Historia dela Cultura Material en la América Equinoccial
(Tomo 2)
Vivienda y Menaje
Víctor Manuel Patiño
© Derechos Reservadosde Autor

CAPÍTULO XIV 

ESTRUCTURAS PARA LA DEFENSA:

PALENQUES, FORTALEZAS

 

Valla, vallado, valladar o estacadas han existido en todos los continentes, como instalaciones defensivas o limitativas de espacio o para confinamiento. Se han hecho de los materiales más sólidos disponibles en cada localidad o región. En cuanto a la parte de América que se estudia aquí, cabe hacer una clasificación macroscópica de materiales, entre vegetales y minerales.

Las estacadas o palizadas, como sus mismos nombres indican (de “estaca” y “palo” respectivamente), son de material vegetal, que puede ser vivo o muerto (PATIÑO, 1975-1976, 156-157). Como materiales minerales se usaron tierra apisonada, adobes o rocas.

 

A)    ESTACADAS.

PLANTAS VIVAS

Gramíneas.

Guadua sp.. — El tema se ha tratado con suficiente detalle en otra obra sobre los usos de algunas plantas económicas (PATIÑO, 1975-1976, 123-126). Allí se mencionaron casos de la existencia de palenques en el sector meridional de la meseta de Popayán (CASTELLANOS, 1955, III, 351) y en el área Quimbaya hasta la provincia de Pozo en los actuales límites de Caldas y Antioquia.

“Dijéronme [en Campay, al norte de Coaques], que había pueblos cercados de cañas gordas, hechas murallas dellas y guarecen las puertas con piedras y armas de las que ellos usan ( J. DE LA ESPADA, 1897, III, CXXXVIII; —, 1965, III, 89). Es declaración del expedicionario español Andrés Contero que estuvo en Esmeraldas en 1568-1569. 

Zea mays. — El uso de cañas de maíz para cercar las casas en los dominios del cacique Tubanamá en Panamá (ANGLERÍA, 1944, 220), sería simplemente simbólico o mágico, pues poca protección brindaría un reparo como este para acometidas de fieras o de hombres.

 

Palmáceas. 

Varias palmas, espinosas o no, se usaron por los pueblos americanos para proteger sus viviendas o para recintos fortificados. En el diario de la expedición de Manuel de Jesús Atencio en la costa de Veraguas en 1787, se lee al referirse al sistema de los ríos Calebébora y Chiriquí o provincia de los Palenques (llamada así por los varios que había de indios guaymíes que los erigían para defenderse de las acometidas de los indios mosquitos o mískitos, en las vecindades de la bahía del Almirante, que partía términos entre los dorascos y chánguinas): “pues por la banda de este río [Chiriquí] tienen hecho un fuerte de caña chunga con sus troneras para por ellas hacer sus defensas con la flecha y no ha podido nunca el mosquito, pues por tierra no los puede asaltar por ser todas estas tierras bajerías de agua y lodo, que si intentaran caminarlas se anegarían por ser un piélago muy dilatado que en distancia de diez leguas montaña adentro no lo transitan ni aun los animales (CUERVO, 1891, I , 320-321). Esta caña o palma chunga es Astrocaryum standleyanum Bailey, llamada chontadura en Costa Rica (HOLDRIDGE y POVEDA, 1975, I, 17). Es la misma pighua de los chocoes que en tiempos antiguos hacían estacadas con ella, aunque puede haber sido del llamado ahora pifá, Bactris gasipaes (WASSEN, 1935, 123).

El tema de los palenques de palma chontaduro se ha tratado extensamente en otra parte (PATIÑO, 1963, I , 120-123; 162-164).

Durante la expedición Ursúa-Aguirre Amazonas abajo, ya en la porción del río cercana al estuario, hallaron los españoles un pueblo con casas de barbacoas, cerradas de tablas de palmas con troneras para flechas (VÁSQUEZ, 1945, 88; ORTIGUERA, 1909, 372; AGUADO, 1919, II, 404; —, 1957, IV, 268).

 

Zigofiláceas:

Había un fuerte o palenque de guayacán Guaiacum en el puerto de Caguaya, sur de la isla de Jamaica (MORALES PADRÓN, 1952, 225).

 

Bombacáceas. 

Un conocedor del territorio oriental de Venezuela dice a propósito de los caseríos del río Unare: “Estaban algunos pueblos cercados de tapias o de tierra y rama, y por el río que dije de Una ri las cercas eran de árboles tan espinosos, de unas espinas tan grandes y tan bravas, que antes acometería el hombre a saltar por los muros de Salsas (1) que a entrar por ellas al pueblo (CASAS, 1909, 142; —, 1958, IV, 184).

Más detallada es la descripción del cercado del cacique Guaramental, que fue conocido por los españoles durante la expedición tierra adentro de Agustín Delgado, teniente de Jerónimo de Ortal: “Este cercado, donde este cacique tenía esta ramada [de inmensas proporciones], era de gran compás, y cuadrado, hecho a manera de fuerza o fortaleza, y ciertamente entre ellos era tenido por cosa muy fuerte, porque todo él era hecho de palos o árboles muy entretejidos y guarnecidos de crecidas espinas o puntas muy delgadas, de que naturaleza los armó, con que tenían tan fortificado aquel sido que no era parte ninguno(a) arrimarse a él sin ser lastimado de las puyas que todos los árboles tenían en sí" (AGUADO, 1918, I, 644; —, 1957, III, 439).

La relación anónima sobre la conquista de Cartagena trae estos datos sobre el pueblo de Calamar: “Retrajéronse [los indios] al pueblo que estaba cercado de unos árboles muy gruesos y espinosos...”  Atravesando la ciénaga de Tesca, llegaron los españoles a un pueblo que “tenía dos o tres arcas [¿por cercas?] de árboles”. Otro pueblo grande tierra adentro “estaba todo cercado” ( FRI EDE, 1960, VI, 213, 214, 216). En los dos últimos ejemplos no menciona el testigo el tipo de árbol usado; pero esta relación es muy lacónica.

En los casos anteriores se trataría del saqui - saqui o ceiba colorada o tolúa Bombacopsis quinata. 

En Panamá había en Coclé palenques de árboles espinosos, a veces en tres filas (LOTHROP, 1937, I , 14). 

 

Cactáceas: 

Tunas para bardar recintos de pueblos, como San Pedro Sula en Honduras, se reportan en las referencias (EXQUEMELING, 1945, 115). Hubo una aculturación del uso indígena, pues en la ciudad de Santo Domingo, las tapias o bardales de las viviendas españolas se coronaban con tunas para acrecentar la defensa: “con estos cardos bardan en esta ciudad las paredes de los corrales de las casas o de las huertas (lám. 3° Fig. 11)” (OVIEDO y VALDÉS, 1959, I , 266-267). 

Igual ocurría en Panamá en la provincia de Huista: “Tenían muy fortalecidos los pueblos de cavas y palenques d e unos cardos muy fuertes espinosos entretejidos que hacían una pared muy recia” (ANDAGOYA: CUERVO, 1892, II, 89).

Todo cardón es bueno para cercar heredades (COBO, 1890 I , 447). El que se usaba en el Perú era el llamado pullapulla cardón globoso, ahusado, que prendía sobre las bardas (Ibíd.452-453). En la Sierra Central peruana y alto-peruana las casas semienterradas se rodeaban con setos de cactus (MEGGERS 1979, 142). 

 

Especies no identificadas

Los datos anteriores se refieren con razonable seguridad a determinados árboles o palmas; pero en otras ocasiones los documentos aluden solamente a árboles sin identificar, que debieron corresponder en cada caso a especies distintas. Se pasará revista a dichos datos.

En el territorio costarricense se conocieron durante la conquista los palenques del río Estrella (PERALTA, 1883, 664); el que existía en los confines del Guaymí (Ibíd., 665); otro al sur, del lado del Pacífico (Ibíd., 666), el de Cotos o Coctu (Ibíd., 234-235; 772). Este último tenía tres empalizadas (FERNÁNDEZ, 1907, VII, 39, 44, 47, 51, 55, 57, 58, 60, 63). Los palenques del río Estrella fueron quemados por los propios indios para que no sirvieran a los españoles (FERNÁNDEZ, 1907, VII, 457, 465, 466).

Del palenque de Couto fueron repelidos en primera instancia los españoles en 1563, según la información de méritos y servicios de Juan Vázquez de Coronado, pero éste logró al fin tomarlo (FERNÁNDEZ, 1886, IV, 229-230; 231). Otro había con 65 casas adentro, contadas antes que se quemaran al retirarse los indios (Ibíd., 1883, III, 42). Hasta trece palenques había en el valle del Guaymí, a uno y otro lado de la Cordillera de Talamanca (Ibíd., 1886, IV, 233). En la cuenca del Tarire o Sixaola se hallaron “pueblos cercados de palenques” (Ibíd., 497-498).

En un informe de 1682 del provincial franciscano en el territorio del Pacífico por donde iba el camino a Panamá, se dice que todavía había indios sin reducir. Los de Boruca “están en unas casas, que llaman palenques, de paja, en partes altas, que les sirven de casas fuertes para sus defensas en las guerras que suelen tener unos con otros indios de diferentes naciones, como hoy lo están los chánguinas con los borucas por la defensa de los cotos que se han retirado a Boruca huyendo de los chánguinas porque no los acaben de matar” (FERNÁNDEZ, 1907, VIII, 424).

En informe del obispo de Nicaragua de 1692 sobre las misiones franciscanas de Talamanca, se dice sobre los talamancas en general: “Sus moradas son unos ranchos que llaman palenques, constando cada uno de éstos de trescientos, poco mas o menos, de número de personas, en que se congregan todos los de la familia de aquel linaje, sin permitir se mezcle uno con otro; y con esto se hacen para sí incomerciables”. Los palenques, distantes a diez y doce leguas unos de otros, los formaban en la eminencia de los montes, que son casi inaccesibles (FERNÁNDEZ, 1907, IX, 23) (2)

En la provincia panameña de París las casas estaban cercadas por miedo de los animales(ENCISO, 1948, 227).

Pascual de Andagoya, conocedor del istmo, dice que por la frecuencia de tigres y leones tenían las casas muy cercadas y cerradas de noche (CUERVO, 1892, II, 86). Otro testigo, Gaspar de Espinosa, al referirse a la provincia de Jabrava, afirma que los caciques tenían “sus fortalezas fechas con sus dos o tres cercas de maderos de árboles muy gruesos nacidos en su cava [dice cara] muy grande a la redonda, de manera que esta [fortaleza] del dicho cacique Jabrava e otra de otro cacique a donde fue el dicho capitán, que se decía Pocoa, podían muy bien pasar por muy buenas fortalezas en Italia” (CUERVO, 1892, II , 480). En las islas de los Varones, “tenían los indios una gran fortaleza fecha de sus cercas de árboles nacidos con una gran cava alrededor”, que tomaron los españoles, aunque muchos quedaron heridos (Ibíd., 483).

Era pocig ü eyca, Sierra Nevada, plaza de armas indígena (MIRANDA VÁZQUEZ, 1976, 19).

Durante la asoladora expedición de Pedro de Heredia por la banda izquierda del Magdalena, halló pueblos con albarradas o palenques: cerca a Caunuli detuvo a los españoles una barrera de cardos espesos y espinosos (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, III, 158). Esto era bastante generalizado en la región. Había dos ringleras de árboles espinosos con un espacio en medio y puertas y contrapuertas (Ibíd., 159). En el pueblo Da, cerca a Bahaire, había una estacada mejor que las demás, “y parescia mas aventajada la composición del artificio en las puertas y en todo, y de más linda industria” (Ibíd., 162).

En la costa colombiana del Chocó, durante la primera expedición de Pizarro-Almagro, hallaron los españoles un pueblo alto, cercado de palenque defensivo, lugar donde después le quebraron un ojo a Almagro, de cuyas resultas quedó tuerto (XEREZ, 1534, 25-26; .—,1947, II, 320; NAVARRETE, 1844, V, 194; CIEZA, 1960, II, 159).

La relación de los aruacos de Rodrigo de Navarrete, indica que en el oriente venezolano había la provincia de los Palenques, que “son muchos pueblos de indios, cercados de grandes estacas de madera con que se fortalecen, a causa de que son enemigos unos de otros”. Menciona como amigo al cacique Güeregüere, lo que quiere decir que era vecino de Guaramental, y por consiguiente, de la cuenca del Unare (ARELLANO MORENO, 1950, 47-48; —,1964, 90). Cercados o palenques tenían las tribus de Caracare, Mataruco y Guaribe, de los ríos Unare, Güere y Guaribe, todos situados al oeste de los cumanagotos; el prototipo era el cercado de Guaramental descrito en otro lugar (CIVRIEUX: COPPEN S , op. cit., 140).

Antonio Sedeño atacó y tomó el palenque de los hermanos Gotoguaney y Guaxcarax, construido de tres cercas de maderas fuertes, amárradas con bejucos “y en torno de las cercas de maderos hoyos para meterse los flecheros” (CASTELLANOS, 1955, I , 520).

Cuando se realizó por los integrantes de la Comisión de Límites con el Brasil en la década 1750-1760, la penetración al Orinoco arriba de los raudales de Atures y Maipures, se constató que los guaipunabis tenían pueblos con estacada gruesa provista de arpilleras y foso externo con púas envenenadas; estas instalaciones las reparaban en época de invierno (ALTOLAGUIRRE, 1908, 278, 280). A ambas orillas del Casiquiare vivían naciones rivales, mandanacas y parimonabes, “unos y otros atrincherados sus pueblos con calles de estacas en figura espiral, y en el centro está el pueblo; así se van defendiendo los unos y atacando los otros por este caracol hasta entrarlos unos, vaciarlos los otros” (ARELLANO MORENO, 1970, 428).

Los palenques o fortalezas tuvieron importancia en la planicie oriental al pie de los Andes. En las entradas hechas por Nicolás de Federmán visitó varios pueblos fortificados (FRIEDE, 1961, W., 247), como el de la provincia de los operiguas en los llanos (AGUADO, 1957, III, 136, 175). También halló el pueblo de Salsillas, distinto del hallado por Jorge Spira (Ibíd., 175-176; —, 1918, I , 245).

En Cúcuta la gente de Ambrosio Alfinger tomó un cercado de palos apretados (CASTELLANOS, 1955, II, 113-114, 117; OVIEDO Y VALD É S, 1959, III, 21). Posteriormente, desde uno de ellos fueron rebatidas las fuerzas de Pérez de Tolosa (AGUADO, 1918, I , 352).

En valles de arriba de Mérida por un lado y hacia Maracaibo por otro, valle de Santo Domingo, halló Juan Maldonado dos fuertes, cuyas características arquitectónicas no se especifican (AGUADO, 1956, II, 173-174).

La más famosa fortificación hallada por Jorge Spira fue la que los españoles llamaron Salsillas, de palos altos, gruesos, bien hincados (CASTELLANOS, 1955, II, 146-148). Era pueblo de 100 casas (AGUADO, 1918, I , 161-162).

También halló palenques Juan de Avellaneda (AGUADO, 1956, I , 625).

Gonzalo Jiménez de Quesada en su expedición al Dorado (1570-72), invernó en 4 pueblos de palenques de los llanos (CASTELLANOS, 1955, IV, 540; FRIEDE, 1962, VII, 14-15).

En la cuenca del Magdalena se construyeron reparos semejantes. En Tenerife, los indígenas rodeaban sus viviendas con cercados de piñuelas y clavaban setos de palos de corazón con las raíces hacia arriba (RGNG, 166, 167).

Al norte del río Guarinó hallaron los expedicionarios de Baltasar Maldonado y Francisco Núñez Pedroso, palenques de gruesos maderos (AGUADO, 1956, I , 374; 512; II, 79-80).

De la misma región se mencionó aparte el palenque de guaduas de Amani el de Adentro (AGUADO, 1956, II, 50-51).

El cercado de los yarigüíes en Paica era de buena disposición, pero fue tomado por los españoles hacia 1551 (SIMÓN, 1981-82, IV, 316-317; LUCENA SALMORAL, 1965, I , 257).

Los chibchas tenían un cercado de madera en Busongote, con depósitos de armas y comida (FRIEDE, 1960, NR, 235).

En la porción occidental de Colombia, los españoles hallaron fuertes de maderas desde la serranía de Abibe, como el del cacique Toné (CASTELLANOS, 1955, III, 706); otro de 200 pasos de largo (Ibíd., 707); el de Penderisco (Ibíd., 714), y el más formidable de todos, el de Nogobarco (Ibíd., 714-715; 721). En Nore Juan de Vadillo tomó un palenque que rodeaba un peñol abrupto (CASTELLANOS, 1955, III, 164).

Vecino a Buriticá halló la gente del Lic. Vadillo en 1538 un pueblo de 13 o 14 buhíos, cercado de maderos (OVIEDO y VALDÉS, 1959, III, 168).

Los maynas de la hoya del Marañón vivían en permanente estado de guerra, con ataques y contraataques. “Para obviar estos asaltos y defenderse de ellos suelen tener palenques en sus casas, al modo de talanqueras, alrededor de ellas” (FIGUEROA, 1904, 261). Gonzalo Díaz de Pineda, el primer explorador del país de la Canela a las espaldas de Quito en 1539, halló en Cosanga estacadas de indios (OBEREM, Vol. cit., 54-55; 218).

Las fuerzas de Francisco de Orellana un poco abajo del Rionegro tomaron un pueblo “fortificado e cerrado de una palizada de palos gruesos” (OVIEDO y VALDÉS, 1959, V, 387).

 

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 (1) Salsas = Célebre fortaleza española en Cataluña erigida en tiempos de Fernando el Católico. (Regresar a 1) 

(2) Después de redactada esta parte, el autor ha conocido por cortesía del doctor Jorge Mora Urpi, el siguiente trabajo: GONZÁLEZ CHAVEZ ALFREDO (Arquitectura); FERNANDO GONZÁLEZ VÁZQUEZ (Antropología); HERMANN G0YENAGA BRICEÑO (Arquitectura): La vivienda indígena en la vertiente atlántica de Costa Rica. Tesis de grado para optar al título de Licenciado. -  [San José]. Ciudad Universitaria Rodrigo Fa ci o. 1988. (7) 329 h. I sola cara mimeogr. t.  carta.

Es una importante contribución que amplía, pero no contradice, lo aquí afirmado un año antes. (Regresar a 2)