Historia dela Cultura Material en la América Equinoccial
(Tomo 2)
Vivienda y Menaje
Víctor Manuel Patiño
© Derechos Reservadosde Autor

 Continuación del capítulo 12



C)    MATERIALES PARA COBERTURA  

1)  Hojas.

Siguiendo similar secuencia geográfica usada para las maderas de construcción, se estudiará lo relativo a los materiales de cobertura. Cabe observar que en las fuentes pocas veces se identifican las especies; se habla solamente de “paja”, que puede proceder de plantas distintas, principalmente gramíneas, pero también palmas, cyclantáceas, marantáceas, agaváceas, etc.

1. El historiador Oviedo, quien trasegó bastante el área circuncaribe, se refiere a la paja que se usaba en las construcciones, comparándola con la de Flandes, aunque la de América era mejor. “Y puédese tener por cierto que los dos o tres años primeros la cubierta de paja, si es buena y bien puesta, que son de menos goteras que las casas de teja en España; pero pasado el tiempo que digo, ya la paja va pudriéndose e es necesario revocar la cubierta e aun también los estantes o postes  (OVIEDO y VALDÉS, 1959, I , 144). Estos tenían en taino el nombre de haytinales (Ibíd., loe. cii.). Oviedo no identifica la paja empleada en Santo Domingo, pero allí se ha usado tradicionalmente la hoja o guano de la palma cana Sabal causiarum, que según el espesor puede durar varios años (SÁNCHEZ VALVERDE, 1947, 56).  

2. En el sector comprendido entre las desembocaduras del Amazonas y del Orinoco y en las porciones inferiores de ambos ríos, así como en las intermedias Guayanas un material muy usado ha sido la hoja de la palma llamada ubussú en el Brasil y temiche en el Orinoco, Manicaria saccifera (SPRUCE, 1908, I , 56-57; 87-88). El ciento de hojas de temiche valía en el bajo Orinoco hacia 1886 entre uno y dos pesos (APPUN, 1961, 398; 393). En la propiedad de Bamberry en el río Pomerún, en esta misma época, se promiscuaba entre la hoja de temiche y el tejemaní de la madera roja wallaba, Eperua falcata Aubl. (SPRUCE, op. cit., 443), llamada en el Amazonas apá, apazeiro, uapá (LE COINTE, 1934, 29).

Hojas de plátano se usaban para techar ranchos de negros en la Guayana Francesa (AUBLET, 1775, II, 931), y por los galibis para el techo de las piraguas. En la Guayana Inglesa se utilizaron las hojas de la palma Maximiliana regia o cocurito con el mismo propósito (SCHOMBURGK, 1922, I , 281; IM THURN, op. cit., 209-210).

El chiquichiqui Leopoldinia piassaba Wall. da hojas para techos (ALVARADO, 1945, 21; PUTZ: PRINCIPES (23), 4, 1979, 149-156; 154-156).

En la cuenca del río Ariari, algunos pueblos de las misiones franciscanas, como Anime, tenían iglesias de bajareque, y la cobija de una palma que se llama moraya y las otras son de palma que se nombra ramo, y no se pueden hacer de otra forma por la pobreza del lugar” (ARCILA ROBLEDO, 1950, 247). Esta moraya — o más bien marayá — pudo ser una Geonoma.

3.  En la parte oriental de Venezuela se usó la paja de mataruco, de donde el nombre de una de las misiones franciscanas del río Unare en 1680 (R UIZ BLANCO, 1965, XLII; CAULÍN, 1966, II, 99). “Las casas las forman de madera, redondas, al modo de los almiares, y la techumbre empieza desde la tierra, hecha de cortezas de árboles, de enea, junco, palma o de otras hierbas que son aparentes para esto. Pónenla con curiosidad y muy conjunta para que dure más” (R UIZ BLANCO, 1965, 39).

4.  Los españoles adoptaron en Venezuela el tipo y los materiales de construcción de los indígenas Y también la paja para los techos (ACOSTA SAIGNES, 1955, I , 15 - 16). La relación de Caracas de 1578 dice: “El edificio de las casas de esta ciudad ha sido y es de madera, palos hincados y cubiertas de paja. Las más que hay ágora en esta ciudad de Santiago son de tapiás sin alto ninguno y cubiertas de cogollos de caña” [Gynerium] (ARELLANO MORENO, 1950, 88). Por la misma época, en la región de Barquisimeto: “Por ser las casas de paja las hacen fácilmente y las queman cuando se quieren ir de ellas” (Ibíd., 122). Aparte describe la construcción, que una vez terminada, “se trae gran cantidad de paja larga y ansí se cubre que no se moja; dura la cobertura de una casa seis o siete a ñ os ..."     (Ibíd., 130).

En el siglo XVIII, dependiendo de las regiones, se usaron el “cogollo” (ALTOLAGUIRRE, 1908, 58), y la hoja de la cocuiza (Furcraea) (Ibíd., 174). El nombre “cogollo” en ese país se lo aplican a la gramínea Planotia nobilis (ALVARADO, 1954, II, 141; PITTIER, 1970, 187 (207) ).

La población de Maracaibo en 1579 se hizo de manera igualmente sumaria: “Son las casas desta ciudad de paja y enea, porque la tierra es nueva y ha poco que se pobló...” (ARELLANO MORENO, 1950, 163). La enea de aquí parece ser Typha domingensis.

Hacia las vertientes de la Sierra de Perijá se usó para techar entre los motilones del río de Oro la hoja de lucateba Carludovica palmata (JAHN, 1927, 85).

En la región de Mérida-Barinas, por las instrucciones del visitador Alonso Vázquez de Cisneros en 1620, se dispuso que los indígenas debían cortar para sus caneyes, madera, palma y paja (GUTIERREZ DE ARCE, 1946, 1188). La paja más común en los llanos venezolanos y que por el uso principal se llama “cobija”, es la conocida como sar á en Santa Marta, la palma Copernicia tectorum.

5. De paja que llegaba hasta el suelo eran las casas de los indios de Taruaco o Turbaco en la época de la conquista (SERRANO Y SANZ, 1916, 11). En la costa atlántica por la parte del Cesar y un poco al occidente del Magdalena, se ha usado la paja de la mencionada palma sará. De Tacaba abajo a principios del presente siglo las casas estaban techadas con ella (VERGARA y VELASCO, 1974, II, 630). También se ha usado la hoja de la palma de vino Scheelea spp. En las sabanas de Bolívar predomina la cobertura de la palma amarga Sabal mauritiiformis, así como en la cuenca del Sinú (GORDON, 1957, 82-83).

6.  A los principios, por dificultades de comunicación, escaseaban los materiales de construcción en Cartagena. Las casas eran de paja, caña y palmas (FRIEDE, 1957, V, 37; 200). La misma iglesia era de cañas (Ibíd., 1956, IV, 96). Cuando el incendio de 1550,  

Tenían casas en aquella era  
personas pobres o cualificadas,  
los altos y los balos de madera  
con cogollos de palmas cubijadas;  
y aun hoy [fines del XVII algunas hay desta manera,  
que no todos las tienen mejoradas,  
y son las sobredichas coberturas  
para llamas de fuego mal seguras
 

(CAST E LLANOS, 1955, III, 249; 249-251).

 

Véanse otros datos en el capítulo XXII, subtítulo “Prevención y extinción de incendios”.  

7.  El tesorero de Santa María de la Antigua del Darién Alonso de la Puente, hizo en 1520 una curiosa probanza sobre las casas que tanto con destino a la hacienda real (de tapia, barro y madera) como para sí propio (de paja) había construido, pues deseaba que se le reconociera algo por los gastos hechos. En dicho documento se hace esta afirmación:“Así en esta tierra como en la Española, por ser como son las casas de paja, está todo lo que está en ellas a mucho peligro de fuegos y otras tormentas de agua y vientos, y que se han quemado y caído muchos buhíos con muchas haciendas dentro...” (FRIEDE, 1955, I, 66-69; 68).

8.  En el istmo, la provincia de los guaymíes era así: No había pueblos, mas cada parentela estaba de por sí en su ranchería de palmicha grande, en forma redonda, la cual gobernaba el más viejo” (SERRANO y SANZ, 1908, 95). Los techos se hacen actualmente allí con hojas de palma real Scheelea gomphococca (RUBIO, 1950, 86), llamada regionalmente lola (ARIAS PEÑA et al, op. cit., 294), y con otras especies. Los guaymíes de la vertiente atlántica del istmo aun han llegado a cultivar la paja Cyperus canus para la construcción de techos (GORDON, 1969, 45).

En 1607 había en Panamá 332 casas de teja, 40 casillas y 112 bohíos sin sobrado, la mayor parte Cubiertos de paja. Sólo había 8 casas de piedra (SERRANO Y SANZ, 1908, 140).

Los indígenas de la provincia del Darién también vivían en chozas de palmiche, apartadas una de otra tres y cuatro leguas (Ibíd., 116). Los chepos o bayanos tenían del mismo modo casas de caña, cubiertas de paja (Ibíd., 217).

Esto ha variado poco. Una fuente del siglo XIX indica entre los cunas techos de palmas guágara o choosca, palma real (waa) y platanillo (tacara) (RESTREPO TIRADO: WAFER, 1888, 124). Aun ahora los indios cunas del Bayano techan sus casas con hojas de palmas (BENNETT, 1967). Infortunadamente no se indica la especie usada, aunque parece ser la guágara (RUBIO, 1950, 86), o sea Cryosoph i la guagara Allen, C. albida Bartlett, C. warscewiczii (Wendl). Bartlett.  

9. En Nicaragua un documento de 1540 habla de palmiza para casas (VEGA BOLAÑOS, 1955, VI, 150); o palmycha (Ibíd., 156); la sacada de tres cargas de 3 haces cada una constituía la tarea para un día de trabajo (Ibíd., 320), indicándose que era “para cobija de casas” (Ibíd., 417, 438, 464, 470).  

10. De una paja larga estaba cubierta la casa de Nutibara en la parte alta de la cuenca del Riosucio (CIEZA, 1947, 58, XI).Debió tratarse de una gramínea. Dicha zona es árida y allí vive la palma corozo Acrocomia, que tiene hojas espinosas poco aptas para usar como cobija, pero también varias gramíneas fáciles de cortar y acomodar.

En la cuenca del Atrato hay constancia de que en el siglo XVIII la iglesia de Llor ó estaba cubierta con paja de rabiahorcado (CUERVO, 1892, II, 306). Este es el nombre aplicado en el occidente colombiano a palmas del género Geonoma.  

11.     Cuando los españoles llegaron a la Sabana de Bogotá, admiraron el aspecto de las construcciones en el llamado “Valle de los Alcázares”. Las casas estaban cubiertas de paja (FRIEDE, 1960, NR, 184, 197; OVIEDO y VALDÉS, 1959, III, 110, 125). El mismo Quesada dice que eran de madera y estaban cubiertas “de un feno luengo que allá hay” (J. DE LA ESPADA, 1889, CAST., 98). Este heno casi siempre ha sido el mismo y corresponde a la gramínea Calamagrostis effusa, que se usa todavía en quioscos ornamentales en la Sabana.

No de otra cosa debi ó ser el techo del templo de Sogamoso, incendiado por los españoles, “causa de ser fábrica pajiza” (CASTELLANOS, 1955, IV, 240).

12. De bihaos era la cobertura d e las casas de los patangoros de Amani entre los ríos Samaná y La Miel (AGUADO, 1956, II, 75).

Las casas de la provincia de Metayma en el actual Tolima (AGUADO, 1956, I , 625) asimismo; en este caso de bijao Ca l athea.

En la provincia chocoana de Nóvita, distinguida por las excesivas lluvias, se usa la hoja de bihao para tapar tercios o cargas, “y de esta misma usan para los ranchos de dormir, envolviéndola y cargándola ", pues no las hay en todas partes (RGNG, 452-453). También las llevaban consigo los cargueros del camino del Quindío a fines de la Colonia para los ranchos de acampar en la ruta; las hojas partidas a lo largo y enrolladas, se calculaban en unos 50 Kg. para un rancho donde cupieran entre 6 y 8 personas (HUMBOLDT, 1816-1824, I , 82-83).  

13. Una relación anónima sobre Popayán en sentido lato (¿1564?), dice: “Las casas en que viven todas estas gentes de esta provincia son muy viles, hechas en algunas partes de paja y en otras de hojas de caña y bijaos, que es unas hojas de árboles como unas adargas, a hechura de unas cabañas de viñaderos, que las más de ellas pueden mudarlas de una parte a otra” (FRIEDE, 1975, V, 109). Todavía hacia 1690 en Cali las gentes de alta posición social y pecuniaria vivían en casas de paja (ARBOLEDA, 1928, 190-191), con toda probabilidad de la palmicha Sabal mauritíiformis.

14. Bijao vuelve a aparecer en la costa ecuatoriana para varios usos, entre ellos techo de casas (CALDAS, 1932, III, 538; SPRUCE, 1908, II, 304-306). Pero en el siglo XVIII en la localidad de Baba se alternaban el bihao con la palma cadi (Phytelaphas) y con paja no identificada: el primero duraba un año; el cadi y la paja, dos (REQUENA: LAVIANA CUETOS, 1984, 55-56).

15. En la parte andina del Perú tenían a la llegada de los españoles casas techadas con esparto, “que es la mejor manera del mundo para cubrir (digo para de hierba), porque nunca se pudre” (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, V, 106). Es la llamada icho (Stipa ichu) (II. DE LA ESPADA, 1897, III, 188; Cono, 1895, IV, 208). “Cúbrense con hicho en lugar de teja las casas de todos los pueblos de los indios que caen en la Sierra, y no pocas de españoles” (COBO, 1956, I , 198). Esta clase especial de icho recibía el distintivo de huaylla.

De una braza de espesor era la cobertura de paja de las casas de los curacas o caciques, mostrando aun en esto una segregación social. Se creía que la cobija así de gruesa duraba hasta 50 años (GUTIERREZ DE SANTA CLARA, 1963, III, 236).

16. Los expedicionarios de Orellana en el bajo Amazonas, adelante de Machifaro, pero arriba del Rionegro, hallaron casas techadas con paja de sabanas, lo que les hizo inferir un cambio en la vegetación que no pudieron comprobar por el acoso de los indios (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, V, 387).

Los omaguas en el siglo XVIII techaban sus casas con hojas de palma yarina (Phytelephas, Yarina) y con palmic h a (MARONI, 1889, 114). En Macas se usa la hoja de toquilla o bombonaxa, la misma que sirve para hacer sombreros (TUFIÑO ÁLVAREZ, 1912, 45-46). La palma (?) lisán, cuya identidad botánica no se indica, es sembrada por los indios quijos para cubrir techos (OBEREM, Vol. Cit,, 154; 164).

En el sector manejado en el área amazónica por la Corporación Araracuara se han reseñado recientemente las siguientes especies usadas como cobijas: las palmas Attalea regia, Mauritia flexuosa, Parascheelea anchistropetala y Lepidocaryum gracile, así como la Musácea Strelitziácea Phenakospermum guianensis (ACERO, 1982). Esta última, llamada terriago en los Llanos colombianos, y pacova por los brasileños, se extiende en una vasta extensión del oriente suramericano (la he visto en Matogrosso, Acre y Rondonia en el Brasil).  

 

2)  Tallos.  

En algunas regiones, en vez de paja de cualquier procedencia, entendiendo por “paja” un material obtenido de hojas, se usaron tallos como material de cobertura.

Estos tallos pudieron ser colmos o escapos livianos de monocotiledóneas y caules de dicotiledóneas como algunas Cactáceas (yotojoro), y aun varias maderas duras.

Los tallos más importantes y serviciales fueron los de la guadua Guadua spp., que hendida en dos, forma una teja muy efectiva en regiones donde abunda esa gramínea. En el Valle del Cauca se reporta como algo raro la existencia de una casa con techo de guadua en Cali (H O LT O N, 1857, 524), pero no lo eran tanto en 1918 (GUTIÉRREZ, 1921, II, 89). En la zona de colonización antioqueña esto ha sido muy común.  

 

3)  Tejamaniles.  

Parece dudoso el origen indígena de estas tejas de madera. Los tejamaniles en climas medios y fríos, en zonas de colonización, se han hecho de preferencia de la madera del roble Quercus humboldtii Bonpl. En el entonces naciente caserío de Filandia, valle del Quindío, hacia 1884 se hacían de cedro negro o nogal [Juglans], clavados con clavos de hierro; un obrero hábil rajaba hasta 3.000 diarios (KASTOS, 1972, 403).

En la Guayana Inglesa, para fines del primer cuarto del siglo XIX, las casas de caldera en los ingenios, que antes se cubrían con hojas de palma truli (Manicaria), se empezaban a techar con tejamaniles de las maderas de Eperua falcata Aub l . y Paviroa grandiflora Aubl. (SCHOMBUR G K, 1922, I ,192).

Las tejuelas o tejamaniles se usaron en Jamaica desde mediados del siglo XVII (STEHELÉ: VERDOORN, 1945, 98-99).  

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