Historia de la Cultura Material
en la América Equinoccial (Tomo V)
Victor Manuel Patiño
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LIBRO PRIMERO
APROPIACIÓN DE RECURSOS ÉPOCA PREHISPÁNICA

CAPITULO II

EXTRACCIÓN DE MINERALES

A) NO METÁLICOS.

El procedimiento general de extracción consistiría en descapotar, escarbar, remover, mediante palos aguzados o barretas de bronce o de cobre, los estratos, yacimientos, vetas, filones o depósitos de la substancia buscada. En algunos casos puede haber seguido una moltura entre piedras para pulverizar los fragmentos. Algunas substancias requerirían zarandeada posterior para quitar impurezas, pero éstas se pueden eliminar también mediante lavado. En cada caso se darán los datos disponibles, aunque son escasísimos los de la época de la Conquista.

Tierras colorantes.

El oropimente o sesquisulfuro natural de arsénico, lo mismo que el rejalgar de donde se deriva, monosulfuro natural de arsénico, se extraían en algunas partes de América (LECHTMAN: BENSON, 1979, 6). El primero es de color amarillo; el segundo es rojo. Pese a ser sustancias venenosas, se usaron para los fines que indica el título, especialmente en cosmetología.

El minio, azarcón o bermellón es plumbato plúmbico u óxido plumboso plúmbico natural, que se conoció en el Perú con el nombre de llimpi.

...Es para pintarse con él los rostros y cuerpos suyos y de sus ídolos; lo cual usaron mucho los indios, especialmente cuando iban a la guerra, y hoy día lo usan cuando hacen algunas fiestas o danzas,

y llámanlo embijarse, porque les parecía que los rostros así embijados ponían terror; y ahora les parece que es mucha gala (AC0STA, 1954, 103) .

Se extraía con palos y con cuernos de venados (RAVINES:RAVINES, 1978, 73).

Las tierras de enjalbegar casas se han estudiado en el volumen de esta obra dedicado a la vivienda (PATIÑO, 1990,II,170).

Azufre.

En una región de volcanes como es el área andina, los indígenas necesariamente debieron averiguar los usos del azufre. Sin embargo, no hay datos sobre ello en la parte norteandina. En cambio, en los Andes perú-bolivianos se habían descubierto las propiedades parasiticidas, y se usaba para untos contra la sarna o caracha de las llamas, animal cuya domesticación es muy antigua y que, al parecer, es propenso a dicha escabiosis (Cobo, 1890, I, 236).

El empleo durante el período colonial se estudiará donde compete (capítulo XVI), por ser el azufre ingrediente indispensable en la elaboración de pólvora, compuesto no conocido por los amerindios.

SAL DE COMER.

a) Sal marina.

Para obtener esta clase de sal, parece que los indígenas americanos observaron el mismo sistema de evaporación del agua del mar, usado en otras partes del mundo. Desde luego, esto era mucho más fácil en regiones áridas.

Han sido famosas las salinas de Araya en el oriente de Venezuela, de que se surtía una gran área del Caribe, hasta Puerto Rico (LATORRE, 1919, 49-50). Para obtener su dominio se produjeron, durante toda la dominación española, conflictos con Holanda y otros países (RODRíGUEZ-DEMORIZI, 1945, II, 236), hasta el punto de que se pensó en echarles ríos de agua dulce o envenenarlas, cosas más fáciles de proponer que de ejecutar para la tecnología española colonial, que ni aun permitió la explotación oficial del producto (MONTESINOS, 1906, II, 172-173, 182-183; WILLIAMSON, 1923, 26-27). Sin embargo, se construyó un fuerte defensivo en 1623; pero, en 1671, la salina se aguó y el castillo quedó sin oficio (GONZALEZ GONZALEZ, 1977, 209). De las salinas de Araya se proveían localidades tan lejanas como Montevideo y Buenos Aires, antes de que se descubrieran las de Río Negro en la Argentina (D’ORVIGNY, 1945, II, 876).

Borburata fue fundada con el objeto de asegurarse provisión de sal para el interior venezolano (OVIEDO Y BAÑOS, 1885, II, 226). En el siglo XVIII, de Coro (Paraguaná) se llevaba sal a Santo Domingo, Puerto Rico, Cartagena y Veracruz (ALTOLAGUIRRE, 1908, 197).

Otra zona salinera importante desde la época prehispánica fue Maracaibo, donde la sal constituía la principal granjería (ARELLANO MORENO, 1950, 195; Oviedo y Baños, op. cit, II, 237). Un resumen sobre las salinas de Venezuela puede verse en VILA, 1970, 183-185.

La Guajira ha sido una zona rica en sal. En la región de Tapé existía una salina donde, en ciertas épocas, los indígenas represaban el agua llena de peces; al evaporarse el líquido, éstos quedaban automáticamente salados, siendo apenas necesario eviscerarlos (CASTELLANOS, 1955, II, 273-274). Cabe observar que el guajiro nato usa poca sal (JANH, 1927, 154), porque los pueblos que viven cerca del mar la absorben involuntaria y permanentemente (LEROI-GOURHAM, 1973, II, 179). La sal guajira se sacaba sólo en verano (MENA GARCIA, 1982, 63). Las salinas de Manaure son actualmente las mas Importantes de Colombia; allí tradicionalmente la extracción ha estado a cargo de los indígenas (PICON, 1983, 163-165).

Una sal de espuma de Ciénaga, beneficiada por indios, era de libre uso, mientras que la de piedra (socavón) constituía monopolio de la Corona, según el virrey Manso (Ortiz, S. E., 1970, IV, 1: 87-88). La sal de Santa Marta sensu latu se introducía por el Magdalena hasta Ocaña (LATORRE, 1919, 27; JULIAN, 1787, 110; 1951, 135-136).

En la costa de Cartagena, la isla Fuerte era conocida por su riqueza de sal; ésta se recogía en cestos hechos de cañas nativas, para el intercambio con las tribus interioranas (ANGLERIA,1944, 251; ENCISO 1948, 221,—, 1974, 272; ANDAGOYA: CUERVO, 1892, II, 79-80; ÁLVAREZ RUBIANO, 1944, 85). Entre los repartimientos que se adjudicó Pedro de Heredia después de la conquista de Cartagena, figuraron los pueblos de la sal, Tomina, Secara, Aperina (FRIEDE, 1960, VI, 342).

Los cuevas del Urabá cuajaban una sal marina muy blanca (OVIEDO y VALDÉS, 1959, III, 325).

En la costa del Pacifico, en cuanto concierne al área de nuestro estudio, había salinas en Nicoya, Costa Rica, y especialmente en la isla de Chira, conocida por sus pavos y la costumbre de sus habitantes de comer sapos; esa sal se llevaba a Panamá (GAGE, 1946, 286, 288).

En la costa del Chocó y Buenaventura, donde a causa de las abundantes lluvias la concentración salina en el agua es menor, los nativos la elaboraban a base de cenizas de mangle hervidas en agua de mar (véase adelante el acápite Sustitutos de la sal).

Sólo al llegar a la línea ecuatorial, más seca, volvían a presentarse importantes salinas marítimas, empezando en Portoviejo (Manta) y las penínsulas de Chongón y Santa Helena (Guayaquil) (CIEZA, 1984, 1, 135; RINGROSE, 1945, 319; RUMAZO, 1949, VI, 88; MONTUFAR y FRASCO, 1894, 155; RECIO, 1947, 174; REQUENA, 1984, 69), así como la isla de Puná (González Suárez, 1891, II, 44; BSEHA, 1918, I, 55). Los indios de Guayaquil tenían el monopolio de la producción y venta de sal (HAMERLY, 1973, 109).

En la costa peruana sobresalen Túmbez y Sechura, de donde se transportaba sal a Panamá y al occidente de la Nueva Granada. En Paita abundaba tanto, que para extraerla bastaban picas y azadones (J. DE LA ESPADA, 1965, II, 299).

La parte relativa a tributo y monopolio de la sal, no entra en los límites de esta obra.

b) Sal terrestre.

La sal continental procedía de yacimientos o de fuentes salinas. En cada caso, el tratamiento era distinto, aunque la operación final consistía en la evaporación del agua.

Las salinas terrestres más famosas en el área del estudio, han sido las de la confederación muisca en la Cordillera Oriental. En el idioma chibcha se llamaba nygua (González De Pérez, 1987, 316). En buena parte a ellas se debió la influencia que los muiscas tuvieron en una gran porción del territorio colombiano. Cuando llegaron los españoles, ya había una técnica de extracción, que se siguió aplicando sin mayores cambios durante el período colonial:

... Se partieron en demanda
de Ne
mocón, que goza de las fuentes
saladas, importante granjería
para los naturales deste pueblo
y el de Cipaquirá, no lejos deste,
para acudir allí de todas partes
a comprarles la sal. que hacen del agua,
en blancura y sabor aventajada
a cuantas en las Indias he yo visto.
La cual cuecen en vasos que de barro
aposta tienen hechos para esto,
que llaman ellos gachas, y no sirven
más de una sola vez, porque se quedan
pegadas a la sal, que (ya formado
el pan que pesa dos o tres arrobas,
o más o menos peso, según suele
ser la capacidad de la vasija),
no puede despegarse sin quebrarla..
.

(CASTELLANOS, 1955, IV, 187)

Jiménez de Quesada fue a visitar la salina de Nemocón para enterarse de la extracción (AGuADO, 1956, 1, 267). Gran parte del expendio era de agua salada, que buscaban los pueblos circunvecinos (FRIEDE, 1975, II, 247). La extracción y el beneficio quedaron, a lo largo de todo el período colonial y en gran parte del republicano, en manos de los indios (BOUSSINGAULT, 1985, III, 22; MOLLIEN, 1944, 386; PLAZA, [1850], 1984, 392; FLOREZ et al., en Thes., 1947, III, 171-227). Esto por cuenta de encomenderos o corregidores, que se colgaban a veces con el suministro de las pailas, ollas y herramientas necesarias (LóPEZ MEDEL, 1989, 309; GROOT, 1889, 1, 301-303, 317), con los consiguientes abusos que trató de corregir el virrey Guirior (ORTIZ, S. E., 1970, IV, 2:189-190).

En cuanto a que los indios que no vivían cerca de los tres pueblos de la sal, compraban el agua salada para defecarla, está confirmado desde 1555 (FRIEDE, 1975, II, 247).

Cuando hacia 1622 se reglamentó la extracción en los yacimientos de Zipaquirá, se hizo "con asistencia y sabiduría de los caciques de Nemocón, Zipaquirá, Tausa, Neusa y Tasgatá" (CALDERÓN, 1911, 373). Las indias salineras cocían para ellas, como adehala, los panes de sal que llamaban catalenicas (COLMENARES et alii, 1968-1969, 425-426, 413-428).

La asociación de la industria salinera con la cerámica para la elaboración de gachas, ha sido objeto de una importante monografía reciente (CARDALE, 1981).

Ya a la llegada de los españoles, el consumo de leña había sido causa importante de la destrucción de mucha parte de la vegetación arbórea, para mantener la producción de sal. Desde distancias apartadas los indios acarreaban barro, tierra, arena y leña (de Cogua y Neusa a Nemocón), para hacer las gachas en 1600-1602 (BROADBENT, 1964, 54, 56). Esto se fue agravando con el aumento del consumo, y a fines del período colonial observadores extranjeros registraron las dificultades de extracción y el incremento de los costos (HUMBOLDT, 1952, 16-17, 20; BOUSSINGAULT et al., 1849, 9).

El impuesto a la sal sirvió para financiar varias obras, tanto en el período colonial (OTS CAPDEQUÍ, 1946, Bog., 134) — entre ellas, la impresión del libro Genealogías del Nuevo Reino (FLOREZ DE OCARIZ, 1943, 1, IX-XI) — como en el republicano (camino de Buenaventura) (SAMPER, 1977, 103), pues el monopolio sólo terminó en primera instancia en 1910 (CALDERON, 1911, 220), y dio ocasión a contratos unas veces favorables al fisco (ARBOLEDA, 1919, II, 174), otras veces leoninos, como en los tiempos de Núñez (CAMACHO ROLDAN, 1923, 132).

c) Sal de fuentes.

Las fuentes salinas estaban esparcidas en enclaves muy diversos del territorio ecuatorial; pero predominantemente en el área andina, sus vertientes y piedemontes, y menos — aunque no faltantes del todo — en las llanuras orientales y meridionales.

Callejón Cauca-Patía

En la región antioqueña de Anzá, las salinas de Guaca y Noque vistas por Vadillo en 1538 (CASTELLANOS, 1955, III, 175; SIMÓN, 1953, V, 257), se explotaban en el siglo XVIII con mucho desperdicio de leña (ROBLEDO, E., 1954, II, 302, 337). En Jorvura, sobre el Cauca, hallaron los expedicionarios de Jorge Robledo panes de sal del tamaño de un hombre (ROBLEDO, J.: CUERVO, 1892, II, 408). Poco antes se habían topado a Murgia o Moregia, al cual llamaron el Pueblo de la Sal, "porque se halló mucha infinidad della de manera de panes de azúcar, algo morena, hecha de fuentes saladas que ellos tenían" (ibid., 405, 408; —: JIJÓN Y CAAMAÑO, 1938, II, 74).

Un testigo de la conquista de Antioquia y Caldas menciona como importantes las salinas de Caramanta, Murgia, Cori, Anserma, Consota, Coinza, de dos aguas, dulce y salada (CIEZA, 1984, 1, 50-51; —: VEDIA, 1947, II, 386-387; GUILLEN CHAPARRO: AIP, 1889, XV, 146; DUQUE GÓMEZ, 1963, Q., 36-38). Del área de Cartago se conoce la tasación de tributos de 1558 que fijó las cantidades que debían dar los indios de Anserma, Caramanta, Arma y Cartago mismo. Al Pueblo del Pescado le correspondía tributar con ollas y pailas para la cochura (FRIEDE, 1961, 1V, 228, 240, 242, 243, 244). Precisiones sobre los sitios de las salinas pueden verse en PEÑA, 1892, 59; ROBLEDO, E., 1916, XII; ARANGO C., (1927?), 44, 100, 169.

Todavía a principios de este siglo XX se extraía sal de fuentes de Sopetrán (de mala calidad), Santa Bárbara, Poblanco y Tonusco (Gutierrez, R., 1921, II, 227-228).

En el propio Valle del Cauca había escasez de sal, pues sólo en la época colonial se explotó la que se obtenía de las fuentes de Burila y San Miguel (TASCON, 1939, 157; HOLTON, 1857, 438, 482; ARANGO C., [1927?], 43-44, 169). El real de Burila desempeñó papel importante en la guerra contra los pijaos en 1607 (LUCENA SALMORAL, 1965, 1:159-161).

Había unos salados en la hacienda de La Bolsa al sureste de Cali (ARBOLEDA, 1928, 151).

En el Cauca eran conocidas las fuentes de Coconuco, cuya sal no era tan buena como la de las de Antioquia (CIEZA, loc. cit.).

En el valle del Patía existió el Pueblo de la Sal, donde la vanguardia debía esperar al virrey Núñez Vela, durante su campaña contra Gonzalo Pizarro (CIEZA, 1909, 175; —, 1984, 1, 47; Arroyo, 1907, 332-333).

Andes ecuatoriales.

En el alto río Mira había salados utilizables (J. DE LA ESPADA, 1897, III, 63, 116). Esta sal se llevaba a Pasto; era rica en yodo, por lo cual no había bocio en los alrededores (BOUSSINGAULT, 1903, V, 163-164; —, 1985, V, 81-82). Existían otras fuentes saladas en el callejón interandino (J. DE LA ESPADA, 1897, III, 143-146, 164, 173, 180, 187).

Valle del Magdalena.

Río arriba, las primeras salinas explotadas en la época prehispánica fueron las de La Palma, en los dominios de las parcialidades de murcas y guachipaes (LATORRE, 1919, 121; AGUADO, 1917, II, 708; SIMÓN, 1953, IV, 221; MORALES PADRÓN, 1958, 614). Los patangoros no tenían sal sino una agua salobre (AGUADO, 1956-1957, II, 82).

En los dominios del cacique yalcón Pigoanza debían de existir fuentes salinas, pues ese jefe envió de regalo a los españoles una porción de sal, que era más apreciada que el oro, y algunas papas (LÓPEZ, PERO, 1970, 61). Se ha reportado una de tales fuentes en la mina de Segovia del río Ullucos (MONTENEGRO: VERGARA Y VELASCO, 1974, III, 1158). Los panches carecían de sal (SIMÓN, 1981-1982, IV, 205) y los de la isla de Carare nunca la habían comido (ibid., 578).

Había un salado en San Martín, cerca de donde se fundó a Suaza (FRIEDE, 1953, 82).

Cordillera Oriental.

Fuera de los yacimientos de sal gema de la Sabana de Bogotá y regiones aledañas, hubo sal de fuentes en Chita y en Guaca. La salina de Chita pertenecía a los indios tunebos (TORRE [MIRANDA], 1890, 129-131; HUMBOLDT, 1941, III, 389; GROOT, 1890, II, 220; BOUSSINGAULT, 1900, III, 34-38; ANCÍZAR, 1956, 241-244). Según un observador del siglo XVIII:

Sus salinas, que tienen tres ojos a la orilla de un río y las llaman Gacha, Chinibaque y la Salina Grande, fabrican bastante sal, pero de este modo: van los forasteros que solicitan la sal, se componen con los indios, traen la leña, disponen el horno y piden licencia para cocerla: éste la da, y de ella se le da su primicia, porque es muy poco lo que siembran los indios de frutos y ésta es su granjería... (OVIEDO, 1930, 153).

En 1857 hubo un conato de asonada entre los indios que pedían libertad para elaborar la sal de Chita (ARBOLEDA, 1935, V, 156-157).

En cuanto a la sal de Guaca, en el actual departamento de Santander, también se beneficiaba desde antiguo. Un científico francés la examinó, describió el proceso seguido en la extracción, e hizo el análisis químico que reveló riqueza de yodo (BOUSSINGAULT, 1903, IV, 116-118).

Llanos orientales.

Al pie de la Cordillera se explotaron las fuentes de Upín en el Meta (Restrepo, E., 1870, 63-64, 69-84; Köhler y Adzer: Barras y Aragón, 1935, 7). Parece ser vecina o la misma salina de Saray, "la que es muy abundante, y no hay quien la trabaje, si no son cuarenta Yndios poco más o menos del pueblo de Cumaral, y esto dos meses en el año, por lo que se pierde, el agua en todo el más tiempo, y por esto se carece de sal, la que se vende a peso la arroba, habiendo mucha facilidad para beneficiarla", según un documento de 1790 (CUERVO, 1894, IV, 397).

Región amazónica.

Existen fuentes salinas en la cuenca del río Marañón, de que se da cuenta en documentos del siglo XVI (J. DE LA ESPADA, 1897, IV, 3, 33, 36). Algunas las beneficiaban los indios jíbaros en la confluencia de Mayaiku-Zamora, y lo hacían con otra en Curi-curi-Mangosiza, afluente del Morona (KARSTEN, 1935, 119-120).

Pero casi todas las tribus ecuatoriales conocidas con el nombre genérico de Maynas, se abastecían de sal terrestre procedente de la cuenca del río Huallaga. De cada región se hacían peregrinaciones en las épocas en que la navegación era propicia, para abastecerse del precioso elemento. Los omaguas emprendían viaje a Yurimaguas, que duraba dos meses, más diez días que permanecían en las salinas. Empleaban la siguiente traza:

Hechos sus ranchos, comenzaban su saca, que se reducía en el cerro de la orilla, a prevenir tinajas horadadas con agua, que iban soltando por donde hacían canal con las hachas, y ésta ablandaba la sal de piedra, por donde pasaba: luego, con las mismas hachas y machetes, y mejor si llevaban barretas (que en Omaguas había), iban partiendo pedrones de dos o más arrobas, y de los pedacitos llenaban sus tazas y colocaban en las canoas; si estas no aguantaban la carga, hacían una pequeña balsa, que acompañaba la mitayera, y volviendo por octubre, surtían al pueblo. La costumbre era entregar al misionero cada indio una piedra y dos tazas y todo lo demás para ellos; además, se les daba su galardón de cuchillos, calzón, etc. (URIARTE, 1952, 1, 143-144; FIGUEROA, 1904, 97, 212; —, et alli, 1986, 91, 205).

En la propia cuenca del Marañón se destacan las salinas de Paranapuras, cuyo producto, no obstante su color rojizo, se consideraba mejor que la sal de Huallaga (MARONI, 1889, 43; JOUANEN, 1941, 1, 372). La del río Cachiyaco, afluente del Paranapura, es gema con poco yodo (VILLAREJO, 1959, 68).

* * *

Habiendo dado un rápido vistazo a las principales fuentes salinas del área geográfica a que se concreta este estudio, conviene señalar que el arbitrio ordinario seguido consistió en condensar el agua salada por medio del fuego, en recipientes de arcilla. Pero en algunas partes hubo procedimientos más refinados, como en Coinza, cerca de la primitiva ciudad de Cartago; allí:

... dentro de los mismos ríos, y por la madre que hace el agua que por ellos corre, nascían destas fuentes salobres, y los indios con grande industria tenían metidos en ellas unos cañutos de las cañas gordas que hay en aquellas partes, a manera de bombas de navíos, por donde sacaban la cantidad del agua que querían, sin que se envolviese con la corriente del río, y hacían della su sal (CIEZA: VEDIA, 1947,11,387).

Pero cerca de Huamanga había salinas de las cuales se sacaba agua, "la cual curada con el sol y yelo y secándose, se cuaja y quedan hechas las dichas tortas de sal blanca", cuando no llovía (J. DE LA ESPADA, 1965, 1, 194). En Pacajes, más al sur, se cuajaba también con el frío (ibid., I, 340).

No en todas partes, aunque existieran fuentes o peñas salinas, se sacaba sal de cocina de buena calidad. En algunos sitios del Ecuador interandino se apelaba como sustituto a una sustancia fuerte y rojiza llamada muyu-cachi, que gozaba de bastante aprecio entre ciertas comunidades (WEISMANTEL, 1988, 107).

Más numerosos que las verdaderas salinas son los saladeros o salitrales, lugares — aun entre la selva amazónica —donde afloran a la superficie del suelo sustancias salitrosas, muy buscadas por los animales herbívoros y frugívoros. En el Perú, a éstas las llaman collpas (VILLAREJO, 1959, 69; TOVAR, 1966, 66; VON HILDEBRAND, P., 1975, 257-258).

Sustitutos de la sal

La distribución de las salinas (véase atrás y PATIÑO, 1980, 51), tanto marítimas como terrestres, dejó a muchos pueblos americanos desprovistos de este sazonador. No habiendo yacimientos de donde extraerla, el hombre la sustituyó por otras sustancias, que fueron: a) minerales, o b) vegetales.

a) Minerales.

Los guatusos de Costa Rica usaban cierta greda o tiza en terrones (GABB: FERNÁNDEZ, 1883, III, 317).

Se incurriría en error al creer que la geofagia debe ser tenida simplemente como una aberración del gusto, o como un recurso alimentario desesperado por la falta de cosa mejor. No se han hecho estudios científicos sobre esto; pero si se hicieran, seguramente se hallaría un panorama mucho más complejo de lo que podría suponerse.

En efecto, pocas veces la tierra se comía sola; ni era cualquier tierra, sino ciertas clases especiales. Los informes indican desde un sumario revoltijo con grasa de tortuga o de caimán, hasta un proceso muy elaborado, en que entraban, fuera de la grasa de animales, semillas germinadas (GUMILLA, 1955, 118, 122-123). Cabe observar que los otomacos y guamos, tribus de las más arregostadas con esta costumbre, mantenían buenos cultivos de maíz y de yuca, y sus mujeres eran habilísimas para preparar pan de cualquier fruta silvestre. La búsqueda de oligoelementos minerales parece estar yacente en la geofagia.

b) Vegetales.

También se obtuvieron substancias salinas directamente de plantas, en un proceso de búsqueda que habla mucho de la capacidad del hombre primitivo para satisfacer sus necesidades con los elementos que existían en el entorno.

De varias plantas se aprovechó el amerindio para obtener sustitutos del cloruro de sodio.

Los térrabas de Talamanca en Costa Rica, moradores de las márgenes del río Puan, usaban una yerba amarga llamada momo en lugar de sal (FERNÁNDEZ, 1886, V, 370, 421, 432).

A las frutas del ancuysi (¿ Bactris gasipaes?) que cultivaban los indígenas del Putumayo en el siglo XVIII, "danle un gusto(so) excelente con el salitre intenso que resulta a los Huaques de la mata quemada que llaman Huojuary; remeda el gusto de la sal de que carecen todos estos Yndios" (CUERVO, 1894, IV, 276).

Sal de cenizas de enea (¿Typha?) y otras plantas usaban algunas tribus del Tocuyo, a quienes no alcanzaba a llegar la obtenida de una fuente salina que había a tres leguas del poblado (ARELLANO MORENO, 1950, 153).

Los pueblos del Magdalena arriba de las primeras 70 leguas, que no alcanzaban a recibirla del mar, ni tampoco de la sabana de Bogotá, la hacían de orines y polvos de palmas (FRIEDE, 1960, NR, 259).

La sal obtenida de las inflorescencias o espádices y otros órganos de palmas, parece haber estado más difundida que la de cualquiera otra procedencia vegetal (SOLÓRZANO Y PEREYRA, 1972, IV, 326). Los jicaques de Taguizgalpa (Tegucigalpa) en Guatemala (Honduras) procedían asi:

La sal la hacen de vnos arboles que hay en aquellas montañas, a manera de coyol o coco 1; rajan este árbol, hazénlo astillas, quemanlo, hazen ceniça, hazen de ella legía; esta en vna olla grande la echan, sola la legia sin la ceniça, y a fuego manso la van calentando hasta que se convierte en sal; es muy blanca, pero no tan fuerte como la que vsamos... (SERRANO Y SANZ, 1908, 368).

Los maynas del Marañón, en vez de sal, "usan de la ceniza de las pepitas de cierta especie de palmas" (FIGUEROA, 1904, 212). La que se hacía en el curso medio del Amazonas era más salitre que sal (ACUÑA, 1942, 92).

En el área amazónica son preferidas para este fin las inflorescencias, aun sin abrir, de la pachiúba barriguda Iriartea tientricosa y de la bacaba Oenocarpus bacaba (CASCUDO, 1983, 1, 140).

La gente de la expedición de Antonio Sedeño a los llanos de Venezuela, a raíz de la muerte de éste, se dispersó hacia los lados del Casanare, en medio de penurias causadas por las inundaciones:

Los tasajos curados con lejía,
de coa, cierta planta salitrosa,
porque sal por allí no se tenía,
ni gozan estos de tan buena cosa;
y en aquel tiempo nuestra compañía
estaba della muy menesterosa,
y aunque cualquiera hambre es insufrible,
es esta la mayor y más temible.
También en estos reinos y confines
hace sal esta gente vil y sucia
de ceniza de palma con orines,
y en ella hacen todos grande hucia 2:
estos son sus adobos más insines,
y la gente con ellos anda lucia.
Tiene casi que gusto de sardinas
arenques, pero mal sala cecinas.

(CASTELLANOS, 1955, 1, 538).

Estos indios llaneros, según otra versión del mismo episodio:

. ..no tienen sal de la mar, excepto de una que en muchas partes usan los indios hacer de ceniza de cogollos de palma, y es una sal que resquema y amarga, casi a manera de salitre, y es muy blanca; hacen de ella panecillos pequeños de la forma de la vasija en que los cuajan (AGUADO, 1918, 1, 722; —, 1957, III, 496; SIMÓN, 1963, 11, 119).

Algunas tribus amazónicas hacen sal de las palmas Bactris gasipaes y Phytelephas sp., junto con las de la arácea Spatiphyllum carnifolium y otras plantas de la misma y de diterentes familias botánicas (GASCHÉ: Cespedesia, vol. IV, 1975, 230-232). Con las cenizas de la maripa (Maximiliana) y otras palmas filtradas en un cono de cedazo, los guayaneses de Cayena obtenían una substancia salina (BARRERE, 1743, 162-163). En Javita, punto del Casiquiare-Orinoco, preferían para conseguirla el espádice y los frutos de la Jessenia bataua (HUMBOLDT et al., 1942, IV, 193). Para la ceniza que mezclan al ambil del tabaco, los mirañas actuales echan mano de la palma Scheelea attaleoides (LA ROTTA, [1989], 301).

En el río Xingú, los nativos hacen sal a base del buchón de agua Eicchornia crassipes (P0SEY: RIBEIRO, 1987, 21).

Los agoas u omaguas utilizaban una yerba llamada capimassú; la ceniza se cuajaba en panes, que eran objeto de comercio (HERIARTE, 1874, 49). Véase lo que se dijo atrás sobre sus vecinos los maynas.

En el siglo XVI, los quijos del piedemonte oriental cordillerano hacían una sal amarga de yerbas (ORTEGON, 1973, 15).

En la costa del Pacifico, los indígenas de la selva pluvial entre Panamá y el río Esmeraldas, usaban una sal mixta:

Toman raíces de mangle quemadas, e de la ceniza hacen lejía, con la cual e con agua de la mar cuécenlo todo junto hasta que se cuaja e se hace sal: que por el mucho llover no hay salinas en aquella tierra (OVIEDO y VALDES, 1959, V, 96, siguiendo una relación del piloto Juan Cabezas; González Suárez, 1890, 1, 166).

Los yurumanguíes, a pesar de vivir cerca del mar, sustituían la sal con vegetales cocidos y concentrados, como se ha visto en otro volumen de esta obra al hablar de la culinaria indígena (PATIÑO, 1990, 1, 159-163).

Otro recurso salino ha sido la ceniza de Cecropia o yarumo.

Sales Varias.

Urao. — Acerca de éste, que es una sal de sodio endémica de una localidad o enclave muy reducido de la Sierra de Mérida en Venezuela, pero cuyo consumo ha abarcado un área bastante mayor, se ha dicho algo en otra parte (PATIÑO, 1984, 1, 36-37).

Salitre. — Sobre el uso de esta sal en la época prehispánica no se dispone de documentos fidedignos. Los datos conocidos corresponden a la época colonial y se verán en su momento (págs. 191-192).

Rocas duras.

Lo relativo al uso de rocas en la construcción de viviendas se ha visto en otro lugar (PATIÑO, 1990, II, 170-171, 227-229). Rocas para talla de ídolos como en San Agustín, se estudian aparte (véase capítulo VIII).

No existen datos de cómo las tribus de la Sierra Nevada de Santa Marta, que utilizaron rocas para escalinatas, plazas y cimientos de construcciones, obtenían las piezas deseadas. Debió de ser por procedimientos semejantes a los empleados en otras regiones americanas donde dicho elemento se uso más extensamente. Por ejemplo, en el Perú trabajaban la piedra con "fuego y suspiros" (CIEZA, 1984, 1, 162). No se han visto informes sobre empleo de palancas de madera que se hidratan y dilatan formando cuña, especialmente para rocas sedimentarias, procedimiento usado por los egipcios (SHACKLEY, 1977,86).

El fuego y el agua, alternados, pueden fragmentar rocas, aun las muy duras (MANSUTFI-RODRÍGUEZ, 1986, 22; VICUÑA MACKENNA, 1969, 144).

Piedras semiprecrosas.

Pocas o ningunas informaciones se conocen sobre la manera como los indígenas ecuatoriales extraían piedras semipreciosas, como cuarzo, ágata, jade y otras, para adorno o para usos medicinales y mágicos. Los procedimientos debieron de ser muy sumarios, en vista de la pobreza de implementos eficaces para remover rocas duras. De todos modos, si beneficiaban estas piedras (véase adelante), de alguna manera habían resuelto lo relativo a la extracción, que debió de efectuarse mediante remoción de tierra con coas o palos aguzados y con la punta endurecida al fuego; arrastre mediante acequias hechas ex profeso o con el agua de lluvias; fuego y agua, alternados, para la fragmentación de las rocas madres.

Piedras preciosas.

Las mas importantes en el área fueron las esmeraldas. Los muiscas sabían beneficiar las de Somondoco. El intento de los españoles en un principio, de labrar por si mismos esas minas, parece que terminó en fracaso, y así Quesada recomendaba que se dejara a los indios sacar las gemas como estaban acostumbrados, mediante pajas de agua hábilmente dirigidas, aun en terrenos pendientes (RAMOS PÉREZ, 1972, 289, 290; FRIEDE, 1979, 1, 72, 152; 1957, V, 167; 1960, 1, 53-54, 105-106, 340, 357-358). Las sacaban por medio de acequias, en época de lluvias, con espeques de madera a que llamaban hica (G0NZÁLEZ DE PÉREZ, 1987, 287); pero previamente bebían cierta yerba (tabaco, yopo, coca, borrachero?) para adivinar dónde quedaban las mejores vetas en Somondoco (FRIEDE, 1960, NR, 262; OVIEDOY VALDÉS, 1959, IV, 94; VÁZQUEZ DE ESPINOSA, 1948, 308). El nombre chibcha de la gema era chuecuta (GONZÁLEZ DE PÉREZ, op. cit., 260). El propio Quesada fue a verlas labrar y sacó testimonio (AGUADO, 1956, 1, 282), e inclusive en su escudo de armas hizo poner una montaña sembrada de esmeraldas verdes (FRIEDE, 1960, 1, 340-341).

Carbón.

Los chibchas habrían tenido la capacidad de identificar, extraer y usar el carbón mineral de vetas en Sogamoso, Tópaga, Gámeza y Monguí (SILVA CELIS, 1964-1965, [1967], 261). Los datos arqueológicos sobre esto son inconsistentes (CASTILLO ESPITIA, 1984, 197-198, 228). En años anteriores a 1670, los indios llevaban a Tunja carbón de piedra de una mina cerca de Cucunubá (PEDRAJA TOMÁN, 1985, 20).

B) METÁLICOS.

Oro.

Los sistemas de extracción de oro en esta parte de América antes de la introducción de maquinaria de vapor, dependieron de que el yacimiento fuera de aluvión o de veta. Uno y otro se conocieron por lo menos en las Antillas Mayores, en Panamá y en el noroeste de Suramérica. Los indígenas del Istmo enseñaron a los españoles y a los negros la minería de oro, tal como la practicaban. La abundancia del metal en los primeros tiempos, le valió a este sector el nombre de Castilla del Oro (OVIEDO VALDES, 1959, III, 329-331; 1, 160-162; ÁLVAREZ RUBIANO, 1944, 52).

También en Antioquia los indios enseñaron la minería a los negros (PARSONS, 1950, 37). En Corome, cuenca del Cauca, hallaron los españoles de Juan de Vadillo las totumas y coas o palancas para sacar oro de veta (CIEZA, 1984, I, 24).

La extracción de polvo o pepitas de oro mediante lavado, lo que después vino a llamarse mazamorreo, fue adoptada por los españoles, aun con los implementos usados:

El oro en polvo se beneficia en lavaderos, lavándolo mucho en el agua, hasta que el arena o barro se cae de las bateas o barreñas, y el oro, como de más peso, hace asiento abajo (ACOSTA, 1954, 93).

Se han planteado dudas, sin embargo, sobre el origen americano de la palabra batea (C0R0MINAS: A-CA, 1984, 543-544), vasija que en América siempre se ha hecho de madera y no de barro, como lo es el barreño (ibid., 528-529).

Varios estudios, unos de la época colonial, otros del siglo XIX, se conocen sobre la minería del oro en la Nueva Granada. Un resumen reciente recoge y elabora toda esa información (WEST, 1972).

Para extraer el oro de veta se habría usado el canalón, como en el caso de las esmeraldas (POVEDA RAMOS, 1981, 25-26). Aquí la habilidad técnica consistiría en el trazado de los canales, para que la corriente del agua se pudiera graduar en el volumen adecuado y con la velocidad requerida.

Hoy se halla en las minas que los españoles han labrado y labran en Mariquita, los socavones y espeluncas y otros vestigios y señales que son clara muestra de haber en aquel lugar sacado los indios oro (AGUADO, 1956, 1, 405).

Sobre la tecnología seguida en el río Telembí se han producido algunos trabajos (FRIEDEMANN, 1974a; WHITTEN & FRIEDEMANN: RCA, XVII, 1974, 75-115). Es similar a la practicada en los ríos ecuatorianos del litoral norte (FAURIA, 1985, 113).

Plata .

En el área equinoccial la plata extraída era la que venía en aleación con el oro. No hay constancia de que en la época prehispánica, al norte de la línea equinoccial se hubiera beneficiado por indígenas mina alguna de plata sola. La mas antigua mención se refiere ya a la dominación española, con San Sebastián de la Plata. Por eso el tema se tratará en la parte de este estudio que se relaciona con el período colonial (capítulo XV).

En cambio, en los Andes meridionales, especialmente en el sur del Perú, Bolivia y Chile, sí hay constancia de que los indígenas supieron extraer la plata. La apuraban en los hornos especiales llamados huairas que funcionaban con el viento (CIEZA, 1984, 1, 132-133). Pero en la costa norte, según afirma el piloto Pedro Corzo, se hacía así:

Para coger la plata, que hay mucha, hacen en la sierra, cinco o seis leguas de Sanct Miguel [Piura], unas cavas; e desque han hecho un trecho de cava, hacen un hoyo ancho al cabo, e pegan fuego a la cava (o tranchea) e derrítese el metal que va a parar en el hoyo, donde se recoge en mucha cantidad de plata, e después se refina, e sacan de un quintal de aquel metal, cuatro marcos e más de muy buena plata. Pero es muy dificultoso de sacar, porque no hay leña en la sierra e se ha de llevar a cuestas allá desde lo llano; y la leña que llevan es de aquellos garrobos que se dijo de suso [Prosopis juliflora], la cual es muy buena e rescia madera (Oviedo y Valdés, 1959, V, 95).

Platino.

La extracción de platino estuvo limitada a la parte occidental de Suramérica, costas actuales del Ecuador y de Colombia. A veces se hallaba en aleación con el oro, y a veces, solo. La apropiación consistiría simplemente en apañar las pepitas. Lo relacionado con la metalurgia se verá adelante.

Cobre .

No hay constancia, entre los documentos de la época de la conquista, sobre la extracción de cobre de minas en lo que después fue la Nueva Granada. Los autores que creen en esto son tardíos. Pero los indígenas si conocian el cobre y lo sabían usar, hasta el punto de que en dicho sector es donde la aleación de oro y cobre, conocida con la palabra taina guanín y luego con la importada malaya tumbaga, adquirió mayor importancia.

La siguiente afirmación, por lo vaga pierde su fuerza:

Cobre usaron labrar los indios, porque sus herramientas y armas no eran comúnmente de hierro, sino de cobre. Después que españoles tienen las Indias, poco se labran ni siguen minas de cobre, aunque las hay muchas, porque buscan los metales más ricos, y en esos gastan su tiempo y trabajo; para esotros se sirven de lo que va de España, o de lo quea vueltas del beneficio de oro y plata resulta (ACOSTA, 1954, 91).

En Lipes, altiplano boliviano, había cobre nativo que los indios usaban para hacer sus instrumentos (LLANO Y ZAPATA, 1904, 128; N0RDENSKI0LD, 1921, 4; 1930, 8).

Otros datos sobre cobre se darán para la época colonial en que fueron aprovechados algunos yacimientos.

OTROS METALES.

Estaño.

El estaño prácticamente no se halla en estado nativo, sino en minerales, de los cuales el más importante es la casiterita: o como estannita (OEHM, 1984, 14). Estaño llegaba a Colombia del Perú (CUESTA DOMINGO et al., 1982, 46), aunque de aquí no se conocen piezas de bronce prehispánicas (RIVET y ARSANDAUX, 1946, 16)

Plomo .

Raramente nativo, sino bajo la forma de sulfuro de plomo o galena (RICKARD, 1932, I, 151-154).

La extracción de todos los recursos minerales que se han examinado, debe acomodarse a factores climáticos, especialmente a las lluvias que ablandan la tierra, hacen crecer los ríos y producen otros efectos dinámicos que el hombre americano supo aprovechar. Este régimen en general lo respetaban las autoridades españolas, por ejemplo para los turnos o mitas en que los indígenas debían laborar obligatoriamente en las minas, en busca de mayor eficiencia del trabajo.

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1  El coyol es una palma espinosa, Acrocomia vinifera, que se citó en el tomo 1 al hablar de los vinos de palma. (regresar 1)

2  Hucia: forma antigua de fiducia, confianza.(regresar 2)


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