Historia dela Cultura Material en la América Equinoccial
(Tomo 2)
Vivienda y Menaje
Víctor Manuel Patiño
© Derechos Reservadosde Autor

CAPÍTULO VIII

VIVIENDAS

PARA USUARIOS DE ALTA JERARQUÍA POLÍTICA

O RELIGIOSA: CACIQUES Y PIACHES

Los antropólogos suelen considerar que había por lo menos cuatro grandes modalidades de la estructura política social entre los pueblos americanos en la época del descubrimiento: 1) Tribus de régimen igualitario, sin jefes visibles -excepto los ocasionales para guerra o para caza o en forma circunstancial-, las llamadas “behetrías”, que recibieron ese nombre de las que en España se prolongaron desde el principio de la invasión árabe hasta el siglo XV; 2) “Señoríos bárbaros”, según el término acuñado por Trimborn, en los cuales empezaba a diseñarse la estratificación social, con caciques (llamados en las fuentes hispánicas “señoretes, mandadorcillos” y otros nombres similares), poco diferentes en su atuendo y ceremonial al común de las gentes; mohanes, y un principio de división del trabajo; 3) Las ligas o confederaciones de pueblos con idioma y creencias comunes o muy semejantes, pero con jefes regionales autónomos o semiautónomos a los cuales la población local rendía obediencia ciega (como los músicas); y 4) Los reinados o monarquías con organización jerárquica rígida y despótica, compleja y especializada, descansando sobre las clases inferiores mantenidas en la más abyecta sumisión, y con castas guerrera y sacerdotal bien definidas (Méjico y Perú).

No en todas partes la división entre una y otra de esas categorías era neta y cortante. Frecuentes eran los casos en que a una aparentemente débil estructura política, acompañaba una alta especialización de oficios. Ejemplo las tribus del alto Calima en el Valle del Cauca, con una clase de orífices que han dejado obras de extraordinaria ejecución, y cuyos cuadros jerárquicos aparecen desdibujados en las crónicas, a más de que los relictos arqueológicos hallados hasta ahora no revelan una estratificación político-económica muy caracterizada.

 

Casas de caciques:

Colón se refiere a casas que los indios antillanos hacían para los señores y después para los cristianos tan grandes algunas que se podía alojar en ellas el emperador (PÉREZ DE LA RIVA, 1952, 332).

Sobre la casa del cacique nicaragüense Tezoatega el Viejo se darán detalles en el capítulo XI, por la ventaja de existir de ella un plano.

Los cronistas destacan la imponencia y acabado de la casa del cacique Guaramental, de la cuenca del río Unare, en Venezuela (AGUADO, 1957, III, 439; CASTELLANOS, 1955, I, 459; OVIEDO y VALDÉS, 1852, II, 416, 425-426).

La casa del cacique Comogre de la costa norte del istmo de Panamá la describe de oídas uno de los primeros cronistas de las Indias: “Y su casa dicen que es de construcción fuerte y maravillosa de largas vigas unidas entre sí, y además defendidas con muros de piedra. Midiendo su longitud, contaron ciento y cincuenta pasos de luz con ochenta pies de anchura, y tenía techos y pavimentos primorosamente labrados...” (ANGLERÍA, 1944, 143). 

Otro autor da sobre la misma los siguientes detalles, también obtenidos de terceros: “Tenía sus casas reales las más señaladas y mejor hechas que hasta entonces se habían visto en todas estas islas [del Caribe] y en lo poco que se sabía de la tierra firme; la longura della era de ciento cincuenta pasos, la anchura y hueco de ochenta; estaba fundada sobre unos muy gruesos posteles [así], cercada de muro hecho de piedra, entretejida madera por lo alto, como zaquizamí, que los españoles quedaron espantados de verla, y no sabían dar a entender su artificio y hermosura. Tenía muchas cámaras o piezas y apartamientos    (CASAS, 1951, II, 572).

En el mismo istmo de Panamá, el cacique Tubanamá, sólo tenía junta otra casa no menor que la suya propia; medida la longitud de ambas, era de ciento veinte pasos, y su latitud cincuenta. “Estas casas estaban dispuestas para tener allí las tropas escogidas, si alguna vez emprendía la guerra Tubanamá” (ANGLERÍA, op. cit., 220).

Las casas del cacique de Tairona en la cuenca del río Don Diego, halladas por la gente de Luis de Rojas de 1570, dentro de un complejo semiurbano con plazas enlosadas y tres bohíos, eran “tan capaces que podían alojarse en cada uno con comodidad 300 soldados y de ahí para arriba, porque eran aposentos de su rey, en que vivían él en el uno, y en los dos, sus hijos, mujer principal y concubinas” (SIMÓN, 1981-82, VI, 14).

En Turbaco había algunas casas suntuosas, mayores que las otras, para señores principales, con estacadas al frente y postes con cabezas-trofeos (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, III, 148).

En la Sabana de Bogotá, las casas de los caciques y señores principales se distinguían de las demás, “porque son a manera de alcázares, con muchas cercas alrededor, de manera que aca suelen pintar el laberinto de Troya. Tienen grandes patios, las casas de muy grandes molduras y de bulto, y también pinturas por todas ellas” (J. DE QUESADA: CUERVO, 1892, II, 212; J. DE LA ESPADA, 1889, 98; FRIEDE, 1960, NR, 265). Los oficiales reales Juan de San Martín y Antonio de Lebrija, son contestes: ‘Le hallamos [al cacique de Bogotá] una casa de su aposento que, para ser de paja, se podría tener por una de las mejores que se han visto en Indias” (FRIEDE, 1960, NR, 184).

Autores posteriores refiriéndose a la casa del zaque de Tunja dicen que “aniquiló las fábricas pasadas” (CASTELLANOS, 1955, IV, 195); el cercado, “no era menos vistoso que el de Bogotá, aunque de maderas y cañas.. .“ (AGUADO, 1956, I , 286).

La casa del cacique Petecuy de Cali (aunque el pasaje no es muy claro y puede referirse a una construcción vecina que tendría el carácter de adoratorio o templo), era de madera, “muy alta y redonda, con una puerta en el medio; en lo alto della había cuatro ventanas por donde entraba claridad; la cobertura era de paja”. Allí había en orden puestas en una mesa las momias de enemigos muertos (CIEZA, 1947, II, 379-380).

En Pozo, " los señores y principales tienen muy grandes casas, redondas,
muy altas.. .
" (CIEZA, 1947, II, 372).

Los caciques de la provincia de Azogues en los Andes ecuatoriales tenían casas que se distinguían de las comunes y de tabique, porque eran grandes y cuadradas “y tienen encima de las dichas casas hechas de madera y cubiertas de paja, las que llaman los indios rinr i yuc huasi, que quiere decir “casa con orejas”; y esto es por grandeza, que solos los caciques las hacen de esta suerte; son de barro y madera, a manera de tabique, como digo; y no las hacen de otra manera, porque este es su antiquísimo edificar; y esto es generalmente en toda la provincia de los cañares” (J. DE LA ESPADA, 1897, III, 176; —, 1965, II, 278; HANKE, 1978, II, 174).

Las casas de los curacas o caciques entre los cayapas de Esmeraldas a fines del siglo XVI , se distinguían por ser — en vez de bahareque — de las llamadas barbacoas, de 510 palos hincados a estadio y medio; en el centro tenían dos postes más altos para recibir el techo (RIVERA DORADO, 1978, 553).

Las casas de los caciques collaguas de Arequipa eran mayores que las de sus súbditos y se distinguían por esto y porque les echaban mucha paja en el techo (J. DE  LA ESPADA, 1885, II, 47; —, 1965, I , 332).

  

Casas de piaches. 

Pocos detalles se han conservado sobre la diferencia entre las casas de los shamanes o piaches y las del resto de los indios. Solamente se sabe que quedaban aisladas de las demás, a veces en lugares apartados, como los ogques o jeques músicas, lo hacían en las casas de reclusión llamadas cucas. Después de pasado el aprendizaje, se le hacía otra casa cerca del templo o en el campo (SIMÓN, 1981-1982, III, 383-384).   

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