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CAPÍTULO XV
PATRONES DE ASENTAMIENTO.
INICIACIÓN DEL URBANISMO
Aunque los documentos disponibles no son muy explícitos en lo relativo a la disposición de las concentraciones de viviendas en la época prehispánica, no es aventurado clasificarlas en las siguientes modalidades: A) Casas dispersas; B) Viviendas alrededor de una plaza cuadrada o triangular; C) Viviendas alrededor de una plaza circular o casi; D) Viviendas en hilera o en disposición lineal.
1 PATRONES DE ASENTAMIENTO:
A) CASAS DISPERSAS.
Guaimíes.
No vivían en pueblos sino en casas dispersas, una de otra media legua o un cuarto, sin otra comunicación más de la que tenían a la junta de sus juegos (SERRANO Y SANZ, 1908, 95). Esto era general para todo el istmo panameño, con excepción de las casas sobre pilotes o en árboles de la región atrateña (OVIEDO y VALDÉS, 1959, III, 317-318).
Votos.
Tenían pocas casas y dispersas en la región (FERNÁNDEZ, 1883, III, 43).
Tolú.
Vivían en casas de paja, apartadas unas de otras, entre el monte (RGNG, 98).
Tenerife.
Los demás asientos de los pueblos indios están en laderas, valles altos y bajos junto a las aguas, por ser, como es dicho los naturales no tener pueblos formados (RGNG, 1983, 147).
Valledupar.
No vivían en población fundada sino en unos bohíos miserables (RGNG, 195).
Ocaña.
Sus ramadas las mudaban a cada cosecha, pues las hacían siempre donde tenían sus cultivos: viven en las montañas o arrimados a ellas (RGNG, 218).
Trinidad de los Muzos.
El sistema de uniones era matrilocal y el marido se iba a vivir a la tierra de su mujer y de los parientes de ella: No viven en pueblos formados ni en casas permanentes, sino es en barrios y parcialidades y (uno y) otro por sí. Y esto es por causa de los casamientos, por casar fuera de sus apellidos, y así donde cada indio hace su labranza, allí hace su casa (R
G
NG, 225). Están poblados en lomas y laderas y en partes descubiertas. Huyen de los sitios bajos, por ser más calientes y enfermos (...) y ansí hay de una casa de un apellido hasta otra del mesmo, mucho camino. Esta sería según las fuentes, una de las causas del acabamiento de tales indios (Ibíd., 235).
La Palma de los Colimas.
No tienen [los indios] pueblos formados, ni se ha podido, aunque se ha procurado por diversos medios, acabar con ellos que se ordenen en ese caso. Su manera de casas y el orden de ellas es desordenado (RGNG, 252-253). Es la manera de su población llevada sin seguir orden de pueblos congregados, sino de casas salteadas a la medida de sus antojos; en la mudanza de las cuales también son regidas por ellos, dejándolas a los tiempos que les parece, y pasándose a donde les agrada (Ibíd., 256).
Tocaima.
Los panches tenían casas apartadas, puestas en oteros y cerros (OVIEDO y VALDÉS, 1959, III, 112).
Dice en 1561 fray Gaspar de Puerto Alegre: Y en los panches, colimas y muzos no hay población junta, aunque se llaman de un nombre los que están (...) aunque las casas delios se llaman buhíos, que todas son de paja como queda dicho, está apartados unos de otros a legua o a media legua, a legua y a tiro de ballesta y arcabuz cada casa; salvo y en algunos buhíos grandes se allegan cuatro o cinco o seis vecinos (RGNG, 111). Esto lo hacían para buscar el fresco y por facilitar la defensa (SIMÓN, 1981-1982, III, 215).
Mariquita.
En casas colectivas vivían los indios cada casa por sí muy apartada una de otra (RGNG, 59).
Sabana de Bogotá.
Cada indio tiene su roza o sementera a la puerta de su morada, y a esta causa están las poblazones algo apartadas unas de otras, aunque las que están y viven en el valle de Bogotá, casi están en forma de pueblo (RGNG, 65).
Guachetá o San Gregorio a la entrada de Quesada y los suyos se extendía por una legua, las casas unas a manera de pueblo, otras dispersas (SIMÓN, 1981-1982, III, 167).
Pamplona.
Sus poblazones son muy apartadas unas de otras. (RGNG, 84).
San Sebastián de la Plata.
Vivían los indios apartados unos de otros (RGNG, 35).
Páeces.
Se establecían en picachos inaccesibles para defenderse de sus enemigos; pero abandonaban sus ranchos con motivo de nacimientos o muertes de parientes (MERCADO, 1957, IV, 42-43; JOUANEN, 1941,
I
, 314).
Pijaos.
Moraban en habitaciones solitarias y apartadas unas de otras (LUCENA SALMORAL, 1965,
I
, 109).
Pasto.
Los bohíos de los indígenas estaban muy apartados unos de otros (RGNG, 29). Excavaciones arqueológicas han revelado sin embargo algunas concentraciones de hasta 80 viviendas, sin orden aparente, pero en filos de cuchillas (URIBE, M. V., op. cit., 1.65 y Fig. 57 (plano).
Popayán.
El patrón de asentamiento predominante era casas dispersas (RGNC, 32).
Cali.
Viven cada casa por sí, desviados unos de otros a trechos de un tiro de arcabuz y a un cuarto de legua y a media legua y a más y a menos, que casi no se hallarán pobladas dos casas juntas, ni aun se tratan ni conversan casi unos con otros (FRIEDE, 1975, V, 109).
Valle del Cauca.
Grandes poblaciones algo extendidas y derramadas las casas de diez en diez y de quince en quince y veinte juntas muy grandes (CASAS, 1909, 143; 1951, III, 185). Esto es un reflejo de lo afirmado por un testigo presencial: Tienen sus pueblos extendidos y derramados por aquellas sierras, las casas juntas de diez en diez y de quince en quince, en algunas partes más y en otras menos (CIEZA, 1947, II, 378). Las dos afirmaciones anteriores son de mediados del siglo XVI. De fines del mismo es la siguiente: Cada un bohío destos distaba de otro un cuarto de legua o media, puesto en un alto por el aire y en un escombrado por los mosquitos acomodado de agua y leña y frutales (AUNCIBAY: RGNG, 323).
Armas.
Tenían sus casas en las explanadas o mesetas de las cuspides de sierras muy ásperas y fragosas (CIEZA, 1947, II, 371).
Quimbayas.
En 1585 el gobernador de Popayán Juan de Tuesta Salazar hizo una visita a Cartago, todavía en su primitivo asiento. A pesar de estar los indios conquistados hacía 45 años, vivían dispersos y apartados y fuera de congregación y de todo uso de razón y ayuntamiento y policía, según consigna en acta de 16 de octubre de aquel año (FRIEDE, 1963, Q., 138-139). Como consecuencia, dispuso el gobernador que los indígenas se asentasen en poblados, de acuerdo con la índole y la lengua (Ibíd. 139-141). De esto no hubo resultado alguno concre
t
o (ibid. 149).
Amazónicos.
Unos grupos étnicos vivían aislados en sementeras, los de la tierra adentro; otros en concentraciones, como ocurría con los cunibos, omaguas y yurimaguas (MARONI, 1889, 129). Los jíbaros se localizaban en sierras, pero en las bocas de las quebradas mantenían estancias de recreación y sementeras (Ibíd., 635).
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Fig. 14. Plano del asentamiento tuza de El Arrayán, Ipiales, Colombia (Uribe, M. V., 1983, Págs. 166-167, Fig. 57). (Véase Bibliografía). Se pueden distinguir por lo menos tres tamaños de viviendas, la mayoría de ellas asentadas sobre más de una cota del terreno, quizá por motivos sanitarios.
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Asociación con sementeras.
En las transcripciones anteriores aparece la recurrencia de que las viviendas en general quedaban situadas cerca, a la vista o dentro de las sementeras. Esto aparece con mayor detalle en otra obra donde se hacen citas complementarias (PATIÑO, 1965-1966, 49-52).
Los andaquíes en el siglo XVIII vivían en sus sementeras o a la vista de ellas (ZAWADZKY, 1947, 184). Los mayas solían situarse en familias dispersas, en enclaves de mejor suelo, en el Petén (XIMÉNEZ, 1931, III, 152). Los cunas no cambiaban de morada, a menos que el suelo se agotara (WAFER, 1888, 63).
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