Historia de la Cultura Material
en la América Equinoccial (Tomo V)
Victor Manuel Patiño
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CAPÍTULO IV

PROCEDIMIENTOS DE PESCA

Los procedimientos se acomodaban, como es natural, a las condiciones locales. Pero ciertas prácticas difundidas por agencia humana, tuvieron vigencia dondequiera.

Un tratadista las discrimina así: con ingenios fijos; de arrastre; giratorios; redes de malla; sedal; trampas o señuelos(BESNARD, [1947], 1948, 17-22).

La forma más sencilla de capturar peces ha sido tomarlos a mano: a) cuando son particularmente abundantes en determinados sitios o épocas (subiendas o ribazones) (CALCAÑO, [1950], 420; ALVARADO, 1955, III, 226); y b) por razones físicas o ambientales.

a) Los compañeros de Jorge Robledo en el Urabá mataban a palos cuantos peces querían: tal era su abundancia (CIEZA, 1924, 42). Lo mismo ocurría en épocas de creciente en el Orinoco (GUMILLA, 1955, 187). Los indios zaparas del lago de Maracaibo tomaban lizas a mano, por ser muy abundantes (SIMÓN, 198 1-1982, II, 403). En los ríos altoamazónicos, cuando subían cardúmenes de zúngaros se cogían muchos y aun los muchachos los tomaban con remos y palos (URIARTE, 1952, 1, 282), aunque ordinariamente este pez debe cogerse con anzuelo y red de chambira muy resistente, pues da jalones fuertes (ibid., 350).

b) Por causas naturales se conoce el caso del Río Negro, afluente septentrional del Amazonas, donde al sobrevenir las crecientes, el agua fría entra a las depresiones donde hay agua estancada, con temperatura más alta. Los peces se atontan por el choque térmico y pueden ser fácilmente capturados (SPRUCE. 1908, 1, 188-189).

Instrumentos de pesca.

Lo normal es, sin embargo, emplear adminículos que ayuden al fin propuesto.

Uno de los más primitivos es el arpón, fisga o tridente, que se habría desarrollado hace unos 12.000 años (CAMPBELL, 1982, 440). Los modelos americanos muestran una gran variedad, y se pueden observar en muchos museos antropológicos.

El arco y la flecha deben de ser no menos antiguos.

Para peces tan grandes como el paiche del Amazonas o animales tan impresionantes como la culebra de agua, los jíbaros usan lanzas de chonta de 4 ms. de largo (KARSTEN, 1935, 176).

Diversos tipos de anzuelos eran conocidos y usados en América. Los materiales variaban desde huesos y espinas de peces, espinas de plantas y garfios de madera, hasta los metálicos, como los de oro que se usaban en el Valle del Cauca y que aún en este siglo, cuando la Compañía Minera de Asnazú operó con dragas, solían recuperarse; en Barbacoas (Bray, 1978, 61, 125); también hay referencias de anzuelos de oro en la época de la conquista para la isla de Cozumel, Yucatán (ANGLERÍA, 1944, 316).

Los antillanos tenían anzuelos de hueso, puesto que no conocieron el hierro (CASAS, 1909, 27; NAVARRETE, 1954, 1, 105). Los orinoqueses usaban la espina de la escorzonera (Gilli, 1965, II, 264), Martiniácea de hojas grandes de margen dentado, Craniolaria annua L.

Los tres instrumentos anteriores: arpón, flecha y anzuelo, sólo sirven para capturar un pez por vez, en la mayoría de los casos. De lo aleatorio que es este sistema da cuenta el refrán español: "Pescador de anzuelo, a su casa va con duelo" (MAYANS, 1981, II, 203).

Redes. — También han variado en diseño y materiales: pequeñas, medianas, grandes; de algodón, como en Panamá (OVIEDO y VALDéS, 1959, II, 56); de chambira, como entre los sionas (HARDENBURG, 1913?, 82-83); de cabuya, de pita, etc.

Suelen llevar flotadores, zoquetes de madera liviana, y sumergidores o contrapesos, para que se hundan.

Coladores. — La espata de la palmera Manicaria saccifera se ha usado en la costa del Pacifico, provista de un aro de bejuco que termina en manija, para apañar peces pequeños y larvas. Es similar, pero en pequeño, a la remanga española o red con palos, para coger camarones (URIARTE, 1952, 1, 350).

Nasas. — Son cestas de fibras de un diseño especial, para que el pez ingrese por un estrecho embudo o pasadizo, sin poder volver a salir. A veces se pone cebo, granos, lombrices, insectos, etc., en el interior de la vasija para aumentar la eficiencia. A éstas las llaman catangas en la costa colombiana del Pacífico y se suelen fabricar de la corteza de la cañabrava Gynerium o de la de la palma flexuosa "matamba", Desmoncus spp. Esta última fibra resiste mejor el agua salada. Dos tipos de trampas para peces comercian los akawaios del Orinoco, hechas de bejuco de la Arácea Heteropsis jenmani (BUTT COLSON, 1973, 53-55).

Corrales. — Son estacadas de palos o cañas, que se arman apoyadas contra una barranca o playa, en sitios adecuados. Hay una sola puerta corrediza, que desciende automáticamente cuando los peces, al entrar al amor del cebo (maíz), mueven una cuerda a la que está adherido.

Los caribes barceloneses de Venezuela pescaban con un garlito a que llamaban pueime o puenge (ALVARADO, 1953, 1, 297).

Los tamas y payaguajes hacían unas trampas

...de más de dos varas en alto que curiosamente tejen de guadua, en figura de una torrecilla redonda, dejando hacia un costado a lo largo una entrada estrecha, pero suficiente para los peces, que pretenden entrar. Hunden su trampa en la orilla del río, dirigiendo para abajo su entrada a favor de la corriente, y dejándola asegurada se descuidan en buscar otro alimento; porque al segundo o tercero día hallan ya encerrados varios peces y aun tortugas pequenas (Cuervo, 1894. IV 267-268)

Barreras.

Un complemento de la pesca con ictiotóxicos, para evitar que los peces muertos se pierdan agua abajo, es la barrera (GABB: FERNANDEZ, 1883, III, 383-384), también llamada corraleja (COBO, 1895, IV, 227), o palizada (FIGUEROA, 1904,207). Se conocieron en las Antillas Mayores para la pesca marítima (CASAS, 1951, II, 340, 511) y para la fluvial estuarina (ABBAD, 1959, 124) y en la Guayana francesa (BARRERE, 1743, 157).

Pesca individual.

Es la que hace un solo sujeto, quien debe resolver todas las dificultades que le presenten las circunstancias. Los resultados no siempre son favorables, o la cantidad de pesca cobrada puede ser inferior a las necesidades del pescador y de su familia para un día natural.

Pesca colectiva.

Con el ánimo de aprovechar de una vez una gran masa de animales, que se distribuye entre los participantes, se idearon las pescas colectivas, casi siempre mediante el doble empleo de palizadas para evitar la fuga de los peces y el de sustancias que inhiben los movimientos de los mismos.

Las pescas colectivas constituyen un pretexto para contactos familiares o de grupos, y la diversión va en ellas de la mano con los fines de aprovisionamiento alimentario (VEIGL, 1789, II, 114-116; URIARTE, 1952, I, 144-145).

Entre las más famosas pesquerías colectivas del área figuran las del Valle del Cauca, tal como los primeros cronistas de la conquista lo comprobaron. Junto a la primitiva ciudad de Cali, fundada, como se sabe, mas o menos donde es ahora Bolívar, Valle:

En la barranca del río, está un pueblo no muy grande, porque con las guerras pasadas se perdió y consumió la gente dél que fue mucha; de una gran laguna que está pegada a este pueblo, habiendo crescido el río, se hinche; la cual tiene sus desaguaderos y flujos cuando mengua y baja; matan en esta laguna infinidad de pescado muy sabroso, que dan a los caminantes y contratan con ello en las ciudades de Cartago y Cali y otras partes; sin lo mucho que ellos dan y comen, tienen grandes depósitos dello seco para vender a los de las sierras, y grandes cántaros de mucha cantidad de manteca que del pescado sacan. Al tiempo que veníamos descubriendo con el licenciado Juan de Vadillo [diciembre de 1538] llegamos a este pueblo con harta necesidad y hallamos algún pescado; y después, cuando íbamos a poblar la villa de Ancerma con el capitán Robledo [S. Miguel de 1540] hallamos tanto, que pudieran henchir dos navíos dello (CIEZA: VEDIA, 1947, II, 379).

El mismo Jorge Robledo acota, refiriéndose al Pueblo Grande de los Gorrones:

Estos indios, que aquí habitan, tienen una laguna de agua grande, que tendrá de box una legua. Cébase del río grande [Cauca] por un canal que los indios tienen hecho a mano, que será de tres estados de hondo, e de veinte o veinticinco pasos en ancho, y cébase, cuando el río crece y las aguas son muy grandes. Y entonces entra tan gran cantidad de pescado en aquella laguna e se cría dentro, ques una cosa de admiración; e al tiempo ques verano y no llueve, tórnase a vaciar eli agua de la laguna, y en cierto artificio que los indios tienen fecho, al tiempo que se vacia el agua, acaece haber en aquella balsa que queda hecha más de dos estados de pescado. E ansí lo sacan e lo asan en barbacoa, e tienen hecho muy grandes troxes dello para rescatar con otros indios. Alrededor desta laguna solía haber muy grandes poblazones al tiempo que entraron los cristianos en la tierra: y de guerra que los unos con los otros han tenido, e de las que los cristianos les dieron, se han destruido porque la gente es indomable e de muchas traiciones, e no hay agora sino cien casas (ROBLEDO: CUERVO, 1892, II, 392, nota).

Pese a esto, todavía cuarenta años después abundaba allí el pescado (GUILLÉN CHAPARRO: AIP, 1889, XV, 151).

En 1502, el almirante Colón y sus compañeros observaron en la costa norte de Panamá varios sistemas de pesca. Uno de ellos se describe así:

Tienen también otro modo de pescar las sardinas y es que ponen en las canoas, de proa a popa, en el medio, un seto de hojas de palma de tres codos de alto; y navegando por el río hacen mucho estrépito y baten con los remos en el bordo, con lo cual las sardinas, para salvarse del pez que las persigue, saltan a la canoa, dan en el seto y caen dentro; y así toman cuantas quieren (COLÓN, H., 1947, 298; CASAS, 1951, II, 291-292).

Durante los viajes en champán por el Magdalena, se solía llevar adosada una canoa, donde por la noche saltaban los peces perseguidos por los caimanes (LE MOYNE, 1945, 52-53).

Pesca con auxiliares animales.

1) Un sistema de pesca especialmente practicado en las Antillas, fue la captura — en este caso, individual — de peces de tamaño mediano o grande, tortugas o manatíes, mediante el uso del pez cautivo llamado reveso, pega o guaicán, similar a la rémora de otros mares, pues tiene también una ventosa en la cabeza, por medio de la cual se fija a otros animales acuáticos, frenando su avance. Es el Echeneis naucrates. El primero que lo observó en América fue el almirante Colón, en la costa sur de Cuba:

El modo como pescan les pareció a los nuestros tan nuevo y extraño, que accedieron a complacerlos [a los indios, que pedían por gestos estarse quietos]. Y era de esta manera: tenían atados con un hilo delgado, por la cola, algunos peces, que nosotros llamamos revesos, que van contra los otros peces, y con cierta aspereza que tienen en la cabeza y les llega a la mitad del espinazo, se pegan tan fuertemente con el pez más cercano que, sintiéndolo el indio, tira del hilo y saca los dos juntos; y fue una tortuga la que los nuestros vieron sacar a aquellos pescadores, al cuello de la cual se había adherido el pez; que es donde siempre suelen adherirse, porque están seguros de que el pez así cogido no puede morderlos: y yo les he visto pegarse así a tiburones grandísimos... (COLÓN, H., 1947, 168-169).

Varios autores lo registran después, unos por haberlo presenciado (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, II, 65-66; COBO, 1891, II, 180-181; DAMPIER, 1927, 53-54; MÉNDEZ NIETO, 1989, 135, 348), y otros por referencias (ANGLERÍA, 1944, 36-37; NOREDENSKIOLD, 1931, 9: 44; DURAND, 1950, 81-86). Este uso se ha prolongado en las costas de Cuba hasta el primer cuarto del presente siglo; allá se le llama al pez pega o pegador (ÁLVAREZ CONDE, 1956, 281-282).

Curiosamente, la fibra de la misma planta, la majagua Hibiscus tiliaceus, es la usada para amarrar el pez por la cola, tanto en Cuba como en la costa caribe colombiana (SOLA, 1932).

2) Con aves amaestradas no especificadas pescaban los indios de las Antillas Menores (DU TERTRE, 1958, II, 359).

Modalidad que tuvo uso restringido en América, puesto que sólo se ha registrado en la costa del Perú, y eso no con mucha seguridad, es la pesca con el auxilio de cormoranes Phalacrocorax carbo L. (RAVINES, 1978, 42), costumbre antigua en el Extremo Oriente (ZEUNER, 1963, 472-473). Las pruebas de donde se ha extraído el dato son muy precarias y poco demostrativas (GILMORE: STEWARD, 1950, 6: 387).

3) Algunas tribus guayanesas costeras capturaban cangrejos con la ayuda del mamífero carnívoro familia Procyonidae, Procyon cancrivorus, debidamente amaestrado (SCH0M-BURGK, 1923, II, 354).

4) Un desarrollo que indica aculturación, pero que quizá estuvo basado en una práctica prehispánica, es la pesca del pez torpedo o anguila eléctrica en la cuenca del Orinoco, utilizando caballos que se sumergían en los caños y sufrían inicialmente las descargas eléctricas del pez, hasta que se agotara el mecanismo, y entonces era fácil capturarlo (HUMBOLDT, 1808, I, 55-57; —, 1941, III, 243-245; WAVRIN, 1937, 53). Otros autores dudan del hecho, por la circunstancia de que el poder eléctrico se recupera sólo cinco minutos después de haber efectuado hasta 20 descargas (GILMORE, op. cit., 410, citando a COATES, 1947).

Pero los mulatos guayaneses capturaban este pez con hojas de la mata de pantano Montrichordia arborescens, que parecen ser malas conductoras de la electricidad (SCHOMBURGK, 1923, II, 408). Los indios guaraúnos — aunque no los comían — sabían cogerlos con unos palos aguzados (APPUN, 1961, 398).

Pesca con sustancias vegetales tóxicas.

Entre las más importantes pescas colectivas figuran las que se hacen echando al agua sustancias vegetales que tienen la propiedad de atontar, emborrachar y matar a los peces, que, ya en su agonía, ya muertos, pueden ser fácilmente recogidos pues flotan en la superficie. Dichas sustancias, inocuas o poco dañinas para el hombre, son las rotenonas, que a veces se hallan asociadas a sustancias de cierto grado de toxicidad, como tefrosina, toxicarol, etc. Las plantas usadas para este fin, que las hay en todos los continentes, se suelen llamar en castellano varbascos o verbascos (RI-X, 1986, 779-780). Pertenecen a varias familias botánicas. Para la región amazonica esto está muy bien documentado (COBO, 1895, IV, 227; FIGUEROA, 1904, 208; CUERVO, 1894, IV, 268; VEIGL, loc. cit.; ESPINOSA, 1935, 110-113), y también en el Orinoco (GILIJ, 1965, II, 264-265; GUMILLA, 1955, 188-189). Sobre las que se han usado en el área de este estudio, se dieron en otra datos históricos y antropológicos (PATIÑO, 1967-1968, III, 193-198, 233-346). Un tratamiento mas reciente es bastante comprensivo del material usado en Colombia, pues enumera unos 13 géneros con 41 especies de las 199 probables (ARIAS C. et alii, 1980).

Pese a la presunta inocuidad de los varbascos, algunas tribus tienen ceremonias propiciatorias para usarlos, y a veces el pescador con esas plantas se somete a ayunos y otras mortificaciones. En el Perú, aun los campesinos que siembran el cube Lonchocarpus nicou no lo creen tan inofensivo para el hombre como se suele pensar. (Observación personal en Yurimaguas, Perú).

He aquí la descripción de una pesca con varbasco en el Ucayali en el siglo XVIII, ya bajo la supervisión de un misionero:

Para esto se buscaba una media laguna, adonde iba con toda la gente, como de asueto, previniendo cargas de barbasco, que tenía sembrado, y compraba a los indios si no alcanzaba. Salíase al amanecer, dicha misa; iban contentísimos todos, y llegados al sitio, como a las ocho, se repartía el barbasco e iban martajando con mazas sobre maderas, y echándolo alrededor, y con canoíllas por dentro. Ya al cuarto de hora se llenaban las orillas de innumerables pejes pequeños, que cogían los niños y niñas, asaban y comían. Pasado más tiempo iba pareciendo embriagado el pescado mayor, zúngaros, paiceo, rayas, pacos, gamitanas; y sin tener más paciencia, los indios los iban fisgando, hasta niños de seis años. Ya cada mujer tenía prevenido su fuego y barbacoa, donde destripándolos, iban colocándolos; cada una traía al padre un par de gamitanas, pacos, etc., y los fiscales y muchachos iban salando todo y amontonando unas sobre otras, y llenando las canoas, como los indios las suyas, de ahumados, y algunos curiosos también sus salados. Comían a placer, y a las cuatro de la tarde ya estaban de vuelta. Muchos indios volvían al día siguiente y llenaban sus canoas del pescado, que hallaban muerto y ahumaban. Esta es la abundancia del Marañón; ni por eso se esteriliza la laguna, porque a la menor creciente corre agua nueva, y se llena de pescado... (URIARTE, 1952, 1, 144.145).

Ritos propiciatorios.

En primer lugar, las prácticas para propiciar el éxito de la pesca están dentro del contexto cosmológico de la unidad de la Naturaleza, que se esbozó en el capítulo I.

En Guatemala se hacían sacrificios por los indígenas antes de expediciones de pesca o caza. Consistían, en el primer caso, en sacar las tripas a unos peces y quemar copal ante el ídolo en el templo (FERNÁNDEZ, 1881, 1, 40-41; ACUÑA, 1982, 280-281).

Los malekus o guatusos de Costa Rica acostumbraban pedir permiso a la Naturaleza antes de pescar o cazar (BOZZOLI DE WILLE, 1986, 20).

Los tunebos practican determinadas normas para pescar y creen en un espíritu de los peces que se llama Sisa (MARQUEZ V., 1979, 47).

Sobre los desana del Vaupés hay un elaborado registro de los pasos que se dan por un pescador para dedicarse a esta tarea. La pintura facial de acuerdo con las distintas especies de peces, es apenas uno de los aspectos de la complicada red de complejos y creencias que implica la pesca, considerada como actividad menos masculina e importante que la caza, aunque ahora empiece a cambiar la situación (REICHEL-DOLMATOFF, 1977, 344-347).

El juego de pelota de los otomacos, con carácter diario y ritual, quizá en el fondo era una actividad para propiciar la pesca (ACOSTA SAIGNES, 1961, 51).

Los achaguas apelaban a un rito que llamaban chaca, del nombre de un pez, más bien para preservarse del daño que les pudiera sobrevenir por la ingestión del pescado, que como ayuda para capturarlo (RIVERO, 1956, 108-109).

Para usar sustancias ictiotóxicas, los macuma las moldean en forma de bolitas, que escupen y balancean sobre su cabeza antes de echarlas al agua (SMOTHEKMON el al., 1979, II, 124-125).

Entre los jíbaros sirven como amuletos de pesca, piedras y enterolitos llevados en una bolsa hecha con la fibra de la palma chambira Astrocaryum chambira. Hacen el mismo papel las garrapatas que a veces se alojan debajo de las alas del tucán o en la piel del tatabro o puerco de monte; y el jugo de una pequeña planta llamada sicuanga ahuiringri (KARSTEN, 1935, 164-166).

Los parintintins del Brasil echan al agua pescados labrados de corteza para atraer a los vivos (MÉTRAUX, 1928a, 265).

Relación de la pesca con la fenología.

Sin entrar de lleno al tema del sistema alimentario de los peces, se puede decir que los procesos fisiológicos como el desove y la reproducción, están íntimamente relacionados con fenómenos ambientales, tales como crecientes periódicas de ríos, recurrencias de la madurez de ciertos frutos y semillas, y otros menos ostensibles.

Las tribus ecuatoriales conocían muy bien la periodicidad de tales fenómenos, y acomodaban a ellos sus expediciones de pesca en grande escala. Por ejemplo, durante las inundaciones estacionales la pesca descaecía:

...porque el pescado no pica en tiempo de crecientes, por hallar en la tierra inundada los gusarapillos, lombrices y otros cebos que pueden buscar en el anzuelo. Lo turbio de las aguas en tiempo de las avenidas priva el uso de la flecha, por no divisarse el pescado para tirarla (FIGUEROA et alii, 1986, 173).

La captura de peces mediante cebos vegetales estaba muy extendida en la Guayana y el Amazonas. La predilección de los peces por determinados frutos o semillas se aprovechaba para una pesca de buenos resultados. A veces, con cierto fruto se lograba mejor la aprehensión de determinadas especies,

como en el caso del morocote (Myletes), con las pepas de la carapa (Carapa guianensis) (APPUN, 1961, 387).

Cebos en la Guayana han sido el fruto verde de la Genipa en una canasta; la semilla del hatie o Hevea spruceana o la del bejuco Smilax cayannensis (IM THURN, 1883, 237, 238). El pez Myletes o pacu de la misma región se pescaba con frutos del mucu-mucu Montrichordia arborescens. Los caribes y macusis usaban diferentes cebos vegetales, según la especie deseada (SCHOMBURGK, 1922, 1, 234, 240).

En el Río Negro, los peces se alimentan de frutos riparios que ningún otro animal toca; se dan varios ejemplos (SPRUCE, 1908, II, 381).

Imitando el ruido que hacen los frutos cuando caen al agua, se consigue atraer especies frugívoras.

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