dio.

No precedió licencia del Rey, y por ello reprendió y multó al Presidente y Oidores que lo permitieron; porque de ordinario se hacen estas fundaciones sin bastante congrua y a pocos años se llega a padecer incomodidad y falta de lo necesario. A su primera estrecha iglesia hizo en su proporción capilla mayor, que la alargó don Antonio Rodríguez de San Isidro Manrique, Oidor de Quito, siendo Visitador de la Real Chancillería de Santafé; y años después, Pedro de Arandia, hallándose rico y sin hijos, le fabricó desde sus cimientos otra capaz iglesia conforme a la profesión de descalcez, adornándola con muy buen retablo en el altar mayor y otros, un cuarto de vivienda y portería y les hizo caritativo otras buenas obras, tan desnudas de vanidad, que se contentó con bóveda para sí y los suyos en la capilla mayor, y con que se pusiese, como se puso, sobre la puerta de la sacristía memoria de haber costeado aquel edificio en que se dice haber gastado sesenta mil pesos, y a su imitación Luis de Arandia, su hermano, dio para el capellán una casa grande que había obrado; y siguiendo el ejemplar don Miguel Enríquez de Mansilla, marido de sobrina de los dos, prosigue en ser bienhechor deste convento y fomentándole hasta con asistencias personales, todo bien empleado, porque es depósito de notoria virtud y observancia, y ha tenido sujetos de aprobación en santidad; según circunstancias que han ocurrido, parece se agradó Dios de la aplicación de Pedro de Arandia a esta obra, porque cuando estaba entendiendo en ella soñó una noche que le robaban la tienda de mercaderías a tiempo que se encendió fuego en su casa, prendiendo en un pabellón y cama, que se apagó luégo, a cuyo rumor despertó, y por ser ya hora de las tres de la madrugada pidió de vestir y se vistió, y con el cuidado de lo soñado se fue a la Calle del Comercio a reconocer su tienda, y hallando que la trataban de robar dio voces a los ladrones que, amedrentados, huyeron, y reconoció tenían. limado y quitado un candado y proseguían con el otro. Nótense las ocurrencias que manifiestan el milagroso suceso.

Fue Pedro de Arandia natural de la ciudad de Tunja, del Nuevo Reino de Granada, hermano mayor de Blas de Arandia y de Francisca Rodríguez de Arandia, todos cuatro hijos legítimos de Ginés de Arandia, natural de la ciudad de Granada, cabeza de reino, bien nacido y originario del de Navarra, donde está la casa solariega de que procedió, y de su mujer María de Espinar Galarza, vascongada, como lo manifiestan los apellidos. El palacio de Espinal trae por armas (figura 85) en campo de oro un árbol verde y un lobo negro, y se halla a don Fernán Darias de Galarza, Comendador de Alambra y trece en la orden de Santiago por los años de 1236; a Juan González de Galarza, Comendador de Montiel, y trece por los de 1371.

Destos cuatro hermanos, el Pedro de Arandia, después de haber hecho en vida lo que queda dicho y otras buenas obras, por su buena aplicación y natural piadoso y en reconocimiento de haberle dado Dios tánta hacienda, granjeada con su industria y trabajo en la mercancía (que en Indias está recibida por ocupación honesta y decente), murió de mayor edad el año de 1650, mandando distribuir su hacienda (que se dice pasó de cien mil pesos) en obras pías. Y pocos años después falleció Luis de Arandia sin haber sido casado, y antes de todos el Blas de Arandia, que fue vecino de la ciudad de Anserma, Capitán de infantería y Teniente de Gobernador de la Provincia de Popayán; y entre otras mandas que hizo en su testamento dejó diez mil pesos al convento de Santo Domingo de Santafé.

 

|1 A este respecto declara Juan de Salamanca, vecino de la ciudad de Tunja, en la probanza de servicios del capitán Martín de Rojas (2 de octubre de 1583):
"A las catorce preguntas dijo este testigo que sabe y ha visto que durante el matrimonio entre los dichos capitán Francisco Salguero y la dicha Juana Macías de Figueroa, su mujer, de su propia voluntad, fundaron un convento e monasterio de Señora Santa Clara, de monjas, en esta dicha ciudad, donde gastaron todos sus bienes y hacienda en mucha cantidad de pesos de oro, la cual es una obra de las prencipales, que no hay otra tal obra en todo este Reino, de grandes edeficios y de mucha costa, donde se ha celebrado y celebra el culto divino con toda veneración, de cuya causa ha provocado y provoca devoción a los naturales, por ser como es cosa nueva en estas partes de las Indias y amparo y repparo de muchas pobres huérfanas, mujeres prencipales, hijas de hombres prencipales y conquistadores; y así este testigo ha visto que en el dicho convento han entrado y entran de. cada día por monjas hijas de hombres prencipales de esta dicha ciudad en el dicho convento, por no tener otro reparo ni recogimiento, si no es el de Dios y el del dicho convento, como en ello es tan público y notorio; e así vido este testigo que el tiempo que vivió la dicha Juana Macías de Figueroa, fundadora, asistió y sirvió de abadesa, la cual con sus propios bienes y hacienda fundó y amparó y sustentó el dicho convento, hasta que falleció, lo cual es todo verdad como tiene dicho, porque se ve y es así y esto responde."

(Archivo Histórico Nacional, Salón de la Colonia, "Historia Civil", tomo XXII, folios 132 vuelto a 133 vuelto).
|2 Véase tomo I, página 244.

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