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CAPÍTULO IV
TRABAJO COLECTIVO EN LA CONSTRUCCIÓN.
ERGOLOGÍA
En los pueblos de América quizá hubo personas especializadas en la construcción de viviendas, aunque de esto no quedan noticias. Algunos relictos arqueológicos del Ecuador, como los de Jaramijó, evidentemente involucran la existencia de operarios especializados, en este caso carpinteros (SCHÉVELZON, 1981 373). Pero en general todos los habitantes o miembros de una comunidad tenían la habilidad de ejecutar algunas de las operaciones ergológicas adecuadas a aquel fin (KUBLER, 1962, 19). En arquitectura cada uno era maestro (LÓPEZ MEDEL, 1982, 319). La autosuficiencia en este particular se ha señalado entre los peruanos (POLO DE ONDEGARDO, 1916, I, 129).
Esto se pone de manifiesto en el carácter asociativo o colectivo que tuvo el trabajo arquitectónico en gran parte del área de este estudio, pues merced a esa característica se podía construir una vivienda en poco tiempo, a veces menos de una semana, y para ello como es natural los participantes debían dominar todos a una las técnicas constructivas de tradición local.
Quien iba a edificar, para construir un nuevo hogar o por cualquier otro motivo, acopiaba primero los materiales y planteaba la construcción, dándole principio. Luego invitaba a parientes, vecinos o conocidos, a quienes agasajaba con diversas comidas y bebidas, para que le ayudaran en el acabado. Estaba obligado a reciprocidad en casos semejantes. A esto lo llaman los mixtecas trabajar por el plato (MENDIETA Y NÚÑEZ, 1939, 30), los oaxaqueños tequio (MOYA RUBIO, 1984, 116-117), y en Cuba guateque (PÉREZ DE LA RIVA, 1952, 343).
Los indios de Guatemala construían sus casas con ayuda de otros que aportaban materiales; daban chocolate a los asistentes (GACE, 1946, 206.). Esto se continúa practicando en la actualidad en Yucatán: el más viejo de la familia, aun no siendo el propietario, toma la iniciativa de dar las dimensiones de la casa y de sus partes y de dirigir el trabajo; los demás familiares o invitados actúan mancomunadamente bajo las órdenes del primero (VILLERS RUIZ, 1981, 50).
Todavía perduran en Panamá dos modalidades de trabajo colectivo para las construcciones: la junta que es con comida y fiesta; y la peonada, en que el peón es devuelto en pocos días, pero sin fiesta (Ruino, 1950, 60). La embarra en la región de Azuero se hace en forma colectiva, así como es comunal la construcción entre los cunas (ARIAS PEÑA et al, 1981, 212-213; 118-120).
Entre los chaimas, según Froilán de Rionegro, las casas se construían con la participación de cuantos podían asistir, siendo invitados al final a una bebezón (ALVARADO, 1945, 261). Esto se llama cayapa en Venezuela, de una palabra cumanagota que quiere decir peón (ALVARADO, 1953, I, 95-96; Ruiz Blanco, 1965, 42). El sistema se sigue usando en el oriente de esa República, exclusivamente para colocar la cobertura o cobija de la casa, una vez que el propietario ha dejado lista la construcción en piernas o sea la armazón básica (ACOSTA SAIGNES, 1958, 10-12).
Los indígenas de Santa Marta y Guajira a este trabajo a tornapeón, que se usaba también para labores agrícolas, le daban el nombre de chagua: teniendo ya junto el material, que es madera, caña, bejuco y palma, suelen hacer una casa en dos días de chagua (ROSA, 1945, 261; ROJAS DE PERDOMO, 1980, 61). En Tenerife del Magdalena (1580), el que quiere que le ayuden para hacer su casa o su bohío les hace esta fiesta, con abundancia de chicha, al son de la música (RGNG,1983, 157).
A causa de que los habitantes se mudaban con frecuencia de un sitio para otro, en la región minera de Zaruma en el Ecuador se procedía de la manera siguiente, según exposición del oidor Francisco de Auncibay, de 1582: Como sus casas son de palos, lodo y paja, donde quiera que van edifica un indio su casa, porque él corta la madera y la caña y trae la paja y hace el barro y saca la cabuya o bejuco y ata la madera y hace su casa, y todos en este ministerio son maestros y se ayudan; y el cubrir se hace fácilmente, porque es como fiesta entre ellos, celebrada con finas borracheras y grandes fiestas hasta haber sus secretas supersticiones, que como haya éstas, acuden todos al trabajo facilitándoseles con la mixtura de sus idolatrías y boberías, y por esto el mudar a un indio con su casa, hijos y todo su ajuar, es la cosa más fácil y hacedera que se pueda pensar (J. DE LA ESPADA, 1965, III, 324).
En los Andes ecuatoriales, como en Pacaybamba, era usual construir por el sistema de minga o convite una vivienda de bahareque de 30 x 20 pies en un par de días (Ibíd., 280; , 1897, III, 180).
ERGOLOGIA
En cuanto a la ergología, el sistema seguido debió ser muy similar, con variantes locales.
1. Escogencia y acondicionamiento del terreno, según que necesitara nivelación o no. Construcción de montículos donde era lo acostumbrado.
2. Acopio de los materiales.
3. Marcada, quizá con piedras, estacas o cuerdas.
4. Cimientos o clavada de postes, según que la construcción fuera de piedra o de madera. En algunas regiones no se acostumbraba a hacer cimientos (los huancavilcas de la costa ecuatoriana, por ejemplo). Al parecer tampoco en el área quimbaya los postes se enterraban sino que se colocaban superficialmente, quizá sólo apoyados sobre una piedra (ARANC0 C., 1924, I, 18).
5. Marco estructural de la vivienda.
6. Armazones para sostener el techo y colocación de la cobertura.
7. Acabado de paredes y divisiones internas si las había.
8. Toques decorativos. Pintura donde se usaba. Colocación de fetiches, amuletos.
9. Construcciones accesorias.
La secuencia de estas operaciones podía variar de acuerdo con circunstancias locales. Esto se entiende que es para una vivienda estable, no para el tipo de construcciones provisionales que se estudiarán aparte, ni menos para las ceremoniales.
Algunos ejemplos se presentarán a continuación.
Área circuncaribe.
Del área maya hay una documentación aceptable, tanto antigua (LANDA, 1938, 104; SCHÉVELZON, 1981, 166; KUBLER, 1962, pl. 102-B; VAQUERO, 1946, 7-10), como contemporánea. Una terminología de las partes usadas para construir está bien establecida (VILLERS RUIZ, 1981, 40-47), así como para los tuxtlecas (HASLER, 1961-1962, 197-215 e il.).
Lo mismo en varias regiones de Venezuela (ACOSTA SAIGNES, 1958, 1961, 1962).
Costa atlántica.
La evolución de la vivienda en esta región hasta nuestros días ha sido tratada con suficiencia por un autor costeño, que detalla algunas etapas del proceso ergológico (CASTILLEJO, 1952, 129-175; 132-134; FLÓREZ, 1962).
Tenerife.
La traza de los buhíos es al modo y hechura de los hornos de España, de esta manera: hincan unos horconcillos de una madera recia en el suelo, todo a la redonda a trechos, del grandor que quieren hacer el bohío, y quedan del altor de un hombre a los pechos y todos van acostados hacia la parte de afuera, y en las horquetas destos estantillos ponen unas varas, todo ansi ciñendo a la redonda y luego otras varas más delgadas, hilan por la banda de afuera todo a la redonda del cerco que tienen hecho, y luego van arrimando las varas y amarrando por su orden con bejuco, que se cría en el arcabuco entre los árboles, que es muy correoso como la hiniesta o la vara de avellano de España, y arriba hacen cimbrar las varas, de manera de un horno, y luego lo van enjaulando con cañas todo a la redonda, cerca una de otra hasta arriba, y luego lo cubren con paja puesta por su orden. La paja es una yerba de las sabanas que hay por acá: vanla amarrando a manojos por las cañas que tienen puestas y empiezan a empajar de abajo, desde el suelo para arriba (RGNG, 158).
Palafitos de Maracaibo.
Hablando de ellos dice un conocedor del área:
Porque para hacer casa redonda y de madera gruesa cualquier trama, desde sus barcas en el agua fonda, agudo tronco limpio de su rama muchas vueltas le dan a la redonda, hasta que ya lo fijan en la lama, con la profundidad que se desea, y aun es aquella lama como brea.
(CASTELLANOS, 1955, II, 261).
Poco ha variado la técnica al través de los siglos. En el caserío palafítico de la Nueva Venecia, situado en un divertículo de la Ciénaga Grande de Santa Marta, se continúa construyendo de la misma manera. La diferencia es que algunos materiales son introducidos después de la conquista, como la palma de coco por las hojas y el millo o sorgo; los tallos de este último sirven para tapar las culatas, y desde luego en algunos casos la paja del techo se sustituye por la lámina de zinc (TOVAR ARIZA, 1950, 42).
Otras referencias, aunque ya del período colonial, se verán posteriormente, porque mucho de la manera indígena de construir se conservo.
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