|
APÉNDICE III
SOBRE PRODUCCIÓN,
EMPAQUE, TRANSPORTE
Y MERCADEO DE ALIMENTOS EN
COLOMBIA
Rasgo típico de la
agricultura colombiana es el de que la producción de alimentos gravitó siempre sobre la
clase mas pobre o sobre los grupos étnicos colocados en la base de la pirámide social
(indios, negros, mulatos). La ganadería o la agricultura para productos de exportación o
para la industria están en manos de personas o empresas económicamente poderosas.
Consecuencia de ello es
la propiedad y tenencia de las tierras. Hay tendencia a la disminución constante de la
pequeña propiedad, en beneficio de las unidades medianas o mayores. Por lo general, el
agricultor primario está desplazado hacia regiones o enclaves con suelos pobres,
erosionados. La calidad de los alimentos es reflejo de la fertilidad del suelo. Por eso no
debe extrañar el bajo nivel nutricional de los alimentos que salen al mercado.
La agricultura mecanizada
se está aplicando en Colombia a cultivos agrícolas para fines de transformación
industrial (soya, sorgo, maíz, algodón, arroz), preferentemente para alimentación
animal.
Los alimentos
tradicionales salen a los mercados de los pueblos y de las ciudades pequeñas en las
peores condiciones de presentación. Esto es especialmente cierto para las hortalizas y
las frutas. El desperdicio que se causa por el deficiente manipuleo y transporte repercute
en la calidad y presentación de los productos y causa pérdidas al productor y al
vendedor, por lo cual aumentan los precios para el consumidor, porque los intermediarios
no quieren perder sus ganancias proporcionales o desproporcionadas.
Una política de
nutrición tiene que corregir todos esos factores. De otro modo, el problema de las
subsistencias seguirá agravándose, sobre todo si simultáneamente no se acomete una bien
diseñada estrategia de poblamiento rural y reasentamiento de la población en sitios y
condiciones geográficas y ecológicas que permitan controlar eficazmente las dolencias
gastrointestinales, que, como es sabido, determinan desnutrición secundaria.
Apéndice IV.
Volver al índice
|