En la serie que
se inicia con el presente volumen, se entiende por cultura material, el complejo
de logros, actividades y realizaciones tocantes a la vida diaria y congruentes con la
satisfacción de las necesidades físicas, que el hombre comparte con los otros miembros
de la escala zoológica, pero también con los comportamientos síquicos y religiosos que
le son privativos y hacen de él el animal social por excelencia. Conquistas como el uso y
dominio del fuego; la integración con el medio ambiente y su eventual sojuzgamiento; la
domesticación y el cultivo de plantas y animales; la alimentación, la vivienda y el
vestido; el aparato inherente a cada acto de la vida, incluyendo las funciones
fisiológicas, todo queda involucrado dentro del concepto de la cultura material.
Desde 1947 se dio
principio al acopio de referencias y documentación sobre la vida vegetal, la agricultura
y temas conexos. Esto tuvo por resultado la publicación, entre 1963 y 1976, de diez
volúmenes con la historia de las plantas cultivadas y la actividad agropecuaria en la
América equinoccial, región comprendida a grandes rasgos entre el ecuador geográfico y
el ecuador térmico, y que abarca por consiguiente a las repúblicas grancolombianas. Al
hacer las consultas, se recogieron notas sobre asuntos tangenciales al estudio de las
plantas útiles al hombre a cualquier título. Durante los cuarenta y tres años
transcurridos este acopio subsidiario llegó a adquirir tal magnitud, que se juzgó
conveniente emprender el nuevo esfuerzo de escribir la historia de la cultura material en
la misma región mencionada. Considerando que la tarea rebasa las capacidades de un solo
individuo y su expectativa de vida, se publicó en 1977 en la revista Gaceta, del
Instituto Colombiano de Cultura, vol. II, N0 14, el temario general, con un llamado a que
otras personas participaran en el empeño. Como al parecer durante los trece años
transcurridos no ha habido respuesta, se tomó la decisión de emprender la faena por sus
pasos contados y hasta donde alcance el aliento.
El conjunto tiene un
carácter general e introductorio, y por eso no se puede profundizar en cada subtema al
nivel de monografía, porque aquél resultaría agobiante para el lector. La obra se ha
esbozado de manera que a cada tema principal corresponda un volumen. Se han diseñado y
están total o parcialmente redactadas las siguientes entregas: 1. Alimentos y
alimentación. II. Vivienda y menaje. III. Vías, transportes, comunicaciones. IV.
Vestidos, adornos y vida social. V. Tecnología. VI. Comercio. VII. Vida erótica. VIII.
Trabajo. El orden no es secuencial, pero todas las entregas conforman una trabazón
infiltrada por un solo principio rector.
El enfoque es común
para todos los componentes de la serie, en el sentido de que primero se tratan los aportes
correspondientes al hombre en la época prehispánica, basados en el conocimiento
fundamental del medio y sus recursos, y después los que se han verificado a partir del
Descubrimiento, con el mestizaje resultante y el juego de las influencias recíprocas de
varias culturas involucradas en el proceso.
Como la obra tiene un
carácter documental, se ha seguido el procedimiento de incorporar las respectivas citas
en el texto para cada párrafo o situación, a riesgo de que la lectura resulte pesada a
las personas no entrenadas en este tipo de trabajos; pero que facilita la compulsa a
quienes particularmente los especialistas en cada tema quieran comprobar la
veracidad de las citas, y eventualmente sacar de ellas conclusiones diferentes o aun
contradictorias a las que ha adherido el autor. Por eso mismo la bibliografía incorpora
los datos completos que permitan localizar las obras de referencia. En el primer caso el
lector no interesado en las fuentes, puede saltarse las citas bibliográficas, como se ha
hecho experimentalmente a entera satisfacción, sin distraerse en interrupciones, al
contrario de lo que ocurre cuando las notas van separadas al pie de página, al fin de
cada capítulo o al fin del texto.
Varios autores (Aguado,
Arellano Moreno, Cieza, Cobo, Jiménez de la Espada, Simón) se citan en más de una
edición. Ello se explica porque el trabajo se ha realizado a lo largo de casi
medio
siglo y consultando en distintas bibliotecas e institutos en diferentes tiempos. Al
redactar no siempre es posible tener a la mano simultáneamente todas las ediciones para
unificar las referencias, por lo cual había que fiarse de los apuntes tomados en
distintas
é
pocas. En algunos casos se citan dos ediciones, para que
el lector compulse el pasaje respectivo con la que tenga a la mano.
En cuanto al tomo
primero, ha sido precedido y sustentado por una serie de investigaciones parciales
adelantadas por el autor desde 1945, y que dieron por resultado la publicación de
estudios monográficos sobre alimentos nativos de origen vegetal poco conocidos a nivel
internacional, como el borojó (1948), las dos razas de maíz "chococito" (1956)
y "matambre" (1961), el chontaduro (1958 y 1960), el umuy o sindayo (1975), el
corozo o nolí (1977), las Zamiáceas comestibles (1989), y el que está culminando en el
momento en que esto se escribe sobre el fute de papa del área cundiboyacense; además de
la historia de los vegetales alibles comunes y corrientes, tomos 1 (1963) y II (1964) de
la serie "Plantas cultivadas". En cuanto a una versión preliminar sobre el tema
alimentario hecha en 1984, bajo el patrocinio de la II Expedición Botánica, mediante el
empeño del presidente Belisario Betancur, tuvo una difusión muy restringida. Hubo
necesidad de rehacerla para que se acomodara a las características de la serie actual.
Para la preparación de
ésta se han adelantado consultas en varias bibliotecas, tanto del país como del
exterior, en unos casos aprovechando becas de la Fundación John Simon Guggenheim de Nueva
York (años 1955-1957 y 1966-1967) y de la Organización de los Estados Americanos (años
1960-1962 y 1973); en otros a expensas del autor. Sobresalen las bibliotecas nacionales de
Bogotá, Lima y Madrid; la del Congreso de Washington; la de las universidades de Harvard,
Florida y California, y los archivos de Sevilla y Simancas.
Todos los borradores y
los originales definitivos en el aspecto mecanográfico, así como la elaboración de los
índices y las bibliografías de cada tomo, han estado a cargo de la señorita Inés
Mireya Calvo, de Cali, quien ayudó también a corregir las pruebas de los volúmenes de
sedes anteriores, que han servido de base para la presente.
Especial mención debe
hacerse del Instituto Caro y Cuervo, de Bogotá; de su director don Ignacio Chaves Cuevas,
y del personal de correctores y expertos en el ramo editorial, por haber asumido la tarea
de editar la obra, en los talleres de la Imprenta Patriótica, con la pulcritud y decoro
que les son característicos.
A las entidades y
personas mencionadas y a otras que eventualmente se señalen en cada volumen, el autor les
expresa sus agradecimientos