HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
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(CONTINUACIÓN CAPÍTULO 17)

 

Que no parecía haber mucha diferencia entre las canoas marítimas y las fluviales, se deduce del siguiente pasaje de la relación geográfica sobre San Miguel de las Palmas de Tamalameque, del 5 de marzo de 1579:

... todos los indios del río [Magdalena] o de la laguna [de Zapatosa o Tamalameque] para sus peleas, comercios y granjerías se servían y sirven de un género de naves o barcos al cual llaman man y comúnmente los españoles canoa, ora sea porque de los primeros indios que vieron navegar lo deprendieron, ora que algún español por algún caso o causa lo supiese; no hay a lo menos en todas las diferencias que de lenguas hay en el Río y lagunas, alguna que tal nombre le ponga. El que más común tiene en todas es el dicho, aunque algunas por ser diferentes difieren en este nombre. Esta canoa o nave comunmente la hacían de veinte y cinco o treinta pies y no más de dos pies de ancho; algunas menos, otras más, aunque no mucho. Hácenla de un solo madero, el cual labrándolo por de dentro lo hacían y lo hacen agora de la forma que tengo dicha. 

Tiene desde el plan hasta la extremidad del bordo otro tanto como de ancho. Es llana por ci dicho plan como artesa y por allí tiene cuatro o cinco dedos de grueso y poco menos por el costado; hace faicitin hacia la proa, aunque no acaba en punta sino queda en ci un tercio de la anchura que dicha tengo. La popa es ancha, poco menos que lo más de la canoa. Bogan en ella los indios puestos en hilera en pie, unos por una parte y otros por otra, con una manera de remos cuyas palas parecen a las de aquellas que usan en los hornos, salvo que tienen de anchura menos de una cuarta de largo; tendrá cinco palmos más o menos poco. El cabo parte donde andan las manos, que será de dos palmos y medio en largo. Es redondo, tan grueso como un asta de lanza. Con estos carreletes [por canaletes] (que así les llaman), gobiernan y hacen caminar el man o canoa a cualesquiera parte que quieren con grandísima ligereza. . (LATORRE, 1919, 13-14; RGAJG, 179).  

Los cindaguas alcoholados y los pacabueyes tenían muchas canoas, según la relación de Pérez de Tolosa de 1543 (ARELLANO MORENO, 1950, 27; —, 1.964, 8). En la laguna de Zapatosa se continúan haciendo canoas muy bien acabadas, sin cambio desde la época prehispánica (REICHEL-DOLMATOFF, 1965, 124). Otras más grandes para la navegación comercial del Magdalena, se estudiarán adelante. En cuanto a la velocidad, se ha calculado que una canoa impulsada por canalete puede andar a más de seis nudos (SEARS: BENSON, 1977, 

Es algo confusa la terminología sobre las embarcaciones enterizas. Alvarado, de acuerdo con el tamaño y con el uso, dice que la curiara es la más pequeña, y sirve a modo de bote, o sea, como auxiliar (SPRUCE, 1908, I, nota, 356, 375-376) para las piraguas; luego viene la canoa, que “sine de tipo para la generalidad de los barcos criollos”; en seguida, el bongo, llamado champán por los colombianos, de mayores dimensiones que las canoas, y reservado a navegación mercantil en los grandes ríos; y finalmente, la piragua, la embarcación de mayor porte, generalmente con una vela de estera de palma, y utilizada de preferencia para la navegación costera y marítima (ALVARADO, 1945,61; —, 1953, I, 292-293). Otros autores piensan que canoa y piragua eran una misma cosa, sólo que el primer nombre era arawak, y el segundo, caribe (CASTILLEJO, 1951, 86). En el Orinoco y otros ríos se usa, además, la palabra cayuco para una canoa pequeña.

En el lago de Maracaibo, algunos indios tenían canoas individuales, que se podían echar al hombro; y aun solían remar con un pie, que servía a la vez de canalete y de timón (CASTELLANOS, 1955, II, 19). La habilidad de los indígenas para hacer embarcaciones fue aprovechada por los españoles, con su buena dosis de abusos. Nicolás Beltrán, teniente del gobernador Quintanilla, de Cartagena, mandaba indios a labrar canoas al interior de los montes y las hacía traer arrastradas hasta el mar, por lo cual fue condenado por Gonzalo Jiménez de Quesada en el juicio de residencia que le siguió (FRIEDE, 1979, II, 167, 193-194). Indios del primitivo Tolú hacían canoas de cedro para vender y tenían que llevarlas arrastradas por sabanas, con bueyes, doce leguas, hasta el Cauca (RGNG, 98).  

3. Canoas más complicadas son las que tienen una prolongación de los bordes, por medio de tablas sobrepuestas, con el objeto de levantar aquellos y permitir mayor carga o para impedir que el oleaje penetre al interior. Por lo general, estas canoas se utilizaban para el tráfico comercial, principalmente por los caribes del Orinoco (GUMILLA, 1955, 298-299; GILLII, 1965, I, 78-80) y de las Guayanas (BARRÈRE, 1743, 130- 136, fig. 28).

En Cayena, las piraguas caribes tenían doce bancos para los remeros, que se sentaban dos a dos en cada banco; ninguna tenía menos de dos velas y algunas hasta tres; a veces salían en expediciones tantas como 30 piraguas juntas (BIET, 1896, 55, 57, 105). Las de Paria llevaban en el centro una ramada o apartamento, donde el jefe iba con sus mujeres (ZAPATA GOLLÁN, 1940, 12). Las canoas de Trinidad eran más grandes y mejor hechas que las de las Antillas Menores; en medio tenían un apartamiento como cámara (NAVARRETE, 1.954, I, 211). Las canoas o piraguas grandes de los chokó tienen hasta 40’ de largo y capacidad de transportar 25.000 plátanos (TORRES DE ARAUZ, [1966?], 55).

Los botes y bongos del Magdalena fueron descritos por todos los viajeros (HAMILTON, 1955, I, 52-53, 55-56; CAMACHO ROLDÁN, 1973, 1,127-128, 176-177; LISBOA, 1984, 175-177, 186-189; SAFFRAY, 1948, 57-58; GOSSELMAN, 1981, 117, 133-135). Hasta hace pocos años aún se construían champanes en cl desembarcadero de La Miel, frente a la desembocadura del Río Negro, por la abundancia de maderas (ACEVEDO LATORRE, 1981, 72). Una embarcación de similares características, pero con diversos nombres, se conoció en el Orinoco como garitea, que es la misma ¡garué del Brasil: canoa monóxila con tres o más tablas agregadas (SPRUCE , 1908, I, nota 356, 376).  

4. Otra clase de canoa grande es la hecha íntegramente de tablas traslapadas o superpuestas. A éstas las llaman “lanchas” en la cuenca del Orinoco (RAMOS PÉREZ, 1946, 352, 356; SPRUCE , 1908, I, 376; MICHIPLENA, 1867, 357). A partir de 1524 se usaron en Cubagua, en vez de la canoa pequeña, para 6-8 personas, sin tablas y de un solo palo, las de tablas, para quince personas, dos mástiles y doce bancos, pese a las prohibiciones de la Corona (OTTE, 1977, 47). Estas últimas eran las preferidas también en el Cabo de la Vela en 1539, según el licenciado Castañeda, por hacer más rendidora la pesquería de las perlas (VEGA BOLAÑOS , 1955, VI, 28-29).

Las canoas no enterizas, sino hechas de tablas unidas, aunque anteriores a la ocupación europea, mejoraron cuando el uso de sierras y otras herramientas permitió la obtención de tablas, que con los implementos de los indígenas no podían labrarse y unirse sino toscamente. Una canoa de tres tablas unidas y cosidas usaban los indígenas del sur de Chile

(ZAPATA GOLLÁN, 1940, 32-34; COBO, 1895, IV, 217-218; HAW KINS , 1933, 82-83), y la llamaron dalca en Chiloé ( MEDINA, 1952, 197-198).

  5.   Canoas de otro tipo, con la adición de palos livianos a los costados, para aumentar la capacidad de flotación, son las que en el Pacífico se llaman canoas embalsadas o imbaburasburas. Las hay de un solo palo a cada lado, o de dos y tres, que siempre están colocados en el borde externo, y sostenidos entre sí por una traviesa que monta por encima de ambos bordes (Fig. 6). Este travesaño, en la costa del Pacífico suele ser de ramas majagua Hibicus tiliaceus,madera liviana (HORNELL,1945,2,3,4,6) 

 
Fig. 6. CANOA EMBALSADA DE LA COSTA ECUATORIANA Y COLOMBIANA del pacífico. Modelos con uno, dos o tres palos que sirven para aumentar la capacidad de flotación de la embarcación. Dibujo de Harold Rodríguez V.

 

        Se ha especulado mucho sobre la existencia en la costa occidental de Suramérica, de este sistema y del todavía más elaborado del balancín, en relación con la posibilidad de contactos transpacíficos desde Polinesia y Melanesia en épocas muy remotas. Algunos niegan la existencia del balancín (NORDENSKI0LD, 1931, 9: 27). Sabido es que en aquellos archipiélagos los habitantes habían alcanzado junto con una extrema habilidad como navegantes, notable adelanto en la técnica de construcción de canoas con dispositivos para mantener la estabilidad de la embarcación (HORNELL , 1945, 1928; DAMPIER, 1927, 206-207)** Esquemas de imbaburas pueden verse en trabajos de arqueólogos ecuatorianos (JIJÓN Y CAAMAÑO, 1941, II, 388; ESTRADA, 1957, núm. 3, 56) 

       6.   Los canaletes fueron de varios tamaños y modelos. Los de los caribes isleños eran agudos y con un brete atravesado en lo alto del mango, revestido éste de piel de tiburón (LOVEN, 1935, 417-419). En el golfo de Panamá e islas de Las Perlas, tenían adornos incrustados de concha de perla de la Pteria (Meleagrina) margaritifera (OVIEDO y VALDÉS, 1959, III, 216; LINNÉ, 1929, 70, 71, 131). Una clasificación de tipos de canaletes en Suramérica entre cuarenta y siete tribus, y lista de referencias bibliográficas, así como un mapa, fueron hechos por Nordenskiold (1924, 3:179-181,183-185 y mapa 23).

7. Las palancas o pértigas para impulsar la embarcación aguas arriba, reciben en el oriente peruano los nombres de botadores o tanganas (URIARTE , 1982, 32), y a los canaletes o remos les dicen cahuina (BERREIRO, 1926, 381).

Otros usos de la canoa.

Fuera de su principal oficio como embarcación, la canoa, ya sea entera y flotable, o desportillada, ha tenido otros usos en el área del presente estudio: 1) Recipiente para la fermentación de la chicha, entre los yurumanguíes y otras tribus; o para miel o pienso de animales (y de allí la asociación con dichos populares como “poner la canoa” [CUERVO, R. J., 1939, 424]). 2) Ataúd o cofre funerario, entre los indígenas del valle del Cauca (Calima, Quindío) o en Yurimaguas del Perú (SPRUCE , 1908, II, 16), y entre los omaguas (URIARTE, 1952, I, 295). 3) Asiento, vuelta boca abajo, en varias partes. 4) Matera o semillero, en el Chocó y la costa del Pacífico (PATIÑO, 1965-1966, 125-126). 5) Tambor primitivo; se cree que de ella se originaron los maguarés gigantes de algunas tribus amazónicas (NORDENSKIOLD, 1930, 8: 44.48).

b)           Balsas.

Hay que distinguir entre las balsas de uso provisional o efímero, y las durables. Estas últimas son más elaboradas para poder navegar en el mar, por largas distancias. De acuerdo con la parte vegetal utilizada, las balsas se pueden dividir en: 1) balsas de culmos, o sea, tallos de gramíneas, Juncáceas, Thyphaceas y otras plantas herbáceas; 2) balsas de caules, troncos o estipes, para las cuales se han utilizado plantas de diversas familias botánicas y de distinta estructura anatómica en el tallo; 3) balsas de frutos.

1.   Balsas d e calmos o bohordos.

Este tipo, aunque preferido en la navegación lacustre, se usó también para navegación marítima de pesquería, especialmente en la costa norte del Perú. Se llamaba ccoo en el área mochica, y el caballito de totora, tup (ROSTWOROWSKI, 1981, 104, 107).

Tanto al norte como al sur de la línea equinoccial, el sistema de construcción es semejante. Culmos de junco (Scirpus spp.) o de totora (Typha spp., Phragmitcs) son atados en dos haces o gavillas, tan largos como se quiera que sea la balsa, cuidando de ir atenuando el volumen hacia las puntas del haz, para que al juntarlos y formar la embarcación, quede diseñada la proa (ACOSTA, 1954, 54, 75; COBO, 1895, IV, 218-219). Éstas son las tradicionales en el Perú, todavía fabricadas y usadas en el lago Titicaca (FERNÁNDEZ DIEGO, 1963, I, 38-39; PARODI, 1932; ZEBALLO5 MIRANDA, 1975, 659-676), y en Chile, donde se llaman thagi (MEDINA, 1952, 194-198; ZAPATA GOLLÉN, 1940, 25). En una de ellas, capaz para dos personas, transportaron los pizarristas de la costa de El Callao a una isleta vecina, al virrey depuesto Núñez Vela. En la época del Descubrimiento, sobre la costa del Pacífico estaban confinadas por el sur hasta el sector de Chira (OVIEDO Y VALDÉS , 1959, V, 106). Otras más pequeñas, para una sola persona, las usaban y usan los pescadores de la costa peruana. Se llevaban cargadas a la orilla, hacían sus viajes de pesca, y por la tarde, al regreso, se volvían a acarrear a las casas de los pescadores y se desbarataban para secarlas y tomarlas a hacer al día siguiente (ACOSTA, 1.954, 74; Cono, 1895, IV, 219). La totora o matara para embarcaciones se sembraba regando la semilla al voleo o trasplantando renuevos (ROSTWOROWSKI, 1981, 26-27).

No hay una descripción de cómo eran las que usaban los muiscas de la Sabana de Bogotá, que también las tenían (SIMÓN, 1953, II, 172; —, 1981-1982, III, 328; RODRIGUEZ FREILE, 1984, 17). Las llamaban zinc (GONZÁLEZ PÉREZ, 1987, 197). No debe olvidarse la balsa en que el Zipa tomaba su baño ritual en la laguna de Guatavita (REICHEL-DOLMATOFF , 1965, 168; HIGHWATER, 1983, 208, 308a.). Inclusive durante los años que siguieron a la llegada de los españoles, algunos de los indios que se refugiaron en la laguna de Tinjacá donde no podían entrar los caballos, se ingeniaron para vivir temporalmente en balsas de enea (AGUADO, 1956, I, 344-345).

** Indonesia parece ser el centro de origen de la canoa de balancín; se conocen tres tipos de atadura de los flotadores (WISSLER , 1971, 27-30). y. B. A. (regresar **)

 

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