Historia dela Cultura Material en la América Equinoccial
(Tomo 2)
Vivienda y Menaje
Víctor Manuel Patiño
© Derechos Reservadosde Autor

CAPÍTULO XII

MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN  

Una gran división entre materiales de origen vegetal y de origen mineral es obvia.

 

MATERIALES DE ORIGEN VEGETAL  

A su vez estos se pueden subdividir a grandes rasgos en cuatro categorías: A) Maderas de construcción; B) Bejucos para amarrar; C) Material de cobertura; D) Otros materiales vegetales.

 

A)  MADERAS DE CONSTRUCCIÓN 

Aunque los datos disponibles sobre este tema corresponden al período de la dominación española, consagran la herencia indígena. Quizá varió algo el uso de especies con el correr del tiempo, por el fenómeno de la sustitución que se ha estudiado en otra obra (PATIÑO, 1975-1976, 172.173); pero en la parte del área donde quedan relictos de bosques, no se ha modificado gran cosa la situación.

Asunto como este no puede tratarse adecuadamente sino en secuencia geográfica:

1. En las grandes Antillas los postes de las casas eran de córbana Pseudalbizzia berteroana (Balbis) Brit. & Rose (= Albizzia berteroana G. MAZA) y guayacán (Guaiacum officinale), palos duraderos (LOVEN, 1935, 345).

Una lista casi completa de las maderas que se usan en Yucatán para las distintas piezas de armazón, paredes y techos, se halla en una publicación reciente. Sobresalen por el uso múltiple Malmea depressa, Drypetes lateríflora, Caesalpinia velutina (VILLERS RUIZ, 1981, 4849). Algunas son las mismas mencionadas en el siglo XVI (LANDA, 1938, 240-241). En los restos de construcciones arqueológicas se destacan los dinteles de sapote (Manilkara) (MORCAN (1881), 1965, 294, 307) y de cedro (Ibíd., 207). Los dinteles de sapote se han hallado todavía indemnes en Campeche y en Tikal (MARQUINA, 1951, 507, 551, 553, 556, 658; KUBLER, 1962, 126).

En relación con el guayacán [Guaiacum], dice un observador: “Conservase mucho debajo la tierra y en agua y en todas partes. Yo hallé en la provincia de Yucatán una viga grande de este palo, puesta en cierto edificio, que según los indios me decían habían muchos años que estaba allí y tan entera y preservada de carcoma y de toda corrupción y tan fresca, como si hubiera pocos días que se hubiera puesto allí” (LÓPEZ MEDEL, 1982, 294).

El “yoroconte” de Copán en Honduras, Magnolia yoroconte, se utiliza allá para postes y construcciones (NYBG: muestra de herbario).

Postes o estantes de buena madera y encima un tendido de guaduas tenía la casa del cacique Tezoatega de Nicaragua, que se describió en otro lugar (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, IV, 427-428 y Fig.) (véase Cáp. XI).

 

Tierra Firme.  

2. Un relato de 1639 sobre entrada desde Santa Fe a las provincias de Guayana, indica que los aruacos y caribes de la región comerciaban con los holandeses principalmente maderas, como palo gateado (Astronium graveolens), amarillo (Heisteria nítida Engl.) y morado (véase adelante) “y tablones de maderas diferentes” (ARELLANO MORENO, 1964, 350).

En el viaje del canónigo Cortés de Madariaga por el Meta en 1811, reporta cedros, guayacanes, quinos, alisos y palmas (ARELLANO MORENO, 1964, 499). El río Paute era rico en cedros (Ibíd., 509-510). El Apure era asimismo abundante en maderas que se bajaban en balsas (Ibíd., 442).

Las palmas de macora (mapora) (Euterpe) y de cobija (Copernicia tectorum) se usaban en los llanos venezolanos para construcción (APPUN, 1961, 103-105). 

En la Guayana Francesa o Cayena, a fines del siglo XVIII, la madera de Rapourea guianensis se utilizaba preferentemente para las paredes de los ranchos (AUBLET, 1775, I, 198-200)

Entre las maderas de la Guayana Inglesa, hoy Guyana, se mencionan el itikiri buriballi [Machaerium schomburgkii] que se llevaba a vender a Georgetown (SCHOMBURGK, 1922, I, 296), y la peíra o Brosimum aubletii (Ibíd., 1923, II, 286). Desde luego que lo más importante allí ha sido el greenheart Ocotea rodiaei, objeto de exportación hasta en nuestros días. Es lo que en Delta Amacuro de Venezuela se llama viruviru (WILIIAMS: VERDOORN, 1945, 294). Los indígenas de la meseta interior guyanesa iban a buscar lejos los tallos de la palma Euterpe para pilotes, aunque hubiera cerca otras maderas adecuadas, quizá por reminiscencia de primitivo poblamiento en las áreas donde aquella palma crece (IM THURN, op. cit., 201).

3. En la parte oriental de Venezuela las maderas mas apreciadas “de que se fabrican puertas, ventanas, mesas, casas, templos y otros edificios”, eran en el siglo XVIII palosanto o vera (Guaiacum officinale), puy (Myrospermum frutescens Jacq.), dividivi (Caesalpinia coriana), caoba (Swietenia candollei), guayacán (Guaiacum), gateado (Apuleia leiocarpa) (Vog.) (Macbr.), granadillo (Caesalpinia granadillo), palo morado (Peltogyne floribunda) (CAULIN, 1966, I, 44). Algunas de tales especies, con nombres vulgares distintos, se siguen usando, más el quechue (Chlorophora) y el guarimaku o guarimán (Canella canelilla) (CIVRIEUX: COPPENS, 1980, I, 140). En Barlovento, según las investigaciones de Miguel Acosta Saignes citadas en el aparte de Ergología, las preferidas son:

Totumillo = Vitex capitata Vahl., Verbenácea.

Mapurite = Fagara caribaea (Lam.) K. & Urb., Rutácea.

Puy, cereipo, guatamare = Myrospermum frutescens Jacq., Leguminosa.

Guaricha = Genipa spp., Rubiácea.

Rudgea hostmanniana Benth., muy usada (Pittier).

Rubiácea (cenicero de Schnee).

Bosúa, bosuga, bosuda = Fagara rhoifolia (Lam.) Engl., Rutácea.

Marfil = Homalium pittieri Blake, Flacourtiácea.

Caña amarga = Gyne r ium. Gramínea.

Gateado de Cojedes, mapurito = Apuleia leiocarpa (Vog). Macbr., Leguminosa.

Astronium graveolens Jacq., Anacardiácea.

Indiecito = Grislea secunda Loefl., Lythracea.

Pan de trigo, cedrillo = Trichilia hirta L., Meliácea.

Huesito = Varias Rubiáceas y Flacourtiáceas.

     Prockia crucis L., Flacourtiáceas.

Candelo, cucharón = Gyrant h e r a caribensis Pitt. Bombacáceas.

 

4. En 1775 el médico Agustín Marón decía sobre la provincia de Caracas: “Hay en esta provincia muchas y muy preciosas maderas muy sólidas, veteadas y lustrosas, casi inaveriguables; [de] algunas pude saber su nombre (,) como son nazarenos, que es morado [Peltogyne floribunda], dividives, que es negro; manzanillo, que es amarillo con vetas negras [¿Picramia caracasana?]; guayacán, muy duro; sándalo, blanco [Amyris]; caobos, cartán [Centrolobium paraense Tul.], cedros dulces [Bomba x ] y amargos [Cedrela spp.]; parahuata, que es rosado [Sickingia erythroxylon Willd.] robles [Platymiscium], chacarandai [¿Tabebuia serratifolia?], brasilete, campeche y otros muchos” (ARELLANO MORENO, 1970, 455). Para la catedral de Caracas en 1686 figuran “urapes para balauestres” y “pilares de urape” (MARCO DORTA, 1981, 78, 79).

A orillas del lago de Valencia se extraían a mediados del XVIII cedros, caóbanos, ceibas dulces o saquisaquis; de corazón dividivis, masaguaro [Albizzia guachapele] (ALTOLAGUIRRE, 1908, 41).

En Barquisimeto había en la misma época cedro y Ceiba colorados para tablones; caobos; veras, clavellinas [jacaranda rhombifolia], flores amarillas [Tabebuia], curaríes [ T. Sernatifolia]  macaguas [Myrospermum f r utescens], robles [Platymiscium pinnatum], “maderas de corazón para horconerías, planchas y otras cosas, y mucho palo de marfil [Homalium spp. Flac.] y limoncillo [Gossypiospermum praecox, Flac.] para viguetas” (Ibíd., 124).

En Tocuyo se usaban aguacate de monte [Persea caerulea?] para tablazones; caimito para tirantes, y algo de nogal [Juglans] (Ibíd., 159 nota).

En tiempos del obispo Martí (1776) la iglesia de Trujillo tenía paredes de piedra, mampostería y tapias y las cubiertas de “tablas angostas que llaman de mapora” (MARCO DORTA, 1981, 58). Esta es la palma Oenocarpus mapora.

La región de Coro tenía “cedro, caóbana, ébano de corazón muy negro y recio, gateado de vetas coloradas y pardas, balaustre de vetas amarillas y encarnado claro, seiba colorada parecida al cedro, marfil, su color blanco sobre amarillo muy fuerte; mora su corazón amarillo, palo de macana su color negro muy fuerte, la yabilla, roble, canalete, guayabo, caujaro, caritivan, palma real, caymito, vera, guayacán, pardillo, baytoa, bálsamo madera de lustre, granadillo de color negro (le que se tornean camas primorosas, cudaguado” (ALTOLAGUIRRE, op. cit., 209). Guayacán y mangle costeros no se apreciaban “por su cortedad en tamaño y calidad” (Ibíd., 216). 

5. En regiones áridas de Venezuela se usó el leño liviano de varias especies de Cactáceas, como el tocororo cardón (ALVARADO, 1953, 337) [¿Cereus?]. En la Guajira se llama yotojoro al material leñoso obtenido de Lemaireocereus griseus (Haw.) Br. & R., para usos constructivos (BRITTON y ROSE, 1963, II, 87-88). Esta especie existe también en el Valle del Cauca, pero allí sólo se le ha usado como seto vivo.

6. De la región del lago de Maracaibo, en 1778 se exportaron 19 trozas de cedro y 638 de guayacán (ARELLANO, 1964, 415). En un informe de 1814 de José María de Aurrecoechea sobre producciones de esta parte de Venezuela, se pondera la calidad de las maderas, de más de veinte especies, “entre las cuales se cuenta el celebrado chacán” (Ibíd., 549).

Vera y mangle han sido maderas preferidas para palafitos en Maracaibo y Nueva Valencia (OVIEDO y BAÑOS, 1885, I , 45; WAGNER, 1980, 20; TOVAR ARIZA, 1950, 42). Las trojas en esta última localidad se hacen también sobre pilotes de estipes de palma amarga Sabal maunitiiformis, que dura mucho en el agua (TOVAR, op. cit.).

7. En la jurisdicción de Santa Marta, a mediados del siglo XVIII se mencionan los cedros, el mondé o caobo, guayacán polvillo o viomate para estantería; morito o moral “recio para enmaderamiento”; granadillo, gateado, dividivi; gusanero, “madera fortísima para umbrales y otros enmaderamientos de edificios”; algarrobo, canalete, cañaguate; carreto, que “sirve para quiciales, estantillos d e casas y otras semejantes obras”; ébano; quiebrahacha: “sirve para enmaderamiento de casas y otras semejantes obras”; guayabo silvestre; yaya, “a propósito para los enmaderamientos de las casas, aplicando a la varazón de la techumbre las más delgadas, y a tirantes y soleras las más gruesas”; roble, caney; caña o pijiño, mangles y puya (ROSA, 1945, 314-321).

En Tenerife del Magdalena se apreciaban en el siglo XVI el guayacán (Guaiacum), bálsamo (Myroxylon) y carreto (Aspidosperma) (RGNG, 171-172).

En Tocaima se usaban guayacán (Tabebuia), biomata (Astronium) y corazón, además del helecho arbóreo en las partes más frías (RGNG, 276).

8.  De principios del XVII es una lista de maderas usadas en Cartagena para obras navales y construcciones comunes: pues son ocho o diez especies diferentes las que sirven de esto: una llaman morada, porque tiene este color subidísimo; guayacanes de dos o tres especies; madera d e carreta y amatilia; granadillo, que es muy mejor y más pesado que el nogal; cedros hermosísimos; madera d e trébol, árbol valentísimo, llamado así por ser su hoja menuda y que huele como esta hierba; palo de brasil mucho y muy bueno, y de bálsamo y otras muchas” (SIMÓN, 1981-1982, VI, 504).

A mediados del XVIII se preferían cedros blancos y colorados, caobas, guayacanes, manzanillos (JUAN y ULLOA, 1983, I , 5).

La descripción de la costa entre Bocas de Ceniza y el Sinú la hizo a principios del siglo XIX la expedición Fidalgo. Dice el informe sobre Cartagena que los balcones y rejas son de madera pintadas de almagra; la madera “se encuentra en todos los montes y la conducen a la ciudad a poquísimo costo”. Menciona como abundantes los caobos, gateados, cedros, campanos, marías, bálsamos, guayacanes, granadillos, ébanos, nazarenos de varias clases, caracolíes y manzanillos (CUERVO, 1891, I , 117-120 nota).

Otra fuente de la misma época habla de maderas finas y bejucos a las espaldas de ese puerto. Entre los primeros, campano, ceibo, mangle, olla de mono, todos incorruptibles bajo el agua, y caracolíes, granadillos, canaletes, robles y cedros (POMBO, J. I., 1810, 95; —, 1965, 237).

Las llamadas latas de gallinazo y de Castilla, palmeras calamiformes (y por eso llamadas “cañas”) del género Bactris, se continúan usando para las divisiones interiores y la pared exterior. De lata embarrada por dentro y por fuera eran las casas de Cartagena antes de 1555 en que se empezaron a construir de ladrillo pegado con cal y teja (BORREGO PLA, 1983, 20, 483). Se traía la caña de Bahaire y Matarapa (Ibíd., 18).

9.     Maderas de la cuenca del Atrato señaladas a fines del siglo XVIII son: cativo de mangle y trementinos (ORTEGA RICUARTE, 1954, 208); granadillo, palos de bordones, talgo, piquirí, guijarro, truntaró, cedro (Ibíd., 209; CUERVO, 1891, I , 194, nota); guayacanes, entre ellos el choibá; palma barrigona para suelos y paredes; carrá para puertas (ORTEGA, Op. Cit.,223). “Las maderas son sólidas y abundantísimas, especialmente el canalete, el cedro, el chirigá, genene, el guhi ñ a, el palo de Campeche y quende, de cuyo palo se sacan los bastones  (RGNG, 445).

10. En el asalto hecho a nombre de Dios en 1546 contra los ocupantes pizarristas por Melchor Verdugo, se incendió la casa de Juan López de Arizavalo, de tablas de cedro, “cosa muy excelente, así de grandeza como de lustre, que tiran a colorado” (GUTIERREZ DE SANTA CLARA, 1963, II, 49). Se siguió usando en el istmo esta madera (SERRANO Y SANZ, 1908, 29, 30; EXQUEMELING, 1945, 219).

En la costa norte panameña, nada mejor que tomar datos de la relación de Portobelo de 1607, cuando este puerto tenía unos 10 años de fundado: “Las casas son de madera, y de ella los pilares, sobre basas de piedra; los atajadizos y paredes, de tablas; casas altas con entresuelos, bodegas y muchas ventanas, y cubiertas de teja” (T. DE MENDOZA, 1868, IX, 109). Enumera las siguientes clases: almendros [Dipteryx panamensis], cedros, caóbana veteada de negro y colorado; quiras; guayacanes amarillo [Guaiacum] y negro [Minquartia], robles, laureles, espavés, algarrobo, mangles blanco y colorado, jugua, calabazuelo... (Ibíd., 112). Hay una interesante relación de materiales y precios para la construcción de la aduana de Portobelo en 1623, en que figuran identificadas “600 varas de piñuela a 8 pesos” y “ochenta docenas de tablas de cedro espinoso a diez pesos” (MARCO DORTA, 1981, 117). El piñuelo es Pelliciera rizophorae y el cedro espinoso es la misma ceiba colorada Bombacopsis quinata.

Andando el tiempo se preferían el níspero y la caoba para construcción de casas, y en Darién nísperos, guayacanes y cedros (JAÉN SUÁREZ, 1985, 172, 169, 173).

Modernamente los cunas usan para la armazón del techo la guadua wichiwala, y la palma chunga, y para la estructura, el paila uar o cocobolo (ARIAS PEÑA et al, op. cit., 94).

La isla Providencia tenía buenas maderas en el siglo XVIII, entre ellas palo moro (Chlorophora) y cedro (SERRANO Y SANZ, 1908, 315). La primera especie se hallaba también en la vecina San Andrés (Ibíd,  316).

 

Costa del Pacífico

11. En la relación de 1610 sobre Panamá se dice: “Sus maderas son todas extrañas. Las mas recias son: guayacán [Tabebuia guayacán (Seem.) Hemsl.], níspero [Manilkara sapota], madera morada, cacique quira [Diphysa robinioides], cocobolo [Dalbergia retusa Hemsl.], guachapelí y naranjo cimarrón; y estas maderas duran mucho debajo de la tierra” (T. DE MENDOZA, 1868, IX, 92; SERRANO Y SANZ, 1908, 146). Es importante notar que del istmo se llevaban maderas duras de construcción para el Perú, donde escaseaban.

12. El novelista Isaacs, que trabajó en la construcción del camino de Cali a Buenaventura, describe el campamento del Dagua en el que se usaron maderas de guayacán (pilotes), de chípero (Zygia) y la palma pambil (Catoblastus) para el piso (ISAACS, 1965, 255, 256, 257). En esa región los pilotes se suelen poner de palma bemé o memé (Wettinia quinaria), a causa de su durabilidad. Ella misma tasajada a modo de guadua en esterilla, es insuperable para pisos y paredes; pero para esto sirven también el mencionado pambil y la zancona o chonta Socratea exhorriza, así como la barrigona (Iriartea ventricosa). También el guérregue (Astro c aryum) se usa en las regiones pantanosas donde abunda; es insuperable para obras como atracaderos y muelles, porque resiste muy bien el agua permanente. Esta es la misma “chunga” que se mencionará cuando se hable de las construcciones defensivas en el capítulo XIV.

Chachajo (Aniba perutilis), guayacán (Minquartia), guadua y chonta (varias palmas) eran preferidas para las construcciones en Barbacoas en el siglo XVIII (SERRA, 1956, II, 105).  

Regresar al índice                            
    Continuar con el capítulo