Historia de la Cultura Material
en la América Equinoccial (Tomo V)
Victor Manuel Patiño
© Derechos Reservados de Autor


CAPITULO  I

PLANTEAMIENTO

DEFINICIONES

Se entiende aquí por Tecnología la aplicación intencional de conocimientos y acciones por parte del hombre, para producir objetos o resultados prácticos, a partir de recursos naturales o de situaciones preexistentes.

Se considera que hay cuatro elementos involucrados en la Tecnología: a) La presencia inmediata de seres o cosas sobre los cuales se puede actuar para modificarlos y convertirlos en presas, objetos o resultados útiles para el hombre; b) El conocimiento que éste tenga en una etapa dada, acerca de los fenómenos naturales, esto es, su herencia o bagaje cultural; c) La intención y decisión de aprovechar los recursos conocidos; d) La inventiva, recursividad y habilidad manual del hombre para sacar el mejor partido de los medios u objetos disponibles, o para procurar los que no tiene.

El primer elemento lo constituye el recurso; los otros tres son aspectos de la cultura humana que obran sobre el primero, apropiándolo, modificándolo o transformándolo.

1) Materiales sobre qué actuar.

La primera condición o pre-requisito de la Tecnología es que existan objetos o situaciones sobre las cuales puedan ejercitarse la mente y la habilidad manual de los humanos, es decir, el recurso. No se pueden labrar joyas y objetos de oro donde no exista este metal, a menos que se obtenga por trueque, ni se puede tejer una tela o fabricar una canasta donde no se consigan las fibras adecuadas para ambos fines. Si no hay en las cercanías de la vivienda arcilla que se preste para la contección de vasijas, el hombre tiene que desplazarse a buscarla donde se encuentre, o adquirir las piezas por trueque. De allí que la Tecnología ande íntimamente asociada con el comercio.

Pero a esta etapa se llega cuando se han probado los recursos a la mano y no han respondido al deseo o a la necesidad del hombre.

2) Conocimientos ecológicos
.

El conocimiento del medio ambiente es fundamental en el proceso tecnológico. Sin las cosas que rodean al hombre, ni su bagaje cultural ni su habilidad manual servirían para mucho. Sin un conocimiento profundo del entorno, las posibilidades de manipularlo se limitarían a aquellas cosas cuya aprehensión no requiriese mayor esfuerzo.

Las investigaciones de los antropólogos en la segunda mitad del siglo XX especialmente, han ido revelando que para los grupos indígenas americanos sobrevivientes, el mundo espiritual y el físico están íntimamente unidos, y que los fenómenos naturales no se explican solamente por lo que captan los sentidos, sino que están inmersos en un cosmos mas complejo, cuyas partes no se pueden separar. Esta forma de ver las cosas ha sido anatematizada por personas de otras culturas, calificándola de atraso, barbarie y otros conceptos por el estilo. Los frailes católicos no lograron interpretar cabalmente las creencias y fenómenos religiosos de los amerindios (Pollak-Eltz, 1977, 27), y el laico en general las desprecia por considerarlas "supersticiones" (Civrieux, 1973, 3).

En la sociedad primitiva no existe división entre lo religioso y lo secular (S AYCE , 1963, 6). Los indios no piensan que las leyendas son tradiciones de hechos; los animales son considerados como personas y sus semejantes, lo cual explica en parte el uso de máscaras y las danzas que, revestidas con ellas, realizan algunas tribus amazónicas, así como entre ticunas y vaupesanos. Las parejas bororós creen que de noche se transforman en araras rojas; por eso nunca cazan las aves mansas, y para la obtención de plumas sólo usan las silvestres (T ESCHAUER , 1925, 6, 7, 141, 145, 147). De allí también la creencia de que existen deidades dueñas de los animales (R ENARD -C ASEVITZ , 1979, 92-96; I NGOLD , 1987, 245) o dioses de la Naturaleza (M ÁRQUEZ V., 1979, 184-185; K ARSTEN , 1935, 122-124, 142, 378-381, 390-391). Aun la división entre vegetales y animales no opera lo mismo para los indígenas que para los europeos racionalistas, porque aquéllos creen que hay relaciones fundamentales — como en realidad las hay desde otros puntos de vista — entre animales y plantas, en un sutil entrelazamiento de formas y combinaciones (Fuentes, 1980, 10-13, 21-27, 42-43, 71-75; G ONZÁLEZ C HÁVEZ et alii, 1988, 235).

Pero si hay trabazón, también hay antagonismo. Los indígenas brasileños creían en los principios masculino y femenino, éste considerado como nocivo y venenoso. Existiría repulsión de animales entre sí y entre plantas y animales, o entre partes de una misma planta. La piña debe tener afinidad con la culebra cascabel, quizá por el carácter imbricado de la primera y el crótalo de la segunda. La yuca sería incompatible con el maíz (Martius, 1939, 205-206, 212-213). Entre los ticunas amazónicos, la mitad de clanes tienen nombres de árboles, y la otra, de pájaros (N IMUENDAJÚ , 1948, 717). Los waorani creen en la interdependencia de animales y plantas, y conocen cuáles y en qué estado aquéllos prefieren éstas (D AVIS el al., 1983, 162). Los caracas creían en demonios del agua, del maíz, de las diarreas y de los lugares (L ATORRE , 1919, 78).

Esto explica los ritos y ceremonias o invocaciones cuando se quiere usar algo perteneciente a cualquiera de los tres reinos de la Naturaleza. Aun para cosas como la obtención de arcilla y la fabricación de vasijas de barro, algunos grupos humanos se sujetan a regulaciones estrictas. El dueño de los animales, una deidad cosmogónica omnipotente, o casi, debe ser propiciado para que permita la caza. A los animales que se intenta capturar o matar, se les aplaca para que en otras ocasiones un nuevo ejemplar de la especie se deje someter al mismo tratamiento. El indígena se siente inerme ante la Naturaleza, y busca su ayuda (Wissler, 1971, 90-91).

De allí también el papel del chamán, cuya importancia dimana de actuar como intermediario para propiciar espíritus guardianes o para apaciguar deidades irritadas por la transgresión del que usa un recurso.

Cuando se apean árboles, ya sea con el objeto de abrir campo para cultivos o con el propósito de usarlos en construcciones, los integrantes de varias tribus les piden permiso mediante ciertas fórmulas mágicas. Así está testimoniado en el segundo caso cuando se trató de la vivienda en el volumen II de esta obra (Patiño, 1990, II, 36). Los warao del delta orinóquico piden permiso para cortarlo al árbol del que se disponen a construír una canoa (W ILBERT : B ENSON , 1977,36,27-38), y lo mismo hacen los indígenas del Chaco según lo ilustra un almanaque que se editó en la Argentina hacia 1944.

De todo esto se presentarán casos concretos cuando se trate en particular de la obtención, apropiación y uso de cada recurso.

Lo que se ha dicho no excluye en el indígena un conocimiento empírico muy completo sobre los fenómenos naturales, como se verá a lo largo de esta obra.

3) La intención.

Un recurso puede existir al alcance y no ser aprovechado. Las razones son varias, pero se pueden reducir a dos: a) No se conocen las propiedades de las cosas; b) Aun conociéndolas es posible que se formen tabúes sobre lugares, minerales, plantas o animales que impidan usarlas, a pesar de su presencia (Spier, 1970, 3). La posesión de técnicas no quiere decir que sean o puedan ser siempre utilizadas (H UGHES , 1982, 179, 227). Por consiguiente, tiene que existir el deseo, la intención de aprovechar una cosa; conocer sus propiedades, y que ella esté libre de connotaciones que obstaculicen al usuario su aprovechamiento.

4) La capacidad manual.

La disposición erecta de Horno le ha permitido, a través de los siglos, utilizar las manos como instrumento de creación y conformación de utensilios que refuercen su capacidad de dominio sobre el ambiente. La destreza manual se refleja en los objetos que el hombre fabrica para proporcionarse bienestar y para satisfacer las necesidades estéticas que parecen consustanciales con aquel género animal.

En la vida diaria, el hombre manipula cuerpos de índole variada. Al hacer una vasija no solamente se necesita la arcilla, sino también una piedra o una espátula de madera con que darle el pulimento deseado, y sustancias vegetales o minerales para la decoración. Así, pues, no porque un recurso sea mas importante que otro en sentido estricto, sino por imposiciones de presentación metodológica, en esta obra el tratamiento se hará por la clásica división en reinos de la Naturaleza. Al mismo tiempo, en secuencia lógica primero irán las técnicas de apropiación o captura, y después las que se usan para modificar según lo deseado, los objetos, seres vivos o situaciones.

Del mismo modo, primeramente se desarrollará el tema de la tecnología indígena amerindia, y luego se enunciarán los aportes hechos por otras culturas.

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