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CAPITULO
I
PLANTEAMIENTO
DEFINICIONES
Se entiende aquí por Tecnología la aplicación intencional de conocimientos y
acciones por parte del hombre, para producir objetos o resultados prácticos, a partir de
recursos naturales o de situaciones preexistentes.
Se considera que hay cuatro
elementos involucrados en la Tecnología: a) La presencia inmediata de seres o cosas sobre
los cuales se puede actuar para modificarlos y convertirlos en presas, objetos o
resultados útiles para el hombre; b) El conocimiento que éste tenga en una etapa dada,
acerca de los fenómenos naturales, esto es, su herencia o bagaje cultural; c) La
intención y decisión de aprovechar los recursos conocidos; d) La inventiva, recursividad
y habilidad manual del hombre para sacar el mejor partido de los medios u objetos
disponibles, o para procurar los que no tiene.
El primer elemento lo
constituye el recurso; los otros tres son aspectos de la cultura humana que obran sobre el
primero, apropiándolo, modificándolo o transformándolo.
1)
Materiales sobre qué actuar.
La primera condición o
pre-requisito de la Tecnología es que existan objetos o situaciones sobre las cuales
puedan ejercitarse la mente y la habilidad manual de los humanos, es decir, el recurso. No
se pueden labrar joyas y objetos de oro donde no exista este metal, a menos que se obtenga
por trueque, ni se puede tejer una tela o fabricar una canasta donde no se consigan las
fibras adecuadas para ambos fines. Si no hay en las cercanías de la vivienda arcilla que
se preste para la contección de vasijas, el hombre tiene que desplazarse a buscarla donde
se encuentre, o adquirir las piezas por trueque. De allí que la Tecnología ande
íntimamente asociada con el comercio.
Pero a esta etapa se llega
cuando se han probado los recursos a la mano y no han respondido al deseo o a la necesidad
del hombre.
2) Conocimientos ecológicos.
El conocimiento del medio
ambiente es fundamental en el proceso tecnológico. Sin las cosas que rodean al hombre, ni
su bagaje cultural ni su habilidad manual servirían para mucho. Sin un conocimiento
profundo del entorno, las posibilidades de manipularlo se limitarían a aquellas cosas
cuya aprehensión no requiriese mayor esfuerzo.
Las investigaciones de los
antropólogos en la segunda mitad del siglo XX especialmente, han ido revelando que para
los grupos indígenas americanos sobrevivientes, el mundo espiritual y el físico están
íntimamente unidos, y que los fenómenos naturales no se explican solamente por lo que
captan los sentidos, sino que están inmersos en un cosmos mas complejo, cuyas partes no
se pueden separar. Esta forma de ver las cosas ha sido anatematizada por personas de otras
culturas, calificándola de atraso, barbarie y otros conceptos por el
estilo. Los frailes católicos no lograron interpretar cabalmente las creencias y
fenómenos religiosos de los amerindios (Pollak-Eltz, 1977, 27), y el laico en general las
desprecia por considerarlas "supersticiones" (Civrieux, 1973, 3).
En la sociedad primitiva no
existe división entre lo religioso y lo secular (S
AYCE
, 1963, 6). Los indios no piensan que las leyendas son tradiciones de hechos; los
animales son considerados como personas y sus semejantes, lo cual explica en parte el uso
de máscaras y las danzas que, revestidas con ellas, realizan algunas tribus amazónicas,
así como entre ticunas y vaupesanos. Las parejas bororós creen que de noche se
transforman en araras rojas; por eso nunca cazan las aves mansas, y para la obtención de
plumas sólo usan las silvestres (T
ESCHAUER
, 1925, 6, 7, 141, 145, 147). De allí también la
creencia de que existen deidades dueñas de los animales (R
ENARD
-C
ASEVITZ
, 1979, 92-96; I
NGOLD
, 1987, 245) o dioses de la Naturaleza (M
ÁRQUEZ
V., 1979, 184-185; K
ARSTEN
, 1935, 122-124, 142, 378-381, 390-391). Aun la
división entre vegetales y animales no opera lo mismo para los indígenas que para los
europeos racionalistas, porque aquéllos creen que hay relaciones fundamentales
como en realidad las hay desde otros puntos de vista entre animales y plantas, en
un sutil entrelazamiento de formas y combinaciones (Fuentes, 1980, 10-13, 21-27, 42-43,
71-75; G
ONZÁLEZ
C
HÁVEZ
et alii,
1988, 235).
Pero si hay trabazón,
también hay antagonismo. Los indígenas brasileños creían en los principios masculino y
femenino, éste considerado como nocivo y venenoso. Existiría repulsión de animales
entre sí y entre plantas y animales, o entre partes de una misma planta. La piña debe
tener afinidad con la culebra cascabel, quizá por el carácter imbricado de la primera y
el crótalo de la segunda. La yuca sería incompatible con el maíz (Martius, 1939,
205-206, 212-213). Entre los ticunas amazónicos, la mitad de clanes tienen nombres de
árboles, y la otra, de pájaros (N
IMUENDAJÚ
, 1948, 717). Los waorani creen en la
interdependencia de animales y plantas, y conocen cuáles y en qué estado aquéllos
prefieren éstas (D
AVIS
el al., 1983, 162). Los caracas creían
en demonios del agua, del maíz, de las diarreas y de los lugares (L
ATORRE
, 1919, 78).
Esto explica los ritos y
ceremonias o invocaciones cuando se quiere usar algo perteneciente a cualquiera de los
tres reinos de la Naturaleza. Aun para cosas como la obtención de arcilla y la
fabricación de vasijas de barro, algunos grupos humanos se sujetan a regulaciones
estrictas. El dueño de los animales, una deidad cosmogónica omnipotente, o casi, debe
ser propiciado para que permita la caza. A los animales que se intenta capturar o matar,
se les aplaca para que en otras ocasiones un nuevo ejemplar de la especie se deje someter
al mismo tratamiento. El indígena se siente inerme ante la Naturaleza, y busca su ayuda
(Wissler, 1971, 90-91).
De allí también el papel
del chamán, cuya importancia dimana de actuar como intermediario para propiciar espíritus
guardianes o para apaciguar deidades irritadas por la transgresión del que usa un
recurso.
Cuando se apean árboles, ya
sea con el objeto de abrir campo para cultivos o con el propósito de usarlos en
construcciones, los integrantes de varias tribus les piden permiso mediante ciertas
fórmulas mágicas. Así está testimoniado en el segundo caso cuando se trató de la
vivienda en el volumen II de esta obra (Patiño, 1990, II, 36). Los warao del delta
orinóquico piden permiso para cortarlo al árbol del que se disponen a construír una
canoa (W
ILBERT
: B
ENSON
, 1977,36,27-38), y lo
mismo hacen los indígenas del Chaco según lo ilustra un almanaque que se editó en la
Argentina hacia 1944.
De todo esto se presentarán
casos concretos cuando se trate en particular de la obtención, apropiación y uso de cada
recurso.
Lo que se ha dicho no
excluye en el indígena un conocimiento empírico muy completo sobre los fenómenos
naturales, como se verá a lo largo de esta obra.
3)
La intención.
Un recurso puede existir al
alcance y no ser aprovechado. Las razones son varias, pero se pueden reducir a dos: a) No
se conocen las propiedades de las cosas; b) Aun conociéndolas es posible que se formen
tabúes sobre lugares, minerales, plantas o animales que impidan usarlas, a pesar de su
presencia (Spier, 1970, 3). La posesión de técnicas no quiere decir que sean o puedan
ser siempre utilizadas (H
UGHES
, 1982, 179, 227). Por consiguiente, tiene que
existir el deseo, la intención de aprovechar una cosa; conocer sus propiedades, y que
ella esté libre de connotaciones que obstaculicen al usuario su aprovechamiento.
4)
La capacidad manual.
La disposición erecta de
Horno le ha permitido, a través de los siglos, utilizar las manos como instrumento de
creación y conformación de utensilios que refuercen su capacidad de dominio sobre el
ambiente. La destreza manual se refleja en los objetos que el hombre fabrica para
proporcionarse bienestar y para satisfacer las necesidades estéticas que parecen
consustanciales con aquel género animal.
En la vida diaria, el hombre
manipula cuerpos de índole variada. Al hacer una vasija no solamente se necesita la
arcilla, sino también una piedra o una espátula de madera con que darle el pulimento
deseado, y sustancias vegetales o minerales para la decoración. Así, pues, no porque un
recurso sea mas importante que otro en sentido estricto, sino por imposiciones de
presentación metodológica, en esta obra el tratamiento se hará por la clásica
división en reinos de la Naturaleza. Al mismo tiempo, en secuencia lógica primero irán
las técnicas de apropiación o captura, y después las que se usan para modificar según
lo deseado, los objetos, seres vivos o situaciones.
Del mismo modo, primeramente
se desarrollará el tema de la tecnología indígena amerindia, y luego se enunciarán los
aportes hechos por otras culturas.
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