Historia de la Cultura Material
en la América Equinoccial (Tomo V)
Victor Manuel Patiño
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CAPÍTULO X

BENEFICIO DE VEGETALES NO ALIMENTARIOS

A) FIBRAS PARA PRENDAS DE VESTIR O LUCIR.

En el volumen IV de esta obra se hizo la historia del vestido y de los adornos (PATIÑO, 1992, IV).

Las fibras para cubrir el cuerpo o algunas de sus partes, procedieron de tres fuentes principales: a) las telas burdas hechas de Agaváceas, principalmente cabuya (Furcraea), Bromeliáceas y palmeras; b) las telas de corteza, a base del tejido liberiano de árboles dicotiledóneos; y c) las telas tejidas a partir de la fibra del algodón Gossypium, silvestre o cultivado. Sólo al sur de la línea ecuatorial se usaron tejidos de lana animal.

a) Telas burdas de cabuya, tejidas en un a modo de saco enterizo, usaban las mujeres en el occidente de Venezuela y en otros puntos del área. A esto, un cronista lo llama zamalayeta (PATIÑO, 1967-1968, III, 52).

No consignan las crónicas la manera como se extraía y tejía la fibra para vestidos. Las hojas de algunas Bromeliáceas se golpeaban contra rocas, para sacar las hebras (FARABEE, 1918, 26). Muy antigua debe de ser la extracción de cabuya como se continúa ejecutando en el área rural, o sea, exprimiendo las hojas entre dos varas para eliminar el tejido intersticial, hasta sacar libre de carnosidades la fibra y después lavando y secando ésta al sol. La tarabita para hilar a mano fue introducida (FOSTER, 1962, 170). Hay una buena descripción de la manera como los coreguajes extraen el filamento foliar de la palma cumare (MULLER DE YOUNG et al., 1979, II, 171-172).

El tejido debió de ser similar al que se usa actualmente para los costales, pues casi de ese espesor quedarían las telas obtenidas.

b) Las telas de corteza en todo el ámbito de la América equinoccial, se sacaron de la porción liberiana de árboles dicotiledóneos diversos, según los lugares. En unas partes predominó la Poulsenia armata; en Centroamérica, varias especies del género Castilla (mastate), y en Venezuela, el Brosimum utile. En el Amazonas se usan Ficus y Olmedia, llamadas allá llanchama y Licania longipetala Prance, conocida como apacharama (PRANCE, 1972, 62).

El procedimiento es el mismo de extración de la ‘tapa’ Broussonetia papyrifera en Asia y Polinesia, o sea, mediante machacado de un trozo de corteza sobre una piedra u otra superficie dura, con un mazo de madera hecho a própósito. La diferencia consiste en que mientras allá la tela se saca en tiras, en América es enteriza (MASON, 1972, 225-228).

Algunos autores que favorecen la hipótesis de contactos prehispánicos entre Polinesia-Melanesia y el continente americano, presentan la similitud de técnicas en ambos lados del Gran Océano como uno de los rasgos que respaldarían tal presunción.

Hay una descripción del procedimiento empleado en Cayuvacas, río Mamoré, para sacar la tela de la corteza del bibosi (Ficus), de la cual hacen camisas los indígenas de esa región (D’ORBIGNY, 1945, IV, 1337-1338). Una vez obtenida la tela, la pintan con pintaderas de madera tallada (ibid., 1414).

Otra descripción de la manera como sacan la corteza para telas los barasanos del sur, se presenta en un trabajo reciente (SMITH: et al., 1973, I, 144-145).

c) Todo lo relacionado con la fibra de algodón se estudió en otra obra (PATIÑO, 1967-1968, III, 62-130; la parte tecnológica, 116-121).

La habilidad textil indígena ha sido puesta de relieve por investigadores en los escasos relictos que se han excavado, y se pondera en muchos trabajos desde la época de la conquista, aun identificando los grupos humanos que alcanzaron la excelencia en esta actividad.

B) FIBRAS PARA USOS DISTINTOS DEL VESTIDO.

1. Cuerdas y redes de pescar.

Se hicieron, de una gran variedad de fibras, de acuerdo con la disponibilidad o las preferencias. Hay referencias al uso de la cabuya, la pita (Aechmea magdalenae), el algodón. En cada caso, la extracción y el beneficio se realizaban de conformidad con la parte de las plantas donde la fibra estaba alojada: hojas en los casos de cabuya, pita y otras Bromeliáceas y Marantáceas; cortezas en tratándose de telas liberianas, como en la Tiliácea majagua Hibiscus tiliacea, y semillas como en el epispermo del algodón.

Algunas hojas se rajaban longitudinalmente en tiras más o menos menudas; después se removían por medios mecánicos (raspadores) los tejidos intersticiales, y se lavaban y secaban al sol las fibras ya separadas. Otras veces se usaba el procedimiento de enriado.

La confección de los adminículos de pesca a veces estuvo sujeta a ritos y ceremonias mágico-religiosas, con las cuales se creía reforzar la eficacia del objeto.

II. Cestería.

El proceso se inicia con la colecta de los materiales, que se debe hacer en la época del año que la experiencia de siglos ha enseñado como la más favorable. Luego viene la preparación, separando las partes que no son aprovechables, a veces utilizando los dientes (MASON, 1972, 57).

Para la cestería también las fibras han sido muy variadas, de acuerdo con el uso que se le iba a dar al cesto o vasija confeccionado. Como se sabe, los cestos varían considerablemente en tamaño, en forma, en el procedimiento mismo del tejido y en el acabado, según que vayan a tener uso prolongado o efímero, o connotaciones artísticas o mágicas. Cañas y cálamos, especialmente de Bambusoideas (Guadua, Chusquea, etc.); bejucos de otras monocotiledóneas como Aráceas (Ant hurium, Hetero psis); Cyclantháceas (Carludowica), Liliáceas (Smilax), Marantáceas (Stromanthe, lschnosiphon), y de Dicotiledóneas como Bigoniáceas (Cydista) y otras, han sido tradicionalmente empleados para cestería en el área del presente estudio. En 1581, el obispo de Cartagena, en carta al rey sobre el mal trato que recibían de los administradores los indios de la Corona, entre otras cosas dice que les quitaban de sus casas las "roscas de bejuco" que les servían para amarrar las cargas que conducían a la ciudad (FRIEDE, 1976, VIII, 49).

Técnicas de manufactura de los chocoes se han registrado en varias publicaciones (REICHEL DOLMATOFF, 1960, 98-100; VASCO URIBE, 1975).

III. Bolsas y talegas.

Son recipientes menos rígidos que los cestos y se emplean para guardar objetos delicados o menudos que requieran seguridad. Suelen estar provistos de una cargadera, para poner en el hombro o en el cuello.

Los pueblos consumidores de hojas de coca, tradicionalmente han llevado este masticatorio en bolsas flexibles. Así ocurre con los tunebos (HEADLAND, 1973, 1, 256-257; MARQUEZ V., 1979, 68, 111), que las fabrican de la fibra chibara, correspondiente a la Tymeleácea Schoenobiblos cannabinus Cuatr.; los macona (SM0THERMON et al., op. cit., 112-113) y otros.

Entre los catíos se utilizan bolsas encauchadas para llevar pequeños objetos (SCHÖTTELNDREYER, 1979, II, 212-213).

Los guaymíes de Costa Rica usan bolsas o kunsagaras de fibra de Apeiba tibourbou; el tronco cortado se raspa en la superficie con una paleta de bambú; se enría en agua por un mes para eliminar la savia lechosa, y luego se extrae el filamento (OCAMPO et al, s. f., 4-5). Hacen otras de kiga o Aechmea magdalenae, mejor de plantas que crecen al sol; la hoja se raspa de abajo hacia arriba con una paleta de tallo de Chamaedorea sp. (ibid., 5-6).

IV. Otros objetos de uso doméstico.

Se trata de petates o esteras, tendidos de cama, sopladores, espantadores de insectos, juguetes y una copia de objetos y adminículos para los diversos usos de la vida diaria. Sobre ellos se ha dicho algo antes (PATIÑO, 1990, I, 164-177; —, 1990, II, 376-451).

Quizá aquí la inventiva y la recursividad de cada grupo, y aun de cada persona, se ejercerían en una gran variedad de fibras y de diseños.

V. Hamacas y chinchorros.

Sobre este asunto se han dado referencias en publicaciones anteriores (PATIÑO, 1967-1968,111, 113; 1990,11,403-408).

C) MADERAS PARA USOS VARIOS.

VI. Bastones, báculos, cetros.

Se tallaban bastones ceremoniales de caciques y chamanes y para el mango de las maracas.

En Costa Rica, el palo llamado cacique (Eugenia spp.) (PITTIER, 1957, 74) era el preferido para bastones y en ceremonias funerarias (FERNANDEZ, 1883, II, 347).

VII. Garabatos.

No parece haber habido mesas en las casas indígenas. Los objetos se echaban en cestas o cofres de fibras, o se colgaban de los pilares o vigas de la casa mediante garabatos, ganchos o garfios de maderas diversas.

VIII. Menaje.

El utilaje indígena era reducido. Los duhos o asientos, quizá el mueble más connotado, se labraban de ciertos palos fáciles de trabajar. En algunos casos, sobre todo para beneficio de caciques, se harían muebles más elaborados y aun de maderas duras, cuyo tallado implicaba instrumentos más eficaces o mayor paciencia (PATIÑ0, 1990, II, 392-394).

IX. Vasijas.

Fuera de las de barro, que se han visto en la parte dedicada a la cerámica, hubo otras hechas de material vegetal; bateas de madera, generalmente bambas o raíces tabulares de árboles, que por tener ya preformada la figura de la vasija, serían fáciles de labrar; platos, cucharas, escudillas, vasijas para líquidos (totumos, calabazos, etc.).

El tema se ha tratado aparte (PATIÑO, 1990, I, 168-176).

En la porción sur del área de este estudio se conocieron unos vasos de madera bien labrados, llamados keros (COBO, 1895, IV, 165; VÁZQUEZ DE ESPINOSA, 1948, 608). En el Ecuador se hallan de preferencia en el sur; el centro de manufactura más septentrional es Tisaleo, cerca de Quero y en Gualaquiza; varían de capacidad de 210 a 2.000 cc. Se hacen de madera laqueada, pero también de palma, estos troncónicos (CRESPO TORAL., 1969-1970).

X. Ídolos.

En las Antillas Mayores halló Colón numerosos cemies de madera y de piedra (COLÓN, H., 1947, 193-194, 197-198). En Cuba, el 29 de octubre de 1492 descubrió estatuas femeninas y cabezas con máscaras muy bien labradas (NAVARRETE, 1954, 1, 106).

Los mayas tenían ídolos de palo, los más valiosos (LANDA, 1938, 123). En Guatemala se desenterraban ídolos de madera que servían de vigas y mazas de trapiches (FUENTES Y GUZMAN, 1969, I, 261).En La Ramada de la Guajira, los españoles de Alonso Luis de Lugo.

hallaron una casa prepotente,
dentro sobre mil indios de madera,
del altura que tienen comúnmente,
hincados por buen orden en hilera,
que debían ser antecesores
de los guanebucanes y señores.

(CASTELLANOS, 1955, II, 440; SIMÓN, 1981-1982, III, 73)

Los payes o brujos de la región del Oyapoc en la Guayana francesa, labraban ídolos de madera blanda y resonante, a los que apaleaban para obligarlos a curar (BARRERE, 1743, 216). El nómbre Surinam corresponde a una tribu hábil en la talladura de madera (ANÓNIMO, 1788, I, 17-18).

Los timotes de la Sierra de Mérida tenían ídolos de madera y barro (PIEDRAHITA, 1942, IV, 177-178).

Durante la expedición de Ambrosio Alfínger en Venezuela, se advirtió la costumbre de las honras fúnebres a los diaos o caciques; hacían una representación del muerto en madera, y la quemaban con el cadáver (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, III, 34).

En los templos del Sinú saqueados por los españoles, encontraron ídolos de palo y otras materias (SIMÓN, 1953, V, 124-125; —, 1981-1982, V, 105; BORREGO PLA, 1983, 50).

En la provincia de Tunja, la gente cargaba aun en guerra unos ídolos pequeños de madera, huecos, que por dentro contenían otro de oro, así como esmeraldas, todo muy bien recibido por los soldados españoles (OVIEDO, 1959, III, 122). Los muiscas tenían ídolos de madera y otros materiales en sus templos (SIMÓN, 1953, II, 242).

Yo por mis manos he deshecho y quebrado algunos que me han venido a ellas, que eran hechos de palo, de algodón, de oro, de cobre y de otras materias que de ordinario los hacen (ibid., VI, 267).

Los panches tenían ídolos huecos de madera, a los que golpeaban con palos para pedirles cosas, como se ha visto de la Guayana (AGUADO, 1956, I, 456; —, 1916, I, 579). A los pijaos se les halló un ídolo de leño de helecho del tamaño de un muchacho de ocho años, con armas, mirando hacia el campo de los españoles (SIMÓN, 1953, IX, 46-47; 1981-1982, III, 373-374; VI, 405-406).

En Pozo, los soldados de Jorge Robledo toparon con una renglera de ídolos de madera con los rostros de cera, que fueron quemados (CIEZA, 1984, 1, 32; 1985, II, 167; ROBLEDO: CUERVO, 1892, II, 447). Lo mismo ocurrió en Paucura (CIEZA, 1984, I, 31).

Varias tribus amazónicas se distinguieron por la habilidad para labrar figuras de madera y objetos de menaje (FiGUEROA et alii 1986, 81-82, 88-89; ACUÑA, 1942, 141, 153; HERIARTE, [1662], 1874, 45, 48, 50, 52).

Los embera del Baudó, todavía en la actualidad hacen en maderas blandas muñecos funerarios de ambos sexos (STANSELL: 1973, 1, 187).

Son escasos los datos sobre las maderas empleadas, pero no faltan del todo. Palos blandos como el balso usan los cabécares de Costa Rica (GONZALEZ CHAVES et alii, 1988, 203-204); balso y coipo (Cavanillesia), los darienes del siglo XVII (WAFER, 1967, 59, nota; 1888, 116). Ya se vio que los pijaos tenían ídolos de helecho. En la costa del Perú, en tumbas precolombinas se han encontrado ídolos labrados en madera de algarrobo (Prosopis) (VALDIZAN y MALDONADO, 1922, II, 208). También se usó alli el murucho Porlieria hygrometra R. et P. (TOWLE, 1961, 60).

XI. Tablas esculpidas.

Tablón con figuras esculpidas había encontrado en el Amazonas la expedición de Orellana (CARVAJAL, G., 1894,48-49). El hallazgo se repitió por la gente de Ursúa-Aguirre, en 1561 (AGUADO, 1919, II, 399; —, 1957, IV, 263; ORTIZGUERA, 1909, 370).

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