Historia de la Cultura Material en la América Equinoccial (Tomo 1)
Alimentación y alimentos
Víctor Manuel Patiño

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PRÓLOGO

 

En la serie que se inicia con el presente volumen, se entiende por cultura material, el complejo de logros, actividades y realizaciones tocantes a la vida diaria y congruentes con la satisfacción de las necesidades físicas, que el hombre comparte con los otros miembros de la escala zoológica, pero también con los comportamientos síquicos y religiosos que le son privativos y hacen de él el animal social por excelencia. Conquistas como el uso y dominio del fuego; la integración con el medio ambiente y su eventual sojuzgamiento; la domesticación y el cultivo de plantas y animales; la alimentación, la vivienda y el vestido; el aparato inherente a cada acto de la vida, incluyendo las funciones fisiológicas, todo queda involucrado dentro del concepto de la cultura material.

Desde 1947 se dio principio al acopio de referencias y documentación sobre la vida vegetal, la agricultura y temas conexos. Esto tuvo por resultado la publicación, entre 1963 y 1976, de diez volúmenes con la historia de las plantas cultivadas y la actividad agropecuaria en la América equinoccial, región comprendida a grandes rasgos entre el ecuador geográfico y el ecuador térmico, y que abarca por consiguiente a las repúblicas grancolombianas. Al hacer las consultas, se recogieron notas sobre asuntos tangenciales al estudio de las plantas útiles al hombre a cualquier título. Durante los cuarenta y tres años transcurridos este acopio subsidiario llegó a adquirir tal magnitud, que se juzgó conveniente emprender el nuevo esfuerzo de escribir la historia de la cultura material en la misma región mencionada. Considerando que la tarea rebasa las capacidades de un solo individuo y su expectativa de vida, se publicó en 1977 en la revista Gaceta, del Instituto Colombiano de Cultura, vol. II, N0 14, el temario general, con un llamado a que otras personas participaran en el empeño. Como al parecer durante los trece años transcurridos no ha habido respuesta, se tomó la decisión de emprender la faena por sus pasos contados y hasta donde alcance el aliento.

El conjunto tiene un carácter general e introductorio, y por eso no se puede profundizar en cada subtema al nivel de monografía, porque aquél resultaría agobiante para el lector. La obra se ha esbozado de manera que a cada tema principal corresponda un volumen. Se han diseñado y están total o parcialmente redactadas las siguientes entregas: 1. Alimentos y alimentación. II. Vivienda y menaje. III. Vías, transportes, comunicaciones. IV. Vestidos, adornos y vida social. V. Tecnología. VI. Comercio. VII. Vida erótica. VIII. Trabajo. El orden no es secuencial, pero todas las entregas conforman una trabazón infiltrada por un solo principio rector.

El enfoque es común para todos los componentes de la serie, en el sentido de que primero se tratan los aportes correspondientes al hombre en la época prehispánica, basados en el conocimiento fundamental del medio y sus recursos, y después los que se han verificado a partir del Descubrimiento, con el mestizaje resultante y el juego de las influencias recíprocas de varias culturas involucradas en el proceso.

Como la obra tiene un carácter documental, se ha seguido el procedimiento de incorporar las respectivas citas en el texto para cada párrafo o situación, a riesgo de que la lectura resulte pesada a las personas no entrenadas en este tipo de trabajos; pero que facilita la compulsa a quienes — particularmente los especialistas en cada tema — quieran comprobar la veracidad de las citas, y eventualmente sacar de ellas conclusiones diferentes o aun contradictorias a las que ha adherido el autor. Por eso mismo la bibliografía incorpora los datos completos que permitan localizar las obras de referencia. En el primer caso el lector no interesado en las fuentes, puede saltarse las citas bibliográficas, como se ha hecho experimentalmente a entera satisfacción, sin distraerse en interrupciones, al contrario de lo que ocurre cuando las notas van separadas al pie de página, al fin de cada capítulo o al fin del texto.

Varios autores (Aguado, Arellano Moreno, Cieza, Cobo, Jiménez de la Espada, Simón) se citan en más de una edición. Ello se explica porque el trabajo se ha realizado a lo largo de casi medio siglo y consultando en distintas bibliotecas e institutos en diferentes tiempos. Al redactar no siempre es posible tener a la mano simultáneamente todas las ediciones para unificar las referencias, por lo cual había que fiarse de los apuntes tomados en distintas é pocas. En algunos casos se citan dos ediciones, para que el lector compulse el pasaje respectivo con la que tenga a la mano.

En cuanto al tomo primero, ha sido precedido y sustentado por una serie de investigaciones parciales adelantadas por el autor desde 1945, y que dieron por resultado la publicación de estudios monográficos sobre alimentos nativos de origen vegetal poco conocidos a nivel internacional, como el borojó (1948), las dos razas de maíz "chococito" (1956) y "matambre" (1961), el chontaduro (1958 y 1960), el umuy o sindayo (1975), el corozo o nolí (1977), las Zamiáceas comestibles (1989), y el que está culminando en el momento en que esto se escribe sobre el fute de papa del área cundiboyacense; además de la historia de los vegetales alibles comunes y corrientes, tomos 1 (1963) y II (1964) de la serie "Plantas cultivadas". En cuanto a una versión preliminar sobre el tema alimentario hecha en 1984, bajo el patrocinio de la II Expedición Botánica, mediante el empeño del presidente Belisario Betancur, tuvo una difusión muy restringida. Hubo necesidad de rehacerla para que se acomodara a las características de la serie actual.

Para la preparación de ésta se han adelantado consultas en varias bibliotecas, tanto del país como del exterior, en unos casos aprovechando becas de la Fundación John Simon Guggenheim de Nueva York (años 1955-1957 y 1966-1967) y de la Organización de los Estados Americanos (años 1960-1962 y 1973); en otros a expensas del autor. Sobresalen las bibliotecas nacionales de Bogotá, Lima y Madrid; la del Congreso de Washington; la de las universidades de Harvard, Florida y California, y los archivos de Sevilla y Simancas.

 

Todos los borradores y los originales definitivos en el aspecto mecanográfico, así como la elaboración de los índices y las bibliografías de cada tomo, han estado a cargo de la señorita Inés Mireya Calvo, de Cali, quien ayudó también a corregir las pruebas de los volúmenes de sedes anteriores, que han servido de base para la presente.

Especial mención debe hacerse del Instituto Caro y Cuervo, de Bogotá; de su director don Ignacio Chaves Cuevas, y del personal de correctores y expertos en el ramo editorial, por haber asumido la tarea de editar la obra, en los talleres de la Imprenta Patriótica, con la pulcritud y decoro que les son característicos.

A las entidades y personas mencionadas y a otras que eventualmente se señalen en cada volumen, el autor les expresa sus agradecimientos

                                                             VÍCTOR MANUEL PATIÑO R. 

Cali, 1990.

 

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