Historia de la Cultura Material
en la América Equinoccial (Tomo V)
Victor Manuel Patiño
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CAPÍTULO XVI

METALOIDES Y MINERALES NO METÁLICOS

PIEDRAS  DE CANTERIA Y OTROS MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN.

Sobre esto se dieron informaciones en volumen anterior (PATIÑO, 1990, II, 227-236).

Amatistas.

Un autor colonial se refiere, sin detalles, a un Cerro de las Amatistas, cerca de Almaguer (MONTESINOS, 1906, I, 130). Se habría producido hacia el mes de abril de 1573, el hallazgo de amatistas en lugar no especificado del Nuevo Reino (FRIEDE, 1976, VI, 273). Ya en el siglo XIX se habla de amatistas de La Plata (RESTREPO, V., 1952,25), con zafiros rodados.

Varios.

Existe un estudio sobre las formaciones granatíferas del Río Mayo (CEGOC, 1942, V, 181-211).

Alabastro.

Se noticia la existencia de piedras de jaspe o alabastro en Sayausí y Jijón, jurisdicción de Cuenca en el Ecuador, que eran objeto de una manufactura incipiente antes de 1765 (MERISALDE Y SANTISTEBAN, 1894, 67-68).

Obsidiana.

Se registró en Chongón del Ecuador, en el siglo XVIII, piedra de chispa y obsidiana o de gallinazo (REQUENA, 1984, 73), sin duda depositada por explosiones de algunos de los volcanes andinos. También del de Sotará cerca a Popayán, se dan noticias (HUBACH, 1958, 72).

Azufre.

Una sustancia tan importante como ésta para la elaboración de pólvora, debió ser y fue afanosamente buscada en el Nuevo Mundo. Así lo ordenó hacer Hernán Cortés, inmediatamente después de la conquista de Tenochtitlán, en el volcan cercano a Tlaxcala, de lo cual han quedado relaciones detalladas (CERVANTES DE SALAZAR, 1971, II, 248-254; ACOSTA, 1954, 85; OVIEDO Y VALDÉS, 1959, IV, 27, 162).

En Suramérica, tierra de volcanes, sacaron azufre los españoles desde los primeros tiempos. El de Quito parece que llegó a exportarse a Europa y era muy afamado (MONARDES, 1569, 74-75v.; LLANO Y ZAPATA, Op. cit., 362). En un partido del pueblo de Alusí (Cuenca) había un cerro del que sacaban uno de muy buena calidad (J. DE LA ESPADA, 1965, II, 289). En el Perú, a 22 de diciembre de 1570, hallándose en Guamanga, el virrey Toledo mandó que las minas de azufre se pusieran en cabeza de la hacienda real, y que nádie lo sacara sin licencia, so pena de 500 pesos (MONTESINOS, 1906. II. 32).

Salitre.

Durante la colonia se halló salitre en variás partes del actual territorio cundiboyacense: Tunja y Sogamoso; Soacha, Bosa, Terreros; Chiquinquirá, Corrales, Tota y Firavitoba (CALDERÓN, 1911, 553, 555).

El salitre fino de Quito era muy apreciado para pólvora (COBO, 1890, I, 239).

En Lima, los muros de las casas y los hierros de las ventanas eran carcomidos por él. Abundaba en Ica, donde llegó a haber fábrica de utensilios de vidrio (LLANO Y ZAPATA, 1904, 346 349-350, 344-345). Del salitre de Antofagasta, Iquique y Aguas Blancas se pagaba el quinto, o sea, el 20% (VICUÑA MACKENNA, 1969, 46). Sobre el de Tarapacá se escribió una noticia (RIVERO Y USTÁRIZ, 1857,I, 5-6).

Pólvora.

Ambos, azufre y salitre, tuvieron su principal uso para la elaboración de pólvora.

Donde más tempranamente parece haberse fabricado fue en Quito, por existir el aparejo necesario (J. DE LA ESPADA, 1897, III, 63, 88), lo mismo que en Loja (ibid., 211; —, 1965, II, 202, 222, 300). Se exportaba a Panamá a principios del siglo XVII (SERRANO Y SANZ, 1908, 203-204). Una factoría quedaba en Latacunga (TROYA y FAURIA ROMA, 1987, 148, 167).

También en el Nuevo Reino desde el principio de la colonización, cuando la llegada de Lebrón con las primeras escopetas:

y por haber en él los materiales
tales en perfección cual se requiere,
también se hizo pólvora muy buena.

(CASTELLANOS,1955,IV,468)

Esto se confirmó después (VARGAS MACHUCA, 1599, 48-49r.; T. DE MENDOZA, 1868, IX, 405).

En la época del virrey Messía de la Zerda, se estableció en Tunja una fábrica de pólvora con obreros espafiolcs (SILVESTRE, 1950, 39, 94, 97, 100; GROOT, 1890, II, 135; CALDERÓN, 1911, 553-560; MONTENEGRO: VERGARA Y VELASCO, 1974, III, 1142; ORTIZ, S. E., 1970, IV, 2:152). De allí se llevaba a Cartagena, a razón de 500 qq. por año (MARCHENA FERNÁNDEZ, 1982, 171); pero en varias ocasiones se había llevado allí desde el Perú, como en 1601 (URUETA, 1887, I, 309-310) y más adelante (ibid., 1888, II, 144, 148-149).

Después, la fábrica fue trasladada a Bogotá. A raíz de la guerra de Independencia, Pedro Lastra, quien introdujo fusiles de Estados Unidos para la Suprema Junta de Santa Fe, trajo también al maquinista y mineralogista Antonio Bailly, a quien se encargó de la fábrica (GROOT, 1891, III, 114). A mediados del siglo funcionaba todavía una factoría de pólvora al pie de Fucha (HOLTON, 1981, 339; ARBOLEDA, 1919, II, 117, 177).

El uso de la pólvora en pirotecnia se ha tratado aparte (PÁTIÑO, 1991, III, 374-375). Allí se mencionaron unas ordenanzas aprobadas por la Audiencia de Guatemala, reglamentarias del oficio de pirotecnista (SAMAYOA GUEVARA, 1962).

Se ha conservado el siguiente testimonio de la manera como se fabricaba en el siglo XVIII:

Pólvora es vna mixtura hecha de salitre, azufre, carbon, y agua, tomando de ocho partes las seis de salitre refinado, vna de azufre limpio y otra de carbon que sea de avellano, ú de faozgatillo, muelese cada cosa de por si, y se pasa por vna tela bien tupida, y todo junto en vn molino, ó mortero de piedra, y se humedece con agua lluvia, y vase moliendo, y golpeando por espacio de doze horas, o más, y en queriendo ver si está para granearla, se toma vn poco de aquella pasta en la mano, y se va ablandando con saliva, y si se va tendiendo como sebo, y sin granillos, está en estado de echarla en vn cedazo de pergamino abujereado con abujeros menudos, y vanla cerniendo basta q. todo passa por él, y luego se buelve á cerner con vn cedazo de cerdas, y queda la polvora hecha grano en el cedazo, y el polvo cae abaxo: el grano se enjuga al Sol, y para ver si está qual conviene se toma cantidad de vn dedal della, y se pone sobre vn papel, ó tabla limpia y se dá fuego, y si al tiempo que se encendió hizo vn relampago solo sin despedir centellas, y su humo subió junto ázia arriba, sin que el viento lo abatiesse, y la tabla, ó papel quedó limpia, y sin calentarse, es buena polvora, y está en punto para qualquier efecto, pero mientras no diere estas muestras de si, se podrá bolver á moler hasta que llegue (VEITIA LINAGE, 1945, 749, 750-752).

No habiendo en América las mismas especies que en España para obtener el carbón, se sustituyeron como pasa a verse: "la pólvora es la mejor del mundo, porque hay en el Perú mucho salitre y muy bueno, y piedra azufre, y sauces para carbón, y otra madera que es mucho mejor que el sauce, que llaman guacama, de la cual los indios sacan fuego bruñendo un palo con otro" (CALVETE, 1964, IV, 306).

Sólo en el siglo XVIII empezó el uso de pólvora para reventar rocas en las minas.

Sosa y potasa.

Durante la dominación española, los jabones indígenas a base de plantas fueron sustituidos en parte por el jabón de lejía y grasa. Con la introducción de ganados (vacas y cerdos), hubo suministro normal de sebo y manteca. La lejía se obtenía de árboles nativos, como el guásimo, que daba una ceniza muy apropiada para ese fin.

Pronto hubo industria de jabón en Guayaquil y en Lambayeque, de donde se llevaba a Panamá y a Popayán (VÁZQUEZ DE ESPINOSA, 1948, 370; SERRA, 1956, II, 350; SERRANO Y SANZ, 1908, 173, 176).

Desde temprana época los indios sutagaos fabricaban jabones para sus encomenderos, y se llevaba a Bogotá (FRIEDE, 1953, 166). A principios del siglo XVII las mujeres tunjanas hacían en sus casas jabón, pero para la ropa fina se usaba el "de Castilla" importado (T. DE MENDOZA, 1868, IX, 427). En Ibagué, por la misma época se fabricaba con sebo de ganado y ceniza de guásimo (SIMÓN, 1953, IV, 44).

Lo hicieron también los capuchinos catalanes en los Llanos (CUERVO, 1894, IV, 220).

Se fabricaba en Caracas a principios del siglo XVII (PARRA PÉREZ, 1964, 264).

Sin embargo, se importaba también jabón desde la Península, sobre todo en los primeros tiempos. Más datos sobre esto desde otros puntos de vista se han presentado aparte (PATIÑOO, 1990, II, 424-426).

La fabricación de jabón con técnica europea no sustituyó del todo el uso de plantas saponíferas tradicionales. Aun los jesuítas del Paraguay llegaron a plantar el ibaró, árbol del que podían hacer jabón (AZARA, 1969, 84), y que parece corresponder a Sapindus saponaria. En el río Vilcanota del Perú, todavía en la actualidad se usa un sustituto a base de la corteza de la Rhamnacea Colletia spinosissima (GADE, 1975, 185).

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