Historia de la Cultura Material
en la América Equinoccial (Tomo V)
Victor Manuel Patiño
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CAPÍTULO XIII

TECNOLOGÍA APLICADA A LA VIDA SOCIAL DE RELACIÓN:
MÚSICA, ADORNOS, ARTE

CONFECCIÓN DE INSTRUMENTOS MUSICALES.

A instrumentos como las ocarinas de caracoles, simplemente se les tronchaba el vértice para poder soplar.

Flautas diversas se hacían con número variable de agujeros. En cada caso, los distintos pueblos tenían soluciones también distintas para producir las perforaciones, ya fuese por fricción o mediante un punzón caliente.

Los tambores de señales requerían un proceso cuidadoso, para que la caja de resonancia pudiera emitir los sonidos a la distancia y con el tono requeridos.

Los sonajeros para tobillos y piernas se hicieron de materiales vegetales (frutos), animales (conchas) y minerales (metales varios). En cada caso, el material debía ser tratado y modificado de manera que produjese el efecto deseado.

ADORNOS.

Para la perforación de cuentas de collares se utilizaban taladros a veces movidos por cuerdas de arco. La confección de chaquiras requería gran dosis de cuidado y paciencia.

El arte plumaria alcanzó gran desarrollo entre algunas tribus. La manera de pegar las plumas involucró el conocimiento de los pegantes adecuados. Entre los más difundidos están el guaico Combretum guayca, C. laxum Aubl. (AUBLET, 1977, I-II, 351-353; HUMBOLDT et al., 1942, V, 10; SCHNEE, 1960, 416-417), y el mani o currucay Monorobea coccinea, que también, mezclado con cera de abejas y carbón molido para volverlo negro, se emplea en el resane de agujeros o como pega de cosas, entre ellas las flechas a sus astiles (BARRERE, 1743, 152; AUBLET, 1977, I-II, 351-353; SCHOMBURCK, 1922, I, 334; IM THURN, 1883, 315).

Otro pegante se obtiene del parainai o peramán Symphonia globulifera (CIVRIEUX: COPPENS, 1980, 140).

En el Perú se habla, desde el período colonial, de una cebolleta pegajosa pulla-pulla (COBO, 1890, I, 413-414), que sería el mismo lacre de montaña Ámarylis miniata (RUIZ, 1952, I, 173).

ARTE Y DECORACION.

Barniz.

Desde la época de la conquista se conoció la existencia de una actividad artística en los altos afluentes del Caquetá y del Putumayo, consistente en el uso de una resina, con la cual se laqueaban vasijas y otros objetos utilitarios. Este descubrimiento indígena se siguió aprovechando de manera modesta durante todo el período colonial y en el republicano. Como la ciudad de Pasto centralizó la manufactura hasta nuestros días, la industria basada en el barniz se sigue conociendo con el remoquete "Barniz de Pasto". (Véase mopa-mopa en el capítulo VI).

Totumos.

En varias localidades ecuatoriales, como el bajo Atrato y el Amazonas, se han conocido las totumas decoradas, acerca de las cuales se presentaron en otra oportunidad las primeras referencias históricas (PATIÑO, 1964, II, 229-242). La recursrividad del indígena se ejercitó desde la forma de partir el fruto, que es extremadamente leñoso, hirviéndolo y poniendo un hilo por donde se quiere hacer el corte, golpeando luego con un martillo (MARCGRAVE, 1942, 123). Uno de los científicos ingleses que permanecieron varios años en el Amazonas a mediados del siglo XIX, presenció en la localidad de Breves la actividad de preparar y pintar las cuias, la cual describe (BATE5, 1962, 138). En la actualidad, los relictos de la tribu guayabero lijan primero la epidermis del fruto con hojas de chaparro (Curatella), y luego pintan de rojo con Bellucia grossularoides (WALLER: l.L.V., 1979, II, 236).

Talla.

El tallado en madera estuvo muy generalizado en la época prehispánica. Empezando por Colón, quien registra en las Antillas los zemíes o ídolos, a todo lo largo y ancho del hemisferio se fueron encontrando estatuas, algunas del tamaño de un hombre, o estatuillas votivas o talismánicas. Los misioneros católicos destruyeron centenares en su obsesión por eliminar todo rastro de religión indígena. En muchos casos debieron de ser representaciones toscas de deidades; pero en otros, los aborígenes revelaron habilidad e ingenio, que ni siquiera los españoles les negaron, como a varios grupos amazónicos, entre ellos los zurinas, sapucayas y urubutingas (ACUÑA, 1942, 141., 153).

La talla artística no se limitó a esto, sino que se ejercitó en los objetos de la vida diaria, como los asientos o duhos, canaletes, y todo lo que se puede hacer con madera.

Desde el punto de vista de las formas que adoptó la talla y las maderas empleadas, se habló en el capítulo X.

Textiles.

Para esto hay que depender en gran medida de los testimonios escritos por conquistadores y misioneros, porque el carácter perecedero de las telas ha hecho que sólo se conserven muy pocos relictos auténticos del pasado aborígen. El hecho de que circunstancias especialmente favorables de orden climático hayan permitido recuperar algunos textiles en tumbas del Perú, ha facilitado a los expertos elementos de juicio tangibles sobre la capacidad del indígena de esa porción americana, en el aspecto contemplado. No hay cómo comprobar la destreza de otros grupos que — como los chibchas y los omaguas — figuran con gran predicamento en las crónicas.

La llegada de telas españolas y el proceso obligatorio de que fueran usadas por los indígenas, como se estudió en el volumen IV de esta obra, hizo descaecer la habilidad de hilar y tejer que tenían, hasta quedar convertida en recuerdo.

Esto se aplica también al teñido de telas y otros objetos, por medio de pigmentos vegetales.

Cerámica.

En este caso, el investigador es más afortunado, pues se exhiben en los museos, y salen a la luz con frecuencia en excavaciones arqueológicas, piezas de toda laya, sin que falten algunas que constituyen logros artísticos indudables. Se han hecho varias publicaciones especializadas donde el lector puede hallar suficiente información.

Orfebrería.

También en este renglón, pese a la enorme destrucción de las primeras décadas de la conquista y en las de la guaquería — cuando no se apreciaba el valor artístico ni se reconocía la habilidad tecnológica del indígena, sino el del metal bruto—, se han conservado centenares de piezas, que reposan en museos oficiales o en colecciones particulares, y dan idea de la excelsitud a que llegaron en la metalurgia nuestros antepasados aborígenes.

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