Historia de la Cultura Material
en la América Equinoccial
(Tomo 7) Vida Erótica y Costumbres Higiénicas
Victor Manuel Patiño

© Derechos Reservados de Autor


CAPÍTULO XIX

RELACIONES SEXUALES INFECUNDAS

HOMOSEXUALISMO.

1. — MASCULINO.

Época prehispánica.

Como muchas otras cosas, el homosexualismo lo heredó el hombre de sus antepasados primates, entre los cuales la práctica es símbolo de sumisión a los más fuertes (LA BARRE, 1960, 103-104). La actividad sexual de primates y hombres sobrepasa las necesidades reproductivas (ibid., 104). Pero también se da en una amplia gama de especies animales (SPARKS, 1978, 143-145). La exhibición del cuarto trasero entre los animales es signo de sumisión (La Antropología, 1983, 201-202). La sodomía es un componente en las sociedades secretas, sobre todo de cazadores (ibid., 206-208).

En América, la homosexualidad existió en grados variables, desde las tribus que no la practicaban sino de modo excepcional, como cumanagotos, chibchas, quimbayas y otros, hasta ser cosa tolerada y aun institucionalizada en el istmo panameño, la costa caribe, la costa norte peruana y la costa norte ecuatoriana.

Se han registrado algunos nombres indígenas para los homosexuales. Los nicaragüenses los llamaban cuilones (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, III, 320; IV, 377, 421), de una palabra náhuatl (ROBELO, s. f., 370), o cuscos a los receptivos ("el que se agacha") y tacuilón al activo. Denominaban patagüia al lesbianismo, y a las que lo practicaban les decían patagüilani, "aplanchadoras" (DÁVILA BOLAÑOS, 1974, 81). En Darién, los cuevas llamaban camayoas a los pasivos (OVIEDO); los laches les decían cusmos (PIEDRAHITA, 1942, I, 25); en la costa ecuatoriana, chonos (LIZÁRRAGA, 1968, 8); y al acto, los cocamas de habla tupí lo denominaban cikwar-ikuan = suí = cohabitar por el ano (ESPINOSA, 1935, 186).

Hasta seis categorías se suelen discernir de acuerdo con las referencias disponibles: homosexualismo ritual y sacerdotal; de los mohanes; de los jefes (véase lo dicho al principio); los profesionales; los facultativos; y los que se podrían llamar monogámicos.

1) Ritual y sacerdotal.

La sodomía era practicada por los sacerdotes mayas (XIMÉNEZ, 1929, I, 360). Los frailes franciscanos hicieron quemazón de ídolos, pero los indios escondíanlos, especialmente al dios de Chiapas, Mavite, al que rendían culto pederástico (ibid., 177).

En Santa Marta se ejercitaba en los templos y había representación del acto en grabados y esculturas (SIMÓN, 1953, VII, 52; VIII, 137; RESTREPO TIRADO, 1929, II, 39).

En Puerto Viejo era practicada en los templos por sacerdotes (CIEZA, 1880,99; 1984, 1,90, 175), y en el Perú (VILLAVICENCIO, op. cit., 107-110).

2) Piaches.

Los machis o médicos hechiceros de Chile, en tiempos antiguos ejercían la pederastia y usaban vestidos y adornos femeniles (hueyes) (PARDAL, [1937?], 120). Actualmente han sido sustituídos por mujeres (ibid., 122-123).

Relaciones homosexuales practicaban los curanderos brasileños (MARTIUS, 1939, 193-194). Los iniciados tenían visiones y cópula con el demonio (ibid., 194).

3) Jefes.

En Panamá, inicialmente se creyó que sólo los jefes o cabras eran sodomitas activos (ANGLERÍA, 1944, 200). El cacique Pacra, del istmo, no le quiso revelar a Balboa lugares de minas y aquél lo acusó de pecado contra natura (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, III, 218).

En Coaques, "es gente muy bellaca; todos son sométicos. No hay principal que no traiga cuatro o cinco pajes muy galanes. Estos tienen por mancebos" (RUIZ DE ARCE, 1933, 32).

4) Profesionales.

En Panamá había casas de mujeres públicas y aun de hombres (GÓMARA: VEDIA, 1946, 1, 199). Usaban hábitos de mujer (ibid., 193). Éstos eran los camayoas (LOTHROP, 1937, 1, 23).

Indios putos que iban a ganar y se vestían como mujeres había en Cartagena (SERRANO Y SANZ, 1916, 13). Inclusive existió en la costa un Pueblo de los Putos, mencionado varias veces en documentos oficiales (ibid., 100).

5) Facultativos.

Pecado nefando cometían los indios varones de las misiones jesuíticas del Paraguay, por el régimen disciplinario de controlarles los contactos con sus mujeres (GARAY, 1942, 143-145).

Vaca de Castro decía que en el Collao los indios usaban el pecado abominable, "para que los pasajeros no entiendan con las indias" (Cartas de Indias, 1974, II, 491).

6) Monogámicos.

Jóvenes quijos del Ecuador han solido, en algunos casos, conformar desde muy niños verdaderas parejas homosexuales que perduran toda la vida. Cuando se contrata con uno de ellos un trabajo, debe ir necesariamente el otro (OBEREM, 1970, I, 203).

El homosexualismo español después de la conquista.

Los nombres españoles que podrían llamarse comunes son: bardaja, bardaje; bujarrón; sodomítico, a veces abreviado en somético; figón; puto. Y menos comunes: cocatarros, de donde probablemente cacorros; mariones; lindos; mujeres de entrambas sillas. En el refranero español se alude al caso: "Al ladrón no hurtes, ni al puto no putes". Los siguientes eran, en la legislación española, los delitos que implicaban infamia y se castigaban aun después de la muerte: herejía, traición a la patria y sodomía (SOLÓRZANO Y PEREYRA, 1972, IV, 184). La Inquisición de La Habana condenaba a los amaricados blancos, soldados o galeotes (SACO, 1932, I, XX).

También se hará una clasificación de los europeos que vinieron a América y practicaban ocasional o corrientemente la homosexualidad: a) gentes comunes; b) soldados y marineros; c) eclesiásticos; d) altos funcionarios.

a) Gentes comunes.

Alonso de Herrera quemó a cinco sodomitas italianos que llegaron a Trinidad en 1533 (AGUADO, 1918, I, 599-600; CASTELLANOS, 1955, I, 443-444; SIMÓN, 1981-1982, I, 406).

En 1593 quemaron en Chuquisaca a Antonio Pantoja, por prácticas homosexuales con un negro (CALANCHA, op. cit., 527).

Un personaje en Méjico en el período colonial, fue acusado de cometer el pecado nefando con un esclavo, y de querer forzar por detrás a una mujer (HANKE y RODRÍGUEZ, 1977, III, 311, 312).

Juan de Esquivel, entenado del presidente de Yucatán, Francisco de Montejo, fue expulsado de Honduras infamado del "pecado sin nombre", y otro Aguilar, criado del mismo gobernador, de que lo hacía por la boca (Cartas de Indias, 1974, 1, 76-77).

Por la misma causa, el gobernador de Nicaragua, Francisco de Castañeda, mandó quemar a dos sujetos (VEGA BOLANOS, 1955, V, 186). Pero ese jefe parece que contemporizo con otro que era su amigo (ibid., VII, 158, 169, 176, 182, 187, 193, 203, 209, 213, 218). Diego Caballero era somético (ibid., 159, 218).

b) Soldados y marineros.

Cuando Hohermuth y Federman se embarcaron en España en 1533, sufrieron en el proceloso Golfo de las Yeguas una tempestad que se atribuyó a la presencia de un sodomita, y la flota se devolvió (AGUADO, 1918, I, 111-112; —, 1957, III, 89; SIMÓN, 1963, I, 231-232).

En la campaña contra los pijaos a fines de 1607, los españoles quemaron al soldado Carvajal por acusársele de esta práctica (SIMÓN, 1981-1982, VI, 440; 1953, IX, 97).

Los bucaneros, como no tenían mujeres, se asociaban por parejas para los menesteres fisiológicos y para prestarse mutua ayuda, con "el camarada" (BORDE, 1882, II, 21; HARING, 1939, 74), y lo mismo hacían en las Antillas Menores algunos indentured solteros (DU TERTRE, 1958, II, 426-427).

La sodomía se practicaba en los cuarteles de la tropa en Santa Fe de Bogotá, para sacar dinero (MARCHENA FERNÁNDEZ, 1983, 334).

Ella era frecuente, sobre todo entre los oficiales, en el barco español "Triunfo", en que se hizo la expedición científica al Pacífico en el siglo XIX (MILLER, 1968, 104).

c) Eclesiásticos.

El canon 3 del Concilio XVI anatematizó la sodomía en clérigos y laicos (MENÉNDEZ PELAYO, 1956, 1, 300), luego no era desconocida.

Fray Tomás Ortiz, primer obispo de Santa Marta en tiempos de García de Lerma, fue reiteradamente acusado de ser puto y hereje (SERRANO Y SANZ, 1916, 53; FRIEDE, 1955, II, 226; RESTREPO TIRADO, 1929, 1, 83).

Fray Bernardino de Minaya, somético, fue preso en Popayán (FRIEDE, [1960], 1965, X, 334-335; 1975, I, 54). Figura como uno de los más tenaces y brillantes defensores de los indios.

Un doctrinero de los contornos de Lima fue acusado del pecado nefando (CALANCHA, 1639, 362).

Los religiosos en América tenían predominante inclinacion a las relaciones heterosexuales, tema que se tratará en el capítulo XX.

d) Altos funcionarios.

"La guaricha de Montaño" se le decía en Santa Fe de Bogotá a Francisco Briceño, por haber sacado libre aquél a éste de la visita de residencia (RODRÍGUEZ FREILE, 1984, 77). Ello quizá sería sólo maledicencia santafereña, pues Briceño se casó con la viuda de Jorge Robledo.

Al oidor Cortés de Mesa lo aprehendió el licenciado Monzón en 1580, por hallarle culpable del pecado nefando (FRIEDE, 1976, VII, 362). Fue infamado de tal y aun convencido (MEDINA, 1899, 48 nota, 425).

II. — FEMENINO.

La homosexualidad femenina no ha podido ser documentada en América, lo cual no quiere decir que no haya existido. Del nombre de un mico — machín — se ha tomado el "encariñamiento entre mujeres" (REVOLLO, 1942, 158; ALARIO DI FILIPP0, 1983, II, 12).

ZOOFILIA.

Esta desviación, llamada también bestialidad o bestiedad, consiste en el acceso sexual con un animal. Se ha dado en todas las épocas y en todos los pueblos (SPARKS, 1978, 148-151). Pero, por su mismo carácter, las menciones son raras. Sin  embargo, en el español hispanoamericano hay el dicho machista: "Desde que tenga hendija, aunque sea sabandija".

Época prehispánica.

Un autor no muy aficionado a los indios, dice que los del área andina eran dados a este vicio, hombres y mujeres, con los animales que criaban. Aquí se incluyen bestias traídas por los españoles (ATIENZA, 1931, 133-134). También se habló del intercurso de india con perro y de indio con mona (CIEZA, 1984, I, 120).

Sin que esté documentado en ningún autor contemporáneo de la conquista, un expositor pretende que los nicaragüenses eran propensos a la cópula con los chumpipes o pavos (DÁVILA BOLAÑOS, 1974, 84).

Los andoas del Amazonas ecuatoriano fueron acusados por los jesuítas, de dedicarse a la bestialidad con "todo género de animales y pájaros" (MARONI, 1889, Mar., 363).

También se ha afirmado que la bestialidad no fue ajena a los indígenas de las misiones jesuítas del Paraguay (GARAY, 1942, 143-145).

Asimismo ha sido persistente la versión de que indios pastores de llamas, en las punas solitarias tenían acceso sexual con aquéllas, lo que estaría comprobado en piezas de alfarería peruana (TELLO, 1909, 43), y en el nombre de runallama ("la llama del hombre") que tendrían (PAREDES BORJA, 1963, I, 156; VILLAVICENCIO, op. cit., 122-125).

Sin fijar área, un moralista del siglo XVI recomendaba que se modificaran las casas indígenas donde todos vivían en promiscuidad:

... hasta el perro y el cerdo, todos revueltos, que es causa de la falta de pudor y de reverencia al padre y de un desenfreno bestial que con desprecio del género y aun del sexo atenta sin ningún reparo a lo primero que encuentra (ACOSTA, 1954, 492).

Menos crédulo es otro español del siglo XVIII: "y si alguna vez la contingencia hizo probable esta bestialidad de parte del bruto, murió la paciente" (LLANO ZAPATA, op. cit., 175).

Los españoles en América, aunque conocieron de manera general la fauna neotrópica, poco se interesaron por analizar sus costumbres y sistema de vida. Fueron crédulos en este particular, y así aceptaron como hechos inconcusos actos que no tienen ningún asidero en la configuración y anatomía de ciertos animales. Aceptaron ciegamente la creencia de que los coitos ferinos — por lo menos de bestias machos con mujeres — eran fecundos.

Tuvo predicamento en América española la creencia en el salvaje, un ser montuno que nadie pudo describir adecuadamente; tendría la costumbre de raptar mujeres para copular con ellas. Casi todos los que cuentan esto son religiosos, unos con mayor seriedad y convicción que otros. El salvaje se menciona en los montes del Orinoco (GILII, 1965, 1, 222-224, 277-278); en las montañas entre Ocaña y Cúcuta (JULIÁN, 1951, 252-256), o en las de Macaguane y Betoyes (RIVERO, 1956, 15-16).

Animales más tangibles fueron sindicados de esta connivencia. También en estos casos son religiosos los informantes. El más antiguo, hablando de los valles de Cliza y Mizque, cerca a Cochabamba en Bolivia, dice lo siguiente:

Críanse allí osos muy grandes, que trastornan las mujeres; y ellas, viéndoles, ninguna resistencia hacen. Hay terribles tigres y ha sucedido llegar un tigre a la casa de muchos indios, y de en medio de ellos, si había alguno no bautizado, llevárselo en las uñas, sin hacer daño a los bautizados. Esto no es fábula (LIZÉRRAGA, 1946, 127; —, 1968, 75).

En el Perú, una india asaltada por un oso habría parido un hijo peludo (CALANCHA, 1639, 525). El mismo autor cuenta que otra india fue quemada por haber parido tres perrillos y haber confesado que se mezcló con un perro (ibid., 498).

Todavía con mamíferos podría aceptarse, en gracia de discusión, el connubio bestial supuestamente fecundo, aunque sea genéticamente imposible; pero con otros seres de la escala animal, ya excede los límites de la credulidad. El siguiente pasaje es de uno de los científicos más notables del período colonial, para que se vea lo que puede esperarse de las otras informaciones mencionadas antes. Hablando de las culebras de agua del Paraguay, Eunectes notaeus, trae esta perla:

Dicen dellas los indios, que engendran al modo humano, lo cual se verificó con un caso que sucedió, y fue que estando una india lavando en la orilla de un río, al olor del menstruo que padecía, cosa que provoca a estas fieras, la arrebató una y la llevó viva de la otra banda, adonde tuvo su acto, de que la dejó tan trabajada y perdida, que no se pudo ir de allí. Guardábala la culebra, y la venía a ver algunas veces en tres días que allí estuvo, adonde la hallaron; y habiendo dado cuenta desto, murió recibidos los sacramentos (COBO, 1891, II, 296; —, 1956, I, 355-356).

También con demonio en forma de culebra se dijo del concurso de un supuesto cacique Bogotá (SIMÓN, 1953, II, 266-267; —, 1981-1982, III, 398).

Lo curioso es que la mayor parte de los casos se refieren a mujeres atacadas, casi nunca a hombres.

Otro jesuíta dice, al hablar de las tribus del Marañón, que durante las bacanales con ingestión de narcóticos, se aparecía el diablo y tenía comercio en forma de íncubos y súcubos (VEIGL, 1789, II, 138; FIGUEROA, 1904, 20-21). Los tupinambás creen que el demonio Yuruparía comete zoofilia con aves (MÉTRAUX, 1979, 47). Otro religioso en el Perú, cree a pie juntillas en íncubos y súcubos (CALANCHA, 1639, 472-473, 636-637). De los chibchas se dijo: "Algunos casos han sucedido con estos indios al modo de éste, siéndoles el demonio mimbo y subimbo" (SIMÓN, 1981-1982, III, 398). Otra versión del mismo pasaje dice "íncubo y súcubo" (ibid., 1953, II, 267).

Negros.

El jesuíta antropólogo Alonso de Sandoval, quien por medio de informantes estudió desde Cartagena la vida de los negros, dice que en África se conocía la bestialidad y que especialmente los carabalíes eran dados a ella (SANDOVAL, 1627, 19v.-20, 313). Los pescadores de la costa de Mombasa en Kenya, copulan con las dugongas o vacas marinas (SPARKS, 1978, 148). En cuanto a América, un tratadista de la esclavitud afirma que, debido a la escasez de hembras en los primeros tiempos de la trata, en los ingenios eran frecuentes los suicidios, coitos bestiales y otros comportamientos aberrantes (SACO, 1938, III, 292). Es verdad que la cuota de esclavas negras se fijaba teóricamente en un tercio respecto de los varones; pero las introducciones reales estuvieron muy por debajo de esa proporción.

Europeos.

En Europa fueron conocidos los procesos por bestialidad, incoados contra hombres y animales (REDONET, 1911-1918, II, XVI-XVII). Que hubo casos, se comprueba en que fueron condenados por los concilios (ibid., XXIX). En la literatura española hay alusiones al respecto (VILLALÓN, 1942, 42; UBE-DA, 1977, II, 454). Un médico español que tuvo gran predicamento a fines del siglo XVI, aceptó seriamente que podía haber fecundación de mujeres por animales tales como perro, oso, mono y pez, y aun trató de explicarlo (HUARTE DE SAN JUÁN, 1977, 358-359).

Otro español admitió que en el siglo XVII no fue desconocida la bestialidad de hombres con burras y lechonas (DELEITO Y PIÑUELA, 1967, 67-68).

De nuestra época es la afirmación que han difundido las agencias de noticias, acerca de que en Chile, durante la tiranía de Pinochet, la policía política tenía perros entrenados para acosar sexualmente a mujeres capturadas por su vinculación con los izquierdistas, o sospechosas de serlo.

Mestizos y mulatos.

Menos fácil de comprobar es la costumbre (o quizá se trate de casos aislados) de "culear" con manatíes hembras, practicada por los bogas del Magdalena en tiempos pretéritos (FALS BORDA, 1979, 47a.). Entre otras cosas, porque este mamífero es de los más huidizos. Similar versión se solía oír antes, respecto a que en el bajo Orinoco y en el bajo Amazonas se habría dado el contubernio de algunos hombres con bufeos o delfines hembras.

Hasta hace relativamente poco — y ya no porque la libertad de costumbres lo ha hecho innecesario—, los muchachos en la costa atlántica hacían sus primeras armas con burras. Allá el asunto se trata sin darle mayor importancia: "Se apendeja el maricón que no lo hace" (ibid., 151-152).

AUTOEROTISMO.

Es fenómeno común a los animales y al hombre, en uno y en otro sexo (SPARKS, 1978, 145-148). Por la herencia judeo-cristiana de que el onanismo frustra el principal objetivo de la unión sexual, que es la reproducción, esta práctica ha sido condenada y se le han atribuído secuelas dañinas, sobre todo para los jóvenes; pese a lo cual, el que esté libre de culpa en este particular, "que tire la primera piedra".

Por esa circunstancia, en las sociedades occidentales la masturbación es el vicio secreto por antonomasia, y muy rara vez—amenos que se trate de erotismo exagerado—se ejerce en público. Se carece, pues, de documentación sobre el  asunto, aunque existe el consenso de que esta práctica es mas frecuente donde se presentan aglomeraciones de personas del mismo sexo (internados, seminarios, prisiones, etc.).

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