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LIBRO TERCERO
TECNOLOGÍA IMPORTADA
CAPITULO XIV
ANTECEDENTES DE LA
TECNOLOGÍA IBÉRICA
Durante toda la dominación
española en América, la península ibérica era la zona más atrasada de Europa desde el
punto de vista tecnológico. Esta no es una afirmación gratuita, sino aceptada sin
atenuantes por tratadistas españoles, como se vera en el curso de este capítulo.
Se ha tratado de atribuír
dicha situación a varias causas: falta de espíritu capitalista; superioridad de la
industria en otras naciones; precios más altos en España; ventajas dadas en el comercio
a Flandes y a Italia, regiones donde ejercía un dominio parcial (LARRAZ., 1943). Este
autor afirma que hicieron menos daño para la explotación española de América las
incursiones de piratas como Cavendish y Drake, que la ponetración extranjera de remesas,
y remata diciendo que con sólo Don Quijote no se puede mantener un dilatado imperio (ibid.,
69, 222). Diversos autores también consideran como razones de atraso las leyes
suntuarias, la tributación confiscatoria, y los gremios cerrados a toda innovación. Aun
se ha atribuído a las buenas condiciones naturales para la producción agropecuaria, el
descuido en otras actividades. En 1455, el viajero Fernando de la Torre le
escribía a Enrique IV de Castilla loando la riqueza y fertilidad de España, causa de que
por no disfrutarla igual, Flandes, Milán, Florencia y Nápoles estuvieran mas adelantadas
(MENENDEZ PIDAL, 1957, II, 10):
...hay fierro y acero, silo
ansí supiesen forjar y temprar como los milaneses; seda y plata con oro, si ansí lo
supiesen texer y facer como los florentinos; cueros valientes si ansí los supiesen curtir
y aderezar como los de Nápol; etc. (CASTRO, 1948, 30).
En lo esencial, el comercio
y la técnica eran patrimonio de moros y judíos (ibid., 51., 512, 516).
El atraso de la tecnología
ibérica no dimana de condiciones ambientales o fisiográficas que configuraran un
determinismo paralizante para las actividades del Homo faber, pues aquél no ha
sido una constante histórica, sino etapas o episodios relacionados con actitudes
religiosas y políticas. En efecto, durante la dominación romana en la Península, varios
productos españoles tenían gran predicamento, y actividades como las mineras, la
pesquería y otras, eran sobresalientes. De igual modo, con el dominio árabe, España fue
un centro industrial de primer orden, para productos como el papel, el acero, los cueros,
la seda, los textiles de algodón y de seda y otras actividades.
Pero durante la dominación
goda y su resultante, la católica, los bienes materiales fueron postergados en beneficio
de las concepciones del más allá y de la vida eterna. Aunque hubo otras naciones
católicas en Europa, tenían un sentido de las cosas materiales mucho más espontáneo y
natural, distante del "sentimiento trágico de la vida" del español de la clase
alta, pues el pueblo fue siempre más hedonista, como lo indican los refranes. Este
rigorismo ante los inventos y hallazgos de cosas que sirvieran para enriquecer las
necesidades normales de la vida, se solidificó y adquirió un carácter de obsesión,
durante la Contrarreforma.
De tiempo atrás se ha hecho
notar el desvío de la nacion española hacia las disciplinas científicas y racionalistas
o experimentales. La ciencia pura no fue predilecta de esta nación, sino la técnica, en
lo cual fue heredera consecuente de Roma (REY PASTOR, 1951, 108-109). Conocida es la
prohibición de Felipe II de importar libros y de que los nacionales visitaran
universidades del exterior (LÓPEZ PIÑERO,
1979, 142-143). En los Índices
de la Inquisición se prohibieron las obras de botánica de Fuchs y Brunfels y la de
zoología de Conrad Gesner (ibid., 143). El analfabetismo era la regla aun entre
los artesanos especializados (ibid., 128, 136). Las matemáticas, especialmente la
geometría, vivían en el desamparo (SUÁREZ DE FIGUEROA, 1914, 93-94).
En una carta del anticuario
Manuel Martí, del 10 de abril de 1736, confiesa que ha cultivado las letras no por
ambición, codicia o en busca de aplauso:
Siempre he practicado eli
retiro y recogimiento, y más en este país, en donde el saber algo es sambenito; el
manifestarlo, escarnio; el ejecutarlo, vilipendio; y pues no hay cosa más despreciable
entre mis paisanos que el saber, escogí un método de vivir, en que el profesar las
letras me sirviera sólo de satisfacción propia... (Epist..
esp.,
1965,
II, 179).
El conde de Cabarrús, a
fines del siglo XVIII insinuaba que se habían gastado importantes sumas en el
"hospedaje suntuoso preparado a las mismas ciencias que repelemos con tanto
cuidado" (ibid., II, 583).
No se escribió en España
sobre materias económicas, excepto incidentalmente por algunos moralistas y
jurisconsultos (COLMEIRO, 1863, II, 332). Se desconocían las matemáticas, y se hacía
notar la falta de los estudios de historia natural y de los experimentos (CAMPOMANES,
1975,
63, 65). Aquellas disciplinas hallaban acogida y aprecio en Francia y en Inglaterra, y por
eso se juzgaban naciones más avanzadas (ibid., 169-170). Los demás países
europeos llevaban evidente ventaja a España en la estimación y enseñanza de las artes (ibid.,
242).
Decía el padre Mariana en
su caracterización del pueblo español primitivo: "aborrecedores del estudio de las
ciencias, bien que de grandes ingenios". Y en otro lugar propone, para suplir las
cosas que faltan:
Conviene sobre todo llamar
del extranjero, aunque sea con grandes recompensas, a artistas de todas clases que nos
sirvan, ya para pintar, ya para tejer telas bordadas de oro, ya para fabricar alfombras y
tapices, ya para forjar metales y transformarlos en vasos y otros muebles. Tengo esto por
mucho más ventajoso que traer de otras naciones las materias ya elaboradas... (MARIANA,
1950, 1, 6; II, 551).
En 1544, las cortes de
Valladolid pidieron que se diera la vecindad a extranjeros que vinieran a fabricar armas y
tapicería (COLMEIRO, 1863, II, 208, 548).
Un analista de la vida
económica española Campomanes repite lo propuesto por Mariana. Dice que
quizá no es perezoso el español, sino desconocedor de las matemáticas; habla de la
necesidad de estudiar la historia natural y de hacer experimentos; propone que se
traduzcan tratados escritos en otros países, lo mismo que se traigan materiales nuevos,
como la hoja de lata y el latón (CAMPOMANES, 1975, 63, 65,
150, 285). Sugiere la
atracción de artífices extranjeros como uno de los medios mas seguros de fomentar la
industria; inclusive recomienda traer tejedores de Manila para enseñar las técnicas de
los famosos tejidos asiáticos (ibid., 88 y nota, 94). Por el atraso tecnológico,
vienen de fuera del reino muebles de casa y ropas de vestir; y hasta las cintas, que se
traen de Harlem, Ruan, Italia (ibid., 72-73, 175, 271-272, nota).
Varios autores hablan de que
se introducían a España bujerías insignificantes con que se engañaba a los nacionales
como si fueran indios (COLMEIRO, 1863, II, 326). De Flandes se traían juguetes de niños
en forma de animalejos (MÉNDEZ NIETO, 1989, 341). No sólo bujerías sino algo
más
importante: el ejército de Felipe V se proveía, mediante el comercio exterior, de
carabinas, pistolas, fusiles y otras armas; vestuario, sillas, botas (COLMEIRO, II, 217).
El naturalista Félix de
Azara asegura que el gusto por las ciencias naturales en España estaba absolutamente
dejado a un lado, y que en el Gabinete de Madrid no se aprovechó nada de lo que se envió
de América (AZARA, 1969,36,38). Una obra en cuatro tomos sobre la historia natural de
América, escrita en el Perú a fines del siglo xviii, no se publicó, "pues se
esperó en vano la real protección en favor de dicha obra", y su autor se vio
obligado a irse a Cádiz para buscarse la vida en otras actividades (LLANO Y ZAPATA, 1904,
IX, XIII). Aparte se ha estudiado lo que pasó con la publicación de las floras
americanas, todavía pendiente (PATIÑO, 1985, 92-98).
Para medir el atraso
científico de la educación española, otro autor asegura que en Salamanca las
matemáticas dejaron de enseñarse durante 150 años, y señala el atraso de la
ingeniería militar nacional (MURIEL., 1959, II, 54-55, 344).
Esto es una constante en
muchos tratadistas españoles (RAMON Y CAJAL, 1971, nota 157; ARIAS Y
MIRANDA,
1854, 26, 27, 62, 63; VIVES, 1959, I, 34, 229, 230; PALACIO ATARD, 1966, 73-75; GARCÍA
FUENTES, 1980, 185; CHAPARRO y SAGASTI, 1978, 16-17). Hasta un defensor de la ciencia
española confiesa que por el atraso de las naturales en el siglo xvi, se equivoco en
varios pasajes de sus escritos fray Luis de Granada, uno de los grandes estilistas del
español; y que sólo a fines del siglo XV con los Reyes Católicos empezaron a soplar
vientos de renovación desde Italia (MENÉNDEZ PELAYO, 1974, I, 565, 839).
Este desvío del español
por las ciencias exactas y los avances tecnológicos, tuvo momentos culminantes, como la
animadversión pública con que Enrique de Villena adelantó algunos experimentos,
creándose fama de brujo, a consecuencia de lo cual sus escritos fueron quemados por
instigación de un fraile fanático. También cuando la expulsión de los judíos y de los
musulmanes, la mano de obra mejor calificada que tenía la Península y que salió a
promover el adelanto en otros países. Esta tónica la interpretó muy bien un autor que
se dice expresamente cultivador de la ciencia, en este caso la médica, cuando se refiere
a los nórdicos europeos como sin imaginativa; aptos sólo para hacer relojes, pinturas,
alfileres y otras bujerías "impertinentes al servicio del hombre" (HUARTE DE
SAN JUAN, 1977, 237). Culminó en el episodio de la guerra de Independencia americana
cuando el fusilamiento de Francisco José de Caldas, con el pretexto de que España no
necesitaba de sabios.
Sobre las demás causas
alegadas al principio de este capítulo, se habla en varios pasajes de la obra, y en otros
libros de la misma serie.
El resultado de estas
deficiencias consistió en que, en 1803, la riqueza producida en España por las artes
mecánicas fue menos de 1/5 de las producidas en Inglaterra, Francia, Alemania, según
Canga Argüelles. Algunos pocos establecimientos reales no pudieron corregir la debilidad
manufacturera nacional, que no abastecía las necesidades domésticas. La propia
burguesía española era inferior a la de otros países (SHAFER, 1958, 15-16).
A las razones expuestas con
base en lo que dicen los propios tratadistas españoles, cabe agregar tres aspectos desde
el punto de vista americano: la intolerancia religiosa; la incapacidad de los dirigentes y
el desprecio de las actividades manuales.
La intolerancia religiosa
adoptó dos formas: la expulsión de operarios no católicos, como ocurrió con los moros
(ARCILA FARIAS, 1946, 6-12) y con los protestantes de los Países Bajos (BAGÚ, 1949, 96,
159-160, 168-170), y negativa para la inmigración de gentes que no pertenecieran a
esa religión, aunque esta politica se dulcificó durante el Despotismo ilustrado. Se
permitió la entrada de irlandeses, por católicos, sin tener en cuenta que eran tan
atrasados si no más como los propios españoles y no se dedicaban a ninguna
actividad productiva, sino a mendigar (NAVARRETE, 1982, 74).
La incapacidad de los
dirigentes españoles, con excepciones contadísimas, fue un factor importante en el
atraso nacional. Empezando por los reyes, que ni siquiera el más intransigente
nacionalismo puede inflar para equipararlos con los de otras naciones monárquicas de la
época, en cuanto a amplitud de miras y sagacidad para asesorarse de figuras relevantes,
que paliaran su propia insuficiencia. Se ha hecho notar que España no produjo, durante el
período que se está contemplando, figuras de la talla de Cromwell, Richelieu y Colbert
(ARCILA FARÍAS, 1946, 36). Los reyes franceses favorecían más a los letrados (MAYANS,
1981, 1, [1737], 96). En virtud del programa de Colbert del 22 de agosto de 1663, sobre
industria y comercio regionales, ya en 1669 había en Francia de sólo talleres de lana,
44.200 (NEYMARCK, 1970,1,245,265), fuera de otras realizaciones. La mala politica
española era reconocida inclusive por algunos personajes notables que formaban parte del
gobierno (WARD, 1982,124-125).
La actitud ante los oficios
manuales o "serviles" y la acción de los gremios de oficiales, se estudiará
aparte.
* * *
Si así era la metrópoli,
la situación no podía ser mejor en ultramar. El duque de La Palata, virrey del Perú en
1681-1689, dice que se debía mantener la cátedra de matemática para los militares,
fundada por el conde de Santiesteban (1661-1666), a pesar de que no tuviera alumnos (HANKE
y RODRÍGUEZ, 1980, VI, 65).
Un misionero italiano habla
de la ausencia de estudio de las ciencias naturales en la Tierra Firme y del escaso
conocimiento que existía sobre geometría (GILII, 1955, 22-23).
Una muestra de la
superioridad tecnológica de otras naciones sobre España, es la de que cuando
sobrevinieron la revolución negra en Haití y la emigración de afrancesados a Cuba, en
número cercano a los 30.000, se notó que sobrepujaban en maestría a los cubanos, lo que
se tradujo en varios aportes valiosos (BERENGUER CALA, [1979], 1980, 46; ELY, 1963, 85-86;
POSADA e IBÁÑEZ, 1910, 669-670).
Lo mismo ocurrió con la
expulsión de judíos del Brasil a raíz de la recuperación por los portugueses, de las
provincias que habían caído en poder de Holanda. Los expulsos se establecieron en las
Antillas Menores y mejoraron la producción de azúcar, introduciendo los procedimientos
tecnológicos más avanzados para su época.
Ahora bien, ¿ cómo se reflejó en América esta situación?
Por razones de mantener el
monopolio metropolitano, no sólo se restringió el surgir de la industria en el Nuevo
Mundo (CÉSPEDES DEL CASTILLO, 1961, 469), Sino que se llegaron a prohibir o suspender
algunas pocas actividades inicialmente permitidas. Esta indecisión se transparenta en los
escritos de uno de los economistas sobresalientes del siglo xviii, que unas veces
propugnaba la veda de fábricas en América, y otras las estimulaba (WARD, 1982, 257,
295). Así fue la política con los obrajes textiles, que en ocasiones se permitieron y
otras veces se mandaron demoler, al vaivén de las supuestas conveniencias metropolitanas.
Por disposición real se
mandó a destruir las plantaciones de lino del Dr. Lago; a cerrar la fábrica de sombreros
y loza de Santa Fe de Bogotá de Pierri y Chavarría, y a clausurar el batán de Juan de
Illanes (ORTIZ, S. E., 1970, IV, 2: 435 y nota). Varios casos similares se estudiarán
cuando se trate de los obrajes.
En cambio, en las Américas
francesa e inglesa la politica fue distinta. En Canadá hubo fundición de hierro desde
1672; en 1739 se convirtió en fábrica con 300 obreros (CAPITAN et al., 1948,
178). Desde 1697 se estableció fábrica de papel en Filadelfia (ibid., 234). La
industria azucarera de las Antillas Menores, posesiones de naciones distintas a España,
era mas avanzada en sus procesos tecnológicos que la de las colonias españolas.
* * *
Al establecerse en el Nuevo
Mundo, los españoles trajeron consigo los oficiales de las diversas actividades
necesarias para la vida diaria, formados dentro de los gremios que venían funcionando de
siglos atrás, pero también trajeron empíricos que fueron habilitados cuando los
primeros no estaban disponibles.
Asimismo introdujeron nuevas
plantas y animales, nueva dotación para todos los oficios, herramientas e implementos.
Pero en virtud del fenómeno del engrandecimiento personal, hasta los más humildes
operarios se creyeron señores, porque hallaron en América grandes concentraciones de
indios en general mansos, a quienes prontamente se les impuso servidumbre y en ellos se
descargaron las labores pesadas de ejecución de las tareas necesarias para la vida, con
sólo el adiestramiento y la supervisión de los peninsulares.
Pero, por corresponder esto
a la historia del trabajo, el tema se desarrollará en el tomo VIII.
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