HISTORIA DE LA CULTURA MATERIAL
EN LA AMERICA EQUINOCCIAL TOMO III   
VÍAS, TRANSPORTES, COMUNICACIONES
VICTOR MANUEL PATIÑO
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(CONTINUACIÓN CAPITULO 12)

 

En el abuso todos, laicos y religiosos, tomaron parte. Una de las leyes de Indias (Recopilación, 1973, I, 79v.) prohíbe expresamente  luego debió de ser práctica no rara — que los misioneros llevaran cargas en indios. En Centroamérica, los dominicanos y franciscanos fueron muy dados a cargar no sólo adultos, sino niños, sin paga (SHERMAN, 1979, 230-231). Ciertos religiosos dominicanos realizaron, a partir de 1547, un viaje desde Chiapas hasta Ciudad de Méjico, más de 200 leguas, con tamemes (XIMÉNEZ, 1929, I, 207, 321-323, 326, 327, 439). Sobre indios andaquíes a modo de acémilas entraron al Caquetá, en 1770, varios franciscanos su matalotaje (ZAWADSKY, 1947, 16, 138). Jesuítas frieron de Baeza a Archidona en el oriente ecuatoriano, a hombros de indios (JOUANEN, 1941, 1, 622). Aun menores de edad cargaban cosas a las espaldas. En 1537 propuso el obispo Marroquín, de Guatemala, que no se dejasen cargar muchachos hasta que no cumplieran los 14 años (Cartas dc Indias, 1974, II, 418). Luego era costumbre.

Las proporciones de este desperdicio de vidas humanas se agigantaron en varios casos de transporte de piezas de gran tamaño y peso. Hernán Cortés hizo llevar por 8.000 indios desde Tlaxcala hasta el lago de Méjico, en 18 piezas, los bergantines con los cuales pudo reducir a Tenochtitlán (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, IV, 96) * . Pedro de Alvarado hizo transportar en 1534, cuando preparaba su expedición al Perú, unas anclas de 3.4 quintales de peso con indios desde el Atlántico al Pacífico, 130 leguas (CASAS , 1958, V, 153). En 1556 proponía la Audiencia de Méjico, en ejercicio del poder a falta de virrey que se llevaran piezas de navíos desde Veracruz a Guatulco en el Pacífico, parte por agua, parte a lomo de indio en las últimas 25 o 30 leguas, “como lo han hecho, por ser piezas grandes y de tanto peso [que], es con grandísimo trabajo y riesgo de sus vidas” (HANKE y R0DRIGUEZ, 1976, I, 157).

Similar es el caso de Vela Núñez, hermano del virrey Núñez Vela, que decidió, y así lo puso por obra, la llevada en dos o tres piezas de un bergantín, entre Cali y Buenaventura, durante las guerras civiles del Perú (OVIEDO y VALDÉS , 1959, V, 271-272). Varios casos más se vieron en este período: el transporte de la artillería de Diego de Almagro de Guamanga al Cuzco, dirigido por Francisco Almendras; el de la de Gonzalo Pizarro a Lima traída por 6.000 indios, y otros. En la guerra civil contra Hernández Girón en el Perú, se obligó a 10.000 indios a cargar las once piezas de artillería de los leales; es interesante el relato de la operación (GARCILASO, 1944, III, 162-163; —, 1965, IV, 111-112).

En este acápite se limitará el estudio a las regiones en que ni aun bien avanzada la época colonial e inclusive en parte de la republicana, fue suspendido el servicio de carga a lomo de gente, sean cuales hayan sido las causas (condiciones especiales de terreno, intereses de particulares, etc.). Para lo relativo a Guatemala, consúltense estos autores: ACUÑA, 1982, 82; SHERMAN, 1979; FUENTES Y GUZMÁN, 1972, III, 271; etc.

Centroamérica.

En Nicaragua cargaban los tamemes 75 libras de peso en ocho o diez leguas de recorrido diario (GÁMEZ, 1889, 59). De nada sirvieron para aliviar su situación las presuntas medidas del gobernador Rodrigo de Contreras sobre la fabricación de carros (SHERMAN, op. cit., 123). Al fraile Bobadilla le dijo un indio nicaragüense que, en parte, la deformación craneana se hacía para facilitar el carguío (DÁVILA BOLAÑOS, 1974, 42-43). A la costumbre de cargar en la frente se atribuye la frecuencia de calvicie frontal en Guatemala, entre indios (GAGE, 1946, 203).

El empleo de cargueros en Panamá en las expediciones españolas de los primeros tiempos, fue una de las causas de su extinción (LOTRHOP, 1950, 11). Los guaymíes actuales aún cargan en sus motetes o cestas tanto peso como las bestias (ARIAS PEÑA et al , 1981, 158).  

Buenaventura-Cali.

Quizá uno de los sectores en que la institución del carguero perduró durante más tiempo fue entre Cali y Buenaventura. Cieza de León, que transitó por el antiguo camino que salía al Anchicayá, dice, a fuer de testigo de vista cómo se prestaba el servicio (CIEZA, 1924, 98-99). Tanto al oidor Tomás López Medel como al obispo de Popayán Juan Valle se les encargó, en 1558, que visitaran la región y tasaran los indios con lo que debían contribuir (FRIEDE, 1961, IV, 235-238; RGNG, 41). La tasación se hizo en 1559 (PADILLA ALTAMIRANO, 1977, 92-95, 96-98)**.

Pese a ello, los abusos que se siguieron cometiendo dieron lugar a que el 10 de octubre de 1569 — quizá por instancias del mismo López Medel que ya se hallaba en España — se dictara una cédula por medio de la cual se pedía información sobre el particular a la Audiencia de Quito (GARÉS G., 1935, 1, 176-178). No se sabe qué medidas se tomaron a raíz de esta orden; pero en 1580, por los abusos que se continuaban cometiendo, el cabildo de Cali nombró un corregidor (ARBOLEDA, 1928, 51). En 1581-1582? continuaba este servicio, según las relaciones hechas en esta época (RGNG, 296-297, 318, ARBOLEDA, 1928, 53).

En una carta de 1590 dirigida a Diego Ordóñez de Lara en Cali, con motivo de la iniciada construcción de uno de los varios caminos que hubo de Cali a Buenaventura, se mencionan los sufrimientos de los indios cargueros montañeses, que tradicionalmente atendían al acarreo de mercancías entre la costa y el valle (ARBOLEDA, 1928, 58). Continuaban en este oficio en 1637 (ibid., 111). Hacia 1645 se suprimió el cargo de corregidor de naturales de esa vía, por la casi completa extinción de indios (ibid., 115). Todavía en 1715, a pesar de haber mulas en servicio, se usaban también indios para ciertas cargas delicadas (ibid., 236-237); esto continuaba en 1724 (ibid., 278). Dicho sistema de transporte duró hasta mediados del siglo XIX, cuando la vía mixta por el Dagua permitió el uso de bestias de carga hasta Juntas; pero por la disminución de los indios, ya eran negros los que prestaban el servicio (MELLET, 1823, 232-233).  

Valle del Cauca-Chocó.

Varias rutas para comunicar la cuenca del Cauca con el Chocó dependieron de los indios cargueros. A fines del si glo XVI se habla del espectáculo lastimoso de indios e indias transportando maíz de Toro a las minas en 25, 30, 35 y 40 leguas (AGIA, 1946, 91-92). Los indios del Atrato eran obligados a acarrear 3-4 arrobas, por lo cual no podían cargar su comida, y para ello llevaban a sus mujeres e hijos (CAMINO [1730], 1956, 253-254). Se cita el caso de los de Riofrío en 1708 (ARBOLEDA, 1928, 223-224). En 1728 se estaba abriendo un nuevo camino al Chocó por el Calima, y se prohibió que se utilizaran indios cargueros (ibid., 281); esto no debió de cumplirse, porque la orden se repitió en 1737 (ibid., 303). En Roldanillo en 1809, a fines del período colonial, sobre una población total de 2.442 habitantes, figuran 92 indios, la mayoría de los cuales se dedicaban al acarreo de cargas al Chocó (ibid., 630; RGNG, 529).  

Cartago -Nóvita.

En 1730, el oidor Juan Martínez Melo había dispuesto en Nóvita que las mercancías entraran allí solamente por el camino terrestre a Cartago (ARBOLEDA, 1956, II, 317-318 y nota 326). Excepto los cerdos, que iban por sus propios pies, los demás objetos se llevaban de Cartago a lomo de carguero (CAMPO Y RIVAS, 1803, 27-28, 32, 39). Al iniciarse la era republicana ya eran mestizos (COCHRANE, 1971, II, 389, 391-417; BOUSSINGAULT, 1903, IV, 222-245).

Ans erma-Chami-Andágueda-Lloró.

Entre las razones justificativas que exponía en 1780 Juan Jiménez Donozo para que se permitiera el comercio de Cartagena con el Chocó por el Atrato, fuera de la reducción de los costos, figuraba la de terminar con el servicio de cargueros: Las mismas considerables ventajas que con esto se lograda, es la de descargar la espalda de todos aquellos naturales del trabajo que hacen como si fueran bestias de carga, cosa harto repugnante a la caridad cristiana y que a la verdad la omisión en no desterrar este ahuso (por) todos los medios posibles, no debería tener disculpa porque se funda este inhumano trato en intereses y fines particulares, olvidado el general de la nación... (ORTEGA RICAURTE, 1954, 229-230).

Hacia 1790, el camino de Anserma al Chocó, tan malo como el del Quindío, era servido por cargueros, con lo que se encarecía el costo de los artículos (VARGAS, P. F., 1953, 32). Fue recorrido por Boussingault en 1830 desde Tadó hasta Anserma-Riosucio (BOUSSINGAULT, 1903, IV, 259-315).

Valles Alto Cauca-Patía.

Pero no había necesidad de que las condiciones topográficas u orográficas impusieran el transporte humano. El valle del Cauca es uno de los corredores naturales más andaderos del área andina. Desde el principio de la colonización, los équidos se multiplicaron allí a la maravilla: “hay muchas yeguas y caballos muy buenos, y tierra muy llana”, decía en 1582 fray Jerónimo de Escobar (RGNG, 296). No obstante estas facilidades, no se prescindió de los cargueros. En las ordenanzas del visitador Inclán Valdés, dadas para Popayán en 1668, se prohibió esto:

Y por ser cosa inhumana y contra toda razón y cédulas de cargar a los indios como a caballos y bestias, = Ordeno y mando que ninguna persona cargue a los indios con cargas ningunas, ni les hagan llevar guandos por ningún camino o de otra manera pública, ni manifiestamente contra la voluntad de tales indios, ni de su grado con paga o sin ella... (OLANO, 1910, Doc. 7; ARBOLEDA, 1928, 143).  

A los mitayos señalados para sementeras, se les debería dar bestias para llevar la cosecha a la troje (OLANO, Doc. 27). Pero lo que no pudieron las cédulas reales, mucho menos las ordenanzas locales, sobre todo las de Inclán, que fueron neutralizadas por la oposición de la clase dirigente. Aun en regiones y en épocas en que abundaban caballos y mulas, en ciertos sectores de caminos abruptos, el transporte de elementos delicados se hizo a lomo de indio (ARBOLEDA, 1928, 236-237).

Túquerres-Barbacoas.

Otro sector donde el servicio de cargueros perduró, no solo durante el período colonial (RODRÍGUEZ, 1684, 23-24), a partir de su establecimiento desde principios del siglo xvii, sino hasta fines del xix, fue el de Túquerres-Barbacoas. El misionero Juan de Santa Gertrudis, quien recorrió la ruta en el último cuarto del siglo xviii, describe del siguiente modo la situación:

La vida que tienen estos indios en este camino es ésta: Ellos sólo llevan para mantenerse habas tostadas. Por la mañana comen un puñado de ellas, y parten con la carga a la espalda. Si tienen algún hijo hasta diez años, les lleva la manutención, y de allí para adelante ya lo meten a carguero de dos arrobas, y de diez y seis para adelante ya carga, carga entera de cuatro arrobas y cinco libras. Si es sólo que no tenga hijos, carga sobre la carga su manutención. Al tomar el tercio, aprietan a caminar bien aprisa, porque el peso los estimula a ello; y al hallarse ya fatigados, se paran un rato, y para ello hay en todo el camino palos tendidos donde en estas paradas ponen los tercios de modo que después sean fáciles de volverlo a cargar. A estas paradas las llaman sentadas *** y hacen siete cortitas por la mañana, y a la séptima llaman el almorzadero, porque descansan un rato largo de media hora, y aquí comen en lo interim su puñado de habas. Y así con sólo el ver uno tanta cáscara de habas en el puesto cada día, ya sabe que aquello es el almorzadero. A la tarde hacen sólo cinco sentadas, y ya se llega al tambo donde se arranchan a pasar la noche (SERRA, 1956, II, 91, 94).

El geógrafo Rufino Gutiérrez, en el relato del viaje que en 1893 hizo con Rafael Reyes, de Túquerres a la Costa, por la ruta que se estaba terminando entonces, dice: El camino de herradura va alejando a los cargueros, de los cuales sólo quedan algunos centenares que hacen de tiempo en tiempo el viaje a Barbacoas con un tercio de quesos, huevos, gallinas, hortalizas, etc., y regresan con un quintal de sal marina y algunos objetos de regalo para la familia. Pocos son ya los tan apegados a la tradición que traten de educar en este tráfico a los hijos y nietos que van creciendo; pero sí no hay uno solo de los que todavía hacen el viaje que olvide las antiguas costumbres de los peones de la montaña (GUTRREZ, 1920, I, 150). Este autor enumera los distintos descansaderos de la ruta (ibid., 150-159).

Cordillera Central:

En la Cordillera Central de los Andes hubo por lo menos tres rutas donde los cargueros operaron durante mucho tiempo. Una fue la de Guanacas, sobre la cual existen pocos datos; otra, la del Quindío; y una tercera que comunicaba la cuenca del río Nare con Rionegro y otras poblaciones de la altiplanicie antioqueña.

Pasto-Mocoa, Misiones:

A mediados del siglo XIX eran comunes los cargueros en Sibundoy (ORANDO, 1880, 13). Era camino malísimo en 1906 (MARTINEZ DELCADO , 1970, X, I: 447-449).

Camino del Quindio:

El camino del Quindío se siguió haciendo con cargueros hasta fines del período colonial. Conocida es la descripción del paso efectuado por Humboldt, quien lo atravesó a pie en 1801 por parecerle denigrante hacerlo a lomo de carguero (HUMBOLDT, 1816-1824, I, 71-84). En las postrimerías de la dominación española, con la disminución de los indios, la faena fue recayendo en mestizos y aun en blancos de clase humilde. En la composición jocoseria sobre la lanza de don Baltasar (1813?), se le pide al talismán, protección para “los pobres cargueros que viven bajo el yugo del tercio, alcanzándoles, madre mía, el perdón de todas sus deudas y no permitas que peligren en el páramo del Quindío (...)”. Y más adelante se le solicita:

  no dejes matar
los bueyes de carga,
porque es cosa amarga
para el propio dueño;
y al ibaguereño inspírale brío,
y del Quindío
pase la montaña,
haciendo una hazaña
sin intermisión.

(ORTEGA RICAURTE, 1952, 200-207).

Los versos no serán muy buenos, pero reflejan la situación que se vivía.

Entre 1824 y 1827, cuando pasaron por allí Hamilton y Boussingault (1903, IV, 41, (?), 141, 143, 144, 145), el sistema era el mismo. Ambos autores, el primero refiriéndose a Cartago y el segundo a Ibagué, dan una detallada descripción de los preparativos y matalotaje que hacían los paseros. Todavía a mediados del siglo xix se mantenía la costumbre, pues aunque se había empezado desde 1841-1845 la construcción de un camino de herradura partiendo de Ibagué, desde el filo de la Cordillera hasta Cartago los cargueros alternaban con las bestias en el transporte. Un viajero que pasó por allí en 1854, describe detalladamente camino y atuendo (HOLTON, 1857, 362-365).

Herveo.

De Mariquita por Herveo se iba en cargueros hasta los pasos del Cauca frente a las minas de Marmato (BOUSSIINCAULT, 1903, IV, 41).

Nare-Antioquia.

En el villorio de Camas, de 800 personas, entre la Ceja y la bodega situada en la confluencia de Samaná y Nare, casi todos eran cargueros en 1825 (BOUSSINGAULT, 1903, IV, 130). Todavía en 1860 ejercían su oficio (SAFFRAY, 1948, 78), y aún veinte años más tarde alternaban peones de tercio de uno y otro sexo (SCHENCK, 1953, 21).  

*   Autor más cercano al teatro de los hechos dice que las trece fustas fueron llevadas por 180.000 hombres; la hilera de cargueros era de dos leguas (CERVANTES DE SALAZAR, 1971, 11, 132-133, 270). V.B.A. ) ( regresar *)  

** El texto del documento ha sido publicado con posterioridad a la redacción de este pasaje (LÓPEZ MEDEL, 1989, 167-194, 321-323). V.B.A. (regresar **) 

*** En el Perú se llama pascana, al descanso en una jornada (Iriarte, 1982, 46). (regresar ***)

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