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CAPÍTULO III
PRÁCTICAS MÁGICO-RELIGIOSAS
ASOCIADAS CON LA VIVIENDA
En pueblos que han llegado al sedentarismo y conocen las ventajas de la permanencia en un lugar dado, la construcción de la vivienda estuvo precedida de una serie de ritos y ceremonias, que se creía aseguraban la estabilidad y solidez de la obra y su defensa contra enemigos o contra factores adversos imprevisibles.
En el área maya se pronunciaban invocaciones al cortar la madera para las viviendas, y en los cimientos se hacía un sacrificio humano al dios Chahalha, guarda de la casa (XIMENEZ, 1929, I, 87-88; ROMIN Y ZAMORA, 1897, I, 203-204). Ceremonias de conjuro predominan allí en la actualidad al inaugurar una casa (VILLERS RUIZ, 1981, 50-51; MOYA RUIZ, 1984, 118).
Los kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta proceden con un ritual tradicional en este caso (REICHEL-DOLMATOFF, 1965, 149).
Los piaroas del Orinoco para exorcizar las casas nuevas colocaban a la entrada, poniéndolas a través y con algunas plumas arrancadas, tucanes y otras aves, amarradas a un bastoncillo preservativo, que conservaban. Creían que el espíritu que puede daflar la casa quedaba preso en el ave hasta que ésta moría (CHAFFANJON: ALVARADO, 1945, 300).
El ėtė o vivienda sagrada de los Yekuana orinocenses, es una reproducción del macrocosmos y materializa la unidad del grupo social; de allí la compleja ergología para la construcción (BARANDIRÁN, 1966, 16-64; 49).
En las esquinas de las casas de los caciques músicas de la Sabana de Bogotá se colocaban unos maderos sobresalientes, teñidos de rojo, quizá con bija. A estos maderos se ataban niños cautivos de guerra, y los asaeteaban para que la sangre corriera por el poste abajo, sin notarse por el fondo rojo (SIMÓN, 1953, II, 249-250 , 1981-1982, III, 385). Para otras construcciones ponían en los hoyos de los cuatro postes esquineros, niñas que quedaban aplastadas con el peso, y sobre cuyos cadáveres se apisonaba la tierra (Ibíd., 1953, II, 160 , 1981-1982, III, 393-394). Sin embargo, esto no está comprobado, que se sepa, arqueológicamente, y los restos que pudieran hallarse en esa forma en algunos casos podrían corresponder a animales (FRIEDE).
Un cautivo expiatorio, se dice quedaba triturado por cada uno de los estantes sobre que descansaba el célebre templo de Sugamuxi, incendiado a partir de la primera incursión española (CASTELLANOS, 1955, IV, 241-242).
Actos rituales, sospechosos siempre de idolatría a los españoles, se ejecutaban con motivo de la construcción de viviendas, aun precarias, como las de los indígenas de Zaruma, en el Ecuador. Ideas metafísicas asócialas al tipo de los templos de la costa ecuatoriana, parecen derivarse de la disposición de las puertas, en forma de animales con la boca abierta, para penetrar al mundo interior (SCHÁVELZON, 1981, 197).
Los jíbaros queman cedro en las casas nuevas o antes de cocer yuca y palmito, pues creen que el humo de esa madera purifica; de no hacerlo, piensan que ciertos gusanos atacarán la paja del techo o se comerán la yuca de los cultivos (KARSTEN, 1935, 95).
El sínodo de Quito de 1570 recomendó que se prohibieran las borracheras que hacían los indios al terminar una casa (SZASZDI: cp (8), 1980:166). Algunos abandonaban la vivienda donde había caído rayo (Ibíd., 162).
En hacer sus casas tienen [los peruanos], como en todas las demás cosas, muchas supersticiones: convidando de ordinario a los de su ayllo, rocían con chicha los cimientos como ofreciéndola, y sacrificándola para que no se caigan las paredes, y después de hecha la casa también la asperjan con la misma chicha. Cuando beben mientras la hacen, en la sierra, no se ha de caer gota ninguna de los que beben, porque dicen que si se cae se lloverá la casa y tendrá muchas goteras, y en algunas partes la ponen el nombre de algún ídolo, a quien dedican la casa (ARRIAGA, 1968, 218). Las muñecas y silbatos (whistles) hallados en cimientos de la Huaca de la Luna en el norte del Perú, han sido interpretados como ofrendas depositadas al construir (MONTEN, 1929, 26).
El carácter mágico de la casa está representado en muchas ceremonias y figuraciones en varias regiones. Los indios del altiplano boliviano entierran un feto de guanaco en el cimiento de las que van a construir, alusión a posibles enterramientos humanos en otras épocas (SACRISTE, 1968, 46).
La costumbre predominante en muchas comunidades indígenas de construir las viviendas mediante la acción comunal, que se estudiará en detalle en el capítulo siguiente, confirma el carácter mágico-religioso de las mencionadas prácticas.
Estas costumbres, que parecen haber tenido una gran difusión, perduran hasta en nuestros tiempos, aparentemente muy modernizados, bajo la forma de colocación de primeras piedras e inauguraciones de edificios, en las que se solicitan la presencia y la bendición del sacerdote (SÁCRISTE, 1968, 46). No otra explicación tienen las estampas religiosas suspendidas en las paredes, las cruces, palmas o ramas benditas que se ponen en la cumbrera en algunas partes, y las matas de zábila o de cualquier otra planta carnosa que se cuelgan detrás de las puertas como amuleto de buena suerte.
En el Museo Arqueológico de Madrid hay una placa de barro cocido, destinada a ser colgada; indica en caracteres latinos quién fue el constructor y desea al dueño disfrute del edificio. Corresponde al siglo
III
y fue hallada en Alcalá de Henares (observación personal).
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