Historia de la Cultura Material en la América Equinoccial (Tomo 1)
Alimentación y alimentos
Víctor Manuel Patiño

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CAPITULO IX

CULINARIA INDÍGENA

 

Pocos datos figuran en las fuentes acerca de este aspecto. El dominador peninsular despreciaba las costumbres, tenidas como bárbaras, de los pueblos sujetos, y así casi no se consignaron noticias sobre el particular.

Con relación a los patangoros del valle del Magdalena se han conservado estos informes: "La manera de cocinar o aderezar sus comidas es ésta: toman una gran olla y pónenla al fuego, y allí echan mucha cantidad de hojas de auyamas, bledos y otras legumbres silvestres, y algunas veces por cosa muy principal, echan de las propias auyamas, y llena la olla de estas legumbres y agua, danle fuego, y estando a medio cocer ¿chanle dentro dos o tres puñados de harina de maíz, y aunque no esté bien cocido sácanlo y cómenselo, sin dejarlo mucho enfriar, con tanto gusto y sabor como si fuese otra cosa de más sustancia; y comido esto por la mañana y bebido algún vino de maíz, que es su principal sustento, se van a trabajar a sus labores, y no comen más hasta que a la noche vuelven, que hallan otra cena aderezada de la manera dicha.

Algunos, que tienen mas posible, llevan entre ciertas hojas anchas *, cuando se van a las labores, un golpe de masa [¿ ácida?] hecha de harina de maíz y de ciertas raíces, a quien llaman comúnmente los españoles yuca; y cuando tienen sed deshacen un poco de aquella masa en un vaso o totuma llena de agua y aquello beben por cosa sustancial, y con ello se entretienen en el trabajo todo el día; y si cuando vuelven de las labores y se halla hecha la comida en la forma dicha, nunca dejan de traer consigo un golpe de hojas, que van cogiendo cuando van cavando, y aquéllas, revueltas en unas anchas hojas*, las ponen al fuego y las asan, y después que el calor las ha pasado y asado, se las comen, y tras ello su vino o chicha, que así la llaman en este Reino, hecha de yuca y de maíz, porque estos bárbaros su principal mantenimiento, como he dicho, es beber, y así todo lo más del maíz y yuca que cogen lo despenden en hacer vinos y brebajes" (Aguado, 1956-1957, II, 82-83). A veces cogían ratones y apenas chamuscados se los comían (ibid., 83).

Cosa similar ocurría entre los yurumanguíes de la costa del Pacífico, aunque por la época en que fueron reseñadas sus costumbres, ya el introducido plátano lo habían adoptado e incorporado a su alimentación, según el testimonio de Sebastián Lanchas de Estrada de 1767: "Tienen de continuo una olla al fuego, y siempre está llena, y en ella pueden caber dos arrobas de agua, unas veces está llena de plátanos, otras de maíz, otras de cogollos de yerbas (o como aquí llaman) de yuyos* Tienen para su alimento el maíz, los chontaduros, yucas, fríjoles y varias otras cosas y raíces. De la yuca no comen la raíz sino la hoja. El tabaco lo cogen tierno y lo echan en la olla, con otras yerbas, y lo comen cocido. De lo que mondan del chontaduro, después de cocido, que es la cáscara, y después las venas que tiene la dicha fruta después de cernido aquel bagazo, para la chicha, lo echan en una canoa y fermenta, y cría multitud de gusanos blancos muy gruesos y largos, como de tres pulgadas, y de estos gusanos comen por mucho regalo; comen poca carne, y eso ha de ser paujil o pava. El saíno y el tatabro no lo comen; pues habiendo nosotros muerto algunos, y les dimos, lo volvieron haciendo ascos. Comen pescado que allí hay en abundancia, y son muy propensos a la embriaguez, de que mueren muchos, pues en el tiempo en que yo estuve, murieron cuatro de las bebezones que en aquellos días tuvieron... (Ortiz, 1954, 196-197). Estos indígenas tenían abundancia de mantenimientos, por darse al año dos cosechas de maíz y de chontaduro. Respecto a la sazón de alimentos con sustancias minerales, sustituían la sal con ciertas plantas cocidas hasta la concentración (ibid., 198-199).

Varias cosas importantes se deducen de este pasaje, en cuanto se relaciona con la moderna ciencia bromatológica. Primera, el consumo de yuca por la hoja como comida, y del tubérculo para bebida. Es sabido que la parte foliar deesta planta es mas rica en proteínas que el tubérculo. Otra fuente de proteínas inducida artificialmente es la cría de gusanos comestibles. Segunda, la adición de hojas tiernas de tabaco pudo ser tanto un enriquecimiento de la dieta con material verde, como una motivación mágica, pues el tabaco, en calidad de narcótico, quizás tuvo supuestas virtudes protectoras de la salud.

De los colimas dice un autor: "Son estos indios desamegladísimos en beber de su vino, enfermedad común de todas estas Indias, y en el comer sucios pues comen ratones, sapos y unas culebras que llaman ipechiamai de color verde y rayadas de pardo, cuyo veneno es de solas veinte y cuatro horas porque en ellas muere a quien pican, y unos gusanos gruesos como el dedo que llaman chitopes que guisando en sus mazamorras, en que también suelen echar si los hallan a mano pedazos de cuero de vaca o caballo, sin dárseles mucho por quitarle el pelo y lavarlo, de que van sacando lo que pueden con los dientes y lo que queda lo vuelven a echar otra vez en el mismo guisado porque dicen le da sabor" (Simón, 1953, IV, 220).

El plato básico en el Perú era el locro, sopa con carne seca o fresca de llama y abundancia de ají, papas o chuñoque es papa deshidratada —, legumbres varias, maíz y quínua. El maíz en diversas formas era el alimento principal (Cobo, 1956, II, 244-245).

En el Orinoco, si hay que asar un pez, les sirve a los indios de asador un palo. Hay groseros platos para poner los alimentos, pero más comúnmente colocan en medio la olla y cada uno saca lo que le place con las manos (Gilij, 1965, II, 193).

Varias tribus asaban o cocían las aves, unas sin quitarles las plumas, otras sin vaciarlas, en este caso como los yuracarés de Bolivia (D’Orbigny, 1945, IV, 1453).

En cuanto a las iguanas, he aquí una descripción sobre las Antillas de las primeras épocas a partir del Descubrimiento: "Abriéndolas desde el cuello hasta la ingle, lavadas y limpiadas con esmero, presentadas después en círculo a modo de culebra que duerme enroscada, las ponen apretadas en una olla que con ella quede llena, echándoles encima un poco de agua con pimienta de la isla, y poniendo debajo fuego tenue de cierta leña olorosa y que no hace humo. Del abdomen así destilado se hace un caldo como néctar, según dicen, y cuentan que no hay género alguno de viandas igual a los huevos de las mismas serpientes, que se digieren por sí solos y fácilmente. Así cocidas y frescas gustan mucho, y guardándolas algunos días están sabrosísimas" (Anglería, 1944, 57-58).

Con las tortugas en Guatemala en el último cuarto del siglo XVI, según una relación de Francisco Montero de Miranda, se procedía así: "Para comerlas no las abren y ensangrientan, como algunos de los cocineros hacen, sino, después de degolladas, ¿chanlas así en un buen fuego y de allí a un rato, toda la carne se despide con facilidad de la concha y se saca por un lado, quedando la concha sana y limpia. Y des-tas hacen tamborcillos en sus bailes y fiestas" (Acuña, 1982, 239). Procedimiento semejante usaban los indígenas del golfo de Urabá para sacar el carey.

La alimentación de los chimilas ya en el siglo XVIII era como sigue: "No usan mucho de la sal en sus comidas, y éstas se reducen a la carne de animales silvestres, ahumada en cuartos, mazamorras del maíz cocido, molido y mezclado con la yuca, batata o ñame, para que hacen sus rocerías y sementeras, de las cuales se les han quemado muchas, en las salidas que los españoles suelen hacer los veranos para contenerlos" (Rosa, 1945, 268). Los vecinos guajiros por la misma ¿poca tenían una alimentación mas variada: "No comen cuotidianamente carne de vaca por no matar sus ganados (...) Lo que comúnmente comen es peje, almejas, burgaos, erizos, cangrejos, con las tortugas y otros mariscos de aquella costa. De animales monteses, los venados, armadillos, morrocoyes y otros varios, aunque no sean de uso común, sirviéndoles de pan la yuca, el guáymaro, el palmito, los cacahuitos, el macarare y otras frutas y raíces que ellos conocen y apetecen" (ibid., 282).

 

CAPITULO X

ÚTILES Y TRASTOS PARA PREPARAR

Y SERVIR LOS ALIMENTOS

En general, parece que fue escaso y poco variado el menaje casero en América. Pobrisimo era el de los mejicanos del pueblo (Oviedo y Valdés, 1959, IV, 249), como también ocurría en el Perú (Cobo, 1956, II, 242-244). Tratándose de las monarquías más jerarquizadas, es de creer que en las behetrías y señoríos bárbaros no serían los bártulos caseros mas repulgados y variados.

El tema se tratará en forma sistemática, dependiendo del reino natural a que pertenezca cada objeto. En el tomo II de la presente serie, dedicado a Vivienda y Menaje, se ofrecen referencias sobre el fogón y sobre útiles para encender y mantener el fuego, así como lo relacionado con la iluminación (Patiño, 1900, II, 376-382).

 

1. ÚTILES DE ORIGEN MINERAL

Recipientes de piedra: metates y manos de lo mismo; tulpas del fogón.

Recipientes de cerámica: moyos para sal; budares; ollas;mucuras.

Recipientes de oro y guanín: vasos para chicha.

 

2. ÚTILES DE ORIGEN VEGETAL

Tallos o leños para recipientes y agitadores: pilones y morteros; bateas; lebrillos; vasos (keros); canoas para chicha; tarros de guadua y yarumo; cagüingas y mecedores, paletas.

Hojas diversas para envolver. Hojas para venteadores o sopladores.

Tallos de raíces y tablones. Frutos para vasijas: totumas, calabazas, cocos de mono; tarralí. Jícaras de cocotero.

Fibras para yesca, coladores, canastos, bolsas, catabres, etc.

Cañas: cuchillos de caliabrava y guadua.

Botellas de caucho: tapotaranas.

 

 3. ÚTILES DE ORIGEN ANIMAL

Bolsas de cuero.

Picos de tucán para sacar la comida. Huesos para cucharas.

Conchas de tortuga como recipientes y de armadillo para preparar comidas.

Colmillos de caimán para yesqueros.

 

1. UTILES DE ORIGEN MINERAL

 

1. ÚTILES LÍTICOS

a) Tulpas. Palabra de origen quechua, con la cual se designan las tres piedras del fogón. Lo mismo se identifica en Venezuela con el vocablo topia, al parecer derivado del caribe topo, ‘piedra’. También del radical náhuatl tetl, ‘piedra’, se derivan tenamascle o tinamastli, palabras usadas en Méjico y Centroamérica.

En las regiones donde la piedra no existe, como en algunos valles aluviales, se reemplaza por bloques de barro compactados, o las ollas o vasijas para cocer los alimentos se cuelgan del techo de la vivienda o de un palo o armadijo, poniendo el fuego a ras del piso.

b) Piedras de moler. Silleta o sillar, en español. Metate es un aztequismo muy difundido en Centroamérica para este elemento del ajuar doméstico. A todo lo largo del Continente donde existió el cultivo del maíz, quedan restos de piedra de moler, unas labradas, otras naturales. Pero en Centroamérica existen, además, piedras de moler con un reborde, utilizadas, al parecer, para triturar el grano del cacao (Stone, 1958, 18, 26, 49).

Complemento de la piedra de moler es la piedra de mano o destral. La primera se llama en quechua callacha, y el destral, de forma medialunar, tanay; el conjunto recibe el nombre de maray.

c) Cuchillos. De sílex y obsidiana eran para uso ritual o ceremonial (sacrificios humanos), pero también para fines utilitarios.

d) Vasijas. Algunas tribus hicieron vasijas caseras de piedra, para depositar líquidos. En ciertos casos tuvieron carácter ofertorio.

e)Pilones. En Jamarraya, Pueblorrico, Risaralda, se excavaron pilones y manos de piedra muy bien labradas (Arango, C., 1927, 160).

 

2. RECIPIENTES DE CERÁMICA

Los antropólogos han hallado en la cerámica americana dos grandes tipos, según que las vasijas tengan o no apéndices para facilitar el apoyo: ollas con pies, que pertenecerían a pueblos nómades, y ollas sin pies, más fáciles de lavar, correspondientes a pueblos sedentarios (Grijalva, 1937, 1, 176-177). De ambos tipos se encuentran ejemplos en el área de este estudio.

Las formas pueden identificarse, según la proporción entre el diámetro y la altura, en bandeja, disco (budare), plato, cuenco, escudilla; cubilete, urna, orza, jarra; cántara (múcura), frasco, botella, etc.

Aunque en este aspecto fue primordial la labor de la mujer como creadora de formas de vasijas adecuadas a determinados fines, también intervino en algunas partes el hombre. Es bueno advertir que una es la vajilla para uso cotidiano, generalmente poco decorada, y otra la de uso ritual, de mayor repulgo y acabado.

En América hubo ceramistas excelsos, independientemente de la complejidad social o cultural de las tribus, pues se hallan piezas de perfecto acabado tanto en las culturas de organización política y social avanzada o relativamente tal, como en las tribus selváticas o marginales. Sin embargo, algunas se destacan por haber llevado a un grado incomparable la refinación técnica y artística.

Los españoles hallaron gran cantidad de múcuras y tures en Cúcuta, cuando llegó allí la expedición de Ambrosio Alfínger (Castellanos, 1955, II, 117). Ollas, chorotes y múcuras encontraron los compañeros de Quesada en Tinjacá o Pueblo de los Olleros* (Groot, 1889, 1, 74). Múcuras había también en el cercado de Toné, alto Riosucio (Castellanos, 1955, IV, 168). Los guaipunabis del Orinoco tenían buena cantidad de vasijas de barro (Altolaguirre, 1908, 281). Los expedicionarios del tirano Aguirre hallaron tinajas grandes para chicha, en el bajo Amazonas (Vázquez, 1945, 86). Los sionas han sido hábiles ceramistas (Hardenburg, 1913, 181). También en tinajas de 20-30 arrobas se guardaba la chicha en el Perú, según el piloto Juan Cabezas (Oviedo y Valdés, 1959, II, 396). Las botijas peruleras fueron célebres durante la Colonia para el transporte de vino (Fernández, 1881, 1, 28).

Si de la loza común se pasa a la vidriada, los primeros españoles que se aventuraron Orinoco arriba hallaron "loza labrada como la de Talavera" (Oviedo y Valdés, 1959, II, 3%).

También en el Amazonas encontró Orellana loza labrada y vidriada (Oviedo y Valdés, 1959, V, 386), y lo mismo aconteció a Pedro de Ursúa veinte años después (Ortiguera, 1909, 330, 355).

Loza vidriada negra como azabache se elaboraba en la isla nicaragüense de Chira, sobre el Pacífico (Oviedo y Valdés, 1959, III, 298). Este vidriado no era exactamente el mismo que introdujeron en América los españoles y portugueses, sino otro a base de resinas vegetales.

 

3. ÚTILES METÁLICOS

 

Los grupos indígenas que alcanzaron un grado elevado de tecnología metalúrgica, fabricaron recipientes para uso cibario en el área de este estudio.

Los expedicionarios de Ambrosio Alfínger, al llegar al Cesar hallaron una totuma de oro entre los pacabueyes (Arellano Moreno, 1950, 28).

Para fines ofertorios se hicieron de oro representaciones de útiles: en el adoratorio de Iguaque se halló una piedra de moler con su mano, de oro macizo (Simón, 1953, II, 231).

Los carrapas: "Son riquísimos de oro, porque tenían grandes piezas dél muy finas, y muy lindos vasos, con que bebían el vino que ellos hacen del maíz. .." (Cieza, 1984, 1, 34). Los quimbayas: "De todas las cosas que por los ojos eran vistas tenían ellos hecho joyas de oro, y muy grandes vasos, con que bebían de su vino. Uno vi yo que dio un cacique llamado Tacurumbi al capitán Jorge Robledo, que cabía en él dos azumbres de agua. Otro dio este mismo cacique a Miguel Muñoz, mayor y más rico" (ibid., 35).

II. ÚTILES DE ORIGEN VEGETAL

       1. RAICES

 

De las raíces de ciertas plantas fabricaron los amerindios objetos usados en culinaria.

Las raíces epigeas de las palmas Iriarteínas de los géneros Iriartea y Socratea, que están dotadas de fuertes espinas cónicas y cortas, regularmente espaciadas, se utilizaron como rallos en los Llanos Orientales y en partes de la Amazonia.

Quizá de origen centroamericano es el uso de las raíces epigeas de palmas del género Chamaedorea, como batidores para el chocolate y la caspiroleta.

 

2. TALLOS O LEÑOS

 

a) Recipientes. Los pilones para maíz se fabricaban por los indígenas, de las maderas más duras que se conseguían en cada área. En Sevilla, Valle, se recuperó por los guaqueros un pilón de madera de laurel peña (¿ Eugenia?) con su manija (Arango, C., 1927, 156). También se usaba la madera de nogal Juglans neotropica (ibid., 160).

Los achaguas entre Casanare y Meta usaban, para quebrantar el maíz, pilones y manillas de madera (Ojer, 1960, 184). Lo mismo en el Perú (Cobo, 1890, 1, 343).

Canoas de madera de 7’ x 3’ x 3’, para preparar la chicha, usaban los yurumanguíes de la costa occidental (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 498; JSAP, XXXIV [1942], 1949, 6).

En el fuerte de Toné hacia el Urabá, cercado por los españoles:

Tenían abundancia de alimentos arriba recogidos, y en canoas o maderos cavados agua mucha, demás de las vasijas de sus vinos...

(Castellanos, 1955, III, 707)

 

Pozuelos de Scheelea, palma de grandes proporciones, se labran todavía para salar ganado en varias partes.

b) Bateas. Las hacían los indígenas para diversos usos, como echar la masa de la yuca. Se utilizaban maderas de fácil talla y pulimento, en vista de la escasez de herramientas metálicas para cortar y raspar. La madera de los higuerones o Ficus de diversas especies era muy solicitada, especialmente las raíces tabulares o bambas que ya tenían la prefiguración del útil. Esto se registra para el área amazónica (Figueroa, 1904, 255), valle del Magdalena (Oviedo, 1930, 40-41) y Valle del Cauca (Hamilton, 1955, II, 75).

Entre los tributos impuestos en 1559 a los indios coconucos de Popayán, figuran bateas (Friede, 1961, JV, 228), y bateas y lebrillos a los de Popayán propio (ibid., 230-231).

En la región andina del Ecuador, las maderas usadas para bateas o lebrillos eran el aliso (Alnus jorullensis), y entre los yumbos del flanco cordillerano, el cedro (Cedrela) (J. de la Espada, 1897, III, 175, ci).

La aculturación inversa obró en este caso, pues las bateas de madera americanas sustituyeron a los lebrillos hispánicos; se hacían en el Perú bateas tan grandes como para poderse bañar una persona (Cobo, 1890, 1, 243). En efecto, ése era el principal uso que se les daba en la Península a los lebrillos o dornajos de barro vidriado. También servían para lavar enseres de cocina.

c) Vasos. Los vasos de madera, llamados keros en el Perú, utilizados en la vida ordinaria y para libaciones rituales en la región andina al sur del Ecuador, tampoco fueron desconocidos en los Andes ecuatoriales. "Los más comunes son de madera, de hechura de nuestros cubiletes de vidrio, mas anchos de arriba que de abajo, que hacen un cuartillo de vino. Píntanlos por de fuera con cierto barniz muy reluciente de varios colores, con diferentes labores y pinturas; y a estos vasos de palo llaman queros" (Cobo, 1956, II, 242-243).

Vasos de madera roja de taray se fabricaban en el siglo XVIII en Santa Bárbara de Cravo; por las presuntas cualidades de esa madera contra tabardillos y venenos, se usaban tales vasos para beber el agua ordinaria (Oviedo, 1930, 229-230).

d) Platos. Tampoco eran desconocidos los platos o cuencos de madera, que más ordinariamente fueron usados en el Perú, donde los llamaban mecas (Cobo, 1956, II, 243).

e) Tarros. Recipientes para líquidos se hicieron de los tallos fistulosos de los yarumos Cecropia spp., especialmente donde escaseaba la guadua (Patiño, 1975-1976, 130-131).

Si de los recipientes se pasa a otros adminículos, se halla que de madera caulinar se fabricaban: Manillas, que servían para triturar los granos en los pilones.

Cagüingas o mecedores, que son paletas dotadas de mango largo para revolver los alimentos, y que también se usaron después en la fabricación de miel de caña de azúcar. La palabra cagüinga es de origen quechua. Sana denominan, en el oriente colombiano, al mango de madera para revolver la chicha (Ancízar, 1956, 300).

Rallos. Las tribus orinoquesas, como los maquiritares y sálibas, se especializaron en la fabricación y venta de rallos hechos con tablillas de madera a las cuales se les implantan pedacitos de cuarzo, en una disposición de curvas convexas bien calculadas desde la mitad hacia los lados. Se llaman itaibas o itibas (Alvarado, L., 1945, 49-50). Así ocurría también con los sálivas de la misión de Carichana sobre el Orinoco, según el informe reservado de Eugenio de Alvarado de 1775 (Cuervo, 1893, III, 209).

 

3. CAÑAS

De la parte externa del tallo de la cañabrava (Gynerium sagittatum), algunas tribus hicieron cuchillos, aunque de poca duración (Patiño, 1967-1968, III, 15). Se señalaron entre los sinufanaes de la cuenca del Cauca, los panches, los cachirenses de la Cordillera Oriental, los choques y los macusis.

De la corteza de guadua se fabricaron cuchillos para usos restringidos (Patiño, 1975-1976, 126).

 

4. HOJAS

Trenzadas, las hojas en especial de palmas, se utilizaron como venteadores o aventadores.Pero, principalmente, las hojas se usaron para envolver.

En el área del presente estudio se destacan las hojas de distintas clases de bihaos, bijaos o bijaguas, géneros Calathea y Heliconia; las de la Cannácea Canna indica y otras, llamadas por eso en algunas partes "capacho" y las Cyclantáceas, como la iraca Carludovica palmata (Patiño, 1964, II, 225-228).

Las brácteas de la panoja del maíz, tanto en estado verde como secas, se utilizaron para la cocción de las hallacas o envueltos de choclo, y otras preparaciones de la masa del maíz, tierno o seco.

Las hojas del frailejón lanudo, manso o chirique (Espeletia schultzii Wedd.) se usan en los Andes de Táchira y Mérida, Venezuela, para envolver alimentos lácteos, a los cuales, se dice, imparten un aroma agradable (Pittier, 1926, 230).

Existe la creencia de que las hojas del papayo ablandan la carne.

Recientemente se ha hecho una revisión de este tema (Díaz Piedrahíta, 1981).

 

5. FRUTOS

 

Frutos vaciados de la palma táparo Orbignya cuatrecasana de la costa del Pacífico, se usaron por las tribus chocoes y otras para guardar la sal.

Igualmente, el "salero", la Lecythidácea Lecythis ampla Miers, y especies afines de la misma área geográfica hasta el Urabá, se emplearon con idéntico propósito. Es uno de los frutos más grandes en América, con hasta 17 cms. de diámetro. También sirve para guardar el veneno sagitario del pakuruniara (Gordon, 1957, 23).

Con el mismo propósito se usa el pixidio del chuco Couroupita guayanensis.

Pero lo universalmente utilizado fue el totumo, güiro, taparito, cuia, jícara o tecomate, obtenido del árbol bignoniáceo Crescentia cujete y de la Parmentiera alata, especie esta última exclusivamente centroamericana. Todos los datos se dieron en otra obra (Patiño, 1964, II, 229-243).

También la calabaza, camaza, mate, cuyabra, obtenida de la Cucurbitácea Lagenaria siceraria Mol., aparentementeoriginaria de África pero de difusión y uso prehispánicos en América, está suficientemente documentada con anterioridad (ibid., 243-251).

Otra Cucurbitácea, el tarralí Posadaea sphierocarpa Coign., de dispersión restringida a un sector del Cauca medio y con fruto de pequeñas dimensiones, se usó especialmente para el consumo de la coca y la cal con que se acompañaba (ibid., 251).

 

6. FIBRAS

Las obtenidas de tallos rígidos o flexuosos, de muy diversa procedencia en el reino vegetal, sirvieron para usos caseros o relacionados con ellos.

Empezando por la yesca para enceder fuego, en regiones semiáridas de América se utilizó el maguey o escapo floral seco de las Agaváceas llamadas cabuya o penco (Furcraea spp. y Agave spp.), y especialmente de la primera, que es más difundida. Dicho uso está muy bien documentado para el Perú desde el siglo XVI (Acosta, 1954, 117; Cobo, 1890, 1, 466); en el Valle del Cauca (Holton, 1857, 468), y en el oriente de Colombia: "Tiene sus cáscaras gruesas, que es la que mantiene, porque el corazón es una yesca muy blanda que sirve a todos para sacar en ella candela con el eslabón y el pedernal, que a la primera chispa prende; pero ha de estar quemada, que si no, no prende" (Oviedo, 1930, 39-40).

Entre los jicaques de Tegucigalpa, la yesca se hacía de un bejuco no especificado, que se ponía a secar al fogón; se cortaban trozos de él, y, para prenderlo, se estrujaba entre las manos como batiendo chocolate, "y quando ellos ven que está de cierto temple, soplan por vna punta y por la otra parte sale fuego, y se enciende como mecha de escopeta, porque ¿1 en sí es estoposo por de dentro" (Serrano y Sanz, 1908, 367-368).

En el Chocó se usó como yesca la fibra que está presente en la base de las hojas de la palma llamada noii o de escoba, Chelyocarpus dianeura ("lana de palmilla abundante", decía un informe de 1780 sobre el Atrato) (Ortega Ricaurte, 1954, 209).

a) Coladores. La espata fibrosa de la palma Manicaria saccifera Gaertn. se usa en los ríos de la Costa pacífica, como red para pescar larvas de camarones y peces que emigran en determinadas épocas del año, de los estuarios hacia arriba. La espata, cortada y estirada, se fija a un aro de bejuco con mango o sin ¿1, y sirve como espumadera. Entera, sirve a modo de bolsa.

Las cernideras de los yurumanguíes (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 498), quizá estaban hechas de la fibra de la espata de esta palma Manicaria saccifera.

Los peruanos colaban el maíz en mantas de algodón antes de adoptar los cedazos españoles (Cobo, 1890, 1, 345; Garcilaso, 1945, II, 177).

Variadas fibras se usan para coladores o tamices, como los llamados manares de la fibra del Ischnosiphon y otras Marantáceas.

b) Cestos. Los antropólogos se inclinan a atribuír a la cestería origen americano (Hawkes-Woolley, 1963, 1, 374).

De fibras de palmas, bejucos varios, cañabrava y muchos otros materiales de origen vegetal, se han hecho en América canastos llamados catabres o cataures, palabra de origen cumanagoto; mapire — vocablo del chaima—, canasto pequeño fabricado de hojas de palma Mauritia y otras;, catumare, denominación que los maquiritares dan a un cuevano mas grande, usado para transporte de tubérculos de yuca, o niños pequeños, a largas distancias.

Cestos se hacen del tallo del bijao o vijao (Cobo, 1890, 1, 370), como las llamadas havas en que los indios cuevas llevaban las hamacas para que no se ensuciaran (Oviedo y Valdés, 1959, III, 327).

Se dice que los indígenas putumayenses: "Saparo llaman unos canastos que hacen de bejucos, y los forran con hojas de achira, atadas con cintas de majagua" (Serra, 1956, 1, 150).

En las haciendas de Aroa, Venezuela, se confeccionaban cestos de cañabrava (Altolaguirre, 1908, 138).

c) Jolones, julones. Son recipientes utilizados en la costa del Pacífico y parte de la costa del Caribe. Se hacen de un trozo de corteza de balso Ochroma de casi dos metros de largo. Se enrolla sobre sí misma, y en los puntos de contacto, los bordes se cosen entre sí con fibras. Queda un cilindro hueco. El adminículo se pone en pie sobre el tablado del piso, y se usa de preferencia para almacenar maíz y otros alimentos de gran volumen.

En el área amazónica se emplea con ese fin la corteza de Cespedesia spathulata (Gasché, Cespedesia, IV, 1975, 225-230).

d) Guambias. De fibras de cabuya se fabrican las guambías, usadas antes para transporte de maíz, yuca, papa, granos, y ahora sólo como adorno.

Del mismo y otros materiales es la jícara, jíquera o jigra, de tejido reticular más abierto, utilizada para llevar ahmentos voluminosos, como yuca, cocos; pero también mas delicados, como hojas de coca para masticar (Friede, 1961, JV, 121).

e) Tipitíes o sibucanes. La primera palabra, de origen tupí, y la segunda — también pronunciada cebucán, sebucán, zebucán —, de origen taíno, designan la manga o tubo hecho de fibras de palmeras o de bejucos, para exprimir la yuca rallada y sacarle el jugo tóxico. Este es uno de los logros tecnológicos más notables de los indígenas, pues a la simplicidad de la construcción, se unen la facilidad del manejo y la eficiencia de la operación. Todavía se usan en el oriente de Venezuela, las Guayanas y parte del Brasil.

"Tienen allá [misión de Agustinillo, río Putumayo] unas bolsas que tejen a modo de estera de la hoja de una palma, hecha con tal arte, que en apretarla de un cabo contra otra se encoge, y al mismo tiempo se ancha, tanto que tendrá media vara de ancho, y en estirarla se aprieta, que se pone tan delgada como la muñeca. De ésta usan para exprimir el jugo del cazabe y de la yuca para sacar harina, y con ella hacen arepas. Porque meten dentro de ella el cazabe o yuca remojado, y ya blanda, abriendo la bolsa hasta que se llena: Tiene ella dos asas, una a cada cabo. Cuélganla por el asa de la boca, y después con un palo tiran recio de la otra asa, y la aprietan con tal violencia, que lo que está dentro larga todo el jugo, tanto que sólo queda la masa seca. Yo me valí de estas bolsas, y así mas presto sacaba toda la baba y jugo del cacao" (Serra, 1956, 1, 208-209).

Los sionas usan, en vez de fibras de palma, la porción liberiana de la llanchama, el árbol moráceo Olmedia aspera R. et P. (Hardenburg, 1913, 84).

 

7. Caucho

De este material se hacían las botellas elásticas llamadas tapotaranas, las cuales estuvieron limitadas al área del Ucayali-Marañón que sirvió de asiento a las tribus tupihabhantes denominadas Omaguas. Para fabricarlas se utilizaba el látex de Hevea brasiliensis y quizá de otras especies del mismo género, con el poco culinario propósito de servir como jeringas o clísteres para inyectar por vía rectal la solución de yopo o curupá, narcótica. La descripción de La Condamine es suspicaz: "Cuando se congregan para alguna fiesta [los omaguas] el anfitrión no omite entregar una [tapotarana] a cada invitado, y el uso de este adminículo precede siempre entre ellos a la comida de ceremonia" (La Condamine, 1778, 77).

No se sabe si tales vasijas se usaron con otros objetivos por los indígenas, aunque es poco probable.

 

III. ÚTILES DE ORIGEN ANIMAL

 

1. BOLSAS DE CUERO

No parece haber sido muy extendido el uso de bolsas de cuero para fines relacionados con el transporte o almacenamiento de alimentos, corno entre las culturas euroasiáticas.

Es entendido que en América se utilizaron de animales de caza, como venados, chigüiros y otros.

 

 2. CONCHAS DE TORTUGA

Las conchas de tortugas, marinas o continentales, fluviales o terrestres, sirvieron como recipientes a varios pueblos americanos. La relación geográfica de San Jaime, localidad del interior dc Venezuela, en la segunda mitad del siglo XVIII, habla del uso de las conchas de terccai y tortuga para preparar la masa del maíz, labrar quesos, y otras actividades culinarias (Altolaguirre, 1908, 92).

A mediados del siglo XIX, los bogas del Magdalena comían en conchas de tortuga (Holton, 1857, 56-57, 471).

 

3. CUBIERTAS DE ARMADILLO

En ellas, a modo de sartén, se preparaba la carne del propio animal, como se vio al repasar la lista de alimentos.

Tales caparazones servían, en el Perú colonial, para aderezar tazas labradas de plata y aun de oro, como preciosidad o requinte del menaje doméstico (Cobo, 1891, II, 310).

 

4. OTROS UTILES

Los picos de los tucanes o diostedés Rhampastos y géneros afines sirvieron, a manera de cucharas, para sacar de la olla los alimentos, entre los patangoros (Aguado, 1917,11,179).

Para el mismo fin se usaron muchas conchas diversas de moluscos (caracoles).

En Venezuela, los colmillos del caimán se utilizaban a modo de yesqueros (Altolaguirre, 1908, 93).

De huesos de algunos animales se labraban cucharas. En algunos casos, parece que hubo en esto vinculaciones mágicas relacionadas con la cacería.

* ¿Calathea? ¿Heliconia?
* Palabra quechua que quiere decir 'yerba', o 'verdura'.
* Sutamarchán, Tinjacá y ráquira (Ancízar, 1956, 319-320).
 

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